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GIUSEPPE DUSO, ROBERTO ESPOSITO, CARLO

GALLI, BIAGIO DE GIOVANNI, ALESSANDRO

DAL LAGO YGIACOMO MARRAMAO

Cuadernos de teoría política PENSAR LA POLÍTICA

MARTHA RIVERO (compiladora)

Traducción de ISABEL VERICAT

Instituto de Investigaciones Sociales INSTITUTO DE INVESTIGACIONES SOCIALES

Universidad Nacional Autónoma de México UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO

MÉXICO, 1990
4
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~
I . ~

1I PENSAR LA POLÍTICA 4
4
!
4
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Giuseppe Duso 4
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1
11 4
1:
1

reflexión en torno al término política se presta a algu­


4
4
1

11 consideraciones introductorias que parecen útiles, no


il para enfrentar un tema de tal envergadura---que cons­
e el marco y el fondo de los conceptos que, {>recisa­
4
I te sobre la base de aquél, se indican como "polítlcos"-, 4
,también para subrayar algunas advertencias críticas 4
1I11 'tal vez haya que tener presentes en un trabajo de in­
1

igación que tiene como finalidad la producción de ma­ 4


les sobre léxico político. 4
ás incluso que otros términos, el de política tiende,ya
1

n el lenguaje común, ya sea en el científico, a indicar 4


esfera universal e intemporal en la que se manifiesta 4
II
tuación del hombre. "Política" es de hecho una pala­
ue ocupa el lenguaje actual, pero es también una pa­
aque tiene su lejano origen en la experiencia griega,
siderada como la base del desarrollo de la civilización
4
4
4
dental. Debido a esta continuidad del término, se está
ado, pues, a conferirle algunas connotaciones, como a­ 4
Has que derivan del concepto de forma política, del po­ 4
,Ccomo relación mando-obediencia, de su ejercicio y de
(ha por conquistarlo. De esta manera, se podría pen­ 4
que se habría determinado una esfera perenne de la ac­ 4
dad humana, dentro de la cual se podrían determinar
'''ricamente las diferentes formas en que se da el poder: 4
nces tendremos, una y otra vez, la polis, el imperio, la
4
dad feudal, el Estado moderno, etcétera.

o obstante su difusión. se trata de un acercamiento des­


t
'iado ue im ide entender los roblemas ue el con: 4
~~to de política plantea. En reali ad, corre e rIesgo e t

.. rlcomprensible por la estrecha relación existente en­


,.1 objeto que el término política indica y el saber que 4
4
4
4
~

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permite manifestarlo, hablar de él, darle un sentido. sistencia el término de "valor", y del ambiente cultu­
r~laci6n se transp~r~nta en el uso griego del tér~ino ¡" sitivista, que atribuye como tarea de un proceso ver­
tikós, que como adjetivo connota todo lo que concierne a:lII 'ámente "científico" el análisis de la realidad fáctica. Al
polis, y politiké que sustantivado absorbe en sí los térmitil indir de la valoración crítica de esta distinción, parece

de espistéme o de téchne, para enunciar a la ciencia polítidl" , puede reconocer en ella el producto de una "cierta"

"Política" viene, de esta manera, a indicar la esfera de~ 'na filosófica, en el seno de la cual sólo ella es legítima

acción en la olis, con untamente con e sa er e este act e significado (sobre esto véase también el reciente D.

y de la mismapolis. Es re eXlOnan o so re esta re aCI n '"La 'tragedia' della scienza politica", en Democrazia e

se puede comprender cuán engañosa puede ser la tend , 1988, n. 6).

cia indicada más arriba a denotar la política como esf( ;diñcil encontrar en la susodicha distinción una vali­

de lo universal y lo eterno, caracterizándola, no obstat n hermeneútica en relación con los momentos altos de

