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Las actitudes ante la muerte en la Edad Media.

Eladio Rubio Torres

Janez de Kastav, Danza macabra de la iglesia de Hrastovlje (Eslovenia), 1480. GONZÁLEZ ZYMLA,
Herbert (2013): "Danzas macabras", Base de datos digital de Iconografía Medieval. Universidad
Complutense de Madrid. En línea: https://www.ucm.es/bdiconografiamedieval/danzas-macabras
consultado el 18/10/2018

¿Por qué importa estudiar las actitudes ante la muerte?

En el estudio de las actitudes ante la muerte tiene vital importancia la


combinación de los aspectos más puramente espirituales y las prácticas que se
realizaron con los muertos. Ni el espiritualismo ni las prácticas van por si solas,
ambos aspectos se relacionan recíprocamente y hay que comprenderlos como un
conjunto sociocultural.

El principal precursor del estudio de las actitudes ante la muerte es Philipe


Ariès, cuyas investigaciones publicó en un libro ya clásico en 1975, tardíamente
traducido al español décadas después. Abrió nuevos caminos a la investigación de
las mentalidades y de los comportamientos culturales. En esa línea hay un reciente
trabajo de la española Susana Guijarro González, El bien façer, el buen morir y la
remembranza en la sociedad medieval burgalesa (siglos XIII-XV) (SUSANA GUIJARRO,
2016). Por lo tanto, el interesado por esta temática ahora dispone no sólo de
monografías de carácter general sobre la muerte en occidente, sino con estudios más
concretos por países, que también han llegado a España.

Las actitudes ante la muerte constituyen, por tanto, una faceta de la historia
que ha permitido conocer cómo se han comportado a lo largo de la historia las
distintas sociedades ante el trance tan temido por los humanos. Es un complejo, sin
duda. En estas páginas solo se esbozan algunas cuestiones relacionadas con la
historia de las emociones y de las creencias espirituales.

El temor hacia la muerte y el mundo de los muertos.

La muerte ha sido un tema que no ha parado de resonar en nuestros


pensamientos desde que el ser humano tenía conciencia. Probablemente debido a
que es un acontecimiento que atañe a todos, además de ser algo indefectible en la
vida. La muerte es sinónimo de vida, pues lo que no ha estado vivo no puede morir.

No obstante, aunque sea un acontecimiento universal, no todo el mundo tiene


la misma actitud ante la muerte, y dependiendo de esta actitud aparecerá un tipo de
pensamiento y modo de entender la muerte diferente. Según María Luisa Bueno
Domínguez (BUENO DOMÍNGUEZ 2001. Pág. 435.), podemos distinguir tres tipos
de comportamientos:

1. El de quienes consideran que la muerte llega en contra de su


voluntad y creen que el cuerpo mortal muere, pero que de alguna forma
permanece con ellos. Esta actitud genera miedo ante los muertos.
2. Un segundo grupo de personas son aquellos que asumen la muerte
colocándose positivamente sobre ella. La muerte no es más que un
medio de acceso para la vida eterna. Evidentemente es uno de los
mensajes del cristianismo. Esta actitud será fundamental para entender
el concepto que tenía la sociedad de la Edad Media frente a la vida
terrenal. Es un mero espacio de paso, y todo lo que se haga en esta vida
serán motivos para el acceso a una vida mejor, la divina, que es la que
verdaderamente importa.
3. Un último grupo son los que ven la muerte como la liberadora de
grandes sufrimientos. Sin duda en este grupo estarían todos aquellos
que estuvieran padeciendo en vida enormes calamidades y ven a la
muerte como un salvoconducto. Curiosamente la mayoría de los ejemplos
que encontramos en este tipo de actitudes tienen que ver con personas
con un sufrimiento en la parte sentimental.

