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Méndez Vives, Enrique. El Uruguay de la Modernización (1876-1904).

Historia Uruguaya Tomo 5. E.B.O.

EL URUGUAY DE LA MODERNIZACIÓN.
Introducción.

El último cuarto del siglo XIX estuvo marcado por cambios cualitativos y cuantitativos de
importancia, a nivel mundial, que debemos tener como trasfondo permanente de nuestro análisis
del Uruguay entre 1876-1904. La industria en los países desarrollados de Europa y en EE.UU,
adquirió supremacía sobre los demás sectores de la economía. Esto permitió que la burguesía
afirmara su incidencia política. Y esa industria vivió, por entonces lo que se llamaba la “Segunda
revolución industrial”. Las economías centrales, con Gran Bretaña a la cabeza, procuraban
adaptar las economías periféricas a sus propias necesidades. Para eso cada país periférico se
debió adecuar al mundo moderno. Este proceso de adaptación y puesta al día suele
denominarse modernización. El país fue sacado de los patrones tradicionales y colocados
firmemente en la órbita del capitalismo liderado por Gran Bretaña.

Bases de la Modernización (1876-1880).


Latorre en el poder.

Lorenzo Latorre, principal jefe militar, prestigioso por el triunfo sobre el levantamiento de 1875,
asumió el poder dictatorial con el título de Gobernador Provisional.

El régimen latorrista nació para asegurar el desarrollo de las fuerzas productivas del país.

Dos objetivos:

 El logro de la paz interna, el orden, en la campaña sobre todo.


 La afirmación del derecho de propiedad privada.

La paz interior.

A poco de asumir el poder, Latorre ordenó que varios cuerpos del ejército se distribuyeran por la
campaña en apoyo de la policía. Estaba dispuesto a cortar de raíz el delito de abigeato y el
matrerismo. Dispuso, además, que los límites de un departamento ya no serian fronteras que
impidieran a la policía la persecución de delincuentes.

El ejército, utilizó fusiles y carabinas “Remington” y su posesión era monopolio del Estado.

El régimen Latorrista usó los nuevos medios de comunicación y transporte con un claro sentido
político, más que con propósitos económicos.

Todas las comisarias departamentales quedaron comunicadas con las jefaturas de Montevideo.
Papel similar debía cumplir el ferrocarril. A mediados de 1877 fueron estatizadas las sucursales
de correos, creándose la Dirección y Administración General de Correos.
La administración de justicia fue tecnificada. Los alcaldes ordinarios fueron sustituidos por
Jueces Letrados Departamentales. A partir de 1879, con la creación del Registro del Estado Civil,
el Estado controló nacimientos, defunciones, matrimonios, legitimaciones y reconocimientos,
sustituyendo a la autoridad eclesiástica.

. La afirmación del derecho de propiedad privada

Así como la autoridad del Estado había sido muy débil hasta, entonces, también el derecho de
propiedad había resultado poco efectivo. El proceso de apropiación había llegado a su fin y era
preciso legitimarlo. El sector más evolucionado del medio rural quería racionalizar sus
explotaciones. Había que asegurar el pleno goce de la propiedad. Varios mecanismos fueron
utilizados:

EL ALAMBRAMIENTO.

El proceso de cerramiento de los campos, utilizando alambrados había comenzado en 1872,


pero fue a partir de 1876 que adquirió un ritmo vertiginoso.

El alambramiento perseguía fines concretos:

 Delimitar con exactitud la propiedad y asegurarla.


 Permitir una explotación más racional del ganado.
 Impedir la utilización del campo por ganados de los llamados “ganaderos de nombre”,
es decir, aquellos que siendo dueños de ganado carecían de campo propio para
sostenerlo.

En 1879 la “medianería forzosa”: el estanciero que alambraba su campo tenía derecho a


exigir la mitad del precio a sus linderos.

EL CÓDIGO RURAL.

Redactado por la asociación rural entro en vigencia en 1876 pero fue con Latorre que se
efectivizó. En lo esencial el Código procuraba: asegurar la propiedad sobre la tierra y sobre el
ganado así como asegurar el orden, legislando sobre la policía, pulperías, peones, etc.

REGISTROS.

Complemento indispensable de las posiciones del Código Rural fueron los registros, destinados
a afianzar la seguridad de la propiedad. Así surgieron: 1- Regimiento de propiedades
departamentales y seccionales; y 2- Oficina general de Marcas y Señales de ganado.

POLICIA.

El gobierno permitió y estimuló el uso arbitrario de la fuerza, entendiendo que el objetivo de la


protección del derecho de propiedad y la paz rural justificaba cualquier exceso.

LA BASE SOCIAL DEL RÉGIMEN.


Latorre fue el personero de las llamadas fuerzas vivas o clases conservadoras del país. La
esterilidad de los recientes gobiernos les confirmó la necesidad de un gobierno fuerte, de un
verdadero Poder Ejecutivo, desembarazado de trabas institucionales.

En el medio rural, la década del 70 muestra la pujantes presencia de una verdadera nueva clase
de estancieros, producto fundamentalmente de la inmigración. Este sector prevaleció en el litoral
del Río Uruguay. El nuevo concepto de la estancia como empresa había sido introducido por
ellos. La Asociación Rural fue un pilar básico del latorrismo, comprometiéndose con él de
manera completa. Pero el grupo mayoritario lo formaban los estancieros tradicionales,
cómodamente apegados a la producción rutinaria. En buena proporción eran brasileños y
dominaban en las zonas Norte, Centro y Este. Factor importante en el ascenso de Latorre al
poder, y sostén de su gobierno, fue el sector del gran comercio exterior, siendo, por
consecuencia, enemigo declarado del papel moneda.

