Sei sulla pagina 1di 100

ABREVIATURAS

AA

Acción de amparo

ACPP

Antiguo Código Procesal Penal o Código de Proce-

dimientos Penales de Lg4o

Art

Artículo

CE

Constitución Española

C de P.P. Código de Procedimientos Penales de ry4o CPP LggL Código Procesal Penal de r99r LECRIM Ley de Enjuiciamientos Criminales de España

LOPJ

Ley Orgánica del Poder Judicial

LOMP

Ley Orgánica del Ministerio Público

NCPP

Nuevo Código Procesal Penal o Código Procesal Pe-

nal de 2oo4

PA

Proceso

de Amparo

PHC

Proceso de Hábeas Corpus

PNP

Policía Nacional del Perú

R.N.

Recurso de Nulidad

STC

Sentencia del Tribunal Constitucional

STS

Sentencia del Tribunal Supremo

TC

Tribunal Constitucional

rr

EI

o

E

a

FJ

U

o

6

E' z

cr)

$

PRESENTACIÓN

El proceso penal apunta a solucionar un conflicto social de relevancia penal, tratando de llegarse a encontrar una solución justa para todas las partes implicadas. Muchos procesos culmi-

nan rápidamente, bien con salidas tempranas o herramientas de

simplificación procesal; otros por el contrario, continúan hasta

el final, esto es, hasta llegar a la emisión de una sentencia ab-

solutoria o condenatoria. Para este último caso, ha pasado por un procedimiento llamado actuación probatoria, que luego de la misma el luez de juzgamiento se encuentra expedito para pro- nunciarse por ambas alternativas, lo que no soslaya que en las salidas tempranas o de simplificación procesal no se tenga en

cuenta lo relacionado a los elementos de prueba.

Durante el proceso penal, todo lo referido a la prueba tiene

un recorrido, esto es de su nacimiento, ofrecimiento, incorpora- ción, actuación y valoración. Se puede iniciar desde el momento

mismo que se acude a la escena del crimen donde se pueden

recoger indicios, muestras, datos que van a constituir el material

probatorio y que puede servir mucho para establecer la imputa-

ción.

El Código Procesal Penal peruano de zoo4 (NCPP), ha in- corporado un capítulo referido a la prueba penal, señalando una

serie de temática que hoy por hoy, ha generado un amplio debate

en cuanto a la interpretación y aplicación diferenciada que se

viene realizando por los operadores.

Desde siempre, el tema probatorio ha sido muy debatido.

Reiteramos, la doctrina no es unánime, como tampoco lo es la

jurisprudencia. Estamos acostumbrados a utili zar con frecuen- cia las pruebas comunes o clásicas como, la testimonial, pericial o la prueba documental, manejada con mucha frecuencia en los

r-{

F1

o

rr

rrl (t)

EJ

U

o

o

z

a FI

$

JONCC ROSAS YATACO

casos, bien paraabsolver o para condenar. Esto quiere decir, que

no estamos muy familiarizados, por ejemplo, con la prueba indi- ciaria, cuando sabemos que muchos de los delitos que se come-

ten -sobre todo los complejos- pueden ser bien aplicados este

tipo de prueba.

La presente publicación está dedicada al estudio de la prue-

ba penál en todas sus manifestaciones dentro del contexto del Cóáigo Procesal Penal. Para ello, hemos acudido principul y priorltariamente, a nuestra doctrina y jurispruclencia nacional,

toda vez que existe un auge vertiginoso desde algunas décadas

de los estüdios en materia procesal penal que se ha agudizado últimamente, a partir de la adopción de un modelo procesal de

avanzada.

Nuestra jurisprudencia, por otro lado, viene consolidando la predictibilidad que deben tener las decisiones de los magistra-

áos del sistema penal, unificando criterios que facilita el trabajo

de sus operadores.

En estos dos volúmenes, se han distribuido todo lo concer-

ct)

r¡l

z

I

U

n

r¡¡

a t¡l

F]

(,

t¡¡

F]

niente a la prueba, empezando desde su concepción, naturaleza, finalidad, clases, medios y aspectos o temas importantes, como la prueba preconstituida, prueba anticipada, prueba ilícita, con-

venciones probatorias, sobreabundancia de pruebas, entre otros.

