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Hora santa para niños

¡Queremos consolar a Jesús!


Comenzamos cantando “Vive Jesús, el Señor” u otra canción adecuada:

Vive Jesús, el Señor.


Vive Jesús, el Señor.
Vive Jesús, el Señor.
Vive Jesús, el Señor.
Él vive, Él vive, Él vive, vive.
Vive Jesús, el Señor.

Son tantos los que no te quieren, Jesús... Son tantos los que dicen cosas tan feas de Ti... Pero
nosotros sí te queremos, por eso estamos aquí, para consolarte; por eso queremos decirte muchas
cosas bonitas que alegren tu corazón, por eso te decimos:

(Cada niño/a lee una frase y después de cada frase cantamos “Jesús, Jesús, ven a mi morada”).

1.- Muchos niños no te quieren pero yo te quiero muchísimo.


2.- Tú has dado la vida por mí, toma ahora la mía.
3.- Tú dijiste: “Tomad y comed, esto es mi Cuerpo”, prepárame para recibirte.
4.- Señor, yo nunca te cerraré la puerta.
5.- Jesús, quiero consolarte.
6.- Señor, te necesito, ven a mi corazón.
7.- Jesús, te quiero mucho.
8.- Jesús, Tú deseas entrar en mi corazón y yo deseo que vengas a mí.
9.- Parece pan, pero es tu Cuerpo. Por eso…
10.- Parece vino, pero es tu Sangre. Por eso…
11.- Todos te abandonaron pero yo no quiero dejarte solo.
12.- Tú dijiste: “Dejad que los niños vengan a Mí”, y aquí estoy.
13.- Nadie me quiere como Tú.

(Aquí se pueden dar unos breves puntos de meditación.)

Jesús, nosotros somos tan pobres, tan pequeños…, vemos tantas necesidades en el mundo y es tan
poco lo que podemos hacer... Pero Tú que lo puedes todo y nos amas tanto, sí que puedes darnos
lo que te pedimos, si lo pedimos con fe. Escúchanos, Señor, y haz lo que tu corazón te diga.
Queremos, sobre todo, hacer tu voluntad.

1.- Por todos los niños y niñas que estamos ahora aquí, para que nunca nos separemos del Señor.
Roguemos al Señor.
2.- Por los que no conocen a Jesús, para que descubran que el Señor les quiere mucho. Roguemos
al Señor.
3.- Por nuestros padres, que nos han ayudado a conocer a Dios, para que vivan de tal modo que un
día puedan ir al Cielo. Roguemos al Señor.
4.- Por los niños que, después de haber recibido a Jesús, se han alejado de Él y ya no le quieren,
para que vuelvan. Roguemos al Señor.
 - Jesús nuestro, Tú nos has dado tantas cosas... Te damos gracias por todo lo que hemos
recibido de Ti, pero de una forma especial queremos darte las gracias por habernos dado por
madre a tu misma Madre, la Virgen María. Sabemos que yendo de su mano estamos seguros.
Ella quiere llevarnos al Cielo y lo hará si le dejamos que nos guíe. Por eso nos queremos
consagrar a Ella, meternos en su corazón, para que Ella nos proteja del mal.

Rezamos todos juntos:

Madre de Jesús, también eres mi Madre.


Enséñame a consolar a tu Hijo, nuestro Señor.
Te doy mi corazón, que quiere ser un Sagrario para Él,
y Tú, que eres tan buena, guárdame en tu corazón.
Haz que Jesús esté contento en mi alma,
que le quiera siempre.
Defiéndeme del mal.
Mamá querida,
espero tu ayuda para ser fiel a Jesús.
Si algún día me porto mal, recuérdame que soy tuyo.
Cógeme muy fuerte de la mano
para que un día te vea en el Cielo con toda mi familia. Amén.

- Y para acabar este rato contigo, Jesús, queremos hacer una oración muy especial para
consolarte, para decirte que los niños queremos ser tuyos y que Tú seas nuestro amigo,
nuestro mejor amigo. Por eso decimos todos juntos:

Creo, Señor, en Ti.


Creo firmemente que me quieres
y que deseas vivir en mi corazón.
Creo que estás en la Eucaristía,
con tu Cuerpo, tu Sangre, tu Alma y tu Divinidad.
Sé que por amor a mí has muerto en la Cruz.
Perdóname por todo lo que te he ofendido.
Perdóname por olvidarme de Ti tantas veces.
Tú me conoces mejor que nadie,
mejor que mis padres, mejor que mis hermanos,
mejor que cualquiera de mis amigos,
y sabes que te quiero.
Durante tu Pasión, sufriste tanto por mí
y por todos los hombres,
que yo no quiero dejarte ahora solo.
Cuando tantos te abandonan, yo quiero estar junto a Ti,
quiero consolarte,
quiero decir mil millones de veces que te quiero.
Te lo diré junto a tu Madre,
la única que no te abandonó.
Déjame, Señor, estar junto a Ti este ratito
y no permitas que me aparte nunca de Ti.
Sagrado Corazón de Jesús,
en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María,
sed la salvación del alma mía.