EL PAPEL DEL EJÉRCITO.

El ejército había experimentado en la década pasada una transformación indudable, por más
que puedan discutirse sus alcances. La guerra del Paraguay (1865-1870), levantamiento de
Timoteo Aparicio (1870-1872) y la “Revolución Tricolor” (1875) determinaron que:

 Aumentaran sus efectivos


 Mejorara su nivel profesional
 Fuera dotado de mejor armamento
 Adquiriera conciencia de su potencial político

El ejército era otro grupo de presión, particularizado por la posesión del poder coactivo.

El régimen en acción: sus resultados inmediatos. En el medio rural.


El latorrismo echó las bases de una transformación cuyos frutos fueron palpables sobre todo a
partir de 1880. El alambramiento avanzó considerablemente pero no de manera homogénea. En
un lógico proceso, fueron los estancieros progresistas y económicamente más fuertes quienes
rápidamente cerraron sus campos. El gran impulso fue dado por la modificación del Código
Rural en 1879, al establecer la medianería forzosa. El alambrado posibilitó el avance de la
mestización que había estado dificultada hasta entonces por la guerra civil, la mezcla de
animales y el abigeo.

El alambrado ayudó a consolidar el latifundio. La protección al derecho de propiedad era


indiscriminada y el propietario de grandes extensiones gastaba menos, proporcionalmente, que
el propietario mediano o pequeño. Este, en cambio, resultó altamente perjudicado. Al
establecerse la medianería forzosa se encontró muchas veces incapacitado económicamente
para abonar su parte, y el crédito, si se conseguía, era usurario. Para satisfacción de la clase alta
rural, el alambrado, también aniquiló a los “ganaderos de nombre”.

Un resultado casi instantáneo de la nueva forma de ejercerse la autoridad por el gobierno, fue la
disminución considerable del delito. Los delincuentes que no morían durante el operativo de
captura o al “intentar fugarse” eran enviados al terrible Taller Nacional (popularmente, “Taller de
Adoquines”) donde labraban la piedra extensas jornadas de trabajo forzado.

El incremento de la desocupación fue un alto costo social, del cerramiento de los campos,
constituyendo la “primera desocupación tecnológica del país”. Al mismo tiempo tendió a
desaparecer la tradicional institución del agregado, porque en las zonas donde predominaba la
nueva estancia, no había lugar para gente que consumiera sin producir.

En el medio urbano.

Latorre zanjó expeditivamente el enfrentamiento entre “oristas” y “cursistas”. Por decreto de


junio de 1876 se adoptó el oro como único patrón monetario. Para buscar el equilibrio, el
gobierno recortó el presupuesto: exoneró empleados públicos incluyendo dos regimientos
enteros, rebajó los sueldos de los funcionarios, disminuyó los gastos públicos, eliminó el derecho
de jubilación de los militares, etc. Esta política de ahorro, característica del gobierno de Latorre,
descargó todo su peso sobre los sectores sociales menos favorecidos. Implico una verdadera
redistribución del ingreso en favor de las clases altas.

La renuncia de Latorre.

En 1878 hubo elección legislativa asumiendo el Poder Ejecutivo el presidente del senado,
Francisco Vidal. El primero de marzo Lorenzo Latorre fue designado Presidente constitucional.
Apenas 10 meses después, Latorre solicitó licencia y ya no volvería a ocupar efectivamente la
presidencia. Renunció el trece de marzo de 1880. Se ha dicho que habiendo cumplido los
objetivos que llevaron a entronizarlo, Latorre no era imprescindible para los sectores sociales
dominantes.

La evolución económica-financiera (1880-1886).


Los esfuerzos del latorrismo no podían rendir grandes resultados económicos en lo inmediato
porque se partía de una cota muy baja, la crisis del 75. Pero en los 6 años siguientes empezó la
cosecha de los frutos de la modernización, cosecha que puede valorarse con variados matices.

La figura central del periodo fue el General Máximo Santos, cuyo poder y prestigio creció a la
sombra del latorrismo, mostrándose como un heredero muy urgido de acceder a la sucesión.

Entre 1880-1886 se consolidó la paz interior y el derecho de propiedad que a sangre y fuego
impusiera Latorre. Sólo la breve y derrotada “Revolución de Quebracho” (1886) perturbó el
cuadro del orden concebido por los sectores conservadores.

Avanzó el proceso de tecnificación de la explotación ganadera. Aumentaron los stocks de vacuno


y ovinos, llegando a cifras normales, y crecieron los saldos exportables de carne, cuero y lana.
Ingresaron capitales extranjeros.

Pero los avances logrados dentro del nuevo esquema no logran disimular sus grietas. Una aguda
crisis de superproducción (desde 1885) puso al desnudo la debilidad de la estructura
económica-financiera dependiente, que oscilaba al ritmo de la demanda externa. Para 1886 la
experiencia del militarismo, que alcanzo su altura máxima con Santos, aparecía agotada. Los
principistas volvieron al gobierno (Ministerio de Conciliación de noviembre del 86) pero ni ellos ni
el país eran los mismos que 12 años atrás.

La crisis de superproducción.

Desde 1882 se empezaron a denunciar los síntomas de la super abundancia de ganado, la


“plétora de ganado”, en el lenguaje de la época. La situación hizo crisis a partir del 85. La
demanda no acompañaba la evolución de la producción y el país no sabía “que hacer con la
carne, del 25 % de los ganados que producía por año”, como afirman Barrán y Nahum.

