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RESUMEN “CÓMO JESÚS” DE MAX LUCADO (REYNIER BOCANEY)

Capítulo 1, Un corazón como el suyo:

Un día con el corazón de Jesús, sus pasiones, acciones, su conducta y amor,


impulsando todo lo que cotidianamente haría, ¿cómo sería?, ¿los demás notarían el
cambio?, ¿usted mismo?, ¿cambiaría algo en usted?, medite en esto; lo que ve es lo que
Dios quiere en su vida, que sea como Jesús, (Filipenses 2:5). Él quiere tomar el control,
brindar un nuevo corazón. (Efesios 4:23-24, “nuevo hombre” es igual a nuevo corazón,
según la justicia y la santidad de la verdad).

Frase del autor para englobar lo que Dios quiere en su vida: “Dios lo ama tal como es,
pero rehúsa dejarlo así. Él quiere que usted sea como Jesús.”

El cariño de la gente aumenta por el desempeño y disminuye con los errores, pero el
amor de Dios es todo lo contrario, Él lo ama tal cuál es, pero rehúsa dejarnos en mal
estado, por ello busca limpiarnos de toda inmundicia, como, la inmoralidad, falta de
honradez, prejuicios, amargura, avaricia, entre otros, pero muchas veces queremos
permanecer allí, de mal en mal, quizás porque pensamos que estamos bien, pero el estar
bien es ser como Jesús, un corazón como el de Él.

El Corazón de Cristo: Puro, contento con una vida sencilla, sin pensamientos
lujuriosos, perdonó a los que lo despreciaron, “cordero sin mancha y sin
contaminación” (1ª Pedro 1:19), sin pecado en él (1ª Juan 3:5); Pacífico, no se
preocupó por la necesidad de alimentar a miles, agradeció por el “problema”, no temía
en la tempestad, dormía mientras, Pedro enfrentó a los soldados, él sanó, había y hay
paz en su corazón, rehusó dejarse llevar por la venganza; Lleno de propósito, su meta,
salvar a la humanidad de sus pecados, a lo que se había perdido (Lucas 19:10),
concentrado en su tarea, y sin ser desagradable mientras, los niños no se podían alejar
de Jesús, halló belleza en los lirios, alegría en la adoración y posibilidades en los
problemas, compasivo; más de treinta años en medio de pecadores, y aún vio suficiente
belleza en nosotros como para morir por nuestras faltas, y salvarnos. Su corazón fue
Espiritual, sus pensamientos reflejaban una íntima relación con el Padre (Juan 14:11),
el Espíritu del Señor estaba sobre él (Lucas 4:18), llevado por el mismo (Mateo 4:1),
lleno del Espíritu Santo, con Su poder (Lucas 4:14); adoración, estudiar las Escrituras,
oración, era guiado por la mano del Padre (Juan 5:19), no hacía nada por el mismo; un
corazón espiritual.

El Corazón de la Humanidad: el de Jesús es puro, el nuestro codicioso; pacífico,


afanado; lleno de propósitos, distraído; agradable, rebelde; espiritual, apegado a la
tierra; estamos como lejos del corazón del Señor. Pero, ya lo tenemos, él mora en
nuestro corazón, Pablo dijo: “Vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20), y además está
dispuesto a cambiarnos, de victoria en victoria, “de gloria en gloria en la misma
imagen” (2ª Corintios 3:18); confiamos para salvación, pero resistimos a la
transformación, y su plan es transformarnos. “revestido de la nueva naturaleza: la del
nuevo hombre, que se va renovando a imagen de Dios, su Creador, para llegar a
conocerlo plenamente” (Colosenses 3:10, VP). Examinemos el corazón de Jesucristo,
considerando su compasión, reflexionando en su intimidad con el Padre, admirando su
enfoque, meditando en su resistencia, cuándo oró, cómo perdonó Él, cómo era tan
agradable, por qué no se dio por vencido; enfoquémonos en Jesús, (Hebreos 12:2),
veremos lo que podemos llegar a ser.

Capítulo 2, Ame a las personas con las que está clavado:

Un corazón que perdona; (Ejemplo: perros, como responsabilidad y relación),


“Clavaditis”, significa irritabilidad, perder los estribos. Síntoma común de la Clavaditis,
es la repetición de preguntas que comienzan con quién, qué y por qué, ¿quién es esta
persona? ¿Qué es lo que estaba pensando yo? ¿Por qué no le hice caso a mi madre?; hay
tres maneras de enfrentar la clavaditis, según este manual (Manual de Max de términos
médicos): huir, luchar o perdonar. Es necesario ser como Jesús, y meditar en su corazón
perdonador, ¿cómo pudo perdonar y seguir con sus discípulos, sabiendo TODO de
ellos?, la respuesta en Juan 13:1-5, la toalla y la palangana, cuando Jesús se dispone a
lavar los pies de ellos, después de un día fuerte; en aquella cultura el siervo más bajo era
el que tenía la tarea de lavar los pies, y Jesús estuvo dispuesto, el Rey del universo
marcando la diferencia. A horas de morir, Jesús decide demostrar cuanto los ama,
quitando dudas, sin dejar a ninguno por fuera; fuerte sería lavar los pies del traidor,
sabiendo que en pocas horas, él mismo lo entregará. “Lo que yo hago, tú no lo
comprendes ahora; más lo entenderás después” (Juan 13:7); Misericordia y perdón,
antes de pedirlos.

“Pero si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la
sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1ª Juan 1:7); lo mismo que
hizo con los discípulos lo hizo con nosotros, limpió nuestros pecados, enfoquémonos en
Su gracia, no en las faltas. Además, seguimos siendo limpiados, Juan: “estamos siendo
limpiados de todo pecado por la sangre de Jesús”, no es promesa de futuro, sino para el
presente. Él todavía limpia, lava y purifica; arrodillado, sin demostrar asco u horror, al
contrario, se extiende con bondad, dispuesto. Pero allí no se queda esto, como Él está
en nosotros, podemos hacer esto, de la misma manera, perdonar. “Pues si yo, el Señor y
el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a los
otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también
hagáis” (Juan 13:14-15); dos razones por la cual Jesús hace esto con nosotros, la
primera es darnos misericordia, y la segunda es darnos un mensaje de gracia
incondicional, para ofrecerlo nosotros también. Debemos preceder los errores, las faltas
de otros, deben ver el amor de Cristo, a través de nosotros.

