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8 El Hombre Debe Adorar a Dios

Anotaciones El Hombre Debe Adorar a Dios


Cada día del Señor, cientos de congregaciones locales se reúnen en este planeta
para adorar a Dios. Sin embargo, muchas cosas que pasan en estas asambleas no
agradan a Dios. Muchos grupos locales están involucrados en actividades que no
están autorizadas por las Escrituras las cuales no pueden estar agradando a Dios.
Otros que solo practican puntos bíblicos de adoración dejan mucho que desear en sus
servicios a causa de las cosas que suceden en las asambleas. Personalmente he testi-
ficado no a pocos hermanos que se sientan en la parte de atrás para darse una buena
siesta de descanso mientras el predicador proclamaba la palabra de Dios, muchachos
riéndose durante la celebración de la Cena del Señor a pesar del hecho que se suponía
que ellos son Cristianos, jóvenes y viejos sentados con las bocas cerradas durante la
adoración en los cánticos, y otras cosas que hacen que uno se cuestione si la adora-
ción genuinamente era ofrecida en medio de tales actividades.

Quizás es tiempo de que reconsideremos algunos de los fundamentos que perte-


necen a la adoración. Propongo una consideración del tema de la adoración en la
serie de artículos que siguen a continuación. Se espera que todos seamos criaturas
adoradoras de Dios. En consecuencia, una reconsideración de este tema sería útil
para nosotros.

¿Qué Es Adorar?

La definición de la palabra “adorar” no es difícil; Webster la define como “adorar


o pagar honor divinos como deidad; reverenciar con respeto y veneración suprema.”
De la definición de adoración dada por el diccionario, vemos al menos dos elementos
que deben estar presentes antes de que la “adoración” pueda ser considerada correc-
tamente: (1) el hombre debe respetar y adorar a Dios y (2) ese respeto y veneración
debe ser expresado.

El hecho de que la adoración debe provenir del respeto por Dios imposibilita de
ser adoración mucho de lo que sucede en nuestros servicios. Muy frecuentemente
“adoramos” a Dios por medio de las tradiciones aprendidas de memoria. Isaías re-
gistró que esto no era propiamente “adoración;” dijo, “Dijo entonces el Señor: Por
cuanto este pueblo se me acerca con sus palabras y me honra con sus labios, pero
aleja de mí su corazón, y su veneración hacia mí es sólo una tradición aprendida
de memoria” (Isa. 29:13, LBLA). Nótese que la adoración de Dios que consiste de
tradiciones aprendidas de memoria no es aceptable para Dios. Por esto acuso que
mucho de lo que sucede en los servicios de la iglesia no puede ser considerado ado-
ración que agrada Dios porque no son más que una tradición aprendida de memoria.

Mi primera evidencia de hacer esta acusación es la batalla personal que tengo que
pelear dentro de mí mismo para que mi adoración sea aceptable. Fui bautizado en
Cristo cuando tenía doce años. He estado cantando con los hermanos los himnos
de Sion durante bastantes años, puedo cantar una gran cantidad de ellos sin mirar el
himnario y sin pensar en las palabras que estoy diciendo cuando las canto. Himnos
como “Oh Que Amigo Nos Es Cristo” (# 14); “Oh, Ven Sin Tardar” (# 83); etc., son
tan familiares para mí que puedo cantarlos a la mejor de mis capacidades musicales
mientras estoy pensando en el partido de fútbol que están pasando en la TV. He escu-
chado tantas oraciones ofrecidas en la Cena del Señor que probablemente podría citar
una gran porción de la oración que será ofrecida en la Cena el próximo Domingo, aún
cuando todavía no se haya dicho. Algunos de los sermones que escucho son tan fa-
miliares para mí que puedo nombrar los puntos principales después de escuchar unos
pocos minutos la introducción. El problema que todo esto plantea para mí, hasta
donde está implicada la adoración, es que algunas veces me permito a mí mismo ir a
través de las emociones de la adoración sin acompañarla con mi espíritu.
Asumo que soy un ser humano bastante normal y que los problemas que enfren-
to también lo confrontan otros Cristianos además de mí. Por consiguiente, estoy
bastante seguro de que hay un número de veces cuando los santos se reúnen para
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adorar a Dios cuando nuestras mentes (corazones) están removidas de la adoración Anotaciones
que ofrecemos, y lo que es ofrecido no agrada a Dios. Simplemente lo veneramos
con una tradición aprendida de memoria. (La reacción que algunos han tenido a este
problema es cambiar los elementos de la adoración. Lo que necesita ser atacado es
el problema en el hombre y no en los elementos que Dios ha autorizado divinamente
para ser usados en la adoración). Reconociendo esto como un problema que todos
enfrentamos, consideremos que cosas son necesarias para que la adoración sea agra-
dable a Dios a fin de que nuestra propia adoración personal sea aceptable al Señor
Dios Todopoderoso.

