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UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

TRABAJO FINAL DE GRADO:

“Perspectivas teóricas sobre el envejecimiento”

Tutora: Mag. María Carbajal

Revisora: Dra. Lucia Monteiro

Estudiante: Fabio Retamosa

C. I: 3.870.529-4

Montevideo, 14/02/17
Índice:
Resumen 2

Capítulo I
Datos demográficos, proyecciones de crecimiento de la población y longevidad 3
Introducción 7

Capítulo II
Períodos de investigación del envejecimiento 10

Capítulo III
Las teorías y sus clasificaciones 15
Generaciones de teorías 16
Teoría de la Desvinculación, el Desapego, la Desafiliación 16
Teoría de la Actividad 17
Teoría de la Modernización 19
Teoría de la Estratificación Etaria y de la subcultura 19
Teoría de la continuidad 20
Teoría de la competencia social 20
Teoría del Intercambio Social 21
Teoría del Ciclo Vital 21
Teoría del Curso de la Vida 22
Teoría de Estratificación por edad 22
Teoría de la economía política del envejecimiento 23
Gerontología Crítica 24
Gerontología Feminista 25
Pos –gerontología 25

Reflexiones finales 27

Referencias bibliográfica 30

1
Resumen

La presente monografía abordará algunas de las principales teorías del


envejecimiento y su agrupación en generaciones determinada por la década en que
fueron formuladas. Se comenzará con una investigación de datos demográficos de la
población mundial y de Uruguay en particular, marcando la proyección de su
crecimiento y en la conformación de la población adulta mayor. Luego se realizará un
recorrido histórico de la concepción de la vejez, marcando los diferentes roles que se
le otorgó al viejo en cada época y sociedad, determinando representaciones sociales y
modos de relacionarse con éstos.
Se desarrollarán los tres momentos de investigación sobre el envejecimiento, y
una suerte de cronología de los hechos más destacados, responsables de dar inicio a
nuevas disciplinas, y con ellas nuevos campos de conocimientos en el proceso de
envejecimiento. Se hace fundamental abordar desde lo profesional cómo las diversas
disciplinas y teorías del proceso de envejecimiento inciden en los distintos modos de
envejecer.
La presente monografía tiene el interés de generar una instancia de pensar y
comprender el modo de concebir al viejo desde cada época y contexto. Se pretende
posicionar desde cada teoría y su perspectiva entendida y valorada como originales en
su momento histórico; para luego de terminado este recorrido poder confrontarlas,
crear y avanzar en el desarrollo del conocimiento sobre la vejez.

Se finalizará con una reflexión crítica sobre la importancia en la profundización


de la temática desde una mirada ética, respecto a cómo las diversas construcciones
teóricas sobre el envejecimiento van cambiando y generando nuevos paradigmas que
toman vigencia y redefinen el modo de concebir y actuar con las personas adultas
mayores.

Palabras claves: teorías del envejecimiento, persona adulto mayor, construcción


social.

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CAPÍTULO I

Datos demográficos, proyecciones de crecimiento de la población y longevidad

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2016) revela que el envejecimiento


mundial se está dando más rápido que en años precedentes. En el 2015 son 600
millones de personas mayores a 65 años en el mundo, en el 2050 será de 1.500
millones, es decir más del 15% de la población mundial.

Uruguay se encuentra en los primeros lugares de América del Sur respecto a


los países con las tasas de crecimiento más bajas y una estructura envejecida de la
población, según informa la Comisión Económica para la América Latina (CEPAL,
2010). Cuenta con una estructura etaria que da muestra de un alto envejecimiento
demográfico, encontrándose como el país más envejecido de la región en el segundo
lugar después de Cuba. Viven 484.407 personas mayores de 65 años, lo que
representa el 14% de la población total. La población de 65 o más años pasó de
representar el 7,6% del total en el censo de 1963 al 14,1% en el Censo 2011. A la
inversa, en el período 1963-2011 se verifica un importante descenso del porcentaje de
población menor de 15 años, que pasó de representar el 28,2% de la población en
1963 a constituir el 21,8% en 2011. Hay 67 personas de 65 años y más por cada 100
personas menores de 15 años. Esta relación fue en aumento en los últimos 15 años
donde se pasó de 51 en 1996 a 67 en 2015 (INE, 2016).

La Organización de las Naciones Unidas (ONU, 1956) clasificó a los países en tres
grupos, por un lado la población estructuralmente joven (los que presentan menos del
4% de personas de 65 años y más), poblaciones maduras (los que tienen entre 4% y
6% de personas mayores de 65 años y más) y poblaciones envejecidas (los que
superan el 7% de personas de 65 años y más

Según el Instituto Nacional de las Personas Mayores (INMAYORES, 2015) la


esperanza de vida al nacer es de 80,46 años para las mujeres y 73,62 años para los
hombres. 6 de cada 10 personas mayores son mujeres, equivalente a 1,5 mujeres por
cada hombre adulto mayor, esto revela un predominio femenino en esta población. El
peso de las personas mayores de 85 años dentro del universo de personas mayores
ha experimentado un incremento, el índice de sobreenvejecimiento ha aumentado de
9.6% en 1996 a 13.2% en 2015. En Uruguay dentro del grupo de personas con
edades comprendidas entre 65 años y los 84 años, los hombres representan el 41.6 %
y las mujeres el 58.4%. Al analizar qué ocurre con las personas de más de 85 años, se
obtiene que la proporción femenina aumenta y alcanza un 70.3% frente a un 29.7% de

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la masculina. Se marca aún más la feminización en este tramo, ya que si de cada 10
mayores de 65 años 6 son mujeres, en mayores de 85 años 7 de cada 10 son
mujeres, marcando la mayor longevidad de la mujer y la feminización de la vejez.

Otro dato relevante es que referente a la viudez es significativamente más frecuente


en las mujeres adultas mayores que en los hombres adultos mayores. Un 45,7% de
las mujeres son viudas frente a un 12,7% de los hombres.

El 87,4% de las personas adultas mayores cobra una jubilación y/o pensión, las
mujeres acceden en menor medida a las jubilaciones que los hombres (62,2% frente a
83,8%) y en mayor medida a las pensiones (51,7% frente a 7,5%). Este aspecto es
negativo para las mujeres dado las pensiones implican menores ingresos y menores
derechos asociados que los percibidos por concepto jubilatorio.

Las enfermedades crónicas no transmisibles han cobrado un peso significativo dentro


de las causas de defunción, a raíz del desplazamiento de la mortalidad hacia edades
más avanzadas. Las enfermedades crónicas incrementan la probabilidad de sufrir
limitaciones de la capacidad funcional conforme aumenta la edad, y suelen convertirse
en un obstáculo para el desarrollo de una vida autónoma en la vejez, contribuyendo a
la incidencia de la dependencia a medida que aumenta el número de enfermedades.
El 11,5% de las personas adultas mayores se encuentra en situación de dependencia,
de las cuales un 3,2% se encuentra en situación de dependencia severa. Una de las
soluciones a cuidados y hogar para estas personas dependientes son los centros de
residencia, donde 8 de cada 10 residentes son mujeres.

