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El tercer cielo, el segundo cielo, el primer cielo

Gustavo Ordaz
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“El tercer cielo, el segundo cielo, el primer cielo:
¿cuál cielo es cada uno?”

“Estimado hermano Shappley,

El TODPODEROSO te bendiga en este preciso momento. En esta oportunidad


que tengo necesito preguntarte sobre el cielo, ya que considero que eres un
maestro idóneo para enseñar. Mi inquietud se debe a que el apóstol Pablo se
refiere al tercer Cielo. Si el tercer cielo es donde mora Dios, ¿dónde o cuál es el
primer cielo y el segundo cielo? Es todo por el momento. Espero contar con su
ayuda y que me responda a mi dirección de correo electrónico. Su hermano,
Moisés.”

Estimado hermano Moisés:

Pláceme saludarle en el nombre del Señor.

Agradezco su confianza en este servidor. Anhelo ser maestro mucho más


capacitado, para serle más útil a las almas que aman la verdad.
Encontramos intrigante su interrogante acerca de los "tres cielos".

-"El primer cielo" Apocalipsis 21:1 lo identifica como el cielo visible de este
mundo material que habitamos. "El primer cielo y la primera tierra
pasaron." Este “primer cielo” que pasará, ya que es cosa visible, y, por ende,
temporal (2 Corintios 4:18), se compone de la atmósfera que cubre el planeta
Tierra, la luna, el sol, la Vía Galáctica y las demás galaxias.

-"El tercer cielo" parece ser lo mismo que el "paraíso", el del Hades. "Conozco a
un hombre en Cristo, que hace catorce años... fue arrebatado hasta el tercer
cielo", dice Pablo en 2 Corintios 12:2, refiriéndose a sí mismo, sin divulgar
enseguida lo que viera o escuchara allí. En el versículo cuatro, el apóstol arroja un
poquito más de luz sobre su experiencia, añadiendo: "fue arrebatado
alparaíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar".
¿Fue llevado Pablo a dos lugares celestiales distintos? Dudoso, aunque no
imposible. El sentido natural de su relato es que fue arrebatado a un solo lugar
celestial, el cual es identificado por dos nombres: (1) "el tercer cielo" y (2)
el "paraíso". De ser así, "el tercer cielo" sería sinónimo de "paraíso", y si esto es
correcto, entonces se deduce que el apóstol Pablo no fue arrebatado al cielo
donde mora Jehová Dios, ya que el "paraíso" que existe en la actualidad en las
esferas espirituales es la parte del Hades donde aguardan los justos la
resurrección. “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, dice Cristo al ladrón
arrepentido (Lucas 23:43; 16:19-31). Desde luego, el Padre Dios no tiene su trono
en el paraíso del Hades sino en el cielo.

-Si "el tercer cielo" es el "paraíso" del Hades, entonces ¿qué número hace el
cielo donde mora Dios? En verdad, este asuntito parece de poca importancia.
Con todo, no carece totalmente de edificación, ya que considerar la pluralidad de
“cielos” e intentar apreciar la relación del uno al otro sirve para enfocar nuestra
atención en lo celestial, ¿cierto?

-De hecho, el plural “cielos” es muy común en el lenguaje bíblico. “Tenemos…


una casa… eterna, en los cielos” (2 Corintios 5:1). “Mas nuestra ciudadanía está
en los cielos” (Filipenses 3:20).
-A los ángeles Dios les asignó un lugar, o “morada”, en los cielos (Judas 6). En la
pluralidad de “cielos”, ¿hace aquel lugar algún número?

-En el “mundo venidero” (Hebreos 2:5) habrá “cielo nuevo” para la “tierra
nueva”(Apocalipsis 21:1). ¿Acaso hace este “cielo nuevo” el número dos?

-¿Hace el cielo donde mora Dios el número cuatro o el número cinco? ¿Qué
ganamos con especular? Lo cierto es que el cielo de Dios es el “más alto”, por
encima de todos los demás “cielos”, en términos retóricos terrenales que
entendemos nosotros los seres humanos.

-En "el paraíso de Dios" prometido en Apocalipsis 2:7 "al que venciere", crece "el
árbol de la vida", y este árbol crece en la "tierra nueva" (Apocalipsis 22:1-5; 21:1).
Por lo tanto, "el paraíso de Dios" aludido no es lo mismo que el "paraíso" del
Hades. Este queda vació al resucitar los justos, quienes pasan a ocupar el
nuevo "paraíso de Dios", o sea, la "tierra nueva".

-Observamos que el apóstol Pablo no reclama haber sido arrebatado a la


presencia misma de Dios y Cristo. No divulga las "palabras inefables" que oyó
en "el tercer cielo" o "paraíso", ni identifica a su autor o autores. ¿Quién le habló
aquellas "palabras inefables"? ¿Un ángel, o algún arcángel? ¿Enoc, Abraham,
Elías? No se sabe.

El Señor le guíe en su búsqueda de cada vez más entendimiento de las Sagradas


Escrituras.

Su servidor en Cristo,

Homero

Las profecías de Isaías acerca de


“nuevos cielos y nueva tierra”
(Isaías 65:17-25)
La fecha para las profecías:
entre los años 750 y 700 antes de Cristo.

Autor de las profecías: Isaías. Su nombre significa “Jehová ha salvado”. “Profeta


de Judá bajo los reinos de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías (Is. 1:1; cfr. 6:1; 7:3;
14:28; 20:1, 2; 36:39). El reinado de Ezequías fue de 29 años (2 Cr. 29:1), por lo
que la actividad de Isaías debió de ser ejercida durante alrededor de 60 años,
desde la muerte de Uzías, en el año 758 a.C., hasta el inicio del reinado de
Manasés, en el año 698 a.C. Si se supone que el profeta tenía solamente 20 años
cuando fue llamado, su vida se prolongó alrededor de 80 años, y la fecha de su
libro puede situarse entre los años 750 y 700 a.C.” Nuevo Diccionario Bíblico
Ilustrado. Editorial CLIE. CD-ROM.

Trasfondo histórico para las profecías.

