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LA NORMA JURÍDICA DE DERECHO PRIVADO

La norma jurídica tiene por objeto regular la conducta y


relaciones entre los hombres en grupo, es decir, en sociedad. Ello
resulta que es un completo desacierto considerar al hombre de forma
aislada, pues en se escenario no tendría objeto alguno regular conductas.
Las normas jurídicas son pautas de comportamiento obligatorio
que los hombres se dan en una sociedad determinada, para regular
sus relaciones entre sí, en un lugar y momento o época histórica
determinada. Se trata, por cierto, de pautas de conducta que tienen por
objeto ser cumplidas, no se trata de recomendaciones ni de invitaciones
o sugerencias. Así, las normas jurídicas rigen a un determinado cuerpo
social dentro de un también determinado contexto cultural. Por lo
mismo, las normas jurídicas cristiano-occidentales difieren de las normas
del derecho musulmán, por cuanto las normas jurídicas dictadas en un
momento o época determinada obedecen a principios y costumbres
imperantes en esa sociedad, las que son a su vez resultado de las
creencias religiosas y otros factores culturales, incluso geográficos.
Así, se puede afirmar que una norma jurídica debiera reflejar el
sentir de una determinada sociedad, ya que emana de ella.
Pero la norma jurídica coexiste con otras normas, diferenciándose
por ejemplo de las normas de trato social en la coacción que lleva
aparejada, ya que su cumplimiento no queda entregado al fuero interno,
sino que requiere su acatamiento externo, aunque internamente se
discrepe del contenido.

Características de la Norma Jurídica:


a) Es Heterónoma: Por cuanto la norma es creada por un
tercero, la norma es «puesta» por un agente externo.
b) Es Obligatoria: Necesariamente debe ser cumplida. No
queda entrega al sujeto la determinación respecto de su
acatamiento. El destinatario debe cumplirla, le guste o no.

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c) Es General: Se aplica a todos los sujetos y todos son
destinatarios de la norma o receptores de esta.
d) Es Abstracta: Por cuanto no pretende regular
situaciones concretas o específicas, lo que pretende es que pueda
ser aplicada a diversas situaciones. Es decir, regula hipótesis
amplias.
e) Es Coercible: Su cumplimiento puede ser exigido a
través de la fuerza.
f) Sanción: Su incumplimiento conlleva una sanción, que es
la consecuencia jurídica del desobedecimiento de la norma. g)
Carácter Estadual: El Estado es el generador primario de normas
jurídicas, interpretando los sentimientos, principios y valores de
sus súbditos, internalizando la aspiración de justicia que subyace
en ellos. Así el Estado va creando normas jurídicas que van
regulando la estructura social.

Tipos de Normas Jurídicas


1) Se según se trate de Derecho Público o Privado, dependiendo
de los criterios de sujeto, interés y supremacía o autoridad.
1.1) Norma Jurídica de Derecho Público.
1.2) Norma Jurídica de Derecho Privado, las que pueden ser:
a.- De Orden Público: Son aquellos de las cuales los sujetos no
pueden prescindir, de manera que los derechos y obligaciones que se
contemplan en ellas son irrenunciables. Las normas que regulan la familia
y el matrimonio constituyen típicos casos de normas de derecho privado
de Orden Público, en la medida que los destinatarios no pueden
sustraerse de su aplicación para regular dichas materias en forma
independiente, en virtud de la Autonomía de la Voluntad.
b.- De Orden Privado: Son aquellas que pueden ser renunciadas
por sus destinatarios, para crear normas particulares por las cuales
regirse en sus relaciones privadas. Aquí hablamos de normas que
contemplan derechos que son renunciables, como se ve graficado
claramente en el texto del artículo 12 del Código Civil.
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2) Dependiendo de su contenido las normas jurídicas pueden ser.
1.- Normas Explicativas: Es aquella que señala en qué consiste o de
qué se trata algo. Como cuando la ley define un determinado contrato o
institución, al señalar los conceptos de compraventa, arrendamiento, caso
fortuito, etcétera.
2.- Normas Supletivas: Son aquellas que reemplazan la voluntad de
las partes en forma parcial. En la obligación de saneamiento en el
contrato de compraventa, en que el legislador reglamenta la forma de
hacer valer la responsabilidad en caso de vicios materiales o de evicción,
pudiendo las partes renunciar a este saneamiento; o cuando el causante
no ha testado antes de fallecer y la ley abre la sucesión intestada
llamando a los herederos en el orden que el legislador establece,
presumiendo la voluntad del causante.
3.- Normas Interpretativas: Son aquellas que tienen por objeto
fijar el correcto sentido o alcance respecto de otra norma. Al fijar el
sentido y alcance de una ley operan con efecto retroactivo, ya que se
entiende pertenecer a la norma interpretada. Sin embargo, no podrá
afectar las sentencias ejecutoriadas dictadas en el tiempo intermedio
(artículo 9 inciso 2 del CC).
3) Dependiendo de la naturaleza del mandato que contienen, según
se desprende de la definición del artículo 1 del Código Civil, se
clasificación de acuerdo con la Sanción.
a.- Imperativas: Son aquellas que contienen una obligación o
mandato.
b.- Permisivas: Son aquellas que facultan o permiten realizar algo.
c.- Prohibitivas: Son aquellas que contienen el deber u obligación de
no realizar algo.
4) Dependiendo de si la Norma es de aplicación general o especial.
1.- Norma Jurídica de Derecho Común: Son aquellas de general
aplicación. La gran mayoría de las normas contenidas en el Código Civil,
respecto del Derecho Privado e, incluso, del Ordenamiento Jurídico.
2.- Norma Jurídica de Derecho Especial: Son aquellas normas que
regulan una materia específica o una determinada categoría de materias.
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Así por ejemplo el Código de Comercio, el Código de Aguas, el Código de
Minería, etcétera.
5) Dependiendo de la forma utilizada para la reglamentación de una
institución.
1.- Norma Jurídica Reguladora: Son aquellas que establece las
características esenciales de una institución, dándole fisonomía y ciertas
directrices que la distinguen de otras. Las normas que reglan la
Compraventa, el arrendamiento, el usufructo, etcétera.
2.- Norma Jurídica de Reenvío: Son aquellas que para la regulación
de una institución se remiten a otras normas que reglamentan
instituciones diversas. Así la norma que reglamenta la permuta se remite
al articulado de la compraventa y las que reglamentan el pagaré se
remiten a las normas de la letra de cambio, contenidas en la Ley
N°18.092.

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Teoría de la Ley

El ordenamiento jurídico es un conjunto de normas y principios


jurídicos que forma un sistema completo, pleno, autosuficiente y
omnicomprensivo, constituyendo un todo unitario.
En el lenguaje forense chileno se habla de “Derecho Positivo” o de
“la legislación” (artículo 24 del Código Civil).
Este conjunto de normas está conformado por una infinidad de
normas jurídicas de muy diversa índole, que coexiste armónicamente pese
a dichas diferencias, salvando sus eventuales conflicto o antinomias en
base al respeto de la jerarquía que cada norma tiene u ocupa dentro de
la estructura del Ordenamiento Jurídico, de manera que cada norma va
derivando su propia validez de la inmediatamente superior, hasta llegar
a la norma fundamental.
La Teoría de la Ley aborda todas aquellas Normas Jurídicas de
carácter general y abstracto y que provienen del órgano que
constitucionalmente es el llamado a dictarla, dentro de este catálogo de
normas jurídicas encontramos la ley.

Concepto de Ley.

Entendemos por ley aquella norma jurídica que emana del órgano
legislativo y que presenta las características propias de generalidad y
abstracción. Es decir, en una primera aproximación, ley es aquella norma
jurídica de carácter general y abstracto que emana del poder
legislativo. Sin embargo, esta enunciación de aspectos más bien formales
no acaba por señalar que es la Ley, por lo que sin perjuicio de abordar
más adelante la definición que entrega el Código Civil, es importante
estudiar algo más de la esencia de la Ley.
Etimológicamente la voz “Ley” viene del verbo latino “Legere”, que
grafica la idea de leer al pueblo la norma para dársela a conocer. Otros
autores señalan que deriva de la expresión “Ligare”, ya que la ley liga u

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obliga, sometiendo a las personas por la esperanza de una recompensa, o
por el temor al castigo ante el incumplimiento de los deberes. Según
Cicerón deviene de la expresión “Legere”, pero esta derivada de la idea
de elegir, ya que el legislador elige o escoge las reglas de conducta que
hace obligatorias para todos. De esta expresión deriva a su vez la voz
“Lex” que se refiere a un “acto escrito que determina una regla”, de ahí
que se habla de “Lex Contractus”.
Nuestro Código Civil pretende definir la Ley en su artículo 1,
señalando que “La ley es una declaración de la voluntad soberana que,
manifestada en la forma prescrita por la Constitución, manda prohíbe
o permite.”.
Se trata más bien de una descripción que de una definición, ya que
en lugar de aclararnos qué es, nos señala sus características.
Se critica esta por ser una definición de carácter formal y no
explicar lo que debe entenderse por ley en un sentido material; puesto
que, en el sentido material o sustantivo, estamos en presencia de una
ley cada vez que nos encontramos con una norma jurídica que pretenda
regular situaciones de carácter general más allá de las características
procedimentales de su creación.
También se señala que es una materia propia de la Constitución y
que no es una materia exclusiva del Código Civil; sin embargo, el legislador
estimó más prudente incluirla en un código de aplicación general y
universal, supliendo el vacío en la Constitución, por resultar más dúctil
ante el cambio o reforma.
Se señalan como defectos de esta definición, en lo formal, por
estar concebida en términos de parecer decir que manda, prohíbe o
permite por haber sido manifestada en la forma prescrita en la
Constitución, y no por ser una declaración de la voluntad soberana. En
cuanto al fondo, se indica que no da una idea clara del objeto de la ley,
dándose la discusión que reconoce la diferencia entre “ley formal” y “ley
sustancial”, ya que no toda declaración de la voluntad soberana es ley,
sólo lo es cuando se refiere a un objeto de interés común.

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Otras definiciones:
- Aristóteles “Es la razón sin pasión”.
- Cicerón "La ley es la razón suma, ínsita en la naturaleza, que manda
lo que ha de hacerse y prohíbe lo contrario"; "La ley es la misma razón
una vez que se concreta y afirma en la mente humana" (De Legibus I, 6,
19).
- Modesto en el Digesto señala “La naturaleza o esencia de la ley es
mandar, prohibir, permitir y castigar”, y agrega “La ley es precepto
común, decreto de varones prudentes, freno y castigo de los delitos que
se cometen por voluntad o ignorancia, y obligación común de la República.”
- En las Siete Partidas de Alfonso X El Sabio (redactada entre 1256
y 1265), Primera Partida, Título 1 “Que habla de las Leyes”, Ley 4: “Ley
quiere decir leyenda, enseñanza y aviso que apremia la vida del hombre a
no hacer el mal y que muestra lo que el hombre debe hacer y usar, y otrosí
es dicha ley porque los mandamientos deben ser leales, legales y
derechos y cumplidos según Dios y justicia.”.
- Santo Tomás de Aquino señala que la Ley “Es la ordenación de la
razón dirigida al bien común, dada y promulgada por quien tiene a su cargo
el cuidado de la comunidad.”.
- Marcel Planiol la define como “una regla social obligatoria,
establecida con carácter permanente por la autoridad pública y
sancionada por la fuerza”. Nos entrega con esta definición un concepto
de ley de carácter positivista, toda vez que incorpora de manera explícita
la idea de coercibilidad y aparece como carente de elementos valóricos o
teleológicos, a diferencia del claro contenido axiológico de la definición
de Santo Tomás.

Clasificación De La Ley:
a) En cuanto a la sanción.
Contenida en el artículo 1 del Código Civil y guarda relación con los
efectos que la Ley produce. También conocida como clasificación en
cuanto a la Sanción.