mediante determinaciones conceptuales que son propiaS ,toria del pensamiento, en los cuales -pensemos, por
aquel "modo" de entender la ciencia política que se hall plo, en la politiké epistéme de Aristóteles, o en la cien­
mado en la época moderna. En realidad, s610 en ésta tié: filosofia política) de Hobbes, o incluso en la filosofía
sentido determinar la acción política como uso del pod recho de Hegel, que es a la vez ciencia del Estado- la
lucha por el poder y la esfera de la política como mare. ,ca se llega a determinar en relaci6n con el saber en el
por la relación exclusiva de mando-obediencia. ; a sido pensada, saber cuyo carácter "filosófico" no se
Puesto que una reflexi6n que va en esta dirección ti~~ dera diferente de algún otro al que se haya atribuido
inevitablemente a sacar a la luz el terreno epistémico á~, 'edicado de "científico", sino que, antes bien, trata de
filosoña política como aquel en el cual el término de] :esar en grado más intenso el rigor propio de la cien­
litiké hace su aparición e incluso en la época moderna bién cuando, como sucede en el caso de Aristóteles,
transforma radicalmente, a través del nacimiento en el si! igor, en cuanto propio de una praktiké epistéme, sea de
XVI de la ciencia política moderna, es útil tratar de desp~' diferente al de las ciencias contemplativas; también en
del terreno las dificultades que al respecto parecen proy} caso se trata de hecho de un saber adecuado a su ob·
nir de la distinci6n generalmente aceptada entre "cienci mientras no lo sería un saber de tipo matemático, que
política y "filosofia" política. De hecho, esta distinción,}, te caso específico, en cuanto dirigido a la esfera de la
atribuir a la ciencia el estatuto de un saber riguroso, cabª, n, no sería para nada riguroso y, por tanto, para nada
ber.
mente "científico", tiende a relegar a la filosoña a un ámb¡ 1problema consiste entonces en entender el significado
en el que el pensar funciona o bien como selección de valt " .llega a tener el término política en relación con el sa:­
res o bien como construcción de modelos perfectos en tan: ren el cual el objeto indicado por el término se sitúa m~
que ut6picos, o bien como prescripción de recetas para )' 'ac,de la distinción entre ciencia y filosoña. Y es precisa­
males del mundo. No es éste el lugar para buscar la g~nt te en la reflexi6n que normalmente ha sido caracteri­
sis de esta distinción y para comprobar su validez. Un' de filosófica donde el concepto de política se presenta
I camente podemos traer a la memoria que esta distinci6 ,ume un sentido determinado. Pero, contemrlando este
:es bastante reciente y recorre las determinaciones discipli­ ~o circuito de la política como objeto y de saber que
narias y académicas de las últimas décadas, y que adem discurso, podemos encontrar modificaciones radica­

parece condicionada por la contraposición weberiana entr, n relación a aquello que la "política" llega a ser. Este

"juicios de hecho" y "juicios de valor", y aun antes del de ocimiento no trata de traducirse en una versión meto­
bate neokantiano de finales del siglo XVIII, en el que surg' gica o meramente espistemológica de la política: el sa­
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ber político del que hablamos no es una construccióna.


tracta, sino un pensamiento inserto en .un contexto his ti>úsqueda que ya ha estado presente anteriormente en
rico-constitucional determinado, si bien esta inserci6n¡ ¡;tinos de los escenarios en los que la política acaba de­
~inándose de modo significativo (recuerdo los trabajos
implica una dependencia mecánica de tal contexto. La a~
tud en el enfrentamiento de la realidad puede resultarb< ,~se han hecho sobre algunos conceptos de la política mo­
tante diferente según se hable de la reflexión de los gr fna en su período clásico, como sociedad, Estado, sobe­
gos, que presupone la existencia de la polis y no se lftía, representación, revolución y contrato social; algunos
en la distinción-contraposici6n entre un mundo real yt ~Iisis conceptuales que se han intentado en los fascícu­
mundo de las ideas y del conocimiento, o bien de la ci ~,de esta misma revlSta, l y las reflexiones sobre Weber
~chmitt, por un lado, y Voegelin, Strauss y Arendt, por
cia política de Hobbes que, aunque sea en el contexto"(
los procesos de formación del Estado moderno, cOnstrlX :otro, consideradas, a títulos diversos, junturas articula­
una forma racional y homogénea que no tiene correspo r~ centrales y emblemáticas para una reflexión actual so­
~":la política y la filosoffa política; recuerdo, por último, la
dencia con la realidad y con esto propone una relación'
deducción de la praxis a partir de la teoría que será ~t;ión de la Begriffsgeschichte alemana y las contribuciones
~Jtalia de G. Miglio y de P. Schiera).
blemática para toda la gama de la teoría política moden<
Para suscitar al unos de estos roblemas de en ectiva, a
De todo lo que se ha dicho hasta ahora, no resulta
t vía más fecunda la de la investigación del concepto 0.1 'wés e os cua es ensar en lo ue se entiende or o íuca,
ue e asar a a reflexión sobre el si nificado radical­
término "política" y la del ':Iso y significado que ha tenidm
las diversas épocas históricas, aunque se haga con la ayu 'inte 1 erente que a política llega a tener en la praktik4
de los léxicos y de los diccionarios filosóficos y políticos.l
hléme de los griegos y en la ciencia política de los moder­
realidad, para entender el significado de lo que el térmi lfs: En realidad, si la dimensión del poder parece connatu­
indica, es necesario ya sea implicar el ámbito "histórico-co lo político -hasta el punto que la teoría política parece