Samaria

(Israel –las diez tribus del norte).


Conquistada por los asirios en el año 722 a.C.; gran cantidad
de los habitantes llevados a cautiverio.

El rey de Asiria, “Tiglat-pileser (2 R. 16:8-10)… liberó a Judá de los invasores,


saqueó Israel, batió a los filisteos, puso sitio a Damasco, de la que se apoderó, y
dio muerte a Rezín. El rey de Asiria deportó a los habitantes de Neftalí y a los
israelitas establecidos al este del Jordán; participó en el asesinato de Peka, o lo
ordenó, poniendo a Oseas en el trono del reino de Israel, hacia el año 730 a.C.
Después de la muerte de Tiglat-pileser, Oseas se rebeló contra Asiria. Los
ejércitos asirios volvieron a invadir el reino de Israel. En el año 722 a.C. cayó
Samaria, y una gran cantidad de sus habitantes fueron llevados al cautiverio
a Asiria. Vinieron colonos de cinco distritos asirios a habitar en los lugares que los
israelitas deportados se habían visto obligados a abandonar. Estos extranjeros,
que se mezclaron con aquellos israelitas de la Palestina central que habían
escapado a la deportación, dieron lugar al pueblo samaritano”. Nuevo Diccionario
Bíblico Ilustrado. Editorial CLIE. CD-ROM.
Judea

Librada de los asirios, pero hay muchos rebeldes contra Jehová,


quien amenaza con destruirlos.

-“Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde, el cual anda por camino no
bueno, en pos de sus pensamientos; pueblo que en mi rostro me provoca de
continuo a ira, sacrificando en huertos, y quemando incienso sobre ladrillos; que
se quedan en los sepulcros, y en lugares escondidos pasan la noche; que comen
carne de cerdo, y en sus ollas hay caldo de cosas inmundas; que dicen: Estate en
tu lugar, no te acerques a mí, porque soy más santo que tú; éstos son humo en mi
furor, fuego que arde todo el día” (Isaías 65.2-5).

-“Pero vosotros los que dejáis a Jehová, que olvidáis mi santo monte, que ponéis
mesa para la Fortuna, y suministráis libaciones para el Destino; yo también os
destinaré a la espada, y todos vosotros os arrodillaréis al degolladero, por cuanto
llamé, y no respondisteis; hablé, y no oísteis, sino que hicisteis lo malo delante de
mis ojos, y escogisteís lo que me desagrada” (Isaías 65:11-12).

Promesas divinas de días mejores para Israel, Judea y Jerusalén:


“nuevos cielos y nueva tierra” (Isaías 65:17-25).

-“Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no


habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento” (65:17).

A. Rasgos de esta “nueva tierra”. Se resaltan las diferencias entre la “nueva


tierra” de Isaías 65 y la “tierra nueva” de Apocalipsis 21.

1. La “muerte” sigue asechando a los seres humanos.

a) “No habrá más allí niño que muera de pocos días… porque el niño morirá de
cien años” (65:20). Las condiciones óptimas de paz y prosperidad en la “nueva
tierra” que Jehová proyecta para los judíos hacen posible una vida normal muy
bendecida. El niño no muere prematuramente. Llega a viejo, pero ¡siempre
muere! En cambio, en la “tierra nueva” de Apocalipsis 21:1-7, “ya no habrá más
muerte”.

b) “No habrá más allí… viejo que sus días no cumpla” (65:20). Sin embargo, por
inferencia, los cumpliría, y esto significa que moriría.

c) “Según los días de los árboles serán los días de mi pueblo” (65:22). A pesar de
vivir algunos árboles largos años, siempre mueren. Asimismo le sucedería a las
personas que habitaran la “nueva tierra” que Jehová promete a su pueblo electo
Israel.

d) Los judíos que habitarían la “nueva tierra” prometida en Isaías 65 serían seres
humanos con cuerpos físicos sujetos al envejecimiento y la muerte. Contrasta
marcadamente la naturaleza de los seres que habitarán la “tierra nueva” de
Apocalipsis 21, pues estos, resucitados y glorificados, tendrán cuerpo espiritual,
poderoso e inmortal (1 Corintios 15:42-44).

2. El “pecado” sigue en la “nueva tierra” de Isaías 65.

a) “Y el pecador de cien años será maldito” (65:20). Sin pecado, no hay pecador;
por lo tanto, el pecado seguiría haciendo estragos en la “nueva tierra” que Dios
proyecta para su pueblo. Además, maldiciones para el pecador, aunque también
viviera cien años, beneficiado, al igual que el justo, por las circunstancias
favorables de la época.

b) La “tierra nueva” de Apocalipsis 21, con su “nueva Jerusalén” (21:2), ¡cuán


diferente es! “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y
mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del
Cordero” (21:27). “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas,
los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego
y azufre, que es la muerte segundo” (21:8). No habrá pecado en esta “tierra
nueva”.

3. “Satanás” sigue en la “nueva tierra” de Isaías 65.


a) “Y el polvo será el alimento de la serpiente” (65:25). En el lenguaje retórico de
la Biblia, el gran enemigo de Dios, los ángeles y la humanidad no es solo “el gran
dragón”, sino también “la serpiente antigua, que se llama diablo y
Satanás”(Apocalipsis 12.9). Habiendo pecado y pecadores en la “nueva tierra” de
Isaías 65, ¿es cosa extraña que Satanás esté presente, haciendo lo suyo de
siempre, aunque trabado en buena medida por Dios?

b) Una vez consumado el plan maestro de Dios para su creación, llegando el fin
del tiempo (Apocalipsis 10:7), Satanás será arrojado al lago de fuego y azufre
(Apocalipsis 20:10), vetada para siempre su entrada a la “tierra nueva” que
aparecerá como morada eterna para los santos después de la Segunda Venida de
Cristo.

