Sei sulla pagina 1di 2

ESTRATEGIA DE SEGURIDAD ¿CIVIL O MILITAR?

CENTRALIZACIÓN PRESIDENCIAL VERSUS INTEGRACIÓN FEDERALISTA.

Ricardo Caballero de la Rosa

En materia de seguridad pública el principio del nuevo gobierno es la distinción radical,


lo que lleva a la contraposición con las medidas actuales: primero, salirse la “fantasía
de que es posible superar la circunstancia de inseguridad y violencia mediante
soluciones únicas y unidimensionales, como la estrategia represiva policial-militar”, lo
que conduce a la constitución de la guardia nacional como respuesta; segundo, la
ausencia de estrategias eficaces para vigorizar el federalismo que enmarca el Sistema
Nacional de Seguridad Pública (SNSP), en donde se encuentran los verdaderos
problemas estratégicos, tácticos y operativos.

La guardia nacional será adicional a las fuerzas armadas y se integrará a la Secretaría


de la Defensa Nacional. Con 266 regiones establecidas según cantidad poblacional e
incidencia delictiva, la guardia pasará a partir del 1 de diciembre por tres momentos
constitutivos: a) su integración con unidades de policía militar, policía naval y policía
naval; b) la integración con miembros de las fuerzas armadas que deseen pertenecer a
ésta y c) la incorporación de 50 mil efectivos jóvenes preparados por militares.

Respecto al SNSP se observa una carencia total de direccionamiento e integración al


esquema del Plan de Paz y Seguridad presentado el pasado 14 de noviembre de 2018
fue anunciada.

La radicalidad del plan generará dos temáticas polémicas en torno a sus presupuestos.
La primera es la apertura de la contraposición entre estrategia civil respecto a la militar.
Aunque el plan citado dice abandonar la “estrategia represiva policial-militar”, la
preocupación que gravita en varios líderes sociales, autoridades y analistas es que la
guardia nacional supone quitarle su esencia civil, establecida en el artículo 73 fracción
XV de la Constitución General de la República y que faculta al Congreso “Para dar
reglamentos con objeto de organizar, armar y disciplinar la Guardia Nacional,
reservándose los ciudadanos que la formen, el nombramiento respectivo de jefes y
oficiales, y a las entidades federativas la facultad de instruirla conforme a la disciplina
prescrita por dichos reglamentos”. Con ello, también se estaría dejando fuera a la
instancia de gobierno estatal para que la guardia esté bajo mando castrense federal.

La fracción IV del artículo 76 de la propia Constitución señala como facultad del Senado
la de “Dar su consentimiento para que el Presidente de la República pueda disponer de
la Guardia Nacional fuera de sus respectivas entidades federativas, fijando la fuerza
necesaria”. Si se dará un sentido distinto a esta fracción, será para quitar precisamente
la presencia decisional de las autoridades de las entidades federativas.

La segunda contraposición es entre centralidad en el peso de la figura del presidente de


la República y organización del sistema federal que permite institucionalizar las
relaciones en la materia entre los gobiernos federal, estatal y municipal. Aquí el signo
polémico es la subordinación táctica, operativa y estratégica de las policías locales
respecto a la fuerza federal, ahora encabezada por la guardia nacional y la nueva
Secretaría de Seguridad.

La estrategia de seguridad tiene una ventaja: es una opción, dada por la propia
Constitución General de la República, al sentido de la declaración de
inconstitucionalidad emitida por la Suprema Corte de Justicia de la Nación de la Ley de
Seguridad Interior, que había sido promulgada por el aún presidente Peña Nieto, pero
que éste declaró su suspensión hasta que la Corte no se pronunciara.

En suma, el plan contiene los elementos de un nuevo modelo de seguridad pública con
base en una nueva fuerza llamada guardia nacional, estructurada como una fuerza
militar más, lo que constituye un claro incentivo para militarizar esta función, lo que no
quiere decir que la nueva instancia esté vacunada en contra de la corrupción y sea una
instancia donde impere la legalidad y el respecto de los derechos humanos.

El sentido de urgencia de esta medida es nítido y clara su orientación militar que se


opondrá a la forma federalista de la aún vigente estrategia y que irá minando la
presencia de las policías de origen civil erigidas en los poderes locales, en las que hoy
radica el problema, la falta de capacidad, el déficit y su carencia de profesionalismo.

La estrategia de seguridad propuesta deja de lado el marco establecido por la Suprema


Corte de Justicia en cuanto a que el uso de las fuerzas armadas para seguridad pública
debe ser extraordinario y de carácter subsidiario, con lo que se llegará a
institucionalizar y normalizar la integración y operación de un nuevo cuerpo en la
guardia nacional dándole carácter permanente y con mando militarizado.