Según la OMS (2016) la necesidad de asistencia a largo plazo aumentará de tal forma
que en el siglo XXI es esencial y necesario que todos los países dispongan de un
sistema integrado de atención crónica, dejando atrás el modelo de red de protección
para los más vulnerables y transformarse en sistemas que mejoren en lo posible la
capacidad funcional de las personas adultas mayores y le permitan vivir con
autonomía y dignidad. Se prevé que en el 2050 se habrá cuadruplicado el número de
personas adultos mayores que necesiten ayuda para realizar sus actividades
cotidianas.

Las consecuencias de estos cambios tienen repercusiones directas no solamente en el


aumento de las demandas de servicios de salud y cuidados, la verdadera urgencia
será la diferenciación de dichos servicios y cuidados, dada la heterogeneidad de esta
población. Esta composición tiene que ser tomada en cuenta para el diseño y la
implementación de políticas públicas orientadas a las diferentes realidades y
necesidad por género.

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Según la Organización Panamericana de la salud (OPS) y la OMS, entre los
logros más destacables del siglo XX están el aumento de la longevidad, la disminución
de la fecundidad y el mejoramiento de la salud. Para que este aumento de la
longevidad no sólo signifique que la gente viva mayor cantidad de años, sino que éstos
puedan ser vividos con calidad, se hace imperante pensar acerca de cuáles son los
recursos preventivos, de asistencia y rehabilitación de los que disponen las personas
adultos mayores.

Un fenómeno inédito y por un largo tiempo irreversible salvo cambios extremos, es el


fenómeno del envejecimiento demográfico, desafío a ser abordado por distintas
actores y a varios niveles como el sistema de productividad, servicios sociales,
servicios de salud, instituciones académicas, entre otras tantas (Berriel, 2003).

Cambios en las variables demográficas (mortalidad, natalidad y migración) generan


cambios en la composición etaria de la población. Se denomina transición demográfica
al proceso de extensa duración que parte de una situación de bajo crecimiento
demográfico marcado por altas tasas de mortalidad y natalidad, llegando a otra
situación de bajo crecimiento pero como resultado de bajas tasas de mortalidad y
natalidad. En la medida en que avanza la transición demográfica y se produce
descensos de la mortalidad y de la fecundidad, se asiste a un proceso paulatino de
envejecimiento de la población (INMAYORES, 2015).

En los países desarrollados el proceso de envejecimiento ha sido gradual, mientras


que en América Latina se ha dado a un ritmo acelerado. La restauración etaria de la
población es el aspecto más importante de los cambios demográficos observados y
proyectados para la región.

El Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE, 2015), elaboró una


tipografía para clasificar a los países de la región de acuerdo a sus trayectorias en el
proceso de transición demográfica en los años 90. A partir de ellas, establece cuatro
agrupaciones: transición insípida, transición moderada, plena transición y transición
avanzada.

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Cuadro 1.

Transición demográfica: tipología CELADE

Fuente: INMAYORES, 2015

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Introducción

La historia marca que la cultura y la civilización, han ido generando varias


disciplinas y juicios sobre la vejez, perspectivas no unánimes portando éstas
estereotipos positivos y negativos en lo que refiere a la vejez. Lerh (1980) afirma que
fueron muchos los poetas y pensadores que se ocuparon a fondo del proceso de
envejecimiento. Es así que cada vez que se realice un recorrido por diferentes épocas,
culturas o teorías, se está aportando de algún modo a recrear la historia.

Se hace imperante conocer las concepciones y consideraciones que se han producido


sobre la vejez a lo largo de la historia según las culturas, porque todos estos aportes
de pensadores, literatos y científicos son los antecedentes del desarrollo de la
investigación posterior y especialmente del nacimiento de algunas disciplinas. Es por
ello que a continuación se hará un recorrido por la historia y sus diferentes culturas
sobre las diferencias concepciones sobre el viejo y la vejez.

En la literatura bíblica la vejez es considerada de una forma positiva


destacándose la dignidad y la sabiduría de las personas mayores, éstas se convierten
en ejemplo y modelo a seguir.

En la cultura griega son variados los atributos y expectativas acerca de las


personas mayores a través de los diferentes modelos culturales que jerarquizan las
edades del individuo y las capacidades propias de cada edad.

Así la concepción platónica adopta una postura de máximo respeto por las
vivencias de las personas mayores. Elogia a la vejez como etapa de la vida en la que
las personas alcanzan la máxima prudencia, discreción, sagacidad y juicio, les ofrece
en la comunidad funciones de gran divinidad y responsabilidad, incluidas en directivas,
administrativas y jurisdiccionales y superiores en estima social. Una visión positiva de
la vejez, así como introduce el ingrediente de la importancia de la prevención y
profilaxis.

La concepción aristotélica por el contrario, presenta una imagen negativa de la


persona adulta mayor. En su Retórica (libros II, XII, XIIIXIV, 3) destaca el afán de
disputa en la edad avanzada e interpreta la compasión como una debilidad. La
“senectud”, que es la cuarta y última etapa en la vida del hombre, equivale a deterioro
y ruina. Es una etapa de debilidades digna de compasión social e inútil socialmente.

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Las personas adultas mayores son caracterizadas como desconfiadas, inconstantes,
egoístas y cínicas, como así también asociando la vejez con la enfermedad.

A estas visiones antagónicas las sucederán otras matizadas, que serán


además, las responsables de muchos de los estereotipos tanto positivos como
negativos presentes en la sociedad actual.

En la edad media se trasmiten y acentúan ciertos estereotipos ya naturalizados


y asumidos por las tradiciones precedentes. Es así que se dice que la forma de
envejecer depende en gran medida del rol de la persona adulta mayor que determina
la sociedad.

En la época renacentista se rechaza lo senil y lo viejo, se evade el tema de la


muerte, se impone una imagen melancólica de la persona adulta mayor e incluso se le
atribuyen artimañas, brujerías y enredos.

Del mismo modo cada sociedad y cultura atribuye un rol determinado al viejo, y es
este rol el que definirá al sujeto y a la diversas formas de trascurrir la vejez.

Grecia se puede observar una ambivalencia marcada por una admiración a la


sabiduría y experiencia, ocupando el viejo lugares privilegiados en el orden jerárquico,
pero por otro lado el desprecio al cuerpo viejo y la veneración al cuerpo joven y la
búsqueda de la juventud eterna.

En la época feudal el lugar del viejo estará ligado a lo material, más


específicamente a la propiedades, el viejo propietario era valorizado y el viejo
campesino no.

La Revolución industrial en el siglo XIX, acentúa una característica social


trascendente, por un lado la explotación en las fábricas con muchas horas de trabajo,
por otro la trayectoria de muchos años en las misma fábricas, logrando una estabilidad
en el sentido de pertenencia, en un rol determinado, status jerárquico definido, pero de
igual manera sigue creciendo aún más la brecha entre el dueño de la fábrica y el
trabajador. El adelanto maquinista quitó valor a la experiencia del viejo, y es así que la
edad adquiere una descalificación, cayendo su valor de sabiduría por acumulación de
experiencia por caducidad de saberes, ante los nuevos saberes tecnológicos.

