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“Doctrinas Bíblicas”

LA DOCTRINA DE LA SALVACIÓN

Introducción

En Gén 3 leemos de la manera en que el pecado entró al mundo, por la ‘caída’ de Adán y Eva.
De ese momento en adelante, la Biblia enseña dos cosas:

i. Los estragos producidos por el pecado, en la vida humana.


ii. El plan de Dios se pone en operación, para salvar al hombre del pecado.

El anuncio de este plan se hace en Gén 3:15, y el resto del AT es un desarrollo de este tema
central. Las preguntas que tenemos que contestar son las siguientes:

- ¿En qué consiste la salvación?


- ¿Cómo se efectúa la salvación?

1. LA SALVACIÓN EN EL AT

¿Cuál es el concepto de la salvación en el AT? Para entender esto, tenemos que considerar los
dos grandes modelos que el AT ofrece de la salvación: Abraham e Israel.

a. La Salvación de Abraham

La salvación de Abraham comienza con la revelación de Dios a este hombre pagano, mientras
aun vivía en Ur de los Caldeos: … El Dios de la gloria apareció a nuestro padre
Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán (Hch 7:2).
No sabemos mucho de la vida de Abraham en Ur, pero al parecer fue Dios quien tomó la
iniciativa de revelarse a Abraham.

El segundo paso fue el llamado de Dios a Abraham, a salir de Ur, e ir rumbo a la Tierra
Prometida. En este llamado, Dios le hace una promesa de bendecirle

Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela,


y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una
nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás
bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren
maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. (Gén
12:1-3).

El tercer paso fue la fe de Abraham, que le llevó a obedecer a Dios. Fue por medio de esta fe
que Abraham fue justificado ante los ojos de Dios

Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. (Gén 15:6).

Durante el resto de su vida se dieron dos cosas:

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i. Abraham vivió por fe, en la Tierra Prometida, como heredero de los bienes
venideros. No obtuvo la tierra, pero gozó de la bendición de Dios en diversas
maneras.

ii. Abraham fue conociendo más a Dios, y entendiendo mayores detalles acerca de la
manera en que se iba a dar la salvación. Un aspecto de esto es el pacto (Gén
15:7-21); el otro es la muerte de un sustituto (Gén 22).

Pablo usa a Abraham como ejemplo de un creyente justificado por fe en Cristo (ver Rom 4 y
Gál 3:6-18).

b. La Salvación de Israel

Esta salvación también es presentada en diversas maneras. Comienza con el deseo de Dios de
salvar a Israel de la esclavitud en Egipto (que era símbolo de la esclavitud espiritual en la cual
se hallaban – ver Josué 24:14). Dios lo hace por medio de Su gran poder; sin embargo, un
elemento importante es la muerte del primogénito, y la salvación de Israel por medio de la
muerte del cordero de la pascua (Éx 12). Al salir de Egipto, Dios los llevó al monte Sinai,
donde establece un pacto con Israel. El pacto consiste en dos partes:

i. Dios promete tomarles como Su pueblo exclusivo (Éx 19:5-6).


ii. El pueblo acepta obedecer a Dios (Éx 24:3-8).

Como parte del pacto, Dios instituyó un sistema de sacrificios expiatorios, que se centraban en
ofrendas por pecados personales (Lev 4-5), y los sacrificios hechos en el Día de Expiación (Lev
16). Lo que quedó claro en la mente del pueblo era que para acercarse a Dios, y ser
limpiados del pecado, era necesario la muerte de un animal, y el derramamiento de sangre
ajena.

Aunque en AT no lo describe en detalle, la verdad es que esos sacrificios no podían quitar el


pecado (ver Heb 10:1-4). Seguramente los creyentes del AT lo entendían, y por eso sabían que
no podían depender de esos sacrificios (ver Sal 51:16-17). Los sacrificios del AT solo servían,
en cuanto se ofrecían en anticipación y en fe en el Cordero de Dios que iba a venir en el futuro.

c. El Error de Israel

Lamentablemente, el pueblo de Israel interpretó mal el pacto, y pensó que su salvación dependía
principalmente de hacer las obras de la ley. Este fue un error fundamental, porque el pacto
partió de la decisión por parte de Dios de salvar a Israel; su obediencia era nada más que una
forma de agradecer a Dios, y responder a Su gracia.

