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“EDUCACIÓN SEXUAL INTEGRAL

EN LA ESCUELA SECUNDARIA”

Módulo I
Semana I

INTRODUCCIÓN A LOS CONCEPTOS DE SEXUALIDAD Y


EDUCACIÓN SEXUAL
ÍNDICE

Sobre la autora 3
Objetivos de aprendizaje 3
Contenidos 3
Introducción general al módulo 4

SEMANA 1 - La sexualidad como concepto complejo 5


Sexualidad: un concepto que se excede a sí mismo. 6
La sexualidad y sus múltiples dimensiones 7
Subjetividades. Sexualidades 8
Identidades y cuerpos con historia 9
Referencias bibliográficas obligatorias 10
Referencias bibliográficas optativas 10
SOBRE LA AUTORA

María Beatriz Greco.

Licenciada en Psicología (UBA). Magister en Filosofía (Universidad de Paris VIII). Profesora e


investigadora de la Universidad de Buenos Aires, Facultad de Psicología y Derecho. Participa en
asesoramiento institucional y formación docente. Autora de numerosas publicaciones acerca de
la temática que entrecruza educación, procesos de subjetivación y relación pedagógica,
particularmente vinculados a la escuela media y las adolescencias. Las publicaciones más
recientes son:
La autoridad (pedagógica) en cuestión. Una crítica al concepto de autoridad en tiempos de
transformación. Homo Sapiens; 2007.
Sexualidades, adolescencias y escuelas. Una perspectiva institucional. En: Educación sexual en
la escuela. Perspectivas y reflexiones. Dirección General de Planeamiento, GCBA; 2007.

OBJETIVOS DE APRENDIZAJE

 Reconocer la complejidad del concepto de sexualidad.


 Identificar los distintos enfoques vinculados a la educación sexual y reflexionar sobre los
mismos.
 Resignificar el lugar de la escuela en la construcción de subjetividad y sujetos sexuados.

CONTENIDOS

 La sexualidad como concepto complejo. Sus múltiples dimensiones: biológica,


psicológica, jurídica y etico-política. La multidimensionalidad: su injerencia en la
construcción de subjetividad.
 La sexualidad como construcción histórica y social. Su complejización a partir de
nuevos conceptos que interpelan a paradigmas históricos y dominantes (biomédico,
moral). Sexo. Género. Derechos e Identidades.
 El rol docente y de la escuela en la prevención y promoción de la salud y la
construcción de sujetos sexuados. Relación pedagógica y confianza, autoridad
pedagógica, subjetivación, emancipación.
INTRODUCCIÓN GENERAL AL MÓDULO

El territorio de lo educativo es hoy un espacio atravesado por innumerables interrogantes que


incluyen decididamente las cuestiones de la sexualidad y la afectividad: ¿Cómo “hacer lugar” a
los adolescentes que la escuela recibe hoy?, ¿quiénes son ellos y ellas?, ¿cómo sienten,
piensan, viven, miran, experimentan, conocen, se relacionan y aman? y ¿qué demandan de
nosotros –adultos, profesores y profesoras– para aprender a vivir y para formarse en el difícil
oficio de la vida en tiempos de transformación? Es momento también, de dar vuelta las
preguntas y mirarnos –los adultos– y mirar las instituciones que hacemos y que habilitan ese
ofrecimiento de lugar para recibir a los adolescentes preguntándonos si podemos hacer que la
escuela hoy y la educación genere sentido para estas nuevas generaciones; que los incluya en
proyectos de vida individuales y colectivos, solidarios, democráticos, reconocedores de los otros,
de lo que nos reúne y nos diferencia; proyectos en los que la sexualidad y la afectividad, en un
sentido integral y complejo, estén incluidas.
En el marco de esta propuesta, el módulo presentará, inicialmente, una concepción de
sexualidad amplia, vista como un entramado constituido por múltiples dimensiones: social,
psicológica, política, biológica, jurídica, ética, etc. Entramado que supone dejar de lado
habituales lógicas reduccionistas o binarias, en las cuales algún aspecto fundamental y
constitutivo de lo humano corre el riesgo de ser pensado en forma sesgada, simplificada o en
oposición a otros aspectos (lo biológico vs. lo social, lo psíquico vs. lo político, lo individual vs. lo
colectivo).
Nos detendremos a analizar de qué manera los procesos de subjetivación se despliegan a partir
de una sexualidad compleja y múltiple, y cómo ésta, a su vez, se crea y se construye en el
marco de procesos históricos, sociales, culturales y políticos. Para ello, será necesario recorrer
conceptos que interrogan los paradigmas históricos dominantes (biomédico y moral
fundamentalmente) y profundizar su potencialidad para transformar nuestros modos de pensar la
sexualidad. Estos conceptos son: las relaciones de género, los derechos sexuales, las
identidades y la orientación sexual.
Finalmente, se hará indispensable revisar el lugar que la escuela tiene en la transmisión en
estos temas, en el marco de una cultura y de un modo respetuoso de vivir juntos en ella. Esto
requerirá nuevas miradas y posiciones de docentes e instituciones, que habiliten formas de
reconocimiento y escucha de lo que los adolescentes tienen para preguntar o decir, incluso
cuando puedan no saber –todavía– hacerlo. Es, entonces, una invitación a abrir la mirada, la
escucha, la palabra. La que informa pero sobretodo, la que otorga reconocimiento y
conocimiento, la de la educación, la que “hace lugar” a las nuevas generaciones para que ese
lugar sea reinventado por ellas.