Ni que decir de los medios de prueba típicos, las pruebas espe-

cialés así como la búsqueda de prueba con restricción de dere- chos. Además, uno de los temas centrales como la valoración de la prueba. Pues, todos tenemos en cuenta que un Proceso garan' tista es aquel que cumple con respetar los derechos y principios que son inherentes en todo trámite a todos los sujetos procesa- lés. Pero la garantía de una sentencia condenatoria solo es posi- ble a través-de la valoración correcta que se haga de la prueba.

Esa prueba que ha sido recogida previamente en la investigación

y que ha recorrido un camino hasta llegar a consagrarse como

tal para su debida valoración por el ltez.

Hemos recurrido también a la bibliografia y jurisprudencia

española, argentina, colombiana y otros, tratando en algunos ca- sos de reforzar la nacional, dada la similitud de la legislación con

$ otros países.

Le PnueeA EN EL Nuevo PRoceso peruel

Thmbién debemos de señalar que estos dos volúmenes cons-

tituyen algunos apuntes de la prueba penal que venimos ense-

ñando en nuestra actividad académica, el cual progresivamente

vamos a ir mejorando con el aporte de la crítica constructiva que

seguro y esperamos, nos harán llegar.

Esperamos de esta forma contribuir con nuestra publicación a todos los interesados en el tema probatorio bajo efnuevo mo-

delo procesal penal, agradeciendo al señor Mario Martíne z de

Ediciones Legales por la confi anzay la publicación.

Magdalena del Mat o6 de junio de zot6.

lorge Rosas Yataco

Profesor de Derecho Penal y Derecho Procesal Penal

r<

E1

o

F

U) EI

rI'

U

o

o

a lr z

$

ASPECTOS GENERALES DE LA PRUEBA

1. PRELIMINAR /

El proceso penal apunta a solucionar un conflicto social de relevancia penal, tratando de llegarse a encontrar una solución justa para todas las partes involucradas. Muchos procesos cul- minan rápidamente, bien con salidas tempranas o herramien-

tas de simplificación procesal; otros por el contrario, continúan

hasta el final, esto es, hasta llegar a la emisión de una sentencia absolutoria o condenatoria. Para este último caso, ha pasado por un procedimiento llamado actuación probatoria, que luego de la misma el juez de juzgamiento se encuentra expedito para pro- nunciarse por ambas alternativas, por ejemplo. Entonces, esto significa que para llegar a dicha conclusión, el proceso penal ha

tenido un inicio y todo un itinerario para llegar hasta el final.

Es en ese recorrido que se realiza en el proceso penal

cipalmente desde el inicio, donde empieza una actividad

¡

prin-

llama-

da probatoria. Es decir, que al final el proceso penal depende de la actividad probatoria que se haya desarrollado parallegar a la convicción jurisdiccional. Desde el momento mismo de la

escena del crimen donde se pueden recoger todo el material probatorio, se puede tener una prognosis de lo que finalmente

ocurrirá.

Ahora bien, sabemos que cada delito que se investigue invo-

lucra realizar una metodología de trabajo para las indágaciones y qué acto procesal debe efectuarse para probar el mismo. Por

ejemplo, en un hecho de homicidio donde la víctima muere al parecer por un disparo de arma de fuego, las diligencias necesa-

lit

do

y urgentes, son las del levantamiento del cadáver, acto segui- la orden de la necropsia a fin de determinar fehacientemente

la causa de la muerte y el agente causante de la misma. Luego de

r.{

rn

o

(t) ln F

EJ

U

o

o

z

(r) rn

$

JoRce Roses YRrRco

haberse determinado este, vienen los actos de investigación rela-

cionados a establecer la identidad de la Personas o personas que

han ocasionado la muerte de la víctima, si se ignora. Para ello, se

tendrá en cuenta la estrategia para obtener los datos necesarios

para dicho fin. Por ejemplo, si hubieron testigos Presenciales,

iestigos referenciales o testigos indirectos. Si esto no es así puede

ocurrir que dicho acto delictivo puede haber sido registrado en audio y video. Pero aún si no fuera así, es posible que en la es-

cena del delito o de los hechos encontremos algunas señas, res- tos, o indicios que van a ir abonando una hipótesis. Así pueden recogerse restos de Sangre, de saliva, de semen o cualquier otro

que pueda interesar a la criminalística. A veces, se encuentran documentos, fotografías, manuscritos o cualquier otro dato que

ct)

r¡l z

o

U

o

r¡l

C')

r¡l

(,

r¡l

F]

sirva a la investigación.