Respeto Por Dios

Como mencioné previamente, la adoración debe ser con respeto por Dios. Puede
haber y no será adoración aquella ofrecida por el hombre en la que no se tiene respeto
por Dios. Algunas de las cosas que deberían generar nuestro respeto por Dios son Su
omnipotencia, omnipresencia, omnisciencia, amor y santidad.

Expresando Nuestra Reverencia

El hombre que no sea movido a adorar a su Creador que tiene tales atributos mara-
villoso como los mencionados arriba tiene problemas dentro de sí mismo. El hombre
que disfruta de las buenas cosas de los demás y nunca se detiene a decir “gracias”
tiene fallas morales. No obstante, muchos hombres consumen las cosas buenas de
Dios y nunca se detienen a expresar y manifestar su adoración a El. Respiramos Su
aire, comemos Su alimento, y usamos Su materia prima para producir nuestros bienes
pero nunca nos tomamos el tiempo para expresarle nuestra gratitud por todas las co-
sas buenas que ha hecho. Hay algo básicamente erróneo con el hombre que absorbe
estas cosas buenas de Dios y nunca se detiene a expresarle su reverencia y adoración.
El hombre debería sentirse en deuda hacia su Benefactor Divino.

Constantemente me sorprendo de que tantas personas rehusan adorar Dios. Mu-


chos no se toman el tiempo para adorarlo. Debemos olvidarnos de los cuidados de la
vida que tienden a distraernos y concentrarnos en nuestro gran Dios.

Dios nos ha dado razones innumerables para ofrecerle adoración. En adición al


hecho de que el hombre tiene muchas razones para adorar a Dios como una ex-
presión espontanea de gratitud hacia El, Dios también ha mandado que debemos
adorarlo (Mat. 4:10; Ap. 22:9). Como nuestro creador, tiene el derecho legítimo de
demandarlo de Sus criaturas. Por tanto, regularmente deberíamos adorar a Dios.

La Oración
Otro elemento de la adoración practicado por los Cristianos primitivos era la ora-
ción; era una parte de la adoración pública y de sus vidas privadas (cfr. Hch. 2:42;
4:24-30; 1 Cor. 14:14-15). Como un elemento de la adoración, los Cristianos debe-
ríamos querer aprender más acerca de la oración de manera que podamos mejorar
nuestra vida de oración. Cuando me siento deprimido o tengo dudas con respecto
a si mi vida está agradando a Dios o no, una o ambas cosas están usualmente mal.
He fallado en orar como debiera o he fallado en pasar más tiempo en el estudio de
la palabra de Dios como debería. Por consiguiente, cada uno de nosotros tiene una
necesidad personal de dedicarse a sí mismo a la oración.

La tendencia por el formalismo para que domine nuestros servicios de adoración


es un peligro que todos debemos vigilar. Sin duda, algunos de aquellos que se aso-
ciaron con el pentecostalismo se han disgustado con el formalismo que han visto en
la adoración de la iglesia del Señor. Quizás un mejor entendimiento del lugar de la
oración nos ayudará en ofrecer a Dios una adoración más aceptable.
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Anotaciones Cosas Por Las Cuales Orar

El Nuevo Testamento muestra que podemos orar por aquellos nos ultrajan y persi-
guen (Mat. 5:44), para que no entremos en tentación (Mr. 14:38), por los problemas
físicos que enfrentamos en la vida (Mat. 24:20; Stg. 5:13; Hch. 12:5), por los gober-
nantes civiles (1 Tim. 2:2), por el progreso del evangelio (2 Tes. 3:1), por los perdidos
(Rom. 10:1-2), etc. No obstante, en todo esto, deberíamos recordar que cualquier
cosa que pidamos está condicionada a que sea acorde a la voluntad del Señor.

Abusos en la Oración

Hay ciertos abusos que siempre han existido con respeto a la oración de los cuales
todos necesitamos ser conscientes y de los cuales necesitamos abstenernos. El co-
nocimiento de estos abusos nos ayudarán a ofrecer a Dios oraciones más aceptables.