El Siglo XX, heredero de estereotipos desarrollará una imagen de las personas


adultas mayores influenciada por las ciencias, como por ejemplo la Psiquiatría,
Psicología y los medios de comunicación. Se refuerza la visión patológica, fijando un

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estereotipo de un proceso de decadencia, deterioro, pérdida de contacto social y
facultades mentales.

Es en estos diversos contextos históricos es que surgieron un vasto número de


teorías, y son las mismas teorías sobre el envejecimiento que harán que la imagen
dada por las disciplinas, medios de comunicación e instituciones tengan ahora un aval,
un sustento científico, que producirá verdades y subjetividades en todos los ámbitos
que refieren a la vejez, el sujeto viejo, la forma de vivir su vejez, la relación con los
viejos y su rol social. Esta coyuntura será propicia para el surgimiento de una potencial
ciencia social que se ocupe de ello. En relación a esto, Iacub (2011) alude a la noción
de campo de conocimiento el cual implica

una particular cosmovisión que organiza y concentra la experiencia (Klein,


1990) lo cual determina que las preguntas que se piensan o formulen se
encuentren limitadas al material, a los métodos y a los conceptos que se
utilizan previamente; o, como señala Katz (1996:2), “son superficies retóricas
que obscurecen órdenes políticos y jerárquicos más profundos”. Por esta
razón, resulta necesario considerar el sentido ideológico del conocimiento
producido. (Iacub, 2011, p.35)

Es así que el contexto en definitiva va entramando un concepto de vejez, que incluye a


su vez nuevos significados. Green (citado por Iacub, 2011) habla de lo necesario de la
multiplicación de discursos que den cuenta de la vejez, del envejecimiento o del viejo,
y que se dé desde un lenguaje tanto, médico, demográfico, económico, humanitario y
también legislativo que hagan a este fenómeno visible para tanto la sociedad como
para las diferentes ramas de la ciencia. Se desprende de esto la importancia del
contexto histórico, social, económico, político ya que son variables en la concepción de
viejo. Las representaciones sociales y sus prácticas son las que construyen al sujeto
dándole un significado determinado.

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CAPITULO II

Períodos de investigación del envejecimiento

Birren (1961) distingue tres períodos históricos en la investigación del


envejecimiento, luego Lehr (1980) lo continuará, sumándole una etapa previa de
manifestaciones pre-científico. Se diferencian tres etapas o períodos en la
investigación del envejecimiento, el Período Inicial entre 1835 -1918, el período del
comienzo de la investigación Sistemática entre 1918-1945, y el período de Expansión
de las investigaciones sobre envejecimiento a partir de 1945 en adelante.

El Período Inicial (1835 - 1918) está basado en investigaciones antropométricas


y de funciones, con la intención de lograr medidas objetivas. Así la obra Sur I´homme
et le devoloppment de ses facultés del matemático y estadístico belga Quetelet (1835),
dará fin por un lado al período pre-científico en el estudio del envejecimiento. Se inicia
con los métodos cuantitativos y se abandona los recursos tales como la intuición y la
observación personales, asiladas y casuísticas. Fueron los primeros intentos de
buscar relaciones y sistematizar resultados sobre la naturaleza del hombre y el
desarrollo de sus facultades. El autor estudió las variables físicas, corporales e
intelectuales del hombre medio utilizando la edad como variable independiente.
Concluyó cómo la edad determina variables físicas del individuo (como el peso, la
estatura, fuerza corporal energía, etc.); así como las variables psíquicas (relacionadas
con la inteligencia, las emociones y los intereses); asimismo recalcó cómo otros
factores intervienen con la edad a la explicación de esas varianzas. El autor manifestó
la importancia que tiene establecer los principios que rigen el proceso por el que el ser
humano nace, crece y muere, destacó la relación entre las influencias biológicas y
sociales, incluso en el proceso de envejecimiento.

Por otro lado el investigador británico Galton (1884) con sus estudios
antropométricos a más de 9000 personas, estudió las modificaciones físicas que el
organismo humano sufre en el aumento de la edad y su correspondencia con los
cambios en psicomotricidad, cambios en la percepción y en los procesos mentales
más elevados. Repitió las investigaciones a los mismos sujetos en distintas edades de
su vida y por lo tanto destaco la eficacia de las investigaciones longitudinales.

Durante el siglo XVII y XIX se dan los primeros indicios desde los profesionales de la
psicofisiológica y psiquiatría de una línea médica geriátrica, con investigaciones sobre
modificaciones y manifestaciones patológicas específicas, basadas en la observación

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y el tratamiento de personas adultas mayores en hospitales con problemas de
trastornos y déficit mentales y conductuales

Para Comfort (1964) las investigación científica del envejecimiento comienza


con la publicación del libro de Bacon titulado History of Life and Death en el que se
plantea la idea, de que la vida humana se prolongaría en el momento en el que la
higiene y otras condiciones sociales y médicas mejorasen. Esta publicación mostraría
ciertos matices propios de la Geriatría.

El médico austríaco Nascher (1909) introdujo el concepto de Geriatría


(Geriatrics), como una rama de la medicina dedicada a atender las patologías
específicas de la vejez, paralelo al de Pediatría (Pediatrics), conquistando así un
nuevo campo y especialidad médica. Por ello ha sido considerado como el padre de la
investigación médica de la vejez interesada en los aspectos principalmente biológicos
y psicopatológicos, considerando los aspectos de declive biológico de las personas
adultas mayores. Seguidamente respondiendo a una puja de una coyuntura social,
surgirá una perspectiva del sujeto desde un corte social, cuestionando a la patología
desde un presupuesto epistemológico diferente, ahora desde la multi-determinación de
la patología en grupos con ciertas particularidades. La patología es pensada desde la
noción de edades, dicha respuesta devendrá de la importancia que la burguesía de la
época le comienza a dar a la edad del hombre. Esta nueva perspectiva determinará
posiciones y roles específicos definidos según su momento evolutivo, habilitando o
inhabilitando al Sujeto para realizar o no ciertas actividades o funciones.

Este movimiento realizado por Nascher desencadenará futuros artículos que


ampliarían esta nueva perspectiva, aunque con consecuencias negativas personales
y un descontento dentro del ámbito de la medicina en ese entonces ciencia
dominante, pero el paso ya estaba dado.

En el segundo período denominado Sistemático (1918 a 1940) predominó una


visión negativa de la vejez y comenzaron los estudios de rendimiento en viejos,
basados en un método experimental.

Se comienza a vislumbrar una mayor sensibilidad e interés por el estudio del ser
humano en su desarrollo, por el énfasis que se vivía en este período sobre en el
estudio del envejecimiento o de la senectud, aunque este interés esté aún lejos del
interés evolutivo que se tiene de otras etapas como la infancia y adolescencia.

Ramón y Cajal (1932), histólogo y neurólogo publicó El mundo visto a los


ochenta años, ensayo que fue producto de su auto-observación, éste contiene

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importantes observaciones y descripciones sobre gerontología y sus bases
psicológicas y sociales.

