Sei sulla pagina 1di 4

Reflexión Salmo 40

Sal 40:2 Me sacó del foso de desesperación, del lodo y del fango.
Puso mis pies sobre suelo firme y a medida que yo caminaba, me
estabilizó.

Una cosa es que te ayuden en un problemita y la puedas zafar.


Pero otra muy diferente es que te ayuden a salir de una situación
desesperante. Donde el límite de tus fuerzas ya escasean y no
sabes como resolver la circunstancia.
Según la definición del Diccionario de la Real Academia Española, la
palabra desesperación significa Pérdida de la paciencia o de la
tranquilidad de ánimo, causada generalmente por la consideración
de un mal irreparable o por la impotencia de lograr éxito. ¿Alguna
vez te sentiste así? ¿Te estás sintiendo así? Veamos.
Hoy vivimos tiempos difíciles. Donde vemos como la Argentina está
en una crisis económica que parece no tener fin por más que esté
un gobierno u otro. Existen familias que la están pasando
realmente muy mal. No solo porque no les alcanza para comer sino
porque además tienen problemas internos donde aparece la
violencia. El dolor. Hijos que ofenden a sus padres. Padres que
abandonan a sus hijos. Hombres, va si se los puede llamar así, que
golpean a sus esposas. Mujeres que se cierran a comenzar una
nueva relación producto de un pasado violento y entienden que la
herida se cura con el odio y no con el perdón. En este momento,
hay personas que no tienen para comer. Otros duermen en la calle.
Están solos. Desamparados. Hay hombres desempleados que viven
en una constante consternación porque no saben qué hacer de sus
vidas y cada vez más hay menos oportunidades.
Desesperación. Impotencia. Agonía que se expresa en el
sentimiento de desesperanza que surge cuando todo no sale como
uno lo espera. Así estamos. Metidos en un pozo. Donde
aparentemente no hay salida.

Entonces, la gran pregunta que todos nos deberíamos hacer es


¿Podremos salir adelante a pesar de todas estas dificultades? Para
responder, volvamos a las palabras del Rey David “Me sacó del fozo
de la desesperación” ¿Quién lo sacó? El mismo David lo responde:
Dios.
Yo se que muchos de los que nos están escuchando no creen en
Dios y tampoco quieren saber nada con Jesucristo, asi como
también hay hermanos de la iglesia que sí lo están haciendo. Es
totalmente aceptable que aquellos que no creen, rechacen lo que
voy a compartir y no es nuestra idea como programa llenarles la
cabeza con estas palabras. Sin embargo, déjame contar mi
experiencia y vos estás en todo tu derecho a créeme o no.

Así como muchos de los que están del otro lado, yo también pasé
mis propios “fosos”. Me críe en una familia a la cual amo con todo
mi corazón, pero nada pudo evitar que yo con tan solo 18 años de
vida, caiga en una depresión que casi me mata. Luego de sufrir los
efectos devastadores del Bullying durante mi época secundaria, mis
emociones se fueron al piso. No me podía levantar de la cama. La
autoestima la tenía por el piso. Me miraba en el espejo y no me
gustaba lo que veía. Existía por inercia, no por ganas. Mientras que
mis amigos disfrutaban de sus tiempos juntos, yo me pasaba horas
llorando en mi cuarto. No quería saber nada. Estaba en el “foso”.
Hasta que un día me invitaron a la iglesia. Yo a esas alturas me
había paseado por todos los médicos que te pudieras imaginar.
Psicólogos. Psiquiatras. Me habían diagnosticado retraso
madurativo y me medicaron tanto con Clonazepán, Risperidona,
Sertalina que parecía una momia caminando. Pero ese sábado
llegó. Fuimos a la iglesia donde nuestros compañeros Jonatan y
Facundo se congregan. Claramente, mi escepticismo elevado a la
enésima potencia. Sin embargo, ya sentía algo diferente en mí. Una
paz que nadie puede entender, sino aquel que la experimenta.
Cuando llegamos al lugar, personas que ni siquiera conocía me
abrazaron como si fuera uno más del grupo. Me integraron muy
bien. Me presentaron a los pastores. Pero todavía estaba con mis
dudas en el corazón. Como alguien dijo, nunca escuches a la voz de
la duda pero también si te ataca es señal de que Dios ya programó
algo especial. Pero para ese tiempo me encontraba dentro de mi
mismo todavía. Mirando mis fallas. Lo que había pasado
anteriormente. Preso en la culpa. Encarcelado en la depresión. Sin
embargo, ahí fue cuando comenzó todo.
Después de terminar la actividad de jóvenes en ese día sábado 12
de Abril de 2007, me hicieron pasar al frente del altar. Me dijeron la
gran pregunta de la vida, “¿Querés aceptar a Jesús como tu señor y
salvador?” Entre lágrimas y la euforia por todas aquellas
experiencias vividas, dije que sí. Recuerdo que mi amigo Jorge
Surace me oró y desde que permití que Cristo ingresara en mi
corazón, todo cambió para siempre. A los 3 meses abandoné
definitivamente lo que estaba tomando. Me sentí libre. Amado. Muy
querido por Dios. La descripción del rey David fue la correcta. Me
sacó del foso. Y no solo eso, me afirmo y me estableció. No
solamente pude concretar mi sueño de ser periodista y estar detrás
de este micrófono contándote esto sino que también escribí un libro
llamado “Cancionero de Boca”, que fue expuesto en la Rural. Luego
trabajé con mi papá por muchos años y estoy a punto de casarme
con la mujer más extraordinaria del mundo, Cristina, que hoy ha
venido a acompañarnos en este Martes precioso y que de seguro
andará moqueando.

