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VEGETACION EN ESPACIOS PUBLICOS

ESPACIOS VERDES

La sociedad de hoy es base de una serie de contradicciones y paradojas en la percepción


de la ciudad. Mientras la población está cada vez más sensibilizada por la problemática
ambiental, siendo cada vez más numerosos los foros y convenciones para la
sostenibilidad del planeta, los ciudadanos no somos conscientes de la insostenibilidad
ambiental a la que estamos llevando a nuestras ciudades. La perdida de percepción
natural y de espacios naturalizados en el interior de las ciudades ha llevado a una
generalizada preocupación gubernamental y ciudadana que intenta subsanar tales
deficiencias con la creación de grandes corredores ecológicos, parques y zonas en los
extrarradios que, afortunadamente, han ganado la batalla al asfalto. Todos ellos con un
mismo objetivo: buscar el bienestar social y la calidad de vida. Pero, sin embargo, cuando
vemos estos modelos de ciudad, pensamos ¿acaso el hombre no vive inmerso en la
ciudad?, ¿no es en esta donde trabaja y se relaciona socialmente?. La mayor parte de
nuestras vidas las pasamos en las ciudades, bien trabajando, yendo de una lugar hacia
otro, comprando, o bien descansando del poco tiempo que nos queda entre la semana.
Es por ello que en las mismas ciudades, y no en los extrarradios, los espacios verdes deben
de cobrar su mayor significado, siendo lugares de encuentro e intercambio, o
simplemente de percepción paisajística, ya que se ha demostrado que la simple visión de
naturaleza en la ciudad produce estados fisiológicos más distendidos, disminuyendo
considerablemente los niveles de estrés, aumentando la satisfacción del trabajo y el
bienestar personal, (Kaplan, 1993), aminorando la fatiga mental (Kaplan & Kaplan, 1989,
Ulrich, 1976,1984) y, en definitiva, cambiando los estados de ánimo del ciudadano (Hull,
1992).

ESPACIOS PUBLICOS

Tradicionalmente, en nuestras ciudades, el Espacio Público fue concebido como el


espacio de la expresión y la apropiación social por excelencia, es el espacio que alberga
el cotidiano transcurrir de la vida colectiva.

Es el espacio que da identidad y carácter a una ciudad, el que permite reconocerla y


vivirla. Es el sitio que conserva la memoria de sus habitantes en sus espacios naturales,
culturales, patrimoniales.

Estos espacios presentan diversidad de formas, dimensiones, funciones y características


ambientales. Sin embargo, el espacio público es percibido como un vacío “con forma”, es
decir conformado por la edificación y elementos que lo bordean, ya sean espacios de
circulación y tránsito, recreación y deporte, reunión e interacción social, contemplación
y disfrute del paisaje y la naturaleza, etc.

En los últimos años, los conflictos del Espacio Público están asociados al impacto del
crecimiento acelerado y desordenado del hábitat en la periferia urbana, sin adecuación
a las estrategias de desarrollo urbano locales.
Esta situación se manifiesta: a través de una diversidad de formas: en las ocupaciones
informales; en la implementación de las políticas de vivienda que resuelven el
crecimiento urbano con proyectos de grandes conjuntos que se localizan con una
marcada dispersión territorial y una escasa articulación con la trama existente, y con la
acción de los privados que se aíslan, a través de los desarrollos suburbanos, verdaderos
polígonos cerrados, ajenos a la ciudad existente.

Hay una crisis del espacio público es sus dos dimensiones: como elemento ordenador y
polivalente, como lugar de intercambio y de vida colectiva, en cada zona o barrio, y
también como elemento de continuidad, de articulación de las distintas partes de la
ciudad, de expresión comunitaria, de identidad ciudadana (Borja, J.2001: p 21).

