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Vivir Conscientes. De la calle a Harvard.

La propuesta que hace la cinta sobre parte de la vida de Liz Murray resalta por lejos
el amor, la decisión y el deseo de superación.
La protagonista recorre desde su infancia temprana, oscuros pasajes de abandono,
condiciones de insalubridad, hambre, y todo aquello que se pueda imaginar que ocurra en
un hogar donde los excesos y la dependencia a las drogas de los padres, forman parte de
la vida diaria, situación que aparte del desamparo, le impidió aprender a desarrollar
habilidades sociales. Aunque sus calificaciones eran buenas, no asistía regularmente a la
escuela, por ello su familia fue continuamente cuestionada, siendo afectada por un “sistema”
ocupado en el cumplimiento de la norma sin una mirada hacia el ser humano, hacia la
persona y contexto al que intentaba sobrevivir día a día en una familia enferma que se
alejaba rápidamente de la realidad.
A manera de reflexión, es posible hacer una comparación de la situación del sistema
de educación de Liz con antiguos lineamientos de la Iglesia, cuando a los agentes pastorales
se les inspiraba a ser ejes motivadores para la conversión de otros, lo que es totalmente
válido para el credo, sin embargo la inmensa distancia entre anunciar una “buena nueva del
amor de Dios” y los estómagos 0, bolsillos y esperanza vacía, hacía poco crédulo el amor
hacia los semejantes. Así, en la vida de Liz, el sistema social, continuamente critica la
negligencia de sus padres y la propia falta de voluntad de la menor, ocupándose de lo
exterior del problema, hasta que finalmente es institucionalizada.
Los 16 años en la vida de Liz Murray marcan un cambio de rumbo, con la larga agonía
del sida y muerte de la madre y la desintegración definitiva de la familia, huye del orfanato
a la vida de la calle, esta pérdida cierra el círculo que la mantuvo amorosamente pendiente
y responsable de la mamá. De algún modo el dolor le regalaba libertad para buscar la
oportunidad de encontrar un camino, que la condujera hacia un mundo distinto que recién
empezaba a conocer y comprender el que estaba deseando profundamente. Es así como
decide volver a la escuela.
La dinámica de la vida frecuentemente pone en el camino personas que aportan y
contribuyen a volcarla, por una parte la confianza que su profesor depositó en ella fue la
motivación para ir superando obstáculos, y por otra, el propio convencimiento y la firme
idea de que las oportunidades para educarse eran la vía para despertar de aquel mal sueño
del pasado , del que no hacía responsables a sus padres a quienes recordaba con amor
entrañable , sino más bien que desde ahí en adelante el futuro y la posibilidad de una carrera
universitaria en Harvard dependía absolutamente de ella.
Así, la superación de esta joven, la definen varios momentos, la decisión personal de
hacer lo imposible para ser considerada en el proyecto educativo a costa de esfuerzos
personales, la confianza en si mismo para superarse a pesar de todo diagnóstico y entorno
desalentador, la especial mirada de su profesor entendiéndola en su contexto, no para
victimizarla sino mas bien para potenciar las habilidades que había descubierto en ella. Esta
realidad no es tan ajena a lo que podamos creer o querer de nuestra nueva realidad local
y de inmigración, cada vez es más urgente mirar a cada uno de nuestros niños y niñas
con todo lo que son , es imperativo que el sistema educativo y sus actores se logren
conectar desde una perspectiva humana , más allá de la estructura y las normas, guardado
la esperanza que siempre existirán algunos que con solo una acción de decisión consciente,
podrán ser los artífices para comenzar a cambiar vidas.