El centro crítico del problema residía en el tasajo. Entre 1873 y 1882 el consumo del tasajo en
Cuba disminuyó el 50 %. Pero a partir de 1885 los saladeros argentinos aumentaron
espectacularmente sus faenas y comenzaron a competir fuertemente en el mercado brasileño.
Obturada esta salida del tasajo, la crisis de superproducción en el Uruguay apareció ya sin
atenuantes.

Las consecuencias internas

El impacto de la crisis se advirtió en los precios. Los saladeristas impusieron a los estancieros
precios más bajos por el ganado, compensando así la baja que el precio del tasajo
experimentaba en el mercado brasileño, por la competencia argentina.

La evolución política- institucional


El 13 de maro de 1880, al renunciar Latorre, Vidal fue designado para completar el periodo
correspondiente, pero ocupó el cargo sólo os años, hasta el 28 de febrero de 1882. Durante ese
lapso el poder detrás del trono fue Máximo Santos, actuando como Ministro de Guerra, desde allí
preparó su pleno ascenso al poder.

En las elecciones del 81 para renovar la Asamblea, los adictos a Santos impusieron amplia
mayoría. El primero de marzo de 1882 fue elegido presidente por 4 años. Concluido el periodo,
otra vez, asumió Vidal la presidencia pero se trataba de otra forma de interinato. Prohibida la
reelección por la Constitución, Santos buscó un ingenioso mecanismo para volver al poder.

Carácter del gobierno Santista.

El capitán general gobernó en un periodo en un periodo de prosperidad económica. Las clases


poseedoras que toleraron y aplaudieron los desbordes de Latorre, no estaban igualmente
dispuestos respeto a Santos. Aspiraron a la normalización institucional, insinuada durante el
gobierno de Vidal. Santos acentuó la incidencia del ejercito en el gobierno, y es en ese sentido
que fue un gobierno más militarista que el de Latorre, pero al contrario de éste, que prescindió de
las divisas tradicionales. Santos tiñó fuertemente de colorado su gobierno. Supo que el ejército,
que servía para acceder al poder, no era del todo solvente para ejercerlo.

Carente del campo de maniobras que tuvo Latorre, Santos buscó su propio respaldo partidario.
Ya como Ministro de Guerra de Vidal organizó un sector del Partido Colorado, que fue
denominado “Gran Partido Colorado”. Contando con el apoyo expreso de sectores blancos.
Santos glorificó los acontecimientos más impactantes del pasado colorado: la Defensa, la
Cruzada de Flores, la hecatombe de Quinteros.

El apoyo político no lo llevo a descuidar la plataforma militar. Los efectivos del ejército fueron
aumentados (eran más de 3000 hombres). Bajo Santos alcanzó el ejército su ordenamiento
jurídico (Código Militar) y academia profesional (Academia General).

Santos claudicó, formándose el Ministerio de Conciliación y en 1887 renuncio Santos.

Evolución socio-cultural.
Las corrientes del pensamiento.

En los últimos años de la década del 70 se produjo en el terreno del pensamiento filosófico un
hecho singular: el positivismo emergió como tercera corriente del pensamiento. Hasta entonces,
desde la década del 60, las polémicas habían sido protagonizadas por los partidarios del
catolicismo y del espiritualismo racionalista.

El positivismo penetró en nuestro ámbito cultural a través de las doctrinas evolucionistas de


Darwin y Spencer. Era, sin duda, una prueba de la influencia cultural sajona que empezaba a
competir con la francesa. Hasta 1879 el portaestandarte del positivismo fue José Pedro Varela.
La reforma fue un triunfo de esa corriente, la cual desde 1880, con el rectorado de Alfredo
Vázquez Acevedo, iniciará su combate a nivel universitario.

La Reforma Escolar.

Varela entendió que llevar a cabo una reforma educativa, que contribuiría a la eliminación de
gobiernos semejantes en el futuro. De los tres principios básicos –gratuidad, obligatoriedad y
laicidad- Varela logró imponer los dos primeros pero debió ceder en el tercero. La gratuidad no
era una novedad, pero arela adelantó varios pasos al lograr reforzar las fuentes de recursos que
sostendrían la escuela pública.

La obligatoriedad marcó un jalón. Los principistas habían rechazado la idea porque entendían
que limitaba la irrestricta libertad de obligatoriedad un pilar fundamental del sistema,
consagrando así un triunfo histórico del interés social sobre el interés individual.

Más que reformar, Varela creó un sistema educativo. Dio contenidos científicos a los programas
de estudios, selecciono personal docente, dando amplia participación a la mujer, implantó la
descentralización administrativa procurando la participación popular e el mejoramiento de la
escuela pública, inició la publicación de la “Enciclopedia de la Educación” y de los “Anales de
Instrucción Primaria”, básico para el avance de escuelas, la traducción de textos y la fabricación
de material didáctico.

La Universidad.

La Universidad tuvo entonces la importancia de una orientación a las ciencias, una clara
influencia de la creación de la Facultad de Medicina. La transformación de programas de
estudios, la mejor selección de textos, la creación de laboratorios, etc., marcaron todo el ciclo
orientado por Vázquez Acevedo.

Avance del secularismo.