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1. Ley Imperativa: Es una ley que impone un deber de conducta;
establece una obligación de hacer algo, manda u ordena realizar algo o el
cumplimiento de un requisito. Encontramos múltiples ejemplos. Así, en el
artículo 1826 del Código Civil “El vendedor es obligado a entregar la cosa
vendida”; en el artículo 378 “el tutor o curador es obligado a inventariar
los bienes del pupilo”; en el artículo 89 “cada uno de los poseedores
provisorios prestará caución de conservación y restitución”; en el artículo
1011 “El testamento solemne es siempre escrito”: y en el artículo 1924
“El arrendador es obligado …”, etc.
La sanción que importa el incumplimiento de una ley imperativa
dependerá de la clase de mandato a que se refiera, pudiendo ser de 3
tipos, según el interés involucrado, es decir, según se refiera al interés
público o al interés privado. Así, la sanción podrá ser la Nulidad Absoluta,
la Nulidad Relativa del acto o, por último, reducirse al deber de
indemnizar los perjuicios que se ocasionen a otro por el incumplimiento.
En efecto, las leyes imperativas relativas al interés público están
referidas al mantenimiento del orden público, las buenas costumbres, las
instituciones fundamentales de la sociedad, tales como la familia y la
protección de los incapaces. Su infracción acarreará como consecuencia
la sanción civil de ineficacia más grave que contempla el ordenamiento
jurídico de Derecho Privado, cual es, la nulidad absoluta. Pertenecen a
este tipo de normas, por ejemplo, el inciso 2 del artículo 1801 del Código
Civil; el artículo 1011, el artículo 1447 también lo son, entre otros casos.
Pero la sanción también puede ser, cuando aparece un interés público
involucrado, la Nulidad Relativa, como ocurre frente a la incapacidad
relativa y el incumplimiento de una formalidad habilitante, conforme
dispone el artículo 1447 en su inciso tercero.
Ahora, si el mandato contenido en la Ley imperativa es de exclusivo
interés privado, el deber frente a la infracción se reduce a la
responsabilidad civil de reparar el daño causado, por lo que en definitiva
se traduce en el deber de indemnizar los perjuicios ocasionados. Ello no
obsta a que, además, pueda acarrear la ineficacia del acto, como ocurriría
con la resolución de un contrato de compraventa frente al incumplimiento
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en el pago del precio por parte del comprador, de acuerdo al artículo
1873.
2) Ley Prohibitiva: Es aquella que impide absolutamente la
realización de un hecho o acto determinado. Establece expresamente la
obligación de no hacer algo, impone un deber de abstención. Es una
obligación de no hacer o no realizar bajo circunstancia alguna.
Este tipo de leyes contienen un mandato absoluto de NO HACER.
El impedimento es ineludible y bajo ninguna circunstancia. De esta
manera, si la norma que establece una prohibición permite realizar dicha
conducta bajo el supuesto de cumplir tal o cual elemento y/o requisito,
se trata de una norma imperativa que «manda» cumplir un requisito,
más no constituye una norma prohibitiva. Así, en la medida que prohíba
realizar una conducta pero que a la vez permita realizarla cumpliendo con
determinados requisitos la norma deja de ser prohibitiva, pasando a ser
imperativa.
Pertenecen a esta categoría de normas prohibitivas, por ejemplo,
el artículo 1796; 1798; 1004; 1463; 1892; 1464 N°1 y 2; 1810; 402. En
cambio, serán imperativas las normas contenidas en los artículos 255;
397; y 1464 Nº3 y 4.
La sanción frente al incumplimiento -o infracción- de la ley
prohibitiva es extremadamente grave. En efecto, señala el artículo 10
que «Los actos que la ley prohíbe son nulos y de ningún valor, salvo en
cuanto designe expresamente otro efecto que la nulidad para el caso de
contravención». Es decir, la sanción que el ordenamiento impone es la
Nulidad Absoluta, la sanción civil más drástica.1 Debe agregarse además
que conforme dispone el artículo 1466 hay objeto ilícito en todo contrato
prohibido por las leyes. Y, señala el artículo 1682, que la nulidad
producida por objeto ilícito es la nulidad absoluta.

1
Debe considerarse especialmente que la Inexistencia Jurídica no la concebimos como Sanción.

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Sin embargo, hay determinados casos en que el propio legislador
asigna una sanción diferente, como ocurre, por ejemplo, en el inciso 1 del
artículo 407, 745, 1749 inciso 3, 1756, 1757.
3) Ley Permisiva: Es aquella que sin ordenar ni prohibir la ejecución
de un hecho permite realizar cualquier conducta. Es una manifestación
propia de la autonomía de la voluntad y del Derecho Privado. Se trata de
aquella ley que simplemente permite la ejecución de un hecho o reconoce
un derecho, en la medida que este derecho quede sujeto a la decisión del
titular de ejercitarlo o no. Al no imponer la ejecución de un hecho o acto
se legitima la conducta de pasividad (la abstención se encuentra
plenamente respaldada).
Así por ejemplo el artículo 150 permite a la mujer casada en
sociedad conyugal dedicarse libremente al ejercicio de un empleo, oficio,
profesión o industria, en forma independiente del marido y administrar
libremente los bienes que adquiera producto de dicha actividad.
Debido a que permite realizar libremente una conducta lo más
relevante es el reconocimiento de un derecho, toda vez que surge para
los terceros el deber, obligación, de no perturbar al titular del derecho,
de no entorpecer su ejercicio.
Por ende, frente al incumplimiento del deber de no perturbar el
legítimo ejercicio de un derecho, la sanción consiste en la indemnización
de los perjuicios que se causen como consecuencias del incumplimiento
del deber de no perturbar. Por consiguiente, el deber de indemnización
(sanción frente a la vulneración de la norma permisiva) sólo surge cuando
ese derecho se violenta y se produce un daño.

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TEORÍA DE LA INTERPRETACIÓN JURÍDICA

La norma jurídica es un resultado de la actividad humana. Y,


obviamente, considerando que su objetivo es regular la conducta del
hombre no se trata ni puede tratarse de una creación exacta o
matemática. Además, la forma como se exterioriza una ley (una norma
jurídica en general) es a través del lenguaje, y por este medio se plasman
ideas y principios. A ello debemos agregar que en la utilización del
lenguaje se puede incurrir en imprecisiones o vaguedades. Así, la ley, en
cuanto resultado del actuar del hombre, resulta imperfecta, ya que su
materialización dependerá del uso del lenguaje y de la correcta
ordenación estructural de las ideas.
La interpretación jurídica tiene la finalidad de aclarar, fijar
interpretar y/o precisar cuál es el sentido y alcance de la ley.
La ley es la manifestación del órgano legislativo que en nuestro país
se encuentra radicado en el Congreso Nacional junto con el Presidente
de la República como colegislador.
El legislador pretende imprimirle un sentido a la ley, por cuanto
como su creador quiere plasmar en ella el contenido de su voluntad. Aquí
surge un gran tema a discutir, si la ley representa la voluntad del
legislador, el sentido que éste quería darle, o bien, desde el momento en
que la ley nace y se separa del legislador pasa a tener «vida propia»,
voluntad e interpretación propia, independiente de lo que fue la voluntad
de su creador.
Cuando interpretamos una norma se produce este ejercicio mental
porque necesitamos una respuesta. El ordenamiento jurídico nos confiere
normas jurídicas específicas, que emanan de una norma general, que
surge de un proceso interpretativo. Para encontrar la norma particular
vamos a las normas generales, las que interpretamos, primero, aclarando
el sentido y alcance del articulado y, segundo, interpretamos cuál es o
habría sido la voluntad.

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Este proceso interpretativo hermenéutico es realizado por jueces,
incluyendo a todos los miembros de la comunidad jurídica cada vez que
se encuentran frente a una norma.
El proceso hermenéutico consiste en fijar las normas generales que
nos dan las pautas, luego, aplicarlas al caso específico utilizando los
elementos de interpretación y extraer de estas normas generales, las
normas particulares que nos van a dar la solución al caso concreto.

Principales Escuelas de Interpretación:


En la historia de la evolución jurídica han existido tantas escuelas
de interpretación como visiones hay del derecho. El núcleo de la discusión
radica en determinar la mayor o menor amplitud de las facultades
entregadas a los jueces al momento de establecer los alcances de las
normas jurídicas aplicables a un litigio en concreto. Es decir, si se hace
valer la literalidad de la ley -la formalidad- fundada en razones de
seguridad jurídica o, por otro lado, haciendo valer criterios de justicia o
equidad, el juez tendrá mayor libertad de acción y menor sujeción -o
ninguna- al texto de la ley. De esta manera, podrá recurrirse no solo a la
«letra» de la ley sino que también a otros elementos de suyo relevantes,
tales como el idioma, la intención del legislador, la historia de la ley,
criterios políticos, económicos, sociológicos, culturales, etc.
Han existido diversas corrientes interpretativas.
En lo sustantivo del debate se discute si el Derecho puede o no
tener influencias de factores externos a lo que es estrictamente
jurídico.

I.- Las corrientes formalistas sostienen que el derecho debe ser


entendido, interpretado y aplicado con sujeción a un criterio eminente y
estrictamente jurídico, dejando fuera los criterios extrajurídicos. De
esta escuela deriva una rigidez extrema en la interpretación y aplicación
del Derecho. En ésta tiene siempre una mayor preponderancia el
elemento literal, porque la ley prima como norma jurídica, en cuanto a
fuente formal, dado que se basa en el modelo del «legislador racional».
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ESCUELAS DE ESTA CORRIENTE:
Escuelas Formalistas: Se fundamentan en que el legislador ha
tenido y tiene la capacidad de incluir en la norma jurídica la totalidad de
las conductas y situaciones que deben ser objeto de regulación. Y, más
aun, las ha podido expresar con claridad. Por ende, no cabe la necesidad
de intérpretes, no existen lagunas legales ni antinomias o contradicciones
entre normas. Para esta tendencia la única fuente formal del derecho es
la Ley, y a través de ésta, por medio exclusivo de su tenor literal (la letra
de ésta) es posible solucionar todos los problemas.
La labor interpretativa se basa en una mera operación lógica de
silogismo, fundada en el proceso de «subsunción» por el cual al juez le
basta sólo con conocer las normas y luego limitarse a subsumir en éstas
los hechos del pleito.
Forman parte de esta gran corriente, por ejemplo, la escuela de los
Glosadores y Post Glosadores y tiene su punto culmine en la llamada
Escuela de la Exégesis.

Escuela de la Exégesis: Propone una interpretación absolutamente


estricta y formalista y apegada a la letra de la ley, es decir, la
interpretación de la norma se basa en el tenor literal, ya que la voluntad
del legislador se encuentra presente en la letra de la ley, que se
encuentra subyacente en la propia letra de la norma (el tenor literal),
siendo el elemento gramatical el factor preponderante.
Esta escuela es reconocida por el excesivo culto a la Ley. Surgida
al alero del proceso de Codificación y, en especial, del Código Napoleón,
se sostiene en la suficiencia del Código como obra humana, y en que en el
texto de la ley se contienen todas las soluciones. Y en el improbable
evento que el texto de la ley fuese insuficiente, será la intención del
"legislador” la que dará la solución al problema interpretativo. Eso si,
claro está, la voluntad del legislador se encuentra en la letra de la Ley.
Por lo tanto, el Código constituye siempre la «razón escrita».
Obviamente, una tendencia como esta presenta diversos problemas,
como petrificar el derecho e inmovilizar al juez, además para la solución
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de estos casos extremos presente llamar a un “legislador”, que constituye
un ente abstracto, que es cuerpo colegiado, cuya voluntad es la mayoría,
de los integrantes de qué época, qué voluntad, etcétera.

Escuela Histórica del Derecho: Si bien coincide en la necesidad


del proceso interpretativo y tiene al tenor literal como factor central,
este tenor no se basa únicamente en el elemento gramatical, sino que
además, y en forma conjunta, con los elementos histórico, lógico y
sistemático. Es la escuela de Savigny, que fue recogida en nuestro
sistema.

Teoría Pura del Derecho de Hans Kelsen: Coherente con su teoría


piramidal del ordenamiento jurídico, para Kelsen las normas superiores
expresan diversas posibilidades de solución y no una sola, toda vez que
dichas normas son generales y, por ende, importan un amplio marco de
referencia que permite que el juez encuentre la solución que estime
adecuada.
Por lo tanto, cuando el juez dicta su sentencia realiza una doble
labor, esto es, aplica el derecho conforme las normas superiores y, por
otro lado, crea un derecho nuevo contenido en el imperativo del fallo cada
vez que el juez dicta su sentencia.

II.- Las corrientes antiformalistas permiten la utilización, en


mayor o menor grado, de criterios o elementos ajenos a lo estrictamente
jurídico.

Escuelas Antiformalistas: En sus diversas visiones, plantean lo


contrario de las Formalistas, en el sentido de entender que el Derecho
no se encuentra aislado y es menester recurrir no sólo a la letra de la ley
o a la intención del legislador, sino que también a otros elementos para
su interpretación y aplicación. Existen diversas corrientes dentro de
esta amplia tendencia. Así, encontramos a los Iusnaturalistas Religiosos
(entre estos los iusnaturalistas católicos, de fuerte presencia en nuestro
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país), los Iusnaturalistas Racionalistas, el Realismo Jurídico, la Teoría
de la Jurisprudencia de Intereses, las corrientes sociológicas del
derecho, la Teoría Egológica de Carlos Cossio, la visión de Ronald
Dworkin, la Escuela del Análisis Económico del Derecho, etcétera.
Entre éstas, además encontramos la denominada Escuela del
Derecho Libre, que plantea el rol muchísimo más activo del juez en el
proceso hermenéutico, un juez creador del derecho, con facultades que
van mucho más allá de la mera aplicación mecánica o silogística de la ley,
pudiendo incluso llegar a crear ese derecho contrariando el texto
expreso de la ley, si la conciencia del juez así lo exige.
Con este planteamiento se supera el inmovilismo propio de los
sistemas formales, pero se vulnera la seguridad jurídica, ya que el peso
de la ley puede llegar a nada. Al punto que un juez creador de Derecho,
sea interpretando, integrando o incluso fallando contra texto expreso de
la ley, se transforma en un verdadero legislador, violentando el principio
de Separación de Poderes y permitiendo la aparición de “jueces
legisladores” que puedan crear normas particulares con aplicación
retroactiva.
Posteriormente, esos efectos aparecen más tenues y neutralizados
en la llamada Escuela de la Libre Investigación Científica (Escuela
Científica o de la Investigación Libre) que sostiene que la creación de
normas por el juez debe limitarse a los casos en que existen lagunas
legales o antinomias, pero debiendo recurrir primeramente a las fuentes
formales. Si pese a esto subsisten las deficiencias, se recurrirá a las
fuentes no formales, como son los elementos económicos, políticos,
históricos, sociológicos, culturales, etcétera.
Nuestro sistema, si bien no es estrictamente formalista, es un
sistema reglado, porque el intérprete está sujeto a ciertas pautas a las
que debe ceñirse, y que están contenidas en los artículos 19 al 24 del
Código Civil.

