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Iberoamérica social

¿Cómo funciona el Gobierno


colombiano? La otra cara del
debate

Autor: 27 OCTUBRE, 2015 JOSÉ JAVIER CAPERA FIGUEROA

La funcionalidad del gobierno colombiano se ha caracterizado por


una serie de procesos marcados en aspectos como: las
transformaciones sociales, las luchas sociales y la configuración de
las élites criollas en la nación, la búsqueda por incorporar un
régimen democrático – “participativo” el cual ofrezca las garantías
constitucionales de un estado de derecho mediado por un estado
en donde impere la “la ley”. Es decir, una concomitancia entre los
derechos sociales, económicos, culturales y políticos y el
establecimiento del orden normativo – jurídico político del Estado
Colombiano.

Ya para los años 80s empieza a constituirse transformaciones


encaminadas a la consolidación del nuevo modelo de producción
capitalista y la sobre-explotación a escala mundial de la economía
y los bienes comunales en el país (Tirado-Mejia, 1978). En este
espacio del tiempo la reconfiguración política – institucional del
gobierno colombiano se caracterizaba por entre-tejer lazos entre la
economía mundial, el rol de libre mercado en la sociedad y un
gobierno de amplia participación pero sin garantías pragmáticas
que se reflejara en la realidad de la sociedad colombiana. Para
temas como la democracia, la participación ciudadana, los canales
institucionales, los sistemas de partidos y la canalización jurídica
de la constitución política del 91, emergieron nuevos diseños
organizacionales que se reflejaron en los siguientes ejemplos de
gobernabilidad:

1) la superación bipartidista a medias entre el partido conservador


y el partido liberal, es de señalar que todavía no existen
condiciones concretas de participación electoral para los partidos
minoritarios y aquellos de menor caudal electoral. 2) una amplitud
ideológica que enriqueció la calidad de la democracia en el país.
3) Una nueva orientación centrípeta y de menor proclividad para
estimular la participación electoral, comunitaria y ciudadana. Pero
en especial, la dinámica política que ha tenido la coexistencia de
representación partidista, predominante en los órganos de
representación popular (Congreso, Asambleas, Concejos), con la
corporativa, de los grupos de interés, predominante en las
concertaciones sectoriales para la definición de políticas
públicas (Llanos, 2014).

En este sentido, la organización institucional se vio marcada por la


división en ramas del poder público (legislativa, ejecutiva, judicial)
en donde cada una ópera de diferente manera y con principio de
autonomía constitucional. Igualmente, se gesta toda una serie de
mecanismos de descentralización administrativa y centralización
política, lo cual simbolizo para la democracia colombiana en
término de (Velásquez, 1994) una apertura a los procesos
democráticos y una transferencia económica y administrativa en
término de recursos, destinados a la formalización de planes de
gobiernos- autónomos y creación, ejecución y evaluación de
políticas públicas por parte de los entes territoriales.

Otro de los aspectos que ha caracterizado la función del gobierno


Colombiano, ha sido la construcción de la democracia y la
democratización de los procesos electorales, los cuales muestran
un avance progresivo sobre la institucionalización, la
administración pública del país y las formas de eficiencia y eficacia
del gobierno nacional; es por ello que dicha formas de
“modernización” es reflejo de la mercantilización del gobierno y la
disfuncionalidad a la hora de hacer aplicables los derechos
constitucionales y los mecanismos de cumplimiento
organizacionales en el sistema político colombiano. En otras
palabras, existe gran cantidad de leyes, sentencias y órdenes
jurídicas que regulan los comportamientos del ciudadano pero a la
hora de hacerse factible se presencia grandes dificultades que
engrosan la dilatación de los procesos jurídicos fallidos en los
archivos de la nación.

Es por ello, que dichos aspectos constituyen la otra versión de


¿Cómo funciona el gobierno colombiano? No solo en la parte
jurídico – política, sino en la praxis social y crítica que tiene cada
territorio y por supuesto los sectores sociales que viven en medio
de la resistencia colectiva por la defensa de los bienes comunales,
los derechos fundamentales y la exigencia de la construcción de la
paz, en un país con altos índices de corrupción, clientelismo y
redes de clases políticas – tradicionales que se han acentuado en
las esferas legislativas del estado colombiano.

