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Portantiero.

Economía política en la crisis argentina (1958-1973)

1. El "empate" argentino.

Empate entre fuerzas, capaces de vetar los proyectos de las otras pero sin recursos suficientes
para imponer los propios.

Esta situación de empate hegemónico, dio lugar a la presencia de un estado progresivamente


asilado de la sociedad. La inestabilidad crónica de la Argentina y su condición de sociedad
"ingobernable" sólo puede ser entendida a condición de penetrar en el complejo de relaciones
económicas, sociales y políticas que se va estructurando dese finales de la década del 50.

El derrocamiento del primer experimento nacionalista popular de Perón implicaba el cierre de


un ciclo histórico. En lo económica, quedaba agotado un modelo de acumulación iniciado con
la crisis del 30 y reforzado en la del 40. En lo político, el fin del primer peronismo arrasaba con
un orden legítimo, sostenido por una alianza de intereses expresada en el bloque populista
que Perón había articulado entre las FFAA, el sindicalismo y las corporaciones patronales que
representaban al capitalismo nacional.

En la medida en que los intereses que confluían en esa alianza comenzaron a manifestar
contradicciones entre sí, el bloque populista entró en descomposición. Fue derrocado por una
conjura dirigida por oficiales retirados del ejército, por lo tanto sin mando de tropas, apoyada
por la Marina de guerra.

El peronismo había conseguido dar expresión política coherente a una etapa de desarrollo de
la sociedad argentina. A partir de su caída, ninguna experiencia logró satisfacer los requisitos
mínimos necesarios para sostener un Orden estable. Faltó una ecuación política capaz de
articular a la sociedad con el estado, de fundar una legitimidad basada en la fuerza y el
consenso.

La incapacidad e las clases dominantes comienza a ser patética desde el período presidencial
de Frondizi.

El período 1955-58 fue de transición y un intento de poner "orden en la casa". Del deterioro
que le había inferido el nacionalismo popular y desarmar su aparato político: el sindicalismo.
Fue un operativo de "limpieza" para el retorno a las condiciones del pre peronismo.
Desarticular la participación política de los sindicatos como interlocutores privilegiados para la
elaboración de proyectos sociales.

El desarrollismo proponía la sustitución de trabajo por capital. Estimará el ingreso masivo del
capital extranjero en la industria. "Crisis de la hegemonía": incapacidad de un sector que
deviene predominante en la economía para proyectar sobre la sociedad un orden político que
lo exprese legítimamente y lo reproduzca.

El empate político entre los distintos grupos se articularía con una modalidad específica de
acumulación de capital basada en una situación de poder económico compartido que
desplazaba a la burguesía agraria (proveedora de divisas y dueña de los momentos de crisis
externa) y la burguesía industrial, volcada hacia el mercado interior.
El modelo vigente responde a una secuencia que pasa de un momento de devaluación y
aumento de los precios relativos industriales y el salario real, hasta que la burguesía agraria
precipita una crisis en la balanza de pagos y con una posterior devaluación recomienza el ciclo.
Su origen data de la década del 30,

La particularidad de esta forma de acumulación, sustentada por un poder compartido cuyos


desajustes internos se zanjan mediante bruscas y sucesivas traslaciones de ingresos que
sacuden el cuerpo social del país, explica las formas políticas del capitalismo argentino. formas
que testimonian una suerte de "imposibilidad hegemónica", dadas las recurrentes dificultades
que enfrentan para elaborar una coalición estable las capas más concentradas de las
burguesías urbana y rural.

Periódicamente, distintas fracciones buscan dar un vuelco a la situación, tratando de montar


un modelo de acumulación alternativo: intentos de ruptura del empate que pretenden
modernizar la estructura del capitalismo.

Bajo el liderazgo de la fracción monopolista del capital industrial, tal fue el intento de Krieger
Vasena, ministro de economía de Onganía, entre 1967-69 al igual que Gelbard bajo el capital
nacional durante el último gobierno de Perón. Ambos fracasaron.

Una y otra vez el estado fue desbordado por la sociedad y la posibilidad de un orden político,
cancelada nuevamente.

Entre 1966-73 durante la "revolución argentina", se puso en marcha el experimento más


coherente y en las mejores condiciones desplegado por la fracción dominante en la economía
para superar el empate a su favor y transformar el predominio en hegemonía. Ya a al cado de
los primeros tres años ese ensayo mostraba los signos de su fracaso.

El empate político en Argentina está articulado con el empate social.