Lo que sí que tenemos claro es que todos estos grupos estuvieron influidos
por el cambio de concepción con respecto a la muerte que apreciamos en la Baja
Edad Media y concretamente a partir del s. XIII. La muerte siempre ha sido una
compañera del ser humano medieval. En otras palabras: “El hombre en la edad
media convive directamente con la muerte”. Un ejemplo de miedo que podríamos
traer aquí es la de aquellos que morían solos por padecer una enfermedad. Las
epidemias hacían abandonar a los enfermos, por lo que no conseguían recibir
auxilios espirituales. Los auxilios espirituales en momentos cercanos a la muerte son
realmente importantes. Por lo tanto, con la peste del siglo XIV este sentimiento de
miedo hacia esta forma de muerte se agudizó. Se intensificó hasta tal punto que la
gente vivía con auténtico pavor lo que estaba sucediendo.

Todo esto fue provocado, en primer lugar, por la ausencia de una explicación
clara sobre cómo se producían los contagios, y en segundo lugar, la falta de una
ciencia médica que pudiera hacer frente a la peste, y en tercer lugar, el miedo a morir
en soledad, como comentábamos anteriormente, abandonados por miedo al
contagio y sin auxilio espiritual (BUENO DOMÍNGUEZ, 2001, pág. 417).

La muerte producía miedo, pero algunas de las reacciones más intensas


venían dadas, por la forma en las que estas muertes se producen. Es decir, la persona
medieval no quería morir, pero menos aún de ciertas formas.

Algunas de ellas son (BUENO DOMÍNGUEZ, 2001, págs.438-440):


• La muerte fuera de su entorno. Generalmente, el hombre medieval se
movía con mucha más frecuencia que las mujeres. Podemos hablar de Reyes
que se desplazan a guerras, los caballeros en las batallas, torneos. Por motivo
de estos desplazamientos, las muertes se producían fuera de su entorno,
donde ellos de verdad desearían estar cuando murieran, y genera una gran
preocupación.
• La muerte repentina. Es una de las que generan más pavor entre los
cercanos al difunto, precisamente por el desconocimiento de la causa de la
muerte que lleva con ello. Se genera desconcierto y será entonces cuando se
empiecen a tramar diferentes creencias sobre lo ocurrido. Sobre la muerte
de estas personas de manera repentina, sin una explicación concreta, se
acaba concluyendo en la mayoría de los casos con la creencia de que tras esta
muerte han actuado fuerzas sobrenaturales. Estas fuerzas serían malignas y
por ello atemorizan a la sociedad. Además, tienen una característica
fundamental para la creación del miedo en el pensamiento humano: no se
pueden controlar, no se pueden dominar. Pero la conclusión que debemos
extraer ante este tipo de muerte es el miedo real que provoca, y este sin duda
es el de morir sin haber tenido tiempo ha poder confesarse o arrepentirse de
sus actos.
• La muerte por suicidio: A ojos de la sociedad es la muerte más terrible, no
hay muerte más deshonrosa. Está muy mal vista por la sociedad cristiana
desde la Edad Media, ya que se veía necesario que el ser humano completase
su ciclo natural de la vida al ser una creación de Dios. Lo mínimo que se
espera del individuo en esa sociedad Medieval es que recorra el camino que
Dios ha preparado para él. Por lo tanto, existe un pensamiento establecido en
la sociedad que rechaza y condena a todos ellos que no cumplen con el plan
de Dios y lo acortan a su voluntad. Aquel que toma el suicidio como método
de evasión de este mundo queda condenado y maldecido. Y debemos también
hacer hincapié en otra consecuencia producida por este tipo de muerte: Al
haber fallecido sin que su hora hubiera llegado el muerto nunca podrá
descansar en el mundo de los muertos. Es, por así decirlo, una condenación
eterna. Pero, ¿Qué les llevaría al suicido a estas personas, que aun sabiendo
la repudia hacia el método que tenía la sociedad de su momento lo llevaban
a cabo?
Incluso el propio Alfonso X “el Sabio” comentó sombre este tema. Él
consideró que el suicidio llegaba por una locura que había sido producida por
una mala situación económica o por el padecimiento de enfermedades. Pero
también debemos de tener en cuenta otros factores, como la depresión que
pudieron padecer monjes y conversos en los monasterios. Una situación
moral que los llevaría a quitarse sus vidas.

