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CAPITULO

XVIII

LAS CONTROVERSIAS CRISTOLOGICAS

Este esquema teológico esencial de la primitiva comunidad cris-


tiana fue mantenido inflexible por los apóstoles, guardianes de la
tradición. Pero a medida que éstos fueron desapareciendo, no falta-
ron desviaciones del credo cristiano en determinados sectores, pro-
cedentes del judaísmo o del helenismo, conforme a las categorías
mentales atávícas de cada grupo. El Cristianismo tiene su cuna en
Palestina en un ambiente netamente judaico, pero pronto se propagó
por el mundo helénico, y su mensaje tuvo que chocar con las concep-
ciones eclécticas del paganismo. San Pablo en sus Epístolas de la cau-
tividad, trata de hacer frente a los primeros ensayos de infiltración
proto-gnóstica en las filas del Cristianismo. Jesús no es un eón crea-
do, sino "la potencia del Padre" y la "primera creatura" l. San Juan,
lustros después, tiene que oponerse al docetismo, presentando a Cris-
to como el Verbo increado del Padre, Dios como El, encarnándose en
la tierra con un cuerpo real.
En el siglo III surgieron las primeras herejías dentro de la comu-
nidad cristiana. Para los oriundos del judaísmo la divinidad de Jesús
era difícilmente asimilable. No había más que un Dios personal, y,
por tanto, no era concebible una segunda Persona que se humanase
para llevar a cabo la redención. Para salvar este monoteísmo judaico
estático surgió la interpretación monarquianista, que tenía dos mo-
dalidades: la de los patripasianos (Cristo es una manifestación te-
rrestre del Padre) y la de los dinamistas (Cristo es una tuerza = dy-
namis creada por el Padre). Según los primeros, Dios se manifestó
en la creación como Padre y en la Redención como Hijo. La misma
"mónada" ha creado el mundo, se ha encarnado y ha sufrido en la
cruz. De ahí el nombre de patripasianos, aplicado a los patrocinado-
res de esta teoría: Noeto de Esmirna, Praxeas y Sabelio. Este error fue
condenado en 260 por el papa Díonísío, el cual puntualizó los con-

1 Col. 1, 15; en este capítulo resumimos la excelente exposición de K. ADAM,


O. c., 78-106.

23

••
..
354 JESUCRISTO COMO PROBLEMA

ceptos, presentando a Cristo como Persona divina distinta del Padre.


En este documento se desecha la hipótesis de que Cristo fuera hechu-
ra (HoL'7f'el)
del Padre, como proponía Dionisio de Alejandría. Con esto
corregía los brotes de subordinacionismo, que sostenía que el Hijo era
una criatura del Padre.
Los ebionitas -de procedencia judaica- presentaban a Cristo co-
mo sujeto de una fuerza (OVVelf'L,) divina, negándole la categoría de
Persona. Cristo era un puro hombre en el que habitaba una fuerza
divina. Partidarios de esta teoría eran Teódoto de Bizancio y Pablo
de Samosata, obispo de Antioquía, depuesto en el 268. Este heresiarca
decía que el Hij o era consustancial (of'oov(no,) al Padre, pero no en el
sentido entitativo, sino dinámico, es decir, tenía una fuerza espiritual
especial que provenía del Padre.
Una vez asentado oficialmente por la autoridad eclesiástica que
Cristo era Dios y no una criatura, quedaba por aclarar cómo se dis-
tinguía del Padre. En los Evangelios hay algunas frases misteriosas
de Jesús que parecen indicar cierta subordinación de El al Padre: "El
Padre es mayor que yo" 2, "sólo uno es bueno: Dios" 3. Por otra parte,
Filón, siguiendo a Platón, había enseñado que Dios es tan trascen-
dental, que no puede relacionarse directamente con las criaturas, si-
no que necesita un ser intermedio al que llama Logos. Conforme a es-
te supuesto, algunos cristianos de origen helenista identificaron este
Logos con el Logos de san Juan, y así concibieron a Cristo como cria-
tura, inferior a Dios aunque superior a los ángeles. Es la tesis del su-
bordinacionismo. El Lagos existía germinal o embrionariamente en el
Padre, y tuvo su plena eclosión personal en la creación y encarna-
ción. No es eterno como el Padre, ni es engendrado en el seno del
Padre, sino que es hecho por la voluntad de Dios. Así no es Hijo de
Dios por naturaleza, sino por gracia. Esta hipótesis será mantenida
y explicitada por Arrio poco después. Frente a esta interpretación
herética se levantó Orígenes, el cual mantuvo la generación eterna
del Hijo.
El arrianismo es una concepción sincretista que intenta ensamblar
concepciones helénicas .Y cristianas. Partiendo del supuesto de que
. Dios no puede relacionarse directamente con el cosmos -conforme a
las ideas neoplatónicas-, el Hijo es precisamente ese "eón" interme-
dio, creado por Dios, sin ser consustancial -entitativamente- con
el Padre.
Contra esta hipótesis se levantó principalmente Atanasio de Ale-
[andría, el cual, después de probar la posibilidad de la actuación .de
Dios directamente en las creaturas y de asentar la necesidad de la
generación eterna del Verbo en el Padre, y la divinidad de Cristo
como condición necesaria para la redención, logró que en el Conci-
lio de Nicea (325) se definiese que el Hijo era consustancial (0f'00VO"LO,)
al Padre en el orden de la esencia común. Más tarde -gracias a san
Basilio, san Gregorio de Nizancio y a san Agustín- se completó esta