4. En la “nueva tierra” de Isaías 65, siguen comiendo, bebiendo, sembrando y


construyendo.

a) “Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de


ellas” (65:21-23).

b) ¿Se verán los justos que ocuparán la “tierra nueva” de Apocalipsis 21 en la


necesidad de fabricar sus propias casas y alimentarse con productos de campos
que ellos mismos tengan que cultivar año tras año por toda la eternidad?
Obviamente, aquel nuevo mundo venidero será muy diferente a la “nueva tierra”de
Isaías 65. Cristo mismo está preparando las mansiones que habitaremos (Juan
14:1-3), y el Padre mismo es el que edifica la “nueva Jerusalén”, “la ciudad que
tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10).
Edificar casas, plantar viñas y comer su fruto evidencian que la “nueva tierra” de
Isaías 65 es material; pertenece a este universo visible y temporal. En cambio,
la “tierra nueva” de Apocalipsis 21 pertenece a otra esfera. De la manera que no
sabemos la forma o sustancia exacta del cuerpo resucitado (1 Juan 3:2), tampoco
sabemos la forma o sustancia exacta de los “los cielos nuevos y tierra nueva” que
esperamos (2 Pedro 3:13). Pero, esto sí sabemos: que en ella no tendremos que
preocuparnos por viviendas, cultivar campos para proveernos de alimentos
materiales, sudar, gastarnos físicamente en tareas duras, etcétera. Glorificados los
redimidos, “ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni
calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los
guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de
ellos” (Apocalipsis 7:16-17). En definitiva, la “tierra nueva” de Apocalipsis 21 y 2
Pedro 3 será muy distinta a la de Isaías 65.

5. Sembrar y cosechar en la “nueva tierra” de Isaías 65 implica la continuación


de circunstancias materiales normales: el sol sigue su función normal, la lluvia
sigue regando los campos y las estaciones del año siguen su ciclo. Por lo
contrario, la ciudad celestial, la nueva Jerusalén de la “tierra nueva” de Apocalipsis
21, “no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de
Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (Apocalipsis 21:23).

6. En la “nueva tierra” de Isaías 65, las mujeres siguen engendrando hijos. Por
implicación, los hombres y mujeres siguen casándose. “No trabajarán en
vano, ni darán a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de
Jehová, y sus descendientes con ellos” (Isaías 65:23). Los fieles y obedientes de
la nación terrenal de Israel eran el “linaje de los benditos de Jehová” para aquellos
tiempos antes de Cristo. Y “sus descendientes” eran sus hijos carnales. Pero, en
la “tierra nueva” de Apocalipsis 21, los redimidos resucitados y glorificados no se
casan ni engendran hijos. “Los hijos de este siglo se casan, y se dan en
casamiento; mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la
resurrección de entre los muertes, ni se casan, ni se dan en casamiento. Porque
no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles” (Lucas 20:34-36).

7. En la “nueva tierra” de Isaías 65, se encuentran tanto lobos y leones como


corderos y bueyes. “El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león
comerá paja como el buey” (65:25).

a) Por una parte, el lobo y el león simbolizan a personas agresivas, de recia


voluntad egoísta, capaces de violencia. Por otra, el cordero y el buey
simbolizan a personas mansas, dóciles, pacíficas. La ley, la disciplina y la
justicia de Dios, impuestas en cualquier sociedad, refrenan y controlan a los
“lobos” y “leones” de manera tal que no pocas personas de este género conviven
pacíficamente con los “corderos” y “bueyes”, no haciéndoles daño. Trabajan lado a
lado, comen juntos, conversan, ocupan viviendas o propiedades que colindan. Tal
“sociedad” Dios la proyecta para la “nueva tierra” que ofrece a Israel. Desde luego,
en una sociedad de esta índole siempre hay sus excepciones, pero estas no
cambian sustancialmente las circunstancias generales.

(1) Esta interpretación armoniza con el hecho de que habría pecado, pecadores y
maldiciones en la “nueva tierra” de Isaías 65, según señalado en el número dos
arriba.

(2) Sostiene esta Interpretación la última oración del versículo veinticinco: “No
afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová”. El contexto indica que
“afligir” y “hacer mal” deben entenderse como acciones propias de seres humanos.
El lobo, el león y la serpiente no afligirían ni harían mal, es decir, las personas o
seres espirituales representados por estas criaturas no afligirían ni harían mal,
quedándose trabados, restringidos, atados, aunque no del todo, pues seguiría el
pecado, pero muy limitado en términos de sus repercusiones entre la gente.

b) No habrá “lobos” o “leones” en la “tierra nueva” de Apocalipsis 21, ni simbólicos


ni literales.

c) Apoyándose en Isaías 65:25, los Testigos de Jehová y los Adventistas del


Séptimo Día pintan escenas idílicas de un reino milenario terrenal donde los
animales tales como el lobo y el león se apacientan pacíficamente con el cordero y
el buey, conviviendo todos en perfecta armonía, juntamente con hombres, mujeres
y niños, en campos verdosos de belleza encantadora. Venden esta visión de una
futura tierra material, nueva y paradisíaca, a los ingenuos que poco o nada saben
de Biblia. Toman para sí una profecía hecha exclusivamente para el Israel terrenal
antes de Cristo. Interpretan y aplican literalmente detalles de la profecía, tales
como este de lobos y corderos, que deben ser entendidos simbólicamente
conforme indica el contexto. Confunden la “nueva tierra” de Isaías 65 con la de
2 Pedro 3 y Apocalipsis 21, no percatándose de las diferencias que las distinguen.
Sus errores los lleva a confeccionar para después de la Segunda Venida de Cristo
un mundo ficticio que jamás se hará realidad. Tal cual los falsos profetas de
Israel, “alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no
de la boca de Jehová” (Jeremías 23:16).

B. Conclusiones.

1. Las numerosas diferencias notables entre la “nueva tierra” de Isaías 65 y


la “tierra nueva” de Apocalipsis 21 nos obligan a concluir que la primera
definitivamente no es la segunda. Las dos no son la misma.

