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Cantamos tu victoria sobre la muerte Señor…

Mntro. Gabriel de Lara Ruiz


Vida y muerte en lucha sin par: el rey de la vida, muerto, reina vivo con estas Palabras la
sequentia de la misa del día de pascua contempla la batalla de Cristo, superando las
ataduras del pecado y del dolor en el mundo, con la resurrección el Señor culmina
triunfantemente la lucha que inicio en su pasión y su muerte, revelando así el misterio
pascual.
El Señor Jesús al asumir nuestra carne corrupta (cfr. Jn 1, 14) se somete también a
la muerte, con la diferencia que está en el Hijo de Dios es vida, esta ha de ser la clave para
comprender la muerte en los Cristianos, ya que por el bautismo hemos sido participes de
la muerte y la resurrección del Señor, tomando nuestra existencia una connotación
esperanzadora que experimenta su estancia en la tierra como un peregrinar hacia la
Jerusalén del cielo.
Hablar de la celebración litúrgica de la muerte a todos nos evoca pensamientos
cruciales de nuestra historia. La experiencia de la muerte no deja indiferente a nadie, la
música siempre está presente en los momentos de la muerte, no son pocos los compositores
de todas las épocas que toman en consideración este acontecimiento, desde los esquemas
de Misas gregorianos que en los liber cantualis y Kyriales prevén esquemas de réquiem,
como algunas elaboraciones más polifónicas como en el caso del Requiem de W. A.
Mozart, así como algunos autores preconciliares como Haydn, Salierei, Victoria, Fauré,
Perosi, entre otros.
La muerte en la liturgia actual se ha girado más que un momento de esperanza
pascual y de una contemplación profunda, en una situación fenoménica muy propia de la
psicología queriendo encontrar incluso en la música litúrgica un elemento ritual paliativo
que me ayude a vivir el duelo más que entrar en la mística Cristiana de la feliz resurrección,
la evocación que hago al párrafo anterior a ciertos autores y composiciones antiquísimas y
más modernas de la Iglesia, es porque en sus textos se respira un ambiente totalmente
Cristológico que nos encamina a la realidad de la Pascua.
No se quiere decir con lo anterior que en la actualidad no existan composiciones
adecuadas, sin duda que las hay y hay que tomarlas en cuenta para aprovechar al máximo
la riqueza que la liturgia nos ofrece, desde el mismo ritual de exequias cristianas, como el
oficio de los difuntos que nos propone la Liturgia de las horas y además muchos himnos
y canticos que nuestro pueblo tiene como manifestación de una autentica piedad popular
que nos evocan el misterio pascual de Cristo.
En nuestro pueblo de México hay una gran riqueza de piedad en torno a los ritos
funerarios cristianos, podríamos decir que hay específicamente tres momentos importantes
dentro de los ritos la vigilia, las exequias y la sepultura, el primero sería la vigilia por el
difunto o lo que más comúnmente se le llama la velación, cabe señalar que como en
cualquier vigilia hay que estar en un profundo recogimiento, en actitud orante con actos
de piedad como el santo Rosario, con cantos Marianos o algunos salmos, como el Salmo
114 Caminare en presencia del Señor, Salmo 8, Salmo 23 el Señor es mi Pastor, salmo
123 mi alma espera en el Señor, etc., existen también una serie de himnos que se les conoce
como alabados los cuales, en muchos lugares aún son entonados a manera de canon por los
mayores y que corren el peligro de quedar en desuso, estos son una gran riqueza puesto
que en sus letras se escuchan narraciones poéticas de la pasión del Señor 1. Por ultimo en
torno a la vigilia también se puede hacer el oficio de los difuntos de la Liturgia de las Horas,
así como una celebración de la palabra y letanías por el difunto.
Posterior a la vigilia del difunto tiene lugar la liturgia de exequias ordinariamente
dentro de la celebración eucarística aunque se pueden celebrar sin misa, en el caso de la
celebración eucarística hay dos aspectos fundamentales en lo que al canto se refiere,
tenemos por un lugar los cantos propios o variables como lo son el canto de entrada,
salmo, aleluya y comunión, y tenemos por otro lado los cantos del ordinario o invariables
Kyrie (Señor ten piedad), Gloria, Credo, Santo, Cordero de Dios, estos nunca deberán ser
cambiados ya que así como están los establece el ordo misae, respecto al canto de entrada
debe ser un canto que evoque el misterio pascual, las misas de réquiem poseen su introitus
que en español reza así: Dales Señor, el eterno descanso, y que la luz perpetua los ilumine,
Señor. En Sion cantan dignamente tus alabanzas. En Jerusalén te ofrecen sacrificios.
Escucha mis plegarias, Tú, hacia quien van todos los mortales. Dales Señor, el eterno
descanso, y que brille para ellos la luz perpetúa. De entrada se pueden cantar algunos
salmos responsoriales como los que se proponen arriba, como algunos cantos relacionados
con el misterio pascual o con la vida futura, respecto al ofertorio puede estar acompañado
por solo música o por alguna letra ordinaria de presentación de ofrendas como entre tus
manos, bendito seas Señor, etc., en cuanto al canto de comunión se deben seleccionar
cantos que hablen del banquete eucarístico y al incensar y asperjar el féretro en los ritos de
despedida se usaran cantos propios como el muy conocido ahora te devuelvo mi alma.
Por último señalar que la música profana aunque fuera del gusto del difunto, no se
debe usar en la liturgia puesto que no es un acto de honores civiles al difunto, sino una
alabanza al Señor cuyo sacrificio nos ha liberado de las ataduras del pecado y de la muerte.
-Bibliografía

1
Gracias te doy gran Señor y alabo tu gran poder. Que con el alma en el cuerpo nos dejaste anochecer. Así te pido
Dios mío nos dejes amanecer En gracia y servicio tuyo y sin llegarte a ofender.
En el hombre sea de Dios se va a cantar este alabado, Todos juntos como estamos a Jesús Sacramentado. Jesucristo
se ha perdido, la Virgen lo anda buscando. Por el rastro de la sangre que Jesucristo derrama (…).
CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO (2013), RITUAL DE EXEQUIAS,
Buena Prensa, México.