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CUIDADO DEL ADULTO MAYOR EN CASA

G296

Presentado por:
Liliana Guerrero Tarazona

Presentado a:
Edisson Arroyave
(Tutor)

Bucaramanga 18 de julio de 2019


CUIDADO DEL ADULTO MAYOR EN CASA

A medida que el ser humano va envejeciendo se produce de forma


paulatina un deterioro de la condición física que progresivamente
va afectando a las actividades de la vida diaria, si al envejecimiento
se suma el sedentarismo el deterioro se verá acelerado con el
consecuente impacto en la calidad de vida del adulto mayor.
De acuerdo con lo anterior daremos respuesta a los siguientes
interrogantes: ¿Conoce los cuidados que debe tener un adulto
mayor?, ¿Quiénes deben ser sus cuidadores de una persona de edad
avanzada? .Teniendo en cuenta nuestro punto de vista, el
conocimiento de los expertos en el tema, la ética del cuidador,
mostraremos que el cuidado de los adultos mayores en el hogar es
responsabilidad de todos.

Una preparación adecuada en estas tareas es necesaria pese que a


priori no le demos la importancia que merece, lo que hace muy
conveniente la contratación de personas especializadas en su
asistencia.
Las personas mayores poseen una avanzada capacidad para
superar las dificultades y su experiencia vital compone una fuente
de sabiduría que debemos saber aprovechar. Todas esas
“batallitas” que nuestros abuelos nos cuentan se podrían calificar
de hazañas en lugar de historietas anticuadas. No debemos pues
dejar sin consideración sus conocimientos, al contrario de eso,
debemos ayudarlos a desarrollar sus capacidades y evitar así
trastornos psicológicos que puedan afectar tanto a su salud, como
en última instancia a la salud del conjunto de personas que lo
rodean. Al fin y al cabo, las personas mayores también son nuestro
futuro.

Diferentes estudios coinciden en que las familias que se encuentran


al cuidado de ancianos presentan un desgaste físico y emocional
constante que implica una cantidad de tiempo y esfuerzo dedicado
al cuidado que se suma a las actividades diarias del cuidador. Ello
repercute en el desarrollo normal de las actividades laborales,
privaciones al cónyuge, a los hijos y reducción de la vida social. La
vida del cuidador primario se organiza en función del adulto mayor
enfermo, buscando que las actividades de cuidado sean
compatibles con las acciones de la vida cotidiana. Cuando se cuida
a mayores con enfermedades crónico-degenerativas, todo el
horario de vida (laboral, familiar, ocio, etc.) se adapta en función
del enfermo que se atiende.
Tal y como lo señalan diferentes investigaciones al respecto de la
designación de los cuidadores encontramos en los discursos de
personas que han sido entrevistadas sobre el tema la confirmación
de que es la mujer la encargada de asumir las actividades de
cuidado en la salud/enfermedad, específicamente en el cuidado en
el hogar de enfermos ancianos.
En muchas ocasiones, las familias no pueden prestar la suficiente
atención a sus mayores. Otras veces, cuando si les es posible, el
desconocimiento de los cuidados adecuados y conductas
aconsejables con los ancianos provoca en los familiares situaciones
de presión y angustia que desembocan a la vez en fuertes
problemas psicológicos para el núcleo familiar y en peor de los
casos y/o el maltrato del adulto mayor, bien sea por acción u
omisión.
El cuidado proporciona tanto subsistencia como bienestar y
desarrollo. Abarca la indispensable provisión cotidiana de
bienestar físico, afectivo y emocional, a lo largo de todo el ciclo vital
de las personas. Junto a los aspectos “materiales”, se encuentra el
relacionado al desarrollo del vínculo afectivo con las personas
cuidadas. En el interior de la familia, estas tareas involucran
simultaneidad de roles y responsabilidades, que para ser captados
requieren considerar conceptos como los de dirección y gestión, no
fácilmente traducibles en estimaciones de tiempo, intensidad o
esfuerzo (Durán, 2003).

La especificidad del trabajo de cuidado es la de estar basado en lo


relacional, ya sea en el marco de la familia o por fuera de ella (Pérez
Orozco, 2006). En el marco de la familia, su carácter a la vez
obligatorio y desinteresado le otorga una dimensión moral, así
como emocional, debido a que involucra también las emociones
que se expresan en el seno familiar, al mismo tiempo que
contribuye a construirlas y mantenerlas (Letablier, 2001). Se trata
de una tarea más frecuentemente realizada por mujeres, ya sea
que se mantenga dentro de la familia o que se exteriorice por la
forma de prestación de servicios personales.

También es claro las pocas o nulas ayudas que reciben las


cuidadoras en sus actividades, pues se designa al cuidado como una
obligación que deben cumplir, pareciendo una acción invisible, que
debe realizarse, sin dar el crédito, el reconocimiento o las ayudas
necesarias a la cuidadora principal. Estas características nos
permiten ubicar a las cuidadoras como un grupo vulnerable a la
sobrecarga, al estrés, a la exclusión, a la marginalidad y al olvido
social.
“Todos somos responsables de evitar situaciones de maltrato,
mediante un trato humanizado, digno y respetuoso a estos seres,
enriquecidos con el don de la sabiduría y la experiencia, y que en el
pasado eran visionados como el tesoro, la trascendencia más
importante de cada cultura o pueblo: nuestros ancianos”, señaló
Borja. (Enfermera del hospital del norte-Barranquilla)
BLIBIOGRAFIA

Organización Mundial de la Salud (OMS). Cara a cara con la


enfermedad crónica. 2005. Consultado en URL:
http://www.who.int/features/2005/chronic_diseases/es/index.ht
ml. 13/Abril/2008, GMT+1.

Robles L. El cuidado a los ancianos: la feminización de la obligación


filial. En: Robles L, Vázquez F, Reyes L, Orozco I. Miradas sobre la
vejez. Un enfoque antropológico. México: Ed. Plaza y Valdés; 2006.
p. 247-298.

Crespo M, López J. El estrés en cuidadores de mayores


dependientes. Madrid: Pirámide; 2007.