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Tipos de Interpretación

Existe una distinción entre lo que es la interpretación doctrinal y


la interpretación de autoridad:
a) Interpretación Doctrinal: Es aquella que realizan los autores,
quienes escriben sobre Derecho. No es obligatoria y, va a encontrar su
validez, legitimidad y obligatoriedad, dependiendo del nombre y prestigio
del autor que formule la opinión, comentario o explicación.
b) Interpretación por Vía de Autoridad: Es obligatoria, y está
constituida por:
b.1. Interpretación Auténtica: Es la que realiza el legislador.
Se llama autentica porque es formulada por el propio ente que creó
la norma y, por lo mismo, es obligatoria. Se manifiesta a través de leyes
interpretativas, cuyo objeto es aclarar determinados pasajes de otra ley.
La obligatoriedad de la interpretación auténtica emana de la misma
forma que emana la obligatoriedad de la ley.
b.2. Interpretación Judicial: Tiene efecto general.
Es aquella que realizan los jueces para efecto de poder cumplir con
su obligación de ejercer jurisdicción. Ejerciendo jurisdicción, el juez
debe desentrañar cual es el sentido y alcance de la norma jurídica para
dar una respuesta al caso concreto.

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INTERPRETACIÓN JUDICIAL

La interpretación judicial es un tipo de interpretación por vía de


autoridad, realizada por el juez.
Características:
a) Igual como sucede con el efecto relativo de las sentencias
contenido en el inciso 2 del artículo 3 del Código Civil, esta interpretación
es de carácter particular o relativa, toda vez que sólo se aplica y resulta
obligatoria para el caso concreto en que se realiza y para la sentencia que
se dicta.
Situaciones excepcionales: Este efecto no siempre se produce, ya
que hay determinadas situaciones excepcionales en que los efectos del
fallo afectan a terceros, lo que se conoce doctrinariamente como
Eficacia Refleja de una sentencia. Así ocurre con las llamadas causas de
Estado Civil, cuyos efectos son oponibles a todas las personas (ergo
omites).
b) Es de carácter reglada, por cuanto el legislador ha establecido
claramente los elementos que deben utilizarse, consagrándose entre los
artículos 19 al 24 del Código Civil. A estos debe agregarse los incluidos
en los artículos 3, 4, 11 y 13 del mismo cuerpo legal. Pablo Rodríguez Grez,
en cambio, sostiene que en Chile el sistema de Interpretación es
Semireglado, en la que se aborda legalmente la etapa formal, cuya
finalidad es desentrañar el sentido y alcance de la norma general, pero
la etapa sustancial, esto es, aquella en la que se crea la norma particular
que resolverá la controversia, no se encuentra reglamentada.
c) Se trata de una Interpretación Obligatoria o Forzada, por
cuanto en virtud del Principio de Inexcusabilidad contenido en el artículo
10 del Código Orgánico de Tribunales y en el artículo 76 de Constitución
Política de la República, una vez requerida la intervención del juez para
resolver un asunto determinado no puede excusarse de hacerlo ni aun a
falta de ley. Por lo mismo, deberá interpretar las leyes para poder
determinar si hay o no ley aplicable y si no la hay debe resolver del modo
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que más se ajuste a la equidad, conforme se desprende del artículo 170
Nº5 del Código de Procedimiento Civil.
d) De acuerdo con la doctrina el elemento gramatical, basado en el
tenor literal, tiene prioridad por sobre los demás elementos de
interpretación; sin perjuicio de que las normas que regulan la
interpretación judicial no contemplan expresamente un orden de
preferencia entre los distintos elementos,
En oposición a la opinión de la doctrinaria encontramos que las
normas de interpretación contenidas en el Código Civil tienen su origen
en el Código de Louisiana, lo cual consta fehacientemente de las notas
introducidas por don Andrés Bello al Proyecto de 1853. Es más, el inciso
primero del artículo 19 tiene como fuente directa el artículo 13 del
Código de Louisiana, que dispone que “Cuando una ley es clara no se puede
desatender su letra bajo pretexto de seguir su espíritu”; en tanto que el
artículo 19 del Código Civil chileno dispone que “Cuando el sentido de la
ley es claro, no se desatenderá su tenor literal, a pretexto de consultar
su espíritu”, una redacción distinta que cambia considerablemente el
sentido, ya que al utilizar la expresión “sentido” la norma chilena se
separa de la estructura gramatical, ya que queda claro que el precepto
se refiere a una claridad de sentido, de contenido y de alcance jurídico
de la norma, y no a su claridad gramatical.

Elementos de Interpretación.

a) Elemento Gramatical:
Está contenido en el artículo 19 que dispone “Cuando el sentido de
la ley es claro, no se desatenderá su tenor literal, a pretexto de consultar
su espíritu.
Pero bien se puede, para interpretar una expresión obscura de la
ley, recurrir a su intención o espíritu, claramente manifestado en ella
misma, o en la historia fidedigna de su establecimiento.”.
El elemento gramatical está ligado con los sistemas de derecho
escrito, en que la relación directa del hombre con el lenguaje se realiza
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por medio de las palabras y es el principal medio que utiliza el legislador
para comunicar sus reglas o mandatos, a diferencia de los sistemas
consuetudinarios, donde los usos y las costumbres priman.
A su vez, la lengua castellana, presenta diversos problemas dada la
riqueza de palabras. Así, en nuestro idioma, por ejemplo, la expresión
“derecho” tiene varias acepciones.
Este elemento gramatical busca desentrañar el sentido y alcance
de la norma a través de las palabras y/o frases de que se vale el legislador
al dictar la norma. De esta forma, no sólo se producen problemas
semánticos, esto es, en la determinación del correcto sentido de las
palabras; sino también de sintaxis, vale decir, en cuanto al orden y
estructura de las oraciones.
El artículo 19 del Código Civil señala que “Cuando el sentido de la ley
es claro, no se desatenderá su tenor literal a pretexto de consultar su
espíritu”. La pregunta que surge entonces es ¿qué pasa cuando el sentido
de la ley no es claro? ¿Cómo podemos saber que es claro? ¿Y cómo
desentrañamos ese sentido?
Para dar alguna respuesta a estas preguntas lo primero que
debemos detectar es que la norma en comento utiliza las expresiones
“Sentido”, “Espíritu” e “intención”. En un primer acercamiento por sentido
de la ley entendemos la finalidad de la misma, con una clara connotación
teleológica. Lo que sin embargo tiende a confundirnos con la intención o
espíritu, por lo que debemos hacer la siguiente distinción:
Por sentido debe entenderse el significado, alcance y/o inteligencia
de la ley. Por intención o espíritu, entendemos un claro carácter finalista,
por lo que estos conceptos se relacionan con la finalidad de la Ley.
Por lo tanto, también se podrá desentrañar el sentido de la norma
recurriendo a su finalidad, representada por su intención o espíritu.
Para poder desentrañar el sentido y luego determinar si es claro,
debemos recurrir a las palabras para lo cual los artículos 20 y 21 del
Código Civil contienen tres reglas sobre su significado:
- Sentido natural y obvio, artículo 20 del Código Civil

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“Las palabras de la ley se entenderán en su sentido natural y obvio,
según el uso general de las mismas; pero cuando el legislador las haya
definido expresamente para ciertas materias, se les dará es éstas su
significado real”.
Esto significa que las palabras se entenderán de acuerdo con lo que
de verdad quieren decir y confirme al uso que se les dé en una sociedad,
en un momento determinado. Se ha entendido que esta referencia al
sentido natural y obvio del artículo 20 está dada por el sentido que se le
da por la Real Academia de la Lengua, en el Diccionario de la R.A.E., para
los casos de duda. Pero no se trata de una regla de carácter absoluta, ya
que muchas veces la R.A.E. incorpora en forma tardía términos, voces o
giros local, en tanto que otros simplemente los desconoce. Además, tanto
la Corte Suprema, a partir de la década de los '60, como la doctrina,
comenzaron a flexibilizar esta regla, entendiendo que el sentido natural
y obvio no es solamente lo que significa para la R.A.E., sino que debe
estarse a ello cuando se refiere a conceptos que se entienden en nuestro
país de esa forma, por cuanto los usos y voces a distintas expresiones de
las palabras varían de España a Chile.
Para desentrañar el significado de una palabra debe estarse al uso
que de ésta se haga por la comunidad determinada y, además, situadas en
un contexto determinado, esto es, dentro de un ámbito temporal y
circunstancial, que explique las razones o elementos fácticos que
impulsaron o eran coetáneos a la dictación de la ley.
- Significado legal de las palabras, el inciso 2 del artículo 20 se
refiere a aquellas expresiones que han sido expresamente definidas por
la ley -o el legislador-; En todo caso, el sentido que la ley ha querido darle
a una expresión debe ser entendida también en forma relativa.
En efecto, no siempre es correcta o precisa la definición dada por
el legislador. También puede ocurrir que la ley defina una expresión
tomada en el sentido vulgar, esto es, como se utiliza comúnmente o, peor
aún, que lo utilice en forma errada o impropia.
Por ejemplo, lo que ocurre con el concepto de “tradición”, donde en
ocasiones la utiliza correctamente, como modo de adquirir el dominio, y
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en otras la utiliza como sinónimo de la mera entrega material, artículo
2174.
- Significado técnico de las palabras, el artículo 21 dispone que
“Las palabras técnicas de toda ciencia o arte se temarán en el sentido
que les den los que profesan la misma ciencia o arte; a menos que aparezca
claramente que se han tomado en sentido diverso”, lo que implica que las
palabras tendrán el sentido y alcance que le dan aquellos que profesan la
misma ciencia o arte, a menos que aparezca claramente que se han tomado
en sentido diverso.
Sin embargo, hay ocasiones en que las palabras técnicas son
definidas por la ley, como ocurre con la concepción y el nacimiento; en
otras ocasiones será necesario dilucidar si se utiliza con un sentido
técnico o común (vulgar), como ocurre con el loco o demente.
Así, cuando el inciso segundo del artículo 19 señala que cuando el
sentido de la ley es obscuro2 se podrá recurrir a su intención o espíritu,
claramente manifestados en ella misma, lo que hace es hacer aplicable un
elemento finalista o teleológico en que se busca la razón jurídica que
motivó la creación de la ley. Se refiere a la finalidad de la ley, por ello
alude a su intención o espíritu, no del legislador o creador de la norma.

b) Elemento Histórico:
De acuerdo con lo que señala el inciso segundo del artículo 19 del
Código Civil, para interpretar una expresión obscura de la ley se podrá
recurrir a su intención o espíritu, claramente manifestados en ella misma,
o en la historia fidedigna de su establecimiento.
Se trata de un elemento de interpretación que está ligado con la
formación de la ley, con la historia fidedigna del establecimiento de ésta
y con los antecedentes de la misma, es decir, simplemente, con la historia

2
Obscuro y oscuro son palabras válidas en español. Oscuro es la simplificación de la grafía obscuro, y, en consecuencia, es la
forma en que más frecuentemente se escribe y pronuncia este vocablo.
Obscuro, por su parte, mantiene el grupo consonántico etimológico -bs-, proveniente del latín obscūrus, al igual que ocurre con sus
derivados obscuridad u obscurantismo, y con otras palabras como substancia o substitución. Con todas ellas ha ocurrido el mismo
proceso de simplificación, de modo que también pueden escribirse oscuridad u oscurantismo, o sustancia y sustitución.
El término, como tal, se refiere a algo que carece de luz o iluminación, o que es de un color próximo al negro, o menos claro cuando
se lo considera en contraposición con otro color de su misma clase. Como tal, usar una u otra grafía no altera el significado de
la palabra, de modo que en los siguientes ejemplos podrían intercambiarse sin problemas.