Ahora, ¿Quién logró todo esto? DIOS. ¿A quién voy a seguir por
siempre? A DIOS. Porque aunque muchos lo nieguen y hasta
intenten callar Su Voz, Él es el único que te puede sacar del foso.

La verdad es que no sé cuál será tu foso. Pero de lo que estoy


seguro es esto. Si permitís que Cristo ingrese en tu corazón, todo
puede ser transformado. Él ha venido a este mundo para rescatar
lo que se había perdido. Aquí muchos de los que hoy nos escuchan
han perdido la esperanza. Ya no tienen fe. Dicen, “pero vos me
estás contando una linda historia de ficción, porque si Dios fuera
tan bueno por qué me pasa lo que me pasa” Si pensas así, te
entiendo porque eran los mismos cuestionamientos que yo me
hacía. Sin embargo, con el correr del tiempo entendí que todo pasa
por una razón. Y que Dios puede darte tanto amor por el que te
falló, que te lo podes encontrar cara a cara y perdonarlo. A mí me
paso.

Yo perdoné a todos los chicos que me ofendieron. Los perdoné pero


hablando con Dios, no en persona. Pero por esas causalidades de
Dios, el cabecilla de la banda que me molestaba se vino a vivir a la
vuelta de casa. Un día, mientras regresaba de la facultad, estoy
llegando a la esquina de donde vivo y cuando levanto mi mirada, lo
observo paseando a su perro. Sinceramente, pensé seguir de largo.
Pero algo adentro mío me decía “Cruzate”. Y así lo hice. Le pegué
un abrazo y me fui. En el transcurso a mi casa sentí una paz
indescriptible. Pude ver que perdoné de corazón. Y todo quedó ahí.
Ahora miro para atrás y le agradezco a Dios por todo lo que viví
porque fue el camino que El escogió para acercarme más a El.
Por eso te digo, no descartes a Dios. Mi intención no es llenarte la
cabeza ni hacerte creer a los golpes. Sino darte la oportunidad para
que encuentres una solución a tu vida.
Quizás estas desesperado. En el foso. Y buscas por todos los
medios un remedio para lo que te pasa. Desde el fondo de mi
corazón te lo digo, no lo busques más. Porque Jesucristo es la
respuesta.
Ahora me gustaría que hagamos algo. No por compromiso. Ni por
cumplir. Si no queres está mas que bien que así lo hagas. Pero si
vos, al igual que yo, estás dispuesto a aceptar a Cristo en tu
corazón. Repetí conmigo estas palabras.

Señor Jesús, te doy las gracias por este día. Te pido que ingreses
en mi corazón. Te acepto como mi Señor y mi Salvador. Me
arrepiento de todos mis errores y me entrego totalmente a ti.
Descanso en la figura de tu persona y me declaro libre de toda
desesperación. Escribe mi nombre en el libro de la vida. En el
nombre de Jesús. Amen y Amén.

Interessi correlati