La alemana Bühler (1933), estudia el ciclo completo de la vida para obtener una visión
conjunta de la existencia, desde la primera infancia hasta la vejez. Estudia la
correspondencia entre la edad, los procesos biológicos y los procesos psicológicos,
basado en el intento de separar la biografía de la persona de sus cambios biológicos,
obteniendo resultados parciales. Concluye que no existe una perfecta sincronización
entre las curvas de edades y la curvas evolutivas o desarrollo psicológico y existencial,
dando cabida a otro conjunto de factores personales, ligados a las tendencias básicas
del individuo, marcando su estilo vital individual, factores supraindividuales, valores o
roles sociales, que lo llevan a formas vivenciales distintas.

Stanley Hall (1922) publicó a sus 80 años de edad el libro “Senescencia, the
last half of life”, éste se convirtió en la primer investigación de la vejez realizada en
Estados Unidos desde la psicología ampliando el enfoque e incluyendo la historia, la
antropología, la sociología, pensando a la vejez como un fenómeno multideterminado.
Plantea una posición crítica a la concepción reinante de déficit, aludiendo que las
diferencias individuales influyen mucho más que en la juventud, y que el miedo a la
muerte es mayor en jóvenes que en los viejos.

Por otro lado, Miles (1928) funda el primer instituto en la Universidad de Stanford,
California destinado a estudiar los problemas del envejecimiento y basado en el
rendimiento mental.

El investigador ruso Rybnikob (1929) alude al término gerontología como la


investigación del comportamiento de la edad provecta, la cual debe considerarse como
una rama de especialización dentro de las ciencias del comportamiento. Tiene como
finalidad investigar las causas y condiciones del envejecimiento así como también el
comportamiento relacionado con la edad.

Se puede considerar cómo las palabras Geriatría o Gerontología en


tanto marcos del pensamiento disciplinar, autorizan ángulos y perspectivas
para pensar, distribuir y organizar los conceptos, los cuales aseguraban los
propios límites del campo y por otro lado los de su propia identidad. (Iacub,
2001, p.440).

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El tercer período denominado de Expansión (1945) comienza con fuertes
investigaciones con informes detallados presentados en congresos, es así que en una
Psicología centrada en el rendimiento y las funciones, comenzará a predominar en los
estudios psicológicos de la personalidad y la Psicología Social, aumentando
significativamente las investigaciones en la órbita de la Sociología.

Este período está marcado por el comienzo de un reconocimiento de la especialidad


del conocimiento gerontológico, objetivado y socialmente plasmado a través de
instituciones, congreso y revistas. El impulso definitivo vendrá luego de la Segunda
Guerra Mundial que no ha cesado hasta la actualidad, con un incremento progresivo
de estudios e investigaciones.

En el último medio siglo se ha generado e internacionalizado la conciencia social hacia


la comprensión de la problemática gerontológica, con una mirada y orientación
claramente interdisciplinaria o pluridisciplinaria. El avance en lo organizativo e
institucional de la gerontología avala las premisas de la orientación psicogerontológica
dentro de un marco general del tratamiento científico del proceso de envejecimiento.

En 1945, la Asociación de Gerontología Norteamericana (APA), aumentó


constantemente el número de miembros y asociados dedicados al objetivo fundacional
de la investigación sobre la tercera edad desde perspectivas interdisciplinares.
También en el mismo año en EEUU se creó la “Geronological Society”, como
asociación que desde su fundación destaca el objetivo de estudiar el envejecimiento
en la edad avanzada, siempre desde una perspectiva pluridisciplinaria para la
comprensión adecuada de la problemática gerontológica.

En 1946 aparecen las primeras revistas especializadas en gerontología,


“Journal of Gerontology”, contribuyendo de forma eficaz a la divulgación de los
trabajos científicos procedentes de las instituciones mencionadas. Comienzan a tener
gran resonancia las investigaciones sobre ámbito sociogerontológico referido al
bienestar social de la vejez

Un acontecimiento institucional destacado de esta etapa de expansión gerontológica


fue la creación en Lieja de la Asociación Internacional de Gerontología (1950) con la
finalidad de investigar los procesos del envejecimiento desde diferentes secciones,
biológicas, médico-clínica, de las ciencias sociales y del bienestar social, programando
congresos internacionales casi anuales que ha ido atrayendo cada vez más
participantes.

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En la década de los 60 la temática comenzó a llamar la atención en varias
ramas, las publicaciones aumentaron tanto en el ámbito de la biología celular,
fisiología, sociología, psicología, antropología, demografía, entre otras. Las altas tasas
de longevidad que se estaban alcanzando en un comienzo se crean características de
un fenómeno limitado a los países industrializados, pero datos a nivel mundial indican
que los incrementos en longevidad humana eran ya bastante generalizados en todas
las sociedades del mundo (OMS, 1988)

Finalmente, se creó en 1977 la Asamblea Mundial del Envejecimiento bajo el


patrocinio de la Asamblea general de las Naciones Unidas, impulsando en mayor
medida la investigación pluridisciplinaria en Gerontología, buscando dar respuesta al
problema actual del sector social de la persona adulto mayor en los ambientes
diversos del bienestar físico, psíquico social y económico.

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CAPÍTULO III

Las teorías y sus clasificaciones

Como se mencionó anteriormente, la Gerontología como especialización es de


origen reciente y lo es más aún la Gerontología Social.

No existe una teoría generalizada y consensuada que responda a todas las


perspectivas del momento, es así que Hidalgo (s/f), en su texto Hacia una gerontología
Social Crítica selecciona algunas apreciaciones de varios autores que hacen
referencia justamente a esta falta de unicidad teórica. Alude a Cristófalo (s/f) donde
éste refiere precisamente por lo intrincado del tema que “no hay buena y generalizada
teoría biológica del envejecimiento” (Hidalgo, s/f, s/p). Refiere a Moody (1988) donde
la falta de unicidad o coherencia teórica lo que hace que éste aluda sobre la
gerontología como “un ensamblaje multidisciplinario de esquemas explicativos, cada
uno invocando términos teóricos que sencillamente no se mueven dentro del mismo
universo conceptual. En cambio hace la salvedad que “no hay, y no debe haber, una
teoría del envejecimiento que cubra todas las otras por que el envejecimiento
conforme se aplica a la existencia humana es inherentemente multidimensional.”
(Hidalgo, s/f, s/p). Asimismo trae a Birren (1988), quien hizo notar que “la gerontología
es rica en datos y pobre en teoría”, y por otro lado Kastenbaufn (s/f) recalcó que “el
progreso de la teoría gerontológica no era acumulativo” (Hidalgo, s/f, s/p).

La edad, el envejecimiento y el envejecer sirvieron a la gerontología en sus estudios,


pero la división de la vida humana en etapas responde solo a una conveniencia
conceptual.

El autor cita al psicólogo y suizo Piaget (s/f) quien demostraría en varios


experimentos que desde los tres meses de desarrollo fetal en adelante el ser humano
ya reacciona a ruidos ambientales y estados de ánimo de la madre, así los científicos
sociales hablarán de conceptos como “sociabilización temprana” del hombre.