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de la ley, que servirá para determinar su finalidad, vale decir, su intención
o espíritu. Constituye el elemento más utilizado para encontrar la
voluntad del “legislador”.
Con este elemento se puede responder preguntas como ¿Por qué
dictó la ley? ¿Para qué se dictó la ley?, explicando la razón o motivo
jurídico de su dictación.
La historia fidedigna del establecimiento de la ley está
conformada, entre otros, por el mensaje del Presidente de la República
con el que se presenta un proyecto de ley al Congreso, por moción de los
parlamentarios, por las actas constitucionales, por las actas de
discusiones en el Parlamento, los vetos presidenciales, los informes
técnicos, las discusiones extraparlamentarias, etcétera.

c) Elemento Lógico:
Consagrado en el artículo 22, inciso segundo, guarda relación con la
coherencia de la norma. La coherencia se refiere al contexto de la ley y
significa que esta debe interpretarse en su conjunto, desde el primer
hasta el último artículo.
Este elemento se sustenta en el modelo del “Legislador Racional”,
según el cual éste no puede cometer errores en la dictación de una ley,
por cuanto razona correctamente.
El artículo 22 dispone que “El contexto de la ley servirá para
ilustrar el sentido de cada una de sus partes, de manera que haya entre
todas ellas la debida correspondencia y armonía.
Los pasajes obscuros de una ley pueden ser ilustrados por medio de
otras leyes, particularmente si versan sobre el mismo asunto”. Esto
significa que el elemento lógico nos lleva a interpretar el articulado de
una ley de manera tal, que las distintas disposiciones o artículos que la
componen resulten coherentes, que guarden la correcta armonía, es
decir, que exista una unión lógica y sin contradicciones entre todos los
componentes de esta ley. De tal manera que una disposición específica de
la ley no pueda ser considerado en forma aislada para efectos de
interpretación, sino que debe ser entendido dentro de un contexto que
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es el cuerpo legal completo, ya que la concatenación o enlazamiento que
debe existir entre los diversos artículos o incisos debe implicar que entre
las diversas partes exista correspondencia y armonía, evitando
contradicciones o normas contradictorias dentro de una misma ley.
Por correspondencia se debe entender la debida conformidad entre
las partes de una misma ley, la relación de coherencia entre una parte y
otra; mientras que por armonía se entiende la forma en que debe darse
esa correspondencia. Siendo lo central que la ley se interprete a través
de ella misma.
La doctrina mayoritaria considera que este elemento sólo se
encuentra en el inciso segundo del artículo 22; sin embargo, otros opinan
que el elemento lógico se contiene además en el inciso segundo del
artículo 19, en la frase “recurrir a su intención o espíritu, claramente
manifestados en ella misma”, que conlleva también la idea de que la ley se
interpreta a sí misma.
La interrogante que se presenta es cómo se descubre esa intención
o espíritu y cuál es el razonamiento que debe utilizarse para ello. Las
opiniones van desde quienes propugnan la lógica formal a través del
silogismo, hasta quienes apuntan a la argumentación jurídica, basado en
criterios de prudencia, opinión y experiencia.

d) Elemento Sistemático:
Este elemento busca la coherencia entre las distintas leyes que
conforman el ordenamiento jurídico. El inciso segundo del artículo 22
expresa “Los pasajes obscuros de una ley pueden ser ilustrados por
medio de otras leyes, particularmente si versan sobre el mismo asunto.”.
Este elemento de interpretación de los pasajes obscuros de una ley
y que impiden establecer su sentido, apunta a desentrañarlo
considerando que la ley debe guardar correspondencia y armonía con las
demás normas del ordenamiento jurídico, de manera tal que en casos de
duda, confusión o poca claridad en la redacción de una ley, debemos
interpretarla de acuerdo o en correspondencia con las demás

P á g i n a 23 | 55
disposiciones del ordenamiento jurídico, especialmente si regulan
materias semejantes.
Este elemento responde a la concepción del ordenamiento jurídico
como un sistema considerado un “todo”, pero compuesto por infinidad de
normas particulares, lo que ha sido llamado un “todo orgánico”, un sistema
pleno, coherente, unitario de normas, principios y valores jurídicos que
jamás podrían entrar en pugna entre sí.
Este elemento aspira a una visión del ordenamiento jurídico como
sistema de normas, y pretende realizar el análisis de la norma a
interpretar en conjunto con las otras pertenecientes a un mismo sistema,
a fin de poder desentrañarlos principios, fundamentos o motivos
jurídicos tenidos en cuenta a la hora de dictar una determinada norma en
un determinado sentido. Es decir, el elemento sistemático se encuentra
muy ligado a los principios generales del derecho o espíritu general de
la legislación, los que deben servirle de guía.
Otras reglas de interpretación relacionadas con el elemento
sistematico:
El artículo 4 dispone que “Las disposiciones contenidas en los
Códigos de Comercio, de Minería, del Ejército y Armada, y demás
especiales, se aplicarán con preferencia a las de este Código.
Por su parte el artículo 13 establece que “Las disposiciones de una
ley, relativas a cosas o negocios particulares, prevalecerán sobre las
disposiciones generales de la misma ley, cuando entre las unas y las otras
hubiere oposición”.
Estas disposiciones constituyen reglas de interpretación en base al
criterio de la especialidad de la ley, aun cuando se trate de normas que
se encuentran en distintas ubicaciones del Código.

e) Espíritu General de la Legislación:


El artículo 24 del Código Civil debe ser entendido en el sentido que
su utilización queda restringida a los casos en que el proceso de
interpretación judicial de una ley no puede realizarse en base a las
disposiciones antes examinadas, incluso ante la falta de ley, ya que por
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mandato constitucional y legal el juez no puede excusarse de resolver un
asunto que se somete a su conocimiento ni aun por falta de ley, lo que se
consagra en el Principio de la Inexcusabilidad, pudiendo al efecto
fundamentar su sentencia en los principios de equidad, de acuerdo al
artículo 170 N°5 del Código de Procedimiento Civil.
Debe tenerse presente que el Espíritu General de la Legislación y
la Equidad Natural, además de elementos de interpretación constituyen
elementos de Integración Legal. El sentido de esta disposición es servir
como norma de clausura, es decir, que en último caso sirva para
fundamentar la sentencia en forma exclusiva en base a cualquiera de
estos dos elementos.
El artículo 24 no se refiere a los Principios Generales del Derecho,
sino que es muy claro y diferenciador al indicar que las leyes se
interpretaran del modo que más conforme parezca al espíritu general de
la legislación.
Queda claro que entre ambos hay una diferencia, ya que se entiende
que los Principios Generales del Derecho son el conjunto de postulados
y directrices subyacentes que orientan un determinado sistema
normativo y que no contienen una consagración como tales, sino que éstos
se desprenden de la propia normativa del ordenamiento. Sin estar
expresados en el ordenamiento jurídico le pertenecen, subyacen, forman
parte de éste, le dan sentido y forma. En cambio, el Espíritu General de
la Legislación está conformado por aquellos principios generales del
derecho que se encuentran contemplados en nuestro ordenamiento y por
eso se les denomina “Espíritu General de la Legislación”, por cuanto hay
principios e ideas no recogidas por nuestro ordenamiento.
Por eso, el espíritu general de la legislación es la manifestación de
los principios que se encuentran consagrados en el ordenamiento jurídico
y que se les conoce como Principios Generales de Derecho.
Estos principios que inspiran nuestra legislación pueden ser
identificados a través de dos métodos lógicos:
Método deductivo: De acuerdo con este método en el ordenamiento
jurídico existen principios que son resultado de una premisa mayor. Ésta
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última corresponde al Principio General, del cual derivan, descienden o se
desprenden normas claramente inspiradas en éste. El intérprete,
conociendo la premisa mayor o principio y debe desentrañar o descubrir
la norma que desciende de éste, es decir, del origen de la norma (premisa
mayor) se arriba a la norma particular (premisa menor) que soluciona el
caso concreto. Es decir, el conocimiento se construye “de arriba hacia
abajo”, de lo general se concluye lo particular.
Método inductivo: Por el contrario, con este método el proceso
será a la inversa, toda vez que conocidas las diferentes normas que
presentan caracteres similares (premisas menores), debe descubrirse
cuál es la fuente de la que descienden (premisa mayor), por cuanto hay
un sinfín de normas jurídicas que no descienden de un principio general,
pese a lo cual, en su conjunto permiten la elaboración o creación de un
principio. De esta forma se “construye” un principio, de abajo hacia
arriba, de lo particular se extrae lo general.
Existen muchos principios genérales del derecho recogidos en
nuestro ordenamiento jurídico positivo, tales como la irretroactividad de
la Ley; la protección de los Incapaces; nadie puede aprovecharse de
su propio dolo; nadie puede transferir (o transmitir) más derechos
que los que tiene; a lo imposible nadie está obligado; a confesión de
parte, relevo de pruebas; etcétera.

f) Equidad Natural:
Se ha entendido desde la perspectiva y tiempos de Aristóteles que
la equidad es la justicia del caso particular. Cuando un juez falla de
acuerdo con la Equidad lo hace de acuerdo con su conciencia íntima de
justicia. Es, en definitiva, la prudencia la que resuelve.
La equidad natural debe llevar a la solución de un conflicto a nivel
particular entre personas concretas, de la manera lo más justa posible.
Así, en su Ética a Nicómaco, Aristóteles separa las nociones de lo
equitativo y lo justo legal, afirmando que lo equitativo siendo lo justo, no
es lo justo legal. Situación que se presenta al separar lo que identificamos

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como justicia legal -que deriva del derecho positivo-, de lo que es la
justicia natural -que deriva del derecho natural-.
No debe existir temor a ver en la equidad una amenaza al
Ordenamiento Jurídico, por una supuesta subjetividad o incertidumbre
particular frente a la certeza que ofrece el ordenamiento positivo. Nada
más lejano que esto, por cuanto la equidad debe ser entendida como un
sentido intuitivo de justicia que cada individuo lleva consigo, pero dicho
sentido no es ajeno ni lejano al sujeto, sino que proviene del propio cuerpo
social del cual emanan las normas jurídicas. Como las normas jurídicas
deben responder al sentir de un pueblo determinado, para el intérprete
no será difícil desentrañar el sentido una norma, por cuanto los valores
inherentes a la norma coincidirían con los de su propio grupo social. Así,
cada individuo tendría una idea personal -un sentido intuitivo- de la
justicia fundada en los valores colectivos que han impregnado la norma.
Por lo tanto, lo justo no estaría desligado de lo justo legal.
La equidad natural es el elemento que tiene por objeto eliminar
la distinción que se puede producir entre la justicia que emana de la
norma general y la injusticia que podría derivar de la aplicación de
una norma particular en la resolución de un conflicto.
En el proceso hermenéutico la solución a un conflicto aplicando los
elementos, gramatical, histórico, lógico, sistemático y el espíritu general
de la legislación; puede derivar en una solución distorsionada, por lo que
la solución del caso particular puede no resultar equitativa. Esta
distorsión se evita a través de la equidad natural, dando una solución
justa para las partes involucradas.

Reglas prácticas de interpretación:


Además de los elementos de interpretación, en la hermenéutica se
utilizan ciertos aforismos, que son máximas que establecen pautas, en
muchos casos irrefutables. Estos aforismos, que no son elementos de
interpretación, tienen su origen en principios generales de derecho y,
además, en el razonamiento práctico y sobre todo lógico. Por ende, se les
reconocía su infinita utilidad práctica y entre ellos se pueden mencionar:
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El argumento de la no distinción, de acuerdo al cual no es lícito al
intérprete hacer una distinción cuando la ley no distingue.
El argumento de lo absurdo, que fuerza a concebir una
interpretación global o una interpretación que persigue una finalidad
concreta. Este argumento lleva a desechar y descartar cualquier
conclusión que a raíz del proceso interpretativo conduzca a una respuesta
que sea contraria a la lógica o al sentido común, es decir, una conclusión
absurda. Según la R.A.E., absurdo en su primera acepción significa
contrario y opuesto a la razón, que no tiene sentido.
El criterio a fortiori, es aquel principio que nos lleva a encontrar
una correcta interpretación, en la medida que entendamos que a la
persona que le está prohibido realizar una conducta de menor ilicitud,
con mayor razón le está prohibido realizar conductas de mayor ilicitud.
Quien no puede lo menos, tampoco puede lo más.
A la inversa, este principio opera también como: Quien pueda lo más,
puede lo menos.
El criterio a contrario sensu o al sentido inverso, permiten
realizar una interpretación no solamente en un sentido positivo, sino
también en un sentido negativo.

