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CAPÍTULO 4: LA TRANSMISIÓN DE LA REVELACIÓN

1. Tesis y Argumentos

La Iglesia conserva y anuncia el misterio de Dios revelado por Cristo, a través de los
apóstoles, de la tradición, la escritura, el magisterio y el evangelio.

1 “Dispuso Dios benignamente que lo que había revelado para la salvación de los
hombres permaneciera integro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las
generaciones. Por ello Cristo nuestro Señor, en quien se consuma la revelación total
del Dios sumo (2Cor 1,30; 3, 16; 4,6), mando a los apóstoles que predicaran a todos
los hombres (Mt 28, 19-20; Mc 16,15) el Evangelio, comunicándoles los dones
divinos.” (Dei Verbum capítulo II, 7 De divinae revelationis transmissione).

2 “Los Apóstoles son el eslabón esencial entre Cristo y la Iglesia de todos los tiempos,
y su predicación constituye la norma de la fe para los creyentes.” (pág. 106)

3 “A los apóstoles les es dada una autorización extraordinaria que viene del cielo y se
orienta hacia el cielo. Por eso, rechazar a un Apóstol es rechazar a Dios mismo, pues el
enviado es como el mismo mandante: El que a vosotros recibe, a Mí me recibe, y el
que me recibe a Mí revine a quien me envió (Mat 10, 40; Mc 9,41; Lc 10,16)” (pág.
108)

4 “La misión apostólica es una participación en la misión que Cristo recibió del Padre.
Mediante ellos (los Apóstoles) –ha escrito Congar- y juntamente con ellos,
comunicamos en la conciencia que Jesucristo mismo tuvo en su alma humana de todo
el plan del Padre, en una palabra, de todo el misterio. Precisamente en esa entrega
que Jesús hizo de su conciencia humana a los Apóstoles está el origen y la autoridad
única de la tradición apostólica.” (pág. 109)

5 “En último término, ese testimonio permanece como el punto de referencia último
de lo que esencialmente ha de ser transmitido en la Iglesia, y como criterio de
autenticidad, de todo desarrollo ulterior bajo la forma de «tradición apostólica».”
(pág. 110)

6 La íntima relación entre Escritura y Tradición se manifiesta en dos principios: 1) La


Escritura necesita complementarse con la Tradición para su recta inteligencia; es decir,
la lectura e interpretación de la Escritura debe hacerse en la comunidad de fe de la
Iglesia. «La Iglesia, afirma el Concilio Vaticano II, no saca exclusivamente de la Escritura
la certeza de todo lo revelado» (DV 9). 2) La Escritura tiene una importancia singular
en el proceso de la Tradición por ser «palabra de Dios en cuanto que, por inspiración
del Espirito divino, se consignó por escrito». La Tradición transmite, conserva y explica
la palabra de Dios”. (pág. 115)

7 “El desarrollo de la función de los Apóstoles en la transmisión de la revelación se


completa con el principio de «Evangelio transmitido». En efecto, el Evangelio encierra
toda la realidad y el mensaje cristianos, independientemente de su modo de
transmisión, porque enlaza directamente con Cristo, revelador y revelación de Dios.”
(pág. 115)

8 “A partir de los Apóstoles, la fe en Cristo pasa esencialmente por la mediación


apostólica. La revelación de Dios, que es ¡mensaje y acontecimiento, es recibida en su
genuinidad sólo a través de lo que los Apóstoles han entregado a la Iglesia. Se ha
podido hablar por eso de una transmisión vertical de la revelación (de Cristo y del
Espíritu Santo a los Apóstoles) y de una transmisión horizontal (de los Apóstoles a la
Iglesia).” (pág. 117)

9 «La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de


la palabra de Dios confiado a la Iglesia» (DV 10)30.