Hidalgo (s/f) se refiere al problema epistemológico y ontológico del estudio del


envejecimiento, cita a Durkheim (1985) quien apunta que

el ser humano es capaz de construir una realidad social única que


puede que tenga, o no tenga, algo que ver con la realidad natural. Este
asunto se complica aún más porque algunos científicos sociales asumen
que le mundo social es natural al ser humano; mientras que otros
científicos sociales, coinciden que el mundo social es un artificio
exclusivamente humano y que inclusive, nuestra concepción de “realidad”

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es un concepto social, que nada o poco tiene que ver con “la realidad”.
(Hidalgo, s/f, s/p)

Quizás por no haber una teoría generalizada aceptable que


explique cómo da inicio el mecanismo que causa el envejecimiento y su
estudio, es que mucho del énfasis en que la gerontología se movió es en
las consecuencias sociales del proceso del envejecimiento, esto será la
gerontología social. (Hidalgo, s/f, s/p)

GENERACIONES DE TEORÍAS

Las obras de autores como Schroot (1996), Bengstone (1997) Tornstam (1992
y 1994) guiarán la reflexión meta-teórica que se hace necesaria para poder dilucidar el
saber y el hacer gerontológico, los autores identificaron sucesivas generaciones
teóricas que fueron enmarcando diferentes aspectos del envejecimiento. Pueden
reconocerse tres generaciones de teorías sobre el envejecimiento según las décadas
en que fueron creadas, transformándose en una forma de agrupar y estudiar el amplio
abanico y mosaico de teorías reinantes.

Entre la década del 40 y 60 aparece la primera generación de teorías, que


incluye la Teoría de la Actividad, la Teoría de la Desvinculación, de la Modernización y
la Teoría de la Subcultura de la vejez.

Teoría de la Desvinculación, el Desapego, la Desafiliación

La teoría "disengagement theory" abordada por Cummings & Henry (1961)


explica el proceso de envejecimiento en base en los cambios en las relaciones que
producen entre los individuos y la sociedad de forma comprehensiva, explicita y
multidisciplinaria. Se basó en el estudio longitudinal de la ciudad de Kansas sobre la
vida adulta donde se destacó la disminución de contactos sociales que ocurren con la
vejez. Esta concepción supone que existe en la persona adulta mayor un retiro gradual
y natural de los contactos sociales, considerándose un proceso lógico y universal de
adaptación a las nuevas circunstancias vitales y a sus mermas capacidades sensorio-
motrices. Este proceso se consideraba deseable y normal en el sujeto. Además de
significar un ahorro de energía que permite evitar los conflictos con el entorno y una
preparación para la muerte.

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Se puede distinguir tres factores en dicha desvinculación. El primero y uno de
los más importantes, es la pérdida de roles al cambiar la posición del individuo en la
sociedad, por ejemplo en la jubilación. El segundo de orden más psicológico, es
definido por la cercanía de la muerte y de un futuro limitado, la toma de conciencia de
esta situación llevará el viejo a centrarse en sí mismo. El tercer factor se basa en la
evolución biológica del adulto mayor, quien asume que la pérdida de las capacidades
sensorio-motrices no permitirá mantener el mismo nivel de actividad.

A decir de Lehr & Thomae (1965) se produce una adaptación tanto a nivel individual
como social, permitiendo un recambio generacional a nivel socioeconómico visto como
productivo y funcional para la sociedad, es así que se da el retiro de las personas
mayores de algunos papeles y roles en la sociedad. En relación a esto, Iacub (2011)
alude que con la pérdida de la fecundidad se solía hablar de dos muertes, la
reproductiva cuando el sujeto muere para la especie y la del individuo propiamente
dicho. Actualmente se puede considerar la muerte social del adulto mayor producida
por la pérdida de espacios de valor, inserción y reconocimiento.

Para Cumings & Henry (1961) este proceso es pico-fisiológico, no depende de


variables sociales por lo que significa que se produce en todo tipo de cultura y tiempo
histórico. Al ser algo inevitable los profesionales de la salud deben orientar al viejo a
aislarse. Freud por su parte y post-freudianos, contribuyeron a la concepción pesimista
del envejecer, ser viejo era llegar a la máxima maduración posible desde lo físico
como desde lo psíquico. Por lo cual se produciría una involución o regresión a etapas
más primitivas, donde comenzarían a replegarse en sí mismos, sintiéndose frustrados
y resentidos, trayendo como consecuencia depresión o senilidad.

La vejez normal era conceptualizada como una vejez patológica, no era tenida en
cuenta la dimensión imaginaria ni simbólica del psiquismo humano, desconociendo
que éste puede permanecer inalterable e incluso fortalecerse.

Teoría de la Actividad

Havighurst (1953) en el libro Develolopmental tasks and education propugna el


concepto de actividades u ocupaciones en el desarrollo de la vida. Dichas actividades,
de realizarse con éxito en cada etapa brindarán felicidad, de fracasar o no ser
realizadas, producirán infelicidad y reprobación social.

17
El autor se basó en el estudio longitudinal realizado en la ciudad de Kansas (1955 y
1962) sobre la vida adulta, en el cual se estudió a 279 hombres y mujeres entre 50 -
90 años. Los datos que arrojaron el estudio apuntan a los tipos de personalidad como
la principal dimensión para describir los estilos de envejecimiento, éstos permitirán una
previsión de la relación entre el desarrollo de la actividad, los contactos sociales y la
satisfacción de la vida. La teoría de la actividad busca dar cuenta de cómo los
individuos se ajustan a los cambios relacionados con la edad.
Lemon, Bengston & Peterson (citado por Iacub (2011) entendían que cuanto
mayor actividad realizaba la persona adulta mayor, mayor satisfacción vital se
producía. Los autores clasifican las actividades en tres tipos, por un lado las
actividades informales (como las amistades), las formales (socio-recreativas) y las
solitarias (ocio, cuidados del hogar). Asimismo otros autores atribuyen el retraimiento
del adulto mayor a los prejuicios, y aluden que las actividades dependerán de la
motivación personal y el deseo de la persona. Por ello, no es la actividad por sí misma
la que es provechosa, sino lo que para el individuo tiene sentido de relacionamiento y
disfrute (Iacub, 2011).

La teoría de la actividad (Maddox, 1968), surge en oposición a la teoría del


desapego, el autor alude que las personas adultas mayores que no tienen actividades
o pierden roles sociales (como por ejemplo la jubilación) deben mantenerse siempre
en actividad evitando de este modo el estado de alienación e inadaptación. Esto se
puede visualizar en la actualizad, donde las personas adultas mayores se encuentran
en una suerte de activismo.

Como aspecto positivo de la presente teoría es que se toma en cuenta la


personalidad del individuo, así como los cambios biológicos y sociales, por lo que el
envejecimiento estará visto desde la personalidad previa y no será atribuida
únicamente por su edad (Salvarezza 1988).