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SEMANA 1

LA SEXUALIDAD COMO CONCEPTO COMPLEJO

Una educación de mirada y palabra abierta demanda hacer lugar a una dimensión afectivo-
sexual que hace que los humanos seamos humanos, que atraviesa los cuerpos, las relaciones
entre sujetos, el amor, la amistad, el placer, el cuidado y el encuentro. Así, hoy, por diferentes
motivos, el tema de la sexualidad demanda ser incluido en la escuela, ese espacio público
donde se despliega el trabajo político de aprender a “vivir juntos”. Pero ¿desde qué concepción
de sexualidad?, ¿desde qué manera de pensar a los sujetos, las instituciones y la construcción
de subjetividad?
Como decíamos al inicio, pensamos en una educación sexual que, efectivamente, “haga lugar” a
aquello de lo que es necesario saber hablar y poder conocer, preguntar y debatir. Reconociendo
que hablar de sexualidad es mucho más que dictar los tiempos y los límites de una genitalidad y
de una reproducción ejercidas “adecuadamente”. Es abrir el diálogo intergeneracional acerca de
las diversas maneras de ser sujetos “no naturales”, culturales e históricos; acerca de las
relaciones entre varones y mujeres, de cuerpos y poderes, de deseos y placeres, de palabras
que nombran o que omiten. Es también decir con claridad que hay modos de relacionarse desde
el cuidado de uno mismo y del otro y que no hay silencios cuando se trata de educar con respeto
y responsabilidad.
La sexualidad como objeto complejo nos conduce a pensar, en principio, en un abordaje
multidisciplinario de la temática desde la escuela y sus diversos espacios. No se trata, entonces,
de ofrecer un modelo único para la educación sexual. Tampoco de tender, prioritariamente,
líneas para la prevención de los supuestos peligros del ejercicio de la sexualidad –embarazos
adolescentes, enfermedades de transmisión sexual, etc.–, tema que retomaremos más adelante.
No se trata tampoco de instruir acerca de la “verdadera” sexualidad ni de prescribir sobre los
modos, tiempos y espacios en que debe enseñarse algo sobre ella a los adolescentes. Una
educación en temas de sexualidad, reconocedora de su complejidad en tanto construcción que
se produce en espacios públicos y privados social e históricamente situados, otorga sentido a los
cuerpos y sus vínculos, a las identidades y a prácticas sociales y sexuales diversas, no sólo
instruye o informa. A menudo advertimos que se hace cargo de la sexualidad una pedagogía
invisible, entramada en el lenguaje, en los gestos, en las miradas, en dispositivos institucionales,
en decisiones políticas, en las diversas maneras de nombrar y establecer lugares para el otro –y,
por tanto, para uno mismo–. Hacer visible esta pedagogía es nuestro propósito, a fin de
reconocer de qué manera se despliega –aún cuando no nos propongamos hacerlo– pero
fundamentalmente para tender líneas de trabajo formativo que rechacen modos autoritarios
supuestamente portadores de “verdades” sexuales y que propongan espacios de pensamiento,
de creación, de reconocimiento de otros y de uno.
Nos proponemos que la lectura de algunos textos hilvanados por reflexiones y actividades
produzcan inquietud, interrogantes, cuestionamientos, o confirmen algunas ideas, poniendo
palabras a lo que ya sabemos, o bien inciten al debate con nosotros mismos, y/o con otros, si es
posible. Las nuevas miradas y los nuevos posicionamientos de profesoras y profesores ante sí
mismos, ante el conocimiento y sus alumnos pueden transformarse en nuevas prácticas más
igualitarias en las relaciones de género y en las relaciones entre adultos y jóvenes, respetuosas
de las diferencias y abiertas a temáticas históricamente silenciadas en la escuela.