La historia política colombiana ha mostrado un conjunto de


inconsistencias estructurales, tal como nos dice Amparo
Menéndez-Carrión «no entiendo, por consiguiente, la democracia
como modelo prefigurado a adoptar sino como proceso dinámico
de construcción de formas y contenidos de articulación y
relacionamiento tendientes a regular la coexistencia societal en
contextos complejos y concretos.» (Llanos, 2014), lo cual
representa las contradicciones al interior de las instituciones
públicas, debido a que no se pensó en un proceso amplio, crítico y
de formación para reflexionar sobre las condiciones políticas,
jurídicas y económicas del país, dado que la mayoría de los
procesos constitucionales, partiendo de la carta magna de la
nación tiene una procedencia o similitud con principios, valores o
pensamiento americano u eurocéntrico en su normatividad y con
grandes incongruencias al momento de planificación y ejecución
de la jurisprudencia misma.

Tal como lo refleja, la descripción gubernamental que evidencia las


estructuras del estado colombiano, por un parte se empieza
entonces a estimular la participación, con un énfasis en lo
territorial y se convoca a las comunidades a participar en la
selección de sus gobernantes locales, a la planeación de su
desarrollo, a la implementación de las políticas públicas, a la
evaluación y seguimiento de las mismas (Velásquez, 1994). Pero
también se presencia un intento por redefinir la participación en el
ámbito de la participación sectorial: sindical, campesina, obrera,
industrial entre otras. Sin embargo, esta insistencia del discurso
estatal en la necesidad de la participación social, es un importante
elemento legitimador de los sectores subordinados de la sociedad
en sus demandas, movilizaciones y luchas y en esa medida debe
ser valorizado, el posible papel de función del gobierno
colombiano (Llanos, 2014).

Posteriormente, la fuerza que toma la constitución del 1991 por la


Asamblea Nacional Constituyente, genera la posibilidad de la
participación civil y comunitaria, al momento de consolidar
procesos de democratización. Tal como es señalado en el artículo 1
señala: «Colombia es un Estado social de derecho, organizado en
forma de república unitaria, descentralizada, con autonomía de sus
entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista».

Es de resaltar que al momento de preguntarse sobre ¿Cómo


funciona el gobierno colombiano? Se debe realizar una separación
de la distribución político- administrativa y el ejercicio
gubernamental, puesto que al momento de reconocer, garantizar y
facilitar condiciones para el ciudadano, se encuentra en juego el
ejercicio del poder – político del gobierno. En dimensiones como: 1)
el reconocimiento institucional del ciudadano, 2) las garantías
materiales e inmateriales a la hora de hacer factible sus derechos
constitucionales y 3) la consecución de una política de estado, al
momento de denominarse social y de derecho ante la comunidad
internacional y los diferentes organismos encargados de
reconocer dicho enmendadura legislativa.

Es así que al revisar de manera crítica, la funciones del gobierno


aparecen elementos que esgrimen la situación del sistema político
colombiano, el cual se ha estructurado desde una frontera de
violencia política, la agrupación de monopolios y sectores de
extrema – condición política y económica, y la necesidad de buscar
un consenso nacional que ha sido fallido, debido a la inconsistencia
entre el derecho escrito y el derecho aplicado en la sociedad civil.

Algunos teóricos como (Quintana, 2008) describen que el proceso


constituyente es uno de los elementos de mayor importancia a la
hora de evaluar el funcionamiento del gobierno en Colombia, y
que representa el mayor esfuerzo de institucionalidad en la
sociedad colombiana y de los procesos contemporáneos para
encauzar la ola de violencia política y simbólica de la nación, lo
que muestra las contradicciones entre el capital, los derechos
civiles y la autoridad del gobierno, al momento de hacer tangible
su responsabilidad constitucional como máxima instancia
gubernamental. Sin embargo, el conflicto armado interno entre el
gobierno y dos de los principales grupos guerrilleros (ELN y FARC)
continuó siendo determinante en la definición del rumbo político
del país. En medio de este conflicto, los grupos paramilitares
fueron creciendo al amparo o con la tolerancia del Estado, y el
tráfico de drogas ilegales siguió alimentando los órdenes sociales
paralelos o transversales al institucional, creados por las diferentes
manifestaciones de la violencia social y política (Quintana,
2008,82).