Tener un corazón como el de Cristo, significa arrodillarnos como él lo hizo, tocar las
partes más sucias de la persona a la que estamos clavados y lavar con bondad su
grosería; o como Pablo dijo: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos,
perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”
(Efesios 4:32); el inocente es el que debe hacer el gesto, Jesús era el fuerte, que prestó
sus servicios a los débiles, en muchos aspectos. “si el que tiene la razón se ofrece
voluntariamente para lavar los pies del que ha hecho el mal, ambas partes se arrodillan”;
las relaciones no prosperan porque se castigue al culpable sino porque el inocente es
misericordioso. Ciertos conflictos pueden resolverse solo con una palangana de agua,
perdonando, llevando misericordia y amor.

“Dios los ama a ustedes y los ha escogido para que pertenezcan a su pueblo. Vivan,
pues, revestidos de verdadera compasión, bondad, humildad, mansedumbre y
paciencia.” (Colosenses 3:12, VP).

Capítulo 3, El toque de Dios:

Un corazón compasivo; las manos, esta misma puede ayudar o lastimar, ser
instrumento de supervivencia o herramienta de expresión emotiva; pero manejadas bien
nuestras manos llegan a ser instrumentos de gracia, no solo instrumentos en las manos
de Dios, sino las mismas manos de Dios; si las rendimos, se convierten en las manos del
cielo. Lo que hizo Jesús, rindió sus manos por completo a Dios, cada uno que era y es
tocado cambia. Pero ninguno fue tocado o cambiado más que un leproso anónimo según
Mateo 8:1-4, con dicha historia se nos deja con preguntas, nombre, descripción, saber
más de aquel “intocable, rechazado, enfermo” que sintió el toque compasivo de Jesús,
que cambió su vida para siempre. Hoy no debes ser leproso para experimentar el
rechazo, debes tener una condición que tú no creaste, estar divorciado, lisiado, enfermo,
madre o padre soltero, educación escasa, individuos que viven callados, solitarios,
temerosos de intentar una vez más en lo que habían fallado, infectado por el temor del
rechazo, sólo Dios sabe cuántos están o se sienten así. Y allí debemos estar presentes y
compasivos como Jesús lo fue con este leproso; la enfermedad no salió por el toque,
desapareció por la palabra de Jesús, (Mateo es cuidadoso con esto, Mateo 8:3), la
soledad, sin embargo, fue tratada por el toque de Jesús; el poder de un toque divino,
¿acaso no podemos ofrecer lo mismo?, toques como cocinar, textear, marcar un número
telefónico, o tocar literalmente para sanidad, como médico, pero a veces tememos de
dar ese toque, olvidamos su significado, tememos a decir cosas equivocadas, usar el
tono errado de voz, así que antes de hacerlo mal, no hacemos nada. Sencillamente están
solos, anhelan un toque divino.

“Jesús tocó a los intocables del mundo, ¿harías lo mismo?”

“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a


vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste
es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro neutral. Porque él se
considera a sí mismo, y se va, y luego olvida como era.” (Santiago 1:22-24).

Capítulo 4, Oiga la música divina:

Un corazón que escucha; “el que tenga oídos para oír, úselos”, ocho veces en los
Evangelios y ocho veces en el libro de Apocalipsis Jesús nos recuerda que no es
suficiente tener oídos, es necesario usarlos. En una de sus parábolas, Jesús comparó
nuestros oídos al terreno, siempre era la misma semilla y el sembrador, sólo cambiaba el
terreno o la tierra, es decir, el oyente. Las Escrituras siempre han dado gran importancia
a oír la voz de Dios, “bienaventurado el hombre que me escucha” (Proverbios 8:34);
que escuchemos, o aprendamos a escuchar como ovejas, que reconocen la voz del que
los guía, y huyen de un desconocido, (Juan 10:3-5).

¿Cuándo fue la última vez que dedicamos tiempo a escuchar a Dios?; Jesús lo hacía
constantemente, se apartaba a orar, a horas muy tempranas; debería ser sabio hacer lo
mismo, dar prioridad a hablar y escuchar a Dios. Y no sólo en oración, sino en el
meditar de las Escrituras, de la Palabra de Dios, lo vemos en la manera que enfrentaba a
Satanás, tres veces tentado, y en cada una replicó con “está escrito en las Escrituras”
(Lucas 4:4, 8,12), había tanta familiaridad con la Palabra que no sólo la tenía en la
mente, sino que sabía cómo usarla; después se le pidió que leyera en la sinagoga, Isaías,
(Lucas 4:21), si Él pensó que era sabio familiarizarse con la Palabra, ¿no deberíamos
hacer lo mismo?

Dos hábitos dignos de imitar, de Jesús: la oración y lectura de la Biblia; “constantes en


la oración” (Romanos 12:12); “Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, de la
libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste
será bienaventurado en lo que hace” (Santiago 1:25). Si vamos a ser como el Señor,
debemos tener un tiempo constante para hablar con Dios y escuchar su Palabra.

Espiritualidad prestada; ninguno deja que las cosas como vacaciones, romances, o
comer sean llevadas a cabo por otras personas y que nos hablen acerca de la
experiencia, sino que nos gusta vivirla en carne propia, hay ciertas cosas que nadie
puede hacer por nosotros; esa es la idea del tiempo de intimidad y lectura con Dios,
conocer y comer el primer plato, pasar tiempo con Él, no vivir con el pensamiento y el
enfoque de comer segundos platos en esta área. Él nos invita a nosotros a sentir el toque
de su mano, que disfrutemos el banquete de su mesa, no con un sustituto; con un poco
de adiestramiento nuestro tiempo con Dios puede ser el punto más destacado del día.
Las herramientas adecuadas para aprender a escuchar a Dios, sería: Un tiempo y lugar
regulares, un período en el horario, un rincón en nuestro mundo, y separarlo para Dios,
mañana (Salmo 88:13), noche (Salmo 141:2), o en el transcurso del día (Salmo
55:17); sentado en un árbol, o en la cocina, busquemos, encontremos el lugar y la hora
apropiadas. Y tome todo el tiempo que necesite, valore la calidad más que la cantidad,
que nosotros digamos lo que tengamos que decir, y Dios también diga lo que Él quiera,
esto nos lleva a otro recurso necesario, una Biblia abierta. Pidiendo al Espíritu
entendimiento, o ayuda para comprenderla antes de leer las Escrituras, “Mas el
consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará
todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26); orar, antes de
leer, buscando las idea de Dios, leyendo con cuidado, aprovechando la mina,
(Proverbios 2:4-5); prefiramos profundidad a cantidad. “El caso del aprendizaje y la
comprensión viene de poco en vez, como en la escuela, así por toda la vida”, asemejado
a estudiar las Escrituras. Y el tercer recurso que necesitamos para tener un tiempo
productivo con Dios, en intimidad, es un corazón que escucha. “pero el que no olvida lo
que oye, sino que se fija atentamente en la ley perfecta, que es la ley que nos trae
libertad, y permanece firme cumpliendo lo que ella manda, será feliz en lo que hace”
(Santiago 1:25); debemos saber y aprender, dejemos que Dios se apodere de nosotros,
pasemos tiempo escuchándole hasta recibir la lección para el día, y luego, apliquémosla.

