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FICHA DE OBSERVACIÓN Y ANÁLISIS DE PELÍCULA

ESTUDIANTE: Carlos Andrés Gaviria Carvajal, María Elizabeth Agudelo

TITULO DE LA PELÍCULA: “La mirada invisible”

ORIGEN: Buenos Aires, Argentina. FECHA: 19 - Agosto -


2010 (estreno)

PRODUCTOR: Nicolás Avruj, Diego Lerman, Dominique Barneaud, Marc Bordure, Luis
Ángel Ramírez, Ignacio Monge, Rafael Álvarez. (El Campo Cine S.R.L)

ESCENARIO (S) Colegio Nacional de Buenos Aires al principio de los ochenta.

PERSONALES: PRINCIPALES María Teresa.

SECUNDARIOS Biasutto, Elvira, Adela.

RESUMEN DE LA TRAMA:
“La mirada invisible” cuenta la historia de María Teresa, una preceptora que trabaja en El
Colegio Nacional de Buenos Aires cuyo trabajo consiste en vigilar para mantener el orden
y la disciplina en el colegio. Su obsesión con estos aspectos la llevan a espiar a los
estudiantes en el baño, y así descubrir a unos posibles fumadores de cigarrillo. Sin
embargo, a partir de querer aplicar rigurosamente las reglas, la protagonista comienza a
liberar sus deseos en la búsqueda de una puerta de salida a su propia represión.

ANÁLISIS DE LA PELÍCULA

Explicación cada uno de los siguientes temas que se percibieron en la película:

Disciplina, autoridad, orden, vigilancia, castigo, rol de los diversos actores: antes y ahora.

Disciplina: al ser este tema uno de los que implica el orden, se puede encontrar en toda
la interacción de los personajes en el entorno educativo: el manejo del tiempo, las
subordinaciones, las jerarquías y las muestras de autoridad por parte de las personas en
cargos “más altos”. Sin duda, en imponer el orden, fundamentalmente, pues en la película
se muestra a la “preservación de la disciplina” como una consecuencia del orden. Así
mismo, los estudiantes deben responder ante un “saber disciplinar” en las asignaturas y
llevar a cabo, satisfactoriamente, sus estudios en ese prestigioso colegio.

Orden: se percibe en el filme cuando es impuesto a través de otras personas. Es decir,


los estudiantes no se mueven a menos que lo diga el profesor, director o preceptor, y
cuando lo hacen debe ser, casi, en una perfecta sincronía, en silencio total y al tiempo en
que se les pide. También, se percibe en la organización de las aulas, el manejo del
tiempo y la separación de los asientos por sexos. Todas estas acciones implican “orden”
entre los estudiantes, y por tanto en el aula de clase.

Autoridad: apunta hacia el reconocimiento del otro como versión de sí mismo, es decir,
se destaca el carácter reflexivo, según el que “yo” me reflejo en él y él en mí. Parte desde
la magnificación de la individualidad al confesar que se tiene el “derecho” y por tanto
“deber” de presentarse ante el otro como juez en un <<pequeño>> tribunal. De allí, nace
la necesidad de admitir la relación que existe entre el poder y el saber. Primero se es
consciente que ese poder fue concedido por una persona de rango “mayor” y luego se
apropia del mismo. En el filme se constata cada vez que la preceptora alza la voz, y con
tono seguro, da las órdenes que deben seguir los estudiantes, quienes obedecen porque
identifican la persona con carga autoritaria. Asimismo, el directivo se alza firme para
asumir su mando frente a profesores y alumnos.

Rol de los diversos actores: antes y ahora: anteriormente, el papel del preceptor
consistía en tomar las “recetas” que encontraban en los libros para replicarlas con la
ayuda de la tradición oral, en forma de discurso, y de la tradición escrita al transcribir su
contenido. La información resultante debía a su vez, ser captada por el estudiante, quien
se convierte en un “receptáculo”. En virtud de ello, no había lugar para la libre expresión
de ideas o de la propia individualidad incluso en la vestimenta y el “adorno” del cuerpo. El
niño era objeto y producto, y la finalidad de la educación era traslapada por el afán de
moldear sujetos bajo la etiqueta de “ciudadanos”. En la película es claro cómo operaba
este tipo de educación tradicionalista. Por fortuna, hoy en día se ha recuperado el
enfoque de la educación en torno al “arte de saber vivir”, gracias al que el ser humano se
ubica en el centro y la ciencia se investiga en aras de proveer herramientas que permitan
el descubrimiento de la potencialidad del hombre. Así, el pedagogo actúa como guía que
orienta los procesos de enseñanza-aprendizaje de los educandos; propicia un clima de
confianza y respeto que permiten la danza de melodías –o voces– dentro y fuera del
salón de clases, ya no visto como una “jaula” sino como un espacio seguro que impulsa
el diálogo entre maestros y estudiantes, estudiantes y sus compañeros, maestros y sus
colegas –incluyendo las directivas–; además, se contempla la familia y la comunidad
como actores educativos.