Pedimos ayuda a María, Ella está aquí adorando a su Hijo con nosotros. Y le damos gracias
por el regalo de su Hijo. Jesús está REALMENTE PRESENTE en la Sagrada Hostia, es nuestro
Dios escondido. Él nos ama y quiere que nosotros le amemos. Él nos espera noche y día en
la pequeña forma. Él quiere oírnos y nosotros le adoramos porque Él es Dios.

UN NIÑO sale delante del Santísimo y se pone de rodillas.

Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de nosotros.

Todos cantan:

Yo sé que estás aquí Señor. Yo sé que estás aquí.


Yo sé que estás aquí Señor. Yo sé que estas aquí.

UN NIÑO sale delante del Santísimo:


Corazón eucarístico de Jesús, aumenta en nosotros la fe, la esperanza y la caridad.

Todos cantan:

Yo sé que estás aquí Señor. Yo sé que estás aquí.


Yo sé que estás aquí Señor. Yo sé que estas aquí.

UN NIÑO sale delante del Santísimo:

Jesús, manso y humilde de Corazón, danos un corazón como el tuyo.

Todos cantan:

Yo sé que estás aquí Señor. Yo sé que estás aquí.


Yo sé que estás aquí Señor. Yo sé que estás aquí.

UN NIÑO sale delante del Santísimo:

Jesús, ¡qué bueno eres con todos! Te amamos presente en la Eucaristía.

Todos cantan:

Yo sé que estás aquí Señor. Yo sé que estás aquí.


Yo sé que estás aquí Señor. Yo sé que estás aquí.

A veces, aunque queremos ser buenos, ofendemos a Dios. Ahora vamos a pensar cada uno
en qué le hemos podido ofender y le pedimos perdón en el silencio de nuestro corazón.
Dios nos ama y nos perdona cuando estamos arrepentidos y pedimos su Misericordia.

UN NIÑO:
Creo, Dios mío, que estoy en tu presencia,
que me amas y escuchas mi oración.
Tú eres grande y santo, yo te adoro.
Tú me lo has dado todo, yo te doy gracias.
Te he ofendido con mis malas acciones,
yo te pido perdón de todo corazón.
Tú eres muy bueno, yo te pido que me ayudes
para ser cada día mejor. Amén.

Canción: TAN CERCA DE MÍ


Tan cerca de mí,
tan cerca de mí,
que hasta lo puedo tocar,
Jesús está aquí.

No busques a Cristo en las alturas


ni lo busques en la oscuridad.
Muy cerca de ti, en tu corazón,
puedes adorar a tu Señor.

Tan cerca de mí,


tan cerca de mí,
que hasta lo puedo tocar,
Jesús está aquí.

Ahora pensamos en todas las cosas buenas que nos ha dado y le damos gracias. Unos
minutos para pensar.

UN NIÑO: Gracias, Jesús, por los árboles, el agua, el sol, la luna, las flores, los pájaros y
toda la creación.

TODOS: Gracias, Señor.

UN NIÑO: Gracias, Jesús, por mi familia, mis abuelos, mis amigos, mis maestros, mis
catequistas, mi párroco y por todas las personas que se preocupan por mí.

TODOS: Gracias, Señor.

UN NIÑO: Gracias, Jesús, por mis manos, mis pies, mis piernas, mi nariz, por el don de la
vida, por crearme a tu imagen y semejanza.

TODOS: Gracias, Señor.

UN NIÑO: Gracias, Jesús, por querer quedarte entre nosotros en el Santísimo Sacramento
del Altar.

TODOS: Gracias, Señor.

UN NIÑO: Gracias, Jesús, por amarnos tanto.

TODOS: Gracias, Señor.

UN NIÑO: Gracias, Jesús porque quieres vivir entre nosotros.


TODOS: Gracias, Señor.

Canción: YO TE ADORO

Yo te adoro a Ti, Señor.


Yo te adoro a Ti, Señor.
Desde lo más profundo de mi corazón.
Te doy gracias Señor.
Te doy gracias Señor.
Desde lo más profundo de mi corazón.

Sabemos que escuchas nuestra oración, por eso te pedimos por:

DOS NIÑOS:
- Oremos por la Iglesia.
- Que Jesús nos guíe y nos una en la paz.

DOS NIÑOS:
- Oremos por nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto.
- Que Dios le fortalezca para que siga guiando a la Iglesia.