En el periodo 1876-86, tres normas deben ser consideradas: El decreto de ley del 11 de febrero
de 1879 que creó cuatro registros, nacimientos, defunciones, matrimonios y reconocimientos y
legitimaciones, que llevarían los Juzgados de Paz. Establecía que los curas párrocos no
admitirían ninguna inscripción en el registro oficial. Respecto del matrimonio entre católicos, la
norma establecía que dentro de los 3 días siguientes a la ceremonia religiosa, los contrayentes
debían presentarse ante el Juzgado correspondiente para extender el acta respectiva.

En 1885, la Ley de matrimonio Civil Obligatorio completó la reforma que el decreto de ley de
Latorre apenas insinuaba. En adelante sólo se reconocería como legítimo el matrimonio
celebrado de acuerdo con la ley.

1886-1894
Introducción.

Nuestro país no pudo resolver ninguno de los problemas planteados a su producción


agropecuaria. Las reservas acumuladas por el país durante años de bonanzas comerciales
favorables se agotaron. Se recurrió entonces al paliativo de los empréstitos extranjeros. La banca
londinense abría su bolsa con cierta facilidad, confiada en la capacidad productiva del Uruguay y
también en las muchas formas de presión que Inglaterra utilizaba para recuperar lo prestado.

La crisis continua, y desde luego la agravación de 1890, provocó malestar social y una dura lucha
por el reparto de un producto menguado. Como es natural, los dos sectores más poderosos
(rurales y gran comercio “orista”) lograron echar el fardo sobre una mayoría que no disponía de
resortes de poder y muy pocos resortes de defensa.

A nivel político hubo cambios. El militarismo, que tuvo su auge con Santos, no resistió a su caída.
Tajes, el sucesor, significó una transición hacia el gobierno civilista de aquél. Claro que los
cambios tenían poco que ver con la democracia. Gobernaba un sector oligárquico, en continua
lucha y equilibrio con los grupos de presión que no querían pagar la crisis, que en buena medida
ellos mismos provocaban o fomentaban.

El juego de las ideas y posiciones políticas se hizo más fluido. La prensa desempeño una tarea
apreciable en tal sentido. Una prueba fue dada por “El Día”, reducto importantísimo del creciente
prestigio de José Batlle y Ordoñez, opositor a Herrera y Obes dentro del sector colorado.

Evolución económico-financiera.
Crisis de la ganadería.

El nuevo orden creado por el militarismo permitió el incremento de los stocks. El momento de
crisis más agudo lo vivió la ganadería en 1887 ante el cierre de las puertas brasileras al tasajo
uruguayo.
Los precios internacionales de los 3 productos fundamentales de la ganadería: cuero, tasajo y
gorduras, sufrieron disminuían, afectados por la depresión.

En cuanto a sus mercados, Brasil y Cuba siguieron siendo los únicos. Esta dependencia era un
problema. Desde 1890 la Argentina aumento muchísimo su faena de ganado vacuno.

Esta competencia, sin embargo, no impedía que los saladeros uruguayos mantuvieran un buen
nivel de volúmenes exportados a Brasil, ya que la demanda creció. Pero en 1887, invocando la
epidemia de cólera desatada en Buenos Aires y transmitida al Uruguay, Brasil detuvo la
importación de tasajo uruguayo y argentino. La situación se solucionó, para los saladeros de Rio
Grande del Sur, habían aprovechado la coyuntura para aumentar sus faenas.

De todos modos, el problema más serio fue el de los precios. De 1886 a 1892 se produjo una
baja casi del 25%. Aun a niveles constantes de volúmenes exportables, los ingresos se reducían.

La Ganadería ovina.

El stock ovino había recuperado su nivel normal en torno a 1883, es decir que situaba entre los
14 y 16 millones de cabezas. En los años 1888-1889 el país soporto continuas e intensas
lluvias, que afectaron seriamente a los lanares. Se estima que el 30% de la existencia se perdió.
Este problema de stock, superado en los años siguientes, no fue el motivo de preocupación
principal. Lo grave residió en la tendencia al descenso que mostraron los precios internacionales
del textil. La lana era desde 1884 nuestro principal rubro exportable. Toda variante en su precio
de exportación afectaba, para bien o para mal, la marcha de la economía. En algunos años del
periodo, a raíz de la disminución del stock y desmejoramiento de los animales, la crisis fue más
aguda. Esto ocurrió en 1890-1891.

La baja de los precios internacionales, el estancamiento o la reducción de los mercados por la


competencia y las medidas proteccionistas, eran factores que afectaban seriamente a nuestra
ganadería, fuente casi única de nuestras exportaciones.

Una conclusión muy clara que muchos sacaron fue que la crisis “venia de afuera”, lógica
consecuencia de nuestra dependencia de los mercados exteriores.

En cuanto a la agricultura siguió en los carriles ya conocidos.

El problema del comercio de transito.

El otro gran sector de la actividad económica, el comercio exterior, experimentó igualmente una
crisis profunda. El alto comercio poseía el control del oro (importaciones y exportaciones se
pagaban en metal) y por consiguiente dominaba el crédito, normalmente usurario. Se vio ya
como bajo Latorre ese alto comercio fue satisfecho mediante la implantación del oro como único
patrón monetario. En 1883, mientras el gobierno de Santos se veía envuelto en torno a la
modernización de nuestro principal puerto, quedando en definitiva paralizada la iniciativa, el
gobierno argentino apuraba la construcción del puerto de Buenos Aires, que ahora ya no sólo era
el puerto de Buenos Aires sino el puerto de la Argentina.

Gastos, inversiones y especulación.


Según sabemos, la década de Latorre y Santos concluyó con una balanza comercial positiva de
alrededor de 20 millones de pesos. En sólo 4 años del periodo que estudiamos (1887-1890) los
saldos negativos pasaron los 21 millones.