titucional" de las relaciones entre los hombres y de las fq .templar la génesis del poder, su legitimación, los diver­

mas de asociación de éstos, ya sea el conjunto de los conce :modos de su ejercicio, las garantías contra los abusos

tos que, directa o críticamente, se refieren a este ámbito,y nalmente, la lucha por conquistarlo-, esto concierne

sea aquella estructura teorética en la que los conceptos ac .. a dimensión histórica y teórica determinada, que se

·.ende desde Weber hacia atrás, tres siglos aproximada-

quieren su sentido y se colocan en un conjunto coheren


te. Se trata de la vicisitud de la teoría política moderna,

y significante, aunque una coherencia tal no sea necesari


1 se inicia en el momento en que se trata de poner en

mente carente de aporías y contradicciones.


is toda una tradición de refleXión sobre la práctica, de­

Acerca de todo esto, no es .cierto ni tampoco imaginab .ándola privada de validez, y se intenta dar lugar a un

que aquí produzcamos materiales y mucho menos que d ~r que se inspire en el rigor de los "geómetras" y que,

mos algunas indicaciones, por muy sumarias que fuera:I.~ itfndo del presupuesto único de los individuos, cons­

sobre aquellos materiales que pueden ser propuestos com a una iorma. de sociedad que deje de entenderse como

tarea. El ámbito de este ensayo es más bien el de una di ural y se proponga como construcción artificial racional­

cusión preliminar en la que se trata únicamente de susc, .. te querida.

tar algunos problemas en relación con los modos más di n esta tentativa de "ciencia política", Cl,lYo iniciador, de
fundidos, acreditados y autorizados de tratar el tema d o emblemático y programático, podemos considerar
la política y del saber que a ella se refiere. No obstanti fu~ Hobbes.. toma cuerpo unaiorma del cuerpo político
este texto tampoco quiere tener el significado de una di:
cusión "metodológica", sino el de la arriesgada proyecció.
Fílosojía politica, 11 Mulino, Bolonia.

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14S
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I que -precisamente a fin de que no haya eterno co " ,r la' otra, en la determinaci6n particular que precisa­
, y atropellamiento de los' más débiles por parte de los e la voluntad general de todo el pueblo llega a adoptar
fuertes, debido al modo diverso de entender la justici n~e la misma representaci6n: absolutismo del poder,
tre los hombres- requiere de la unificaci6n de tod nsecuencia, y particularidad de la determinaci6n que
fuerzas en una fuerza única, la cual tiene ~ue tener un :va.
racterística esencial, la de la iTTesistibilidad. El poder POI ·cierto que no se puede resolver en esta direcci6n todo
cuya génesis se propone en la voluntad y la raz6n de ti se ha producido en el saber político de la época mo­
los hombres, se presenta así caracterizado por el mono r es un trabajo importante recorrer las diversas trad i­
de la fuerza. En este ámbito nacen los conceptos funda '. del pensamiento de otro signo y que resultan irre­
tales de la forma política moderna, en particular los d les a la formalidad del nexo Estado-derecho, como
beranía" y "representación", que marcan un largo des én de las experiencias que pueden ser consideradas
110 de las teorías políticas y también el ordenamiento d ¡significado "político" en cuanto la política no queda
constituciones modernas a partir de la Revoluci6n fran, ,ida al ámbito determinado por la forma Estado y por
Pero ya me he detenido sobre esta vicisitud en otros co eepto de poder como monopolio de la fuerza legítima.
tos y ya se han acumulado algunos trabajos de investig ea de pensamiento a la que me estoy refiriendo al
no sólo en Italia (recuérdese por ejemplo L.Jaume, r de la moderna ciencia política, teniendo en cuenta
et l'Etat représentatifmodeme, París, 1986). S610 nos que Itura epistemol6gica constituida por eljusnaturalismo
cordar aquí una vez más c6mo un poder de este tipo, e . ir de Hobbes) y su pretensión de una construcción
dido en una acepci6n de inevitable absolutismo, nace . ,ca de la política, no pretende, por lo tanto, expre­
cisamente sobre la base de la consideraci6n que bon n-modelo que sea abarcador y explicativo de lo lla­
diferencias entre los hombres entendiéndolos como" - ·oderno. No obstante, este conjunto conceptual pa­
viduos" y construye la forma política sobre el fundám e marca de manera profunda la 16gica de la doctnna
de sus derechos, en particular los de libertad e igual ;como doctrina del Estado, también en la acepci6n
Gracias a este fundamento nadie puede, en virtud d ado de derecho, el cual no se presenta como una mo­
cualidades, "gobernar" a los demás, y todos están so ad particular, sino esencialmente inscrita en la misma
dos a la voluntad del cuerpo común. '; inaci6n del Estado como forma y, por tanto, en el in­
Cuando WebeJ:' habla de la HeTTschaft como relaci6n' epensar lo político mediante la racionalidad jurídica.
do-obediencia y de la política como lucha por el poder. onJunto conceptual parece estar entretejido además
manece todavía en esta tradición de la que es deudor, aserie de procesos históricos, como el del monopolio
sar de la desviaci6n epistemol6gica propia de su mo erza, de la representaci6n política, de la codificaci6n
entender la ciencia y aún antes de la raCIOnalidad. Ta na, de la factura de las constituciones, y parece por
el espacio de la lucha por el poder, que no es el bellti .ertinente aquello que es "política" en la época mo·
nium contra omnes, en efecto se abre a partir del mo
en que se piensa, por una parte, el poder como re
mando-obediencia, a la luz del concepto moderno de'
ranía, y la representaci6n como su único modo de eje