Jn. 14, 28.


Mt. 19, 17.
LAS CONTROVERSIAS CRISTOLOGICAS 355

doctrina con la declaración de la generación eterna del Verbo y la


consustancialidad del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo.
)
En este supuesto la redención tenía su pleno significado, ya que
a Cristo no es un hombre, o creatura superior sobrehumana, sino la ma-
nifestación en el tiempo del mismo Dios. Es el Dios-hombre, con un
Yo divino, y, en consecuencia, sus actos tienen valor satisfactorio in-
~ finito.
1.
Supuesto que Jesús era verdaderamente Dios, quedaba el problema
)
sobre las relaciones de su naturaleza divina y su naturaleza humana.
t ¿Cómo se relaciona y deslinda lo divino de lo humano en Cristo?
1 Los docetas resolvían la cuestión negando la realidad humana de
l Cristo. Su cuerpo y muerte fueron sólo aparentes; la única realidad
en Cristo es el elemento divino. La base filosófica de esta teoría está
en la contraposición dualista entre el espíritu y la materia, Dios y
el mundo. Para los platónicos la única gran realidad era el espíritu.
Supuesta esta concepción, los gnósticos trataron de adaptar el men-
saje teológico evangélico a sus teorías, y así, considerando lo corpo-
ral como algo indigno de lo divino, supusieron que el cuerpo de Jesús
era puramente fantasmagórico y aparente. Contra esta hipótesis rea-
firma san Juan que el "Verbo se hizo carne"~. San Pablo había asen-
tado claramente que Cristo nació de mu+er 5. Los Padres Apostólicos
siguen la línea teológíca de los apóstoles; sobre todo, san ¡gnacio
de Antioquía insiste en la realidad corporal de Cristo frente a los
gnósticos de su tiempo.
Marción, partiendo del dualismo persa, supone que el Antiguo
Testamento es obra del demiurgo malo, y que Cristo es la aparición
del Dios o principio bueno. Su cuerpo era aparente, y, por tanto, su
crucifixión sólo fantasmagórica. Le impugnaron san Ireneo y Ter-
tuliano. Resucitadas sus teorías por los albigenses y bogomilas, fue-
ron condenadas en el Concilio de Lyón (1245) y de Viena (1311-12).
La Iglesia tenía interés en mantener la real humanidad de Cristo,
lo mismo que su divinidad. Aunque sabía que era un misterio la coe-
xistencia de lo divino y lo humano en una personalidad históríca, sin
embargo, conforme a los datos de la tradición evangélica y apostó-
lica, mantuvo intransigentemente la realidad misteriosa de Cristo
como Dios y como Hombre. "Sólo ya por este hecho, la imagen de
Cristo fue arrancada del sofocante dominio de las mítologías y teo-
fanías paganas. Los dioses paganos, hechos hombres, habían absor-
bido todo lo humano en su divinidad. No eran un hombre-dios, sino
un dios peregrino por la tierra, cuya figura humana era sólo apa-
riencia. En contraste con ello, la fe cristiana ha sostenido que Cristo
no es un Dios caminante por la tierra, sino un verdadero Dios- Hom-
bre" 6.
Sin embargo, fuera de la doctrina oficial de la Iglesia, no fueron
pocos los ensayos teológícos que intentaron explicar el misterio sa-
crificando una de las dos zonas -divina o humana- de Cristo. Así,
Arria, partiendo del hecho de que el Lagos es una criatura, un' semi-

