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Universidad Nacional de Asunción

Facultad de Derecho y Ciencias Sociales


ESCUELA DE CIENCIAS SOCIALES Y CIENCIAS POLITICAS

SEMINARIO VI ÉTICA Y POLÍTICA

TEMA
Las utopías y los mitos políticos

Alumna
Naara Paz Ocampos Oddone

Profesor
Máximo Zorrilla

Asunción – Paraguay
INDICE Pág.

I. PRESENTACIÓN 03
II. JUSTIFICACIÓN 04
III. OBJETIVOS 05
IV. DESARROLLO 06
V. CONCLUSIÓN 13
VI. BIBLIOGRAFÍA 14

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I. PRESENTACIÓN
El presente trabajo permite conocer acerca de los mitos y utopías dentro de
la actividad política, sus características y cómo se dan.
Es un tema poco frecuentado en la politología, por más de que ha surgido en
el siglo XX y se sigue dando hasta nuestros días.
Se lo considera como un fenómeno patológico o anormal y se lo rechaza
como instrumento de análisis político.

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II. JUSTIFICACIÓN DEL TRABAJO
El presente trabajo tiene por objeto dar a conocer sobre los mitos y utopías
políticas, sus características y principales referentes, así también analizar cómo
influyen las propagandas políticas en la opinión pública a pesar de los mitos que
existen.

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III. OBJETIVOS
a. Objetivo General
 Exponer sobre las utopías y los mitos políticos teniendo en cuenta su
concepto, origen y características principales.

b. Objetivos Específicos
 Analizar las teorías de los principales referentes.
 Explorar sobre el impacto de las utopías y mitos en la actividad política.
 Describir la repercusión de la propaganda nazi en el mito político.

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IV. DESARROLLO

Las utopías y los mitos políticos


Georges Sorel
El mito político aún sigue siendo un tema poco frecuentado en la Ciencia
Política, por más que este concepto ha surgido en siglo XX y persiste hasta nuestros
días.
En nuestro siglo, fue Georges Sorel el primero en conceptualizar la expresión
mito político, en su obra “Reflexiones sobre la violencia”. Buscaba acabar con la
ficción racionalista de la realidad humana e impulsar la potencialidad del mito como
instrumento transformador. (Sorel, 2005).
Para Sorel, un mito es una organización de imágenes capaces de evocar
instintivamente todos los sentimientos, no es un acto intelectual, sino afectivo y
volitivo (relativo a la voluntad), que se basa en una adquisición inmediata,
totalizadora, sintética, de una "verdad" relacionada con "las más fuertes tendencias
de un pueblo, de un partido, de una clase".
Define como un mito al instrumento de lucha de la clase obrera, es decir, a
la huelga general proletaria. Este mito impulsa a los individuos a actuar al verse
partícipes de una sucesión de eventos que los tiene como protagonistas. No habrá
movimientos revolucionarios sin mitos aceptados por las masas. (Sorel, 2005).
Para él, el sindicato era el instrumento de la guerra social y esta implicaba,
su puesta en práctica mediante las huelgas. El mito estaría destinado a restituir al
proletariado su autonomía.
En el pensamiento de Sorel es fundamental la centralidad y superioridad de
aquello que consideró como un absoluto universal e inmutable: las cuestiones
morales.
Sorel sustituye el contenido racionalista (utópico) del marxismo por los mitos,
a los que desplaza del intelecto para instalarlos en la afectividad y en la actividad.