Toda esta serie de actos no son más que

actividad probatoria

hechos.

Esto significa que debemos de elaborar protocolos de actua- ción para determinados tipo de investigación. Hoy que la crimina- lidad organizada se viene acentuando, se exige una respuestaqara asumir dicho reto y enfrentar con solidez dicha delictuosidad.

El Código Procesal Penal de zoo4 (NCPP), ha incorporado

un capítulo referido a la prueba penal, señalando una serie de

temáticas que, hoy por hoy, han significado también toda una

discusión, debate por una interpretación y aplicación diferen-

ciada por los rnismos operadores. Temas como, por ejemplos;

la prueba preconstituida, prueba anticipada, la prueba ilegal, la prueba trasladada, la prueba indiciaria, entre otros. Asimismo, si en la aplicación de la terminación anticipada se debe entrar

a una apreciación del material probatorio, como en las conclu-

siones anticipadas del juzgamiento. Otros como cuándo se pue-

de hablar de sobreabundancia de prueba, o de las convenciones

que van a ir sumando para esclarecer los

probatorias, etc.

El antiguo C. de PP de Lg4o (ACPP) no reguló absoluta-

mente nada sobre la prueba, lo que ha ocurrido con el NCPP

1o que no quiere decir que con el viejo código no se ha venido

ü desarrollando una ricd doctrina jurisprudencial prosatoria. Este

LR Pnuese EN EL Nuevo Pnoceso Peruel

tema, es sin duda alguna muy complicado y de ahí que aún su aplicación en toda su dimensión no se viene realizando.

Desde siempre, el tema probatorio ha sido muy debatido.

Reiteramos, la doctrina no es unánime, como tampoco lo es la

jurisprudencia. Estamos acostumbrados a utilizar con frecuen-

cia las pruebas comunes o clásicas; la testimonial, pericial o la

prueba documental, manejada con mucha frecuencia en los ca-

sos, bien paraabsolver o para condenar. Esto quiere decir que no

estamos muy familiarizados, por ejemplo, con la prueba indicia- ria, cuando sabemos que muchos de los delitos que se cometen -sobre todo los complejos- pueden ser bien aplicados este tipo

de prueba, aun cuando ya se viene utilizando en sendas decisio-

nes jurisprudenciales, aún falta mucho por recorrer, afinando y

mejorando la doctrina jurisprudencial, cuya tendencia debe ir

consolidándose. La perspectiva del debido proceso se impone en el procesa-

lismo contemporáneo, no solo para abordar el estudio integral

y unitario del derecho procesal, sino también y principalmente

para la conceptualización y desarrollo del derecho probatorio, como disciplina que va cobrando cada vez más autonomía, en

cuanto implica derechos fundamentales y garantías constitucio-

nales, reconocidas en el ámbito internacional, con la connota- ción de verdadero derecho sustantivo y no simplemente adjeti- vo, dada su trascendencia e implicaciones, n orden al respeto por la dignidad humana, cual imperativo supremo de todo el or- denamiento jurídico que orienta la práctica probatoria judicial'.

Todos tenemos en cuenta que un proceso garantista es aquel

que cumple con respetar los derechos y principios que son in-

herentes en todo trámite a todos los sujetos procesales. Pero la

garantía de una sentencia condenatoria solo es posible a través de la valoración correcta que se haga de la prueba. Esa prueba que ha sido recogida previamente en la investigación como ele-

mento de pruebu y que ha recorrido un camino hasta llegar a

consagrarse como tal para su debida valoración por el juez.

lrl F

o

r

a FI

EI

U

o

o

z

(r) EI

1 DELGADO LLANO, Luís Fernando, El Debido Proceso Probatorio, en Reflexiones sobre el

sistema acusatorio, Librería Jurídica Sánchez, Colombia 2OOB, p.431.