Por lo tanto, En la Edad Media nos encontramos ante dos tipos de problemas.
En un primer término, la muerte crea un gran desconcierto y angustia cuando se da
en alguna de estas formas que acabamos de ver. En un segundo término, y quizás el
más importante, se crea el temor hacia el que ha muerto. De cierta manera, este
miedo hace que el difunto perviva, aunque eso sí, en el mundo de los muertos.

El mundo de los muertos será un concepto por el que la sociedad medieval


esté tremendamente aterrorizada. No se teme a todos los muertos en general, pero
si a aquellos que entran en las características de la mala muerte. La sociedad llega
incluso a preparar defensas ante ellos, porque están seguros de que estos muertos
podrán salir de aquellos lugares donde se llevó a cabo su enterramiento. Es por ello
por lo que es habitual que se intentara obstruir las tumbas de aquellos que se
consideraban propicios para venir del mundo de los muertos a atormentar a los
vivos. Era muy común la colocación de piedras o incluso fijar las tumbas (BUENO
DOMINGUEZ, 2001, pág. 440).

Los suicidas además tenían un trato especial al ser sin duda la muerte más
aberrante que se podía tener. De hecho, no podían tener ningún contacto con el resto
del mundo que habían dejado. Se podría decir que se les marginaba dentro de la
práctica mortuoria, no se les trataba como a los demás, (ni si quiera como a los
condenados a muerte o los que mueren sin confesión). Se creía que el suicida podía
albergar al demonio, por lo que debían de ser enterrados lejos de los espacios
sagrados. Tampoco estaba excluido de esta preocupación el que había muerto de
repente, el demonio podía haber sido el que propició la muerte de esta persona,
llevándolo al mundo de los muertos sin su correspondiente auxilio espiritual.

Representación de la danza macabra, sala capitular del convento de San Francisco de Morella, Castellón
(España), siglo XV. Imagen extraída de https://mfla.wordpress.com/2008/04/25/la-danza-de-la-muerte-del-
convento-de-san-francisco-de-morella/ el 14/11/2018

En definitiva, los cuidados que se van a tener ante el que ha muerto va a depender
en gran parte del tipo de muerte que ha tenido.

Por último, en lo referente al mundo de los muertos, será muy importante las
actuaciones y tratamientos que la sociedad tenía para facilitar el transcurso del
difunto del mundo de los vivos al de los muertos. Existe una creencia en el deber del
vivo de tratar bien al muerto, un intento de contentar al muerto. Dentro de estas
actuaciones se deja ver una característica supersticiosa. Se crean por tanto
diferentes métodos para ayudar al muerto a descansar en paz, ayudarle a irse en vez
de ponerle trabas. De ahí surge el Requiescat in pace y demás fórmulas para
conseguir que el alma deje de estar vinculada al mundo de los vivos (GUIJARRO
GONZÁLEZ, 2016, pág. 18).
La peste como elemento protagonista de miedos persistentes.

Con la extensión de la peste negra por Europa a partir del siglo XIV nos es
muy difícil no concebirla dentro del estudio de las actitudes ante la muerte como
elemento protagonista. Sin embargo, la peste del siglo XIV no fue la primera de la
historia. Solía aparecer a lo largo de la historia de manera cíclica. De esta manera la
sociedad del siglo XIV ya había oído lo terrible que la peste podía ser, incrementando
aún más su temor hacia ella. Además, si al hecho de los pocos medios que tenía los
médicos medievales para paliar los efectos de la peste, le añadimos que además la

Es prácticamente inevitable no acordarse de este óleo de Pieter Brueghel el Viejo (c.1562) cuando se habla de
los efectos de la peste. Sin duda una representación extraordinaria del triunfo de la muerte frente a los vivos.
Imagen extraída de: https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/la-peste-negra-la-
epidemia-mas-mortifera_6280/4 el 14/11/2018