Los partidos políticos, inconsistentes como ordenadores potenciales de la hegemonía, pero


aptos para representar el "sentido común" de las capas medias.

Sus protagonistas serán actores del sistema político que operan en su interior, organizadores
sociales que pretender poner en marcha proyectos de poder, definidos como tales a partir de
un complicado juego de relaciones de fuerza. Juego que supone tensiones en el
enfrentamiento de cada uno de los actores con otros pero también en su interior.

Relaciones de fuerzas políticas, donde los conflictos de clase se expresan como conflictos
entre fuerzas que actúan en el sistema político; en el que las alianzas entre clases y fracciones
buscan constituirse como bloque de poder mediante la articulación de proyectos.

II. Los preludios del cambio.

1962-63, argentina atravesó por uno de sus momentos de recesión: déficit incontrolable en la
balanza de pagos. Se trató de estimular a la burguesía agraria pampeana a través de una
devaluación del peso con el objeto de modificar a su favor la relación de precios con la
industria.
La crisis económica arrastró a una crisis institucional y la FAA decidieron el derrocamiento de
Frondizi.

La puesta en marcha del proyecto desarrollista, había consolidado ciertos puntos de no


retorno en la estructura de la economía y la sociedad argentina. Se colocaron las bases para la
consolidación en la esfera de la producción de un nuevo actor social: el capital extranjero
radicado en la industria. La burguesía industrial local deberá, amoldarse a sus decisiones y la
tradicionalmente poderosa burguesía pampeana será desplaza de su posición de liderazgo
aunque sin su capacidad de presión, poderosa sobre todo en los momentos de crisis. El control
sobre los sectores más dinámicos de la estructura productiva urbana se internacionalizó,
modificando las relaciones de fuerza en la sociedad.

Entre diciembre de 1958 y 1962 se autorizaron radicaciones por más de 500millones de


dólares, el cual el 90% fueron destinados a industrias. El 65% de las inversiones correspondía a
empresas EEUU. Contribuyó a remodelar la economía nacional. Pero lo importante de esos
cambios es la modificación generada en el perfil social y regional de las relaciones de fuerza.

Elementos nuevos implantados durante el desarrollismo.

La concentración de inversiones en CABA y su periferia, las variaciones en la distribución del


ingreso que beneficiaron a los sectores medio y medio superior en detrimento de los tramos
inferiores y superiores. La heterogeneización de la clase dominante calificada como
"diversificación del liderazgo empresario". Las modificaciones operadas en la composición
interna de la fuerza de trabajo a través de diferenciaciones salariales nítidas a favor de los
trabajadores de las ramas dinámicas.

Esta modernización no evitó la reaparición en 1962 de la crisis externa: el programa


desarrollista implicaba la necesidad de un aumento en la demanda de importaciones (materias
primas, bienes intermedios, tecnología) que sólo podía ser equilibrada con un aumento de la
exportación de productos agropecuarios. Derrocado Frondizi, Pinedo (representante de la
burguesía agraria tradicional) ocupó el ministerio de economía. Aplicó un plan económico de
liberalismo extremo y convocatoria para ocupar las posiciones en el aparato del Estado a
sectores más conservadores.

Pero una vez superado el momento más delicado de la crisis, la nueva complejidad de las
relaciones económicas y sociales comenzaría a jaquear el modelo simple puesto en práctica
con el derrocamiento de Frondizi.

Se abre asó un período de casi dos años de crisis política constante que sólo se zanja por la vía
militar. Por primera vez en la Argentina moderna llegan a producirse enfrentamientos armados
entre fracciones del ejército y la marina. Se convoca a elecciones y en 1963, asume Illia.

El desvalido gobierno provisional de José María Guido, que sucedió a Frondizi, va a adquirir el
carácter de ensayo general para el modelo político que se intentará poner en marcha desde
1966.

El impulso modernizante del desarrollismo había comenzado a promover a una capa


tecnoburocrática ligada con los nuevos procesos de acumulación capitalista en todas sus
esferas. La emergencia de ese estrato era indicativa de una modernización general de la
sociedad, tanto en el tipo de consumo de las clases medias cuanto en la estructura
antitradicionalista que comenzó a darse durante ese período a los patrones ideológicos
dominantes, desde la universidad hasta los medios de comunicación.