Antonio Gramsci
Gramsci habla de la utopía tomando en cuenta “El Príncipe” de Nicolás
Maquiavelo. Le interesa de la obra de Maquiavelo el carácter de “libro
sobreviviente”, de manifiesto político, capaz de transformar un pensamiento sobre
la política en acción política, gracias a la representación mítica, a través de la figura
del príncipe, de la voluntad colectiva.
El carácter fundamental de El Príncipe no es el de ser un tratado sistemático,
sino un libro “viviente”, donde la ideología política y la ciencia política se fundan en
la forma dramática del “mito”.
El carácter utópico de esta obra reside en el hecho de que un Príncipe tal no
existía en la realidad histórica, no se presentaba al pueblo italiano con caracteres
de inmediatez objetiva, sino que era una pura abstracción doctrinaria, el símbolo del
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jefe; pero los elementos pasionales, míticos, se resumen y convierten en elementos,
vivos en la conclusión, en la invocación de un príncipe realmente existente.1

Roland Barthes
El Análisis del mito contemporáneo que realiza Barthes, demuestra
características "ocultas" ideológicamente de la relación semiológica que se
establece en la cotidianeidad de las relaciones sociales, dentro de un régimen social
determinado.
Barthes refiere en su obra que el mito no se puede definir con base en el
objeto de su mensaje, sino por la forma en que este se formula y expresa; es decir:
para estudiar al mito, es necesario realizar una abstracción de conocimientos, hacer
una división entre el mensaje (la información) que este lleva en su interior y la forma
en que esta se articula, pues para el estudio del mito interesa la forma en que este
surge. (Barthes, 1999).
Es un habla, es decir, es un sistema de comunicación, un mensaje, sujeto a
condiciones lingüísticas que la caracterizan. Según esto, cualquier objeto, concepto
o idea puede convertirse en mito, siempre que se den estas condiciones.
Los mitos no son naturales, los crea el ser humano, la historia; siempre con
una intención concreta, para transmitir un determinado mensaje.

Características de los mitos políticos


En el artículo “Mito Político, Rito y Utopía. Límites Conceptuales y Zonas
Grises”, se describen las características principales de los mitos políticos.2
1) Narratividad: El mito tiene un carácter narrativo, es una articulación
secuencial de eventos que imprime un sentido, que da significación a la experiencia
política del presente.
Esta obligación de responder significativamente al presente es el elemento
central que distingue al mito de la historia, cuyo objeto está situado en la
reconstrucción veraz del pasado.
No todos los mitos políticos son narraciones del pasado, no todos son mitos
fundacionales, que concierne a los orígenes. El concepto de mito político también
nos habilita a pensar en mitos a futuros, en mitos escatológicos, pensemos en el
mito del progreso indefinido, en el de la tierra prometida, o en el mito soreliano de
la huelga general.
2) Simbolismos: Una de las confusiones más comunes en el habla
cotidiana y también en el seno del discurso académico, es tornar indistintos los
vocablos mito, símbolo, imaginario.
Una de las características centrales de todas estas construcciones
imaginarias, es que son visualizadas, se dan a conocer, a partir de símbolos.

1 Notas sobre Maquiavelo, sobre Política y el Estado Moderno. Apuntes sobre la Política de
Maquiavelo.
2 Souroujon, Gastón. (2013). Mito Político, Rito y Utopía. (pág. 125). Fragmentos de Filosofía.

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El mito político se expresa a través de símbolos: banderas, colores,
canciones, discursos, que por sí solos condensan parte del relato.
3) Mitopoiesis: Otra de las características de los mitos políticos es su
capacidad para ir transformándose en el transcurso de los tiempos largos de la
historia, respondiendo a la necesidad de seguir dotando de significancia a un
presente movedizo. La mitopoiesis obedece a las necesidades de la coyuntura.
4) Performatividad: La última dimensión del mito que es necesario
comentar es su capacidad para instar a actuar a aquellos que viven bajo su dominio.
El carácter performativo del mito se sustenta en que éste compone una narración
que permite a los hombres inscribirse en una historia que los trasciende, en una
temporalidad que los conecta con la ejemplaridad de sus antepasados y con las
expectativas y promesas a sus sucesores, narración recordemos construida desde
el presente.