¿Cuándo fue la última vez que nos dejamos amar por Dios?; ¿hemos meditado en el
amor que Dios quiere darnos como Padre?, acaso Él estaba bromeando cuando nos dijo
que nos ama con amor eterno, y que nada nos podrá separa de Su amor, (Jeremías 31:3,
Romanos 8:39); miremos esta joya que está entre los profetas menores: “Jehová está en
medio de ti, poderoso, Él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se
regocijará sobre ti con cánticos” (Sofonías 3:17), notemos quién es el activo y quién
está pasivo, ¿quién canta, y quién descansa? ¿Quién se alegra por su ser querido y por
quién se regocija? Creemos que siempre somos los cantores, que a él le cantan, y no nos
detenemos a pensar que hay veces que Dios quiere que estemos quietos y que Él nos
cante. Que Él se apodere y nos cante.

“Un tiempo y lugar regular, una Biblia abierta y un corazón abierto”

Dejemos que Dios tome el control de nosotros, permitamos que nos ame; y no nos
sorprendamos si su corazón comienza a oír música que nunca antes había oído, y sus
pies empiezan a danzar como nunca antes.

“Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca
que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”
(Juan 17:23)

Capítulo 5, Déjese guiar por una mano invisible:

Un corazón embriagado de Dios; trabajamos con Dios, somos sus colaboradores (2ª
Corintios 6:1), Su presencia jamás disminuye, estamos ante Él, y nos mantenemos así
obrando; y así demos un paso gigante en cuánto a la intimidad, no quedarnos en un
tiempo diario, sino en una comunión que jamás cese, ininterrumpida. “Sentí entonces
que por un día vi un poco de esa atracción maravillosa que Jesús tenía cuando caminaba
por el camino después de un día embriagado de Dios y radiante con la comunión
interminable de su alma con Dios” – Frank Laubach (Comunión constante); si vamos a
ser como Jesús, debemos esforzarnos por hacer lo mismo, buscar, pensar, anhelar,
desear, pelear por mantener comunión con el Padre.

La relación de nuestro Salvador con Dios era mucho más profunda que una cita diaria,
él siempre estaba consciente de la presencia de su Padre, “No puede el Hijo hacer nada
por sí mismo…, no puedo yo hacer nada por mí mismo…, Yo soy en el Padre, y el
Padre en mí…” (Juan 5:19, 30; 14:11), ninguno de sus actos ocurrían sin la dirección
de Dios, era como un traductor del Dios vivo, oía una voz que otros no podían, por ello
era diferente, no se preocupaba, sabía que muchas cosas eran para que Dios fuese
glorificado (Juan 9:3; 11:4); Dios desea lo mismo con nosotros, Pablo dice que hemos
sido predestinados para ser “hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos
8:29); la permanente intimidad que tuvo con su Hijo.
Dios enseña varias maneras o cuadros para describir la relación que Él quiere. Una es
la vid y las ramas, (Juan 15:5-7); la rama constantemente extrae nutrición de la vid. La
separación es una muerte segura. También habla acerca del templo para describir la
intimidad que desea, (Templo del Espíritu, 1ª Corintios 6:19), una presencia
permanente, no venidera, siempre disponible; el tercer cuadro es la analogía bíblica del
matrimonio, como esposa de Cristo (Apocalipsis 21:2), unidos a Él (Romanos 6:5), por
ende, la comunicación no debe cesar, como matrimonio. Alegres, o tristes, con ternura y
franqueza continua. Las personas que viven mucho tiempo con alguien empiezan a
parecerse, hablar y pensar de manera similar, así debemos mantenernos pegados a Dios,
y así captar, sus pensamientos, principios, actitudes, apropiándonos de su corazón. Así
como en el matrimonio, la comunión con el Señor no es una carga, es un deleite (Salmo
84:1-2), una comunicación dulce. La última analogía o cuadro, es la de las ovejas y el
pastor, (Rebaño de Dios, Salmo 100:3), el Buen Pastor nunca deja a sus ovejas (Salmo
23:4).

Dios está tan cerca como la vid a la rama, tan presente en usted como Dios lo estaba en
su templo, tan íntimo como el esposo con la esposa, y tan devoto o apasiona como el
pastor para con sus ovejas.

Una relación profunda e íntima descrita a través de David en el Salmo 139:1-6; y Pablo
también insta a una noción constante de la búsqueda de Dios: orad sin cesar (1 Tesa
5:17), constantes en la oración (Romanos 12:12), orando en todo tiempo con toda
oración y súplica en el Espíritu (Efesios 6:18), perseverad en la oración (Colosenses
4:2), sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego
(Filipenses 4:6); si esto es complicado para nosotros, si pensamos que ya es suficiente
todas las tareas del día a día, entendamos que Dios es el que quita las cargas, no el que
las impone, por ello el buscarlo es aligerar el peso. La intención de Dios con nosotros es
poder tener esa comunión ininterrumpida.

Pero, ¿cómo vivimos, percibimos o nos familiarizamos con la voz y la presencia de


Dios?:

Entregando nuestros pensamientos al levantarnos. Antes de enfrentar el día, dar lo que


soy a mi Señor antes de levantarme, o durante. Como el salmista “de mañana escuchas
mi voz… y quedo esperando tu respuesta” Salmo 5:3; esto nos conecta con la segunda
idea, entregar nuestros pensamientos mientras esperamos. Pasemos tiempo con Él en
silencio, estar juntos es suficiente, (En quietud Salmo 46:10), nos damos cuenta de Su
presencia. Entregar los pensamientos en susurro. Darle valor a las frases breves, esas
que se pueden decir en voz baja, en cualquier lugar. Considerando todo momento como
un tiempo potencial de comunión con Dios; al hacer esto lo común se vuelve
extraordinario. Finalmente, entreguemos a Dios nuestros pensamientos al ocaso. Al
final del día, permita que su mente se fije en Él, concluyamos el día como lo
empezamos. Agradezcamos, preguntemos, busquemos misericordia, fuerza, seguridad
en su promesa: “He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel” (Salmo
121:4), si caemos dormidos mientras, no hay problema, qué mejor lugar para dormir
que en Sus brazos.