Tanto la teoría de Desapego como la de la Actividad tienen un mismo punto de


partida aunque son opuestas. La diferencia reside en que en la primera teoría se
aconseja la desvinculación de las persona adulta mayor a las actividades y a su
entorno; en la segunda se buscará sustituir los roles y prácticas perdidas.

18
Teoría de la Modernización

La teoría de la modernización destaca la situación de la persona adulta mayor


relegándolo socialmente, no reconoce el estatus que históricamente se le otorgaba por
su sabiduría y experiencia, siendo despojado de ese lugar. Por lo tanto, se puede decir
que la posición social de las personas adultas mayores es ahora inversamente
proporcional al grado de industrialización (tecnologización).
Los avances en el campo de la salud y prevención han aumentado la esperanza de
vida en la población, esto se ve repercutido en las necesidades sociales y en la salud,
ya que respecto a esta teoría las personas adultas mayores pasarían a significar una
carga social, repercutiendo en sus condiciones de vida (Cowgill, l974; Cowgill &
Holmes, l972).

Teoría de la Estratificación Etaria y de la subcultura

Estes et al. (2001) sostienen que las sociedades agrupan a las personas en
diferentes categorías dependiendo de su edad; dicha práctica apunta a proporcionar
identidad social, así como también a determinar la distribución de los recursos.
Rose (1962, 1965) menciona que las personas adultas mayores “irían
adquiriendo características de un grupo aislado, homogéneo y excluido que daría lugar
a las diferenciaciones generacionales, organizando de esta manera la estructura social
y viceversa” (s/p).
En relación a lo anterior, Morales (2016) refiere que “algunas políticas públicas se
apoyan en la teoría de la sub cultura para argumentar la fundación de clubes y
hogares para jubilados, priorizando los vínculos entre personas mayores antes que el
intercambio intergeneracional” (p.12).

19
La segunda generación de teorías sobre el envejecimiento surgieron en el
período entre 1970 y 1985, elaboradas sobre la base de las anteriores o en franca
oposición y rechazo a ellas. Se incluyen la teoría de la continuidad, de la competencia
social, del intercambio, del ciclo vital, de la estratificación de la edad y de la economía
política del envejecimiento.

Teoría de la continuidad

La teoría de la continuidad apunta a la vejez como una etapa de la vida sin que
se dé un quiebre brusco entre la vida adulta de la persona y la vejez Rosow (1963)
Neugarten (1969) & Atchley (1987). Piña (citado por Morales, 2016) sostiene que las
personas a lo largo de su vida generan habilidades, gustos, proyectos, entre otros, que
pueden conservarse en la vejez; cuando la persona adulta mayor necesita adaptarse
a los avatares de la vida, recurre a las estrategias previas a través de la continuidad.

El descenso de realización de las actividades es concebido en función de problemas


en la salud (minusvalías) y no en una necesidad de la personas de desvincularse de la
sociedad.
Los sujetos conceptualizados desde esta teoría, tenderán más a continuar que
a cambiar, eso no significa que la continuidad sea ausencia de cambio, sino que a lo
largo del tiempo se da una consistencia de los modelos de ideas y comportamientos
(Rosow, 1963; Atchley, 1987, 1991).

Teoría de la competencia social

Los autores Kuypers & Bengston (1973) basándose en el interaccionismo


simbólico describen el movimiento circular que existe cuando las personas adultas
mayores tienen una concepción negativa de sí mismos la cual es creada y reforzada
por la debido a la imagen que les devuelve su entorno. Dicha concepción se acentúa
debido a los problemas de salud que atraviesan las personas en la vejez, reforzando la
imagen negativa de sí mismos. Los autores sugieren que se puede descomponer esta
espiral desarrollando grupos de apoyo.
En consecuencia de lo anterior, Piña (citado por Morales, 2016) destaca la
necesidad de desarrollar un proceso de reconstrucción social y educación, creando

20
espacios donde los adultos mayores puedan participar, apuntando a remediar la
situación negativa de sí mismos.

Teoría del Intercambio Social

El autor Dowd (1975) abordó la teoría relacionando el intercambio y la vejez,


apunta a que las personas participan del intercambio social en la media que puedan
sacar provecho de éste. Alude que las personas adultas mayores al tener menos
recursos para ofrecer las personas de otra generación no participan en un intercambio
con éstos. En consecuencia, el adulto mayor disminuye su participación en
intercambio social, sólo lo hacen aquellos que tienen mejores recursos que ofrecer y
que les permitan desarrollar interacciones con otros grupos (Piña, citado por Morales,
2016).
Es por esto importante conocer cómo se determina la noción de valor en una
cultura y sociedad determinada (Iacub, 2011).

Teoría del Ciclo Vital

El modelo epigenético de Erickson (1956, 1982,1974), postula la existencia de


ocho fases sucesivas en el desarrollo que se extienden a lo largo de todo el ciclo vital.
Cada fase comprende ciertas tareas o funciones inherentes a cada una de ellas, son
psicosociales por naturaleza y tiene un tiempo óptimo. El autor trabaja en el concepto
de la mediana edad donde plantea que el trabajo fundamental es el logro de la
generatividad, y en caso de que esta fracase se cae en un estancamiento. Estos
conceptos van de la mano con el trabajo psíquico que se hacen, en donde los logros
serían el de la integridad y de fracasar desembocará en la desesperanza.
La tarea fundamental en la media edad es lograr una integridad yoica con un mínimo
de desesperanza. Las personas deberán afrontar dos desafíos centrales, la integridad
que comprenderá tener un sentimiento de coherencia, totalidad y compromiso con
otras generaciones y por otro lado, alcanzar la articulación con aquellos temas propios
del envejecer como la jubilación, la viudez, la abuelidad.

21
Teoría del Curso de la Vida

Por otra parte, la teoría del curso de la vida desarrollada por Baltes, Reese &
Lipsitt (1980), Riley, Abeles & Teitelbaum (1981), parte de una visión positiva del
envejecimiento, marca la posibilidad de un cambio en la vejez, y considera que al ser
todas las personas adultas mayores diferentes, envejecerán de forma diferente. En
oposición a la teoría del ciclo vital (teoría abordada desde un criterio clasificatorio y
más estandarizado), esta teoría enumera cuatro premisas básicas. El desarrollo es
considerado como un proceso continuo que comienza al nacer y finaliza al morir, la
vejez entonces es abordada como una etapa en ese continuo, no separada de las
edades anteriores, con esto se apunta a que en la vejez también pueden suceder
cambios.
El desarrollo es comprendido como un proceso multidimensional,
multidireccional, multideterminado y muticausal. Los cambios a lo largo de
dicho desarrollo evolutivo ocurren en varios planos: social, psicológico y
biológico de la conducta y funcionamiento humano, según diferentes
patrones. Además, los mencionados cambios son producto de las
interacciones de procesos psicológicos y sociales; en el curso de la vida
de una persona, en determinado tiempo histórico. (Morales, 2016, p.14).