Ritos Políticos
El ritual es una combinación de palabras habladas, actos significantes y
objetos manipulados, que se comportan como símbolos de la relación entre el poder
político y la sociedad. Constituido por divisiones y repeticiones, el ritual es una
conjunción de microsecuencias que lo inscriben en un universo distinto al cotidiano
(Abélès, 1988).
El elemento común que el ritual comparte con las distintas construcciones
imaginarias, entre ellas el mito, la posibilidad de ser expresado a partir de símbolos.
Frases, vestimentas, movimientos, dan vida al ritual, lo representan.
Hay dos particularidades que ostenta el rito político que lo diferencia del mito:
Por una parte, su proceso de transformación a lo largo del tiempo. El rito se
caracteriza por poseer una estructura más rígida, una dificultad para transformarse.
Los cambios en los ritos políticos no se dan lentamente en los tiempos largos
de la historia y de forma imperceptible para la sociedad como en el caso del mito
político; sino que son cambios bruscos-
Por otra parte, es que a diferencia del mito que conjuga una narratividad
presente en todo momento de la vida cotidiana, introduce a quienes lo experimentan
en un universo distinto al profano, subrayando el carácter sacro de la legitimidad e
identidad política.

Utopía Política
La utopía no es una construcción propia del imaginario político. No legitima
una relación de fuerza, no brinda identidad a un grupo específico, ni dota de sentido
a la experiencia presente como el mito político. La utopía es un género de la teoría
política, como el discurso filosófico, como el tratado.
La utopía supone la descripción detallada de una ciudad ideal, armónica,
capaz de permitir a sus habitantes vivir en un estado de felicidad, de buena vida.

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Más allá de ser producto de la imaginación de intelectuales, las utopías
suponen el reino de la razón, todas las actividades en la ciudad ideal son reguladas
racionalmente con el fin de permitir el desarrollo de las virtudes, la satisfacción de
las necesidades esenciales, y la autotransparencia de la sociedad.3

Santo Tomás Moro


En el ámbito de la política, Moro supo aprender de las lecturas de los clásicos
grecolatinos como Platón, Aristóteles y Marco Tulio Cicerón, y las experiencias en
el Parlamento. Estas fuentes de conocimiento lo llevaron a escribir una breve obra
en la que analiza algunos problemas de Inglaterra, y principalmente, describe una
sociedad humana perfecta, donde todos los hombres pueden optimarse según su
naturaleza y según el bien común. El nombre de esta obra es “Utopía”.
En su libro Utopía plantea la posibilidad de crear un estado justo en la que
todos sus habitantes han alcanzado la felicidad. Esta la alcanzan por la
organización, que creen que es la mejor y única, del Estado. Es un país en el que
no existe nada privado, todo es común y por lo que nadie teme carecer de nada.
Sus habitantes son ricos, aunque nada posean.
“Utopía” significa literalmente en griego “sin lugar”, aunque Moro es sabedor
de que aquella sociedad nunca tendrá lugar, como tal, en el mundo de la política
real.
Moro educa a sus contemporáneos y los guía hacia la felicidad a través del
cultivo de la razón y la práctica del bien en el ámbito ciudadano.
Considera que la suma de la felicidad de los individuos fortalece la
constitución del Estado. También, que todos los hombres pueden ejercer su
racionalidad y con ella guiar sus pasiones para ser felices.
Tomás Moro imagina una isla en la que el régimen social se basa en la
obligatoriedad del trabajo de seis horas diarias, pues el resto del tiempo los hombres
lo deben utilizar para cultivar sus mentes y espíritus. En la isla no existe la propiedad
privada. Cada ciudadano recibe lo que necesita y todos trabajan comunalmente
para evitar la servidumbre y los conflictos. Incluso los metales preciosos pierden su
valor en la isla, pues son usados para hacer cadenas para los condenados. (Moro,
1997).
La propaganda nazi en el mito político
La propaganda nazi fue el intento coordinado del partido nazi para influir en
la opinión pública alemana a través del empleo de la propaganda en los medios de
comunicación. Fue empleada por el partido nazi y posteriormente, tras el ascenso
al poder de Adolf Hitler, por el gobierno de Alemania hasta el final de la Segunda
Guerra Mundial.