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SEXUALIDAD: UN CONCEPTO QUE SE EXCEDE A SÍ MISMO

Nombrar la sexualidad conduce, con frecuencia, a rápidas asociaciones con otros conceptos,
tales como: naturaleza, instintos, normalidad, prevención, genitalidad, reproducción y
adolescencia. Ciertas representaciones sociales cotidianas materializan una idea de sexualidad
que se inicia en la adolescencia mediante impulsos supuestamente incontenibles, traducidos
casi exclusivamente en actividad genital. Por su parte, el saber popular, los dichos y chistes que
circulan cotidianamente, reflejan una idea de sexualidad equivalente a encuentro genital y
vinculada a la reproducción, asociada a estereotipos de género tradicionales. Desde otro lugar,
una psicología evolutiva “naturalista” ha sellado muchas de estas asociaciones, no sólo
describiendo etapas de crecimiento sucesivas y “normales” y un supuesto deber ser de las
funciones materna y paterna (y las patologías provenientes de sus fallas), sino también
prescribiendo prácticas sociales y educativas para un “debido” desarrollo normal. Como afirma
Burman1, en realidad, son estas mismas teorías las que han producido históricamente al objeto
que dicen estudiar, dándonos a ver y pensar un mundo como natural cuando se trata de una
construcción social y política.
Intentaremos revisar los supuestos que nos hacen concebir y transmitir ideas acerca de la
sexualidad humana como si se tratara de funciones biológicas naturales y permanentes a lo
largo del tiempo. Se hará necesario recorrer su historia, su diversidad en las distintas culturas y
sus particularidades en prácticas de clases sociales diversas, reconociendo que hablar de
sexualidad es hablar de lo humano, de su constitución, de las relaciones entre varones y
mujeres situados en contextos determinados. Es hablar de géneros diversos, de cuerpos y
poderes, de palabras que nombran o que omiten, de las instituciones vigentes, en el seno de
relaciones de poder .
Si aceptamos que este nombre que utilizamos para denominar importantes procesos subjetivos,
“sexualidad”, excede ampliamente los procesos de genitalidad y reproducción, y que se aleja de
una idea natural de desarrollo humano, constituyendo una de las formas en que los sujetos
genéricos se relacionan en complejos entramados de poder, se abre una red de concepciones
que trataremos de articular.

Podríamos decir que sexualidad es el modo humano de ser y habitar el propio cuerpo desde los
comienzos de la vida; de constituirse como sujeto sexuado en cada momento vital en
determinadas condiciones históricas y contextos; de vincularse con otros; de experimentar
placer, ternura, amor, erotismo y transmitir esos afectos a otros; de posicionarse en el marco de
relaciones de poder entre sujetos, tanto en espacios públicos como privados o íntimos.