sociedad estaba muy mal alimentada por las malas cosechas que se habían ido
sucediendo, nos encontramos ante una población indefensa ante la enfermedad.
Fueron sin duda unos factores determinantes para que la peste negra fuera una
catástrofe y se llevara consigo a toda clase de personas, desde los que tenían más
poder hasta los que menos. La presencia del miedo en la llegada de la peste no estaba
simplemente impuesta por el miedo a morir. La enorme confusión de una sociedad
que no sabía cómo actuar también influyó de manera decisiva. La población
medieval del siglo XIV no sabía ni cómo se originaba la enfermedad, ni cuál era la
forma de contagio, ni por supuesto, como combatirla. Uno de los condicionantes
para que el miedo corra sin ataduras fue que los médicos, con temor a contagiarse y
sin saber que hacer con los enfermos, llegaron a dejar de atenderlos. La imagen para
aquellos que se encontraban indefensos ante la peste debió de ser demoledora.

Solo debemos de imaginarnos el caos que se debió de formar cuando


realmente no existía ni unas medidas preventivas ni unas curaciones que fueran en
una misma dirección. Cada médico aplicaba sus propias medidas, que en algunos
casos, por simple desconocimiento, producían efectos no deseados. Como muy
acertadamente indica María Luisa Bueno Domínguez, era “la imaginación al servicio
del miedo” (BUENO DOMÍNGUEZ, 2001 pág. 424). Con respecto a las medidas
preventivas al contagio, muy dispares. Desde contagios a través de una mirada hasta
la combinación de los astros. En definitiva, la peste dio rienda suelta a una
metodología que mostraba la profunda desesperación de la sociedad por encontrar
una solución que no llegó.

El juicio final en el sermón medieval. Temor a Dios y el Demonio.

Es de vital importancia que tratemos, aunque sea ligeramente, este tema, ya


que se produjo un verdadero miedo dirigido a través de las instituciones,
especialmente la Iglesia. Tuvieron dos vías principalmente, la represión y las
predicaciones. Nos centraremos en esta última. El motivo es porque no hubo un
medio más efectivo que el sermón para entrar en la parte más profunda del
individuo medieval. Los sermones medievales tuvieron tres objetivos: En primer
lugar, eliminar o rectificar los males que están presente en la sociedad; en segundo
lugar, castigar a aquellos que lo merezcan, y en tercer lugar, acabar con todo lo que
pareciera opuesto a la moral cristiana. Además, saben perfectamente a que público
dirigirse, van a por las capas populares.

El principal elemento que se usa en el sermón medieval es el miedo a Dios. Se


conduce el discurso hacia el temor sobre la vida después de la muerte que les espera
si no se distancian de una vida pecaminosa. El temor a dios es propio de toda la Edad
Media, pero a partir del siglo XII se incluye también el miedo al Juicio Final. Si
añadimos que la sociedad es fervientemente religiosa y que además el público al que
iba dirigido estos sermones era en su mayoría inculto, era un perfecto caldo de
cultivo para el discurso del miedo. No debemos de olvidar tampoco una intención
que a veces queda fuera de los estudios sobre este tema: Era una manera perfecta
para controlar a la población.

El predicador se dedica a advertir a la población de los pecados que atentan


contra Dios. Habla de pecados graves, como la lujuria o las vanidades, muy presente
en sus sermones, pero también se lleva al discurso otros pecados que son más
amplios entre la población (y menos graves) como no practicar las fiestas de guardar
o ir a la taberna. De esta manera la mayor parte de la población medieval, y en
especial de las ciudades, se veía identificada con los pecados que el predicador
condenaba. Y por lo tanto les inundaba un sentimiento de culpabilidad y miedo, ya
que serían juzgados por un Dios severo y firme.

La imagen poderosa del Pantócrator en el Juicio Final del ábside de la Iglesia de San Vicent de Taüll. Imagen
extraída de: http://viajarconelarte.blogspot.com/2017/10/el-juicio-final-en-el-medievo.html el 15/11/2018
Por otro lado, está la imagen del demonio, que se presenta como aterradora.
Además, el demonio está presente en la vida de las gentes medievales, creen que
convive en su entorno intentando desviarlos de la rectitud cristiana. Incluso se le
llega a temer por su aspecto. A partir del siglo XIII empiezan a darse detalles sobre
una figura con ojos rojos y alas de fuego. El miedo que trae consigo el demonio va
conectado con el temor a los muertos. El motivo es por la creencia de que puede
hacerse con el alma de los que están muriendo y llevárselos consigo al infierno. En
grandes rasgos, la finalidad del demonio en la Edad Media es la de intentar a través
de trucos engañar al ser humano y llevarlo hacia el mal, corromperlo, y por último,
condenarlo eternamente.