ü

JONEE ROSAS YRMCO

Es interesante lo que comenta |uan Luís Gómez Colomer' en

el prólogo a la obra sobre Prueba y Proceso Penal, cuando señala

que el derecho probatorio es un tema crucial toda vez que sus

reglas y práctica en el proceso penal, en los últimos tiempos está

viendo cómo sus tradicionales dogmas y postulados, que prác- ticamente nadie discutía en lo doctrinal, están cambiando pro- fundamente, en algunos casos se están incluso desmoronando, debido sobre todo ala aparición de nuevas formas de delincuen-

cia muy graves, complejas y organizadas que el Estado ve impo-

tente multiplicarse día a dia, alas que no se puede enfrentar con

procesos penales de corte clásico, ni, por tanto, con normas pro-

lesales tradicionales. Agregando que los principales problemas

Porque

que se están planteando en la prueba en el proceso penal,

se está en un momento muy complejo y conflictivo en nuestro

proceso, debido sin duda alguna a estos tres factores:

a) El gran aumento de la delincuencia, cada vez más organizada

y s-ofisti cada, cada vez más grave y cruel también, que hace

más difícil su persecución y castigo con las normas que hasta

ahora tenemos y con el proceso Penal actualmente vigente,

lo que lleva a muchos casos de absolución o mínima conde-

na precisamente por defectos relacionados con temas proba-

torios.

En efecto, en el Perú es frecuente los delitos de extorsión, que

muchas veces se originan desde los establecimientos penales o se planean esa actividad delictuosa, merced a la posibilidad

de contar con un medio de comunicación, como es la utili-

zación de los teléfonos celulares. También los delitos de trata de personas, donde con la apariencia de un negocio lícito se

u)

r¡l z

o

U

o

t¡¡

ct)

rq

L) rq

F]

oculta este delito, entre otros.

Es de mencionar que a partir de julio del año zol4, en el

Perú ha entrado en vigencia la Ley N" 3oo77,la misma que

establece el procedimiento en criminalidad organizada, esto

como consecuencia del avance incontrolable del accionar de

Ia delincuencia en el cual el Estado tiene que poner freno no

2 Pruebo y Proceso Penol: onálisis especiol de la pruebo prohibida en el sistema españoly

ü en el derecho comporado, Tirant lo Blanch, Valencia 2008, p. 9 y ss.

Ln Pnueal EN EL Nu¡vo Pnoceso Peruel

solo con medidas legislativas sino desde un accionar en con-

junto y con líneas precisas de prevención.

Del mismo modo para contrarrestar esta actividad ilícita

que util izando teléfonos celulares para cometer su delito, se

ha dictado el Decreto Legislativo N" tr9z, publicado en el

diario oficial El Peruano el z7 dejulio del año zol1,llamada

la Ley de Localización y Geolo calización, el cual permite a la Policía en caso de flagrante delito, solicitar a la entidad respectiva la localización de la llamada y como consecuen-

cia de ello proceder a detener a la persona, todo esto sin la

attorización del fiscal y menos del jtez, ello so pretexto de

'tombatir la delincuencia y el crimen organizado, sin mayor contratiempo i

b) La aplicación metódica de normas y reglas probatorios sin la

necesaria meditación y reflexión,lo que está llevando a la ju-

risprudencia muy discutible, cambiante e insegura en mate-

ria de prueba en el proceso penal, v. gr., en temas de prueba

prohibi da, creándose grave confusionismo en la práctica ac- tual.

Esta situación, indudablemente hace impredecible una de-

cisión judicial en casos similares, lo que genera que no haya

un criterio común en el manejo de la actividad probatoria. Por lo general se produce en la admisión de los medios de

prueba, cuyos criterios aplicados por el luez de la Investiga-

ción Preparatoria son disímiles en casos similares. Del mis- mo modo, en cuanto a su valoración.

Lo cierto es que será en todo caso la Corte Suprema o nuestro

Tribunal Constitucional quien marque el derrotero a través

de sendas y precisas decisiones respecto a la prueba ilegal, prueba irregular, entre otras.

c) La influencia de cambios estructurales en el proceso penal, por

cierto todavía, sin una nueva y moderna LECRIM, que afec- tan a las instituciones y que todavía no tienen una solución

inequívoca, v. gr., reformas acusatorias sin tener aún un nue- vo proceso penal basado realmente en el principio acusato- rio, en su sentido más puro anglosajón, o falta de una regu-

7L

rr lr

o

rr

tr

C,)

rr

g

o

o z

EJ

Ct)

$

Jonc¡ Roses Ynreco

lación legal mucho mejor que la actual sobre los límites del

arbitrio judicial y sobre la conformación de sus facultades

discrecionales, tema clave en un Derecho Probatorio de al-

tura, a pesar de su constante aplicación diaria en Ia práctica.