4 Jn. 1, 14. 5 Gal. 4, 4. 6 K, ADAM, O. c., 90.

,
356 JESUCRISTO COMO PROBLEMA

diós, sostuvo que se unió al cuerpo de Jesús haciendo las funciones


de alma animadora del compuesto. Así, Cristo no tenía alma humana
y estaba integrado por el Logos y la carne humana. Naturalmente,
supuesta la no divinidad de Jesús y la mutilación de su naturaleza
humana en algo tan sustancial como el alma, no es concebible la
redención, ya que Cristo no podía merecer con valor infinito.
Apolinar de LaOdicea (m. en 390) admite la divinidad y humani-
dad en Cristo, pero trata de relacionar lo divino y humano en El re-
cortando la parte humana, que es como absorbida y animada por el
Verbo. En la encarnación el alma superior (anima inteüectuui: (1r1rveu-
IUJ., vou<;) fue sustituida por.el Verbo. En Jesús subsistía el alma infe-
rior (anima sensitiva: ¡fIuX'7). El Verbo o Logos era el principio psíquico
activo superior en la vida de Jesús. La parte humana de Jesús que-
daba reducida a sus reacciones vegetativas y sensitivas, pero carecía
de las intelectivas y volitivas. Así, Cristo es un "hombre celeste": su
cuerpo es humano, pero su espíritu divino. Ambos elementos cons-
tituyen una sola naturaleza, una sola sustancia, una sola persona
(,ut'" 'f"V<Tt<;, ,u.t" OU<Ttll, el' 7OpO<TWrrol'), términos usados por Apolinar como si-
nónimos. Suponiendo esta única naturaleza del Dios-hombre hecho
carne, creía salvar la impecabilidad de Cristo, pues le negaba el libre
albedrío humano. Naturalmente, estos postulados darían como fruto
el monofisismo (una sola naturaleza).
Frente a este esquema del Logos-carne reaccionan los antioque-
nos, con Teodoro de Mopsuesta al frente, proponiendo el Lagos-hom-
bre, insistiendo en la perfección de la naturaleza humana de Cristo.
No obstante, preocupados por salvaguardar la integridad de su na-
turaleza humana, caerán en el nestorianismo, que admitirá dos Per-
sonas en Cristo. El Apolinarismo fue condenado en el Concilio Cons-
tantinopolitano 1 (381) 7, que resaltó la necesidad de un alma humana
en Jesús. La humanidad tiene su plena vida anímíca espiritual. Lo
divino y humano en Cristo se unen sin mezclarse, no en una sola
naturaleza, sino en una Persona. Esta será la explicación que surgi-
rá después de las luchas contra los monofisitas.
Los antíoquenos, llevados de su propensión al historicismo, estu-
diaron el problema de Cristo partiendo del hecho de que fue un Hom-
bre perfecto. Los alejandrínos, en· cambio, por sus tendencias a con-
siderar lo bíblico desde el ángulo teológico, conforme a esquemas fi-
losóficos de raigambre neoplatóníca, insisten más en la naturaleza
divina de Jesús. De ahí surgieron dos errores contrarios: el nestoria-
nismo y el monofisismo; el primero exalta lo humano en Cristo, hasta
admitir una persona humana en El, mientras que el segundo sistema
exalta lo divino, negando lo humano que es absorbido por el Logos,
sacando las últimas consecuencias del Apo,linarismo.
En efecto, el Nestorianismo admitía en Cristo un yo humano per-
sonal, diferente del Yo divino del Lagos. Esto implicaba que la unión
entre lo divino y lo humano en Cristo no era sustancial, sino acciden-
tal, pues coexistían el yo humano y el Yo divino, unidos moralmente,