Por un lado, hubo una mayor importación de maquinarias, herramientas, exigidas por un
desarrollo industrial, la expansión de la construcción y la implantación de extensos tramos de
vías férreas. Por otro lado, aumentaron enormemente las importaciones de bienes suntuarios
destinados al consumo de un reducido sector social.

En estos años, el país, y más exactamente Montevideo vivió una etapa de actividad febril.
Surgieron más de 20 bancos y más de 160 sociedades nuevas, dedicadas a varios campos
(industria, construcción, colonización, transportes).

Fue en 1887 que llegó a Montevideo el personaje que más contribuyó a caracterizar el periodo y
que le ha dado su nombre: “época de Reus”. Emilio Reus fue un financista español ducho en
construir fortunas y perderlas. Se había instalado en Buenos Aires en 1885 (26 años de edad),
dedicándose al juego del a Bolsa. Formó con un grupo de capitalistas argentinos –Casey, Bunge,
Duggan, Ayarragaray- un sindicato que decidió la creación en Uruguay de una “Banco Nacional”,
el cual fue autorizado por ley del 24 de mayo de 1897.

El Banco Nacional.

Tenía un capital de 10 millones de pesos. El gobierno nombraba al presidente y un tercio de los


miembros del directorio, y disponía de una cuenta corriente en descubierto hasta un límite de
1.500.000 de pesos. El Banco constaba de dos secciones: la comercial podía emitir billetes de
10 pesos y mayores hasta el duplo de su capital realizado, manteniendo una garantía del 25% en
encaje; la Hipotecaria podía otorgar préstamos con plazos de hasta 30 años. El Banco Nacional
fue el primer intento de un banco “nacional” que rompiera el monopolio ejercido por los bancos
“oristas” (comercial y de Londres) en dos aspectos: monetario y crediticio.

Su acción respondió a medias a las necesidades del país. Estimuló la producción ganadera y
agrícola, otorgando grandes préstamos hipotecarios y personales, pero dedicó el grueso de su
crédito al sector urbano, alentando la suba artificial, claramente especulativa, de los valores de
los terrenos.

En 1889 y 1890 las plazas financieras de Europa fueron conmovidas por las quiebras
importantísimas de bancos y empresas, entre ellos el “comptoir dÈscompte” de París y “Baring
Brothers” de Londres. A partir de allí se formó una cadena interminable de quiebras, porque
miles de bancos y empresas dependían directa e indirectamente de aquellos y más de un
gobierno vivía de sus créditos y empréstitos.

La quiebra del Banco Nacional. Acuciado por la disminución de reservas metálicas, el 5 de julio
de 1890 tuvo que aplazar la conversión de los billetes papel. Causas:

 Crisis económica del país.


 La guerra de los bancos “oristas”.
 El afán especulativo. Invirtió en empresas que no podían ofrecer seguridades de
reembolso.
 El Banco Nacional quedó muy pronto como principal acreedor del Estado y como
principal deudor de los billetes en posesión de los particulares.

A las 48 horas de la suspensión provisional de la conversión el gobierno promulgó una ley de


curso forzoso por seis meses para los Billetes del Banco Nacional. Pero los enemigos eran muy
fuertes, acordaron no ampararse a ninguna ley de curso forzoso y a satisfacer en oro sellado
todos sus compromisos. La maniobra tuvo resultado. Los billetes del Nacional se desmonetizaron
rápidamente por la desconfianza generada y comenzaron las quiebras. Hubo más de 1000 en
1891 en Montevideo.

Después de la crisis del 90.

La producción nacional siguió afectada por la crisis de la cual se saldrá en 1895. La banca
“orista” estaba de parabienes, quedó dueña del crédito y siguió practicando el préstamo
usurario.

Fundación del Banco Hipotecario del Uruguay fue el 24/3/1892, el BHU fue la continuación de
la sección hipotecaria del Banco Nacional.

Evolución Política.
Los presidentes del periodo.

Al renunciar Santos en noviembre de 1886, la Asamblea General designó presidente a Máximo


Tajes que debía completar el periodo hasta el 1º de marzo de 1890. Tajes tenía mediocres
condiciones intelectuales. Llegando a la presidencia designado por Santos. Se ha señalado que
Tajes cumplía frente a Santos el mismo papel que éste respecto de Latorre.

El personaje central que tuvo el gobierno de Tajes fue Julio Herrera y Obes, Ministro de Gobierno
después de la renuncia del ministerio de conciliación que Tajes heredó de Santos. Herrera y Obes
preparó desde el ministerio su elección presidencial.

La transición del militarismo al civilismo.

El andamiaje preparado por Santos para mantener el régimen sufrió duros ataques. Fue el
gobierno de Tajes el protagonista del embate al militarismo (por detrás de Julio Herrera y Obes).
El viaje de Santos a Europa, inmediato a su renuncia, motivó duras críticas de la prensa
originadas por los homenajes votados y la presencia ostensible del aparato militar en la
ceremonia del embarque.