La otra cara del miedo: La muerte como espectáculo.

Resulta terriblemente contradictorio ver cómo una sociedad que está


inmersa en el miedo ante la muerte, y que se siente acosada cada día por ésta,
disfrute viendo las ejecuciones públicas en las ciudades medievales. Era un acto casi
protocolario y dantesco, pero al que acudían la mayoría de los ciudadanos. No había
hombre, mujer ni niño que no acudiera a la plaza a presenciar las torturas y
ejecuciones cuando se producían. ¿Habían perdido la sensibilidad al estar tan
familiarizados con la muerte? Es posible, aunque no se sepa con certeza. Lo que si
que queda cristalino ante las investigaciones es que se disfruta. “Todo es un
espectáculo. Se espera con emoción a que llegue la carreta con los que van a morir,
y es fácil imaginar que su aparición levanta aplausos, risas y, cómo no, insultos”.
(BUENO DOMÍNGUEZ, 2001. Pág. 295.)

Por lo tanto, este es un elemento más para ver cómo la ciudad medieval, y en
su extensión, la sociedad, estaba impregnada por la muerte. A veces tan temida y a
veces incluso disfrutada.
Podemos extraer algunas conclusiones sobre las actitudes ante la muerte:

• La sociedad medieval tuvo la muerte presente cada día de sus vidas.


Esto despertó en un temor profundo, especialmente dependiendo del tipo de
muerte que se tratase.
• El miedo a morir no es el único temor que se manifiesta. El temor al
mundo de los muertos es incluso aún más fuerte que el miedo a la muerte
en sí. La idea de la posibilidad de la vuelta de los muertos para atormentar a
los vivos es la causante de auténtico pavor.
• La peste fue un factor principal en la modificación de la actitud ante la
muerte en la Edad Media. Supuso un caos absoluto en la vida de las personas
debido a una medicina muy precaria que se vio desbordada ante la peste.
Además, se dio rienda suelta a la imaginación para la búsqueda de terapias
curativas y de prevención, lo que aumentó aún más el desconcierto.
• Las instituciones introdujeron el miedo a la muerte, en especial la Iglesia.
Los predicadores medievales incluyeron en su discurso a un Dios que los
castigaría por sus pecados, un juicio final en el que todos serían severamente
juzgados. Además, apareció la figura del Demonio, el cual también
aterrorizaba a la población con sus intentos por quedarse con sus almas.
• También nos encontramos con elementos contradictorios dentro de la
sociedad medieval: se teme a la muerte y al mundo de los muertos, pero se
disfruta de las ejecuciones públicas, convertidas realmente en un macabro
espectáculo popular en las plazas de las ciudades. Además, se celebra con
jolgorio que también los ricos mueren y todos somos iguales ante la muerte.

Eladio Rubio Torres.


Bibliografía utilizada:

• ARIÈS, Philippe, Historia de la muerte en Occidente: desde la Edad


Media hasta nuestros días. Barcelona, El Acantilado, 2000.
• BUENO DOMÍNGUEZ, María Luisa, Espacios de vida y muerte en la Edad
Media. Zamora, Semuret, 2001.
• GUIJARRO GONZÁLEZ, Susana, El buen façer, el buen morir y la
remembranza en la sociedad medieval burgalesa (siglos XIII-XV):
lección festividad de San Isidoro, curso académico 2015-2016,
Santander, Universidad de Cantabria, D. L. 2016.
• MARTÍNEZ GIL, Fernando, La muerte vivida: muerte y sociedad en
Castilla durante la Baja Edad Media, Toledo, Diputación Provincial,
1996.
• MITRE FERNÁNDEZ, Emilio, La muerte vencida: imágenes e historia en
el Occidente Medieval (1200-1348), Madrid, Encuentro, 1988.