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del
Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el
Espíritu del Señor.” (2ª Corintios 3:18)

“Resplandeció su rostro como el sol” (Mateo 17:2)

Capítulo 6, Una cara transformada y un par de alas:

Un corazón con hambre de adorar; la gente en un viaje por avión y la gente en las
bancas de la iglesia tienen mucho en común. Están satisfechos con una experiencia
predecible, “fue un buen vuelo/culto”, salen y entran de la misma manera, pero hay
otros pocos que no se quedan así, sino que anhelan más, como aquellos que quieren
conocer al piloto, “Buscad y hallaréis” (Mateo 7:7).

Lo mismo le ocurrió al Señor, el día en que Jesús fue a adorar su rostro fue cambiado,
(veamos Mateo 17:1-5), las palabras de Mateo suponen una decisión de parte de Jesús
de ir a estar en la presencia de Dios, no fue de un día para otro, Él sabía cuándo era el
momento, se preparó, hasta que su corazón estuvo listo. Y nosotros por el contrario,
actuamos a la ligera cuando se trata de encontrarnos con Dios, quizás ni nos
preparamos; de seguro eso no pasaría si nos invitan a comer con alguna persona en
eminencia. Preparémonos para adorar, oremos antes y durante, durmamos si es
necesario, leamos la Palabra, vayamos con hambre, dispuestos, esperando escuchar la
voz de Dios, preguntando por el Piloto. Así descubriremos el propósito de la adoración:
cambiar la cara del adorador. Lo que a Jesús le ocurrió, su apariencia se transformó,
“resplandeció su rostro como el sol” (Mateo 17:2). Dios desea tomar nuestras caras, las
partes más expuestas y reconocibles de nuestros cuerpos para reflejar su bondad. Y Él
nos invita a ver su cara para poder cambiar la nuestra (2ª Corintios 3:18), convertirnos
en retratos de gracia y confianza, por medio de la adoración.

La adoración es el acto de magnificar a Dios, de engrandecer nuestra visión de Él,


mientras más nos acercamos, más grande es nuestra percepción de Él, y es eso lo que
necesitamos una noción grande de Dios. Por consiguiente, una cara vibrante o brillante
es característica del que ha estado en la presencia de Dios; Moisés y Esteban (Éxodo
34:33-35; Hechos 6:15; 7:55-56), es obra de Dios, el rostro brillante, ni Jesús hizo eso,
el verbo en griego de “se transfiguró” (Mateo) indica que la apariencia de Jesús fue
cambiada. Nuestra meta sencillamente es sencillamente estar ante Dios con un corazón
preparado y dispuesto, entonces dejar que Él haga su obra. Y también cambia a los que
nos ven adorar, no sólo a los que adoran.

De aquí viene la adoración evangelizadora; Pablo le habla a la iglesia de Corinto acerca


de esto, que adoraran de una manera tan clara que los inconversos si los veían se
postraran y adoraran (1ª Corintios 14:24-25); David cita el poder evangelizador de la
adoración sincera: “Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios.
Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová” (Salmo 40:3); deje que los
demás escuchen o vean pasión y sinceridad en su adoración, y ellos serán cambiados.
Tal vez no entiendan todo lo que se hace, pero entienden la alegría y el gozo cuando lo
ven, por ende querrán sentir lo mismo, ver la cara de Dios.

Y también ocurre con los padres, los hijos observan si se preparan, si hay entusiasmo,
hambre; demostremos el poder de la adoración, preparemos el corazón, dejemos que
Dios cambie nuestra cara.

“Pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, al glorioso Padre, que les dé sabiduría
espiritual para entender su revelación y conocerlo mejor. Pido que Dios les ilumine la
mente, para que sepan cuál es la esperanza a la que han sido llamados.” (Efesios 1:17-
18, VP)

Capítulo 7, Juegos de golf y tallos de apio:

Un corazón bien enfocado; Ejemplo: partido de golf del autor, en iba perdiendo y elige
tratar de meter la pelota en un hoyo diferente, por equivocación, lo mismo se puede
decir de la vida, ya es dura de por sí, y cuánto más si nos dirigimos a la dirección
equivocada, y una capacidad para admirar de Jesús fue mantenerse enfocado en el
blanco, se mantuvo en curso hacia el objetivo, ser el Salvador de las almas. “…vino a
buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). “…y para dar su vida en
rescate de muchos” (Marcos 10:45); se concentró tanto en su objetivo, la cruz del
Calvario, que sus palabras finales fueron: “Consumado es” (Juan 19:30), “tarea hecha,
o concluida”. Había completado la tarea designada.

Y nosotros, con corazones desenfocados, vidas sin estrategia, metas, prioridades


definidas; erráticas, vacilantes. Distracciones pequeñas que nos hace desenfocar de las
cosas grandes. Dios quiere que seamos como Jesús y que tengamos corazones
enfocados, y el que diseñó nuestro curso nos dejó direcciones, el mapa que seguir.

Al responder cuatro preguntas sencillas podemos ser más como Jesús; la primera o el
primer paso es preguntarnos: “¿Encajo en el plan de Dios?” (Romanos 8:28), el plan de
Dios es salvar a sus hijos, (“todos procedan al arrepentimiento” con paciencia, 2ª
Pedro 3:9) Mi meta debe ser la misma, la salvación del mundo, somos representantes
de Cristo, somos usados por Dios para persuadir a hombres y mujeres (2ª Corintios
5:20). Hablar a otros del Dios que ama y anhela llevarnos a su hogar. Pero, ¿cómo debo
contribuir exactamente? ¿Cuál es mi tarea específica?, vamos a la siguiente pregunta.

¿Cuáles son mis anhelos? Nuestro corazón es esencial, “Disfruta sirviendo al Señor, y
Él te dará lo que quieres” (Salmo 37:4) Cuando nos sometemos a los planes de Dios,
podemos confiar en nuestros deseos. ¿Qué nos encanta hacer? ¿Qué nos produce
alegría? ¿Qué nos da sentido de satisfacción?, algunos les gusta las labores sociales,
otros dirigir, otros cantar o enseñar, o dar la mano al enfermo o asesorar al confundido.
Cada uno fuimos hechos para servir de una manera única. (Efesios 2:10; Salmo
139:13-16, hablan acerca de nuestra creación y formación)
Somos hechos a la medida, con propósito, Dios planeó nuestra vida desde antes de
nacer; nuestros anhelos no son accidentales, son mensajes vitales, no deben ignorarse,
se debe consultar acerca de ellos, con estos Dios mueve nuestra vida, Él tiene demasiada
gracia para pedirnos hacer algo que detestamos. Tengamos cuidado, no consideremos
nuestros deseos sin analizar nuestras capacidades. Tercera pregunta:

¿Cuáles son mis capacidades? Hay cosas que queremos hacer, pero que no estamos
equipados para lograr. Pablo nos aconseja en Romanos 12:3, al decir que estimemos
con sensatez nuestras capacidades. Por ello, identifiquemos nuestros puntos fuertes, y
especialicémonos en ellos. No podemos suplir la necesidad de todo el mundo, o
complacerlos a todos porque nos desgastaremos, así que estimemos con sensatez
nuestras capacidades y apeguémonos a ellas. Y la pregunta final es necesaria:

¿Sirvo a Dios ahora? Jesús sigue siendo el ejemplo ideal. Cuando percibe el llamado de
Dios a su vida, en el templo de Jerusalén (Lucas 2:49), y ¿qué hacer después de esto?
¿Reclutar discípulos y hacer milagros? No, ir a casa, amar a la familia y atender los
asuntos de la misma, como Jesús. El primer lugar que atender es el círculo familiar, o
bajo el techo dónde estamos con continuidad. Y en los lugares donde nos desarrollamos,
buenos empleados, estudiantes, sin quejas, sino “todo lo que hagan, háganlo de buena
gana, como si estuvieran sirviendo al Señor y no a los hombre” (Colosenses 3:23, VP).