Los judíos llegaron a pensar que el cumplimiento de la ley era lo que garantizaba su salvación
espiritual. Esto les llevó a dejar de lado el aspecto de la fe en Dios, y comenzaron a poner su
confianza en sí mismos. De esta forma surgió la idea de que ellos iban a ser salvos guardando
la ley. Pablo demuestra que esto no era la forma correcta de entender el pacto que Dios
estableció con ellos, y el papel de la ley en sus vidas (ver Rom 2:28-29; 3:19-20). Más bien, el
plan de Dios siempre ha sido otorgar al pecador Su justicia, no sobre la base de las obras del ser
humano, sino sobre la base de su fe en Dios (Rom 3:21-26).

d. El Reino de Dios

Sin embargo, un aspecto importante de la salvación revelada en el AT tiene que ver con el
establecimiento del reino de Dios. En resumen, gozar la salvación significa vivir dentro del

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reino de Dios. Israel debía haber sido ese ‘reino’; sin embargo, la desobediencia del pueblo de
Dios, resultó en el debilitamiento de este ‘reino’ (especialmente en el tiempo de los jueces).

El establecimiento de la monarquía fue importante, porque marcó un nuevo inicio en el


concepto del reino de Dios. David fue el rey ejemplar (aunque no perfecto), quien logró
derrotar a todos los enemigos de Israel, y concedió al pueblo de Dios paz y tranquilidad. En ese
sentido, David era un símbolo del Mesías que iba a venir.

Salomón debió haber completado lo que David comenzó. Inició bien, pero al fin fracasó por su
desobediencia a Dios, y el ‘reino’ de Dios comenzó a declinar. Primero, la nación se dividió;
luego, las dos naciones fueron llevadas al exilio.

Sin embargo, los profetas comenzaron a predecir la manifestación de un nuevo reino, bajo el
liderazgo del Mesías venidero. En este contexto, se expresó la meta final de la salvación, que
consistía en gozar una vida perfecta e idílica, bajo el gobierno de Dios ((2 Sam 7:12-16; Is
9:6,7; 11:1-9; etc).

2. LA SALVACIÓN EN EL NT

Al estudiar el tema de la salvación en el NT, tenemos que estudiar las enseñanzas de Cristo y de
los apóstoles.

a. La Enseñanza de Cristo

Cuando Cristo comenzó a desarrollar Su ministerio, Su predicación tuvo dos énfasis centrales:

i. Dios está por establecer el reino (Marcos 1:14)


ii. Los seres humanos deben responder con fe y arrepentimiento (Marcos 1:15)

Aunque enfatizó la importancia de un comportamiento ético acorde con el carácter de Dios (el
Sermón del Monte), es claro que esa vida no era la condición para ingresar al reino de Dios /es
decir, para obtener la salvación), sino la clase de vida que sería apropiada de un miembro del
reino.

A la par que iban pasando los meses, el Señor comenzó a dar a entender que la salvación de los
hombres dependería de la entrega de Su vida (Marcos 10:45). Sin embargo, esto ya había sido
anticipado por Juan el Bautista, quien presentó a Cristo como “el cordero de Dios que quita el
pecado del mundo”.

El punto culminante en Su enseñanza fue la institución de la Santa Cena, durante la última


pascua. En ese momento Cristo afirmó categóricamente: “esto es mi sangre del nuevo
pacto” (Mat 26:28). Cristo fue a la cruz, como el cordero y como el sacerdote. Su sangre fue el
precio para obtener nuestra salvación.

b. La Enseñanza de Pablo

Pablo es el apóstol que desarrolla en detalle el concepto de la salvación. Lo hace, en forma


magistral, en Romanos. Un análisis de Romanos arroja la siguiente estructura:

i. El concepto fundamental de la salvación (Rom 1:16-17).


ii. La necesidad universal de la justificación (Rom 1:18 – 3:20).
iii. La Manera en que Dios salva (Rom 3:21-31).
iv. La Doctrina de Justificación Ilustrada (Rom 4)
v. La Doctrina de la Justificación Explicada (Rom 5).
vi. Objeciones a esta Doctrina (Rom 6-7).

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vii. La Vida del Creyente Justificado (Rom 8).

Los puntos resaltantes de la doctrina de Pablo son las siguientes:

- La pecaminosidad de ser humano, y la condición en la cual se encuentra (Efe 2:1-3; 1


Cor 2:14; 2 Cor 4:3-4).

- La iniciativa que Dios toma en cuanto a la salvación, y la obra que Él hace, por gracia,
en el pecador (Efe 2:4-10).

- La soberanía de Dios en la salvación del hombre. Pablo expresa esto por medio de las
doctrinas complementaria de la predestinación y la elección (Efe 1:3-5; Rom 8:29-30; 1
Tes 1:4-5). Ver también Juan 6:37-39; 17:2, 6, 9, 24; Hch 13:48; 1 Ped 1:2.