Teoría de estratificación por edad

Los autores Riley & Fener apuntan que esta teoría determina un envejecimiento
similar para aquellas personas que nacieron en años próximos, justifican esto
aludiendo que presenciaron los mismos cambios y acontecimientos socio-históricos.
Los autores ubican a la desigualdad entre las personas mayores,
en cualquier cultura y momento histórico, como resultado de dos
experiencias: las experiencias individuales (cambios físicos y mentales) y
las experiencias acontecidas en el momento histórico que vivió su cohorte
(guerras, cambios económicos y tecnológicos, entre otros). A
consecuencia de dichos cambios sociales diferentes cohortes envejecen
de forma distinta (Morales, 2016, p.16).

22
Teoría de la economía política del envejecimiento

Piña (2010) refiere que esta teoría describe el rol de las políticas sociales, las
instituciones en el proceso de envejecimiento. Sánchez (citado por Piña, 2010) plantea
que
este campo interdisciplinario concede importancia a las
implicaciones amplias del ámbito económico en la vida de las personas
ancianas y para el tratamiento que les brinda la sociedad. Su forma de
pensar es sistémica y fundada en el principio de que la vejez puede ser
entendida solamente por el estudio de los problemas y asuntos del orden
social mayor (Piña, 2010, p.84).

Desde este abordaje se plantea que los factores sociales, políticos y económicos
van a influir en la concepción y abordaje de los problemas sociales de las personas
adultas mayores. Asimismo influirán en la adaptación de la persona adulta mayor en
su proceso de envejecimiento (Piña, 2010).

23
Hacia finales de los años ochenta comenzó a desarrollarse la tercera
generación de teorías gerontológicas, destacándose en ésta su carácter
multidisciplinario. Dichas teorías surgen desde la crítica y oposición al paradigma
positivista, con una concepción biomédica fenomenológico-comprensivo de la
gerontología tradicional. Esta generación de teorías estará liderada por la Gerontología
Crítica, la Pos-gerontología y la Gerontología Feminista entre otras. Las mismas
recibirán los aportes y estarán influenciadas por diversas teorías humanistas,
feministas, escuela de Frankfurt de la teoría crítica, filosofía alemana, enfoques
estructuralistas de la economía política (Marx), el post-estructuralismo (Foucault) y la
crítica del proceso del poder (Yuni, 2008).

Gerontología Crítica

“La Gerontología Crítica postula que el sustrato básico de la producción de


teoría gerontológica son los distintos saberes y conocimientos, científicos y no
científicos, que circulan en la trama social en un momento histórico determinado”
(Yuni, 2008, p.154).

La teoría trascenderá el ámbito científico para tener un uso social, articulándose con
intereses económicos, culturales y sociales, lo que traerá efectos sobre la vida
cotidiana de las personas, sobre sus propias decisiones, elecciones y juicios.

La Gerontología Crítica acusa a las teorías tradicionales de buscar un orden social, de


la distribución del poder y de su pugna por su propia legitimidad en el orden científico
en la sociedad. Es por esto que se cuestionaran todos los supuestos y valores sociales
construidos desde las teorías tradicionales, lo que llevará a revisar y reformular
conceptos como el de la familia, independencia, autonomía, integración, participación,
salud entre otras, por considerarlas construcciones y prácticas socioculturales.

Esta perspectiva marca la importancia de la cultura popular, su influencia y


participación en el desarrollo de conceptos científicos, para luego ser resignificados en
prácticas sociales, es así que en esta lógica, el conocimiento científico hace que se
mantengan valores dominantes, representaciones, roles y posicionamiento sociales.

“Tanto la gerontología crítica y la feminista concuerdan en que la gerontología es


conocimiento social y por ello no se puede desconocer la carga moral, ética y
valorativa que éste posee.” (Yuni, 2008, p.155).

24
Gerontología Feminista

La Gerontología Feminista profundiza una fuerte crítica a los modos en que el


lenguaje, el discurso y la investigación construyen conocimientos acerca de las
mujeres mayores.

Critica fuertemente la presunta neutralidad del conocimiento científico, ya que esta


perspectiva sostiene que la verdad y la realidad son construcciones sociales que
funcionan como formas de poder.

Sostiene que por medio del lenguaje se construyen significados sociales del
envejecimiento femenino, incorporando representaciones sociales como categorías
mentales y esquemas de percepción de una idea de mujer mayor.

Gerontología Crítica y la Gerontología Feminista proponen una revisión


profunda que permita establecer los lazos y las rupturas entre los significados
socio-culturales asignados a la vejez y al envejecimiento y las
representaciones sociales que circulan en la trama social, y la continuidad y
pervivencia de ciertas creencias, prejuicios y preconceptos sociales en los
discursos de la ciencia y en las prácticas de los profesionales del campo
gerontológico (Yuni, 2008, p.155).

Pos –gerontología

La Pos-Gerontología aparece dentro de la Gerontología Crítica, plantea un


estudio político, cultural y ético del envejeciendo humano, alejados de la imagen de la
persona adulta mayor que construyeron teorías precedentes.

A decir de Iacub (2001) la vejez se encuentra ordenada desde una política de edades,
es el modo en que una sociedad ejerce controles sobre el desenvolvimiento de los
individuos con relación a este concepto, de un modo análogo al que se realiza con el
género. Estas políticas son aplicables según diversas técnicas tales como el uso de la
fuerza, la educación y la disciplinamiento. El autor invita a pensar a la Gerontología
tanto en su práctica como es su teoría, que funcionarán bajo lógicas que se rigen por
normativas acerca del criterio de edades.

25
Según Foucault (1976)

“la disciplina es el mecanismo de poder por el cual alcanzamos a controlar al


cuerpo social hasta en los elementos más tenues y atomizados, los
individuos. Vigilando y controlando su conducta y comportamiento,
intensificando sus aptitudes o descalificando su rendimiento” (Iacub, 2001,
p.438)

Iacub (2001) alude a la necesidad de trabajar desde la contingencia, resultando


imperante especificar los criterios a emplear, destacando qué representación de vejez
rige en ese contexto, qué sujetos estaría produciendo y sobre todo desde qué tipo de
representación disciplinaria se va a intervenir. Convirtiendo a estos criterios en
determinantes, ya que definirán los modos en que la vejez será identificada, tratada y
valorada, lo cual implicará a su vez el tipo de acercamiento y relacionamiento con ésta.

Siguiendo en la línea del autor, marca la necesidad de una Gerontología de reflexión


crítica y trasformadora de los modelos de sujeción de la vejez y de los dispositivos de
control, insistiendo en una revisión crítica de los modelos en los que hoy en día se
sostiene la gerontología, ya sea de un excesivo biologismo o por tendencias y políticas
estratificantes.

26
Reflexiones finales

Para la implementación de estrategias en el cuidado y atención de la persona


adulto mayor será indispensable generar una perspectiva desde la heterogeneidad y
contextualización del envejecimiento, a decir de Pérez (2009). Para ello, tenemos que
evitar caer en las homogeneizaciones por culpa de las construcciones de realidad
basadas sobre visiones negativas y prejuiciosas (Salvarezza, 1988).