7 Denzinger, 86.
LAS CONTROVERSIAS CRISTOLOGICAS 357

no físicamente, poi' vinculación afectiva amorosa. Así, en Cristo hay


dos Hijos de Dios, uno natural (el Logos) y otro adoptivo (Jesús).
María, pues, no podía llamarse "Madre de Dios" (BeOTOI<O<,), sino "Ma-
dre de Cristo" (Xpta-TOTOKO,). Así, "Cristo aparecía como un ser doble,
como un santuario ambulante, en que el sumo sacerdote humano ado-
raba a su Dios. Ya no era el Cristo de Juan y de Pablo y tampoco
era el poderoso, maravillosamente fuerte, "yo" de los sínóptícos que
hoy moría en la cruz y pasado mañana resucitaba" 8.
Frente a este esquema doctrinal, en contra de los datos de la tra-
dición evangélica, reaccionaron los alejandrinos, deseosos de destacar
lo divino en Cristo, aun sacrificando lo humano. San Cirilo resaltó el
hecho de que el Verbo se hizo hombre, subsistiendo un solo Yo-Lagos
personal divino que se ha apropiado físicamente una naturaleza hu-
mana; la unión pues, de lo divino y humano en Cristo no es moral o'
, afectiva, sino física y permanente, no accidental. El Yo-Lagos no es,
pues, el resultado, sino el principio permanente de la unión. En Cris-
to no hay más que un Yo divino que como tal puede aplicarse a ac-
ciones divinas y humanas. Por eso se puede adorar a Cristo en su hu-
manidad, pues ésta pertenece al Verbo como sujeto personal, y en
ese supuesto se puede llamar a María "Madre de Dios", en cuanto que
el Yo personal que actúa la naturaleza humana, formada en su seno,
es divino.
San Cirilo en este esquema no llegó a la clasificación de los tér-
minos, declarando, como se hará después, que la unión de lo divino y
lo humano en Cristo no es según la naturaleza, sino según la Persona.
Nestorio le acusó de apolinarista, pero la doctrina del doctor alejan-
drino fue aprobada-en el Concilio de Efeso (431). En Cristo no hay
más que el Yo-logos con una naturaleza humana, tan íntimamente
unida al Lagos, que sus actos se atribuyen también al Logos.
Este esquema teológico fue adulterado después de la muerte de
san Cirilo, y así Eutiques explicó las fórmulas de aquél diciendo que
por la encarnación la divinidad y la humanidad de Cristo se fundie-
ron en una sola naturaleza (9)va-t,). Esto era volver al esquema Legos-
carne del apolinarismo, deduciendo sus últimas consecuencias: lo hu-
mano en Cristo ha quedado absorbido por lo divino: monofisismo. En
'el Concilio de Calcedonia (451) se aceptó la Carta dogmática del papa
Leóh 1 y se rechazó el monofisismo de Eutiques, que era una adul-
teración herética de lo definido en Efeso. Así, se definió que Cristo
era consustancuü a nosotros (o/J.Ova-w, r¡¡;.t,,) , que es el complemento de
la declaración del Concilio de Nicea, donde se decía que era consus-
tancial al Padre (o¡;.ova-w, TW 1ra.rpt). En Cristo, pues, hay dos naturalezas
perfectas y completas, divina y humana. La unión de ambas se da
en el Loqos-personal, Cristo no es un hombre divinizado, sino un Dios-
hombre 9. De este modo es Mediador y Redentor de la humanidad. El
Verbo actúa a través de una naturaleza humana auténtica y similar
a la nuestra, y así Cristo es el Pontífice que expía por los pecados de
la humanidad 10.

8 K. ADAM, O. C., 96. , Denzinger, 148. 10 Heb. 7, 26; 9, 11.

,
358 JESUCRISTO COMO PROBLEMA

La naturaleza humana ha sido asumida por el Verbo, pero no ab-


sorbida, como implican las teorías monofisitas. Cristo es hombre per-
fecto en todo lo que pertenece a la naturaleza humana. Pero la di-
ficultad está en aclarar cómo dos naturalezas perfectas e íntegras
-la divina y la humana- pueden coexistir en el mismo sujeto. La
solución está en la distinción filosófica entre persona (11;r00"7"<10"'",
7fpoO"W7fov) y naturaleza ('1'110"',,). En el Concilio de Calcedonia se distin-
guían estos dos conceptos, pero los teólogos Leoncio de Constantino-
pla y Boecío son los que asentaron que puede concebirse una natura-
leza sin personalidad propia. Y así, propusieron que el Logos es el
sujeto-personal al que va asumida la naturaleza humana en Cristo.
Según la nueva terminología, persona es lo que da la subsistencia a
la naturaleza. Conforme a esta clarificación de conceptos, el Con-
cilio Constantinopolitano II (553) definió que la unión de las dos na-
turalezas -humana y divina- en Cristo se realizaba "según la hi-
póstasis" (eVWO"'" x<1IJ'117f00"7<l0"'1'). Es la primera definición de la unión
hipostática o personal. Es lo enseñado en la carta dogmática de san
León Magno, el cual, siguiendo a Tertuliano, afirmaba una persona in
utraque natura: una persona en dos naturalezas. El Logos comunica
a la naturaleza humana su hipóstasis o persona, no sus atributos di-
vinos; le comunica su subsistencia eterna, en que radica la persona-
lidad. Así, la naturaleza humana de Cristo pertenece al Verbo, per-
drendo su independencia o subsistencia propia, que es suplida por la
del Verbo.
El esquema cristológico queda claro, pues se han deslindado los
conceptos para aclarar las afirmaciones evangélicas y apostólicas
sobre la doble naturaleza de Cristo y su personalidad. Las herejías han
sido la ocasión de aquilatar los conceptos teológicos, y el credo tra-
dicional aparece ahora más coherente dentro del misterio que en-
cierra.
A pesar de estas aclaraciones, el monofisismo siguió latente en
grandes zonas de las cristiandades de Oriente, particularmente en
Armenia y Siria, y aun en Constantinopla. A los monofisitas les preo-
cupa, sobre todo, la admisión de dos voluntades en Cristo, pues po-
día darse que la voluntad humana obrara en discordancia con la
divina, y así en Cristo habría posibilidad de pecado. Por ello el pa-
triarca de Constantinopla, Sergio, creyó salir al paso de este peligro
poniendo en Cristo una voluntad y una operación (el' fJeA6jJ-'J. K<1' /ua eVep-
')'e'<1) , es el monotelismo o monoenergismo. La naturaleza y la volun-
tad humana eran independientes de la divina sólo en potencia, no
in actu. El querer humano de hecho quedaba así siempre asumido y
absorbido por el querer divino. En Cristo el principio activo sería
únicamente el Legos.
El papa Honorio creyó que en esta rérmuía sólo se trataba de dés-
tacar la subordinación moral de la naturaleza humana de Cristo a
las exigencias de su Persona divina, y así, en su epístola a Sergio, ha-
bla de "una sola voluntad de Nuestro Señor Jesucristo". En la mente
del Pontífice se quería dar a entender que no podía haber contrapo-
sición de la voluntad divina y la humana en Cristo, sino que ésta se
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subordinaba a las exigencias de la divina. Pero la fórmula era am-