3. EL PAPEL DEL ESPÍRITU SANTO EN LA SALVACIÓN

Tal como la creación es obra de la Trinidad (ver Gén 1:1-3), la nueva creación es obra de la
Trinidad.

- Dios el Padre predestina y elige a la salvación.


- Dios el Hijo es que da Su vida en rescate por el pecador, para salvarlo.
- Dios el Espíritu Santo es el que aplica la salvación de Cristo.

¿Qué hace el Espíritu Santo?

a. El Espíritu Santo DESPIERTA EL INTERES DEL PECADOR

La Biblia enseña que por su naturaleza pecaminosa, el hombre por sí sólo no tiene ningún
interés en las cosas de Dios (ver Juan 3:20; Rom 3:11). El prefiere su vida de pecado, y se
molesta con cualquier persona que le anima a arrepentirse y buscar a Dios.

Al compartir el evangelio, encontraremos que mucha gente realmente no quiere escucharnos;


eso es por su pecaminosidad. Sin embargo, otras personas sí muestran interés. Es cierto que
a veces personas pueden manifestar interés por motivos egoístas (por ejemplo, porque tienen un
problema grande en su vida, están enfermos, etc.). Este interés no durará mucho tiempo, y la
persona volverá a las cosas del mundo.

Otras personas muestran un interés sincero y verdadero en el evangelio. Esto es obra del
Espíritu Santo; Él tiene que preparar el camino para que las personas sientan un verdadero
interés por el evangelio.

EJEMPLO: Cornelio (Hch 10); Lidia (Hch 16:14).

b. El Espíritu Santo CONVENCE DE PECADO

El hombre pecador vive en pecado, y no se siente preocupado por esto. El pecador necesita la
obra del Espíritu Santo para entender la gravedad de su pecado.

OJO: Hay dos cosas que a veces causan cierto malestar en el pecador:

a. Las consecuencias de sus acciones.

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b. La voz de su conciencia.

Dios el Espíritu Santo muchas veces usa uno o ambos de estos factores para convencer al
hombre de su pecado. Pero El también obra directamente en el corazón del pecador.

Ver Juan 16:8; Hch 2:37.

El Espíritu Santo generalmente usa la PALABRA DE DIOS para causar esta convicción de
pecado (ver Hch 2:37).

En el Antiguo Testamento, el Espíritu Santo usaba la Ley para convencer al hombre de su


pecado. Frente a las exigencias de la Ley, el hombre podía ver claramente su propia
pecaminosidad (Rom 7:7).

APLICACION: Hoy en día toda predicación del evangelio tiene que empezar con una
exposición de la ley de Dios. El Espíritu Santo usará esta predicación para
convencer al hombre de su pecaminosidad.

c. El Espíritu Santo REGENERA

La Biblia enseña claramente que el hombre pecador está en una situación sumamente difícil.

a. Está ciego espiritualmente (2 Cor 4:3,4).


b. No entiende las cosas de Dios (1 Cor 2:14).
c. Está muerto espiritualmente (Efe 2:1-3).

Por lo tanto, la Biblia enseña que el hombre por sí sólo no puede venir a Dios para ser salvo
(Juan 6:44). Si Dios esperara que el hombre buscara ser salvo, nadie sería salvo (Rom 3:11).

Por lo tanto, es Dios quien tiene que hacer la primera obra. Dios tiene que dar vida espiritual
al hombre para que él pueda buscar a Dios. Esto se llama "nuevo nacimiento" o
"regeneración". El pasaje clásico es Juan 3:3-8. Cuando Dios da a una persona vida espiritual
por medio del Espíritu Santo, esa persona comienza a buscar a Dios, y no descansa hasta
encontrarlo.

EJEMPLO: 1 Tes 1:4-9.

d. El Espíritu Santo SANTIFICA

La obra del Espíritu Santo no concluye con el nuevo nacimiento. A lo largo de nuestras vidas,
es el Espíritu Santo quien nos da el deseo de vivir en santidad.

La santidad no es normal para el ser humano; es el fruto de la obra del Espíritu Santo (1 Ped
1:2). Por eso El es llamado el "Espíritu SANTO".

4. LA RESPONSABILIDAD DEL HOMBRE EN SU SALVACION

Un día un joven se acercó al Señor y le hizo una pregunta muy importante:

"¿Qué haré para heredar la vida eterna?" (Lucas 18:18)

El entendía bien que el hombre no gozará de la salvación automáticamente, sin que tenga que
hacer algo. La pregunta que quería hacer era, "¿cuál es mi responsabilidad en la salvación?"