INTEGRACIÓN DE LA LEY
Integrar quiere decir enterar un todo. Por ende, está en directa
relación con las denominadas “lagunas legales”. Por integración jurídica
debemos entender el proceso por el cual el intérprete, generalmente los
jueces, buscan una solución en los casos o situaciones que no están
resueltos por la ley o en que existen vacíos o lagunas legales.
Según se dijo ante, frente a la Inexcusabilidad Judicial el juez
tiene la obligación de dar respuesta o solución cuando esta le es
requerida. Lo anterior se dificulta si se tiene en cuenta que el legislador
no ha podido prever toda clase de conductas o sucesos de la vida en
sociedad. Todo intérprete es sabedor de que el legislador no es
omnicomprensivo, así como tampoco lo es la ley; sin embargo, cada vez
que es requerida la intervención del juez y no hay ley para resolver el
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asunto, éste debe recurrir al mecanismo de integración, esto es, a la
forma jurídica de dar solución a un caso para el que no hay regulación
legal, pues los vacíos deben ser enterados o colmados.
Respecto de la existencia de las denominadas lagunas legales, no
hay un criterio único, sino diversas posturas. Primero están los que niegan
la existencia de las lagunas legales, sea porque derechamente estiman
que no hay, o bien, porque en la vida jurídica hay que desenvolverse como
si en verdad no las hubiese. Justificando su postura en las
características del Ordenamiento Jurídico, toda vez que se le considera
como pleno, hermético y autosuficiente, es decir, el ordenamiento
jurídico en sí siempre dará una respuesta frente a un eventual espacio
sin regulación, a través de los Principios Generales del Derecho. Por lo
mismo, no habría lagunas legales ni espacios sin regulación, ya que todo
estaría regulado. Además, se fundamentan en que en el Derecho Privado
se puede hacer todo lo que no esté prohibido y en el Derecho Público se
puede hacer sólo lo que está permitido. Además en materia penal, en
virtud de los principios de legalidad y de tipicidad, no puede haber
lagunas legales, ya que sólo es delito lo que la ley describe y sanciona. Por
último, la regla que origina la Inexcusabilidad se encuentra en el derecho
positivo, debiendo el juez resolver el asunto cuya intervención se le
solicitada conforme a los mencionados principios generales, o bien, de
acuerdo con la equidad, por lo que desde esa perspectiva tampoco existen
espacio sin regulación.
En segundo lugar, quienes estiman que existen espacios sin
regulación por la ley, concuerdan en que ello no ocurre con el
Ordenamiento Jurídico, en virtud de su plenitud hermética, ya que el
Ordenamiento regula la vida de la sociedad completa y no partes aisladas.
En cambio, la ley si puede tenerlas, por cuanto es indesmentible y
empíricamente comprobable y de toda lógica que la ley no puede regular
todas las situaciones y de hecho se presenta permanentemente, y por
muy variadas razones, por lo que algunos autores han afirmado que su
existencia constituye un "hecho notorio”, que de acuerdo a la doctrina
procesalista no requiere ser probado.
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Forma de realizar la Integración de la Ley:
a) Analogía Jurídica: Deriva del principio “donde existe la misma
razón debe existir la misma disposición” -ubi aedes ratio ibi aedes iuris
dispositio- y consiste en aplicar la ley prevista para un caso a otro caso
no previsto, con tal que ambos sean similares y su aplicación se justifique
en una misma razón de justicia. Esto significa que el juez ante dos
disposiciones realmente similares, una regulada y la otra no, por la
utilización de la analogía aplique la ley que regula la situación similar.
Son múltiples las razones que justifican este razonamiento. En
efecto, se podría suponer que la voluntad del legislador, de haber
previsto la situación no regulada, habría sido precisamente reglamentarla
en forma idéntica, dada la similitud de los casos; o por motivos de
igualdad ante la ley; o por razones de justicia (justificación axiológica).
Según se expuso, obviamente, la analogía no tiene cabida en el
Derecho Penal y tiene limitado alcance en el Derecho Público.
b) Principios Generales de Derecho.
c) Equidad Natural.

Antinomias o concursos de normas


Se refiere al eventual choque o conflicto de normas jurídicas de
igual jerarquía y ámbito de aplicación y validez. Es decir, una colisión
entre normas de idéntico rango que reglamentan una misma situación de
modo diferente, como sería que una permita la conducta y otra la prohíba.
Esto, porque el Derecho no permite que una norma anule a otra. Más
bien el problema pasa por decidir cuál prima sobre la otra. ¿Es posible
que se presente este problema? ¿Cómo se resuelve?
Para resolver el tema debemos fijarnos primeramente en la
jerarquía de las normas, puesto que, si se trata de normas de diferente
jerarquía, por ejemplo una normas constitucional v/s norma legal, el
conflicto es aparente, toda vez que la ley debe sujetarse a lo que dice la
Constitución, ya que prima la de mayor jerarquía.

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En cambio, si son de idéntica jerarquía habrá de estarse al ámbito
de validez, ya sea territorial, personal o temporal. Y si son idénticas,
debe acudirse al ámbito temporal de aplicación. Así la norma especial
prima sobre la norma general. De esta forma, la norma más nueva en
cuanto a su dictación prevalece sobre la más antigua; si son de igual
antigüedad, debe primar aquella que resulte, para solución del caso
concreto, más acorde con el Espíritu General de la Legislación y la
Equidad Natural.
También puede surgir un eventual conflicto entre normas jurídicas
provenientes de diferentes Fuentes Formales del Derecho. De esta
forma, si el conflicto se produce entre una Ley y la Costumbre Jurídica,
prima la Ley, ya que la costumbre sólo produce efectos cuento la ley se
remite a ella; entre Ley y Contrato, prima la Ley pues los contratos deben
sujetarse a esta; entre ley y una sentencia, nuevamente prima la ley, ya
que la sentencia debe ser dictada de acuerdo a Derecho. Por último,
entre dos sentencias, no hay conflicto por el efecto relativo de cada una.

P á g i n a 31 | 55
LOS EFECTOS DE LA LEY

a) Efecto de la ley en el tiempo:

Por lo general las leyes se dictan para regir en forma indefinida, en


principio desde que se dicta la ley rige una serie de hechos y actos
jurídicos que se van dando en el tiempo. Sin embargo, la eficacia de la ley
no es eterna, normalmente producto de los cambios sociales, de las
nuevas necesidades surgidas en una sociedad, las nuevas situaciones y
relaciones jurídicas que se van dando a medida que la comunidad va
evolucionando, hacen que la norma jurídica deba ser objeto de cambios e
incluso que deba dejar de existir, para dar paso a nuevas leyes que
satisfagan de mejor manera las nuevas necesidades de la sociedad.

CAUSA DE INEFICACIA DE LA LEY.


Las causas que pueden privar a una ley de su eficacia son dos; la
primera es extrínseca o externa, la derogación formal de la ley; la
segunda, intrínseca o interna, puede darse:
a.- por el cumplimiento del tiempo preestablecido para su duración,
o
b.- por el logro de los fines perseguidos por la ley.

Las causas en particular:


a.- Causa extrínseca o externa de ineficacia de la ley:
LA DEROGACIÓN DE LA LEY.
Es la cesación total o parcial de la existencia de la ley por mandato
expreso o tácito de otra posterior. La ley derogada puede o no ser
reemplazada por una nueva ley.
El Código Civil regula la derogación de las leyes en el párrafo sexto,
del título preliminar, entre los artículos 52 y 53 clasificándola en expresa
y tácita, total o parcial, regulando además sus efectos. Lo que no hizo el
Código Civil fue definir lo que entendía por derogación. De acuerdo con
P á g i n a 32 | 55
Baudry Lacantinerie, citado por el profesor Victorio Pescio, es la
privación de la fuerza obligatoria una disposición legal. Para Planiol la
abrogación (abrogatio o abolición) consiste en la supresión de la fuerza
obligatoria de una ley, sea que se reemplacen sus disposiciones por otras
diferentes, sea que se la suprima lisa y llanamente.
En cuanto a quién puede efectuar la derogación de la ley, Carlos
Ducci señala que el legislador es el único que debe derogar las leyes en
tanto que él las creó, estando vedada esa posibilidad para los otros
poderes del Estado.
La palabra derogación es sinónimo de abrogación, término de origen
romano y que tiene relación con el proceso de votación de las leyes que
ocurría en los comicios romanos, de manera que la aprobación de una ley
se conocía como “rogatio” y la abolición como “abrogatio”.
En legislaciones extranjeras la derogación importa sólo la pérdida
parcial de eficacia de la ley, mientras que la abrogación se refiere a la
pérdida total de la eficacia de la ley; en Chile en cambio ambos conceptos
son sinónimo.
Clasificación de la derogación de la ley.
Expresa o tácita:
La derogación expresa de acuerdo con el artículo 52 del Código
Civil se da cuando la nueva ley dice expresamente que deroga la antigua.
Como lo dice el profesor Pescio la derogación expresa se caracteriza por
una declaración de la nueva ley que suprime la fuerza obligatoria de una
ley anterior aun cuando esta no contenga preceptos contrarios o
incompatibles con la nueva ley.
La derogación tácita, en cambio, se da cuando la nueva ley contiene
disposiciones que no pueden conciliarse con las de la ley anterior. Esta
forma de derogación se funda en la idea de que cuando el legislador ha
manifestado sucesivamente dos voluntades diferentes sobre una misma
materia, debe prevalecer la última.
El profesor Arturo Alessandri Rodríguez indica que esta denota la
inutilidad de los artículos finales de muchas leyes que declaran derogadas
las leyes anteriores contrarias a la que se dicta.
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Total o parcial:
La derogación total se da cuando la ley derogatoria hace cesar la
vigencia de la ley antigua en todas sus partes.
La derogación parcial, por su parte, se presenta cuando con la ley
derogatoria se produce que sólo algunas partes de la antigua ley cesen en
su eficacia, pudiendo referirse esta derogación parcial a un artículo o
varios de ellos, a un inciso, una frase, o una palabra.
A su vez la derogación expresa podrá ser total o parcial, lo mismo
que la derogación tácita, y será total cuando todas las disposiciones de
la ley nueva ciudad inconciliables con las del antiguo, y que podrá ser
también parcial si sólo algunas de las disposiciones son inconciliables,
subsistiendo las normas de la ley antigua que no pugnan con las nuevas.
El artículo 53 del Código Civil establece que esta forma de
derogación deja vigente en las leyes anteriores, aunque versen sobre la
misma materia, todo aquello que no pugna con las disposiciones de la nueva
ley.
Existe una clase de derogación no considerada en el Código Civil,
pero a la que se refiere la doctrina y denomina derogación orgánica, la
que se presenta cuando el legislador regula de manera completa una
materia o institución. Alessandri sostiene que en tal caso cabe suponer
que existen nuevas motivaciones y principios, los cuales ciertamente
pueden ser incompatibles con la legislación anterior sobre el tema. Para
alguna parte de la doctrina esta forma de derogación es una especie de
derogación tácita, dado que se da cuando se presenta una
”incompatibilidad implícita con otros preceptos que versan sobre el
mismo asunto”.

b.- Causa intrínseca o interna de ineficacia de la ley:


1.- El transcurso del tiempo fijado para la vigencia de la ley: las
leyes en ocasiones establecen en ellas mismas de antemano la fecha
precisa en que su vigencia expirará, en otras dejan sujeta esta vigencia
a un hecho que no se sabe cuándo se va a producir; en todo caso las más
de las veces la ley no establece un período de duración para su eficacia.
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Un ejemplo se encontra en el artículo 697 del Código Civil, cuando
dispone “en el tiempo intermedio entre la fecha en que principie a regir
este Código y aquella en que la inscripción empiece a ser obligatoria, se
hará la inscripción de los derechos reales mencionados en los artículos
anteriores, del modo siguiente…”.
2.- El logro del fin que la ley se propuso alcanzar, también puede
constituir una forma intrínseca de ineficacia de la ley; por ejemplo,
cuando la ley ordena una expropiación, de manera que la ley se agotará
cuando termina el proceso expropiatorio.
3.- La desaparición de una institución jurídica, trae también como
consecuencia el cese de la eficacia de todas las leyes relacionadas. Por
ejemplo, al suprimirse la porción conyugal en el Código Civil.
4.- La imposibilidad de que se produzca el hecho que era el
presupuesto necesario para la aplicación de la ley, como por ejemplo
si se dicta una ley que concede la nacionalidad chilena por gracia a un
visitante ilustre que antes de su arribo a Chile fallece.

Situaciones que no afecten la eficacia de la ley:


Debe dejarse claro además que la vigencia de la ley no cesa cuando
los motivos o circunstancias que se tuvieron a la vista para la
promulgación de la ley (occasio legis) desaparecen, toda vez que una vez
promulgada la ley se independiza de sus motivos. Así por ejemplo la ley
que creó el impuesto al combustible tuvo como motivo recabar recursos
pecuniarios para las arcas fiscales a fin de disponer de los fondos
necesarios para la reconstrucción tras un terremoto ocurrido en Chile;
sin embargo, superaba la coyuntura, el impuesto se mantuvo vigente.
El desuso, esto es, cuando se ha tolerado públicamente una
costumbre por largo espacio de tiempo, contraria a la disposición legal,
no produce la ineficacia de la ley, ya que jurídicamente es inadmisible
aceptarlo ya que si la costumbre contra la ley no tiene fuerza tampoco lo
puede tener el hábito de no aplicar una ley. Un ejemplo de ello se da con
el duelo, en todas aquellas legislaciones en que expresamente se
proscribe el ejercicio de una lucha por honor, el que esta práctica con el
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tiempo haya desaparecido y, por ende, no se aplique aquella ley que la
sancione, por desuso, no produce su derogación, ya que como se dijo antes
la derogación sólo puede emana de otra ley posterior.