En el caso peruano, felizmente contamos con un nuevo Pro- ceso penal de corte acusatorio y garantista, donde se ha di- señado un proceso tipo que es el común y que sirve de base a los demás procesos especiales, estableciéndose las reglas claras para cada una de ellas. Sí es cierto que con estos cam-

bios tiene que pasar un tiempo de maduración, toda vez que se trata de un transcurso que si bien va a ser parsimonioso, pero por otro lado, también 1o es que con la práctica diaria se

van a ir consolidando algunas Posturas o criterios que mu-

cho ayuda, la doctrina, la jurisprudencia y la decidida aplica-

ción práctica de los operadores jurídicos.

El mismo autor3 español hace mención a cuestiones proble- máticas en torno a la prueba y que vamos a verificar que dichos

problemas también son frecuentes o de real preocupación en nuestro medio como son:

a) El alcance exacto de la protección constitucional del artículo

24.2 de la Constitución española. El derecho fundamental a

utilizar los medios de prueba pertinentes para la defensa del

c/)

r¡l z

o

U

o

r¡l

u)

r¡l

F]

(,

f¡l

F]

$

imputado o acusado previsto en esa norma constitucional,

con trascendencia inmediatay directa Para los poderes pú-

blicos obligados así a favorecerlo, es entendida hoy prácti-

camente sin fisuras por nuestra prácticajudicial diaria. Sin

embargo, existe algún aspecto oscuro que merece nuestra atención investigadora. Por ejemplo, cómo encuadrar el de-

recho fundamental a la prueba del acusado en aquellos casos

en los que está obligado a probar v.gr., su alegación de legíti-

ma defensa.

En el caso peruano, no es pacífica la discusión, Pues ya se ha

señalado en reiterada jurisprudencia constitucional y judi-

cial que el derecho a la prueba se encuentra ínsito en el De-

3

lbídem.

t2

LR Pnueee EN EL NUEVo PRocESo PEruRI

bido Proceso, de igual forma esta derecho se conecta con la

libertad probatoria, el cual implica que todo medio de prue- ba puede servir en el proceso, ello en la medida que reúna los requisitos de pertinencia, conducencia, utilidad y sobre

todo de legalidad.

b) Nuevas ideas en torno a la prueba prohibida. El Tribunal

Constitucional español ha ido perfeccionando paulatina- mente su doctrina y, con ello, la aplicación práctica de la lla- mada prueba obtenida iIícitamente (art. 11.1 LOPI). Fuera ya de toda duda hoy que las consecuencias de la estimación de una prueba prohibida no puede ser siempre Ia nulidad

del proceso, pues existen casos en los que el descubrimiento

inevitable de los hechos hace que solo se produzcala nulidad

de la prueba obtenida ilícitamente, muchas teorías susten-

tadas por nuestro Tiibunal Constitucional están llevando a un ulterior replanteamiento de estas cuestiones, básicamente por la llamada exigencia de Ia conexión de antijuricidad y la

validez de pruebas indirectas obtenidas al practicar ilícita-

mente la directa, que están produciendo en estos momen- tos en la práctica importantes inseguridades interpretativas

y que están afectando también al derecho fundamental a la prueba del art. 24.2 CE, antes citado.

En nuestro país, mucho ya se ha escrito y se ha decidido so-

bre Ia prueba prohibida, a raiz de una serie de sucesos que

han venido desarrollándose desde la década de los noventa

con los llamados "vladivideos" o los también denominados "petroaudios". Lógico es de considerar que el desarrollo le-

gal, doctrinario y jurisprudencial tiene que ir de avanzada,

estableciendo criterios conforme la delincuencia también se

estratificay se especializa, de modo que sobre este tema no

puede arriesgarse a que sea hermético, por el contrario tiene

que innovarse también.

c) ¿Existe o no existe carga de la prueba en el proceso penal? siempre se ha dicho que en el proceso penal no existe carga de la prueba porque el principio de la presunción de inocen-

cia desvirtúa este concepto. Pero la realidad cotidiana de-

13

F.{

EJ

o

a E' F

FI

U

a

o

z

a F'

$

JORGE ROSRS YITRCO

muestra que sí es posible hablar de carga de la prueba en el proceso penal, aunque con un contenido diferente al que tiene en el proceso civil como es lógico, dada Ia diversidad de principios que rigen en ambos procesos. Y es posible hablar en este sentido de carga de la prueba para el fiscal en este

doble sentido: carga de producción de la prueba (buscar a

los testigos, v. gr.), y si decide ir a juicio, carga de persuasión

probatoria, para convencer al juez, y en su caso al jurado, de

que su acusación está fundada, como dirían en Estados Uni- dos de Norteam érica más allá de cualquier duda razonable.