2. Ya que las condiciones físicas (sol, siembra, cosecha; hambre, sed;


matrimonio, procreación de hijos; envejecimiento, muerte) en la “nueva tierra”de
Isaías 65 son las mismas que imperan normalmente en nuestro globo
terráqueo, “nueva tierra” ha de interpretarse como una expresión retórica. No
se trata de la creación de un mundo totalmente diferente, incluso con lobos o
leones literales de una naturaleza contraria a los que conocemos, sino de la
creación de ámbitos placenteros de paz, prosperidad, salud, sosiego y gozo.

a) Para entender y apreciar esta promesa en su contexto, es preciso ubicarse allá


en Judea en el tiempo del Siglo VIII a.C. cuando fue hecha. Las diez tribus de
Israel que ocupaban terrenos al norte de Judea se habían apartado de Dios,
sufriendo castigos fuertes a consecuencia de su gran error, aun el destierro
efectuado en gran escala por los poderosos asirios. En Judea se multiplicaban los
rebeldes contra Jehová, proclamándose inminentes azotes duros para el pueblo.
En medio de convulsiones tan grandes, en una tierra, Canaán, la prometida,
profanada por idolatría e inmoralidad, llena de violencia, después de haber
pronunciado retribuciones catastróficas tanto para Judea como para sus vecinos,
Jehová inyecta esta promesa hermosa de “nueva tierra”. El Dios de Israel no
acabará totalmente con su pueblo; un remanente será conservado, y vendrán
mejores días para su pueblo electo. Esta promesa Dios se hizo al Israel terrenal, y
no a la iglesia. Era para Israel; no es para nosotros los cristianos del presente.

b) ¿Cumplió Dios su promesa de “nueva tierra” para Israel? Sin duda, aunque
fuera en parte. Las promesas de Dios suelen ser condicionadas. Así pues, para
que Israel recibiera y disfrutara a plenitud aquella “nueva tierra” prometida, debía
poner de su parte, retornando a su Dios, humillándose y purificándose. Después
del cautiverio babilónico, gran número de judíos fue restaurado a su tierra, donde
reconstruyeron el templo, la ciudad de Jerusalén y otras ciudades, comenzaron de
nuevo a cultivar sus campos y reestablecieron su economía, como también sus
instituciones religiosas, sociales y culturales. Comparativamente poco se sabe
acerca de aquel pueblo después de la restauración del templo y las obras hechas
por Zorobabel y Esdras. Durante los dos siglos después de la restauración, fue
conquistado primero por los egipcios, luego, en repetidas ocasiones, por los sirios.
En el Siglo II antes de Cristo fue librado por los Macabeos, expandiendo sus
territorios y alcanzando cierto poderío, quizás haciéndose realidad en alguna
medida lo de “nueva tierra”.

C. Algunas dificultades interpretativas abordadas.

1. “De lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento” (Isaías


65:17). Estas observaciones no significan que la primera tierra, este planeta Tierra,
haya dejado de ser al introducirse la “nueva tierra” de Isaías 65. “Lo primero”,
neutro, engloba las condiciones sumamente malas que imperan antes de la etapa
de “nueva tierra”. Librado el pueblo de aquellas aflicciones destructivas, y
restaurado a su tierra, se olvida prontamente de todo aquello, sumergiéndose en
las bendiciones de actualidad. ¿No enseñamos nosotros los seres humanos esta
capacidad con frecuencia? Nos sobreviene lo malo, y sufrimos mucho. Pasa lo
malo, se mejoran las circunstancias de nuestra vida, y pronto echamos al olvido
aun los recuerdos de los días malos. Rara vez vienen al pensamiento. Asimismo le
sucedería a Israel.

2. “Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado;


porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo” (Isaías
65:18).

a) “Para siempre” no siempre quiere decir “por toda la eternidad, sin límite de
tiempo”. Su alcance el contexto lo determina.
(1) El vocablo “perpetuo” cae en la misma categoría. Por ejemplo,
quemar “incienso aromático” los levitas debían tenerlo como “rito perpetuo delante
de Jehová”, pero el alcance de “perpetuo” no es “por las edades de las edades,
eternamente”, sino “por vuestras generaciones” (Éxodo 30:8). “Rito perpetuo
delante de Jehová por vuestras generaciones.” Estas generaciones llegaron a su
fin al morir Cristo en la cruz, y, por ende, lo “perpetuo” del rito duró solo hasta la
cruz.

(2) Asimismo, los hijos de Israel debían guardar el séptimo día, “celebrándolo por
sus generaciones por pacto perpetuo” (Éxodo 31:12-17). “Perpetuo”, pero ¿hasta
cuándo? “Por sus generaciones.” Terminadas sus generaciones en la cruz, ya no
hay que guardar el día de reposo.

b) “Os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado”, es decir, en el


plano terrenal, hasta el tiempo que estén disponibles conforme al plan trazado
desde antes de la fundación del mundo para la redención de la humanidad. Pero,
en el plano espiritual, aun hasta la eternidad, por las edades de las edades.

(1) “Las cosas que yo he creado”, ¿qué abarcan? ¿Solo los “nuevos cielos y
nueva tierra” que describe Dios para Jerusalén e Israel? Posiblemente, mucho
más, aun “los cielos nuevos y tierra nueva” de Apocalipsis 21 y 2 Pedro 3.

(2) Los israelitas que acataran la voluntad de Dios recibirían y disfrutarían


de muchas bendiciones terrenales. Fieles hasta la muerte, serían tenidos por
dignos de la resurrección de los justos, y, por consiguiente, acreedores
a grandiosas bendiciones espirituales por toda la eternidad. Efectivamente, la
alegría que experimentarían primero en la tierra, se extendería “para siempre”,
ampliándose y perfeccionándose, al ser trasladados ellos al cielo.

3. “Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se


oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor” (Isaías 65:19).

a) “Nunca más.” A pesar de sonar como absoluta esta expresión, opinamos que
quizás apliquen las observaciones hechas anteriormente sobre “para
siempre” y “perpetuo”. “Nunca más”, condicionado en el cumplimiento de la ley
divina.

b) En cuanto a la ciudad terrenal de Jerusalén, que se escuchara, o no, en


ella “voz de lloro” o “voz de clamor” lo determinaban sus habitantes, bien fuera
mediante someterse a la voluntad de Dios o rebelarse.