LA SUCESIÓN DE LEYES EN EL TIEMPO:


Pongámonos en la situación de una nueva ley que reemplaza a otra
relativa un mismo asunto. La nueva ley rige solamente aquellas relaciones
jurídicas que se produzcan durante su vigencia, sin que pueda afectar
aquellas relaciones jurídicas que se dieron antes de su entrada en
vigencia.
Por ende, también puede concluirse que la ley anterior alcanza en
su vigencia solamente aquellas relaciones de carácter jurídico ocurridas
bajo imperio; sin embargo, puede ocurrir que esta relación jurídica que
se realizó bajo imperio de la ley antigua provoque consecuencias jurídicas
en una época posterior, cuando ya se encuentra vigente una nueva ley. En
estos casos surge la duda sobre qué ley regirá estas consecuencias.
A fin de ir dando respuesta este tema el artículo 9, inciso primero,
del Código Civil establece como regla general que la ley sólo puede
disponer para lo futuro y no tendrá jamás efecto retroactivo. Excluyendo
expresamente en el inciso siguiente los casos de las leyes
interpretativas. Como se puede apreciar pareciera que nuestro Código
Civil consagra como regla de carácter general el Principio de la
Irretroactividad de la Ley.
La situación conflictiva se presenta respecto de hechos o actos
jurídicos que empiezan a formarse bajo la vigencia de una ley y terminan
por consumarse o perfeccionarse bajo la nueva ley; también cuando los
efectos de un hecho o acto jurídico nacido bajo el imperio de una ley se
producen bajo la vigencia de otra; de ahí nace la necesidad de determinar
el campo de aplicación de la ley antigua y el de la ley nueva, de modo que
esta última no tenga efecto retroactivo, salvo cuando expresamente el
legislador le hubiere dado dicho efecto.
La irretroactividad de la ley se funda principalmente en la
seguridad jurídica, ya que de aceptarse que una ley nueva rija situaciones
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jurídicas ocurridas antes de su entrada en vigencia, se produciría el
efecto de que los derechos relacionados permanecerían inciertos y no
llegarían a estar definitivamente consolidados. Sin embargo, este
principio que está regulado en el Código Civil, no es sino una norma
contenida en una ley ordinaria y no una de norma de carácter
constitucional, por lo que otra ley del mismo rango puede establecer
reglas de retroactividad. En todo caso la Constitución Política de la
República, sobre todo en materia penal, impide la dictación de leyes con
efecto retroactivo cuándo nos dice que ningún delito se castigará con
otra pena que la que señale una ley promulgada con anterioridad a su
perpetración, a menos que una nueva ley favorezca al afectado (artículo
19 N°3, inciso penúltimo de la Constitución). De acuerdo con esta norma
y a lo dispuesto en el artículo 18 del Código Penal podrá haber
retroactividad cuando se beneficie al inculpado incluso después de la
condena.
En materia civil la constitución protege el derecho de propiedad,
así lo establece su artículo 19 N°24, de este artículo se desprende una
suerte de prohibición indirecta de dictar leyes retroactivas en esta
materia.
En consecuencia, el legislador puede dictar leyes con efecto
retroactivo, excepcionalmente, pero nunca podrá hacerlo en materia
penal cuando desfavorece al inculpado ni en materia civil cuando importa
atentar contra el derecho de propiedad. La dictación de leyes
retroactivas no es frecuente pero cuando ocurre normalmente encuentra
su justificación en el proceso y la evolución de la vida social (ejemplo la
esclavitud).
En todo caso el principio de la irretroactividad consagrado en el
artículo 9 del Código Civil constituye una norma obligatoria para el juez,
quien nunca podrá aplicar una ley con efecto retroactivo si ella misma no
lo contempla expresamente.
De aquí concluimos que la retroactividad de la ley debe ser expresa
y además de derecho estricto.

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La regla general es que la ley no tenga efecto retroactivo, la
excepción es que produzca efectos en forma retroactiva, razón por la
cual su interpretación debe ser restringida.
Debe tenerse claro que el principio de retroactividad es
considerado fundamental en nuestra legislación ya en 1808, en el marco
de una discusión de la ley sobre prensa, cuando don Benjamín Constant
expresaba ”la retroactividad es el mayor atentado que la ley puede
cometer; ella rompe el pacto social, anula las condiciones en virtud de las
cuales la sociedad tiene el derecho de exigir obediencia del individuo;
porque ella le arrebata las garantías que le aseguraba en cambio de una
obediencia que es un sacrificio. La retroactividad quita a la ley su
carácter; la ley que retroobra no es ley.”. Estas consideraciones, más que
referirse a un concepto jurídico, expresan la base fundamental del
principio e iban dirigidas más al legislador que al juez. Portalis, en una
exposición referente al Código Napoleón, señala “el oficio de las leyes es
reglar el porvenir; el pasado no está en su poder.
La opinión imperante a la época de la codificación sostenía que la
ley natural no estaba limitada ni por el tiempo ni por los lugares, porque
ella pertenece a todos los países y a todos los siglos. Sin embargo, las
leyes positivas, que son obra de los hombres, no existen para nosotros
sino cuando se promulgan, y no pueden tener efecto si no cuando existen.
Como se dijo antes, pese a la consagración del principio de la
irretroactividad, lo cierto es que el legislador, salvo en aquellas materias
en que constitucionalmente se ha impuesto un límite, se puede dictar
leyes con efecto retroactivo por ello conveniente revisar en qué casos
nos encontramos con estas leyes, de qué manera podemos llegar a
determinar cuándo una ley tiene efectos hacia el pasado.
En cuanto a la fuente de la retroactividad, podemos decir que no
normalmente la encontramos en las disposiciones transitorias de la
respectiva ley, estas disposiciones transitorias previenen los conflictos
que pudiesen ocurrir en la aplicación de la nueva ley con respecto a
hechos, actos o situaciones generadas antes de su entrada en vigencia.

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También puede ocurrir que no existen disposiciones transitorias, en
cuyo caso el juez deberá determinar los límites de la aplicación de la
nueva ley con respecto a los hechos, actos o situaciones generados con
anterioridad su vigencia, para este caso deberá emplear los criterios
establecidos como guía por el legislador, en el caso de Chile en el apéndice
del Código Civil se encuentra la Ley sobre el efecto retroactivo de las
leyes, que data del 7 de octubre de 1861.
Antes de analizar esta ley debe precisarse cuándo entendemos que
una ley tiene efecto retroactivo:
*Teoría clásica o de los derechos adquiridos y las meras
expectativas: Para la teoría clásica una ley es retroactiva cuando lesione
intereses que para sus titulares constituyen derecho adquirido en virtud
de una ley anterior; sin llegar a serlo cuando sólo vulnera meras
facultades legales o simples expectativas.
Se entiende como derecho adquirido todo derecho que es
consecuencia de un hecho apto para producirlo bajo la ley vigente en que
el hecho se ha realizado y en que ha entrado el derecho inmediatamente
a formar parte del patrimonio de la persona, sin que importe en qué
ocasión hará valer ese derecho. De acuerdo con el profesor Pescio habrá
derecho adquirido todas las veces que una consecuencia que se desprende
de un hecho o un acto jurídico esté ligada a éstos como consecuencia
necesaria, sin la cual el acto dejaría de ser lo que es.
Para esta teoría las meras expectativas son las esperanzas de
adquisición de un derecho fundado en la ley vigente y aún no convertida
en derecho por falta de alguno de los requisitos exigidos por la ley.
*Teoría moderna: Para esta teoría la situación pasa por la
distinción entre efecto retroactivo, esto es la aplicación de la ley en el
pasado; y efecto inmediato, que es la aplicación de la ley en el presente.
Por ello el problema radica en determinar la acción de la ley frente a
situaciones jurídicas entendiendo como tal la posición que ocupa un
individuo frente una norma de derecho o a una institución jurídica.
Según esta teoría toda situación jurídica puede ser sorprendida por
la nueva ley en diversos momentos, ya sea su constitución, o en el de su
P á g i n a 39 | 55
extinción, o en el momento en que produce sus efectos. De esta manera
la ley nueva tendrá efecto retroactivo si ataca a las situaciones jurídicas
ya constituidas o extinguidas o a los elementos ya existentes de una
situación jurídica en vías de constituirse o extinguirse.
A la inversa producirá efecto inmediato si rige desde su entrada en
vigencia los efectos de las situaciones jurídicas anteriormente
establecidas, así como su extinción y la constitución de nuevas
situaciones jurídicas.

Ley de efecto retroactivo:


En 1861 se dictó una ley sobre efecto retroactivo de las leyes que
estaba basada en la teoría de los derechos adquiridos y de las meras
expectativas, de manera que la ley no puede vulnerar derechos adquiridos
por una ley anterior, pudiendo solamente afectar las meras expectativas.
Para esta ley, en términos generales, un derecho adquirido es un
hecho o acto que se ha incorporado al patrimonio de una persona o una
facultad legítimamente ya ejercida. En cambio, una mera expectativa es
un derecho que no ha ingresado al patrimonio de una persona o una
facultad no ejercida aún. Si bien se trata de una concepción basado en la
teoría clásica y pese a las muchas críticas de carácter doctrinario, es
esta la ley vigente actualmente en nuestro país.
La norma en comento consagra un principio ampliamente reconocido
por nuestra legislación, cuyo valor supremo se encuentra garantizado por
la constitución en los casos cubiertos por ella y no por este precepto, el
cual es una mera regla de prudencia para el legislador que sólo obliga al
juez, quien sólo puede aplicar una norma retroactivamente en el caso que
el legislador haya dictado tal norma con ese carácter. La ley sobre efecto
retroactivo de las leyes se encarga de regular los casos en que existan
dificultades al aplicar una nueva ley con relación a situaciones jurídicas
previas. En lo no cubierto por esta ley la labor del juez será aplicar de la
manera más acuciosa el principio de la irretroactividad.

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Esta ley está compuesta por 26 artículos, el primero de ellos
establece que los conflictos que resulten de la aplicación de las leyes
dictadas en diversas épocas se decidirán con arreglo a sus disposiciones;
con todo, ello no impide que en ciertos casos se dicten normas especiales
para resolver el problema de la retroactividad.
Materias abordadas de la ley sobre efecto retroactivo de las leyes:
1.- Sobre el estado civil de las personas (artículo 304 del Código
Civil), dispone que el estado civil adquirido conforme la ley vigente a la
fecha de su constitución subsiste aún que esta pierda después su fuerza,
pero los derechos y obligaciones anexos a él, se subordinan a la ley
posterior, sea que ésta otorgue nuevos derechos o imponga nuevas
obligaciones, sea que modifique o derogue los antiguos. Artículos 2 y 3.
De acuerdo a esta norma la ley no está obligada a respetar las
expectativas, vale decir, la posibilidad que tenía una persona para llegar
a adquirir un estado civil determinado, por cuanto al dictarse una nueva
ley que impone nuevas exigencias o requisitos, que aún no se han cumplido
respecto de la persona, ésta nada ha adquirido todavía.
2.- Sobre la capacidad de las personas naturales, en cuanto a la
actitud para adquirir derechos y obligaciones, esto es, la capacidad de
goce, de acuerdo con esta ley quedará sometida a la regulación de las
nuevas leyes. Artículo 8 y 9.
En cambio, en lo que respecta a la aptitud legal de una persona para
ejercer por sí sola un derecho, esto es, la capacidad de ejercicio, de
acuerdo esta ley la capacidad adquirida bajo la vigencia de una ley, no se
pierde por efecto de la dictación de una nueva ley que exija otro
requisito, pero el ejercicio y continuación de este derecho se sujetará a
las reglas establecidas por la ley posterior.
3.- Sobre las personas jurídicas, esto es, en un sentido
restringido, refiriéndose a las corporaciones y fundaciones que no
persigue fines de lucro y que conforme a la norma legal han adquirido
personalidad jurídica, es decir, la calidad de sujeto de derecho; la ley
dispone que su existencia y los derechos que a ella correspondan deberán