Es por ello que las dimensiones de la sexualidad son múltiples y articuladas y no se agotan en
un solo lugar, implican un sustento biológico –el nacer con determinados órganos sexuales, el
despliegue de determinados procesos fisiológicos que desarrollan y transforman los cuerpos-
siempre entramado con valoraciones y prácticas culturales, sociales y políticas, en un momento
histórico y un contexto social determinados. No es lo mismo decir mujer o varón y pensar estas
identidades de género, por ejemplo, a fines del siglo XIX, a mediados del siglo XX o en la
actualidad, en un contexto urbano o rural, en nuestro país o en otro, en una clase social
desfavorecida o en una alta. Tampoco es lo mismo pensar en el devenir de estas identidades en
el marco de procesos sociales que construían (o construyen) una sociedad con alta movilidad
social, con expectativas de transformación y crecimiento que pensarlo en sociedades tendientes
a perpetuar un orden dado percibido como natural. Ser mujer o varón en tiempos sociales de
cambio puede abrir posibilidades de encontrar otros espacios de subjetivación, más allá de los
dictados por las tradiciones y los valores instituidos. La década del 60, por ejemplo, dio muestras
de esto en diversas partes del mundo, generando transformaciones en los modos de vivir el
1
Burman E. La deconstrucción de la psicología evolutiva. Madrid: Editorial Visor; 1998.
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propio cuerpo y los vínculos con otros; liberando prácticas sexuales, regulando procesos
biológicos –como la concepción de nueva vida–, permitiendo que, sobretodo las mujeres pero
también los varones, pudieran elegir el momento de ser madres y padres, incidiendo de ese
modo en la conformación de las familias o en nuevos modos de ejercer la maternidad y la
paternidad; abriendo a muchas mujeres la entrada a espacios públicos laborales, políticos y de
participación social. Esta década se introdujo en un entramado de relaciones de poder (en la
familia, en el trabajo, en la política) no carentes de conflicto, desencuentros, rupturas,
incertidumbre y posibilidades de transformación aún no imaginadas.
Las valoraciones y prácticas sociales –productoras de procesos de subjetivación y sexuación–
forman parte de un cierto modo de vivir, de mirar, de sentirse parte de procesos de cambio y
construcción o no, de posicionarse y desplegarse como sujetos o de someterse a estereotipos (o
ambas cosas a la vez, en medidas diferentes). Y todas estas modalidades pueden sostenerse en
hábitos, costumbres y tradiciones, o bien enmarcarse en prescripciones jurídicas, escritas en
leyes y normas que regulan nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, podemos pensar en formas
sociales donde las mujeres, para ser tales, deben permanecer sumisas, frágiles, dependientes
económica y psicológicamente. Esto puede verse refrendado por la legislación vigente a través
del desconocimiento de sus derechos jurídicos o políticos (en otros momentos históricos, la
inexistencia del voto femenino o la imposibilidad de heredar, por ejemplo) además de
materializarse en la cotidianeidad familiar o laboral (permanecer como única encargada de las
tareas domésticas, la crianza de los hijos, con un acceso restringido a espacios públicos,
recibiendo menor remuneración ante el mismo puesto de trabajo en relación a los varones o
viendo limitada sus posibilidades de decidir su proyecto de vida). Como contrapartida, podemos
pensar en formas sociales que sólo habilitan al varón como tal siendo fuerte, arriesgado, ajeno a
una supuesta sensibilidad femenina, reprimiendo la expresión de sentimientos, alejado de la
crianza de sus hijos, habitante privilegiado de espacios laborales, públicos, tomando decisiones
políticas, etc., estereotipos que también limitan y restringen despliegues subjetivos diversos.

LA SEXUALIDAD Y SUS MÚLTIPLES DIMENSIONES

Así, la sexualidad es una trama de múltiples hilos que “hacen” nuestra vida en tanto humanos,
es mucho más que un hecho o un conjunto de procesos biológicos que, sin duda, forman parte
de ella pero que se ven, a su vez, continuamente transformados por prácticas sociales, procesos
psicológicos, decisiones políticas, marcos regulatorios, leyes, normas, disposiciones escritas y
tácitas, posiciones éticas, etc.
Estas dimensiones están articuladas de manera que no es fácil desanudarlas o diferenciarlas
con total claridad. Sin embargo, podemos mencionar y caracterizar a cada una de ellas a fin de
que se comprendan en su especificidad:
Una dimensión biológica alude a los procesos anátomo-fisiológicos vinculados con la
sexualidad: la conformación pre-natal del cuerpo con determinados órganos sexuales, la
reproducción, el embarazo, el parto, el desarrollo del cuerpo y sus transformaciones a lo largo
del tiempo y de diferentes instancias por las que atravesamos: niñez, adolescencia, adultez,
vejez. Los significados adjudicados a estos procesos y los modos de simbolizar al cuerpo, los
órganos sexuales, la genitalidad, la reproducción, las etapas vitales, la constitución subjetiva en
un género o en otro, forman parte de otra dimensión: la psicológica y social, ya que la biología
no alcanza para explicar su complejidad.
La dimensión psicológica alude generalmente a los procesos que conforman cuerpo y
psiquismo en el seno de un conjunto de relaciones, inicialmente familiares y luego en diferentes
grupos sociales, forjando una identidad sexuada. Desde la psicología y el psicoanálisis –el que
toma a la sexualidad como sustento del despliegue subjetivo- contamos con conceptualizaciones
que permiten comprender los modos en que los humanos nos hacemos mujeres o varones, nos
relacionamos con otros y otras, formamos parte de una familia, construimos familias, ejercemos