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En primer lugar, Cristo le habla de guardar la Ley (v.20); el joven responde que ya lo estaba
haciendo. Al ver la confianza que el joven tenía de haber guardado bien la Ley, Cristo le
manda algo muy difícil (v.22). En realidad, lo que Cristo pide del joven estaba incluido en la
Ley (Mat 22:36-40).

Hoy en día, ¿qué es lo que Dios espera del ser humano? ¿Qué es lo que el hombre debe hacer
para ser salvo? ¿Cuál es su responsabilidad en la salvación?

Podemos contestar estas preguntas en la siguiente manera:

a. CREER EN EL SEÑOR JESUCRISTO

Esto fue lo que Pablo dijo al carcelero de Filipos (Hch 16:30,31). Podemos también
comparar lo que Cristo mismo dijo (Juan 6:28,29).

Pero, ¿qué significa creer en Cristo? En primer lugar debemos hacer una diferencia entre una
creencia INTELECTUAL, y la fe que nos salva. Santiago comenta que los demonios creen y
tiemblan (¡pero no por eso serán salvos!); Sant 2:19. El problema con su "fe", es que es
simplemente una creencia; ellos saben que Dios existe. Esta "fe" no les lleva a cambiar su
comportamiento.

La fe que nos salva es la fe que acepta que Cristo murió en nuestro lugar, llevando la culpa por
nuestros pecados. Esta fe nos hace descansar en El para la salvación, y no mirar a nuestras
buenas obras. En base a esta fe en Cristo, Dios nos declara "justos" (Rom 3:21,22; 5:1; Efe
2:8).

b. DEJAR DE PECAR (Arrepentimiento)

El problema con la "fe" de los demonios, según Sant 2:19, es que no les lleva a cambiar de
actitud hacia Dios y hacia el pecado. Por eso su "fe" no les salva.

Hoy en día mucha gente religiosa tiene esta clase de "fe", y los demonios les engaña,
haciéndoles pensar que por esta "fe" ya tienen la salvación. Cuando una persona dice creer en
Cristo, la pregunta que debemos hacer es, "¿se ha arrepentido?" "¿ha dejado de pecar?" El
arrepentimiento es una de las marcas de una fe genuina, que salva.

Es interesante notar que cuando Juan el Bautista vino predicando, este fue su mensaje (Mat 3:2);
también fue el mensaje de Cristo (Marcos 1:14,15). Fue también el mensaje de los apóstoles
(Hch 2:38; 3:19; 17:30).

c. AMAR A DIOS

Si quiere gozar de la salvación, el hombre pecador tiene que cambiar su actitud hacia el pecado
(arrepentimiento); también debe cambiar de actitud hacia Dios.

Por naturaleza, el pecador es enemigo de Dios (Rom 5:10). No le ama, ni quiere someterse a
El. El hombre y Dios están enemistados (Efe 2:12).

Para gozar la salvación, el hombre debe comenzar a amar a Dios (Mat 22:36-38). Pero este
amor debe ser práctico; es decir, debe manifestarse en hechos concretos (Juan 14:15; 1 Juan
2:4,5). El amor del creyente para con Dios le llevará a una vida de obediencia. A la luz de
esto podemos entender mejor lo que Cristo dijo al joven rico (Lucas 18:22).

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El amor que el creyente siente para con Dios le llevará a buscar una reconciliación con Dios,
para posteriormente vivir en comunión íntima con Dios (ver 1 Juan 2:15-17).

d. CRECER EN SANTIDAD

Una vez que el creyente ama a Dios, su responsabilidad es crecer en santidad; es decir, debe
buscar siempre hacer la voluntad de Dios, y no la suya.

1 Juan 2:12-14 indica que hay diferente niveles de vida espiritual: "hijitos", "jóvenes", "padres".
El creyente debe buscar la madurez espiritual. Hay un problema serio cuando el creyente no
está creciendo espiritualmente (1 Cor 3:1-3; Heb 5:11 - 6:1). El crecimiento espiritual se da
dentro de una vida de iglesia (Efe 4:11-16).

e. LUCHAR CONTRA LOS ENEMIGOS ESPIRITUALES

El creyente tiene tres enemigos espirituales muy fuertes: la CARNE, el "MUNDO", y


SATANAS. El creyente es llamado a luchar a capa y espada contra estos tres enemigos. Ver
1 Pedro 2:11; Gál 5:16; 1 Juan 2:15; Sant 4:7; 1 Ped 5:8,9.

f. PERSEVERAR HASTA EL FIN

La vida cristiana es una larga carrera; es necesario manifestar paciencia y perseverancia (Heb
12:1). Los únicos que serán salvos son los que perseveran hasta el fin (Mat 10:22; 1 Tim
4:16; Apo 2:10).

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