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Si eres Cristiano/a, sin duda has escuchado la frase “hay que adorar a Dios en espíritu y en verdad.

” Suena bonito y es una


excelente exhortación – ¡hasta que nos damos cuenta que, por lo general, nadie lo explica! Nos dicen que debemos adorar
a Dios en espíritu y verdad, pero no nos dicen qué significa ni cómo hacerlo.

¿Qué es adorar en espíritu y verdad? ¿Cómo adoro a Dios en espíritu y verdad?

Esta idea de que adoremos a Dios en “espíritu y verdad” sale de la conversación que Jesús tuvo con una mujer samaritana
en Juan 4:6-30. En esta conversación, la mujer discutía los lugares de adoración con Jesús; ella preguntó por qué los judíos
querían que se adorase a Dios en Jerusalén, pero los samaritanos decían en el Monte Gerizim (v. 19-20).

Jesús entonces revela algo muy importante:

Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y
en verdad. El Padre busca personas que lo adoren de esa manera. Pues Dios es Espíritu, por eso todos los que lo adoran
deben hacerlo en espíritu y en verdad. (Juan 4:23-24)

En Contexto: ¿A qué se refería Jesús?

La lección que Jesús le trajo a la mujer samaritana fue sencilla: la adoración a Dios no se debe limitar a una
localización geográfica o necesariamente regulada por las provisiones temporeras de las leyes del antiguo
testamento. Al llegar Jesús, la separación entre judío y gentil no era relevante – ni tampoco lo central del
templo de adoración. Cristo consiguió acceso equitativo para todos a través de Él. Por lo cual, la adoración se
convirtió en un asunto del corazón (no acciones externas), dirigido por la verdad, no la ceremonia.

Después de los reinados de David y Salomón, el pueblo judío se dividió en dos reinos: Judá o Reino del Sur,
con su capital en Jerusalén; e Israel o Reino del Norte, con su capital en Siquem (que más tarde se trasladó a
Samaria)… Cada uno de los dos reinos sufrió el exilio en distintas ocasiones: Judá a manos de Babilonia; e
Israel a manos de Siria… la diferencia entre ambos es que los habitantes de Judá lograron restablecerse sin
mezclarse con otras razas, mientras Israel se unió con otros pueblos al regresar del exilio…Esto fue motivo de
escándalo para los habitantes de Judá, quienes dejaron de considerar a los samaritanos como judíos
auténticos… De igual manera, los samaritanos dejaron de considerar obligatorio el culto en el Templo de
Jerusalén, dando culto a Dios en el monte Garizim…

¿Qué es nuestro “espíritu”?

En un importante artículo anterior, se menciona algo que dice en Deuteronomio 6:4, que Jesús repite en Mateo 22:37-38.
Todos lo conocemos:
—“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este es el primer mandamiento
y el más importante.
Para poder adorar a Dios en espíritu y verdad necesariamente incluye amarlo con todo nuestro corazón, toda nuestra
alma y toda nuestra mente.

¿Por qué? Porque nuestro espíritu es todo lo que somos: nuestro corazón, nuestra alma y nuestra mente.

Esa parte inmaterial de nosotros que cubre nuestras emociones, nuesto carácter y nuestros pensamientos (en el artículo
anteriormente enlazado hay una descripición un poco más a fondo sobre qué es nuestro corazón, qué es nuestra alma y
qué es nuestra mente). Por lo tanto, una adoración como Jesús la describió requiere una sintonía y armonización de
todo lo que somos dirigido a un solo propósito: agradarlo a Él con todos los aspectos de quiénes somos.
¿Qué es “en verdad”?

Se define como aquella que se ajusta con los hechos o la realidad. Se trata de la autenticidad, veracidad o realidad.El

Del mismo modo, la verdad tiene un poder sobrenatural. Jesús dijo: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”
(Juan 8:32). Cuando se recibe por fe, la verdad libera nuestras almas de la tiranía del pecado. Jesús oró: “Santifícalos en
la verdad: tu palabra es verdad” (17:17). La verdad limpia y purifica. Penetra en el nivel más profundo del corazón
humano, corta en el hueso, y trabaja desde adentro hacia afuera (Hebreos 4:12). Tiene un poder transformador de
vidas. Convierte, santifica y fortalece. Ajusta, transforma, y reforma. La verdad renueva nuestras mentes, aviva nuestros
corazones, y redirecciona nuestros pasos.

hecho de que nuestra adoración también debe ser “en verdad” significa que nuestra adoración está correctamente
informada. Es decir, a menos que tengamos un conocimiento sobre el Dios que adoramos (Sus atributos, Sus obras y Sus
promesas), no se puede adorar “en verdad.”

Una adoración a Dios “en verdad” es diferente a “de verdad” o “de veras.” La sinceridad de nuestra adoración no tiene
que ver con Dios ni Sus atributos. Cuando adoramos enverdad, nos colocamos en el centro de la realidad sobre quién es
Él, el conocimiento de lo que ha hecho y la confianza de lo que ha dicho. Cain no acepto Dios – Pablo perseguia
_____

Adorando “en espíritu y verdad”

Tanto nuestro espíritu como la verdad y realidad de quién es Dios deben estar presentes para que nuestra adoración
honre a Dios.

El espíritu sin la verdad conduce a una experiencia llana, sobre-emocional y eufórica. Una vez cese la emoción – cuando
se va el momento – también nuestra adoración. Por otro lado, La verdad sin espíritu nos puede llevar a cierto tipo de
legalismo, sin gozo y sin pasión.

La combinación de ambos aspectos de la adoración nos lleva a una apreciación gozosa de Dios, a la luz de las Escrituras.
Mientras más conocemos sobre Dios, más aspectos de Su grandeza podemos adorar. Mientras más conocemos, más
profunda será nuestra adoración. Mientras más profunda nuestra adoración, Dios es más glorificado.

Es la verdad, y sólo la verdad, lo que puede influir de forma apropiada sobre nuestras emociones de tal manera que honren
a Dios. La verdad de Dios, siendo de infinito valor, merece infinita pasión. El hecho de que la adoración sea algo tan íntegro
y abarcador de nuestro ser, no se limita – como bien dijo Jesús – a un lugar, sino que adoramos a Dios con cómo vivimos.
Por lo tanto, aunque nuestra expresión de adoración puede variar (puede ser más pasiva o expresiva), lo que importa es
a quién adoras y que lo adores “en espíritu y verdad.”
Hechos 16: 14 nos relata: Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad
de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese
atenta a lo que Pablo decía.
Lucas 24:25 continúa: Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo
que los profetas han dicho!
En Lucas 24:16 leemos: Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. El mismo
Jesús cubrió los ojos de los discípulos porque quería descubrir qué había en sus corazones. Cuídate
de nos ser como ellos que recibieron palabra de la boca del Hijo y aún así no le reconocieron. Pide al
Señor que abra bien tus ojos y tu corazón.