2Cfr. sobre esto G. Duso, "Patto sociale e forma politica", en


(coord.), Il contralto sociale neUa filosojia politica moderna, 11 Mulino,
1987. .
...
~

144 145

14
nexo de legitimación-poder y el sentido que se confiere 41
o menos explícitamente a estos términos' no es pensable
la política antigua, es decir, en un ordenamiento epistém 4
de reflexión sobre la práctica y sobre la esfera de actuad ~
en la que la acción política es parte esencial y culminadó
de la acción del hombre. Si el estrecho ligamen de ética'
política y la consideración de la polis como espacio en,e
que se realiza en su plenitud la acción virtuosa del homb
••
~
pueden llevar a la convicción de que en Aristóteles el
politikón define mejor al hombre que la política (G. Sarto
Elementi di teoría politica, Bolonia, 1987, p. 241), no es prec
samente porque de esta manera no haya una aproximad'

~
ti
a aquel objeto específico del saber que es la política, si
más bien porque no se encuentra aquí aquella "política" t
pecífica propia de la ciencia (o filosofia) moderna, sino p
que se trata de otra p o l í t i c a . '
En el momento en que el objeto del saber práctico es ••
eu un, el actuar bien, y la polis es "según la naturaleza"
decir, constituye la dimensión en la que el hombre es aq'
110 que es y son extrínsecas sus virtudes, en particular
••
virtud de la justicia- el propio sentido de "política" e&e
ferente y no deja lugar a aquellas determinaciones ligad
al concepto de poder que se dan en la filosofia poI.ítica ro
derna. En relaCión a esto, podemos anticipar la hipótesisl
••
que la misma centralidad de los términos arehein y are,
t
Ithai en la PoUtica de Aristóteles, así como su propia "na t
ralidad", no sea traducible al lenguaje moderno del pod
político y de la relación mando-obediencia (como pare l ••
en cambio, pensar, Carl Schmitt en la Dottrina deUa costil
zione, Milán, 1984, p. 285), el cual ha de ser legitimado
acuerdo con una racionalidad formal, pero que tiene q .
ver más bien con un concepto diferente de naturaleza y 9
ser vivo, según el cual cada parte tiene un papel diferent,l

t
t
y según el cual es bueno para el ser vivo y, en consecu<:a
cia para todas las partes, que la parte superior "gobiern.
guíe, a la inferior. Gobernar y ser gobernado son entone'.
actos necesarios y vinculados a la naturaleza de las cosas 1

t
,la desigualdad entre los hombres.
La relación ue lantea Leo Strauss entre la filosofia··
lítica y el problema del "buen gobierno", cuya o so escé t
.4