Un plan fácil de recordar: ¿Estoy encajando en el plan de Dios? ¿Cuáles son mis
anhelos? ¿Cuáles son mis capacidades? ¿Estoy sirviendo a Dios ahora?; y en caso de
que nos cueste, o sintamos que no podemos, Dios nos da una oportunidad para un nuevo
comienzo caminando según Su voluntad (1ª Pedro 4:2).

“Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo.”
(Efesios 4:25)

Capítulo 8, Nada más que la verdad:

Un corazón sincero; somos testigos, citados por Dios mismo, y nuestra tarea es hablar
verdad (Hechos 1:8). Como testigos, estamos llamados a hablar acerca de lo que hemos
visto y oído, debemos decir la verdad. Y como somos testigos de Cristo, este cargo o
tarea jamás es deja de ser; el engaño nunca es una opción. Jesús fue extremadamente
veraz, “nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca” (Isaías 53:9) Sencillamente dijo
la verdad, siempre. Dios anhela que seamos como su Hijo, para lograr eliminar el
engaño de nosotros. Además Dios es tajante con el que hace esto (Salmo 101:7)
Nuestro Maestro y Señor tiene un estricto código de honor, de Génesis a Apocalipsis
podemos ver que Dios ama la verdad y aborrece el engaño; Pablo hace una lista de las
personas que no heredarán el Reino de Dios, y aparecen “los que mienten” (1ª Corintios
6:9-10). Dios ve el hacer trampas de la misma manera cómo ve el postrarse ante ídolos.
(Proverbios 6:16-17; 12:22; Salmo 5:6).

Y ¿Por qué una posición tan rigurosa?, por la sencilla razón de que la falta de veracidad
es absolutamente contraria al carácter de Dios. Según Hebreos 6:18 es imposible que
Dios mienta, no puede; Tito enfatiza: “Dios, que no miente” (Tito 1:2). Siempre dice la
verdad. Por otro lado, Satanás halla imposible decir la verdad, es el padre de mentira
(Juan 8:44); el engaño fue la primera herramienta que usó en el Génesis (Génesis 3:1-
4), y esto desató algo que fue quitando la veracidad. Según Daniel Webster tenía razón
cuando observó: “Nada hay más poderoso que la verdad, y con frecuencia nada más
extraño”, y ¿por qué toleramos tal falta de honradez? “Engañoso es el corazón más que
todas las cosas” (Jeremías 17:9), la respuesta es tan simple, por un lado, no nos gusta la
verdad, no nos gusta saber esas noticias abrumadoras o recibir castigos que podemos
encubrir, y esto lo vamos aprendiendo desde pequeños, a “tapar las cosas”. La verdad,
vemos que no es divertida, no nos gusta, y de hecho no confiamos en ella, un ejemplo,
es la adulación, o lisonja, exagerar, estirar la verdad, esto es mentira. Ananías y Safira
representan cuánto los humanos no confiamos en la verdad, y su acto, el mentir, los
llevó a morir (Hechos 5:11), y todavía el engaño engendra muerte, tal vez no la del
cuerpo, pero sí la del matrimonio, conciencia, una carrera, la fe. También la intimidad,
confianza, paz, credibilidad y respeto propio. Pero tal vez una muy trágica, o la más
trágica es la de nuestro testimonio. ¿Pensamos que Dios nos usará como testigos si no
decimos la verdad?, Dios dice que si somos fieles en cosas pequeñas, nos confiará cosas
más grandes (Mateo 25:21); ¿puede Dios confiarnos estas pequeñas cosas?

La cura para el engaño es sencillamente “hacerle frente a la música”, hacerle frente a


las consecuencias, decir la verdad. Y si estamos en un dilema entre decir o no la verdad,
pensemos si Dios bendice aquello que hacemos, diríamos que no; examinemos nuestro
corazón, hagámonos preguntas duras sobre nuestra veracidad en todos los ámbitos que
nos desarrollamos. Si no decimos la verdad, siempre, comencemos hoy, seamos como
Jesús.

“Practiquen el dominio propio y estén alertas. Su enemigo el diablo ronda como león
rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe.” (1
Pedro 5:8-9 NVI)

Capítulo 9, El invernadero de la mente:

Un corazón puro; todo el mundo sabe que se siega lo que se siembra, pero olvidamos
que también debemos cultivar nuestro corazón, podemos asemejarlo al invernadero,
como un regalo de nuestro Padre, los pensamientos son como las semillas, unos
producen flores y otros hierbas malas, sembremos aquellas de esperanza y disfrutemos
del optimismo, si sembramos las otras de duda, esperemos tener inseguridad. (Siembra y
cosecha, Gálatas 6:7, VP); la prueba de esto está donde quiera que miremos, personas
tranquilas, pacientes, optimistas, que perdonan y resisten al negativismo, quizás han
sembrado semillas de bondad y ya están disfrutando de la cosecha. Y todo lo contrario,
también es visto y posible. Si las semillas son los pensamientos, deberíamos ser
selectivos respecto a las semillas que permitimos entrar al invernadero (el corazón),
guardarlo es una estrategia bíblica (Proverbios 4:23)

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”; no tenemos
el derecho de permitir que entre todo aquello que quiere entrar a nuestro corazón, atte.:
Dios, el dueño; cuidar de que no pase la ira, venganza, autocompasión, lujuria, digamos
que no. Y nuestro Señor nos da ejemplo de esto, nuevamente, con la arrogancia, querían
hacerlo rey, pero sabiendo sus planes decidió retirarse al monte solo (Juan 6:15);
también cuando decidió decirle a Pedro sobre su muerte en la cruz y éste se opuso, Jesús
objeta “¡Apártate de mí, Satanás…” (Mateo 16:22-23); momentos de humillación y
burla, cuando le pidieron que sanara a una muchacha enferma, y Él les dijo que no
estaba muerta sino que dormía; pero decidió sacar a todos y alejarlos, rehusó recibir la
burla en su corazón y en la casa de la muchacha. (Marcos 5:39-40).

