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Desafíos de la filosofía en el siglo XXI

Por Moisés Rodríguez Rosales.

Ante una realidad como la nuestra, con problemas específicos observados desde
un punto de vista específico, es que Gabriel Vargas reflexiona la realidad en la que
nos encontramos en las primeras décadas del siglo XXI. Desde una sociedad
inmersa en el modo de producción capitalista, con el dominio del neoliberalismo
que se impone tanto a países desarrollados como a países dependientes, es que
nuestro autor reflexiona, caracterizando los problemas y los desafíos a los cuales
la filosofía actual ha de enfrentarse, tratando no sólo de diagnosticar los problemas
de la realidad actual, sino también de resolver dichos problemas y, por si fuera
poco, haciendo todo eso esforzándose para evitar la desaparición de la filosofía
propiamente dicha.

En Filosofía ¿para qué? Desafíos de la filosofía en el siglo XXI Gabriel Vargas


nos muestra una reflexión profunda en torno a estos problemas.
El texto se divide en dos partes. En la primera parte el autor nos muestra un
panorama general donde señala las condiciones actuales de la sociedad en el
mundo globalizado y, dentro de ella, el papel que la filosofía tiene; además de ello,
muestra la situación actual de la filosofía en México, señala cómo se ha dado el
desarrollo de los aspectos políticos y sociales en nuestro país, lo que representa un
panorama bastante amplio en cuanto a los cambios que se han venido dando
durante la segunda mitad del siglo XX, principalmente, en cuanto a lo político y,
con ello, lo social.

A lo largo de esta primera parte, el autor también nos va llevando en la


transformación de la relación de la filosofía con la sociedad, nos cuenta desde
aquella historia de Tales de Mileto y su sirvienta Tracia, y lo que dicha historia
representa para la visión del filósofo, hasta la actualidad, donde una visión como
esa se ve potenciada. Sin embargo, Gabriel Vargas nos muestra en éste importante
texto que la filosofía ha desempeñado funciones importantísimas en la sociedad,
tales que le han permitido a ésta avanzar a lo largo de la historia.

En los primeros apartados del texto, nuestro autor nos lleva de la mano a lo largo
de la segunda mitad del siglo XX principalmente, señalando el modo como ha
“evolucionado” el modo de vida de los seres humanos, de tal manera que han
cambiado las maneras de ver el mundo y relacionarse con él, cómo es que se ha
dado la evolución del modo de producción capitalista en el mundo y las
repercusiones que dicha evolución tiene en la vida humana. En el ámbito
económico, científico, técnico y humanístico se han dado cambios importantes en
torno a la vida humana. Hoy la ciencia tiene un papel muy importante dentro del
desarrollo tecnológico, que es aún más importante. La ciencia y la técnica se han
vuelto las herramientas de las grandes potencias para dominar el mercado mundial.

Pero el panorama va más allá del ámbito económico, hemos dicho ya que hay un
cambio en el modo de vida de los seres humanos, la violencia se ha incrementado,
hay una crisis de los valores, la desigualdad económica y social aumenta, etc. El
panorama que nuestro autor señala es bastante complejo; y entre toda esta
complejidad, Gabriel se pregunta y nos pregunta: ¿Qué papel tiene la filosofía
dentro de este panorama?

El autor nos muestra que la filosofía es la herramienta del ser humano para explicar
su realidad, es una herramienta fundamental para el pensamiento y la palabra,
fomenta valores importantísimos (a través de la ética, por ejemplo) que no pueden
dejarse de lado. Señala que la filosofía tiene un valor vital en la vida del ser
humano. Sin embargo dice, también, que la filosofía poco ha hecho bajo esta serie
de cambios en la vida humana, esto porque se ha desplazado a un plano secundario
en todo el mundo, pues en la transformación de la figura del mundo se ha llegado
a una crisis de valores y de sentido que la filosofía no ha podido solucionar, y no
ha podido hacerlo porque no se le permite.

En medio de toda esta transformación del mundo, el autor nos dice: “Debido a que
hoy día nos encontramos en medio de una compleja transformación global se
requiere que la filosofía, en dialogo con las ciencias naturales y las ciencias
sociales, tome a su cargo el análisis de estos cambios.”[1] Nuestro filósofo nos
muestra las diferentes facetas de la filosofía, tanto en las relaciones de poder, en
cuanto a las utopías y las ideologías; nos muestra su función conceptual,
democrática, y como formadora de paradigmas que permiten el desarrollo de
sociedades, etcétera.