146 147

. Aquí s610 se debería aludir a estos aspectos de la p mada época del 1us publicum europaeum: la dimensi6n
antigua (véase al respecto, A Cavarero, "Il bene U< 1 del cuerpo político, como bien indic6 Hobbes, no
losofia politica di Platonee Aristotele", núm. 2188, su no realidad, y no se puede pensar que la conste­
politica) para indicar c6mo se presentan graves dific" e conceptos que determinan la forma política mo­
para llegar a un punto de vista que homologue de soberanía, monopolio.de la fuerza legítima, repre­
un marco homogéneo la concepci6n política de lo~ n de la unidad política) no esté entretejida con los
gos y la moderna del Estado. Este conocimiento hist! ,s reales y no haya sido incluso fuerza de modifi­
conceptual no pretende ser una enésima propuesta de un ordenamiento político, como se puede ver en
diferencia entre el modelo antiguo y el moderno (y 1?­ a de la Revolución francesa que abre nuestra época
por la incapacidad del modelo de dar cuenta de lo q, tituciones.
manifiesta en el antiguo yen el moderno); tampoco ~ , e suceder que permanezcan prisioneros de la reduc­
conducir a una salida historicista, según la cual cada i;' Il:d de estos conceptos incluso modos de pensamiento
está vinculada a su época y tiene valor para ésta. Antesi lvezados y elaborados, que se pueden encontrar tanto
aquélla implica una actitud crítica en el enfrentamieni, "e:;ampo científico como en el público yel político y ~ue
la pretensi6n de la ciencia moderna de haber alcanzadó ,~~ren a un sentido más complejo de "constituci6n o
dimensi6n 16gica universal y atemporal mediante la: '~fung, según su propio significado etimol6gico, o a una
analizar y verificar las posiciones del pasado. No excbí Ilinada "constituci6n material". En efecto, si acaso se
mente, pero de este conocimiento se puede tambIén ex n hacia una comprensi6n histórica más compleja del
la reductibilidad que caracteriza a aquella racionalida¿ ," y de la sociedad modernos y no conllevan, en cam­
mal ue ermite un cieno ri or de ti o eométrico-íIi na problematización de aquel espacio conceptual en
mático. únicamente mediante una fuerte re uccl6n X"á se presentan sociedad y Estado como realidad que
tracci6n en relaci6n con la esfera de la acci6n. i,' vierte en objeto de la ciencia política y de la historia,
Es en la clave de esta reductividad que lo político se ¡, :la proyecci6n típica de la ciencia moderna en direc­
tifica con la forma jurídica del Estado y que se pier< cla reconstrucción hist6rica (véase el conocimiento de
posibilidad de comprender la politicidad de otras di~ ndencia de la ciencia moderna a la reconstrucción
siones de la acci6n. Con el nacimiento de la "persona 4' ropia historia en O. Brunner, Per una nuova storia cos­
en realidad la acción de cada quien se convierte e~ idee socia/e, trad ucción al italiano, Milán, 1970), esos
actuar privado, con el sentido negativo y privativo que c~ de pensamiento corren el riesgo de no ajustar cuen­
teriza al término. Esta escisi6n, pese a losgrandes ca . ,todo con aquellas categorías "reductivas" y de diferir
que han tenido lugar desde el siglo XVI hasta hoy, p~ ititud de objetivaci6n de la totalidad que es propia de
todavía interna a la 16gica de la representación política q ma política moderna; corren el riesgo, por lo tanto, en
manifiesta en las modernas democracias de masas. análisis, de no salir de los presupuestos de la política
Esta reductividad no es, sin embargo, una simple' na. Es diferente y más afortunado el caso en el que
tracci6n del intelecto frente a una realidad .fáctica que¡ a a encontrar que aquel concepto de constitución yel
manece intocada y viva en su su plenitud: no tiene la in" isde las formas asociativas tienden a romper lajaula
dad de la ficci6n en contraste con una realidad concreta . nstituye la forma política y por lo mismo, con mayor
pudiera parecer estructurada a manera de un ancien réJ ,.or lucidez, exigen como fundamento de la búsqueda
diferido, con su distinci6n más compleja de 6rdenes yc " nificado diferente y más abarcador de la política.
sociales; y esto porque la teoría está estrechamente entrq).•. más. el problema no consiste únicamente en eviden­
jida con los procesos que se han llevado a cabo en los sig articularidad de la forma política moderna y de la
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ciencia ue la iensa, sino también en entender las a