Pero la defensa también debe afirmar una posición activa,

lo que Ie obliga (carga) a probar, por ejemplo, su alegación

de legítima defensa, o de trastorno mental, o si posee una

coartada, como veíamos hace un momento, lo que en cierta manera produce una inversión de la carga de Ia prueba, pues

el fiscal estaría obligado, si quiere triunfat a demostrar si- guiendo con el mismo ejemplo que no ha existido realmente legítima defensa.

En nuestro sistema procesal, sobre todo en las medidas coer-

citivas como la prisión preventiva, si se alega que el imputa-

do tiene arraigo laboral, domiciliario o familiar, deb erá de

demostrarlo y convencer al juez en procura que se dicte una

medida menos gravosa, por 1o que consideramos que el fiscal

no está obligado a demostrar que el imputado tiene arraigo

laboral, por el contrario la defensa se encargará de presentar

los documentos que acrediten que tiene trabajo en alguna entidad pública o privada. Ahora bien, lo que no está obli- gado a demostrar es su inocencia; quien tiene obligación

V) de demostrar es el fiscal si lo acusa de un hecho punible;

r¡¡ z

c

U

o r¡l

u)

r4

no obstante ello, puede eI acusado presentar los medios de

prueba que crea pertinentes e idóneos que puedan servir

para contrarrestar a la del fiscal y crear una duda razonable

sino una absolución si el principio de la inocencia no ha sido

F]

desvirtuado siquiera con una suficiente actividad probatoria.

La carga probatoria siempre se ha considerado como un

mito, esto es, que le corresponde solo al acusador, sin embar-

$ go en la actualidad no es de recibo, hoy por hoy se habla de

F]

rq

(,

L4

LA PRUEBA EN EL NuTvo PRocEso PeruRI

la inversión de la carga de la prueba, en determinados casos,

como el delito de lavado de activos, por ejemplo.

d) ¿Existen reglas de valoración legal de la prueba en el proceso penal?. La clásica afirmación de que no existe la prueba tasa- da en el proceso penal, debería someterse también a revisión,

porque si nos fijamos bien, sí que habría reglas de valoración

legal de la prueba en el proceso penal, como nos demuestra

el propio principio in dubio pro reo, que impide al juez hacer

lo que quiera si hay duda probatoria.

Nuestra legislación peruana opta por una valoración que el

juzgador debe otorgarle a cada prueba actuada para luego

realizar una valoración conjunta, ello acorde a una sana crí-

tica motivando adecuadamente la sentencia a que arribe. Sin

embargo, consideramos que el desarrollo de dicha valora- ción todavía es incipiente, apuntando en todo caso a afinar la

motivación teniendo en cuenta los desarrollos actuales de la

teoría de la argumentación que últimamente han alcanzado un aceptable nivel de estructuración.

e) ¿Cuál es el verdadero alcance del principio de la presunción

de inocencia?. El reconocimiento en el art. 24.2 CE del dere- cho fundamental del acusado a la presunción de inocencia ha venido a resolver problemas trascendentales del proce-

so penal, desde su inicio hasta la sentencia, pero ha creado

otros que en absoluto están resueltos. De entrada, es falso

que el acusado no tenga que probar su inocencia porque le

favorece el principio de presunción de inocencia, ya que, y vuelvo de nuevo al tema desde otra óptica, la alegación de

determinadas eximentes o negaciones de alguno de los ele-

mentos del tipo, como dice nuestro Tribunal Supremo, o de

la propia coartada, le obliga más allá a una defensa activa

que invierte la actitud probatoria, en absoluto como presun-

ción, impone al Estado y al acusador no público la necesidad

de probar la acusación (por eso es un derecho constitucional

del acusado) sin duda alguna, pero, ¿le impone también el

deber de probar que el acusado no actuó en legítima defensa

con el mismo grado de convicción? En nuestro sistema exis-

15

ln F

o

rr

v) lr

rr

U

o

o z

a lr

$

JoRGE Rosns YAreco

te