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ANÁLISIS DE LECTURA
Nombre del alumno: Edgar Álvarez Quintana
Nombre del maestro: Erwin López Ríos
Materia: Estudio de Casos Clínicos
No. De Lectura: 2. Fragmento de análisis de un caso de histeria”, Sigmund Freud
Fecha: 14/07/2019
Tema: Integración del expediente clínico

PRESENTACIÓN

El siguiente análisis de lectura, tiene por objetivos, conocer cómo se relaciona la teoría con
la práctica clínica, la utilidad de los conceptos teóricos para reflexionar la práctica, así como la
lógica de los procesos psíquicos y los errores más comunes en la práctica. Por otro lado, también
se trata de reflexionar sobre cómo el paciente va construyendo su propio caso a la luz de la
escucha, además del cómo construye sus síntomas psicopatológicos, y así reconocer la
importancia teórica del modo narrativo mediante el cual los pacientes narran su vida. Es
importante señalar, que la edición del texto leído fue terminada por primera vez 15 meses
después del término del tratamiento, tiempo en el que Freud pudo esclarecer algunos errores y
avatares de la técnica empleada, a la luz de la transferencia. Dichos errores sentaron las veces
para comprender con mayor profundidad la actualización y la reelaboración de los procesos
psíquicos, y la oportunidad que como psicólogos tenemos para colocarnos en un rol que permitan
ayudar al paciente a solucionar la conflictiva inconsciente que lleva consigo. Cabe señalar que el
tratamiento tuvo una duración de 3 meses (hecho por el cual le llama fragmento), interrumpido al
final por Dora, en parte como una venganza hacia el propio Freud, actualizando en transferencia
lo que le había sucedido con su padre y el Señor K, quienes fueron los personajes principales en
la vida de la paciente atendida por Freud, además de la Señora K, la madre de Dora, las
gobernantas y la familia de los Señores K.
La presentación del caso de Dora, es a manera de ensayo, donde por medio de una
narrativa, tal como declara el mismo Freud en el epilogo del texto puso “de relieve los lugares en
que el análisis tropieza con los fundamentos orgánicos de los síntomas”, tales como la solicitación
somática, los gérmenes infantiles de la perversión, las zonas erógenas y la disposición
constitucional a la bisexualidad.
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Para entrar de lleno en el análisis, en la “palabras preliminares”, entre otras anotaciones,


Freud señala a grandes rasgos la técnica utilizada con el paciente, en la que dejó que “el enfermo
mismo determinará el tema de trabajo cotidiano”, y sólo entonces partiría “de la superficie que el
inconsciente ofrece a su atención en cada caso”, a diferencia de cómo centraba su técnica
anteriormente, al trabajar con los “síntomas y fijarse como meta resolverlos uno tras otro”
(parecido quizás a lo que sucede con lo cognitivo conductual). Por otro lado, la intención de Freud
al presentar este caso clínico fue poner de “relieve el determinismo de los síntomas y el edificio
íntimo de la neurosis” mencionando también al final en el epílogo, que le “pareció impracticable
tratar al mismo tiempo la técnica del análisis y de la estructura interna de un caso de histeria”.
También, es importante la aclaración que hace respecto a que el material de sus hipótesis “se
obtuvo mediante la más amplia y laboriosa observación” (tomándolo en su valor real, sin que
suene parecido a mantra). El material del cual se nutrió el análisis fue a partir de
“representaciones, itinerarios de pensamiento, mociones inconscientes” de la paciente Dora,
quien padecía un trastorno de histeria. Dado dicho trastorno de somatización implica la aparición
de síntomas físicos cuya observación de diversos profesionales puede caer en sesgos
calificándole de enfermedad física, en su momento Freud manifestó que ante la “falta de
aprehensión de las alteraciones químicas, anatómicas-patológicas”, que expliquen dichos
fenómenos “la teoría la sustituye (a esta aprehensión) provisionalmente por la función orgánica”.
El caso de Dora se presenta con los objetivos anteriormente descritos, además de ser una
especia de ilación con uno de sus trabajos anteriores (La interpretación de los sueños). De esta
manera, otra de las técnicas psicoanalíticas utilizadas fue la mencionada anteriormente, y así es
como se presenta el caso, organizado en el cuadro clínico, el primer sueño, el segundo sueño y el
epilogo. Para comprender la construcción del paciente, cabría señalar que en el último capítulo, el
autor señala que “los síntomas se pusieron al servicio de motivos vitales externos”. Dora fue
una paciente que sufrió de histeria, misma que Freud definía como el padecimiento en el que una
persona “sea capaz o no de producir síntomas somáticos, en quien una ocasión de excitación
sexual provoca predominantemente o exclusivamente sentimientos de displacer”; entre los
síntomas que presentaba su cuadro clínico eran los siguientes: rigidez muscular, jaquecas,
episodios de tos intensa, entre otros, mismos que no tenían ningún padecimiento de origen
orgánico; además, del direccionamiento de la libido sexual hacia la mujer, derivado de una
“sofocación enérgica” cuando habría dirigido su libido al hombre a edades muy tempranas. Dentro
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del cuadro clínico que Dora presenta, Freud vuelve a afirmar las condiciones psíquicas para que
un cuadro así aparezca, las cuales son: “el trauma psíquico, el conflicto de los afectos y la
conmoción de la esfera sexual”. En el caso de Dora, el trauma fue el requerimiento amoroso del
Señor K y la ofensa que le ocasionó a la paciente (en el lago y en la tienda); el conflicto de los
afectos sería el amor (reprimidos, ya transferidos) que Dora sentía por el Señor y la Señora K, tal
como se explica en la definición de histeria propuesta líneas arriba.
En el primer capítulo del cuadro clínico, además de presentar referencias clínicas de la
paciente, así como su biografía, Freud menciona referencias clínicas de la familia, así como
tratamientos y padecimientos, y las relaciones que la paciente establecía con su familia, lo cual es
el centro de interés del tratamiento psicoanalítico, ya que configuraron el cuadro histérico (modelo
aprendido). A través de este recorrido, el lector puede ver como Freud encontró los vestigios del
padecimiento de Dora, realizando las más de las veces las construcciones y ligazones con base
en lo que la paciente presentaba, añadiéndose en algunas ocasiones las construcciones del
mismo Freud a través del análisis de la transferencia y develando las inconsistencias de la
paciente (las disculpas a la Sra. K por calumniarla que encubrían su amor bisexual); de esta
manera se da explicación de los síntomas de Dora (como el asco, la afonía), mismos que se
solucionarían explorando su “intención psíquica”, el anudamiento de algunas conductas,
reproches, recuerdos encubridores y pensamientos hipervalentes, además de la forma en cómo
Freud guió sus preguntas hacia la paciente (con cautela y a secas). Un punto importante a
señalar, es el análisis teórico de la negación, ya que ante las respuestas de Dora tales como “no”,
Freud les consideraba la “expresión de un juicio imparcial”.
Ya en el capítulo 2 y 3, donde se narran 2 sueños de Dora, a través de los cuales tomó
rumbo el tratamiento, la interpretación de estos, fue aplicable al ”descubrimiento de lo escondido y
lo reprimido en el interior de la vida anímica”, ya que “el sueño hace pasar en imágenes lo que no
puede decirse”. La paciente relataba su sueño, mientras Freud realizaba preguntas exploratorias,
pesquisando lo “ambiguo”. Para Freud, todo sueño era “un deseo al que se figura como
cumplido”. Estos se expresan mediante una “única forma de pensamiento: la figuración de
deseos”. Enseguida menciona una especie de topografía del sueño, en donde “un sueño en regla
se apoya, por así decir, en dos piernas, una de las cuales está en contacto con la ocasión actual
esencial, y la otra con un episodio relevante de la infancia”. Aquí sería preciso poner en viñeta el
tema de la autoacusación y autocastigo, así como la identificación con la madre, la suposición de
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poseer al padre y la masturbación infantil (psicopatología de la vida cotidiana). Más importante