(1) Lastimosamente, durante casi toda la historia de aquella ciudad se ha


escuchado en ella “voz de lloro… voz de clamor”. Por la inconformidad e idolatría
de sus habitantes. Por su fanatismo tradicionalista. Por tergiversar la ley de Dios,
invalidándola mediante mandamientos de hombres (Mateo 15:1-9). Por su
flagrante soberbia e hipocresía (Mateo 23). Por su obstinación y rebeldía tanto
contra autoridades terrenales como celestiales. Una y otra vez, trajeron el castigo
divino sobre sus propias cabezas. Luego, lloraban su desgracia, clamando
algunos a Dios y otros contra él.

(2) A Jerusalén Dios no la predestinó a tanto lloro y clamor. De haber sido más
sumiso Israel, el relato de su historia traería mucho más gozo. Pero, desde la
Antigüedad el pueblo se puso “duro de cerviz” ante Dios, carácter que le ha
causado sufrimiento más de la cuenta. En la Jerusalén terrenal se escucha hasta
el día de hoy “voz de lloro… voz de clamor”.

c) Pero, también hay una Jerusalén celestial, “la ciudad del Dios vivo” (Hebreos
12:22), “la santa ciudad, la nueva Jerusalén”, que desciende del cielo de Dios, no
al planeta Tierra, sino a la “tierra nueva”. Al decir Dios “me alegraré con
Jerusalén… nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor”,
¿contemplaba solo a la terrenal, o solo a la celestial, o acaso a ambas? Pensamos
que tal vez a ambas. A la terrenal, cuando ella andaba en sus caminos. Pero
quizás mucho más a la celestial –gloriosa, perfecta, santa, grandísima- cuyos
habitantes le sirvieron en la tierra hasta la muerte, granjeándose la corona de
inmortalidad y el privilegio de andar por las calles de oro y morar en las mansiones
celestiales.

Homero.
Amado (a) estudiante de las Sagradas Escrituras, ¿encuentra usted de valor este
estudio, aunque no concuerde con toda explicación? ¿Piensa hacer uso de él para
estudios o conferencias? Quisiéramos saber. iglesia_de_cristo@msn.com.

“Llenos del conocimiento de su voluntad


en toda sabiduría e inteligencia espiritual”

“Dios… quiere (1) que todos los hombres sean salvos y


(2) vengan al conocimiento de la verdad”
(1 Timoteo 2:4)

“No cesamos de orar por vosotros, y de pedir que


seáis llenos del conocimiento de su voluntad
en toda sabiduría e inteligencia espiritual”
(Colosenses 1:9).

I. Introducción.

A. Salutación. Este servidor agradece muy sinceramente la invitación de


presentar un mensaje espiritual en esta ocasión.

B. Quisiera empezar con un experimento. En esta mesa, ven una computadora,


una impresora, un mecanismo, con sensores y cables, que conecta la
computadora a objeto determinado, más una cantidad de papel. Me hace falta un
voluntario que tome la silla al lado de la mesa. El hermano José Vizcarrondo será
el “voluntario”. El experimento consiste en lo siguiente: conectar el cerebro del
hermano José a esta computadora, copiando al disco duro todo el
conocimiento que él tiene en este instante, luego imprimiéndolo todo en
papel. Querido hermano José, ¿me autoriza a proceder con este experimento?
Posiblemente, ¡exceda la capacidad del disco duro la cantidad de información
almacenada dentro del cráneo de este varón! Procedamos.

1. ¿Cuántas páginas tamaño carta ocupará su cúmulo total de conocimientos


de toda categoría? ¿Diez, cien, mil, muchos miles? Sin duda, decenas de miles,
aun cientos de miles, ya que José cuenta con amplios conocimientos de varias
ramas del saber, tanto de la creación visible como de la invisible. Desde luego,
aún no existe tecnología que haga factible semejante experimento. El propósito de
la ilustración es resaltar la gran capacidad del ser humano para adquirir y
almacenar en su cerebro muchísima información. Gracias, José, por colaborar en
este “experimento”.

2. Supongamos que tomen la silla por turno todos los presentes en esta ocasión,
sometiéndose a la misma maniobra. ¿Cuántas páginas se requerirían
para imprimir todos los conocimientos de cada persona adulta?

3. Si hacemos lo mismo con un niño de ocho años, ¿se reduce la cantidad de


páginas? Claro, grandemente. Sin embargo, el monto de las páginas sería
impresionante, pues aun el niño normal tiene mucho conocimiento de toda una
gama de variadas materias, desde juegos hasta el idioma que habla, matemática,
etcétera.

4. ¿Y qué tal si conectamos un mono a la computadora? ¿Cuántas páginas de


conocimientos adquiridos saldrían? ¿Acaso una sola?

a) El cerebro del animal está lleno de Instintos naturales, alambrado


principalmente para el control de nervios motrices. Pero, ¿conocimientos
adquiridos? ¿Entendimiento, inteligencia o sabiduría? Muy poco acumula
durante todos los años de su vida.

b) En realidad, es casi infinita la brecha entre el cerebro de los simios y el


cerebro del ser humano maduro, adiestrado, académicamente preparado,
educado, estudioso y aplicado, que día tras día añade al tesoro de sus
conocimientos. Su mente, querido amigo, amado hermano, es la suprema
maravilla de la creación. ¿Está usted utilizando amplia y constantemente sus
asombrosos poderes?

C. Alteramos el experimento, transfiriendo a la computadora solo sus


conocimientos de DIOS y la BIBLIA, imprimiéndolos. ¿Cuántas páginas
ocuparían sus conocimientos de Dios y la Biblia, nada más?
D. Apretemos todavía más los parámetros del experimento, copiando e
imprimiendo solo sus conocimientos CORRECTOS de Dios y la Biblia,
¿cuántas páginas llenarían? “Correctos” es la palabra clave.

1. Multitudes de almas piensan tener el conocimiento correcto de la voluntad de


Dios y su verdad, pero si su conocimiento proviene mayormente de fuentes
humanas, ¿con qué razón o justificación confiar en su veracidad?

