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Adoración 3 agosto 2018

Penitencia

● Mensaje del Papa Francisco en la Audiencia General, Plaza de San


Pedro: 


Queridos amigos, celebrar el sacramento de la Reconciliación significa ser


envueltos en un abrazo caluroso: es el abrazo de la infinita misericordia del
Padre. Recordemos la hermosa, hermosa parábola del hijo que se marchó de
su casa con el dinero de la herencia; gastó todo el dinero, y luego, cuando ya
no tenía nada, decidió volver a casa, no como hijo, sino como siervo. Tenía
tanta culpa y tanta vergüenza en su corazón. La sorpresa fue que cuando
comenzó a hablar, a pedir perdón, el padre no le dejó hablar, le abrazó, le
besó e hizo fiesta. Pero yo os digo: cada vez que nos confesamos, Dios nos
abraza, Dios hace fiesta. Sigamos adelante por este camino. Que Dios os
bendiga.

5 minutos de tiempo de reflexión.

● Oremos a Jesús Sacramentado:

Por los que se encuentran sin esperanza; que la Cruz de Cristo sea nuestra
fuerza para ayudar a los más necesitados y nuestra luz para llevar Tu
Esperanza a todo lugar.

Por nuestras debilidades y yugos; que podamos confiar plenamente en Ti


para apartarnos de las tentaciones y vivir con total libertad y alegría.

Por los que son perseguidos y juzgados; para que encuentren refugio en los
brazos del Padre Misericordioso y para que, siguiendo tu ejemplo, podamos
ser generosos en no juzgar a nuestro prójimo.

Por los que estamos anestesiados; Jesús, abre nuestros corazones para
encontrar que la verdadera felicidad construye, es sólida, edifica y pasa por la
lucha de un país fraterno.

Acción de Gracias

● Mensaje del Papa Francisco en la homilía de la Misa dominical en el


atrio de la Basílica Vaticana:

¡Qué importante es saber agradecer por todo lo que el Señor hace en nuestro
favor! Nos podemos preguntar: ¿Somos capaces de saber decir gracias?
¿Cuántas veces nos decimos gracias en familia, en la comunidad, en la
Iglesia? ¿Cuántas veces damos gracias a quien nos ayuda, a quien está cerca
de nosotros, a quien nos acompaña en la vida? Con frecuencia damos todo
por descontado. Y lo mismo hacemos también con Dios. Es fácil ir al Señor
para pedirle algo, pero no lo es regresar a darle las gracias.

María, nuestra Madre. Ella, después de haber recibido el anuncio del Ángel,
dejó que brotara de su corazón un himno de alabanza y acción de gracias a
Dios. Comprendamos, como la Virgen, que todo es don de Dios, y
aprendamos a agradecer: entonces nuestra alegría será plena. Aferrémonos
fuertemente a esta fe sencilla de la Santa Madre de Dios; que nos enseñe a
regresar siempre a Jesús y a darle gracias por los innumerables beneficios de
su misericordia”.

5 minutos de tiempo de reflexión.

● Oremos:

Padre Bueno, fuente de todo amor, ternura y compasión.



Gracias por la capacidad de amar, aceptar, valorar y hacer feliz a los demás.
Gracias por mostrar que el amor es buscar al otro, comprender y hacer el
bien.
Gracias por enseñar a perdonar y a entregar la vida por el ser amado.

Gracias por las vocaciones de amor a Ti, en el servicio a los demás.
Gracias, mil gracias por tu amor y por la maravillosa oportunidad de amar.

Amén.

Alabanza

● Mensaje del Papa Francisco “La oración de alabanza”, homilía en la


Capilla de Santa Marta: 


«Alabar a Dios es totalmente gratuito. No pedimos, no damos gracias. “Te


alabamos: tú eres grande. Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo...”. Con
todo el corazón decimos esto. Es incluso un acto de justicia, porque Él es
grande, es nuestro Dios. Pensemos en una hermosa pregunta que podemos
hacernos hoy: “¿cómo es mi oración de alabanza? ¿Sé alabar al Señor? ¿O
cuando rezo el Gloria o el Santo lo hago sólo con la boca y no con todo el
corazón? ¿Qué me dice David danzando? ¿Y Sara que baila de alegría?»

5 minutos de tiempo de reflexión. 


● Oremos: 


Jesús,

Ayúdame a siempre valorar la grandeza y la nobleza de servir. Tú, el Hijo de


Dios hecho hombre,
El ser más grande que ha existido y existirá,
El Mesías
prometido, el Rey de Reyes, el Profeta máximo,

El Maestro por excelencia, el Sacerdote perfecto...

Nos mostraste que tu misión, el liderazgo y la autoridad se realizan


poniéndose al servicio de los demás.

Enséñame a servir a los demás como fruto del amor, sin sentirme superior o
mejor que a quien sirvo.

Que nunca confunda el servicio digno al estilo tuyo con la servidumbre que
ataca la dignidad personal.

Edúcame como líder que promueve otros líderes, para todos servir con la
misma grandeza y nobleza que Tú.

Amén.