La transitividad que existen en los procesos políticos del estado


colombiano, refleja una política del gobierno que facilita un tipo de
democracia restringida, excluyente y separatista, la cual es
contraproducente para los procesos en aras de una democracia
participativa, y fundamenta en el reconocimiento de la dignidad
humana. Es por ello, que dicha ilusión política se vio truncada por
la implementación de políticas económicas, sociales y culturales,
basadas en los programas de corte – neoliberal, lo que constituye
la extensión y proyección de la política tradicional, las estructuras
de poder- rígido y las formas de exclusión “negativa- positiva”
sobre el territorio colombiano. Sumando a esto dos lógicas la del
capital y la militar que traen consigo el fortalecimiento de la lucha
armada colombiana, las lógicas de acumulación del capital, los
procesos de extractivismo, los megaproyectos o en su defecto lo
que otros consideran un estado en “guerra”.

Un ejemplo de ello, se encuentran con las banderas de la paz,


dentro de estrategias de guerra, cuando fue elegido como
presidente Andrés Pastrana (1998-2002), y en nombre de la
guerra, como un mecanismo para pacificación del país, fue elegido
y reelegido como presidente Álvaro Uribe (2002-2006 y 2006-
2010). Poco a poco se fueron definiendo claras tendencias hacia
diversas formas del Estado autoritario, que hicieron ver el Estado
social de derecho como una simple pausa temporal entre dos tipos
de democracia política excluyente, con evidentes nexos
históricos (Quintana, 2008).

Del mismo modo, uno de los aspectos que determina un posible


ejercicio de evaluación del gobierno colombiano, resulta ser la
constatación del sistema jurídico y político, el cual muestra una
normatividad orientada a la visión pluriétnica y multicultural, la
pluralidad de derechos fundamentales estipulados en ella, y la
construcción de canales organizativos que garanticen la
constitucionalidad de los mimos, es decir los derechos. Pero en
especial, la necesidad por implementar acciones encaminadas al
respeto por la autonomía educativa, civil y militar al interior del
estado. No por esto, se puede “normalizar” dichos criterios como
fuente verídica de reconocimiento de un “buen” gobierno; dado
que en la praxis de estos puntos constitucionales, progresistas,
garantistas, vanguardistas, antiformalistas, de gran apertura
textual y con una perspectiva jurídica- amplia se presencia serías
inconsistencias tanto prácticas como formales al momento de
encauzarlas en un marco – aplicativo del gobierno.

En últimas, desde una perspectiva práctica, crítica y reflexiva en la


actualidad no existen fuertes criterios para calificar el
funcionamiento del gobierno colombiano, como un órgano
eficiente, eficaz y legalista que otorgue condiciones sociales y
políticas a la base social de diferentes estratos. Al mismo tiempo,
no existen condiciones al momento del funcionamiento debido a
las grandes lagunas de corrupción, clientelismo y prácticas
políticas indebidas, lo que hace que se genere una mirada crítica
sobre cómo funciona el gobierno colombiano tanto a su interior
como a su exterior en los diferentes campos de acción política.

En ese sentido una manera de clasificar el funcionamiento del


gobierno en la práctica consiste en ser una democracia- media en
términos participativos pero con un déficits – bajo al momento de
garantizar los derechos constitucionales, la soberanía y la defensa
por los bienes comunales de los diversos sectores sociales, lo cual
generaría mayor participación y por ende mejores mecanismos de
aplicabilidad jurídico – institucional.
Bibliografía

Llanos, P. &. (11 de septiembre de 2014). El caso Colombiano.


Recuperado el 20 de septiembre de 2015, de Instituto Universitario
General Gutiérrez Mellado:
http://www.iugm.es/adefal/documentacion/ANALISIS
%20COLOMBIA.pdf

Quintana, O. M. (2008). Constitución, democracia y Estado


autoritario en Colombia. Ciencia Política, (6), 80-108.

Tirado-Mejía, A. (1978). El estado y la política en el siglo XIX.


Bogotá: El ancora.

Velásquez, A. V. (1994). Participación social, planeación y desarrollo


regional. Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Derecho,
Ciencias Políticas y Sociales – Unal, 12-24.

Iberoamérica Social: Revista-red de estudios sociales.


ISSN: 2341-0485.