Esta capa habría de encontrar entre 1967 y 69 a su prócer: Krieger Vasena, promotor del
nuevo modelo socioeconómico tendiente a coronar el proceso abierto bajo el gobierno de
Frondizi. Este movimiento hacia la modernización política que envolvía como principal
derrotado al sistema tradicional de partidos, involucró el ascenso de otra fuerza social,
arrinconada desde el 55, la burocracia sindical. En 1961, Frondizi devolvió a los sindicatos el
control de la CGT intervenida por el estad hacía seis años. Las organizaciones gremiales
reaparecieron como grupo de presión, años en los que aparece la corriente vandorista (UOM).

El crecimiento del papel del sindicalismo y el reflujo sufrido por los partidos políticos, colocó en
un primer plano institucional a las organizaciones corporativas empresarias .

A estos actores: Establishment, burocracia sindical, organizaciones empresarias, debe sumarse


a las FFAA. Ese grupo, que eligió a Onganía como su primer líder intuyó que la herencia dejada
por el "desarrollismo" era significativa, que la sociedad argentina había cambiado y que las
FFAA debían ajustarse a esa complejidad.

Los partidos políticos aparecían como los principales derrotados de ese proceso de
modernización capitalista retomarían el gobierno con apenas un 25% de los votos.

Illia duraría menos de 3 años. Quiso recrear un modelo de gobierno respetuoso de la


democracia liberal constituido sobre la imagen republicana anterior a los años 30. Gobernó sin
estado de sitio ni presos políticos pero se confundió al creer que la argentina que él gobernaba
era la de la década de los 20.

Superada la crisis del 62/63, argentina entra en un ciclo de recuperación virtualmente decenal,
caracterizado por una coyuntura internacional favorable a los precios de los productos
argentinos en el mercado mundial y que eliminarían por un tiempo los déficits de la balanza
comercial.

Desde 1964 hasta 1971, argentina a nivel económico se caracteriza por:

Crecimiento del PBI sin recesión, del producto industrial, aumento para ocupar mano de obra
industria, participación de las empresas grandes y medianas de las ramas dinámicas,
atenuación de los ciclos originados en el sector externo, estabilidad en patrones de
distribución del ingreso, instalación masiva de capital extranjero en la industria, descenso del
nivel de ocupación.

El gobierno de Illia no frena pero tampoco impulsa esas tendencias. La UCR no es capaz de
sintetizar en el estado ese nuevo esquema de fuerzas. Esta incapacidad de Illia para responder
a las exigencias del sistema económico provocará su caída en 1966. El derrocamiento del
radicalismo arrastraba simbólicamente a la totalidad del sistema de representación. Cuando
los militares toman por asalto el poder utilizan como explicación el deterioro de los partidos
políticos, "crisis de autoridad".
La acumulación de capital, el incremento de la eficacia del sistema económico, la
racionalización del estado, eran demandas que se asentaban sobre la lógica del desarrollo
capitalista. No estaba en la capacidad del viejo sistema de partidos asumir esas tareas, es a ese
cuello de botella político que el golpe intentará poner fin.

III. El tiempo de la euforia: Onganía-Krieger Vasena.

Los militares que perpetraron el golpe a Illia fueron los mismos que se habían batido para
garantizar las elecciones en el 63. Tres años después, pretendían ocupar el vacío político
dejado por los partidos. El objetivo era la modernización del país, la grandeza de la nación.

Exige la construcción e industria básica, promoción de actividades como energía nuclear y


cibernética. Reclama la revolución técnica del campo. Para esa tarea las FFAA no podían contar
con el viejo sistema de partidos. Debía ser decidida por una conducción centralizada y
autoritaria. Pero la traducción fue mediocre. Tampoco Onganía pudo sintetizar el nuevo país,
reconstruir la hegemonía.

El estado, carente de una fuerte organización burocrática dotada de estabilidad y de una eficaz
gestión como empresa económica, el aparato estatal no posee una capa de funcionarios
autónomos capaz de proponer metas y ejecutar proyectos, de controlar a la sociedad. Su
intervencionismo nunca puede llegar más allá de un complicado engranaje de reglamentos,
mecanismo defensivo con el que busca constreñir a la sociedad pero sólo logra irritarla. La
fórmula de poder que intentó establecer la revolución argentina se fue desvaneciendo frente
al vigor que siguieron demostrando, como articuladores de intereses sociales, voceros de
opinión pública, los sindicatos y partidos políticos. En 1969 se desata el cordobazo, prólogo de
una serie de conmociones regionales. En 1970 nace la guerrilla urbana para consolidarse
progresivamente. Perón triunfará acompañado por los sindicatos, partidos políticos, frente a
un ejército desalentado, al establishment en derrota y al capitalismo transnacional ausente de
la coalición en el poder.