La crisis desatada motivó la renuncia del ministerio de conciliación y una decisión sustancial del
gobierno de Tajes respecto del aparato militar: disolución del Batallón 5º de cazadores y la
Escolta Presidencial y destitución de varios jefes que ocupaban cargos claves.
Ya era Ministro de Gobierno Julio Herrera y Obes y estos decretos dieron punto final al militarismo
e inicio de la etapa civilista. Es obvio que ninguna etapa histórica se cierra en un día, pero el
episodio fue altamente significativo, el sector militar acotó la decisión gubernamental y todo el
periodo se desarrolló sin sublevaciones. Si el periodo Tajes marcó la transición, bajo Julio Herrera
y Obes el ejercito fue asimilado al coloradismo gobernante, convirtiéndose en una pieza más del
engranaje, bien aceitado por el presidente. El ejército aceptó ser soporte del gobierno civil en la
versión presidencialista que Herrera y Obes les dio.

El presidencialismo.

Julio Herrera y Obes advirtió lucidamente cuales eran los únicos caminos posibles para ejercer
realmente el poder: utilizar el coloradismo como factor aglutinante de variados sectores e
intereses y utilizar, sin apegarse demasiado a la legalidad, el potencial que ofrecía la
Constitución de 1830, concentrando en el presidente de la República un cúmulo de resortes de
poder.

El presidencialismo, por su parte, era el resultado de dos vertientes que Zum Felde sintetiza muy
bien: “1) la eliminación sucesiva, del uno por el otro, del caudillaje y del militarismo; 2) la
Constitución de 1830, concentrando en el cargo de Presidente un poder efectivo, casi
omnímodo.

Al eliminar las dos fuerzas: el caudillaje el militarismo, todo el poder fluye, naturalmente, al
centro constitucional, al Presidente de la República, dotándolo de toda la fuerza del país. Herrera
y Obes supo utilizar todos los resortes. Logró que el ejército disminuido en número por Tajes
respecto al periodo de Santos y quebrado en las fuerzas de los mandos menos fuera soporte del
régimen acentuándose el coloradismo que ya Santos le había insuflado. Domino los
departamentos mediante los Jefes Políticos y Comisarios. La burocracia respondía al presidente
y dependía de su voluntad para subsistir en los cargos.

Las elecciones eran fraguadas y el hecho no se ocultaba. Herrera y Obes sabía muy bien que en
un país con una tradición cívica tan consumida como la del Uruguay, conservar el poder
implicaba utilizar estos métodos y como mantener el poder para su sector era la meta,
consecuentemente acudía al fraude.

La influencia directriz abarcaba todo el espectro. El presidente era el supremo elector. En 1893
Herrera perfeccionó el sistema por ley. Se estableció que en cada departamento habría una Junta
Electoral formada por el Jefe Político y de Policía como presidente, el presidente de la Junta
Económica-Administrativa, el director general de Impuestos Directos, tres delegados del cuerpo
legislativo elegidos por el sistema del voto incompleto y de tres ciudadanos sorteados de una
lista formada por los tres primeros funcionarios enumerados. Es evidente que el sistema ponía en
manos del Ejecutivo, legalmente, el control absoluto de las elecciones. Hay que señalar la
reducida masa de ciudadanos que existía por entonces. En Montevideo llegaban a 15000, muy
fácil resultaba maniobrar sobre un número semejante de electores potenciales, contado con un
mecanismo aún imperfecto de control.

Esta comprobación conduce a dos conclusiones: por un lado, desde el punto de vista electoral, el
gobierno no tenia que preocuparse demasiado por las fuerzas que realmente podían oponérsele
porque esas fuerzas no se expresaban a través del voto, por otro lado, simétricamente, esas
fuerzas reales debían buscar mecanismos no electorales para ejercer presión sobre el gobierno, y
así lo hicieron.

La Política (1894-1903)
La elección de Idiarte Borda.

El Partido Nacional había sido reorganizado en 1890. El Partido Constitucional estaba


desorganizado en 1893.

Dentro del Partido Colorado se habían delineado dos tendencias: una la del Presidente Herrera y
Obes, y la otra la de José Batlle y Ordoñez.

El 1 de marzo de 1894 debía elegirse al nuevo presidente. La Asamblea era colorada pero
dividida, lo que dio lugar a un hecho insólito: durante 21 días hubo sucesivas votaciones sin
definición. El 21 de marzo Juan Idiarte Borda fue elegido con 47 votos. El nuevo presidente
pertenecía a la fracción colorada de Herrera y Obes, que había sido denominada colectivista.

Su gobierno y la revolución del 97.

Idiarte Borda mantuvo la orientación impresa por su antecesor, lo cual aseguró una cerrada
oposición por parte de las autodenominadas clases conservadoras y también del sector colorado
por Batlle, Tajes y Luis Eduardo Pérez.

Para elevar la temperatura jugaron otros factores. El desarreglo administrativo fue característico,
por más que en su momento fuera exagerado por los sectores opositores.

En 1896 el caudillo Aparicio Saravia protagonizó un primer levantamiento de escasa identidad,


desde el punto de vista militar. Estaba motivada por la convocatoria a las elecciones legislativas.
El clima revolucionario creció. Los nacionalistas no ocultaban los preparativos. Para los
colorados la situación era más delicada. El sector opositor al gobierno debía activar en dos
frentes interrelacionados: se oponía al gobierno, pero su oposición mayor era el Partido
Nacional.

Por un lado el Partido Nacional preparaba el levantamiento. Los blancos emigraban en fuerte
número a Buenos Aires y Entre Ríos. Por otro lado, el gobierno y todo el Partido Colorado
intensificaban la réplica, creándose un acercamiento entre el gobierno y la oposición colorada.
En medio, intensamente preocupados por las consecuencias negativas que una nueva guerra
civil podía traer, estaban los sectores de las clases conservadoras.

A comienzos de marzo estalló la revolución, Aparicio Saravia era su jefe con Diego Lamas.