3 Souroujon, Gastón. (2013). Mito Político, Rito y Utopía. (pág. 130). Fragmentos de Filosofía.

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En tiempos de inestabilidad, el Partido Nazi surgió de una relativa oscuridad
y alcanzó prominencia nacional. Logró aumentar drásticamente el apoyo del
público, definiéndose como un movimiento de protesta contra la corrupción y la
ineficacia del “sistema” de Weimar. Denunciaba a la República de Weimar como
una maraña de inestabilidad e inacción, definida por la humillación y la desolación
de la derrota en la Primera Guerra Mundial y los términos punitivos del Tratado de
Versalles posterior a la guerra. Los propagandistas nazis promovían el partido como
el único movimiento alemán que hablaba por todos los alemanes no judíos, sin
distinción de clase social, religión ni región. Los nazis opinaban que los demás
partidos políticos eran grupos de intereses especiales dedicados a sus propios
intereses mezquinos. Los propagandistas nazis también apelaban a los deseos
populares de orden después de un período de violentos disturbios civiles. Con la
promesa de unificar a Alemania, dar empleo a los seis millones de ciudadanos
desempleados de la nación y restaurar los “valores tradicionales alemanes”, Hitler
cosechó un apoyo popular masivo.
Luego de analizar cómo la propaganda era un método efectivo para poder
llegar a los ciudadanos y transmitir así diferentes ideologías, Hitler decidió hacer
uso de este medio –o mejor dicho abuso– durante el periodo de entreguerras
transcurrido entre la primera y la segunda contienda mundial, lo que le permitió
sostener y fortalecer su régimen. La idea era transmitir la ideología nazi y poder
influir sobre la sociedad, convenciendo al pueblo que las decisiones que se tomaban
eran ética y moralmente correctas, orientados a lograr fortalecer al pueblo alemán.
Uno de los principales medios de comunicación utilizados en esa época fue
el cine, censurado y manipulado por el régimen nazi. Su intención era transmitir los
ideales nacionalistas y tratar de convencer a la sociedad bajo una ideología que
cambiara el rumbo de la historia de la humanidad.
Adolf Hitler dirigió el Partido Nacional-Socialista Obrero Alemán desde 1921.
El partido era de carácter nacionalista, antisemita y totalmente contrario a lo
establecido en el Tratado de Versalles. La crisis de 1929 tuvo un gran impacto en
Alemania, lo que permitió que Hitler conquistara el apoyo del capital alemán y de
vastos grupos de la población. En 1933 fue nombrado canciller y comenzó su plan
de terminar con la democracia en Alemania, proclamándose Führer (líder, jefe). Con
la prohibición de los partidos, eliminó cualquier tipo de libertad y organizó una de las
persecuciones más grandes de la historia. Los grupos paramilitares del partido nazi,
las SA, las SS, y la policía secreta, la Gestapo, organizaron un verdadero régimen
de terror, que permitieron el desarrollo de las convicciones de Hitler en Alemania
cambiando así la mentalidad de una sociedad aterrorizada bajo un régimen del
terror.
La propaganda utilizada durante la Primera Guerra Mundial fue sin lugar a
dudas un precedente determinante para el desarrollo del nazismo. Según De Fleur
(1993), el desarrollo de la propaganda se produjo en un ambiente intelectual donde