10 “entregarlo o transmitirlo, el depósito que se le ha confiado. El depósito que se ha


de conservar en la Iglesia es el de la fe, es decir, la predicación apostólica que es
norma de fe y fuente de vida, que ha sido recibida de una vez para siempre y que ha
de ser transmitida fielmente. Este depósito no contiene solamente verdades de fe,
sino también dones divinos.” (pág. 118)

11 “Dios habla a cada hombre mediante la Iglesia. La Iglesia, que vive del testimonio
apostólico, es entonces el lugar de la comunión de la fe y de la vida.” (pág. 119)

12 “La Iglesia es, entonces, la que continúa la acción salvadora de Cristo por medio de
la predicación y la reconciliación, y el ámbito en el que se encuentra la realidad plena
de la verdad salvadora. Su misión respecto a lo recibido consiste en conservarlo y
transmitirlo fielmente hasta el final de los tiempos.” (Pág. 119)

13 “La revelación, por tanto, ha sido confiada a la Iglesia, con la misión —que forma
parte de su mismo ser Iglesia— de serle fiel (conservarla) y anunciarla (transmitir). Por
eso, la Iglesia se halla en la misma línea de la mediación de Cristo participada por los
Apóstoles. Ella continúa esa mediación que hace accesible a los hombres el mensaje
de la salvación, y les introduce en el misterio de Dios revelado en Cristo.” (pág. 120)
14 “el sentido de la expresión Iglesia, depositaría es esencialmente dinámica, porque
el depósito es la revelación viviente y actuante que sólo se conserva realmente en la
medida en que es vivida y transmitida. Así nos encontramos con la tradición de la
Iglesia.” (pág. 122)

15 Sólo el magisterio interpreta auténticamente la palabra de Dios. La razón de ello no


reside en una competencia humana adquirida para enseñar, o en la previa
fundamentación científica de las cosas que predica, sino en la misma autoridad de
Cristo que ha recibido (cfr. LG 25). En consecuencia, el magisterio ha de ser recibido
con espíritu de fe.

16 “el magisterio «no es norma constitutiva de la fe, sino directiva» en relación con la
fe recibida de los Apóstoles. Su misión consiste en enseñar puramente lo transmitido,
siendo fiel en su tarea —que es un derecho y un deber— de transmitir fielmente la
revelación. El magisterio, en consecuencia, no es dueño de la palabra de Dios, sino
servidor suyo en orden a la fe.” (pág. 128)

17 “Los actos del Magisterio son escuchar devotamente lo transmitido (el depósito),
custodiarlo celosamente, explicarlo fielmente, y extraer de él todo lo que propone
como revelado por Dios para ser creído.” (pág. 128)

Afirmaciones del autor que pueden estar sujetas a crítica.

“la infalibilidad no se opone, sino que hace posible un progreso en el conocimiento de


la fe.” (pág. 132) a mi parecer la infalibilidad, antes imposibilita no solo una
participación de dialogo entre creyentes y no frente a sus responsables, sino que
también no permite la apertura de esta al cambio o más bien a la conversión
permanente que transmite el mensaje vivo y concreto de Jesús, que no dejaba que el
poder, este sobre el hombre y sobre todo por encima del pobre e inocente.

“Todas aquellas doctrinas que se refieren al campo dogmático o moral, que son
necesaria para custodiar y exponer fielmente el depósito de la fe, si bien no son
propuestas por el magisterio de la Iglesia como formalmente reveladas. Estas doctrinas
constituyen una enseñanza definitiva de la Iglesia y exigen un «asentimiento firme y
definitivo.” (pág. 131) Me preocupa la dinámica en que se plantea esta postura o idea
ya que puede caer en un simplismo o relativismo en el que por ser algo tan
normativizado, logra pasar desapercibidas con ella, un montón de circunstancia y de
intereses que no pueden guardar relación con el mensaje revelado por Cristo. Lo digo
acentuando en lo que nos dice Leonardo Boff, la experiencia cristiana se concibe como
católica, ha de esta abierta a la universalidad, sin escoger la cultura que ha de
encarnarse, porque toda cultura es buena para testimoniar en ella la salvación
conquistada para todos por Jesucristo. Esto para notar que afirmar que la Iglesia a dado
un punto definitivo para su anuncia y predicación, no es totalmente válido, ya que falta
mucho por que conocer y dar.

Formular preguntas abiertas cara a lo que afirma el autor

Se afirma que Jesús revelo y mando a que se anunciara la buena nueva a todos los
hombre, pero, ¿Estaba en la mente del Jesús histórico la instauración de una Iglesia
organizada en sus estructuras esenciales? ¿O tal vez la institución ya perfectamente
particularizada de la Iglesia nació como resultado histórico del encuentro de diversos
factores que llegaron a conjugarse entre sí, como serían el mensaje de Jesús acerca del
Reino, ciertas estructuras escatológicas presentes en su actualización (como los Doce),
su muerte y resurrección, el hecho del retraso de la parusía, el acceso de los gentiles a
la fe, etc.?