DOS NIÑOS:
- Oremos por nuestros sacerdotes.
- Que Dios les ayude a seguir fieles a Jesús.

DOS NIÑOS:
- Oremos por todos los niños del mundo.
- Que Dios les bendiga y conserve limpios sus corazones.

DOS NIÑOS:
- Oremos por nuestras familias.
- Que Dios las proteja y las mantenga unidas.

DOS NIÑOS:
- Oremos por los más necesitados.
- Que Dios les fortalezca y les ayude en sus necesidades.

Ahora hacemos una comunión espiritual:

TODOS REPITEN:
Yo quisiera, Señor, recibiros, con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió
vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los Santos”.
Canción: ANTE TI, SEÑOR

Ante Ti, Señor,


(ante Ti, Señor)
mi alma levantaré.
(mi alma levantaré) (bis).
Oh mi Dios,
Oh mi Dios, confío en Ti,
confío en Ti.
Yo te alabo, Señor.
Yo te adoro, Señor.
Oh mi Dios.
Yo te alabo, Señor.
Yo te adoro, Señor.
Oh mi Dios.
Reserva del Santísimo.

UN NIÑO: Oración a la Virgen

Virgen María: hoy no vengo a pedirte nada;


hoy sólo vengo a mirarte
y a decirte que te quiero.
Tú amas mucho a Dios,
por eso eres tan bella y tan pura.
Estás llena de gracia.
Madre de todos los niños,
yo quiero ser bueno, como Tú.
Me gusta llamarte Inmaculada,
concebida sin pecado original.
Y no me avergüenzo de decir a todos que
Tú eres la Madre de Dios y Madre nuestra.
¡Y estás viva! ¡con tu cuerpo y con tu alma! ¡en el Cielo!
¡esperándonos a todos! Virgen María… ¡eres tan bonita!

Canción a la Virgen:

Yo no puedo creer
y me cuesta entender
que haya niños
que aún no te conozcan.
Yo les quiero enseñar
tu dulzura y bondad,
diles Tú a todos
que eres su Mamá.

NO HAY OLAS EN EL MAR


TAN BONITAS COMO TU MIRADA,
INMACULADA VIRGEN.
LOS NIÑOS LLEGARÁN
CONTIGO AL CIELO
SI A TU LADO
DE TU MANO VAN.

El milagro de Bolsena
En la Basílica de Santa Cristina de Bolsena se guardan
con celo, desde hace siete siglos, las reliquias menores
del milagro de Bolsena una de las piedras sagradas sobre
las cuales se perciben todavía bien visibles grumos de la
preciosa Sangre del Redentor , que han alimentado la
piedad de generaciones y generaciones de fieles.
El hecho eucarístico milagroso acaeció en 1263, en una
región que fue testigo de las vicisitudes del papado, y va
vinculada al nombre de dos de los más poderosos
exponentes del pensamiento teológico: Tomás de
Aquino y Juan Fidenza, más conocido con el nombre de
San Buenaventura.
Un sacerdote de Praga, atormentado por dudas acerca
de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía,
mientras dividía la Hostia santa en la celebración de la
Misa, vio el corporal lleno de sangre que brotaba de las
sagradas especies. Asombrado y aturdido por tan gran
prodigio, le vino la duda de si había de terminar o seguir
la Misa.

En la esperanza de ocultar a los presentes lo sucedido y con el deseo de pedir ayuda y


explicación a la competente autoridad, resolvió suspender la celebración de la Santa Misa,
y, recogidas las sagradas especies en paños sagrados, corrió a la sacristía, sin reparar que,
en el trayecto, algunas gotas de la preciosísima Sangre habían caído sobre el mármol del
pavimento. Esto sucedía en la Basílica de Santa Cristina, sobre el altar puesto bajo el
baldaquino de mármol lombardo.
Cuando acaecía este milagro, era Ministro General de los Franciscanos Juan Fidenza,
conocido bajo el nombre de Buenaventura de Bagnorea, ciudad natal del Santo, a pocos
kilómetros de Bolsena. Profundo conocedor de los hombres y de los lugares, el Doctor
Seráfico fue encargado por el Papa Urbano IV de presidir la comisión de teólogos instituida
para controlar la verdad de los hechos.
Realizado su cometido por la comisión, confirmó la verdad del milagro, y el Papa ordenó a
Jaime Maltraga, Obispo de Bolsena, que le llevase a Orvieto, donde tenía su residencia, el
sagrado corporal, el purificador y los linos manchados de sangre. Acompañado el Papa de
su corte, salió al encuentro de las sagradas reliquias, y, en el puente de Rivochiero, tomó
entre sus manos el sagrado depósito y lo llevó procesionalmente a Orvieto.

El Papa Urbano IV instauró la fiesta del Corpus Christi en 1264.