para el psicólogo, considero el significado que extrae del sueño cuando se interpreta el designio
de alejarse de la casa, en la cual Dora corría peligro.
Con el que caso de Dora, Freud dilucidó en su primera edición varios de los errores que
cometió (lo cual llevó a la paciente la ruptura prematura del tratamiento), a la luz de la
transferencia, destacando que Dora ponía a su disposición en “la cura una parte del material
patógeno”, olvidando “tomar precaución de estar atento a los primeros signos de la transferencia
que se preparaba con otra parte de ese mismo material”. Dora consideraba inconscientemente a
Freud, en su fantasía como un sustituto de su padre (buscando ternura), de esta manera, al igual
que con éste y el Señor K. también abandonó a manera de venganza. No obstante, en el mismo
epílogo Freud ofrece una serie de alternativas, que hubieran podido dar acceso a nuevo material
mnémico, por medio de la interpretación de la transferencia, es decir, Freud considera que si le
hubiese interpretado a Dora algunos aspectos del sueño a través de la transferencia (en relación
con él) la paciente hubiera tenido oportunidad de develar otros aspectos de su vida, como la
venganza, entre otros.
CONCLUSIÓN

De manera análoga, tal como Freud menciona en la página 44 del caso de Dora, “antes de
emprender el tratamiento de una histeria es preciso estar convencido de que será inevitable tocar
temas sexuales, o al menos estar dispuesto a dejarse convencer por las experiencias”, el
conocimiento y el experiencia de subjetividad a través de los datos que recogemos en la escucha
y en la transferencia, son la brújula para orientar nuestras intervenciones, ya que gracias a las
aportaciones teóricas de psicología profunda, sustentadas en la evidencia clínica, se puede
entender que muchos de los cuadros clínicos que presentan los pacientes (llámese obsesiones,
limite, angustia, entre otros) están configurados a través de su historia y las interacciones que
este entabló a partir de sus motivos inconscientes. Es necesario hacer hincapié, en la búsqueda
de las inconsistencias, ya que esos huecos suelen ser el origen olvidado de la mayoría de los
síntomas. Más importante aún me parece señalar, el hecho de trabajar en transferencia dichos
avatares, ya que de ello depende la posibilidad de una nueva solución en virtud de la repetición,
ya sea con el mejoramiento de lo que convoque al consultorio a paciente y psicólogo, así como su
continuidad en el proceso terapéutico, cabiendo aquí la confesión que nos angustia a muchos
colegas, que es el hecho de que los pacientes permanezcan o no en psicoterapia.