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Caracas volverá a ser la capital de un país con futuro, ello depende de cada uno

de nosotros, de cumplir con nuestro deber y asumir retos impostergables. Este


país cuenta con sus nuevos libertadores, porque su mejor riqueza son los
venezolanos

Fue la capital de un país que tenía un futuro asegurado, con las mayores reservas
de petróleo del mundo, con oro, diamantes, hierro, aluminio, coltan, energía
hidroeléctrica…

Llegamos a exportar, café, cacao, ganado vacuno, azúcar, papelón, tabaco,


cueros de res y caucho, carbón, oro, sal, hierro, fosfatos, calizas, bauxita y
petróleo.

Tierra de músicos, artistas plásticos, humoristas, poetas, escritores, cantantes.


Nacidos en todo el territorio nacional, la capital los acogió y estimuló. Le cantaron
a los techos rojos, en época de mis abuelos, a la vida urbana en la mía.

Nombres como Reverón, Navarro, Zapata, Gego, Gallegos, Ramos, Sucre, Uslar,
Garmendia, Soto, Sadel, Simón, Sarabia, Montero, Duarte, Nazoa o nuestra
mezzosoprano Morella Muñoz intérprete de música popular y clásica. Ellos han
escrito páginas y páginas de nuestra historia contemporánea de la creación
artística.

Unos con su esfuerzo personal o el apoyo oficial, crearon orquestas y movimientos


musicales, Aldemaro, Billo’s o el Maestro Abreu y el mejor sistema de orquestas
del mundo. Producto musical venezolano para todos los gustos y géneros.

Otros soñaron e inventaron museos y centros de promoción cultural, como María


Teresa Castillo y Sofía Imber. Contamos con una Zhandra Rodríguez, fundadora del
Ballet Internacional de Caracas y del Ballet Nuevo Mundo y con la grande Yolanda
Moreno.

En Caracas los jefes de Estado construyeron infraestructuras modernas,


autopistas, hospitales, aeropuertos y universidades que han sido declaradas
patrimonio mundial de la humanidad y que figuraban en las listas de las mejores
del mundo.

Estadistas que construyeron la democracia que fuimos, ejemplo del subcontinente


americano; rechazaron las dictaduras de Somoza y Pinochet. Levantaron teatros,
dictaron modernas leyes del trabajo, pacificaron la nación, nacionalizaron el
petróleo.

Nuestra capital era una cita obligada, en las agendas de los jefes de Estado más
destacados del mundo, nos visitó Kennedy, el Sha de Irán, Clinton, SM el Rey Juan
Carlos, el Papa Juan Pablo II, entre otros grandes dignatarios. Nuestros presidentes
le dieron lustre al país, crearon doctrinas, promovieron la democratización
latinoamericana, presidieron internacionales o como Rafael Caldera, quien asumió
la presidencia de la Unión Interparlamentaria Mundial.

Caracas acogió científicos, naturalistas, médicos, sociólogos, urbanistas, Jacinto


Convit, el zuliano Fernández Moran, Henri Pittier, Villanueva, entre muchos otros.
Caracas fue también tierra de libertadores, todos y cada uno de los ejemplos
nombrados se hicieron gracias a sus talentos y a la férrea voluntad que han
demostrado en el transcurso de sus vidas.

Ellos nos hablan de un valle que pudo ser una hacienda, ya que sus tierras eran
fértiles; nos cuentan una ciudad trepidante donde se construyeron autopistas de
varios pisos, mientras en los países vecinos no había llegado la modernidad.

Nos cuentan de una ciudad donde bastaba ir a sus museos, para estar al día de la
vanguardia artística. Donde desafíos arquitectónicos conviven con bandadas de
guacamayas que circulan en el cielo.

La ciudad musical, alegre y fiestera que fue, gracias a los venezolanos que la
moldearon. Por qué una ciudad mis amigos, es más que tierra, edificios y calles,
es producto de la voluntad de sus habitantes.

Esa ciudad es ahora una sola calle llena de huecos, una cárcel personal donde sus
habitantes tienen que encerrarse temprano, si aspiran amanecer vivos. Donde se
deambula entre rincones malolientes de basura, tratando de conseguir qué
comer.

La capital que fue “sucursal del cielo”, hoy acoge invasores, colectivos, traidores a
la patria, asesinos, miembros de las FARC y terroristas islámicos. Donde algunos
quieren que te calles porque les recuerdas al silencio cómplice.

Su juventud está luchando no por lo que fue, sino por lo que quieren ser, la están
matando porque no se doblega. Porque lleva en sus venas la misma sangre de los
que antes asumieron el reto.

En la Caracas de hoy cada día desaparece una institución cultural, emigra un


maestro o un médico, muere un artista que ya no lograba exponer. Muere también
su pueblo, porque el país ya no produce nada y los recursos para importar se
acabaron, se regalaron, se despilfarraron… se encuentran depositados en cuentas
en el extranjero.

El venezolano de hoy si puede se está yendo, la mayoría de los que se han ido
están desesperados intentando ayudar desde lejos. Los que se quedan una parte
muy valiente lucha contra el régimen, otros se debaten entre sobrevivir,
desconfiar de todo el mundo y en descargar su frustración con los de su mismo
campo.
Así son los tiempos de crisis; existen compatriotas que cierran los ojos para no ver
más, creyendo que se librarán de sufrir. El despertar será más duro, cuando la
tragedia los toque un poco más cerca.

Aquí no hay vuelta atrás, solo queda ir hacia adelante, inventar caminos para
recuperar la dignidad. Para recuperar la Caracas donde los sueños se vivían, se
realizaban, se construían en el último minuto, porque estábamos acostumbrados
a trabajar bajo presión.

La Caracas capital de un país que lo tiene todo, que debería estar en pleno
desarrollo, donde nadie debería ser chantajeado con una caja de alimentos
básicos y de mala calidad. Donde la gente estudiaba y se convertía en
profesional, donde adecos, copeyanos, comunistas eran compadres.

Donde se recordaba como algo lejano que las dictaduras pasadas, mataron
estudiantes, políticos defensores de derechos humanos, sindicalistas y obreros.
Donde unas Fuerzas Armadas dignas enfrentaron la invasión de Machurucuto;
donde el Ejército Nacional de Venezuela y la Guardia Nacional, detuvieron la
ofensiva de espías comunistas y de la guerrilla entrenada de Cuba.

Aspiramos un país decente, con funcionarios preparados y capaces, donde se


elimine el compadrazgo, donde impere la ley y el orden. Donde elegimos
servidores públicos, un país en el que la educación sea la prioridad, la seguridad
una realidad y la salud y el trabajo estén garantizados.

¿Es mucho pedir, en una Venezuela que cuenta con las riquezas que tiene? Es una
cuestión de principios, valores y honestidad. Es cuestión de sustituir conductores,
cambiar deshonestos por honestos; traidores por patriotas; inútiles por gente
preparada para los respectivos cargos.

Hora de enfrentar delincuentes, colectivos, secuestradores, ladrones,


deshonestos, corruptos, narcos, francotiradores, espías y soplones, parecen
muchos, en realidad son pocos. También recuperando los recursos robados,
equilibrando los mercados internacionales, atrayendo capitales con seguridad
jurídica, renegociando las deudas contraídas y que cumplieron con los
procedimientos constitucionales.

Caracas volverá a ser la capital de un país con futuro, ello depende de cada uno
de nosotros, de cumplir con nuestro deber y asumir retos impostergables. Este
país cuenta con sus nuevos libertadores, porque su mejor riqueza son los
venezolanos.

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