Los ideólogos de a RA intentaron esquematizar sus objetivos en 3 tiempos sucesivos: tiempo


económico, social y político.

Dos etapas: una de acumulación (riqueza y poder) que supone el sostén del autoritarismo
militar y la segunda de distribución, en la cual se abrirían las compuertas para la repartición de
la riqueza acumulada. Se buscaba consolidar una oligarquía político militar empresaria,
empeñada en asegurar el proceso de industrialización a través de grandes inversiones en la
infraestructura.

La etapa de 1966 y 73 puede ser dividida en 3 etapas.

1-1966-70 intento de estabilizar una modificación en el modelo de acumulación en la relación


de las fuerzas sociales

2-1970-71 intento de formular un modelo con mayor participación del capitalismo naciones
bajo el mismo molde autoritario
3-1971-73 intento de salida para la situación mediante la congelación de la iniciativa estatal
sobre la economía y la pretensión de controlar el futuro modelo político.

La RA arranca en 1966 con K Vasena como representante del Establishment tecnoburocrático y


de la gran burguesía urbana. En esta etapa, el predominio del capital monopólico industrial se
transforma en hegemonía dentro del bloque dominante. El capital nacional y la burguesía
agraria debieron subordinarse a él. El proyecto sacrificaba en primer lugar a los partidos
políticos.

Los partidos políticos aparecen como una institución ejemplar del empate: incapacitados como
ordenadores de ninguna hegemonía estable, son instrumentos eficaces para bloquear la
posibilidad de salidas alternativas. Pero en el momento de ofensiva del gran capital, al iniciarse
la RA no tenían más opción que el repliegue.

La disolución de los partidos políticos era un hecho inédito. El peronismo, al no ser


desarticulados los sindicatos, mantenía un canal de expresión del que carecían los demás
partidos.

El equipo de KV realizó un proceso de recomposición hegemónica a favor de las fracciones


superiores de la burguesía urbana consolidada económicamente en los 60. La "racionalización"
de KV implicó una transferencia en la distribución de la plusvalía en perjuicio de los sectores
medianos y pequeños del capitalismo urbano así como de los propietarios de tierras en la zona
pampeana.

El plan organiza una carrera contra el tiempo y su éxito depende de la fortaleza del estado
para controlar la velocidad del movimiento de dos factores: el rechazo al proyecto por los
perjudicados y la recolección de los frutos implícitos en sus metas desarrollistas. El primer
factor desbordó la capacidad de contención del estado.

No se trató de un fracaso económico. Los años 69 y 70 marcan una crisis social, cultural y
política, por medio de la cual la sociedad avanzaba sobre un estado que pese a su
autoritarismo iba a ser nuevamente desbordado. La inexistencia de la tradición estatal no pudo
ser revertida. La crisis social y política arrastrará a su caída al autoritarismo militar de Onganía
y planteará la recreación de las condiciones del empate.

Sólo un estado fuerte en relación con la sociedad podría garantizar que esas demandas
prematuras en función de los tiempos del proyecto, no se volvieran incontrolables. ¿Quiénes
eran los perjudicados? La gran burguesía agraria (retenciones). Galvanizó a los terratenientes
quienes enfrentaron más duramente al gobierno.

El proceso de concentración que ese tipo de desarrollo genera en nombre de la eficiencia lleva
al derrumbe de la pequeña y mediana empresa.

Todos estos costos pueden ser sobrellevados si la capacidad de presión de los sectores sobre el
estad o es baja. Que no es el caso en la argentina. Las explosiones regionales que abarcaban
zonas de desigual desarrollo económico, político y social, la situación de los asalariados
(perjudicados por los intentos de superexplotación) y el descontento generalizado de las capas
medias expropiadas políticamente por el autoritarismo estatal, crearon una acumulación de
fuerzas opositoras poderosa que abrieron una crisis social que precipitó la fractura militar.

A partir de los 60, el enemigo es considerado "interno" más que externo. La función principal
de las FFAA es garantizar la seguridad.

La burocracia sindical, se insertará en esos pliegues haciendo valer su fuerza relativa dentro de
un frente opositor. La primera ofensiva descargada contra los asalariados tendió a
desmantelar las zonas de "ineficiencia": puertos, ferrocarriles, industria azucarera tucumana.
La burocracia tendió mantener el diálogo en principio pero luego endureció su posición. En el
67 KV liquida por dos años las convenciones colectivas de trabajo por lo que el estado fijará los
ingresos de los asalariados. Desde ese momento hasta la crisis social y política de 1969-70, la
burocracia sindical se repliega.