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la maternidad y la paternidad, nos vinculamos en pareja, etc. Estos conceptos se relacionan
fundamentalmente con la construcción de la identidad y la alteridad, las identificaciones, la trama
edípica que nos constituye en relación con padre y madre (considerados en tanto funciones),
todas ellas instancias fundantes del sujeto que permanecen como matrices de relaciones
intersubjetivas a lo largo de toda la vida. No obstante, esta dimensión psicológica no agota la
comprensión de la constitución subjetiva: la subjetividad y la intersubjetividad tampoco pueden
ser comprendidas exclusivamente desde la psicología.
Una dimensión jurídica define los modos en que la sexualidad se inscribe en normas y leyes,
tácitas o explícitas, determinando y regulando nuestra vida cotidiana, ordenando, habilitando,
prohibiendo, estableciendo lo que la sexualidad humana es y/o puede ser, sus condiciones y
alcances. Consideremos en esta dimensión, por ejemplo, las recientes leyes de salud sexual que
determinan importantes consecuencias en el terreno de la salud y su cuidado, la educación
sexual, los derechos de los adolescentes, la igualdad de oportunidades entre los géneros, etc.
Una dimensión ético-política se articula fuertemente con esta última ya que las leyes se
inscriben en el marco de políticas pensadas, a su vez, desde un lugar ético. Lo político y lo ético
aluden a un conjunto de formas que hacen al vivir juntos con otros en el seno de una sociedad, y
a decisiones que afectan a esa convivencia, la habilitan o inhabilitan, estableciendo maneras
diversas de transcurrir modos de vivir socialmente.

Esta forma compleja de pensar la sexualidad es solidaria con un pensamiento sobre los sujetos
y las subjetividades, un pensamiento que comprende mejor las realidades humanas en términos
de procesos y no de estados fijos, más como relaciones que van determinando formas y
espacios de subjetivación que como individualidades ya dadas, identidades cerradas sobre sí
mismas que luego entran en contacto y escasamente se modifican. A continuación
desplegaremos este modo de concepción de la subjetividad, su constitución y la sexualidad
como proceso fundante.

SUBJETIVIDADES. SEXUALIDADES

Hablar de sexualidad implica dar cuenta de la constitución de la subjetividad desde sus


comienzos y de las transformaciones que se experimentan en el proceso a través del cual el
pequeño humano se convierte en ser humano sexualizado. En este proceso, el otro siempre está
allí, instituyendo la sexualidad a través de la suya, otro que constituye, que otorga lugar, que
brinda significados y sostén a partir de sí mismo.
En este sentido, “la infancia es el tiempo de instauración de la sexualidad humana” 2, es el
tiempo de la organización del psiquismo y de un modo humano de vincularse con otros, abierto a
nuevas resignificaciones y en vías de transformación hacia nuevos niveles de complejización
posible, un tiempo inaugural donde la madre u otro adulto significativo introduce “en el mismo
momento que alivia las tensiones biológicas, otras tensiones, del orden sexual, no resolubles ya
por medios simplemente físico-químicos, que quedan abiertas a todo tipo de simbolizaciones y
se constituyen como `motor del progreso psíquico´”3. Esto implica que, en la conformación
subjetiva, la sexualidad entra desde el primer momento a configurar lo específicamente humano,
más allá del alimento en sí que nutre el organismo, más allá de lo autoconservativo, cuando “a la
búsqueda de lo nutricio, el bebé se encuentra con el pecho –objeto sexual de inicio en la medida
en que es ofrecido por el otro humano provisto de inconciente.“4. La pulsion nace, así, no del
organismo biológico portador de necesidades biológicas que deben ser satisfechas, sino del
encuentro del nuevo ser con otro que lo incluye en un mundo intersubjetivo y cultural donde está
2
Bleichmar S. La fundación del inconciente. Destinos de pulsion, destinos del sujeto. Buenos Aires:
Amorrortu Editores; 1993.
3
Ibíd
4
Ibíd
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en juego la sexualidad. Este ir más allá de la biología, de la función conservadora de la vida,
hace del ser humano alguien que no agota su vida en la satisfacción de las necesidades para
sobrevivir. Lo hace buscador de símbolos, de palabras, de gestos, de mundos habitables de
diferentes maneras a partir de otros y con otros.
El sostén para convertirse en sujeto es, entonces, una trama tejida con gestos y actos dadores
de significación, caricias y palabras en el momento del amamantamiento, miradas alentadoras
del crecimiento y de la búsqueda autónoma de las capacidades del niño y adolescente en
diversos momentos de su infancia y adolescencia, espacios de libertad para ensayar/se y límites
habilitantes para que las potencialidades se desplieguen. El cuerpo y la sexualidad están allí, en
cada momento, en cada vínculo, en cada iniciativa; en las miradas de los otros y en la propia
mirada que recorta a ese alguien que uno “es” y también a la proyección de cómo nos gustaría
ser. Brecha siempre abierta entre un ser actual y uno potencial, donde las identidades se juegan,
se redefinen y la sexualidad opera como motor y es también efecto, configurándolas.
Es decir, entonces, que constitución psíquica y sexualidad se hallan vinculadas desde los
primeros tiempos de la vida, desde las primeras inscripciones, las primeras ligazones que fundan
la subjetividad; y que se instituyen desde otros (padre-madre-adulto significativo) que ofrecen
parte de sí mismos para que el nuevo ser sea y vaya siendo a cada momento, en cada situación
de crecimiento y formación. Es por ello que decimos subjetividad y, a la vez, decimos sexualidad.
Subjetividad o proceso de subjetivación porque no hay allí un estado cerrado y terminado, una
etapa supuestamente alcanzada que garantice el logro evolutivo “esperado” y también porque al
decir subjetividad o proceso de subjetivación nos negamos a hablar de una interioridad opuesta
a un “exterior” social, de un individuo diferenciado de su contexto, o de un psiquismo que se
autoabastece, ajeno a la transformación en relación a otros.