Jesús guardaba su corazón, y quiere que nosotros lo hagamos también. Que nuestro
corazón sea fértil y fructífero, que piense y actúe como Cristo Jesús, y ¿cómo?
Sometiendo mis pensamientos a la autoridad de Jesús. Él es el Jefe Supremo de los
cielos y la tierra, tiene la última palabra en todo, hasta en nuestros pensamientos. Tiene
autoridad sobre todo, hasta de nuestras ideas. Y para tener un corazón puro, debemos
someter nuestros pensamientos a Su autoridad. (2ª Corintios 10:5)

La mente es la entrada a nuestro corazón, el lugar estratégico en donde determinamos


cuales semillas se siembran y cuáles se descartan. Además el Espíritu Santo es aquel
que nos ayuda a manejar y filtrar los pensamientos que quieren entrar; tomamos
cautivos todo tipo de pensamiento, lo encadenamos y lo llevamos directo al tribunal de
Cristo, a ver qué dice Jesús de éste; si Jesús concuerda con el pensamiento, entonces
hay que dejarlo entrar. Si no es así, hay que sacarlo a patadas. Y ¿cómo saber si Jesús
concuerda o discrepa? Leyendo la Biblia. ¿Qué dice Dios de nosotros? ¿A dónde
vamos? ¿Qué debo hacer ante tales situaciones?, entre otras preguntas. Ejemplos: ni
pensamientos de inferioridad (Efesios 2:10); ni para engrandecernos, lisonjas (Gálatas
6:14), ni tentaciones (1ª Corintios 6 y 7); sólo entra aquello que Cristo quiera que entre.

Guardemos nuestro corazón, sometamos nuestros pensamientos a la autoridad de


Cristo; mientras más selectivo en las semillas, más se deleitará con la cosecha.

“Vivan alegres por la esperanza que tienen; soporten con valor los sufrimientos; no
dejen nunca de orar” (Romanos 12:12, VP)

Capítulo 10, Encuentre oro en la basura:

Un corazón lleno de esperanza; Guillermo Rathje le encanta la basura, hace estudios


cercanos a basureros, halla tesoros en los mismos. Jesús hace lo mismo, en lo que todo
el mundo percibía como calamidad, Él vio una oportunidad, enfoque en lo que otros no
ven, encuentra lo que otros se perdieron; al comienzo de su ministerio, Jesús dijo que la
manera en que miramos la vida determina cómo la vivimos, y modeló este principio
(Mateo 6:22-23). La noche antes de su muerte todo un basurero cayó sobre Jesús,
engaño y traición, sin embargo en todo esto Jesús vio razón para la esperanza, su
perspectiva es ejemplo. (Mateo 26:46-56); una crisis tras otra, antes de ver lo que Jesús
vio, primero consideremos lo que un observador hubiera presenciado en el huerto de
Getsemaní. Primero, una oración no contestada, (“…Pasa de mí esta copa…” Mateo
26:39), y no fue una oración serena, estaba entristecido, angustiado, postrado (26:37,
39). Lucas nos dice que estaba “en agonía” y que su sudor era como gotas de sangre que
caían en tierra (Lucas 22:44).

Jamás la tierra ha ofrecido una petición más urgente, y el cielo jamás había ofrecido un
silencio más ensordecedor, la oración de Jesús quedó sin contestación, y no sólo tuvo
que enfrentar la oración sin contestar, sino que luego pasó esto: “mientras todavía
hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de
parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo… Entonces se acercaron
y echaron mano a Jesús, y le prendieron” (Mateo 26:47, 50). Otra crisis, un servicio
infructuoso, los que salvó ahora venían a arrestarlo, y no eran unos pocos, eran varios
cientos de tropas entrando en el huerto, indican las palabras que usó Juan, speira
vocablo griego para “una compañía de soldados”, además de los mirones. Y de tantos,
que habían visto milagros, escuchado los sermones, ninguno habla a favor de Jesús, los
que había venido a salvar, ellos se volvieron en su contra. Podemos olvidarnos de la
multitud, y enfocarnos en los discípulos, la píldora más amarga que Jesús tuvo que
tragar fue la increíble traición de parte de sus discípulos. “Entonces todos los
discípulos, dejándole huyeron” (Mateo 26:56), la palabra todos está repleta de dolor. Y
no tenemos que ir muy lejos, más atrás, para ver cuando esta palabra se usa, pero de una
manera diferente: “Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré.
Y todos los discípulos dijeron lo mismo” (Mateo 26:35, cursivas agregadas), todos
juraron lealtad, y sin embargo, todos huyeron. Los discípulos le habían dejado, el
pueblo también, y Dios no le había respondido. Desde el punto de vista humano el
mundo de Jesús se derrumbó; nunca se había echado tanta basura sobre un ser humano.
Pero Él vio algo enteramente diferente, no estaba limitado por la basura, de alguna
forma fue capaz de ver el bien en el mal, el propósito en el dolor, y la presencia de Dios
en el problema. Podemos usar la visión 20-20 de Jesús. Y también tenemos alternativas
con la basura, esconderla, disfrazarla, o verla como Jesús pudo verla. Dios quiere que
tengamos un corazón lleno de esperanza, como el del Salvador.

Lo que Jesús hizo. Encontró bien en el mal. Judas fue un bandido, un impostor, un
sinvergüenza, no sabemos cómo le hizo Jesús para verlo de otra manera, pero así fue.
Qué vio para llamarlo así: “Amigo, ¿a qué vienes? (Mateo 26:50) Pero sí sabemos que
Jesús no miente, y en ese momento vio algo buen en un hombre muy malo. No le echó
toda la culpa a Judas, “mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas” (Lucas
22:53), Judas no era inocente, pero tampoco actuaba solo, como las cosas que nos
atacan a nosotros, luchamos contra principados y potestades (Efesios 6:12). Los que nos
traicionan son víctimas de un mundo caído, Jesús puede ayudarnos a ver como amigos a
los que nos ofenden. Y no sólo encontró bien en el mal, sino que encontró propósito en
el dolor; de las palabras que pronunció durante su arresto, una parte significativa se
referían al propósito de Dios (Mateo 26:45, 56), decidió ver su lucha inmediata como
parte de un plan mayor. Donde vemos oración no contestada, Jesús vio oración
contestada, verso 53: “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que Él no
me daría más de doce legiones de ángeles?” De todos los tesoros que Jesús vio en la
basura, este es el más significativo. Vio a su Padre, vio la presencia de su Padre en el
problema. Y si pensamos que Él no puede darnos la manera en que veía, estamos
equivocados, no subestimemos el poder de Dios; puede hacerlo como al criado de
Eliseo (2ª Reyes 6:15-17).