Vigilancia: se lleva a cabo, en su mayor parte, con las preceptoras quienes están
encargadas de vigilar y mantener el orden antes de una clase y durante los castigos. Esto
se demuestra cuando se regaña a los estudiantes por estar haciendo actividades
extraescolares, observar los uniformes, mirar las conductas para preservar el orden y
más importante, al esconderse en el baño vigilando a los estudiantes que fumaban
cigarrillo. Finalmente, se encuentra en el título de la película y al mencionar “la mirada
invisible”, para tener la agudez perceptiva suficiente que permita vigilar hasta en los
detalles más pequeños.

Castigo: el castigo suele tratarse de una reprimenda verbal (en la mayoría de los casos)
que conlleva a una promesa de no repetir el acto. Esto se evidencia al corregir el color de
las medias, el largo del cabello, las corbatas o los botones. Para hechos más graves, el
castigo consta de un conducto regular en el que la reprimenda se logra por medio del
preceptor, quien es la persona que “descubre” al estudiante y por tanto, es quien primero
la reprueba. Más tarde, el alumno es enviado a alguien “superior” en la escala jerárquica,
como los directivos o bien, el jefe de preceptores que sancionan o castigan verbalmente y
con suspensiones. Todas estas acciones buscan frenar el comportamiento subversivo y
mantener el orden en el colegio.

REFLEXIÓN PERSONAL

1. ¿Qué importancia tenían el PREVENIR, VIGILAR, CASTIGAR?


2. ¿Qué versión de la EDUCACIÓN y de la ESCUELA podemos rescatar? ¿Cuáles
son los rituales que la sostienen?
3. ¿Cómo funciona la AUTORIDAD y el PODER en el micro-político de la escuela?
4. ¿Cómo se distribuyen funciones y responsabilidades?
5. ¿Qué grado de control y de acoso se producen entre los diversos actores:
directivos, preceptores, alumnos?
6. ¿Qué aspectos del DIÁLOGO pueden ser rescatados?
7. ¿Qué relación hay entre la película y el tema central de nuestro curso
“EVALUACIÓN”?

REFLEXIÓN: TÉCNICAS DEL PODER - SABER

La siguiente reflexión se encuentra enmarcada dentro de la concepción del examen como


una técnica de poder-saber, desde lo explicado por Keith Hoskin en “Focault” al examen y
su relación con la película “La mirada Invisible” del director Diego Lerman. Esto permitirá
hacer varias consideraciones que rodean a la escuela como un lugar que reproduce
relaciones de poder-saber, que siguen una cadena sistemática de posible represión y en
el que se encuentran la vigilancia, la autoridad, la prevención y el castigo como
herramientas principales que ayudan a mantener el orden y la disciplina.

En primera, la prevención se considera desde una posible mirada a lo que podría


pasar en el futuro, donde probablemente se pierde el control sistemático que se ha
venido ejerciendo en las personas, o de estudiantes, en el caso educativo. Esto
conlleva a la necesidad de emplear ciertas estrategias, que como bien se
ejemplifican en el filme “la mirada invisible”, permiten evitar la sublevación de los
alumnos, y por ende, la rebeldía del ser social fuera de la escuela, pues ésta busca
reproducir en los alumnos los patrones de conducta deseados para una
macrosociedad, tal como lo reconoce Hoskin al hablar de Foucault y sus relaciones
de poder.

Así pues, dentro del poder-saber se desentraña un componente de la autoridad, en


tanto que la persona a cargo es quien tiene el poder. Esto se manifiesta en las
relaciones humanas en cuanto al conocimiento, pues el que posee el saber sea
teórico, o bien sobre las acciones de la otra persona, es quien puede moldear una
conducta. En la escuela la autoridad y el poder suelen tener una forma vertical, en
el sentido en que la escala suele comenzar con un tipo de persona, y finaliza, en la
cima, con otro ente quien es el dueño de la mayor parte del poder. Por ejemplo, el
preceptor tiene poder sobre el alumno en el filme, luego, el profesor en el
estudiante, más tarde el directivo en el profesor, y luego el gobierno al ente
institucional como tal. Este modelo de relaciones de poder tan marcados, suele
cuestionarse en la construcción educativa y pedagógica en la actualidad. No
obstante, como diría Hoskin, se encuentra en cada parte de la sociedad, como en
las interacciones: médico-paciente, jefe-trabajador, entrevistador-candidato.

