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Augusto Comte

y la Religión de la Humanidad

Héctor Diomede*

Augusto Comte (1798-1858) matemático y filósofo, cuyo nombre completo de pila -en
francés- era Isidore Marie Auguste François Xavier Comte, fue el inventor del término
sociología, una extraña mezcla del latín (socio) y del griego (logos), y quién al final de su
vida impulsó la Religión de la Humanidad.

Había comenzado su vida intelectual como uno de los secretarios1 de Henry de Saint-Simon
para luego apartarse y presentar su doctrina de la filosofía positiva.2 Las ciencias positivas
incluían una pirámide con las matemáticas, seguidas las ciencias naturales, y en la base la
ciencia de la sociedad, es decir, la sociología.

El positivismo –que tuvo gran influencia en pensadores latinoamericanos y argentinos34 se


enfrentaba a todo pensar metafísico. El positivismo, era pues, un modo de analizar los
hechos y sus leyes objetivas, no ya a partir de la abstracción de las ideas sino del quehacer
conjunto del razonamiento y la observación.

Al decir de Aron, R. (1970):

“Ser positivo equivale a descubrir las leyes que gobiernan los fenómenos. Ahora bien, hace
falta tiempo para deducir de la observación y la experiencia del conocimiento de las leyes”5

Habría muchas cosas para decir, pero nuestra intención aquí es hacer un recorte del
pensamiento comtiano, y circunscribir nuestra atención al tema que nos convoca: la Religión
de la Humanidad.

Un acontecimiento será clave para este nuevo intento de Comte6, el contacto que tuvo lugar
en 1844 con la escritora y poetisa Clotilde de Vaux (1815-1846)7 cuyo nombre de soltera era
Clotilde-Marie de Ficquelmont y de la cual se enamora perdidamente.

1
El otro era Agustin Thierry.
2
El término “ciencia positiva” se debe a Madame de Stael, que lo tomó luego Saint-Simon y su discípulo Aguste
Comte, aunque este último se separó de su maestro.
3 Martinez de Codes, R. M. (1988) “El positivismo argentino: una mentalidad en tránsito en la Argentina del

Centenario”, Revista Quinto Centenario, N°14, Universidad Complutense de Madrid.


4
Farré, L. (1958) “Cincuenta años de Filosofía en Argentina”, Peuser, Buenos Aires. En esta obra se consigna
que el Comité Positivista Argentino –que se reunía los domingos- lo integraban: J. A. Ferreira, L. Herrera, M.
Victoria, A. Herrera, R. Senet, V. Mercante, A. Acuña, A. Gimenez, N. Laclau, E. Rondanina, entre otros.
5
Aron, R. (1970) “Las etapas del pensamiento sociológico”, Editorial Siglo Veinte, Buenos Aires.
6 Habría que recordar que su esposa, Carolina de Massin (1802-1877), le había distanciado por fin en 1842 y

separado en 1844, quienes se habían casado en 1825. Carolina para hacer frente a los gastos familiares se vio
obligada a ejercer la prostitución (aunque otros autores sostienen que ya la ejercía antes de casarse y en esa

1
Pero hay dos grandes inconvenientes, ella era una ferviente católica y estaba casada desde
1935 en un matrimonio de conveniencia (ambos provenían de la nobleza) con Amde de
Vaux, quién perseguido por deudas de juego huyó a Bélgica. Solo tenía Comte a su favor al
hermano de Clotilde, un militar y matemático seguidor del positivismo, Maximilien-Marie
Ficquelmont.

Junto con el contacto epistolar8 un amor platónico parece ir “in crescendo” hasta que Clotilde
muere de tuberculosis el 5 de abril de 1846.

Así lo atestigua Petit, A. (1998):

“La primera carta del Comte a Clotilde es la del 30 de abril 1845. Desde entonces, hasta la
muerte de Clotilde el 5 de abril 1846, casi toda la correspondencia de Comte la consagra por
entero a ella. El intercambio de cartas son casi a diario y en ocasiones hay varias en un
mismo día - sólo hay muy pocas interrupciones de una semana a diez días en los momentos
más cruciales en sus relaciones. También debe tenerse en cuenta las visitas: dos veces por
semana, la primera vez con los padres, entonces giras por sí cada vez más frecuentes. Las
dificultades que son temas de conversación entre Auguste Comte y Clotilde de Vaux, los
problemas de orden de material, financiera y social, al mismo tiempo: uno no puede ignorar
estas condiciones externas de la generación con muchos tormentos del alma; entrelazan las
confidencias de amor difícil y doloroso. ….” 9

Es lo que le hace escribir a Comte sobre Clotilde que a pesar de no poder ser
“suficientemente iniciada en el positivismo” y que la “muerte quebrantase irrevocablemente
esta afectuosa instrucción”, en su “la angelical discípula” había un “profundo deseo de
conocer la religión capaz de elevarse sobre la anarquía moderna y una sincera veneración
hacia su pastor.” 10

Pero sería ilógico pensar que Comte debe toda su propuesta de la Religión de la Humanidad
a la anécdota con Clotilde de Vaux. Su horror a las consecuencias de la Revolución
Francesa de 1789 (a pesar de estar de acuerdo al comienzo, con el levantamiento 1848,
luego en 1852 se alineó con Napoleón III) lo llevó a su sistema positivo conectando las ideas
del Iluminismo –especialmente Condorcet11- con el conservadorismo, en su expresión “orden
y progreso”. Aunque reconoció el aporte de la “escuela retrógrada” integrada por Bonald,
Maistre, Lamennais y Chateaubriand; no los siguió. La diferencia central de su
conservadurismo, radicaba que no era católico y que con reservas guardaba cierta
aceptación por los valores de la Ilustración, a pesar de su declarada antipatía contra
Rouseau y Voltaire, a otros “philosophes”, a quienes llamó “docteurs en guillotine”.12

condición la conoce Auguste), especialmente el largo período que duró la internación de Comte en el manicomio
de donde salió con diagnóstico “no curado” (se quiso suicidar a causa de la muerte de su hija de nueve años) y
después de larga depresión que le continuó.
7
Ese contacto nace de un hecho casi banal, Comte le presta a Mme. de Vaux un libro, el “Tom Jones” de Henry
Fielding y ella le escribe una carta de agradecimiento el día siguiente. (Según Lepenies, W. (1994) “Las tres
culturas”, FCE, México.
8 La primera carta está fechada el 30 de abril 1845. Son aproximadamente 180 cartas por año.
9
Petit, A. (1998) “Auguste Comte et Clotilde de Vaux: La correspondance de l’année sans pareille”, Cahier
d’Études sur la Correspondances du XIXe siècle, n°8, Libraire Nizet, Paris.
10 Comte, A. (1990) “Catecismo Positivista”, Editorial Porrúa, México.
11 Conde, A. C. (2004) “La Religión de la Humanidad: ¿Culminación del sistema positivo?, A Parte Rei, Revista

Electrónica de Filosofía, n° 36, España.


12
Nisbet, R. (1988) “Conservadorismo” en Historia del análisis sociológico, Bottomore, T. y Nisbet, R. (comp.),
Amorrurtu, Buenos Aires.

2
Así escribe:

“En cada fase o modo cualquiera de nuestra existencia, individual o colectiva, se debe
siempre aplicar la fórmula sagrada de los positivistas: ‘el amor por principio, el orden por
base, el progreso por fin’ “.13

La religión –para Comte- viene a cerrar la grieta, el abismo que genera en la sociedad “la
retrogradación y la anarquía” y “el caos”14, como consecuencia de la libertad de conciencia y
el individualismo protestante y las luchas del proletariado de junio de 1849, como las
describe Marx15. De algún modo, Comte quiere volver a los viejos preceptos: “si la ciencia
estuvo, en la Edad Media esencialmente sometida a la religión de Dios, debe, finalmente,
en nombre de la razón y de la moral estar mucho más completamente al servicio de la
religión de la Humanidad”.16

Pérez Muñoz, M. (2013) sostiene:

“Por religión, Comte entiende re-ligare (unir dos veces). La religión positivista no es una
religión teológica, sino sociológica, en ella no existe(n) dios(es), y consiste en unir al hombre
individual y colectivamente. La religión, como bien lo indica, es una religión de la
Humanidad, descartando a Dios en nombre de la religión. La “religión definitiva” es puesta
en la historia de las religiones: “en principio espontánea, luego inspirada, después revelada,
la religión deviene finalmente demostrada”.17

La religión era una función necesaria en cuando garantiza el orden social, no ya la religión
sagrada sino una nueva religión secular, capaz “re-ligar” al ser individual con el ser social.
Por eso, es tan importante entender las varias funciones que cumple para Comte el “poder
espiritual”. Este pauta la vida interna de los hombres, los agrupa con valores para que vivan
actúen en común, y además modera el “poder temporal”.

La Sociedad Positivista de 1848 dio lugar a la Religión de la Humanidad está basada en una
fe positiva, laica (rechaza toda creencia sobrenatural), “en torno de un verdadero Gran Ser o
Ser Supremo” motor de cada existencia individual o colectiva.

En Cipriani, R. (2011) leemos:

“Ebrio de la idea de la ‘religión de la Humanidad’, Comte funda el culto trinitario basado


precisamente en el ‘Gran Ser’ (el género humano), el ‘Gran Fetiche’ (la tierra) y el ‘Gran
Medio’ (el espacio). Además coloca en el centro de la actividad intelectual al ‘altruismo’
(término de su invención), en que la religión de la Humanidad encuentra su celebración y
realización”.18

La religión institucionalizada por Comte, reconoce además un sacerdocio ordenado o


reconocido, que se distingue por su existencia personal y social, cuando todas sus partes
físicas y morales convergen a “una síntesis”. Al sacerdocio positivo, en lugar del teológico,
se exige “madurez en virtud de su inmensa preparación enciclopédica” la edad de cuarenta

13 Comte, A. (1990) “El Sistema de Política Positiva”, Editorial Porrúa, México.


14 Ya en su “Discurso sobre el Espíritu Positivo” de 1842, Comte hablaba de “discordias”, “divagaciones
subversivas”, “desorden”, “actividad perturbadora”, “agitación política”.
15 Marx, K. (2005) “El 18 Brumario del Luis Bonaparte”, Longseller, Buenos Aires
16 Comte, A. (1990) Obra citada.
17
Pérez Muñoz, M. (2013) “Jorge Lagarrigue y Miguel Lemos: El apostolado sociológico de la Religión de la
Humanidad”, http://www.actacientifica.servicioit.cl/biblioteca/gt/GT21/busca21.htm
18
Cipriani, R. (2011) “Manual de Sociología de la Religión”, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

3
y dos años de edad para su ingreso, debido a la madurez del desarrollo “corporal y
cerebral”.19 El sacerdote como el vicario está obligado a casarse.

En 1849 Comte se autoproclama el primer “Gran Sacerdote de la Iglesia Universal de la


Religión de la Humanidad”20, el Pontífice de nueva Iglesia con sede en Paris21.

Es increíble hasta en qué grado de detalle establece los preceptos para “el clero positivo”, el
“noviciado”, el “vicariato” y el “sacerdocio”, por ejemplo, habla de que “cada presbiterio
filosófico se compone de siete sacerdote y tres vicarios”. Está previsto “un colegio
sacerdotal” de 2.000 “funcionarios espirituales” para Occidente, “uno cada 6.000
personas”.22

El “Catecismo” además establecía tres “plegarias diarias” con su correspondiente duración,


siendo la matutina la más prolongada.

Asimismo detallaba la institución de los nueve “sacramentos sociales”, a saber:


1) sacramento de presentación (de los niños recién nacidos ante el sacerdote);
2) sacramento de iniciación (después de los catorce años la formación pasa de la madre al
sacerdote); 3) sacramento de admisión (ingresa a los veintiún años a servir en la
Humanidad); 4) sacramento del empleo (a los veintiocho años, para consagrar el empleo o
vocación elegida); 5) sacramento de matrimonio (para los hombres: no antes de los
veintiocho y se aconseja a los treinta años, para las mujeres: a los veintiún años coincidente
con la iniciación, aunque se aconseja antes de los veintiocho años); 6) sacramento de
madurez (para el hombre se especifica a los cuarenta y dos años); 7) sacramento de retiro
(a los sesenta y tres años, “abdicar libremente una actividad agotada”); 8) sacramento de
separación (al momento de la muerte) y 9) sacramento de incorporación (a siete años de la
muerte, se produce la “pomposa traslación de los restos santificados del cementerio civil al
bosque sagrado que rodea el templo de la Humanidad”).

Incluso el positivismo religioso reemplazó la función de “la señal de la cruz”, el persignarse,


con “la señal positivista” consistente “en palpar sucesivamente los órganos que, según la
teoría cerebral vigente, remitía “al amor, al orden y al progreso”.23

Para completar, Comte creó una bandera de color verde –la nueva divisa del progreso- para
identificar a su movimiento.

Como sostiene Cruz, A. (2001):

“A pesar de lo absurdo que hoy pudiera parecer tales pretensiones, lo cierto es que este
sistema se difundió en varios países europeos y americanos. En Francia colaboró a ello su
discípulo Émile Littré; en Inglaterra, John Stuart Mill y en Italia Cesare Lombrosso. Tales
ideas llegaron también a Hispanoamérica, especialmente México y Brasil. De esta manera

19
Comte, A. (1990) “Catecismo Positivista”, Editorial Porrúa, México.
20 Petit Sullá, J.M. (1978) “Filosofía, política y religión en Augusto Comte”, Ediciones Acervo, Barcelona.
21
Esto de “Pontífice” fue más allá que el uso de un término, ya que intentó abrazar otras religiones, invitó al Zar
Nicolás I, al monarca otomano Raschid Pashá e incluso a los “ignacianos” como él llamaba a los jesuitas, para
unirse a su causa
22
Comte, A. (1990) Ob. cit.
23
Cruz Suárez, A. (2014) “Comte, el mito del hombre moderno sin Dios”, Magacin, Suplemente Dominical de
Protestante Digital, 10 de Agosto, http://www.protestantedigital.com/

4
creyéndose el sumo sacerdote de la nueva religión científica murió de ictericia –aumento de
los pigmentos biliares en la sangre- el 5 de septiembre de 1857 en París”.24

La que fuera la casa de Clotilde de Vaux -“la compañera santa” y “la sacerdotisa de la
Religión de la Humanidad”- existe hoy una “Capilla Positivista”25 y en su interior pueden
leerse algunas frases del mismo Comte: “Familia, Patria y Humanidad”, “El hombre trabaja y
la Humanidad lo guía”, “Vivir para los demás”, y, otra frase acuñada por sus discípulos por si
hubiera lugar a dudas: “Augusto Comte, Fundador de la Religión Universal y Primer Gran
Sacerdote de la Humanidad. Sobre el altar secular puede leerse en italiano “Virgine Madre
Figlia del tuo Figlio” (Virgen Madre, Hija de tu Hijo) y más abajo en latín “Amen te plus quam
me nec me nisi procter te” (Que te ame más que mí, y no a mí sino a ti)”.26

El culto público inicia con una invocación a la “Señora de tan gran poder” y finaliza con una
especie de bendición que dice el sacerdote oficiante: “Que tu palabra de vida, Oh! Santa
Humanidad, no solo sea aceptada y comprendida sino sobre todo aplicada con celo a todos
los actos de nuestra vida pública y privada”.

Como una curiosidad puede mencionarse que hoy en día está en plena actividad en la
ciudad de Río de Janeiro, un Templo dedicado a la Religión de la Humanidad (Rua
Benjamin Constant 74, Glória), además de la de Capilla de Paris, (Rue Payenne 5); y la
Capilla de Puerto Alegre (Av. Joao Pessoa 1059),

En Río de Janeiro cada domingo el sacerdote oficia un ritual positivista. Quién concurra se
encontrará que dos himnos de apertura, junto al izamiento de la bandera de Brasil27, el
“Himno a la Bandera” y luego la bandera francesa, con “La Marsellesa”. Después se podrá
oír la lectura de un texto inspirador de Homero o cualquier otro “sabio” que el sacerdote
amerite según corresponda a una especie de “leccionario”, donde se establece para cada
domingo los temas a considerar. Si bien en la Templo no hay “santos” a quien rezar, está
lleno de bustos de figuras descollantes de las ciencias y las artes, tales como: Sócrates,
Aristóteles, Arquímedes, Gutenberg, Shakespeare, etc., ni por asomo San Pantaleón o la
Virgen de la Medalla Milagrosa.

Luego deviene la predicación positiva del sacerdote y para finalizar un postludio con Mozart
o Beethoven.

La Religión de la Humanidad también tuvo su “inquisición”. En 1892, el “apóstol y fundador


del positivismo” en Brasil, Miguel Lemos, hace una quema del libro “Cálculo Matemático” de
Pierre Lafitte de hecho heredero de Comte, por hereje y sacrílego; debido a su aceptación
de una cátedra en el Collège de Francia, en ese mismo acto se “excolmulgó”28 al Gral.

24
Cruz, A. (2001) “Sociología de una Mistificación: Un análisis cristiano del pensamiento sociológico moderno”,
CLIE, Barcelona.
25
La Capilla data del 1900 y es administrada por el Apostolat Positiviste.
26 Cipriani, R. (2011) Ob. cit.
27 La bandera nacional republicana del Brasil fue creada por el positivista comtiano, “el Apóstol de la Humanidad”

Raimundo Texeira Mendes, en cuyo centro lleva la inscripción “Orden y Progreso”.


28
El conflicto se debió a las funciones del Poder Ejecutivo de la naciente República; los positivistas
querían un poder ejecutivo fuerte como lo recomendaba Comte, con la doble función ejecutiva y
legislativa, bajo control popular.

5
Constant Bothelo de Magalhânes, Presidente y Ministro de Guerra del Brasil y a Quintino
Bocayuva29, más conocida entre nosotros, porque una calle lleva a su nombre.

Lo triste de todo esto, si así se puede llamar, es que si uno observa la Capilla positivista de
París, está sobrecargada de estatuillas y al parecer la religión se ha quedado tan solo con
los gestos rituales. Alguien ha dicho que el positivismo humanista es “el catolicismo sin el
cristianismo”, y es una buena definición, porque Comte quiso quedarse con toda la liturgia,
pero vacía de un Dios trascendente.

(*) Profesor Emérito de la Universidad del Salvador

29Quintino Bocaiúva o Bocayuva, fue elegido senador y Gobernador del Estado de Río de Janeiro y desde 1901
fue Gran Maestre de la Gran Logia de Brasil.