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las teorías de comunicación de masas eran simples, ya que suponían que todas las
personas percibían los mensajes de manera similar.
La importancia histórica de la propaganda nazi sobrepasa incluso los límites
del totalitarismo. Más allá de la práctica propagandística, la teoría nazi de la
propaganda se basaba en una lógica simple y directa reflejada en tres pilares
fundamentales: anticomunismo, anticapitalismo y antisemitismo.
El primer pilar fundamental de la consistente propaganda nazi se basaba en
el rechazo a la organización política de las democracias y de la Unión Soviética, las
cuales eran vistas como fórmulas infectadas de corrupción, afirmando que la
democracia deriva en comunismo, desorden y pérdida de las tradiciones. Respecto
del anticapitalismo, el nazismo acusaba al libre mercado de ser el culpable del
desempleo y de la crisis económica que hundía más y más a Alemania.
El otro pilar de la propaganda nazi fue la convicción de la superioridad de la
raza aria sobre el resto de las razas. Esto era utilizado, a su vez, como una forma
de inculpar a algún sector por la gran crisis económica que hundía al país. Fue así
como se comenzó a culpar a la comunidad judía de la desgracia alemana. Sin
embargo, el objetivo real de este discurso era eliminar las diferencias grupales entre
los propios alemanes para lograr construir una potente identidad, y así
posteriormente enfrentar a un enemigo común, a través de la utilización del odio
étnico.

En este contexto, interesa reflexionar sobre la ética y la moral en la


propaganda nazi. El concepto de ética, está vinculado con la aspiración de una vida
cumplida bajo el signo de las acciones consideradas buenas; mientras que el
término de moral se focaliza en el campo de la obligación, de las normas, leyes y
prohibiciones.
La propaganda no buscaba sólo fortalecer la fidelidad al régimen o el odio
hacia los judíos, sino también difundir formas culturales consideradas propias o
saludables para la nación, identificadas con la raza aria. Los jóvenes fueron los más
afectados, porque se crearon instituciones destinadas a su socialización en los
términos de la ideología nazi, como las juventudes hitlerianas en las que los jóvenes
recibían una cuidadosa educación física y un adoctrinamiento político afín al partido.

¿Cuál era el mensaje de Hitler y por qué era tan popular?


Los discursos de Hitler:
 ofrecían respuestas muy simplistas a las causas complejas de los problemas
que afrontaba Alemania,
 utilizaban medias verdades o mentiras, jugaban con las emociones de las
personas, y
 culpaban falsamente al pueblo judío de los problemas a los que se
enfrentaba Alemania.

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Hablar de propaganda en el caso del régimen nazi, es hablar de la política en
que se basó todo un sistema. La propaganda no supuso tan sólo un uso masivo,
una acción sistemática de métodos y técnicas, sino toda una estrategia política
sobre la que se sustentó todo el régimen.
El Partido Nazi estudió detenidamente a su público y diseñó su propaganda
para apelar a los distintos segmentos de la sociedad alemana.

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V. CONCLUSIÓN
Los mitos políticos son “ideas en pie de guerra”, especialmente idóneos para
sostener una acción política de masas.
Traduce todo sentimentalismo, convirtiendo a la gente en una unidad que
atrae, mediante su expansión publicitaria, a nuevos miembros y que permite
movilizar sin la aridez y dificultades de los argumentos teóricos.
Los mitos políticos no son por medio de la razón, sino por las pasiones y
emociones.
Con este trabajo, se han logrado todos los objetivos. Se analizaron las teorías
y pensamientos de los principales referentes como Gramsci, Sorel, Barthes y Moro.
También pudimos explorar sobre el impacto de las utopías y de los mitos en la
actividad política, desde el siglo XX hasta nuestros días. Por último, se describió la
repercusión que tuvo la propaganda nazi en el mito político, y cómo influyó en la
sociedad alemana, surgiendo así un nuevo gobierno.

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VI. BIBLIOGRAFÍA

 Barthes, Roland. (1999). Mitologías. México: Siglo XXI editores s.a

 Moro, Tomás. (1997). Utopía. Barcelona, España: Atalaya.

 Pérez Tapias, José Ántonio. Mito, ideología y utopía. Posibilidad y


necesidad de una utopía mitificada.

 Souroujon, Gastón. (2013). Mito Político, Rito y Utopia. Fragmentos de


Filosofía.

 Sorel, Georges. (2005). Reflexiones sobre la Violencia. Madrid, España:


Alianza Editorial.

 Propaganda: Consolidación de la Nación, Holocaust Enclyclopedia.

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