Entre las estrategias y métodos para prevención, se encuentra la vigilancia y a partir


de esa categoría se puede decir que con una persona de mayor jerarquía al
pendiente de la conducta de los demás, se puede apaciguar, y en muchos casos,
plantear una amenaza para aquel que piense en acciones insurgentes. En ese
sentido, se puede afirmar que hay varios personajes que toman el rol de vigilante.
En la película nos encontramos con María Teresa y los otros preceptores, que velan
por la pulcritud, desde los uniformes y los peinados, hasta el orden de las relaciones
sociales y en las clases. Si bien, en la actualidad, y en muchas instituciones
educativas colombianas, no hay preceptores, se puede afirmar que muchos
docentes hacen esta labor con mayor o menor rigor, pero esto sigue siendo una
constante de la práctica pedagógica. La vigilancia adquiere una característica y es
que la persona que tiene el poder, en nuestro caso el preceptor o profesor, es quien
hace la vigilancia, puesto que aquel con el poder es quien debe evitar conductas
subversivas al mostrarse como dueño de un papel importante en la escala
jerárquica. De allí que la función, al menos en la película, del estudiante sea
responder a cabalidad por el saber académico en un colegio tan prestigioso, el de
los preceptores el de vigilar y castigar, el de los jefes imponer máxima autoridad, al
tiempo que castigar, y el de los profesores, impartir o dictar el saber de forma
magistral. Algo curioso es que se encuentran pocos momentos notables del docente
en lo referente al ejercicio de la vigilancia y el castigo como muestra del poder, lo
que se devela en las descripciones del maestro en la lectura de Hoskin.

Por la misma senda, se encuentra el castigo, aunque a diferencia de la prevención,


este no toma acciones antes de que suceda algo, ni mira hacia el futuro. Con esta
“estrategia” se busca corregir una acción subversiva que ya fue cometida por un
ente. Así pues, en ambos escenarios, el texto de Keith Hoskin y la película, se
encuentra que es, de nuevo, aplicado por aquel que tiene más poder en la escala
jerárquica. En su aplicación, el castigo se ejerce a modo de una sanción impuesta
a la persona que está más abajo en la escala, y que incurre en una conducta
rebelde, y por tanto indeseable. Al extrapolarlo con la vida real, se puede remitir al
texto pues al final, las formas de castigo están presentes en todas partes.

En el marco histórico de las guerras, la educación tradicional se orientaba hacia el


control de las masas en forma de violencia simbólica, de modo que los educandos
regidos por parámetros psicorrígidos adoptarían una lógica según la cual se
interiorizaría un orden jerárquico en la escuela, donde la autoridad es representada
por las relaciones de poder-saber. Asimismo, como resulta manifiesto en la película,
el sistema de vigilancia busca regular la vida de los estudiantes, de modo que, como
cuerpos dóciles y maleables, admitan las reglas que les son impuestas para
acceder al conocimiento, y con este, a la verdad. De esta suerte, el “poderoso”
(maestro, médico, empresario) subordina al “impotente” (alumno, paciente,
trabajador), ante un juicio valorativo que pretende establecer un umbral entre los
mismos. En este sentido, se asevera que, como rescata Hoskin acerca de las
palabras de Foucault “el poder del examen radica fuera del ámbito educativo”,
creando un nuevo tipo de individualidad: aquella del “hombre calculable”.

Con la invención del registro escrito, la ciencia comenzó a encapsular los saberes
en libros, de modo que quienes tenían acceso a éstos se convertirían en sujetos
‘dignos’ de ostentar el poder. Es así como se erige un ideal de hombre ilustrado,
medido a través de métricas, al cual aspirarían alcanzar tanto los educandos como
los “conocedores”: “profesionales expertos preparados y acreditados como tal”; de
forma que surgió un determinado “modo de aprender”. De esta manera, se amplía
la brecha que separa los roles de maestro-estudiante, puesto que al primero se le
otorga un poder sobre el segundo por poseer cualidades sociales de las que el otro
carecía y debía por tanto adquirir sin poner resistencia. Como se evidencia en el
filme, la preceptora tiene potestad sobre los estudiantes de exigir llevar el uniforme
de cierta manera, el corte de cabello, callar cuando se le indique, no mirar a los ojos
a los profesores y directivos.