IDENTIDADES Y CUERPOS CON HISTORIA

Cuando un niño o adolescente se forman, en la familia, la escuela, el grupo de amigos, el club,


etc. van “siendo” allí, en el encuentro con las instituciones y con adultos o pares según un modo
de habitar los espacios y de mirarse a sí mismos. No hay identidades selladas, naturalmente
dadas, heredadas o genéticamente establecidas, sino que hay rasgos, identificaciones múltiples,
miradas propias y ajenas que nos hacen ser –mujeres o varones- en situación y con otros. Así,
por ejemplo, una adolescente que se convierte en madre puede seguir siendo estudiante de la
escuela secundaria a la vez, según el acompañamiento que reciba de los adultos que la rodean,
de acuerdo al valor que los otros (profesores, compañeros) le den al hecho de sostener un
proyecto de vida que no se agota en la maternidad. Incluso cuando en su familia la maternidad
precoz sea una modalidad habitual y excluyente de otros proyectos. O bien -otro ejemplo- un
adolescente puede encontrar formas expresivas de su singularidad más allá de los estereotipos
vigentes si se alientan estas posibilidades y se valorizan positivamente, habilitando el despliegue
de lenguajes artísticos generalmente pensados como femeninos (la danza por ejemplo) o
desarrollando tareas en las que el cuidado de otros sea el centro, manifestando sus sentimientos
de las más diversas maneras, etc.
Dice Ana Fernández: “Que alguien pueda saber qué quiere en su vida y cómo lograrlo, que se
sienta con derecho a decir no, a incidir en su realidad para lograr sus proyectos, necesita un tipo
de subjetividad cuya construcción no depende exclusivamente de su psiquismo”5. Depende de
un contexto que lo habilite, de su propia posición como sujeto conocedor de sus derechos y de
sus posibilidades de reconocer el propio deseo y desplegarlo en relaciones de reconocimiento
de otros. Para muchos adolescentes ésto depende de los espacios que se les ofrezcan, a partir
de la acción de adultos comprometidos, de miradas habilitantes, de palabras y sostenes