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sujetarse a las mismas reglas que respecto del estado civil de las
personas naturales, remitiéndose al artículo 3. Artículo 10.
4.- Derechos reales (artículo 577 del Código Civil), respecto de
esta materia la ley señala que todo derecho real adquirido bajo el imperio
de una ley y en conformidad a ella, subsiste bajo la vigencia de otra, pero
en lo que respecta al goce y a las cargas impuestas a su titular y en lo
tocante a su extinción, prevalecerán las disposiciones de la nueva ley.
Artículo 12.
5.- Sobre la posesión (artículo 700 del Código Civil) la ley dispone
que la posesión constituida bajo una ley anterior no se retiene, pierde o
recupera bajo el imperio de una ley posterior, si no por los medios o con
los requisitos señalados por esta última. Así, de acuerdo esta norma, si
una persona ha iniciado la posesión y más tarde se exige una declaración
pública en un medio de comunicación, el poseedor, para retener la
posesión, deberá cumplir con este requisito que la ley anterior no
contemplaba. Artículo 13.
6.- En lo relativo a los actos y contratos la ley dispone que estos
se rigen por las leyes vigentes al tiempo de su celebración, las que se
entienden incorporadas a ellos. Artículo 22 inciso primero.
La misma ley establece luego las excepciones que dicen relación con
el modo de reclamar en el juicio los derechos que resulten de ellos; y con
la aplicación de las penas señalas para el caso de infracción de lo
estipulado, ya que dicha infracción debe castigarse con arreglo a la ley
bajo la cual se cometió. Artículo 22 inciso segundo.
7.- Sobre la prueba de los actos y contratos, en esta materia la
ley distingue entre los medios de prueba y la forma en que la prueba debe
rendirse. Así respecto a los medios de prueba indica que un acto o
contrato celebrado bajo imperio una ley, podrá probarse bajo el imperio
de otras, por los medios de prueba que establecía la primera. Y en lo que
respecta a la forma de la prueba esta debe sujetarse a la ley vigente al
tiempo en que se rinda el medio probatorio, lo que no es sino el
reconocimiento del principio de que la ley procesal rige in actum. Artículo
23.
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8.- En materia sucesoria, respecto de esta materia debe
distinguirse entre sucesión testada y sucesión intestada.
Tratándose de la sucesión testada, a su vez se distingue entre las
formalidades externas y las disposiciones o requisitos internos. De esta
manera las solemnidades externas se rigen por la ley coetánea al
otorgamiento del testamento. En cambio, las disposiciones o requisitos
internos deben sujetarse a la ley vigente a la época en que fallezca el
testador, vale decir, cuando se produce legalmente la delación de las
asignaciones, la apertura de la sucesión. Artículo 19.
Tratando de la sucesión intestada, la ley si bien no lo dice en forma
expresa, aplica el mismo principio, vale decir, en lo que respecta a las
disposiciones o requisitos para ser titular del derecho de herencia debe
estarse a las disposiciones de la ley vigente al momento del fallecimiento
del causante. El mensaje de esta ley señala “siendo constante que los
derechos hereditarios no se transmiten sino a la muerte de su autor, el
proyecto establece que en cada sucesión testamentaria o abintestato, el
derecho de los llamados a ella sea definido por la ley vigente a la época
de su delación o transmisión.”. De esto se desprende que el sujeto que
era incapaz de heredar según la ley antigua puede recibir la asignación,
si a la apertura de la sucesión, la ley nueva lo considera capaz.
9.- Sobre el procedimiento la ley dispone que las leyes prevalecen
desde su entrada en vigencia, pero sin embargo los plazos que hubiesen
empezado a correr o las actuaciones y diligencias procesales que se
hubieren iniciado bajo imperio una ley anterior, seguirán siendo reguladas
por la ley vigente al tiempo de su iniciación. Artículo 24.
10.- Sobre prescripción (artículo 2492 del Código Civil) la regla
general es que rige la ley bajo cuyo amparo la prescripción se desarrolla
completamente. El conflicto se presenta cuando la prescripción empieza
a correr bajo el imperio de una ley, y antes de cumplirse, otra ley
posterior modifica las condiciones necesarias para adquirir un derecho o
extinguir una acción por prescripción. La ley de efecto retroactivo deja
al prescribiente la posibilidad de elegir entre la prescripción establecida
por la ley antigua y la señalada por la ley nueva. Así habiendo iniciado el
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cómputo del plazo de prescripción, de dictarse una nueva ley que cambia
las condiciones, el prescribiente podrá elegir si completa la prescripción
ya iniciada, o si se sujeta a las condiciones de la nueva ley, pero si opta
por esta última, el cómputo de la prescripción se iniciará desde la fecha
en que empiece a regir la nueva ley. Artículo 25.
En todo caso, si la nueva ley declara absolutamente la
imprescriptibilidad de un derecho, éste no podrá ganarse por el tiempo
bajo el imperio de ella, aunque el prescribiente hubiere iniciado la
posesión conforme a la ley anterior que sí autorizaba la prescripción.

b) Efecto de la ley en el espacio:

El problema del efecto de la ley en el espacio dice relación con el


alcance de la ley en el ámbito territorial. Como la ley emana del Estado
razonablemente puede entenderse que su imperio, es decir, su fuerza no
puede extenderse más allá de lo que la soberanía de ese Estado puede.
Efectivamente, existe un límite geográfico que representa el límite
territorial dentro del cual la ley tendrá vigencia. No cabe duda que la
autoridad de la ley está estrechamente vinculada con la noción de
territorio y de que ésta será obligatoria en el espacio territorial
comprendido dentro de las “fronteras” del Estado.
Conforme a los principios que inspiran el derecho internacional
público, todo Estado soberano e independiente ejerce dentro de su
territorio, en forma absoluta y exclusiva, la potestad legislativa
(facultad de dictar sus propias leyes) y jurisdiccional (facultad de poder
hacerlas cumplir por la fuerza).
En lo que respecta al concepto de territorio, Hans Kelsen señala en
su libro teoría General del Estado, que este debe ser representado como
un plano, como un sector circunscrito de la superficie terrestre, sobre
el cual se alza y descansa el Estado, como un cuerpo.
Se acepta la idea de que cada Estado sólo puede dictar leyes y
hacerlas cumplir dentro de las fronteras de su propio territorio, de
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manera que no puede un Estado pretender que sus normas jurídicas sean
respetadas más allá de sus límites territoriales. Sin embargo, conforme
lo advierte el propio Kelsen, los límites territoriales del Estado tampoco
constituyen en modo alguno una limitación absoluta, firme e
incondicionada de la validez espacial de un orden jurídico, aunque a
primera vista pareciera otra cosa.
Efectivamente, es fácil comprender que una aplicación estricta de
estos principios, ligados al de soberanía, constituya en verdad un
obstáculo a las relaciones internacionales -muy importantes por la
interdependencia de los Estados-, lo que traería como consecuencia el
entrabamiento del comercio jurídico, por esta razón se habla
normalmente de leyes extranjeras y su aplicación dentro del territorio
nacional; así como también, se estudia la aplicación o fuerza de leyes
nacionales en el extranjero.
Las causas que por lo general hacen que una situación o relación
jurídica pueda verse sujeta a dos o más legislaciones, dicen relación:
a) con la nacionalidad los individuos;
b) el domicilio;
c) la ubicación de un bien en un país distinto a aquel que recibe su
dueño;
d) las circunstancias de tener que producir efectos un contrato en
un país distinto a aquel en que se celebró;
e) el haberse producido la apertura una sucesión en un país distinto
a aquel al que mantenía domicilio el causante;
f) etcétera.

Los sistemas que han tratado de explicar estos conflictos, en que


se da una suerte de superposición de legislaciones sobre una misma
situación o relación jurídica, son:
I.- Sistema de la territorialidad: Según el principio de la
territorialidad las leyes se dictan para regir en el territorio del Estado
que las dictó y tienen su límite espacial marcado por las fronteras de
cada país. De acuerdo con este principio los Estados pueden imponer el
P á g i n a 45 | 55
reconocimiento exclusivo de su propio derecho dentro del territorio
sujeto a su soberanía, pero no pueden pretender que sus normas jurídicas
sean reconocidas fuera de sus fronteras.
La aplicación absoluta de este principio produciría una situación
verdaderamente desastrosa, ya que importaría, a opinión del profesor
Pescio, un retroceso a la doctrina feudal de acuerdo a la cual el hombre
es un simple accesorio del suelo que habita. De esta forma bastaría que
el individuo abandone el territorio que habitan para sustraerse en forma
definitiva a las leyes del país al que pertenece. Por otro lado,
normalmente a los Estados les interesa conservar cierto grado de
autoridad sobre sus nacionales, aun cuando estos se encuentren fuera de
sus fronteras.
II.- Sistema de la extraterritorialidad o personal: De acuerdo a
este sistema las leyes se dictan para las personas y acompañan a las
mismas incluso fuera del territorio del Estado al que pertenecen. De
acuerdo a este sistema, cada individuo del Estado estará sometido a su
ley nacional.
La aplicación estricta de este sistema importaría que el Estado sólo
podría legislar para sus nacionales y quedaría limitado para hacer valer
sus normas sobre los extranjeros, aun cuando éstos se encontraran en su
territorio.
Históricamente el sistema de la territorialidad y el de la
extraterritorialidad se han aplicado en diferentes momentos, así a
finales del imperio romano, al producirse las invasiones bárbaras, rigió el
principio de la personalidad de la ley, vale decir, que dependiendo del
pueblo al que el individuo pertenecía se encontraba sujeto a la
correspondiente ley. En la época feudal, en cambio, el sistema imperante
fue el de la territorialidad la ley, de acuerdo con el cual las leyes no
tenían ningún valor fuera del territorio en que éstas fueron dictadas.
III.- Sistemas intermedios entre la territorialidad y la
extraterritorialidad: Como se hizo presente, la vigencia absoluta de uno
u otro sistema sólo carrera problemas de difícil solución, por ello no es
extraño que se hubiesen elaborado sistemas intermedios, resultando de
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una combinación a base de mutuas concesiones, que lleva a la recíproca y
mesurada penetración de las leyes de los diversos países. De acuerdo con
este sistema intermedio, la ley de un Estado prevalece en el territorio
dentro de sus fronteras, pero admite que dicho ordenamiento jurídico
rija a sus connacionales que se hallen en el extranjero en ciertas
materias, a cambio de permitir que, en ciertas materias, se aplique la ley
extranjera dentro de su territorio.
Este sistema en todo caso da margen a una serie de cuestiones en
que es preciso determinar y resolver cuál de las diversas legislaciones
concurrentes deberá dar solución a una determinada situación o relación
jurídica, fenómeno que se denomina conflicto de leyes.
Para dar una respuesta a estas situaciones de conflicto de leyes se
han elaborado numerosas teorías que remontan incluso a la Edad Media.
La constante aspiración del derecho internacional privado ha sido la
búsqueda de fórmulas de armonía y conciliación entre los principios de
territorialidad y extraterritorialidad, en base a distinguir:
a.- La preponderancia que ha de tener el principio personal o el
territorial;
b.- La fórmula que ha de determinar qué leyes son territoriales y
cuáles personales; y,
c.- El fundamento o justificación del hecho de la autoridad
extraterritorial del derecho interno.

Entre las teorías que se ocupan del tema podemos mencionar la


teoría de los estatutos; la teoría de la comunidad del derecho; y la
teoría de la personalidad o nacionalidad del derecho.
La revisión de esta materia desde un punto de vista positivo
necesariamente lleva a estudiar la teoría de los estatutos pues se trata
de la teoría que recoge nuestro Código Civil, de acuerdo al cual los
conflictos de leyes se resuelven distinguiendo entre leyes personales,
leyes reales y leyes mixtas.

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La teoría de los estatutos data del siglo XIII, aun cuando su
desarrollo es posterior a esa época. Como decía antes, clasifica las leyes
en:
1] Leyes personales, vale decir, aquellas relativas a las personas.
Se trata de normas jurídicas que afectan directa y exclusivamente
al Estado de la persona, por ende, se refieren a su calidad de tal, a su
capacidad o incapacidad para celebrar o ejecutar los actos de la vida civil,
como lo son aquellas que determinan la nacionalidad o el carácter de
extranjero de un individuo, la que fija la mayoría de edad, la que
establece requisitos o que impone condiciones para la celebración del
matrimonio, la que regula la patria potestad, los derechos y deberes que
emanan de la filiación, las que reconocen el derecho de testar, etcétera.
2] Leyes reales, o sea, relativas a los bienes.
Son las normas jurídicas que se refieren directamente a las cosas,
a fin de determinar su naturaleza y el modo de poseerlas o de adquirirlas,
de transferirlas entre vivos y de transmitirlas por causa de muerte, en
la medida que ello no tenga relación con el estado o calidad de las
personas, sino sólo de un modo incidental o accesorio. Entre ellas
encontramos las disposiciones legales que clasifican los bienes en
corporales o incorporarles, en muebles e inmuebles, las que regulan el
derecho a suceder abintestato o por testamento, etcétera.
3] Leyes mixtas; esto es, que al mismo tiempo se refieren a los
bienes y a las personas, y particularmente, a la forma de los actos
jurídicos.
De acuerdo esta teoría las leyes personales tienen aplicación
extraterritorial, pues siguen a la persona a cualquier lugar donde esta se
encuentre. En cambio, las leyes reales sólo tienen aplicación en el
territorio, dependiendo del lugar en donde se encuentran los bienes, vale
decir, tienen aplicación territorial.
Por su parte las leyes mixtas quedan sujetas a un doble estatuto,
así mientras las que se refieran a los requisitos externos o de forma del
acto jurídico se rigen por la ley del lugar en que se otorgan o celebran,
principio de la Lex Locus Regit Actum. Las que se refieren a los requisitos
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internos o de fondo del acto jurídico se rigen por la ley del lugar en que
se otorgó el acto o contrato.
Para entender a un mejor se debe precisar que los requisitos
internos o de fondo del acto jurídico son los relativos a la capacidad de
los sujetos, al consentimiento, al objeto y a la causa el acto o contrato. Y
los requisitos externos o de forma solo relativos a la manera de hacer
constar fehacientemente la existencia del acto, sólo que constituyen la
manifestación externa del acto.