El desarrollo de la revolución del 97 y su conclusión.

Las fuerzas del gobierno estaban repartidas en dos comandancias militares, al Sur y al Norte del
Río Negro. Disponían de moderno armamento: el Máuser y los cañones Krupp e habían
incorporado. El ejército gubernamental fue reforzado por las huestes de Justino Muñiz, caudillo
blanco de Cerro Largo, enemigo personal de Saravia.

Saravia movilizó 5000 hombres a lo sumo. Cuatro fueron los encuentros importantes que deparó
el levantamiento del 97. El 17 de marzo en Tres árboles, Lamas venció a las fuerzas
gubernamentales de Villar. Dos días después, el caudillo blanco Muñiz venció a Saravia en
Arbolito, un mes después, el 16 de abril, Cerros Colorados enfrentó a Saravia con Muñoz en una
batalla sin definición; y el 14 de mayo, el jefe blanco sufrió una nueva derrota en Cerros Blancos
ante el rehabilitado Villar.

El armisticio de Aceguá y el asesinato de Idiarte Borda.

La opinión mayoritaria veía en el presidente de la república el obstáculo principal para el acuerdo


(Armisticio de Aceguá). Fue en ese clima que Avelino Arredondo mató de un balazo, a Idiarte
Borda a la salida de un tedeum, celebrado en la catedral el 25 de agosto de 1897.

Juan Lindolfo Cuestas, presidente del Senado, asumió la primera magistratura y de inmediato
impulsó las gestiones de Paz.

El Pacto de la Cruz.

En 1897 se firmó el Pacto de la Cruz. Las bases del acuerdo eran estas:

1. El Partido Nacionalista renuncia a la lucha armada y en consecuencia el ejército


revolucionario se pondrá a las órdenes del Poder Ejecutivo.
2. El Poder Ejecutivo, en su carácter de con-legislador prestigiará y sostendrá ante el
cuerpo Legislativo la reforma electoral, a cuya sanción se ha comprometido ante el país
la mayoría de los miembros de dicho poder en el manifiesto del 4 del mes de agosto,
siendo entendido que se incorporaran a la legislación vigente las modificaciones ya
aprobadas por el Senado y los proyectos presentados a la Cámara de Diputados sobre
representación de las minorías por el sistema de voto incompleto en las elecciones de
las Juntas Electorales, Juntas Económico-Administrativas y de Representación del
Pueblo.
3. El poder Ejecutivo declara que el nombramiento de Jefes políticos recaerá en ciudadanos
que por su significación y demás cualidades personales, ofrezcan todos las más serias y
eficaces garantías.
4. Todos los orientales quedan en la plenitud de sus derechos civiles y políticos.
5. Los Jefes u Oficiales dados de baja serán repuestos en sus grados.
6. El ejército revolucionario recibía la suma de 200000 pesos con destino a gastos de
pacificación.

(Seis jefaturas políticas blancas: Rivera, Cerro Largo, Treinta y Tres, Flores, San José y
Maldonado).

Cuestas y el golpe de Estado.

Juan Lindolfo Cuestas tenía ya una larga actuación política y administrativa. Miembro del
sector colectivista de Herrera y Obes, no vaciló en separarse de inmediato. Su propio carácter
lo colocaba más cerca de los sectores conservadores, enemigos del “colectivismo”. La paz
de setiembre lo hizo popular y el trágico fin de su antecesor quizás lo convenció
completamente de la necesidad de cobijarse bajo el alero de los sectores que querían
liquidar el colectivismo.

Esta actividad de Cuestas estaba en contradicción con una Asamblea mayoritariamente


adicta a Herrera y Obes, que el 1º de marzo siguiente tendría que nombrar presidente de la
república. Tales circunstancias condujeron al golpe de Estado del 10 de febrero de 1898,
Cuestas disolvió las Cámaras y formó un Consejo de Estado integrado por 88 miembros,
elegidos entre hombres de los tres partidos en proporción a su fuerza electoral calculada.

Cuestas había cortado el nudo gordiano y el “colectivismo” quedaba fuera de la escena. Pero
antes habían sido desterrados Herrera y Obes y M. Aguirre, su aliado nacionalista, en clara
violación de las normas vigentes.

La actitud del ejército.

Dos hechos respecto del ejército: por un lado, su absorción por la divisa colorada, notoria
bajo Santos y acrecentado después. Por otro, que aún conservaba, en algunos de sus
mandos reflejos del periodo militarista.

Las nuevas leyes electorales.

Se empezó por eliminar el Registro Cívico, por un nuevo Registro.

 Obligatoriedad de la inscripción.
 Registro permanente. Se habría anualmente a los efectos de ampliaciones y
depuraciones.
 Las Juntas electorales se encargarían de constituir las mesas inscriptoras y
receptoras de votos.
 En la formación de las mesas inscriptoras participarían representantes de la minoría.
 Terminado el periodo de inscripción, las comisiones calificadoras oirían los reclamos
que se hiciesen.
 Se establecían penas para los funcionarios omisos o culpables de fraude.

Cuestas presidente constitucional.

El 15 de febrero de 1899 se instalaron las Cámaras elegidas en noviembre del año anterior.
Hasta el 1º de marzo ejerció el Poder Ejecutivo el presidente del Senado, Batlle y Ordoñez. Ese
día Cuestas se convirtió en presidente constitucional. Durante todo su mandato, el país se
mantuvo en equilibrio inestable que involucraba el Pacto de la Cruz. Había dos gobiernos, cada
decisión importante que debía asumir el gobierno constitucional implicaba una o varias visitas
de los delegados oficiales al gobierno instalado en el Cordobés. Saravia estaba siempre atento,
un paso en falso podría ser irreparable.

