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Mateo 17.

24 24Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le
dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? 25El dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló
primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los
impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? 26Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los
hijos están exentos. 27Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que
saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.

Las dos dracmas eran el impuesto anual que se pagaba para el mantenimiento del templo (Ex
30.13–15).
Estatero era una tetradracmon, o moneda de cuatro dracmas, originalmente 224 granos en
moneda de curso legal tiria, pero algo reducido en peso para la época que se registra en Mt 17.24;
servía para pagar el impuesto del templo para dos personas; equivalía a unos 14,4 gramos de
plata.
17.24 Todos los varones judíos tenían que pagar un impuesto al templo para cubrir los gastos de
mantenimiento (Éxodo 30.11–16). Sólo Mateo registra este incidente, quizá porque él había sido
un cobrador de impuestos.
17.24-27 Como de costumbre, Pedro contestó una pregunta sin saber de veras la respuesta,
poniendo a Jesús y a los discípulos en una situación incómoda. Jesús usó esta experiencia, sin
embargo, para enfatizar su rol soberano. Así como los reyes no pagan impuestos ni cobran
impuestos de sus familias, Jesús, el Rey, no debía nada. Pero Jesús proveyó para el pago de los
impuestos en favor suyo y de Pedro para no ofender a los que no entendían su reino. Cristo le
mostró dónde obtener el dinero, pero Pedro tuvo que ir a buscarlo. Entendemos que todo viene
de Dios, pero Él quiere que participemos en el proceso.
17.24–27 Como pueblo de Dios, somos extranjeros en la tierra porque nuestra fidelidad es
siempre a nuestro Rey soberano: Jesús. Sin embargo, tenemos que cooperar con las autoridades y
la ciudadanía responsable. Un embajador al estar en otro país respeta las leyes locales a fin de
representar bien al que lo envió. Somos embajadores de Cristo (2 Corintios 5.20). ¿Es usted un
buen embajador de Él en este mundo?

Juan 19.10-11: Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte,
y que tengo autoridad para soltarte? 11Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese
dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor