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Jreco Rodríguez Saldaña, nace en Santiago de

Chile el año 1982. Tras radicarse en la isla de


Chumaigüen
Chiloé, descubre los caminos del Arte, en la
artesanía, a pintura y la composición artística.
Destacan sus exposiciones individuales:
«Manzanas de Invierno, frutos del desamor» y
«Post-Chiloé, Auge y Ocaso de un Mito».

En su recorrido como creador ha abarcado el


cuento y la escultura, tocado temáticas sociales, y
de la naturaleza de la isla. Las materias primas que
pasan por sus manos van desde los pigmentos y
tierras con que elabora sus colores hasta la lana de
oveja con la que ha desarrollado un innovador
trabajo en las líneas del telar y del fieltro, destaca
su exposición «Arte-Mito, los seres mágicos llegan a
la ciudad», proyecto financiado por FONDART
2016.

En esta ocasión, Jreco, nos presenta


«Chumaigüen», un cuento mágico que presenta
una cruda realidad en que viven algunos niños de
estas islas al sur del mundo.

Jreco Rodriguez Saldaña


Chumaigüen
Jreco Rodriguez Saldaña

________________________________________________________________
1° Lugar Regional en el 21° Concurso Literario
“Historias de nuestra tierra” FUCOA 2013
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En cuclillas, abofeteando con su hálito nauseabundo el «Protegido en la espesura del bosque umbroso en Chiloé,
rostro de su pequeño hijo, gritó: dentro del corazón de un grueso Coigüe, está dormido el
Chumaigüen. Le llaman también “Monito del Monte” o
— ¡Quémalo! “Perrito de la Virtud”, pues se dice, que trae a quien le
encuentra larga vida, buena fortuna y salud. Este animali-
Juan Raín, experimentó por primera vez el estupor de la to, pequeño como un ratón, es augurio de bienestar y
humillación. Sin poder controlar el brote de su llanto, dicha eterna…»
acercó la mano que trepaba el Chumaigüen, a las llamas
de la cocina. Los hombrones se mofaban de él: De este modo, el anciano profesor, comenzaba otro
“Mariquita”, “Caza ratones”. Juan Raín vio cómo el fuego mágico relato. Sus alumnos, un pequeño número de niños
abrasó el suave pelaje de su amigo. Lloró como si fuera él que no contaban con más de doce años, veían gesticular al
quien caía dentro de la hoguera. Salió corriendo de su maestro y se sorprendían con cada una de las virtudes con
casucha de cinc, con el alma hecha pedazos para no volver que describía este maravilloso animal. El docente deseaba
nunca, nunca más. encender más la curiosidad de sus pupilos, por lo que
comenzó a hablar así:

«El Chumaigüen, es un mamífero que pertenece a la


familia de los marsupiales…»

— Marsu… ¿Qué?—. Preguntó un niño gordo tentado de


risa.
— Un “mar-su-pial”. Es decir, que posee en su vientre un
sedoso saquito de piel, en el cual alberga con amor
maternal a la cría recién nacida, desde el primer momento,
hasta que guiada por su instinto natural, la cría, decide
abandonar el marsupio para enfrentar el salvaje mundo
fluvial, por sí misma.

Los ojos de los niños, estaban muy abiertos y brillaban


con cada palabra que parecía inventada por el profesor
para hacerlos reír o soñar con aquel mítico ser. Un niñito
preguntó si el Chumaigüen sabía nadar, otro, si acaso,
comía gallinas y otro niño, que si tenía cuernos… 7
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— No tiene cuernos, el Chumaigüen, pero en cambio,
posee una asombrosa colita que le sirve para trepar en los — ¡Tu hijo caza ratones!—, vociferó otro más ebrio que el
árboles como si fuera un mono y que a su vez, es en su primero, y entonces los demás se pusieron a reír
cola, donde guarda reservas de alimentos que le permiten bufonamente. “Caza ratones”, se repetían unos a otros.
hibernar durante las estaciones frías del invierno. — ¡Es que se comieron al gato!—, bramó uno que estaba
peor.
El niño más bajito y tímido de la clase, exaltado de
curiosidad se atrevió a hacer una pregunta en voz alta: El primero de los hombres, tambaleándose, miraba
Preguntó a su profesor, si él, había visto alguna vez en su fijamente a su hijo. Antes de hablar se afirmó con una
vida un Chumaigüen. Inmediatamente, al educador, le mano en la pared de tablones:
vino el recuerdo del laboratorio en la Universidad de — ¿΄Tai jugando con un ratón, Juan?—. El niño, aunque
Valdivia, donde habían algunos “dromiciops australis acostumbrado a ver borracho a su padre y a escucharlo
gliroides” o “monito del monte”, conservados en frascos de llegar con amigotes o con alguna mujer desastrosa, sintió
formol, etiquetados en nombre de la ciencia, para una una mezcla de temor y vergüenza que antes no había
futura investigación. experimentado. Pensó en proteger a su amigo.

Entonces, respondió que no, que nunca había tenido la — No es un ratón, papá. Es un Chumaigüen. Y ahora que
fortuna de ver un Chumaigüen andar de rama en rama o lo encontré, vamos a ser felices—, agregó con la voz
sumido en el dulzor de un sueño invernal. Y agregó: cortada.
— Pero más de alguna vez, quienes trabajan en lo profundo
del monte, han hallado en el corazón de algún Coigüe, — ¡Eso no existe!, son las mentiras que inventa tu profesor.
abrazado a su cola, un Chumaigüen… Y junto a él hallaron ¡Hay que tirarlo al fuego!
la felicidad, el oro de las minas del Rey Salomón, y tuvieron
una larga vida en el amor marital… Sin hambre ni El niño se opuso, y el padre le tomó por la fuerza. Lo haló
enfermedades y al momento de partir, hallaron por la hasta la cocina a leña, abrió los anillos por donde escapó
virtud del Chumaigüen una vida eterna junto a todos los una llama. Los amigotes unieron voces para que el niño
Santos de Dios… quemara al supuesto ratón.

Cuando sonó la campana, los niños salieron de la — ¡No, papá! Es mi Chumaigüen y lo voy a llevar a la
escuela rural, caminaban por la huella de barro hacia sus escuela mañana.
casas, recordaban la maravillosa historia del “Perrito de la — ¡Ese es un ratón que mandó un brujo y se tiene que ir al
Virtud”, imaginaban cómo sería encontrar uno. Planeaban fuego!
entrar al bosque, hasta perderse y no salir de ahí sin
hallarlo. Uno, lo atraparía dentro de un chaigüe , otro, 13
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La tele continuaba encendida, emitiendo, ahora, la con una lienza de pescar, y otro del grupo, haría un camino
fabulosa vida de una cantante en decadencia. Se sintió de manzanas verdes hasta su casa para que el
cómodo para jugar sobre la rústica mesa de madera, exam- Chumaigüen lo siguiera. Pero luego, los planes derivaron
inó a su nuevo amiguito, palpó con un dedo el tibio en lo que harían con la fortuna del Rey Salomón, o con una
corazón del marsupial que latía tan rápido como el de un esposa eterna o con la vida eterna entre los Santos de
colibrí. Su pelaje era del color de la ceniza y tan suave, Dios.
como el pequeño no había acariciado jamás, así que, no — Yo, me voy a casar con la Margarita—, dijo el más gordo
supo con qué compararlo, sin embargo, el brillo del pelaje, de los niños.
fue para él, similar a la luminiscencia de una tetera nueva. — ¡Pero si la Margarita no te quiere!, se lo dijo a la María
Sus ojos tenían la forma y las tonalidades de dos avellanas Chiguay y ella se lo fue a contar a mi hermana—, dijo otro
maduras y la pequeña trompa rosada y alargada besaba niño.
repetidamente los dedos del muchachito. Con la punta de — Pero cuando yo encuentre al “perrito de la virtud” y
sus dedos, el niño, alzó las manos simiescas del dromicio- tenga los tesoros del Rey Salomón, la Margarita se va a
sp australis gliroides, y éste con su cola prensil comenzó a enamorar de mí—, agregó desafiante el niño gordo.
hacer piruetas. — Yo, voy a irme a vivir con mis abuelos a Punta Arenas—,
habló un niño rubiecito. — Y cuando se mueran, le voy a
El frío se colaba entre los tablones de las paredes, así decir al Chumaigüen que se los lleve al cielo donde están
que el niño decidió ponerle más leña al fuego que aún todos los Santos de Dios.
ardía. Continuaron divirtiéndose. El niño le convidó unas Otro niño dijo:
migas de pan duro, unos granos de arroz y unas papas — Yo voy a tirar al “monito del monte” al mar a ver si
ennegrecidas que llevaban dos días en el lavaplatos. El nada—. Los otros niños rieron. — ¡Es verdad!—, repuso.
pequeño, hacía caminar al “Monito del monte” sobre dos — Yo se lo voy a regalar a mi mamá…—. Y así, cada niño
patas por encima de la mesa, lo cual le hacía mucho reír. hacía sus caprichos con el Chumaigüen, sin aún haberlo
Justo en la parte más divertida de este juego, cuando él y hallado.
el Chumaigüen se convertían en los mejores amigos del
mundo, una patada, abrió la puerta de la mediagua.
Escuchó la voz de su padre y otros hombres, todos
borrachos, haciendo ruido, hablaban cosas que
afortunadamente el pequeño, no podía comprender…
— Este es mi hijo—, gruñó el hombre con la lengua
adormecida por el alcohol, — Juan Raín, igual que yo.