A nivel internacional y desde los estudios longitudinales reafirman esta postura


de heterogeneidad y diferenciación de la vejez, donde el aumento de la expectativa de
vida, hace que al avanzar en la edad, predominen los cambios y aumenten las
diferenciaciones interindividuales. También es importante comprender al momento de
diseñar o implementar algún tipo de política pública o intervenciones concretas, con
qué tipo de conceptualización de la persona adulta mayor nos vamos a encontrar en
ese momento. Los prejuicios y las visiones construidas en torno a éstos muchas veces
difieren de la realidad que necesitamos entender, es por eso que desde una visión
ética nuestra labor será la de discriminar las emergencias y urgencias del momento
antes de la tomar la decisión de qué metodología y perspectiva utilizaremos.

En la investigación llevada adelante por Pérez (2009) se desprende que en Uruguay


los adultos mayores presentan una alta capacidad de independencia respecto a los
países de la región. Esta característica favorable de nuestra población tendría que ser
una de las bases a considerar en el camino de entender nuestro quehacer en este
campo. Buscando romper con los prejuicios donde muchas veces la vejez se asocia
con la enfermedad, la limitación de autonomía, la pasividad, entre otros.

A decir de Foucault (s/f) debemos “hacer de la libertad un problema estratégico”


para crear libertad en las personas adultas mayores, la posibilidad de poder romper
con lo determinado, con lo impuesto, nos da la posibilidad de mayores libertades, por
esto podemos afirmar que somos mucho más libres de lo que creemos.

Como profesionales debemos terminar con los prejuicios de lo que creemos


que significa ser viejo, ser responsables implicará tener conciencia de la incidencia de
nuestro discurso y ser consecuentes con el ideal de un hombre persiguiendo su deseo
y la responsabilidad social de ir posibilitándole de alguna manera el acceso al mismo
(Iacub, 2001). Debemos movernos de lo establecido para así poder visualizar los
cambios, el movimiento, las nuevas representaciones y emergentes cotidianos, y por
más cómodo que sea no quedarnos en una simple fundamentalización de la queja.

27
Es obligación pensar a la vejez como un campo complejo, heterogéneo, cambiante y
dinámico y generar el espacio para que surja lo nuevo, lo único, lo inédito. Alejarnos
de las lógicas totalizantes las que nos llevarían a homogeneizar al sujeto, guiándonos
por sólo valores estadísticos o culturales.

Quizás deberíamos apostar a una vejez asumida como tal, y dispuesta a enfrentarse
desde su propia condición y coexistiendo con otros modos que la preexistieron.
Reclamar un lugar, su lugar en la sociedad, no como un grupo aislado, sino como un
punto de inserción en la sociedad, representados, escuchados; rompiendo
definitivamente con la lógica de que Otros decidan por ellos y siendo partícipes en sus
decisiones.

Freud (citado por Iacub, 2001) alude que todo discurso social genera malestar
en los sujetos, un malestar individual y colectivo que determinará su reposicionamiento
subjetivo. A decir de Iacub (2001) se debe concebir al sujeto no como un ente pasivo
sino como fuerza de cambio del modelo impuesto, alude a que el Sujeto es
construcción y al mismo tiempo es agente social. Esto se relaciona con la idea de
empoderamiento (Thursz, 1995), donde el viejo se debe empoderar de su proceso de
envejecimiento, y desde ahí participar en la toma de decisiones rompiendo con lo
impuesto por el Otro.

Hoy el olvido, el aislamiento, la pobreza, el maltrato, la omisión de atención y


cuidados de la persona adulta mayor, son algunos de los problemas instaurados en las
sociedades; podríamos afirmar que el adulto mayor vive estas experiencias muchas
veces por el simple hecho de haber pasado el umbral de una edad, que su propia
sociedad ha determinado para “Ellos”, para “Nosotros”.

Hoy en día tanto en los estudios como las investigaciones en el campo de la


gerontología, se toma como edad de ingreso a la población de adulto mayor a partir de
los 65 años. Esto implica que la persona a partir de esa edad queda expuesta a
cambios ante algunas leyes y regulaciones, retirándolos del sistema económico
productivo y de actividades que representaron roles y sentidos de pertenencia, entre
otras, que de desaparecer sin ser debidamente elaborados en la mediana edad podrán
caer en la desesperanza. En definitiva los estamos retirando y determinado qué tipo de
relacionamiento económico, político y cultural tendrá en esta nueva etapa, sabiendo
que estos son elementos trascendentales en la construcción tanto de la vejez como de
todos los grupos en una sociedad divididos únicamente por su edad. Por lo que se
hace interesante rever de forma seria y cuidadosa la dimensión de edades, su
definición y sus consecuencias.

28
Una sociedad está definida por el grado de conocimiento que ésta tiene de su
población y su cultura, entendemos como esencial que para lograr el avance del
conocimiento en el proceso de envejecimiento, la posibilidad de investigar, reformular,
trasmitir y poder explicar a la sociedad los resultados logrados de los esfuerzos de
diversos de grupos de trabajo e investigación. Para lograr una toma de conciencia
mediante la comprensión de nuestra sociedad y por lo tanto modificar nuestro
relacionamiento con los adultos mayores. Es en la realización de actualizaciones en el
trascurso de acontecimientos y coyunturas cambiantes, que entendemos que tanto las
estadísticas y los datos demográficos que hoy en día tienen un lugar y estatus de
poder, en la definición última de la composición de la población, su distribución y las
condiciones de ésta, que también se convertirte en insumo del diseño, aplicación y
evaluación de las futuras políticas sociales, económicas etc., por lo tanto son
generadores de significados, verdades y subjetividades. Las aproximaciones
demográficas a decir de Fernández (2001) son una base necesaria para la
gerontología social, aunque por sí sola es insuficiente ya que “no puede explicar el
cambio que se está produciendo pero es esencial para describir sus complejidades”
(Fernández, 2001, p.133). La heterogeneidad, complejidad y singularidad de un
determinado sector de la población no va ser detectada ni explicada por dichos datos,
serán insumo importante para la comprensión pero somos nosotros desde nuestro
quehacer diario que encontraremos y detectemos indicios de cambios, necesidades y
emergentes en la sociedad.

Para concluir cabe mencionar guiándonos en el trabajo de Pérez (2009),


algunas de las características y dificultades que viven hoy en día cualquier intento por
profundizar o insertarse en la investigación del envejecimiento en nuestro país. La
investigación en el Uruguay se encuentra alejada de lo ideal para un avance
productivo en el campo del conocimiento del envejecimiento y el adulto mayor, existen
dificultades en financiamiento, que se logran muchas veces en competencias
académicas; y que a pesar de la realidad demográfica de nuestro país no existe aún
prioridades que destaquen al envejecimiento. Es por esto que se da mayoritariamente
en el ámbito de la salud, el financiamiento de la industria del medicamento con un
marcado sesgo en el foco de interés de sus estudios, limitando así, su alcance real y
los resultados de éstos, que se encontrarán de forma aislada, diseminada y con falta
de un real confortamiento productivo con otras disciplinas o equipos de trabajo. Se
hace necesario un abordaje interdisciplinario para evitar un estancamiento en el
conocimiento del envejecimiento, para un mejor desarrollo de políticas y acciones de
forma coordinada e integral.

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