internas, su CrISIS no s o e oca ue arece ue se I
hace tlem o, aun ue no sea cierto ue se aya resue td,
.ando el es acio a un ostmo ermsmo ,SInO constItut
propia, esto es, e su misma glca. n esta ptlca po e
recordar esquemáticamente algunos aspectos que pare,
paradójicos, aunque en esta lógica sean coherentes yes
implicados recíprocamente de manera necesaria. El pri'
ro contempla la escisión constitutiva en la que se encuen
la subjetividad desde el punto de vista de la acción polI'
En efecto, si esta acción, debido a la unidad del cuerpo po
co, no es posible más que representativamente, entonces
encontramos frente a autores de acciones que no cump
nunca, porque otros las cumplen por ellos, y frente a acto
de acciones que no les son propias, sino precisamente de:
autores. A partir del momento en que esta dialéctica"
la acción tiene en su fundamento la génesis del poder e
derechos de los individ uos, encontramos que la afirma
de los derechos de cada quien y la posición de un poder abs:
como única posibilidad de la actuación de aquéllos, e
estrechamente unidas --de una manera que se pres
todavía como paradójica. El poder absoluto en cuanto
perior a todos los individuos, les deja el espacio par;
búsqueda privada de su propio bien, evitando el cruzam
to y el estorbo recíproco y creando las condiciones
su propia inserción. Esto indica una paradoja ulterior
término sociedad, que en una tradición precedente del p
samiento indicaba el ligamen entre los hombres y su co .
nidad en relación con la acción y el bien -y se caracterÍ,¡
por lo tanto por la koinonia-, viene a indicar, a partir d
construcción jusnaturalista, una situación de aislamien
de falta de comunicación. ¡
Si estas paradojas menoscaban la coherencia y la aus
cia de contradicción con las que se quiere caracterizar
ciencia y a la forma políticas, no obstante, en el meollo
esta última y precisamente en la estructura de la acción;
presentativa, se puede ver que aflora una dimensión
fundamental y problemática, de la que aquella ciencia
parece dar razón. En efecto, a partir del momento en
no son los individuos los que son representados, sino tod
.,

)50 )5)

Para una tal problematizaci6n de la forma polttica _


cundo pasar por un momento de radicalizaci6n y de/
com prensi6n de las categorías políticas modernas, ce)
que tuvo lugar en Alemania en los años veinte Y tri
y que está representado de manera emblemática por
flexión de Cad Schmitt:3 En efecto, en esta reflexión
mos encontrar el lúcido intento de no dejarse absorbe
el presupuesto moderno de la forma que conlleva la j, ­
ficaci6n de lo político con lo estatal, y de entender el p
de lo poütico como aquello que la misma forma implic.
la direcci6n de esta tentativa, Schmitt comprendeelp
de la decisión como modo de producci6n de la forma,
termina lo político como relaci6n existencial y exclusi'
amigo-enemigo, que está en la base de la misma po
dad de la forma moderna (piénsese en la doble motiy,
de defensa de lo exterior y del orden -eliminaci6~
delincuente- en el interior que en Hobbes caracteti
génesis del cuerpo político y, desde entonces en adé
las deducciones de la necesidad del Estado), pero qu~
cisamente por ello, trata de explicar también lo que ~
tes de la forma del Estado y lo que sucede en el mo
de su crisis.
No obstante, como Voegelin pone de manifiesto a P!'
sito de Schmitt (cfr. la recensión a la Veifassungslehre)'la
fundizaci6n todavía no es radical, la problematizaci6
davía es parcial y lo político como conflicto que aquí lí
unido, corre el riesgo de todavía ser únicamente el "p
puesto" que requiere la forma política moderna para
ponerse. De hecho, el propio Schmitt recuerda cómo el:
Hicto no es el resultado de una concepci6n pesimista·~
naturaleza del hombre, sino aquello que un pensami l

jurídico debe necesariamente presuponer para ded


la necesidad de la construcci6n del orden y, por tanto,'
forma Estado. Pero en la misma reflexión de Schmitt,y
a prop6sito de la estructura de la decisi6n, ya sea a prop
del movimiento de trascendencia que surge aporéticam

3Sobre el problema de la representación y de la reflexión alenia.'