2. Este último experimento, aplicado a todos los habitantes de este lugar, daría,
incuestionablemente, el siguiente resultado general: mucho conocimiento
sobre muchos temas y asuntos MATERIALES; poco conocimiento correcto
de la voluntad de Dios y su verdad para la humanidad, precisamente todo lo
contrario de lo que el Creador quiere para nosotros. ¿Qué quiere él de
nosotros? Hemos aquí sobre este planeta Tierra, seres vivientes supuestamente
inteligentes, capaces de adquirir enormes conocimientos. Él nos tiene aquí. ¿Qué
quiere para nosotros? Nos lo ha dicho con sencilla claridad y concisión.

a) Dos cosas quiere, según 1 Timoteo 2:4. “Dios… quiere (1) que todos los
hombres sean salvos y (2) vengan al conocimiento de la verdad.” Señor de los
cielos, ¿qué quieres de mí? Y del alto cielo se hace escuchar la respuesta
divina: “Que seas salvo y vengas al conocimiento de la verdad”. Esto, para “todos
los hombres”, es decir, para todo varón, dama y joven.

b) Quiere que seamos “llenos del conocimiento de su voluntad


en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Colosenses 1:9).

(1) ¿“Llenos” de qué clase de conocimiento? Del “conocimiento de su


voluntad”, y que ese mismo conocimiento sea acompañado de “toda sabiduría
e inteligencia espiritual”.

(2) ¿Es inteligente Jehová Dios, Creador de todo lo visible e invisible? ¿Nos creó
él a “su imagen y semejanza”? Pues, quiere que cada ser humano sea inteligente,
sabio y lleno del conocimiento de su voluntad, y no bruto, torpe, tosco o ignorante.
c) Además, no quiere “que ninguno parezca, sino que todos procedan al
arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). Por lo tanto, es “paciente para con nosotros”,
guiándonos al arrepentimiento “las riquezas de su benignidad, paciencia y
longanimidad” (Romanos 2:4).

Esto es lo que quiere Dios para mi, y para usted. Ahora bien, mi “querer”, su
“querer”, ¿armoniza con el del Ser que nos creó?

a) ¿Quiero ser lleno del conocimiento correcto de la voluntad divina, o prefiero


ignorar voluntariamente sus verdades (2 Pedro 3:5)?

b) ¿Quiero ser inteligente y sabio, o ignorante y necio?

c) ¿Quiero arrepentirme y ser salvo eternamente, o hundirme en el conocimiento


de lo material, lo carnal y el mal, perdiéndome eternamente? ¡De mi depende!

II. Dos pasos primordiales, esenciales para ser salvo eternamente.

A. Primer paso primordial: querer ser salvo. Tanto nos ama Dios, y tanto quiere
nuestra salvación, que dio a su unigénito Hijo en rescate por nosotros. ¿Reciproca
usted su amor, deseando también ser rescatado del infierno y puesto a salvo
eternamente en el glorioso nuevo mundo venidero? Querer esto con toda el
alma es el primer paso inicial crucial. Ser fuertemente motivado. Amar la vida.
Anhelar y buscar afanosamente “gloria y honra e inmortalidad” (Romanos 2:6-11).
Temer a Dios. Amar a Dios.

B. El segundo paso crucial es adquirir el conocimiento correcto de cómo


lograrlo. Dada nuestra inteligencia innata, ¡esto es fácil! Entonces, ¿por qué
resistir tomarlo? Multitudes se niegan a tomarlo. ¿Por qué razón? Dos actitudes
bien negativas se evidencian casi universalmente, a saber, vagancia mental y
letargia intelectual. Males dañinos y peligrosos que afligen a gran parte de
nuestra raza. Querer hacer o lograr algo, pero ser renuente a pasar el trabajo de
aprender cómo.
1. ¿Cuántos de los presentes saben usar con destreza la computadora? Unos
pocos, nada más. ¿Cuántos quisieran dominarla? ¡Ah! Muchos, ¿verdad? Ahora
bien, de los que no saben pero quisieran tener la habilidad, ¿cuántos están
dispuestos a pasar el trabajo de aprender cómo operarla, siguiendo las
instrucciones correctas? “Aprender” implica “esfuerzo mental, concentración,
disciplina, seriedad y dedicación”.

a) Pero, estos elementos o atributos son poco populares en las culturas


actuales. “Quiero divertirme continuamente. Desde abrir los ojos por la mañana
hasta cerrarlos por la noche, diversiones, sensaciones físicas o emotivas, relajo y
risas, ¡eso es lo que quiero! Gozarme de la vida, ‘mano, ¿sabes?, ¡eso es lo que
quiero!” En la calle, en la escuela, en el trabajo y en la iglesia también.

(1) Esta mentalidad es típica no solo de mucha juventud sino además de muchos
adultos y mayores de edad.

(2) Sus frutos amargos o nocivos abundan.

-Alarmante tasa de alumnos, incluso universitarios, más gran número de otras


personas de toda categoría y edad, que apenas saben leer con entendimiento,
descifrar, analizar o razonar. No aprenden, no por falta de capacidad intelectual,
sino porque no quieren someterse a la disciplina y los esfuerzos necesarios.

-A nuestro tiempo le dicen la “Edad Informática”. Con tan solo presionar unas
pocas teclas de esta computadora, están al alcance literalmente billones de
páginas de información. Pese a esta tecnología asombrosa, ciertamente
acertamos al observar que, irónicamente, en nuestro mundo, entre la vasta
mayoría, está menguando el conocimiento correcto de lo realmente
importante, bien sea del universo material o del espiritual.

b) Esta misma mentalidad está contagiando rápidamente, tal cual


algún virustransmitido por los aires, a muchas iglesias y a mucha gente que se
acerca a ellasen busca de “algo espiritual” para sus vidas.
(1) “¿Adquirir el conocimiento correcto de cómo lograr la salvación? ¿Llenarme
del ‘conocimiento’ de la voluntad de Dios? Predicador, ¡que tema más seco y
aburrido este del ‘conocimiento’! ¡Bendito! Lo que yo quiero es divertirme en
esta campaña. Divertirme en la iglesia. Quiero escuchar música cristiana salsa,
rock o rap. ¡No me diga que no cuenten ustedes con una banda para esta noche!
Quiero que me entretengan con unas dramas. Que usted, predicador, cuente
testimonios extravagantes, chistes o anécdotas fantásticas. Quiero sentir la
presencia de Dios, estremecerme, elevarme, que se me paren los pelos, que
caiga en éxtasis. ¿Aprender? ¿Estudiar? ¿Buscar conocimiento? ¡Demasiado
pesado! ¡A eso no vengo!”

