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Jesús: “un tripulante durmiente”

Marcos 4: 37-38

“Pero se despertó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera
que ya se anegaba. Y él estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron y le
dijeron: Maestro ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y
dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento y se hizo grande bonanza”.

Hemos escuchado muchas veces esta historia que narra el libro de Marcos, y que también se
mencionan en el libro de Mateo (8: 23-27) y Lucas (8: 22-25), el momento en el que Jesús es
despertado durmiendo en una barca que estaba en medio de una tormenta y que al instante
provoca el fenómeno de calmar la misma.
Muchas veces me pregunté qué es lo que este fragmento narrado en estos libros quiso
enseñar. Es una historia que está en la biblia, y sabemos que en ella se encuentra todo lo que
necesitamos para el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo (S. Juan 5: 39). Leer en la biblia
un viaje en una barca con algunas personas dentro, incluyendo a Jesús, debe tener cierto tinte
de especial.
Me sorprende mucho la brevedad de la historia, lo simple que suena, en los tres libros donde
se narra la historia se utilizan no más de 7 versículos para explicar el suceso (cinco versículos
para Mateo, cuatro versículos para Lucas, y siete versículos para Marcos, RVR 1960). Sin
embargo, estos breves versículos hacen que la historia sea como si fuera vivida.
Me imagino a Jesús antes de entrar a la barca conversando con los que lo seguían, haciendo
tiempo hasta que todo esté en orden para partir al otro lado. Luego entrando en la barca
haciendo todo lo necesario para salir y que no haya ningún sobresalto durante el viaje.
Mientras están zarpando todos en la orilla lo observan y le gritan ¡Maestro vuelve pronto!, él
al mismo tiempo saluda, y los despide bendiciéndolos. Con los preparativos del navío Jesús
queda dormido. Mientras están navegando se desata una tempestad con un gran viento que
hace que las olas comiencen a entrar en la barca; la vida de los tripulantes corre riesgo, incluso
hasta la del mismo Jesús. Los tripulantes en la nave comienzan a realizar todo tipo de
maniobras para evitar la tragedia. No saben más que hacer, utilizan todas las medidas para
evitar el hundimiento de la nave, pero es inútil. Como última alternativa, lo despiertan a Jesús,
¡Maestro!, ¿No tienes miedo que vamos a morir? Entonces Jesús se levanta reprende al viento
y le dice al mar: ¡Caya, enmudece! Y al instante el viento y las olas dejan de sacudir a la nave y
se produce una calma en todo el amplio mar.
Pienso (la historia así lo hace entender) que todos comienzan a preguntarse ¿Quién es este
Jesús? Todos atónitos haciéndose preguntas. Tremenda experiencia vivida en ese instante. De
pronto, con sólo unas pocas palabras pronunciadas por Jesús, todo vuelve a una completa
calma como si la tormenta no hubiese acontecido. Creo que si yo estaba presente hubiese
estado atónito. ¿Cómo pudo hacerlo? ¿A dónde fue la tormenta? ¿Quién es éste que hasta la
misma naturaleza le obedece? Hasta que no se pisó tierra firme todos habrán estado
preguntándose y buscando explicación de lo sucedido. Un Jesús que estaba durmiendo, lo
despiertan y con tan solo decir unas palabras al viento y las olas, estas le obedecen y cesa la
tempestad. ¡Nunca nada igual!
Tenía esta historia en mi mente por muchos días, reflexionaba al respecto y me hacía
preguntas acerca de lo sucedido en la barca, y que reflexión podría tener al respecto.
“De repente suceden tempestades en nuestras vidas donde no encontramos el modo de que
todo vuelva a la normalidad, a la quietud, al confort de como estábamos antes. Una terrible
situación impacta en nosotros y ahí estamos, tratando de sobrellevarla, sin que nuestra “nave”
se nos hunda. Lo teníamos todo bajo control. Pero algo pasó, y ahí estamos, luchando para no
caer o hundirnos. A toda costa buscamos la manera de “sobrevivir”, porque es así como
muchas veces nos sentimos, queriendo sobrevivir”.
Las personas de hoy andan así, cuando se presenta una situación trágica, buscan la forma de
seguir adelante. Parejas que quieren continuar con la relación, pero siguen los conflictos.
Personas que han perdido su trabajo y aún no consiguen otro. Hijos rebeldes que a todo le
cuestionan. De repente todo viene en caída, no hay forma de buscar una solución, porque se
desmorona por todos lados. Así como la tormenta de la historia, no se ve una solución al
respecto. Se trata de que no se hunda la nave porque las olas comienzan a llenar de agua
donde pisamos y nos podemos hundir. Y así es como cada día las personas tratan de seguir
adelante. Ya no se trata de vivir, sino de ser un sobreviviente.
Por otra parte, en la historia veo a un Jesús que esta acostado durmiendo, allá en la parte de
atrás de la nave, en medio de la tempestad, como si no pasara nada. No teniendo en cuenta la
gravedad de la situación. Es un Jesús que descansa sabiendo que todo sigue como cuando
zarparon de la orilla. Pareciera desconectado de la realidad. ¿Acaso Jesús no siente que la nave
se está moviendo bruscamente de un lado hacia el otro? ¿Y las olas que impactan contra la
nave?.
Utilizando un poco de mi imaginación, pienso que Jesús sabía quién estaba al control de todo,
y era su Padre celestial; se me viene a la mente la siguiente escena:
Cuando un hijo va al parque con su padre y el hijo le pide a su padre que lo columpie en la
hamaca, éste va a estar confiado de que no va a pasarle nada, porque tiene plena seguridad de
que nada va a sucederle, pues es su padre quien está columpiándolo.
En la historia que narrada en la biblia Jesús estaba de esa manera, dejando que su Padre lo
meciera. El Padre celestial estaba columpiando a su hijo Jesucristo, por eso dormía, sin
preocuparse.
Ahora bien, las personas de hoy desconocen a ese Jesús que es columpiado por su Padre en
medio de la tempestad. Viven desesperadas, buscando una salida a los problemas. Luchan por
mantenerse a “flote”, no encuentran salida por ningún lado. Inmersas en constante búsqueda
de una solución a las diversas crisis que viven.
Cuando la “nave” –sus propias vidas, familia, situación económica, deudas, matrimonio, etc-
comienza a dar señales de no seguir adelante, acuden a “ese” Jesús que estaba durmiendo
plácidamente.
Es entonces cuando despiertan a Jesús, es ahí donde lo reconocen como dueño y Señor de
todo, como el único que puede convertir el viento fuerte y las impetuosas olas del mar en una
calma completa. Ahí es donde Jesús recién toma participación.
El Jesús de la barca es paciente con aquellos que no acuden a Él en primera instancia. Deja que
continúen sin interrumpir sus planes.

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