Dios nunca promete eximirnos de nuestras luchas. Lo que sí promete, es cambiar la


manera en la que vemos. Y el apóstol Pablo nos hace una lista de las bolsas de basura
que enfrentamos: aflicciones, problemas, sufrimientos, hambre, desnudez, peligro y
muerte violenta. Y nos dice: “en todas estas cosas tenemos la victoria completa por
medio de Dios” (Romanos 8:35-37). No hay solución en evadir el problema, sino
cambiar la perspectiva.

Dios puede corregir nuestra visión; Él pregunta: “¿Quién le dio la vista a la persona?” y
luego responde: “¿No soy yo Jehová? (Éxodo 4:11). A más de uno Dios le ha dado
visión clara, ¿Quién dice que no puede hacer lo mismo con nosotros?

“Cantad a Jehová cántico nuevo; Cantad a Jehová, toda la tierra. Cantad a Jehová,
bendecid su nombre; Anunciad de día en día su salvación” (Salmo 96:1-2)

“Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos” (Lucas 10:20)

Capítulo 11, Cuando el cielo celebra:

Un corazón que se regocija; Jesús sabe sobre la fiesta y la celebración, hacia o para
nosotros, en Lucas 15, Él nos cuenta tres historias, cada una habla de algo que se perdió
y que fue hallado, una oveja, una moneda y un hijo perdido. Al final de cada historia
Jesús describe una fiesta, una celebración. Tres parábolas, cada una con su respectiva
celebración, y en cada una hay un común denominador, en conjunto a la palabra, dicha
explícitamente, gozo. (Versos 5-6, 9, 32; Gozo) El punto está claro, Jesús se alegra
mucho cuando se halla lo que estaba perdido, momentos de salvación. “Hay gozo
delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15:10) Tanto
entusiasmo por uno sólo, vemos que Dios y los ángeles prestan mucha atención al
mundo de los humanos. De acuerdo a Jesús nuestras decisiones tienen un impacto en el
mundo invisible, pero más importante, si un pecador se arrepiente, toda otra actividad
allá cesa y todo ser celestial celebra. Este es un aspecto al cual nuestros corazones deben
dar algo de atención; allá se mueren por vernos llegar, por ver llegar aquel que se
arrepiente, y cuando estemos seremos tal como Jesús (1 Juan 3:2). La obra magna de
Dios, su obra de arte, cada uno de nosotros, finalmente un corazón como el de Él,
amando con amor perfecto, adorando con cara radiante, oyendo cada palabra que Dios
habla; corazón puro, palabras como joyas, sus pensamientos serán como tesoros. Tal
como Jesús. Sin culpa, sin temor, entusiasta y gozoso.

En el cielo seremos trigo puro. Sin celos, sin secretos, sin pecado, sin inseguridad, nada
de hierbas malas, amor y esperanza pura, nada de lujuria. El gozo de los ángeles cuando
un pecador se arrepiente es porque saben y piensan en que otra obra de arte pronto
adornará la galería de Dios. Y la otra parte del regocijo es por la liberación, salvos del
infierno.
Una frase resume el horror del infierno: “Dios no está allí”.

Pidamos a Dios ayuda para tener una visión eterna del mundo, desde la perspectiva
divina toda persona es o está…

Entrando por la puerta estrecha o la puerta ancha (Mateo 7:13-14); Andando por la
senda estrecha o la senda ancha (Mateo 7:24-27); Sabia o necia (Mateo 25:2);
Preparada o no preparada (Mateo 24:45-51); Llevando fruto o no llevando fruto (Mateo
25:14-27); Llamado al cielo o dirigiéndose al infierno (Marcos 16:15-16).

Tener un corazón como el de Él es ver a los salvos y regocijarnos, están apenas a una
tumba de ser como Jesús. Y por ende al ver a los perdidos orar, porque a menos que
ellos se conviertan, están apenas a una tumba del tormento. Pidamos que Dios nos
ayude a captar su visión eterna del mundo, todas las personas con que nos cruzamos han
recibido una invitación a la cena, cuando uno confirme, celebremos, y cuando esté
dudando, instémosle y animémosle a que se aliste, no queremos que esa persona se
pierda la fiesta.

“Corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.” (Hebreos 12:1).

Capítulo doce, Termine con fuerza:

Un corazón que resiste; vivimos muchas veces dejando cosas a medias. Una cosa es
empezar algo, y otra muy diferente, completarlo. Pero no es enteramente malo, hay
ciertos proyectos que es mejor dejarlos a medias, y otros que sabiamente hay que
abandonar. El deseo es que terminemos lo que debemos terminar. Ciertas carreras son
opcionales, como el ejercicio, pero otras son esenciales, como la carrera de la fe.
“…corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.” (Hebreos 12:1).

La palabra carrera procede del griego agon, de donde procede nuestra palabra agonía,
nuestra carrera como cristiano, es exigente, agotadora, y algunas veces agonizante. Se
requiere esfuerzo masivo para terminar con fuerza. Muchos pueden abandonar por
choques, o cansancio. Pero nuestro Maestro es el ejemplo clásico de uno que resistió, a
pesar de que los malos le estaban haciendo mal, valga la redundancia.

¿Hemos pensado en lo que resistió Jesús?, humillaciones, tentaciones. Sabemos lo que


son las tentaciones, tal vez un momento, una hora o un día de tentación, pero ¿cuarenta
días? Eso fue lo que Jesús enfrentó. (Lucas 4:1-2) Fue incesante, la tentación, las
pruebas. Una guerra en su interior. Pudo haber abandonado la carrera, pero no, siguió
corriendo. Ni la tentación, ni las acusaciones. Debe ser horrible correr y que los
espectadores te critiquen. ¿Le gustarían que le gritaran?: “Mentiroso” (Juan 7:12),
“Aquí viene el extranjero” (Juan 8:48), “¿los hijos del diablo pueden correr? (Juan
8:48). Esto fue lo que le ocurrió a Jesús. Hasta sus vecinos, donde Él nació trataron de
despeñarlo por un precipicio (Lucas 4:29). Sin embargo, seguía corriendo sin cesar. No
lo detuvo la tentación, ni las acusaciones, y la vergüenza tampoco fue motivo para
abandonar. Jesús, “…menospreciando el oprobio…” (Hebreos 12:2). Otra traducción
dice que aceptó la vergüenza como si fuera nada. La vergüenza es un sentimiento de
desgracia, bochorno y humillación, imaginemos si una de esos eventos bochornosos sea
rodado por televisión y todos los vean. Así fue como se sintió Jesús, y Él nunca hizo
nada vergonzoso; Jesús fue cubierto de vergüenza, gracias a la cruz y todo el pecado
que cargó. Y nuestra vergüenza individual parece demasiada para soportarla, si vemos
la oleada que cayó sobre Jesús, nos queda pequeña la nuestra, fue visto como
engañador, mentiroso, ladrón, lujurioso, incrédulo, y en ningún momento cometió algo
similar a esto. ¿Cómo podemos resistir la carrera? Enfocados en lo que Jesús se enfocó:
“el gozo puesto delante de él” (Hebreos 12:2).

