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GUIA DE EVALUACIÓN CLINICA FORENSE PARA VALORACIÓN DE DAÑOS PSICOLÓGICOS EN VÍCTIMAS DE DELITOS

VIOLENTOS

Mercedes C. García Escallón

Valoración del Daño Psicológico:


Desde el punto de vista jurídico, la existencia de un daño producto de una conducta punible o de la vulneración de un
derecho, tiene una implicación fundamental al momento de resarcir, indemnizar o reparar a la víctima. Esto le da gran
importancia a la valoración y la cuantificación de los daños sufridos a nivel legal, psicológico, social, cultural e histórico.
Entre los aspectos de tipo psicológico se encuentran entre otros la planificación más adecuada e integral del
tratamiento o plan de intervención, de igual forma establecer una reparación más justa, así como para minimizar el
impacto de los daños sobre víctimas secundarias, terciarias y sobre la sociedad en general.

Retomando a Pérez González (2011), el establecimiento del daño psicológico no es posible de no comprobarse el papel
etiológico inequívoco del delito sobre el estado mental de la víctima. Esto es, poder demostrar de manera científica y
objetiva que el trastorno o alteración mental que presenta la víctima es el resultado del delito y no solo un
desencadenante o un estado psicológico casual que aparece posterior al delito; o bien que fue desencadenado o
precipitado por el delito pero no causado por este.

Clemente (2011), señala que la etiología del daño psíquico fundamentalmente puede ser debido a daños orgánicos del
cerebro o por los efectos psicológicos del impacto emocional. En tal sentido el daño puede ser producto de golpes,
traumatismo craneoencefálicos, exposición a agentes tóxicos, envenenamientos, procesos infecciosos e inflamatorios al
igual que por emociones anormales intensas e incluso la OMS (tomado de Clemente 2011), señala que también puede
ser producto de abandono o negligencia. Por su parte, Echeburúa (2008) plantea como el daño psicológico puede ser
generado por amenaza a la propia vida o a la integridad psicológica, lesiones físicas graves, percepción de daño
intencional y pérdida violenta de un ser querido. Existe pues una amplia gama de hechos con capacidad para producir
daño psíquico, algunos de tipo naturales (desastres, muertes naturales), otros de tipo orgánicos (como golpes,
infecciones, intoxicaciones, etc.), hechos violentos (delitos) y aún otro tipo de situaciones como estar expuesto a
diferentes tipos de violencia.

Es fundamental demostrar que el daño psicológico es producto de uno o más de los factores señalados, es justamente
esta relación la que tiene que probarse mediante los procedimientos de los que se dispone desde la psicología y
psiquiatría forense, todo ello se plasma en el llamado informe pericial o pericia que se convierte al ser defendida y
ratificada en juicio, en elemento material probatorio.
Si bien los eventos orgánicos o emocionales antes mencionados, han sido relacionados con la etiología del daño
psicológico, se establecen algunos aspectos o características que pueden agravar la situación causada, en este sentido
Echeburúa, 2008 señala que cuando existen múltiples consecuencias negativas y heridas físicas concomitantes en
relación al evento traumático, el daño podría ser más severo, intenso y de mayor magnitud, pudiendo este ser de tipo
crónico, como en el caso de las secuelas emocionales o agudo como en el caso de las lesiones psíquicas.

Las lesiones psíquicas se diferencian de las secuelas emocionales por la duración de los daños y la permanencia de los
mismos en la vida del individuo. Las lesiones psíquicas implican la presencia de trastornos adaptativos, trastorno de
estrés postraumático, descompensaciones emocionales, entre otras (Echeburúa, 2008). Por su parte las secuelas
emocionales hacen referencia a la estabilización del daño psíquico al menos por dos años, manifestada por la
modificación permanente de la personalidad, deterioro de las relaciones interpersonales, alteraciones en la vida laboral
y académica. De igual forma Echeburúa (2008), señala que el daño psicológico en víctimas se ve afectado por
experiencias negativas pasadas, por la vulnerabilidad biológica y psicológica, por las estrategias de afrontamiento y el
nivel de apoyo social y familiar. Se reconoce dentro de estos factores de vulnerabilidad (Echeburúa, 2008), ser mujer,
vivir sola, inmigrante, deficiente mental, consumir sustancias psicoactivas, ejercer la prostitución y algunos modelos
culturales. Al respecto, Asensi (2008), plantea que para determinar las consecuencias psicológicas del evento
traumático, es clave tener en consideración el padecimiento, las implicaciones que para la víctima tiene el hecho más
allá de la intencionalidad y del comportamiento del agresor. En tal sentido entonces es relevante incluir las
implicaciones subjetivas que tiene para la víctima el hecho, el significado del evento traumático, la forma como la
víctima lo percibe, entre otros aspectos fundamentales en la comprensión de la victimización.

Los elementos antes mencionados interactúan junto al evento traumático, de modo que de estos dependerá el tipo el
daño psicológico. Todos deberán ser tenidos en cuenta en la labor de valorar y determinar los daños psicológicos en las
víctimas. La determinación de daños implicará una evaluación que incluya entrevistas con la víctima y otros que puedan
dar información relevante, lectura de diversos expedientes y documentos, aplicación de pruebas psicológicas tales como
SCL-90-R, EGS, AUDIT, Escalas, Autoinformes, entre otros. De cualquier manera, para la determinación del daño
psicológico producto de delitos violentos se hace indispensable en primera instancia constatar la existencia del delito
violento, al igual que la existencia del daño psicológico, sea esta lesión psíquica o secuela emocional y finalmente el nexo
causal entre los dos primeros.

En todo daño psicológico producto del delito violento se identifica un componente objetivo y otro subjetivo, Echeburúa
& Corral, 2005 (tomado de Echeburúa, Corral y Amor, 2004). El componente objetivo hace referencia a la agresión, al
delito, a la conducta punible y el subjetivo es la “interferencia negativa en la vida cotidiana”. Esta interferencia puede
evidenciarse en reacciones de tipo emocional, en cambios en los hábitos, pérdida o fracaso en el ámbito laboral, entre
otras muchas formas.