La presidencia de Cuestas satisfizo ampliamente a las clases conservadoras, su austeridad, su


apego al ahorro simboliza esos años del país. El oro se apilaba en cajones. Su periodo de
gobierno transcurrió en un ciclo económico de alza para Uruguay, sin prejuicio de crisis
localizadas que no alteraban la prosperidad global de las clases poseedoras. Eso contribuyó a
hacer de Cuestas un equivalente de confianza. El “perro dogo” cuidaba bien.

Marcha de la economía.
Auge y decadencia del tasajo.

Dos periodos claramente diferenciados muestra la producción de tasajo entre 1895 y 1904:
hasta 1900 el crecimiento del mercado brasileño, principalmente cliente, fue grande y permitió a
la antigua industria uruguaya del saladero una última etapa de apogeo.

El apogeo del primer periodo se explica por la menor participación de los saladeros de la
Argentina y de Rio Grande del Sur en el abastecimiento del mercado brasileño.

A partir de 1901 la situación cambió, iniciándose el definitivo ocaso del tasajo. Una grave crisis
del precio del café determinó para el Brasil una coyuntura económica angustiosa, que
naturalmente repercutió con mayor fuerza en los sectores de menores ingresos, consumidores de
tasajo. Disminuyó entonces el volumen exportado. Los saladeros riograndenses tuvieron una
nueva etapa de prosperidad, una vez superada la crisis de la revolución de 1893-95 y contando
con una abierta política proteccionista del gobierno central. El problema del precio fue otra
barrera infranqueable.

El nacimiento del frigorífico.

El avance de la mestización preludiaba el frigorífico. La crisis del saladero, por supuesto, lo


exigía. A fines de 1876 había llegado al puerto de Montevideo el vapor “Frigorifique” cuyas
bodegas estaban adaptadas al procedimiento de conservación de carnes por el frio, creado por
Charles Tellier. El buque había salido de Roven. Casi 30 años después, en 194, recién se instaló
en nuestro pis el primer frigorífico.

Los problemas de la comercialización.

Entre 1895 y 1904 aumentó la producción y mejoraron los precios de nuestros productos, pero
nada cambió sustancialmente en materia de comercialización. Los intermediarios, no los
productores, seguían recibiendo el grueso de las ganancias, y esos intermediarios eran, en
definitiva empresas extranjeras o comerciantes vinculados a ellas. Barran y Nahúm resumen el
problema con datos concretos “en realidad el ciclo productivo menos intermediación había
engendrado una estructura primordial, en cuya base se hallaban los 22700 ganaderos censados
en 1900. Luego aparecía un par de cientos de casas de comercio en campaña, afinándose cada
vez más bruscamente, en su penúltimo escalón la pirámide mostraba a los 15 o 20 grandes
barracas de Montevideo y el litoral, y por último, en plena cúspide, las 8 firmas exportadoras
extranjeras en su mayoría, que controlaban más del 70% de la lana enviada a Europa”. La
dependencia del país se mostraba aquí en toda su plenitud.

El puerto de Montevideo.

La puesta en marcha de las obras del puerto fue el gran timbre de honor del presidente Cuestas.
El proyecto se debió a dos técnicos extranjeros, el francés Guerard y el alemán Kümmer en 1899.
Las obras debían consistir en el dragado del canal de acceso, puerto y antepuerto. El costo
máximo se fijaba en 12 millones y medio de pesos. Para financiarlo se establecía un aumento a
la patente adicional de importaciones y una nueva patente de 1% sobre las exportaciones
además de otros recursos, derechos de puertos, renta de faros.

La creación del Banco República.

El desastre con que culminó la experiencia del Banco Nacional no eliminó la aspiración que lo
fundamentó: un banco nacional que rompiera el monopolio crediticio de los poderosos bancos
oristas. Variados sectores de la sociedad lo reclamaban: los propietarios rurales igual que los
arrendatarios, los empresarios de la incipiente industria, los funcionarios públicos y principistas
“venidos a menos” los chacareros y los colonos.

En 1896 el gobierno de Juan Idiarte Borda creó el Banco de la República. El 13 de marzo de 186
quedó promulgada la ley que autorizaba la contracción de un empréstito destinado a financiar la
institución del Banco, y el 4 de agosto se aprobó la ley sobre Carta Orgánica del nuevo instituto.
Sería un Banco privilegiado de depósitos, descuentos y emisión “constituido como sociedad
anónima con acciones al portador, con un capital autorizado de 12 millones de pesos en dos
series.

Otros privilegios eran: ser receptor de los depósitos judiciales y administrativos depositario de los
fondos de todas las oficinas públicas, negociador de empréstitos para el Estado. Debía crear el
Monte de Piedad Nacional.

En un breve balance de la gestión del Banco en sus primeros años, puede constatarse:

1. Su presencia no destruyó ni mucho menos el poder de la banca orista, pero si rompió el


monopolio del crédito que ésta tenia.
2. Contribuyó al descenso de los intereses, aliviando así a una considerable masa de
deudores.
3. No afectó la situación del oro como único patrón.
4. Si bien atendió mejor las necesidades rurales, favoreció mucho más a los estancieros
poderosos que a los pequeños y medianos productores, por lo cual no había mucha
diferencia con las normas de la Banca tradicional.
5. Instaló sucursales en las capitales departamentales y aún en pueblos.