La orientación del estado no consiste necesariamente en procurar su desaparición sino su


subordinación al plan del capital.

Si por un lado, el sindicalismo encuentra oídos sordos para sus reclamos ante el estado, por el
otro ve socavar su poderío desde adentro. Por un lado un número importante de gremios que
se rebelan contra la conducción de la CGT paralela. Por otro, un alzamiento de bases que
llevará el nombre de clasismo, en el que crecerá la influencia del socialismo marxista. Ambas
rebeliones internas se ligaban con la impotencia de la burocracia sindical.

La CGT "de los argentinos" expresaba el descontento de aquellos sectores de la fuerza de


trabajo empleados en las ramas calificadas como "ineficientes": Trabajadores del estado,
ferroviarios, obreros de las regiones sometidas a la racionalización (tucumán) que el impulso
modernizante buscaba hacer desaparecer.

El clasismo implicaba un tipo de movilización obrera opuesto. Trabajadores de las industrias de


punta generadas después del 58, su centro córdoba. El eje de sus reclamos no era el salario ni
la ocupación sino reivindicaciones cualitativas que la burocracia sindical era incapaz de asumir.
Sus reclamos tenían que ver con la condición obrera en general. Determinación de los ritmos
de producción, de los tiempo y de los sistemas de job evaluation.

Frente a las modificaciones de la condición obrera, la burocracia sindical no tenía respuestas.


La BS representaba una franja intermedia en la que su representatividad era incuestionable.
Desde el derrocamiento la burocracia sindical asumió dos papeles: negociadora de las
condiciones de venta de fuerza de trabaja y a causa de la proscripción, en voceros de la
identidad política de la clase trabajadora. El horizonte de su programa era la protección del
mercado interno, defensa de capacidad de consumo de los trabajadores.

En la primera etapa de la RA tenía escasa capacidad de maniobra. Debía ver el ascenso de la


CGT de los argentinos y del clasismo como intentos de respuesta para nuevas preguntas
planteadas por la realidad que ella no podía asumir. Desde 1970 crecerá la influencia de la BS
como centro por su riqueza económica, su capacidad de movilización superior a la de los
partidos.
IV. Un interregno: Levingston Ferrer.

En junio de 1970 obligan a Onganía a presentar su renuncia. El ignoto general Levingston es


nombrado presidente por una junta militar. El verdadero poder estaba en la figura de
Alejandro Lanusse.

Levingston intenta combinar un modelo autoritario con una política económica divergente de
la de KV.

Se trataba de una "argentinización" de la economía, a través del importante poder de compra


del estado y de una redistribución del crédito bancario que favoreciera a los empresarios
nacionales.

El estado de movilización de las clases populares en ascenso desde 1969 creció en intensidad
cuando la economía de 1970, parecía acentuar sus rasgos recesivos e inflacionarios. En ese
interregno se produce un acercamiento entre Perón y el partido radical.

En 1971 un nuevo cordobazo termina con el interregno de Levingston.

V. La salida: Lanusse Perón.

El PBN y el producto bruto industrial se desaceleraban, el salario real entraba en deterioro,


crecía la tasa de desocupación. La inflación parecía fuera de control.

Sólo la obtención de un mínimo de legitimidad podrá garantizar una solución económica.

El Gran acuerdo nacional, proyectado en nombre de la seguridad es convocado por Lanusse. La


seguridad entra en primer plano: unir a los adversarios y combatir a los enemigos.

Se propone una tregua sobre la que se asienta la posibilidad de una salida política.

Lanusse hace una promesa "transformista" de salida de una crisis. Implicaba un acuerdo con la
burocracia sindical y los partidos políticos. Implicaba también reformas. Un punto de máxima
aceptado era la candidatura de Lanusse pero con la posibilidad de un mínimo, la
coparticipación en el futuro poder como titulares indenegables de la represión contra el
enemigo.

La movilización de las masas y la profundidad de las crisis implicaba que era imposible que la
PA se legitimara. Después de 18 años había llegado la hora de Perón.

La derrota de la RA fue el intento de recrear las condiciones previas a la crisis. EL recambio


político no resolvía la crisis orgánica.

Perón no podrá crear siguqiera las condiciones mínimas para romper las bases sociales y
políticas del empate. Las fuerzas sociales lograrán vaciar al estado de todo contenido.