5
Fernandez A. La invención de la niña. UNICEF Argentina: Buenos Aires;1994.

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institucionales. Cuestiones que pueden ser generadas desde procesos educativos que forjan
subjetividad responsable.
Es así que, decimos, devenir sujetos sexuados, hacerse mujer o varón no es un dato inicial
biológico ni individual psicológico, sino una producción a lo largo de una historia personal, social,
cultural, política. Allí reside su complejidad; es por ello que decimos que no se trata sólo del
efecto de una historia individual, ni sólo de una historia cultural, social o política, sino que
deviene de un entrecruzamiento de dimensiones que, incidiendo unas sobre otras, “hacen”
cuerpos e identidades.
En este sentido, el cuerpo puede ser pensado como una práctica social, lejos de ser una
evidencia incuestionable. Es por ello que la educación en sexualidad integral demanda
“desbiologizar” el cuerpo, desnaturalizarlo y comprenderlo construido, producido y constituido en
una historia, narrado.
Esta idea de cuerpo como práctica social y narración, cuerpo historizado, lugar de construcción
del género, también lugar de placer y cuidado, da lugar a desandar el camino por donde
transitan niños y niñas, adolescentes mujeres y varones en el “armado” de su identidad, para
ayudarlos a rearmar de otra manera o potenciar posibilidades. Para los varones, un cierto
estereotipo impone la idea de que su cuerpo masculino es la sede del ejercicio de la fuerza, el
poder, el dominio de los espacios, la productividad, rasgos asociados a la masculinidad
hegemónica. Y para las mujeres, el cuerpo no sólo se relaciona con características opuestas a
las anteriores –debilidad, fragilidad, reproducción, lo privado como espacio exclusivo- sino que
adquiere una mayor centralidad ya que se considera que en él mismo reside su feminidad 6 (el
cuerpo femenino como sede del “ser mujer”, cuerpo que debe ser bello, agradable, muchas
veces “cuerpo-objeto”). Esta temática será retomada en la segunda parte del módulo cuando
profundicemos el concepto de género.
El cuerpo y la sexualidad –alejados de estereotipos y desnaturalizados o cuestionados como
tales– pueden ser pensados, por el contrario, como lugares de placer y cuidado de uno mismo y
del otro, de despliegue subjetivo, de encuentro con otros, de experiencia afectiva. Allí donde es
posible hacer lugar a la historia, a la narración de uno mismo en el marco de esa historia, al
reconocimiento de que vivimos en lazo con otros/as y que esto demanda cuidados,
acompañamiento y búsqueda de afecto, se desplaza la idea de que el cuerpo es un organismo,
una máquina, un modelo, un objeto de consumo o un objeto a ser programado para ocupar un
rol social determinado. La singularidad tiene allí posibilidades de despliegue, en un cuerpo que
es, también, pensamiento y afectividad.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS OBLIGATORIAS:

Morgade G. Educación en la sexualidad desde el enfoque de género. Una antigua deuda de la


escuela. Novedades Educativas 2006 (184): 41-44.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS OPTATIVAS:

Lopes Louro G. Pedagogías de la sexualidad. En: Lopes Louro G comp. O corpo educado.
Pedagogias da sexualidade. Belo Horizonte: Auténtica; 1999. Traducido por Mariana Genna con
la supervisión de G. Morgade.
Fernández A. La invención de la niña. Buenos Aires: UNICEF Argentina;1994.
Kogan L. Género-cuerpo-sexo: apuntes para una sociología del cuerpo. Revista de Debates en
Sociología (18). Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, Dpto. de Ciencias Sociales; 1993.

6
Kogan L. Género-cuerpo-sexo: apuntes para una sociología del cuerpo. Revista de Debates en
Sociología (18). Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, Dpto. de Ciencias Sociales; 1993.
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Actividad Semana 1

“REFLEXIONANDO SOBRE LA SEXUALIDAD EN LA PRACTICA DOCENTE”

OBJETIVOS:

- Indagar sobre las concepciones de la sexualidad que están presentes entre sus colegas.

- Identificar las percepciones de los docentes acerca de cuales son las distintas áreas y
materias posibles de vincularse con la educación sexual.

CONSIGNA:

Trabajo individual.
- Teniendo en cuenta la lectura del texto de Morgade G. “Educación en la sexualidad desde el
enfoque de género. Una antigua deuda de la escuela” y los contenidos de la primera semana del
Módulo 1, realizá una encuesta breve entre tus colegas, profesores y profesoras de diversas
asignaturas, preguntándoles:
1 - ¿cómo definirían la sexualidad?
2 - ¿En qué sentido consideras que tu materia se vincula o puede vincularse con la educación de
la sexualidad?
3 - Analizá las respuestas teniendo en cuenta:
a. Qué concepción de sexualidad se está presuponiendo.
b. Qué temas ponen en relación.
c. Qué relaciones entre asignaturas y sexualidad no fueron visualizadas por tus colegas
y encontrás posibles de realizar.

TE INVITAMOS A COMPARTIR TUS CONCLUSIONES SOBRE EL ANÁLISIS DE ESTA ACTIVIDAD EN EL


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