E. Duso, La Tappresentan1ll: un problema di filosofia poluüa, Franco
Milán,1988.
'.

152
GIUSEPPEO\ 158

diante una razón autosuficiente, Esto no equivale a unaa


mación de des-orden, sino más bien al conocimiento de qu
ira entender el plano de la política tal vez sea necesario

¡te todo comprender que, coherentemente con la imposi­

reducción del orden a una dimensión n formalista ha de cUidad de que el bien sea el contenido de nuestro decir u

gar el precio de la pérdida contrádictoria (puesto que no: ~jeto de nuestra visión, el plano de la acción im plica ne­
plica siquiera la posibilidad de su propio planteamiento) iSariamente el corte de la decisión, la cual no puede ser ra­

movimiento de implicación que tiene la idea para la ace' lpnalmente fundada de manera incontrovertible, sino que

política.
Para entender de una manera gestáltica más evidente,
:tá expuesta al ries~o. Si la decisión es imprescindible para

c~fuar y para dirigir la vida de la comunidad, esto significa

estructura de un pensamiento que plantea la demanda:r:


dical sobre el bien como algo que excede toda posible r líe no -puede dejar de referirse a la idea -y la idea, por

~'que concierne al espacio de la política, surge en la forma

puesta nuestra y deja con ello el espacio de la acción libne;,


~nceps de la justicia- sino que la imagen que se da de ella

de cualquier pretendida deducción de la teoría, puede Fe~~


~empre es arriesgada, no está "científicamente" fundada, y

sultar útil remitirse a la lección platónica, siempre que éstá'~


no se lea con los anteojos modernos, como el intento de de~: 'To nos preserva de una vez por todas.

linear el Estado modelo y mucho menos la polis perfecta(te~ í~:Como he tratado de proponer en otra ocasión, tal vez de

niendo en cuenta la radical diferencia conceptual entrepollsf .Jta manera se pueda entender el afán del filósofo platónico,

lcual, contem pIando el bien, que excede a cualquier visión,

y Estado), sino más bien con la atención dirIgida a la crítica;


de las pretensiones sofistas de conocer qué es la justicia; 'y: .
simultáneamente, al conocimiento aporético de que no se.'
¿~~ta de describir, cancelar y volver a describir en innumera­

jl~s intentos a la polis; y se pueda todavía entender la razón


••
puede pensar en el bien de la polis y del hombre COntem~,
pIando necesariamente la idea del bien, sino que también,
esta idea excede cualquier visibilidad humana y, en conse.:
ij,e la transformación también formal que se encuentra en

la parte central del Diálogo platónico, que a la larga se con­

~Rerte en monólogo, precisamente por obra de aquel Sócra­ ••


cuencia, no es nunca arquetipo reflejable. Esto no significá:'
que se coloque algo en un más allá ni mucho menos que­
el bien sea alcanzable en un éxtasis místico: el único plano,
en el que es posible plantear (esto es, "pensar", "deCIr") el
~~s que normalmente interviene para interrumpir el monó­
gogo de otros, mostrando la imposición de la estructura del
~diálogo. Mediante el discurso de la propuesta de una or­
lianización de la polis, que se encuentra en la parte central
41
41

bien es en el logos, puesto que afirmar su indecibilidad es ~~e la &públú;a, el Sócrates de Platón asume sobre sí mismo
también, precisamente, un "decir". Si el bien no es objeto del 'la responsabilidad y el riesgo de la propuesta; no con la pre- 41
pensa~iento, es ~n el plan? del pensa~iento que se da está. tensión de haber capturado por fin el bien, sino con el co­
'ti
Imposible redUCCión, propia de él, a objeto pensable. De he~
cho, es en la rigurosa estructura de la implicación de la idea
y de la contradictoriedad de su objetivación y visibilidad (so
pena de transformarse en una de las "cosas" que requieren
'nocimiento de su excedencia y de su intraductibilidad en
9bjeto de la doctriml. Es cierto que la elección platónica se
actúa en el seno deja realidad de la polis y no es por tanto su
',1 propuesta la que interesa aquí, en la medida en que el pro­
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precisamente la explicación que no contienen en sí) que de. blema no es citrtamente el del "retorno" a una era polftica

vez ~n cuando se reconq~ista su radical exce?encia. , que habría sid.omás feliz. Lo que parece importante es, en

No obstante, con lo dicho no se da todavla razón, den­ cambio, el conocimiento del riesgo y de la no deductibili·
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tro del discurso de la República, del plano de la acción
política del hombre, sino únicamente del acto noético,
que necesariamente parece implicar el pensamiento de la .
práctica como pensamiento de la estructura de la acción.
dad de la acción a partir de la teoría en "este" Platón, que
sería algo diferente de un precursor, como con frecuencia se
le presenta, con una concepción cientificista (Voegelin dir(a
doxástica), en clave moderna de la poHtica.