En lo que respecta a la realidad actual de México, el autor nos conduce en la


transformación de la visión de la filosofía y el filósofo a través de la segunda mitad
del siglo XX, principalmente, y nos muestra cómo se ha visto a la filosofía desde
la perspectiva política. Esto es, cómo se ha dado el desarrollo político e ideológico
en nuestro país, y cómo eso ha condicionado la manera de ver a la filosofía y al
filósofo, de tal modo que se le da un lugar específico a la filosofía y su enseñanza,
que, por cierto, es cada vez más reducido.

Al final de la primera parte, Gabriel Vargas nos ofrece diez tesis sobre el papel de
la filosofía, tanto en la educación como en la sociedad. En ellas nos muestra el
papel que la filosofía debería tener en una sociedad como la nuestra. A manera de
diagnostico y a manera de desafíos que, tanto los filósofos como la sociedad en
general tenemos por delante, estas diez tesis nos abren un horizonte de posibilidad,
un reto y una meta que la filosofía debe alcanzar. El autor nos dice en algunas de
ellas que la filosofía debe servir para la libertad del ser humano y la sociedad, que
la filosofía debe enseñarse en su forma problematizante, democrático-discursional
y en relación con la acción, que debe salir a la realidad, pues esa es una de sus
funciones principales.

Después de estas tesis, nos ofrece un panorama bastante completo de la discusión


que generó la Reforma Integral para la Educación Media Superior (RIEMS),
iniciada en 2008, y la exclusión que la filosofía sufrió en dicha reforma. Nos
muestra las acciones que se emprendieron para dar el lugar que le corresponde, y
que el autor nos ha mostrado a lo largo de esta primera parte, a la filosofía en
México y a las humanidades en general.

Para concluir con esta primera parte, llena de retos, perspectivas, y tareas que la
filosofía debe cumplir con miras al siglo XXI, el autor termina proponiendo tareas
para las humanidades en este siglo. Después de explicar los cambios que la
filosofía dentro de la paideia y las humanitas han sufrido desde la antigua Gracia
hasta la actualidad en nuestro país; y nos dice que la filosofía, al igual que las
humanidades en general como paideia, han cumplido la función de configurar un
ideal de sociedad y un sentido histórico a una cultura, aunque puntualiza que la
cultura está sobredeterminada por quienes detentan el “poder mundial” en un
momento o en otro. En este sentido, el autor nos pregunta ¿Cuál es la
nueva paideia que propone el discurso oficial? Y su respuesta es que,
lamentablemente, ninguna. En una época donde se destruyen las paideiasdel
pasado, para sustituirlas por ideologías productivistas, ya no hay lugar para las
humanidades, el papel de éstas sería “reconstruir una nueva idea de sociedad […]
desarrollar una nueva cultura que reconfigure nuestra identidad […]”[2] esa,
precisamente, es una de las tareas de la filosofía y las humanidades hoy.

En la segunda parte de esta obra, el autor nos introduce a cuatro textos de autores
fundamentales para la filosofía en México particularmente, aunque me atrevería a
decir que también para el mundo, pues nuestro autor nos muestra la importancia
de estas obras, la relevancia de estudiar a Francisco Piñón, Jaime Labastida, Luis
Villoro y, por supuesto, a Adolfo Sánchez Vázquez. En un entorno, en un ambiente
como el que Gabriel Vargas describe, es sumamente importante retomar a estos
autores para tener herramientas que nos sirvan para lo que nuestro autor nos está
proponiendo como tarea.

Francisco Piñón, en Ser y quehacer de la universidad, Jaime Labastida en El


edificio de la razón, Luis Villoro en Tres retos de la sociedad por venir y Adolfo
Sánchez Vázquez en Ética y Política nos ofrecen, desde el particular punto de vista
de cada uno, herramientas muy útiles en cuanto al ser y quehacer de la filosofía en
la sociedad y en la educación. Lo que Gabriel Vargas nos brinda con la
introducción, o más bien dicho reseña de estos textos, son herramientas que nos
servirán para reflexionar en torno a nuestra realidad, en torno a lo que filósofos y
ciudadanos hacemos en nuestra sociedad, en nuestra circunstancia; esto para
ayudarnos y motivarnos a emprender las tareas que el autor ha dicho en la primera
parte de Filosofía ¿para qué? Desafíos de la filosofía en el siglo XXI. Este texto,
sin duda, nos ofrece un panorama bastante sintético y completo en torno a los
problemas que la filosofía y las humanidades se enfrentan hoy, en los albores del
siglo XXI, y nos brinda material con qué abordar dichos problemas. En definitiva,
es un texto que ningún filósofo, ningún humanista y ningún ciudadano debe dejar
pasar por alto.