(2) El fruto de esta mentalidad en las iglesias y personas contagiadas es


un grado espantoso de confusión e ignorancia doctrinal.

-Los afectados suelen burlarse de “doctrina” y menospreciar el


“conocimiento”. Aun citan la Biblia en defensa de su noción, donde dice el
apóstol Pablo que “Elconocimiento envanece, pero el amor edifica” (1 Corintios
8:1), exclamando: “¡Ve! ‘El conocimiento envanece.’ No hace falta el conocimiento.
Solo el amor”.

-Sin duda, el conocimiento no templado por la humildad envanece, pero no es


menos cierto que la humildad no acompañada del conocimiento
correcto es insuficiente para conocer a Dios, su voluntad y su verdad.

-“El amor edifica.” Positivo. ¿Cómo? ¿Acaso sino el conocimiento de la voluntad


divina? ¡Imposible! “Si me amáis, guardad mis mandamientos. El que me ama,
mi palabra guardará” (Juan 14:15-24). ¿Cómo guardar los mandamientos de
Cristo sin aprenderlos? ¿Y cómo aprenderlos sin estudiar? ¿Y cómo dedicarse a
estudiar si lo único que quiere es que “la iglesia o la religión sea una
diversión más”?

-“¡Mi Dios no es serio! ¡Mi Dios es divertido!”, me escribió cierta dama. Pues
bien, temo que esté creando un “dios” a su propia imagen y mentalidad humana,
¿no le parece? Con todo, no dudo de que el único y verdadero Dios se divierta,
se goce, se regocije, disfrute o se ría. Al leer su Palabra en la Biblia, entiendo
que entre las cosas que más deleite le traen figuran “todas las riquezas de
pleno entendimiento”, como además “todos los tesoros de la sabiduría y del
conocimiento”, expresiones tomadas de Colosenses 2:2.

III. Es divertido explorar, y hacer suyos, “todos los tesoros de la sabiduría y del
conocimiento”, “todas las riquezas de pleno entendimiento”. Satisface.
Deleita. Llena. Como ninguna otra experiencia. Y son inigualables, invaluables y
ricos en sumo grado los beneficios, dividendos y bendiciones, tanto para esta vida
como para la venidera. Por cierto, es necesario usar la mente. ¿Y qué? ¿Va
usted a llegar a la muerte, no habiendo aprovechado en casi nada los poderes
fenomenales de su magnífico intelecto? ¡Qué vergüenza! ¿Casi vacía su mente?
¿Sin riquezas? ¿Sin tesoros? ¿Ignorante su espíritu? ¡Inconcebible! No sea
mentalmente ocioso, se lo ruego. Eche su intelecto a funcionar. “¡Ah! Pero la
Biblia es tan grande, misterioso y difícil”, replica usted. ¡Qué va! Usted puede
adquirir, con un poco de trabajo mental, los “tesoros… del conocimiento” bíblico
indispensables para la salvación eterna de su alma. Le reto a hacer la prueba en
esta ocasión con solo tres textos de la Biblia.

A. Tres textos de la Biblia que imparten importantísimo conocimiento espiritual.

1. 2 Corintios 3:7-8. “Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras


fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de
Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, ¿cómo no será
más bien con gloria el ministerio del espíritu?”

a) “¡Ea!”, dice usted, “No entiendo nada, nada en absoluto. Es como si me


hablara en ruso o chino. Un embrollo de palabras y frases que no significan nada
para mí.” ¡Aguántese! No se desespere. Para entender la matemática, o cualquier
otra ciencia, ¿le hace falta un maestro competente? Para la práctica eficiente de
cualquier oficio, ¿le conviene instrucción? ¿Contar con una persona capacitada
que le enseñe o guíe? En el tiempo de los apóstoles de Cristo, allá en el Siglo I, un
buen día el tesorero de Etiopía, país de África, mientras viajaba de Jerusalén
hacia su país, leía un texto de la Biblia. “Acudiendo Felipe”, un predicador de la
recién establecida iglesia, le pregunta: “¿Entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y
cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se
sentara con él” (Hechos 8:26-40). Pues, ¡esto es justamente lo que a usted le
hace falta para entrar pronto en entendimiento: de su parte, una menta abierta, y
también la intervención de quien le guíe un poco.

b) Concéntrese en las palabras claves de este texto. “Ministerio, muerte,


grabado, letras, piedras, gloria, rostro, perecer y espíritu.” Son comunes; no
son grandes o complicadas.

-“Ministerio.” Observamos que se nombran dos: (1) “el ministerio grabado con
letras en piedras” y (2) “el ministerio del espíritu”. ¿Correcto?

-El primero fue “grabado con letras en piedras”. Esta es la primera clave para
identificarlo acertadamente. La segunda clave es que “fue con gloria”. La tercera
clave es que hacía resplandecer el rostro de Moisés. Estas tres pistas apuntan
hacia los Diez Mandamientos que Dios grabó en dos tablas de piedra en el monte
de Sinaí, entregándoselas a Moisés. ¿Cierto? Ya sabemos el significado
de “ministerio” en este contexto. Es sinónimo de “ley”, “testamento” o “pacto”.

-“De muerte… fue con gloria… la cual había de perecer.” Nos concentramos
en estas tres frases descriptivas del “ministerio” de los Diez Mandamientos. “De
muerte”, y no de vida. “Fue”, tiempo pasado, y no presente. “Fue con gloria”, o
sea, en una época tenía gloria, pero, por implicación, ya no la tiene. “Perecer”, o
sea, acabar, fenecer, dejar de ser.