Se enfocó en el premio del cielo. Y con este enfoque no sólo pudo acabar la carrera,
sino que la terminó con fuerza. Escribir un libro es como correr una carrera de distancia,
al comienzo hay entusiasmo, la energía se reduce, piensas en abandonar todo, hay ideas
inspiradoras, capítulos agotadores, revisiones de editores; el ritmo de una carrera de
larga distancia; ya hacia el final, con pocas fuerza, en búsqueda de un puntapié, un
impulso, con necesidad de inspiración. ¿Dónde la encuentra el autor? Son dos. La
primera un momento de quietud ante Dios, un momento de disfrute. Y la segunda, en
comer. El alimento y la compañía varía, pero el pensamiento mientras como no cambia,
“He terminado”. Sin pensar, sólo en disfrutar. Podemos comprender en donde Jesús
halló su fuerza, se enfocó en el banquete, lo que vio le dio fuerza para terminar, y
terminar con fuerza. Tales momentos nos aguardan, en donde Cristo dirá: “Bien, buen
siervo y fiel” (Mateo 25:23).

Y en ese momento, la carrera bien habrá valido la pena.

“También pido que les sean iluminados los ojos del corazón para que conozcan la
esperanza a la que Él los ha llamado, la riqueza de su gloriosa herencia en los santos”
(Efesios 1:18 NVI).

Conclusión, PONGA SUS OJOS EN CRISTO:

Hay ocasiones cuando vemos. Y hay ocasiones cuando vemos. Unas observamos, y
otras memorizamos. Notamos, o estudiamos. La mayoría sabemos que es ver un nuevo
bote, o auto, o alguien nuevo… Pero ¿sabemos lo que sería ver a Jesús? ¿Poner “los
ojos en Jesús”? (Hebreos 12:2).

Hemos pasado los últimos doce capítulos mirando lo que sería ser como Jesús. El
mundo nunca ha conocido un corazón tan puro, un carácter tan impecable. Su oído
espiritual tan agudo, Su misericordia. Ninguna mentira salió de Él, no permitió
distraerse. Lo que está en las páginas es precisamente lo que nos invita a hacer por el
resto de nuestra vida. Poner nuestros ojos en Jesús. Enfocar el lente de nuestro corazón
en el corazón del Salvador y lo hagamos el objetivo de nuestra vida. Por esto
concluyamos con esta pregunta: ¿Qué quiere decir ver a Jesús?

Los pastores pueden decírnoslo. Para ellos no fue suficiente los ángeles, el cielo
nocturno llenó de luz. Querían ver al que había enviado a los ángeles.
“Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos” (Lucas 2:15). No muy atrás de los pastores
había un hombre llamado Simeón, Lucas nos dice que era un buen hombre que servía en
el templo al tiempo del nacimiento de Jesús. Y también nos dice: “Y le había sido
revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del
Señor” (Lucas 2:26). Esta profecía se cumplió pocos días después de que los pastores
vieron a Jesús. Para Simeón ver a Jesús fue suficiente. Ahora estaba listo para morir, no
quería hacerlo sin haber visto al que hizo al mundo. Oró: “Ahora, Señor, despides a tu
siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación” (Lucas
2:29-30). Los magos tenían el mismo deseo, y triunfaron en verlo. Más impresionante
que su diligencia fue la disposición de Jesús. Todos los que quisieran verlo, lo vieron.
Todos lo que le buscaron lo hallaron. Mucho antes de que se escribieran las palabras, la
promesa fue ratificada: “Dios… es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).
Como Juan y Andrés. Notemos la petición que hicieron.

“Rabí”, le preguntaron, “¿dónde moras?” (Juan 1:38). Le preguntaron su dirección


domiciliaria. Querían quedarse con Él, conocerlo, verlo, seguir sus pasos, saber lo que
habían escuchado de Él. Y Jesús dijo: “venid y ved” (v. 39). Y este no era, ni es
momento para echar vistazos. “Fijemos la mirada en Jesús, el autor y perfeccionador de
nuestra fe” (Hebreos 12:2 NVI). Los discípulos fijan sus ojos en el Salvador. Esto fue
lo que pasó con Mateo (Mateo 9:10) A Jesús no le importaba que fuera ladrón, lo que le
importó fue que lo quería conocer a Jesús, y puesto que Dios “es galardonador de los
que le buscan” (Hebreos 11:6). Mateo fue recompensado con la presencia de Cristo en
su casa. Y Jesús no sólo se juntaba con las personas grandes, también con los pequeños
como Zaqueo, él tenía un corazón con hambre de ver a Jesús, como Mateo. Hizo todo lo
posible para verlo. A diferencia del joven rico, que lo buscó para obtener salvación.
Contrastemos los deseos de los otros con el de él: ¿Puedo encaramarme en el árbol?
(Zaqueo). ¿Dónde moras? (Juan y Andrés). ¿Puedo quedarme esta noche? (Mateo).
¿Puedo estar vivo hasta que lo vea? (Simeón). “Hasta que lo veamos; vamos… y
veamos” (Magos y pastores). El joven rico quería la medicina, los otros querían al
Médico. Querían más que salvación, querían al Salvador. Ver a Jesús. Fervientes en su
búsqueda. “Dios recompensa a los que le buscan fervientemente” (Traducción de
Hebreos 11:6). Busquemos con hambre, y diligencia. Sin cansarnos. Busquemos al
Rey. Y ¿Cuál es la recompensa? Nada menos que el corazón de Cristo. “Vamos
transformándonos en su misma imagen, porque cada vez tenemos más de su gloria, y
esto por la acción del Señor, que es el Espíritu” (2ª Corintios 3:18, VP).

¿Podemos pensar en un obsequio mejor, o más grandioso? Cristo quiere quitar la


culpabilidad, los malos hábitos, el miedo a la muerte, que tengamos bondad por los
enfermos, misericordia por los rebeldes y valor para los retos. Dios quiere que tengamos
lo mismo.

“Él le ama tal como es usted, pero rehúsa dejarlo así. Quiere que usted sea como
Jesús.”