1. Orando como espectáculo. Jesús dijo, “Y cuando oréis, no seáis como los hipó-
critas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas
de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido
su recompensa” (Mat. 6:5 - LBLA). Debemos ser cuidadosos de ofrecer nuestras
oraciones a causa de nuestra devoción a Dios antes que ser vistos por los hombres.
Nuestra devoción personal, privada a Dios es una salvaguarda a la adoración como
espectáculo (Mat. 6:6).

2. Vana repetición. Nuevamente, Jesús dijo, “Y al orar, no uséis repeticiones sin


sentido, como los gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabre-
ría” (Mat. 6:7 - LBLA). Jesús no condenó la repetición en la oración; en realidad, nos
instruyó a ser peristenten en presentar nuestras solicitudes al Señor (Luc. 18:1-8). Lo
que condenó fue las vanas repeticiones, sin sentido. Debemos ser cuidadosos de que
algunos de los clichés que usamos en la oración no se vuelvan sin sentido.

Los Cánticos

Dios ha mandado que los Cristianos ofrezcan el “fruto de sus labios” como sacri-
ficio de alabanza a Su nombre. “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de
él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre” (Heb.
13:15). Los hombres pueden ofrecer el sacrificio de alabanza a Dios, el fruto de sus
labios, cuando oran a Dios. Otra forma de ofrecer el sacrificio de alabanza a Dios lo
cual demanda de nosotros es a través de los cánticos. Cuando el hombre canta him-
nos de alabanza a Dios, está ofreciendo a Dios un sacrificio de alabanza. En cuanto el
cántico es una parte de la adoración divinamente revelada, esforcemonos en conocer
mejor lo que Dios espera de nosotros en la adoración a través del canto.
La Adoración Individual y Congregacional

Dios ha mandado que la adoración a través del cántico sea ofrecida sobre una base
congregacional e individual. Vemos un ejemplo apostólico aprobado de adoración
individual a través del cántico en Hch. 16:25 cuando Pablo y Silas levantaron sus
voces para alabar a Dios durante su encarcelamiento en Filipos. Las instrucciones
en Santiago 5:13 obviamente no estaban limitadas a la asamblea; involucraron la
adoración individual. Santiago escribió, “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga
oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas” (5:13). Otros pasajes muestran que el
individuo debe ofrecer adoración a Dios a través del cántico (cfr. Col. 3:16).

El Nuevo Testamento también muestra que la iglesia primitiva ofrecía adoración


congregacional a través del canto. La asamblea en Corintio se involucró en la adora-
ción a través del canto (1 Cor. 14:26). Pablo mandó que los hermanos se canten los
unos a los otros cuando escribió, “hablando entre vosotros con salmos, con himnos
y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” (Efe.
5:19). En consecuencia, tenemos un mandamiento y ejemplo apostólico aprobado de
los hermanos ofreciendo adoración congregacional a Dios del cántico.
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¿Qué Deberíamos Cantar? Anotaciones
Efesios 5:19 y Colosenses 3:16 narran que debemos estar involucrados en cantar
slamos, himnos y cánticos espirituales.

1. Salmos. “Con toda probabilidad el psalmoi de Efesios 5:19, Col. 3:16 son los
salmos inspirados del canón hebreo” (R.C. Trench, Sinónimos del Nuevo Testamento,
pág. 296).
2. Himnos. Un himno es un canto de alabanza a Dios. Un himno puede ser
también un salmo, aunque no todos los salmos son himnos y no todos los himnos
son salmos. Necesitamos comentar que el himno es principalmente uno que ofrece
alabanzas a Dios,

3. Cánticos espirituales. Para entender mejor lo que es un “cántico espiritual”, po-


demos contrastarlo con los “cantos seculares.” Los cantos seculares son esos cantos
que escuchamos en la radio tan frecuentemente que exaltan la pasión en el nombre
del ser amado, relacionado con alguna historia triste, etc. Un cántico espiritual es un
canto compuesto por hombres espirituales y que discute asuntos espirituales. La ma-
yoría de los cantos en nuestros himnarios caen dentro de esta categoría. Son cánticos
que enfatizan alguna verdad espiritual y animan a los hombres a creer esa verdad y
obedecerla.