En consecuencia a lo antepuesto, el control se torna en abuso en el momento en


que con la disciplina, realizada de manera impositiva y rígida, se infunde temor para
que a través de éste el alumno obedezca por miedo a un castigo. No se tiene la
visión formativa, no existe participación en las decisiones, el alumno desconoce los
por qué y los para qué de las normas con propósito formativa. La manera de
concebir el aprendizaje de la norma es a través del castigo, no hay cabida para la
formación integral, no existe el fomento de los valores. El estudiante no puede
objetarla, sino que se limita a cumplirla. Igualmente, se hace expreso el abuso por
parte de la profesora al violar la intimidad de los alumnos, lo cual atenta contra los
derechos fundamentales que son el pilar de toda institución. De manera similar
ejerce la autoridad el director para con sus subalternos. El director mediante gritos
ejerce el control de la disciplina e impone su autoridad, atemoriza a la profesora,
no da oportunidad al diálogo, a buscar soluciones conjuntas para analizar posibles
problemáticas y hallarles solución. Hay una aparente obsesión en la búsqueda de
errores para asignar castigos en lugar de formar de manera asertiva. Por último, se
denuncia un alto grado de acoso por parte del director, quien acosa de manera
repetitiva a la preceptora para que halle los supuestos problemas de los alumnos
manteniendo una <<mirada invisible>>. El director llega al extremo del acoso sexual
como un mecanismo para manipular a la profesora con la divulgación de su error
que consistió en la violación de la intimidad de sus alumnos.

Remontándose al origen del examen, aunque inexacto, encierra consideraciones


que emanan de la necesidad de ser reconocido por sí mismo y por los demás. En
primera instancia, con el pasado occidental del mundo grecorromano, se trae a
colación la máxima socrática de <<conócete a ti mismo>>, ya que “una vida sin
examen no es digna de ser vivida”, lo cual supone una mirada crítica tanto
intrínseca, en el sentido en que aparece una preocupación por el descubrimiento
de la forma en que se construyen las “relaciones con el yo”, como extrínseca, en
cuanto se reconoce la importancia de las “relaciones con el otro”. Llegados a este
punto, a partir de una moralidad de hombres, constituida por hombres y dirigida a
hombres “manifestantemente libres”, se levanta una condición de libertad falsa al
ser ésta promulgada por sujetos pertenecientes a la “élite poderosa”, revelando así
el interés económico de la clase dirigente. Como resultado, Hoskin explicita
refiriéndose a Foucault la redacción de “un conjunto de prácticas que aseguraran el
dominio sobre los apetitos”, o desde otra perspectiva, de normas que procuran
hacer dócil a la persona, implantando una <<voz pedagógica>> que la llevarían a
“autovigilarse” incluso en ausencia de un celador. De allí que la represión de los
impulsos naturales impidan la revelación contra el orden establecido del sistema.

Con respecto al componente del diálogo dado entre preceptores y estudiantes, éste
es escaso. Sólo se podría "rescatar" dos diálogos que se desenvuelven durante la
película: el diálogo entre el director y la preceptora y el diálogo entre ella y su
abuela. Sobre el primer diálogo, aunque aparenta ser un diálogo respetuoso, se
sospecha que incluye de fondo un interés particular. En éste, el director hace alarde
de los buenos modales y mantiene un discurso que parece sensible a la situación
de la joven preceptora; un diálogo en el que la escucha y el ambiente de calma
procura un flujo sosegado para facilitar la comunicación, que espera la respuesta
del otro sin presionar. Sin embargo, va tomando una fuerte connotación de control,
hasta el punto que desemboca en la traición de ese aparente respeto y en el abuso.
El otro diálogo que se entabla es el de la joven preceptora con su abuela, en el cual
se un componente de cariño y amor sincero, donde se evidencia la escucha y el
compartir la intimidad del alma. La joven quiere conocer de la experiencia de su
abuela y le hace preguntas que ponen a reflexionar a la abuela, quien luego le abre
el corazón y le comparte su vida en una actitud de confianza. Desafortunadamente
los conflictos internos de la joven no permiten el avance de un diálogo liberador que
le ayude a tomar decisiones adecuadas, y termina dejándose envolver por la
presión sentimental, social y laboral que vivía en la institución donde trabajaba.

Finalmente, y a modo de emparejamiento entre la película, el texto y el tema central


del curso como evaluación, se encuentra cierta discordancia en lo referente al
propósito comunicativo y de crítica social entre unos y otros. Por un lado, el escrito
de Keith Hoskin guarda una relación más considerable con el curso, pues este el
aborda el examen como un instrumento de poder-saber e igualmente se está
discutiendo y estudiando esta perspectiva en clase. Por otro lado, hay que tomar
en cuenta que la película “la mirada invisible” retrata y ejemplifica una situación
social de carácter más distinto y por tanto, su relación con el examen y el curso es
más reducida. Es decir, si bien en el filme se abordan componentes de la pedagogía
tradicional, de preservar el orden, de vigilar y de castigar como una forma de
mostrar poder y reprimir al otro, esto no es mediado a través del examen, sino de
las acciones de la persona misma para oprimir. Es así como se pone en manifiesto,
al final de la película, la represión del pueblo que sale en protesta la represión de
una mujer (que estaba empezando a liberar sus deseos sexuales) por medio de
una violación que es tan ilegal y repudiable como la conducta obsesiva de vigilancia
y, al final, casi fetichista de sus deseos.