-¿Qué enseña todo esto? Una verdad divina muy sencilla y de gran importancia
que usted mismo puede discernir sin mayor trabajo mental: que la gloria del
ministerio de los Diez Mandamientos perecería. ¿Cuándo? Razonemos un poco.
Lógicamente, al llegar el segundo “ministerio” nombrado en el texto. ¿Y cuál es el
segundo? Se identifica como “el ministerio del espíritu”. ¿De qué “espíritu”? Del
único que obra de parte de Dios, del Espíritu Santo. “El ministerio del
espíritu”es, pues, la nueva ley espiritual revelada por el Espíritu Santo.
-¿Y dónde se encuentra este nuevo “ministerio del espíritu”, el que, sí, en
definitiva, actualmente tiene “gloria”?

-Los vocablos “antiguo”, o “viejo”, y “nuevo” las entiende perfectamente, ¿no?


Pues, este libro sagrado llamado “Biblia” se compone del “Antiguo Testamento”y
del “Nuevo Testamento”. ¿Cuál se supone sea el “ministerio del espíritu… con
gloria” en la actualidad? Lógicamente, el Nuevo Testamento.

-El Antiguo, con todo y Diez Mandamientos, perdió su gloria al ser clavado en la
cruz. Ninguno de sus estatutos, mandamientos, ritos, etcétera, está en vigor. Esta
verdad aplica tanto a diezmos y sábados como al sacerdocio levítico y sacrificios
de animales.

c) ¿Cuál de los dos testamentos de la Biblia debe usted obedecer? ¡El Nuevo! He
aquí “conocimiento de la voluntad de Dios” que alumbra con luz fulgurante su
mente. ¡La porción de la Biblia que está vigente para el tiempo que vivimos es el
Nuevo Testamento! Usted está en la libertad de leer el Antiguo, pero el que rige es
el Nuevo. Este “conocimiento” simplifica notablemente el entendimiento de toda la
Biblia.

2. Efesios 5:23. “Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él su


Salvador.” Palabras muy sencillas. Expresiones bien concisas que imparten vital
conocimiento espiritual fácilmente entendible.

a) Cristo es la cabeza de la iglesia. Hagamos uso de la razón y el sentido común.


Él vive y reina. En su rol de “cabeza”, dirige a la iglesia en la tierra mediante el
Nuevo Testamento que selló para ella con su propia sangre. Por consiguiente, no
le hace falta a ningún hombre en la tierra que se encargue de gobernar o dirigir a
su iglesia.

b) La iglesia es el cuerpo de Cristo. El cuerpo de Cristo en la tierra es la iglesia.


Controla este cuerpo espiritual la cabeza espiritual, a saber, Cristo mismo.
La “cabeza” una sola es. El “cuerpo” uno solo es. Cristo tiene a un solo cuerpo
espiritual en la tierra. Lo gobierna una sola cabeza en el cielo. ¡Tan sencillo! ¡Y
lógico!
c) Cristo es el “Salvador” de la iglesia. Lógicamente, no salva a las personas que
se encuentran fuera de su iglesia. Deducción: es necesario estar en la iglesia del
Señor para ser salvo. De hecho, el Señor añade “cada día a la iglesia” los que han
de ser salvos (Hechos 2:47).

3. Marcos 16:15-16. “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere, será
condenado.” Mandamientos y cláusulas expresadas con diáfana claridad.

a) Cristo quiere que su evangelio sea predicado “a toda criatura” en “todo el


mundo”. Este deseo implica que toda persona normal potencialmente puede
escuchar el evangelio para salvación.

b) Cristo establece dos condiciones para ser “salvo”.

(1) Creer.

(2) Bautizarse.

-No establece creer con única condición para salvación. Antepone también el
bautismo a ser “salvo”, haciendo el bautismo un requisito indispensable para
alcanzar el perdón.

-Todo texto del Nuevo Testamento relacionado con el propósito fijado por la
Deidad para el bautismo (inmersión) armoniza con lo legislado por el Señor en
Marcos 16:16.

c) ¿Quiere usted que sus pecados sean borrados? No lo logra sin conocer las
condiciones, entendiéndolas correctamente y obedeciéndolas. Pero, son tan
elementales que aun el analfabeto, escuchándolas expuestas sin tergiversaciones,
las entiende enseguida.

IV. Invitación.

A. Estas verdades, una vez obedecidas, liberan al alma entendida y obediente de


la ignorancia religiosa, el error doctrinal, yugos de esclavitud que imponen falsos
maestros, supersticiones y vanas tradiciones arrastradas del pasado, huecas
filosofías, pecados y vicios. “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará
libres”(Juan 8:32). ¿Se fija en el verbo “conoceréis”? ¿Cómo conocer “la
verdad” de Cristo sin aprenderla? ¿Y cómo aprenderla sin ningún esfuerzo
mental?

B. El conocimiento no puesto en práctica permanece estéril. No produce


frutos de salvación.

1. Al respecto, observamos otro fenómeno preocupante de nuestros


tiempos: personas que han adquirido el conocimiento correcto de la voluntad
de Dios, pero ¡no lo ponen por obra!

-“Yo sé que la Biblia dice que el bautismo es para perdón de los pecados. Mi
iglesia no lo enseña así, ni fui yo bautizado con ese propósito, pero…

-“… no voy a cambiar…”

-“… no voy a dejar mi iglesia, a pesar de que no sigue la doctrina bíblica…”

-“… cada iglesia tiene sus errores, algunas más que otras…”

-“… mi pastor me asegura que amar a Dios y a los hermanos es suficiente para
que seamos salvos eternamente…”

2. Pero, la “sabiduría” y la “inteligencia espiritual” que han de acompañar el


conocimiento correcto de la voluntad y la verdad de Dios impulsan al alma sincera
y honesta a poner en práctica lo que ha aprendido.

3. Querida alma, al usted poner en práctica el conocimiento correcto de la


voluntad divina, disfrutará de verdadera libertad en el Señor, pues “si el Hijo os
libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).

-Deseándole todas las bendiciones del pleno conocimiento en Cristo, su servidor


HSÁ.

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