El espacio público está en la esencia de lo urbano, desde la antigüedad hasta nuestros


días es el espacio del encuentro y el intercambio, enriquece las prácticas urbanas y alienta
la participación de los ciudadanos y su interés por las cuestiones comunitarias. Una
ciudad sin plazas, ni parques, ni espacios para el encuentro casual, no solo sería pobre
ambientalmente sino también en los aspectos socio urbanísticos.

ESPACIO PUBLICO URBANO

El concepto de espacio público urbano ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Al inicio
estaba ligado sobre todo a la existencia de espacios verdes.

Los principios higienistas requerían de espacios destinados a la mejora de las condiciones


de salud de la población, a través de adecuados índices de habitabilidad, absorción del
agua de lluvia, generación de clorofila; condiciones de iluminación, ventilación y
asoleamiento. En los últimos años surgen otros enfoques que replantean el papel que
desempeñan esos espacios en las ciudades ampliando el concepto de espacio verde al de
espacio libre.

A los tradicionales espacios verdes: espacios libres en los que predominan las áreas
plantadas de vegetación como plazas y parques, se incorpora el concepto de espacio
libre: espacios urbanos, al aire libre, de uso predominantemente peatonal, pensados para
el descanso, el paseo, el deporte, el recreo y el entretenimiento en sus horas de ocio.

Con un criterio de espacio regulador del medio ambiente, se considera el espacio libre
como equilibrante del sistema ambiental. Esos sitios que podríamos llamar de " frontera"
actúan a modo de pulmones de la ciudad y la región. Los ejemplos son numerosos: el
tratamiento paisajístico del espacio público a lo largo del sistema circulatorio: en
avenidas, bulevares, ejes ferroviarios, en los frentes acuáticos; en los espacios que rodean
a escuelas, hospitales y establecimientos sanitarios; finalmente, los cementerios mismos
a veces configuran verdaderos parques naturales. Desde esta visión ambiental las
funciones atribuibles a los espacios libres y verdes son:
- Una función social: ofrecer espacios destinados al paseo, la contemplación, los juegos,
el contacto con la naturaleza indispensable para el desarrollo de los niños y el equilibrio
de los adultos.

- Una función urbanística y paisajística: producir un corte, una discontinuidad, en lo


posible con masa vegetal, necesaria para la oxigenación de la masa edificada. Atenuar la
heterogeneidad de las construcciones con los alineamientos forestales que ponen en
valor el paisaje que permiten leer y comprender la organización de la ciudad.

- Una función ecológica: la vegetación juega un rol irremplazable en el vasto sistema de


la ciudad; es hábitat de la fauna y actúa como reguladora del microclima urbano: fija el
óxido de carbono y el polvo contenido en el aire, tiene un importante rol en la depuración
microbiana y la regulación térmica y puede contribuir a la regulación hídrica , lo que se
relaciona con la acumulación de agua por parte de la vegetación, y el suelo y con la
posibilidad de la infiltración a través del sustrato hacia la napa de agua.

INCORPORACION DEL ARBOL EN EL ESPACIO PUBLICO URBANO

Los árboles disminuyen la velocidad del viento y pueden servir de pantalla sonora
llegando a reducir los ruidos de 8 a 10 decibeles por metro de espesor, en el caso de una
plantación de ciertos árboles perennes.

El árbol es la forma más característica en el paisaje urbano, al que se ha ido incorporando


en estrecha relación con la arquitectura, a lo largo de la historia. El árbol se ha concebido
como una estructura, un elemento susceptible de ser combinado, lo que ha conducido a
ser tratado como un objeto arquitectónico en su modo de implantación. Actualmente se
considera más en su condición de ser vivo, de organismo que crece y en cierto modo,
convive con nosotros; así es posible contemplar la relación del árbol con la arquitectura
en sus matices orgánicos. El tratamiento de una masa de vegetación, siempre tiene la
finalidad de promover espacios arquitectónicos naturales. El volumen creado por un
grupo de árboles nos proporciona la noción de espacio, el lugar “cerrado” del cual
podemos salir o al que podemos dirigirnos; sabemos de su condición de sombra, de
frescor, pero a la vez nos puede dar el efecto de un pórtico en la fachada de un edificio,
o determinar el carácter de un camino.