Nuestros servicios de adoración, deberían estar llenos de salmos, himnos y cánti-


cos espirituales. Estos cantos expresan las más profundas emociones espirituales del
hombre a Dios a medida que lo exaltamos a través de la alabanza, la enseñanza y la
exhortación unos a otros.

¿Cómo Cantamos?

Las Escrituras nos dicen no solo qué cantar, también nos dicen cómo debemos
cantar a Dios. Aquí están algunos de los requerimientos para la adoración aceptable
a través del canto:

(1) Alabando en el corazón. Pablo mandó que cantemos y “alabemos al Señor en


nuestros corazones” (Efe. 5:19) y “... con acción de gracias en vuestros corazones”
(Col. 3:16 - LBLA). Ambos versículos enfatizan que nuestra adoración debe proce-
der del corazón. La adoración que es dada por medio de las tradiciones aprendidas
de memoria sin algunas de las cuerdas del corazón siendo tocadas de este modo no
está agradando a Dios. Isaías registró que esto no era propiamente “adoración;” dijo,
“Dijo entonces el Señor: Por cuanto este pueblo se me acerca con sus palabras y me
honra con sus labios, pero aleja de mí su corazón, y su veneración hacia mí es sólo
una tradición aprendida de memoria” (Isa. 29:13, LBLA). He sido testigo de adora-
ción (y yo mismo la he ofrecido) en que la pesona obviamente no estaba concentrada
en lo que estaba diciendo durante los cánticos que cantaba. Sin el acompañamiento
del corazón, la adoración es inaceptable. Por consiguiente, deberíamos adorar con
sincera devoción a Dios; deberíamos ponernos nosotros mismos en lo que estamos
cantando.

(2) Con entendimiento. Pablo también dijo, “... cantaré con el espíritu, pero can-
taré también con el entendimiento” (1 Cor. 14:15). Esto demanda que entendamos
lo que estamos diciendo cuando cantamos el cántico. Necesitamos dar atención a los
cánticos que cantamos para estar seguros que los entendemos.

El Propósito del Cántico


Incluso como consideramos lo que estamos cantando y cómo estamos cantando,
también necesitamos dar atención al propósito que tenemos en el cántico. Dios tiene
en mente algunos propósitos definidos al mandarnos a cantar. Notemos cuáles son:
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Anotaciones 1. Alabar a Dios. Uno de los primeros propósitos que Dios tiene en el cántico es
que ofrezcamos adoración a Su santo nombre. Toda criatura debería estar involucra-
da en la alabanza a Dios por las muchas cosas buenas que El ha hecho por nosotros
(lea el Salmo 103; 146-150; Rom. 1:21). El corazón que no ofrece adoración a Dios
por lo que ha hecho por nosotros es un corazón desagradecido.

2. Para enseñarnos los unos a los otros. Pablo nos instruyó a enseñarnos los unos
a los otros en los cánticos (Col. 3:16). Si uno revisa las páginas de su himnario, verá
un número de lecciones muy poderosas enseñadas a nosotros en los cantos.

3. Para exhortarnos los unos a los otros. Pablo también mencionó que el canto
fue diseñado para amonestarnos los unos a los otros (Col. 3:16). A través de esto,
podemos animar a otro a caminar en la forma que Dios nos ha mandado.

A medida que consideremos los propósitos divinos que Dios ha dado para que los
hombres canten, creo que podemos desarrollar un aprecio más grande por la adora-
ción que ofrecemos en los cánticos. Dios tiene algunos propósitos definidos en mente
al mandar que cantemos, a medida que lleguemos a entenderlos y apreciarlos, mejor
podemos cumplir Su voluntad en nuestro cántico.
También a medida que consideremos el profundo propósito espiritual del cántico
desarrollaremos un aprecio profundo por el contenido de lo que cantamos que por la
melodía. Siendo temor de que frecuentemente tenemos mayor aprecio por el tono
que por el contenido del canto. Cuando ese es el caso, hemos equivocado el propó-
sito principal de la adoración. Seamos cuidadosos de enfatizar la parte correcta de
la adoración.

Conclusión

A medida que lleguemos a un mejor entendimiento de esta parte de nuestra adora-


ción, trabajemos duro por ofrecer a Dios el sacrificio de alabanza, el fruto de labios
(Heb. 13:16), en la oración y en el cántico. Decidamos nunca pensar de nuevo del
cántico como una parte no importante de la adoración. Más bien, entregemonos de
todo corazón en la adoración a Dios en el cántico.

(Mike Willis, Truth Magazine, Vol. 23).