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Al contrario, la construcción de la política moderna. arácter absoluto de los mismos en el contexto mismo)
diante la reducción de la justicia a un orden formal , antes bien, el intento de comprender su sentido deter­
mensión impersonal del poder, el concepto de repr! ado en razón del modo que tienen de enlazarse redpro­
tación y el instrumental del derecho formal-, preteu. ente dentro de condiciones teóricas de conjunto, cuya
constitución de un espacio de normalidad y de seguri, sformación conlleva también la transformación del sig­
perdiendo al mismo tiempo el conocimiento de la m; cado mismo de los conceptos y de los términos. La re­
decisión que ha producido aquella forma y exorcizan· ~i6n sobre la política que estas condiciones teóricas im­
riesgo de la relación con la idea dejusticia, que resulta d, ca, aun cuando no se tenga pleno conocimiento de esta
minada mediante una razón precisamente formalista.; ,plicación, se actúa en el seno de una realidad determi­
pretendida verdad de la forma política parece propi .a, de la que es inseparable y con la cual interactúa de
cluso de las versiones que parecen implicar una raZón n.. era no unívoca y no siempre lineal. Por esto no es po­
deble, contentándose con reglas, con procedimientos, e e trascender el espacio de la realidad en la que se actúa
que es "democráticamente" posible eljuego entre los h eflexión política y dar cumplimiento o a imposibles "re­
bres. También en este caso, en favor de un determinado "nos" o a hipotéticos saltos adelante. No obstante. ni la
denamiento, se nie~a, mediante una labor de neutral¡za:~l 'flexión política antigua ni aquella que se inicia con el mo­
no neutral, la relacIón arriesgada con la idea de justicia~ rFrno jusnaturalismo pueden ser entendidas como cerra:
El resurgimiento de una reflexión filosófica en el senO; en sí mismas y autosuficientes. sino que muestran en su
la política moderna no llega a tener el significado de la terior una demanda radical de la que no siempre saben
puesta de otros modelos viejos o nuevos, antiguos o " ,r razón. En el surgimiento de esta demanda se manifies­
modernos", ni el de la nueva propuesta de una "crisis el acto más propiamente filosófico en relación con la po­
la razón o de una razón endeble o fragmentada, sino '@t y esto no comcide entonces directamente con la cien­
más bien conlleva un análisis de la ciencia y de la realr .política moderna y tampoco con la concepción política
tendiente a comprender el movimiento concreto ques~ os griegos, aun cuando en estos últimos, y en Platón en
en el saber y en la realidad más allá de la abstracción 'i . rticular, parece plantearse con mayor rigor el problema
mal. Desde este punto de vista puede surgir en la políl ;1. bien y de la justicia, naturalmente dentro del presu­
moderna aquello que no es decible con sus propias':" ~~to de la realidad de la polis.
gorías científicas, a saber, mediante la dimensión del p . ~~i pensar la política en un determinado contexto his­
de la legitimación, de la forma. Puede surgir aquello qqe~ ,iico y conceptual hace que surjan este problema y esta
puede volver a entrar en el esquema de la unidad pol~ i~p1anda, entonces la filosoficidad de este pensamiento no
o ~e aquel pluralismo que la unidad pr~su{l0ne o que.; ~interpretable y com{lrensible mediante las categorías de
umdad se refiere, o que no logra prescmdIr de la UnIe ~scriptivo" y "prescnptivo" que en el debate actual pare­
en cuanto que no logra prescindir de las conquistas prop ;ía que inevitablemente connota cualquier forma de pen­
del Estado de derecho. y;> iento que contemple el mundo de la práctica, de ma­
Desde el punto de vista del análisis histórico del pe· :a tal que a una mera descriptividad del estado de las
miento, de todo lo que se ha tratado de decir se puede se puede únicamente huir mediante una fundación
cabar la necesidad de tener conocimiento de la historicid¡ .valores que indiquen con seguridad la vía del combate y
determinada de los conceptos políticos} que no implica s' pelvan el problema del "¿qué hacer?!!. 'Este acercamientq
plemente la colocación de los mismos en el contexto histo .08ófico en realidad no es "prescriptivo". en la medida en

co, ni mucho menos la relativización de su validez para, e no puede traducir la necesidad de referirse al bien

contexto (de la que derivaría también la exhaustividad la justIcia de un saber que posea la idea como su objetol

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El sentido de las palabras



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