Las texturas, los modos de crecer y disposición de estos, deben ser estudiados. Las
cualidades del sistema de crecimiento pueden ser utilizas en función de una conjunción
más o menos dramática con los edificios, bien para ampliar el sentido del edificio, o bien
para compensar una ausencia o un exceso. El árbol proporciona adorno, frescura y verdor
frente a las estructuras rotundas y permanentes de los edificios.

La idea de la introducción del árbol en la edificación, tanto de un edificio, como de la


trama urbana, basa su principio en la transmisión de su riqueza ornamental y funcional a
los hechos arquitectónicos, puntualizando sus propias cualidades en este campo y
llegando a formar un conjunto perfectamente armonioso.

Por su verticalidad del árbol se asemeja a una columna. La columna como elemento
repetitivo da lugar a ritmos, efecto pretendido en muchas de las grandes avenidas, para
enfatizar el sentido de la perspectiva, mediante la simple reiteración de estos elementos
naturales.

El árbol nos da sombra, tal vez este sea su efecto más directo para el tratamiento de una
superficie plana y sin matices; la sombra crea un efecto esgrafiado dinámico con su
continuo cambio, a la vez que un microclima más confortable.

IMPORTANCIA DE LAS AREAS VERDES EN LA CIUDAD

La ciudad es un conjunto de escenarios en el que se entrelazan diferentes aspectos a nivel


urbano, social y ambiental. Hacer una primera aproximación al análisis de la
infraestructura que forma parte de estos escenarios urbanos, nos permite distinguir dos
partes fundamentales: los lugares a los que la gente “llega y se queda”, que son los
edificios, las casas o centros comerciales, y la red de circulación que los une, como calles,
avenidas, túneles, puentes. Pero también existen, zonas intermedias que funcionan tanto
como espacios de uso, como de circulación, que son las plazas y parques, las llamadas
áreas verdes urbanas, desde el punto de vista ambiental, estas cumplen, conjuntamente
el arbolado público y los jardines privados, con la función de ser los pulmones de la
ciudad.

En los últimos años se ha observado una disminución considerable los árboles del paisaje
de la ciudad, trayendo consigo un deterioro del ambiente, que se ha manifestado en una
reducción de la humedad atmosférica y un aumento de la temperatura y contaminación
(López, 2012). Estas llamadas áreas verdes, haciendo alusión a la vegetación del entorno
han ido desapareciendo por causas naturales, pero en su mayoría ha sido debido al
avance incesante de la mancha urbana. El crecimiento de la población y las altas
concentraciones de habitantes está siendo la causa de estos daños a nivel ambiental y de
recurso natural de una ciudad. De acuerdo con los requerimientos mínimos establecidos
por la organización Mundial de la Salud, existe un déficit de 81 Km2 de áreas verdes. En
el mismo sentido, muchos expertos en desarrollo urbano, consideran que se debe contar
con un mínimo de 10 metros cuadrados de áreas verdes por habitante (GONZÁLEZ, 1986).

El manejo de áreas verdes urbanas es una estrategia para nuestras ciudades más
habitables, placenteras y sustentables. En este medio urbano, las áreas verdes mitigan la
contaminación del aire y el ruido, modifican microclimas y protegen el suelo de la erosión,
además de proporcionar refugio para la vida silvestre, recreación y bienestar en general.
El concepto tiene su origen en el reconocimiento de que éstas pueden y deberían ser
utilizadas de manera integrada y holística para muchos otros beneficios sociales y
ambientales, más allá de su uso recreativo o estético (López, 2012).

IMPORTANCIA DE LA VEGETACION EN LA ARQUITECTURA