¿Puede acaso la carga doctrinal y de dogmas, entorpecer la transmisión de la


revelación, y ocasionar que se dé un interés por el poder de lo sagrado, de parte de
quienes lo anuncian? O en tal caso ¿Cómo podríamos entender esta autoridad y
transmisión?

¿La iglesia existe únicamente por el hecho de que los doce apóstoles, llamados en el
Espíritu Santo, se decidieron, a la luz del mismo, acudir en medio de los gentiles
(Hechos 15,28)?

¿Qué posibilidades tiene la Iglesia-institución de actualizar el Evangelio y, a la luz de


éste, responder a los grandes desafíos del mundo de hoy, un mundo que muchas
veces a esta en oposición a ella?

En cuanto a la transmisión del mensaje evangélico a través de los apóstoles y del


magisterio ¿Cómo pueden los miembros de la Iglesia ayudar a determinar si les han
sido sustraídas informaciones necesarias para la formación de la opinión?

Siendo Jesús solidaria en su entrega y revelación del Padre a los hombre, ¿De qué
manera ha surgido dentro de la Iglesia un ministerio de la solidaridad, encargado de
visibilizar entre los hombres el amor de Jesús hacia los pobres, su palabra de ayuda a
los necesitados, su búsqueda fraterna, para la transmisión de lo revelado?

¿Cuáles deben ser los rasgos para la transmisión de la revelación y la crítica que esta
abarca para que sea realmente constructiva de la Iglesia, y para el bien de todo
hombre?
Conexiones con otros conocimientos

Si bien, existen una gran diversidad de vida consagrada que se preocupa por el bien
del prójimo y de la ayuda fraterna para la comunión entre tales y con Cristo. Es
necesario resaltar que aún falta consolidar ciertos detalles, ya que al cambiar el
tiempo y los contextos es importante descubrir cuáles son las respuestas y los medios
que el hombre contemporáneo requiere para su dignificación, su encuentro espiritual
con él y con su vocación.

Hay entonces un medio, que es la solidaridad divina de Jesús. Algo que rompe todos
los esquemas de la Historia. Jesús vuelve para retomar el camino, para ofrecer el
perdón a sus amigos, para iniciar una misión de solidaridad ofrecida a todos los
hombres. De esta manera, podemos decir hoy que la Iglesia no solo es responsable de
esta misma misión, sino que es algo que ya forma parte de su esencia, es algo que la
identifica. Y esto lo vemos en el testimonio de vida de todos los consagrados y fieles
que insatisfechos por lo que ofrece el mundo pasajero, intentan dar respuesta a los
acontecimientos de sufrimiento e injusticia de la realidad que les rodea. Esto, a través
de grupos de ayuda social, espiritual, física y psicológica; que constantemente se
reúnen, tal vez como una ONG pero sí como un grupo de testigos del amor
misericordioso que Dios ha tenido con ellos, y que ese encuentro provoca la salida a
ayudar y transmitir el mensaje y la revelación, escucha a través de la oración y de la
reflexión de la palabra y del mismo actuar de ellos como de sus antecesores y como el
de Cristo. También, en la parte eclesial, vemos como en el ministerio sacerdotal, se
transmite la riqueza de su gracia y de su presencia, para la comunión de todos los
hombres en el Hijo de Dios, en la gran cena que el mismo instauró e invito a que se
transmitiera por todas las generaciones. Hay una solidaridad intra-eclesial de Jesús,
definida a través de su presencia a sus ministros diciendo: “Quien a vosotros recibe, a
mí me recibe…” (Mt 10,40)

La Iglesia es aquel ámbito de vida en que se anuncia, se densifica y se celebra de una


forma abierta el misterio de la solidaridad de Dios con los hombres en Cristo. Ella es
signo viviente de una plenitud que está anunciada para todos, el misterio sacramental
de una verdad que está sembrada en el seguimiento a Jesús, mostrándose así como
lugar de un amor liberador, exigente e íntimo.