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© Jreco Rodríguez Saldaña
Isla de Chiloé, Región de los Lagos, Chile.

Inscripción N° 290448

Fragmento del libro


“Cuentos Mitológicos, escatológicos y Pasmosos
del Archipiélago de Chiloé”

Diseño, diagramación
Franzel Fuentes Pennekamp

Ilustraciones por el autor.

Derechos reservados para todos los países.

Ninguna parte de este libro puede ser reproducida,


transmitida o almacenada, sea por procedimientos
mecánicos, ópticos, químicos, eléctricos, fotográficos,
incluidas las fotocopias, sin autorización escrita del autor.

Impreso en Chiloé.
El más pequeño y tímido del grupo, era un niño de piel Rodeada y roída por humedad y barro, se hallaba la
color sargazo, caminaba en silencio como siempre. De casucha tapiada de cinc oxidado, poseía en el frente dos
carácter taciturno y con las mejillas coloradas, iba ventanucos cubiertos de un grueso plástico blancuzco.
quedándose cada vez más atrás. Respiró profundo para Sobre el techo de la mediagua, emergía humo negro desde
reprimir un suspiro. Nadie le preguntó qué haría si un caño de latón, este humo teñía la antena parabólica del
encontraba al mítico animal. Mas, él pensaba en sus TV cable, la cual, se equilibraba a punto de caer, en una
compañeritos, a medida que se alejaban. Pensó que esquina de la techumbre. El niño notó que la cocina a leña
llegarían a casa a revivir el relato para sus hermanos, estaba encendida. Abrió la puerta de una sola patada
esperando que las madres, llevaran el pan caliente a la (costumbre heredada de su padre). Nadie esperaba en
mesa o prepararan una harina tostada a esa hora de la casa, sin embargo, la tele estaba encendida: A todo color,
tarde. Ellos tenían la misma suerte, ellos ya eran un exitoso futbolista domaba el más reciente automóvil
afortunados… En su casa le esperaban siete perros con la europeo, acompañado de dos hermosas anoréxicas,
misma hambre que él tenía clavada en su ombligo. celebraban y deglutían la megápolis…

El niño tiró su mochila al piso y quedó frente a la pantalla


hipnotizado durante horas. Todo lo vivido con anterioridad
fue eliminado de su cabeza.

Pero en la noche, cuando dormía, sintió en su carita un


suave cosquilleo que le sobresaltó. Pasó su mano asustado
por el rostro, golpeó algo que pensó al instante, era un
ratón, y con la sábana, lo apresó. A riesgo de despertar a
su padre que dormía en la misma pieza, encendió la luz. Se
encontraba solo. Luego percibió como el pequeño animal
se movía perezosamente y, tras descubrirlo con cuidado,
enseguida se dio cuenta, que tal criatura no era un ratón,
sino, el mítico Chumaigüen, el ser mágico y virtuoso cuya
descripción justo esa mañana relatara con tanta efusivi-
dad su profesor. Anhelando que todo fuera cierto, que lo
que había venido hasta él no fuera un sueño, tomó al
marsupial entre sus manitos, se dirigió a la cocina donde
aun ardía la leña.
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Chumaigüen

Jreco Rodriguez Saldaña


Jreco Rodríguez Saldaña, nace en Santiago de
Chile el año 1982. Tras radicarse en la isla de
Chiloé, descubre los caminos del Arte, en la
artesanía, a pintura y la composición artística.
Destacan sus exposiciones individuales:
«Manzanas de Invierno, frutos del desamor» y
«Post-Chiloé, Auge y Ocaso de un Mito».

En su recorrido como creador ha abarcado el


cuento y la escultura, tocado temáticas sociales, y
de la naturaleza de la isla. Las materias primas que
pasan por sus manos van desde los pigmentos y
tierras con que elabora sus colores hasta la lana de
oveja con la que ha desarrollado un innovador
trabajo en las líneas del telar y del fieltro, destaca
su exposición «Arte-Mito, los seres mágicos llegan a
la ciudad», proyecto financiado por FONDART
2016.

En esta ocasión, Jreco, nos presenta


«Chumaigüen», un cuento mágico que presenta
una cruda realidad en que viven algunos niños de
estas islas al sur del mundo.