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"Año de la lucha contra la corrupción e impunidad"

UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS


FACULTAD DE CIENCIAS CONTABLES

Escuela Académico Profesional De Contabilidad

CURSO: Ética en la organizaciones y gobiernos corporativos.

TEMA: ¿Cómo acabó con la corrupción Singapur?

DOCENTE: CPC Adolfo Valencia Gutiérrez

CICLO: X

AULA: 312

TURNO: Noche

2019

¿Cómo acabó la corrupción en Singapur?


En 1959, cuando Singapur se independiza de Gran Bretaña, la Ciudad-Estado era
famosa por la generalización de todo tipo de vicios. La isla estaba afectada por el
crimen, el mercado negro, las malas prácticas de burócratas y policías… Los sobornos
eran tan generalizados que incluso se exigía una coima a cambio de ser trasladado al
hospital en ambulancia. Quizá eso explica que la candidatura a primer ministro del
abogado Harry Lee, presentada ese mismo año, otorgase tanta importancia a la lucha
contra la corrupción.

El nombre real de Harry Lee era Lee Kuan Yew(LKY). Venía de una familia de orígenes
chinos. Desde un primer momento, destacó como estudiante y soñó con completar su
formación universitaria en Reino Unido. Sin embargo, la invasión japonesa en plena II
Guerra Mundial echó al traste sus planes y le obligó a buscarse la vida a la espera de
un cambio. Por fin, en 1945, LKY pudo viajar a la London School of Economics, de
donde luego pasó a la Universidad de Cambridge. Cinco años después regresó a
Singapur y se especializó en el mundo de la abogacía.

Prioridad electoral

En 1954, LKY funda el Partido de Acción Popular (PAP), con el que se presentó a las
elecciones legislativas celebradas cinco años después. Su principal propuesta era la de
acabar con la corrupción. Aquella sugerencia chocaba con el día a día de una isla en la
que, en palabras del propio LKY las irregularidades estaban a la orden del día,
normalizadas como parte de la cultura de aquella sociedad.

Aunque no era sencillo, LKY consiguió que el mensaje calase entre los electores, hasta
alcanzar el cargo de primer ministro con apenas 35 años de edad. Según afirmó
entonces, aquel resultado era el triunfo del bien sobre el mal, de lo limpio frente a lo
sucio, de lo justo frente a lo malvado. Su estrategia había funcionado de forma
brillante. Pero lo más difícil llegaba ahora. Se trataba de abordar un problema de gran
alcance en un pequeño país que estaba atravesando una situación política y
económica muy complicada.

La independencia, lejos de ser una panacea, dejó a Singapur sumido en la pobreza y la


oscuridad. Raj Vasil, todo un experto en la economía del pequeño país asiático, ha
señalado que la Ciudad-Estado era apenas "un país más del Tercer Mundo". De hecho,
con la esperanza de lograr una salida efectiva adelante, se aprobó la anexión a Malasia,
si bien aquel experimento tampoco llegó a buen puerto.

El PIB per cápita era inferior a lo que hoy serían 450 dólares. El desempleo era elevado.
La educación era de lo más mediocre. LKY sabía que eran necesario un cambio.
Singapur necesitaba atraer inversión para acelerar el crecimiento, pero solo podría
hacerlo si desarrollaba instituciones de calidad. Su objetivo era replicar el imperio de la
ley que había observado en el Primer Mundo. Se trataba de que la isla se diferenciase
de sus vecinos a base de ofrecer una Administración más eficiente y segura. Así
empezó lo que Robert Rotberg ha descrito como una guerra abierta contra la
corrupción, que ha tenido como resultado el sistema anti-corrupción más efectivo del
mundo.
Para impulsar su reforma de las Administraciones, Lee Kuan Yew (LKY) tomó como
referencia una antigua institución colonial heredada de los británicos: la Oficina de
Investigación de Prácticas Corruptas. Dicha instancia fue creada en 1951, para
investigar las malas prácticas de la policía. Pero la Oficina nació, ante todo, como un
gesto político. No tenía dientes para actuar de forma efectiva y tampoco contaba con
medios suficientes para lograr cambios de calado.

En 1960 se aprueba la Ley de Prevención de la Corrupción. Dicha norma define la


corrupción de forma amplia: se trata de cualquier tipo de "gratificación" a cambio de
un trato diferenciado por parte del gobierno. Para perseguir este tipo de malas
prácticas, se dotó de amplios poderes a la Oficina de Investigación de Prácticas
Corruptas, que ganó en independencia y también en capacidad para estudiar cualquier
tipo de irregularidad.

La Oficina partió con una plantilla de apenas 8 trabajadores, pero fue expandida hasta
alcanzar la figura de los 177 investigadores. Su presupuesto también creció
significativamente y se multiplicó un 5.000%. Además, se endurecieron las penas de
forma exponencial, de modo que un pequeño soborno puede acarrear una multa de
70.000 dólares, que además lleva pareja la pérdida del trabajo en la Administración.
LKY quería mandar un mensaje claro y permitió que la Oficina persiguiese a altos
cargos de su Administración. En 1966 se investigó al representante del gobierno en el
consejo de las aerolíneas nacionales de Malasia. Aunque no llegó a ser condenado, fue
defenestrado por la sombra de sospecha que generaban sus actuaciones. Algunas
décadas después, un exministro llegó a suicidarse antes de soportar el deshonor ligado
a una investigación por presunta corrupción.

La Administración también desarrolla campañas de sensibilización contra la


corrupción. El sistema educativo incluye actividades formativas desde la secundaria.
Los cines y la televisión emiten propagandas y anuncios dirigidos a insistir en las duras
consecuencias legales que enfrentan los corruptos.
La reforma de la función pública ha profesionalizado significativamente el día a día de
la Administración. Un ministro gana 650.000 dólares anuales, el doble que el
presidente de Estados Unidos. El resto de trabajadores de la función pública se mueve
en niveles de retribución igualmente elevados. A cambio, los empleados públicos
actúan sujetos a esquemas de productividad similares a los exigidos en el sector
privado. Esto redunda en una Administración más pequeña y eficiente.
Otro de los objetivos clave de LKY fue facilitar el día a día de los emprendedores. Según el
Banco Mundial, Singapur es el país con menos trabas administrativas y burocráticas para el
sector privado. El resultado es un espectacular crecimiento económico, hasta el punto de que
Singapur es hoy el sexto país más rico en términos de PBI.

BIBLIOGRAFÍA
https://www.bbc.com/mundo/noticias-47032379

https://actualidad.rt.com/opinion/roque-caravedo/224233-claves-exito-singapur-acabar-
corrupcion

https://elpais.com/internacional/2015/08/09/actualidad/1439155558_848900.html