Normas del Código Civil:


El Código Civil chileno en un principio consagra la regla de la
territorialidad de la Ley, ello es consecuencia de que a la época de su
dictación la población del país era escasa y junto con fomentar la
inmigración, el Estado de Chile fomentaba también la uniformidad de la
legislación vigente. Así el artículo 14 del código dispone “La ley es
obligatoria para todos los habitantes de la República, inclusos los
extranjeros”. A su vez el inciso primero del artículo 16 confirma esta
regla genérica al disponer que “Los bienes situados en Chile están sujetos
a las leyes chilenas, aunque sus sueños sean extranjeros y no residan en
Chile”. Además, del inciso primero del artículo 17 del código, se
desprende que la forma de los actos jurídicos celebrados en Chile queda
sujeta a la ley chilena.
Sin perjuicio de lo anterior, nuestra legislación reconoce
excepciones al principio de la territorialidad, que implican el
reconocimiento al principio de la extraterritorialidad, son dos estas
excepciones: 1) la aplicación de la ley extranjera en Chile; y 2) la
aplicación de la ley chilena en el extranjero.
1) Aplicación de la ley extranjera en Chile:
a} De acuerdo con el artículo 16, inciso segundo, Código Civil las
estipulaciones contenidas en contrato válidamente otorgado en el
extranjero tendrán valor en Chile.
Esta regla, que responde al principio de que en todo contrato se
entienden incorporadas las leyes vigentes en el lugar y al tiempo de su
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celebración, tiene una limitación, ya que de acuerdo con el inciso final del
mismo artículo 16, los efectos de los contratos otorgados en país
extraño, para cumplirse Chile, se arreglarán por las leyes chilenas; esto
quiere decir, que los derechos y obligaciones que emanan de un contrato,
en su ejercicio, deben sujetarse a la ley chilena.
b} De acuerdo con el artículo 955 del Código Civil, inciso segundo,
“la sucesión se regla por la ley del domicilio en que se abre; salvas las
excepciones legales”. Precisamente entre estas excepciones legales
encontramos lo dispuesto en el artículo 998, inciso primero y segundo.
2) Aplicación de la ley chilena en el extranjero:
Conforme lo establece el artículo 15 N°1 del Código Civil a las
leyes patrias que reglan las obligaciones y derechos civiles, permanecerán
sujetos los chilenos, no obstante su residencia o domicilio en país
extranjero, en lo relativo al estado de las personas y a su capacidad para
ejecutar actos que hayan de tener efectos en Chile.
Para entender esta disposición hay que hacer las siguientes
precisiones. En primer lugar, se entiende que un acto jurídico produce
sus efectos en Chile cuando los derechos y obligaciones que de él emanan
se hacen valer o cumplir en Chile. En segundo lugar, si un chileno ejecuta
en el extranjero un acto que haya de crear derechos y obligaciones en
Chile, en lo que dice relación con el Estado civil y la capacidad para
ejecutar este acto, deberá sujetarse a las leyes chilenas. En tercer
lugar, si un extranjero ejecuta un acto jurídico en el extranjero no
deberá sujetarse a las leyes chilenas, aun cuando dicho acto produzca
efectos en Chile. En cuarto lugar, si un chileno ejecuta en el extranjero
un acto jurídico que produce efectos jurídicos sólo en el extranjero,
entonces dicho acto queda sujeto a las leyes del país en que se realizó.
A su vez el artículo 15 N°2 del Código Civil dispone que a las leyes
patrias que arreglan las obligaciones y derechos civiles, permanecerán
sujetos los chilenos, no obstante su residencia o domicilio en país
extranjero, en lo relativo a las obligaciones y derechos que nacen de las
relaciones de familia; pero sólo respecto de sus cónyuges y parientes
chilenos.
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De este precepto se infiere que las relaciones de familia que un
chileno mantiene fuera del país, con su cónyuge y parientes extranjeros,
no se encuentran sujetas a la ley chilena sino a la del país de que se trate.
Esta norma, como la contenida en el artículo 16 del Código,
constituyen, de acuerdo con la doctrina, hipótesis de
extraterritorialidad de la ley. Se trata de casos en que el código obliga
a respetar la ley a los chilenos que se encuentran en el extranjero en
ciertas materias. El profesor Carlos Ducci señala que esta disposición es
doblemente excepcional, pues primero rige solamente para los chilenos y,
en segundo lugar, sólo respecto de aquellas materias jurídicamente
relevantes que la misma norma establece. A su vez don Luis Claro Solar
es de la opinión de que el carácter de excepcional de esta norma con
relación al principio de la territorialidad de la ley no es tal, ya que del
análisis del artículo 15 se desprende que la ley chilena no se aplica fuera
de Chile sino sólo respecto de actos que tendrán efecto dentro del país.
De la misma opinión es don Arturo Alessandri Rodríguez, quien afirma
que si bien a primera vista la norma del artículo 15 parece inconsecuente
con la del artículo 14, que consagra la territorialidad, en definitiva, no lo
es ya que los actos regulados por la ley chilena son aquellos que han de
tener efecto en Chile y, además, no se contempla la posibilidad de pedir
amparo a la autoridad extranjera para hacer cumplir estas normas.
En doctrina se discute también si esta norma se refiere sólo
aquellos actos ejecutados con el fin de producir efectos en Chile o si
incluye también aquellos que eventualmente pudieran llegar a producir
efectos en Chile. Se ha concluido que al utilizar la expresión “que hayan”
el legislador quiso referirse sólo a la primera situación, vale decir, cuando
un nacional celebra un acto o contrato en el extranjero para que sus
efectos se produzcan en Chile, considerando una exigencia excesiva en
relación con la diligencia mediana que puede exigirse a toda persona, el
tener que ver que eventualmente dicho acto realizado en el extranjero
pudiera llegar a producir efectos en Chile.
En síntesis, aun cuando una ley chilena consagra el principio de la
territorialidad de la ley nacional, lo que implica su vigencia respecto a
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todos los habitantes de la República, la norma del artículo 15 constituye
una excepción al principio, en cuanto si bien la ley chilena no habrá de
aplicarse en un país extranjero, sí regirá actuaciones producidas en el
extranjero que hayan de tener efecto en Chile, acotadas al ámbito de la
personalidad y la familia, y limitadas a los chilenos habitantes en el
extranjero.
En lo relativo a los actos jurídicos:
Como se había comentado antes, el Código Civil chileno se preocupa
de determinar qué ley rige los actos jurídicos, sean unilaterales
(testamento) o bilaterales (contratos). Para ello distingue nuestra ley
entre requisitos internos o de fondo y requisitos externos o de forma.
Claro está que cuando el acto jurídico se otorga o celebra en Chile
no existe ninguna necesidad de distinguir entre unos u otros, ya que en
nuestro territorio ese acto jurídico quedará sujeto obligatoriamente a la
ley chilena. Sin embargo, se hace importante la distinción cuando el acto
jurídico se realiza el extranjero, pero produce sus efectos en Chile.
En cuanto a la ley que rige la forma de los actos, la ley chilena
aplica la regla universal según la cual los requisitos externos se rigen por
la ley del lugar en que se otorgan o celebran, esto significa que las
formalidades de los actos jurídicos se rigen por la ley del lugar en que
estos se otorgan, ya sea que estas formalidades estén descritas como
solemnidades o como prueba del acto.
La justificación del principio dice relación con una cuestión práctica
y de simplicidad, ya que solo de esta forma se permite celebrar actos
jurídicos en un país para producir efectos en otro. En cuanto a las normas
que se refieren a esta materia, el artículo 17 del código prescribe “La
forma de los instrumentos públicos se determinará por la ley del país en
que hayan sido otorgados. Su autenticidad se probará según las reglas
establecidas en el Código de Enjuiciamiento.”, luego añade “La forma se
refiere las solemnidades externas, y la autenticidad al hecho de haber
sido realmente otorgados y autorizados por las personas y de la manera
que en los tales instrumentos se exprese.”.

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Para el análisis de esta norma conviene hacer también algunas
precisiones:
El Acto jurídico es una manifestación o declaración de la voluntad,
unilateral o bilateral, hecha con la intención de producir efectos
jurídicos. En tanto que el Instrumento, en términos amplios, es la
escritura o documento con que se justifica o prueba alguna cosa. Nuestro
Código Civil define específicamente el instrumento público como el
autorizado con las solemnidades legales por el competente funcionario.
Luego, el Código Orgánico de Tribunales precisa que el instrumento
público otorgado ante escribano (notario) e incorporado en un protocolo
o registro público se llama escritura pública. (Artículo 1699 del Código
Civil y artículo 403 del Código Orgánico de Tribunales).
La Autenticidad, de acuerdo con el artículo 17, de los instrumentos
públicos se prueba conforme a las reglas del Código de Procedimiento
Civil y el artículo que se refiere a ello es el artículo 345 de dicho cuerpo
legal. La autenticidad se refiere al hecho de haber sido el instrumento
público realmente otorgado y autorizado por las personas y de la manera
que en él se expresa.
Ahora, qué pasa con los instrumentos privados, es decir aquellos
instrumentos en los que en su otorgamiento no cuentan con la
intervención de ningún ministro de fe pública. Respecto a ellos surge la
pregunta de si se rigen también por la ley del lugar en que se otorgan.
La doctrina entiende que los instrumentos privados otorgados en el
extranjero valen en Chile si se prueba que reúnen las solemnidades
exigidas en el país en que se otorgaron y si además se prueba su
autenticidad en la forma ordinaria. Esto en todo caso emana de lo
dispuesto en el artículo 1027 del Código Civil, norma que no distinguir si
el instrumento testamentario es de carácter público o privado, por lo que
se hace aplicable a uno o a otro. En todo caso la Corte Suprema, en
diversos fallos, ha declarado que el principio lex locus regit actum es de
carácter general, por lo que se refiere a todo acto o contrato y a todo
instrumento público o privado.

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En todo caso hay que dejar claro que el principio lex locus regit
actum en nuestra legislación es facultativo, pues en el extranjero los
nacionales pueden sujetarse a las leyes chilenas para la celebración u
otorgamiento de actos jurídicos o contratos que hayan de producir
efectos en Chile, por la vía de acudir a los funcionarios diplomáticos o
consulares que estén autorizados para desempeñar funciones de
ministros de fe. Estos chilenos residentes en el extranjero determinarán
qué le resulta más conveniente, si ajustarse a las leyes chilenas o a las
leyes del país en el que se encuentran, en todo caso el ajustarse a la ley
nacional implica la ventaja de simplificar la prueba de la autenticidad de
los documentos.
En Chile, además, existe un caso en que expresamente no es
procedente la aplicación del principio lex locus regit actum, pues el
Código Civil no da reconocimiento en Chile al testamento verbal otorgado
en el extranjero, conforme lo dispone expresamente el artículo 1027 del
Código Civil.
Por otro lado, en Chile tampoco valdrán como prueba las escrituras
privadas cuando, conforme a lo dispuesto en el artículo 18 del Código Civil,
se exija en Chile instrumento público para la prueba que deba rendirse y
producir efectos en el país; sin perjuicio del valor probatorio que se le
pueda dar en el país en el que fue otorgada la escritura privada. En todo
caso, los autores previenen esta norma no constituye una excepción al
principio lex locus regit actum, por cuanto no se refiere a los
instrumentos públicos y a las escrituras privadas como formalidades o
solemnidades de un acto jurídico, sino como prueba de este.
En cuanto a la ley que rige los requisitos internos de los actos
jurídicos, en Chile se rigen por la ley del lugar en que se otorga el acto o
contrato, así se desprende del artículo 16 inciso segundo, pero la
excepción a esta regla la encontramos en aquel precepto que somete a la
ley nacional lo relativo a la capacidad y el estado de los chilenos que
ejecutan ciertos actos en el extranjero que han de tener efecto en Chile,
a que se refiere el N°1 del artículo 15 del Código Civil.

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En cuanto a la ley que rige los efectos de los actos jurídicos
otorgados en el extranjero, el artículo 16 en sus incisos segundo y
tercero indica que los contratos válidamente otorgados en el extranjero
producen efectos en Chile; vale decir, los derechos y las obligaciones que
emanan de estos contratos pueden hacerse valer en nuestro país, pero
para ello deben ajustarse a la ley chilena, lo que quiere decir que han de
conformarse a ella.

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