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LOS BENEFICIOS DE CREER EN JESÚS

“¿O menosprecian las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad,


ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? (Romanos 2:4).

La persona que creyó en el señor, independiente de su estatus, profesión, sexo,


nacionalidad, clase social, nivel de estudios, recibió inmediatamente y de
manera gratuita, una serie de beneficios que describiremos a continuación.
Nuestro objetivo al destacar lo que el creyente en Cristo recibió es, en primer
lugar, que valore más su salvación, que viva una vida cristiana con un gozo cada
vez más grande. En segundo lugar, que difunda esto a los otros hijos de Dios, y
que siempre predique el evangelio a alguien.

l. Ser iluminado

“El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de
sombra de muerte, luz les resplandeció” (Mateo 4:16).

El apóstol Juan, en una de sus epístolas, también dijo: “Sin embargo os escribo
un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las
tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra” (1 Juan 2:8).

Cuando el evangelio fue predicado y creímos en el Señor, la primera cosa que


recibimos fue una luz, fuimos iluminados. Vivíamos en las tinieblas y, por tanto,
en una condición de impureza, desorden, confusión. Estábamos acostumbrados
a esa vida, muy cómodos, pensábamos que no teníamos ningún problema. Si
alguien nos llamaba pecadores, nos molestábamos con esa persona y hasta nos
alejábamos de ella pensando que fue muy dura e injusta con nosotros. Pero,
gracias a Dios, la luz llegó a nosotros pudimos ver nuestra verdadera condición
y eso generó el segundo punto del beneficio que obtuvimos al creer en el
Señor.

ll. Arrepentirse

“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad


ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? (Romanos 2:4).
Al ser expuesta nuestra verdadera condición por la fuerte iluminación del
Señor, inmediatamente nos arrepentimos, es decir, experimentamos un cambio
de manera de pensar. Estábamos andando en una dirección contraria a Dios, y
nos volvimos a Él. Este es el verdadero significado de la palabra
arrepentimiento, y fue un beneficio más que recibimos al creer en el Señor
Jesús.

lll. Confesar los pecados y ser perdonado

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros


pecados, y limpiarnos de toda maldad “(1 Juan 1:9). Al ser iluminados por el
Señor nos arrepentimos y fuimos llevados a confesar nuestros pecados. De esta
manera, disfrutamos de otro beneficio: el perdón de Dios.

IV. Tener el registro de los pecados borrado

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircucisión de vuestra


carne, os dio vida juntamente con él, perdonándonos todos los pecados,
anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era
contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz” (Colosenses 2:13-14).

El Señor Jesús, además de perdonarnos, eliminó y anuló completamente el


registro de la deuda que teníamos con Dios en la cruz. Es decir, hoy tenemos un
“registro limpio” delante de Él.

V. Ser justificado

“Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es


en Cristo Jesús” (Romanos 3:24). “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para
con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (5:1).

Ser justificado es ser aprobado por Dios, de acuerdo con su patrón; es tomar a
Cristo como nuestra justicia mediante la fe. En palabras sencillas, ser justo es
hacer la voluntad de Dios. En Adán, todos los hombres llegaron a ser injustos a
los ojos de Dios. En el libro de Génesis vemos que el hombre, engañado por la
serpiente, desobedeció a Dios al tomar el fruto del árbol del conocimiento del
bien y del mal, en consecuencia fue expulsado del huerto del Edén (Génesis 3:1-
8, 24). Sin embargo, Dios proveyó una manera para hacernos justos y aptos para
volver a su presencia. Por lo tanto, nuestra justificación viene de Dios mismo, y
la manera de recibirla es por la fe, es decir, por medio de la acción de creer en el
Señor. El apóstol Pablo dice: “Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a
todo aquel que cree” (Romanos 10:4). Nos bastó sólo creer en el Señor Jesús
para llegar a ser justos delante de Él. Por el derramamiento de su sangre, fuimos
justificados.

VI. Ser santificado

“A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo, Jesús,


llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre
de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro”(Corintios 1:2).

Además de ser justificados, fuimos también santificados. Ahora somos santos


porque fuimos apartados del mundo por el Señor y fuimos puestos en una
posición santa a fin de que recibamos continuamente del dispensar de su
naturaleza santa. Para ilustrar la santificación, podemos usar como ejemplo un
vaso que estaba tirado en el barro y alguien vino, lo sacó de aquel lugar, lo lavó
y lo dejó limpio y listo para recibir algún líquido saludable como su contenido.
Espiritualmente hablando, esta era nuestra condición antes de creer en el señor.
Fuimos sacados del mundo (del barro), lavados (por su sangre preciosa) y
cambiados de posición. Así pudimos recibirlo como nuestra vida.

“Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra,
santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2 Timoteo 2:21).

Vll. Ser reconciliado con Dios

“Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro
Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación” (Romanos 5:11).

Antes de creer en el Señor éramos enemigos de Dios, es decir, no teníamos paz


con Él y, por tanto, no podíamos desfrutar de Su presencia ni Él de la Nuestra.
Pero al creer en la obra redentora de Cristo, fuimos reconciliados con Dios y
ahora podemos vivir constantemente en comunión con Él.

VIII. Ser regenerado

“Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la


palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23).

Ser regenerado significa obtener una nueva vida. Al recibir la vida de Dios, una
simiente incorruptible fue plantada en nosotros. Cuando la simiente de la vida
divina se desarrolle totalmente, Cristo será plenamente engendrado en nuestro
interior; en otras palabras, seremos como Cristo es, en vida y naturaleza, pero
sin la Deidad. Desde que Dios formo al hombre, deseó que disfrutara de su vida,
representada por el árbol de la vida, que estaba en el huerto del Edén. Sin
embargo, el hombre desobedeció a Dios y fue expulsado del huerto. Entonces,
Dios puso querubines para guardar el camino al árbol de la vida (Génesis 3.24).
Por medio de la obra que el realizó por nosotros, comenzamos a disfrutar de los
beneficios antes mencionados, gratuitamente. Además, nos fue abierto un
nuevo y vivo camino (Hebreos 10:19-20) y ahora podemos comer del fruto del
árbol de la vida que hoy significa leer la Biblia con un corazón vuelto hacia el
Señor, buscando su presencia en la lectura, en la oración, para que ésta se
convierta en nuestro alimente espiritual y no una simple doctrina. También
debemos invocar constantemente el nombre del Señor, declarando así nuestra
total dependencia de Él. De esta manera, todos estos puntos serán muy reales
en nuestra experiencia y la vida divina crecerá poco a poco en nosotros.