bigua, y podía dar pie al rebrote del monofisismo; y por eso en el
Concilio Constantinopolítano III (680-81) se condenó la tesis de Ser-
gio y el papa Agatón confirmó la decisión conciliar: "Y predicamos
igualmente en El dos voluntades naturales o quereres y dos operacio-
nes naturales (ouo 'PVO-<Ka ()€}I.1¡¡;.ara 'K(". O¡;.O 'P'UO-<Kac;6v6py€<ac;) sin división, sin
conmutación, sin separación, sin confusión, según la enseñanza de
los Santos Padres, y dos voluntades, no contrarias -iDios nos li-
bre !-, como dijeron los impías herejes, sino que su voluntad huma-
na sigue a la divina y omnipotente, sin oponérsele ni combatírla, an-
tes bien enteramente sometida a ella" 11. Así se salvaban las dos vo-
luntades en Cristo y su unidad moral, en cuanto que la humana se
subordina a la divina: "Hágase tu voluntad y no la mía" 12.
Además, aquí se insiste en que cada naturaleza tiene su opera-
ción propia: dos modos inconfusos de obrar en Cristo. La voluntad
humana tiene su libertad, y sus leyes psíquicas, pero siempre actúa
en consonancia con la voluntad divina, porque uno es el mismo su-
jeto personal, el Verbo. "La unión de la naturaleza con el Yo divino
no despoja la naturaleza humana en ningún aspecto, sino que la deja
como es y la conserva en su propiedad hasta el último acto de su
voluntad. Las leyes, por ende, de la fisiología y la psicología, según
las cuales se desenvuelve el obrar humano, conservan en la imagen
del Gristo de la fe todo su derecho y vigencia ... Las determinaciones
de la voluntad de Jesús llevan en sí la particularidad humana, en el
sentido de que están inspiradas por un entendimiento puramente hu-
mano y ejecutadas con humana libertad. Cristo no es, por tanto, un
milagro ambulante, que sólo aparentemente realizara actos humanos,
pero que en realidad obrara sólo divinamente. No es ciertamente sólo
hombre. Porque es Dios-hombre, la unión de su obrar y querer hu-
mano con lo divino es comparablemente más íntima que en nosotros.
Es una unión personal y permanente" 13.
En el siglo VIII brotó en España el adopcionismo, sistema que pro-
ponía -volviendo al nestorianismo- que Jesús era sólo Hijo adopti-
vo de Dios, por la gracia. En el Concilio de Francfort (794), presidido
por el legado del papa Adriano I, fue condenada esta teoría, decla-
rándose que la naturaleza humana de Jesús tiene por sujeto un Yo
divino, el Verbo. En el siglo XIX A. Giititñer resucitaba estas teorías
de sabor nestoriano al decir que, puesto que hay dos conciencias en
.Cristo -y la conciencia para él es la persona-es necesario admitir
dos personas en El: una, en potencia, humana; y otra, en acto, di-
vina. La humana, al despertar la razón, se uniría libre y consciente-
mente con la divina hasta unificarse con ella y formar una unidad
moral y dinámica. Así se podrá hablar de unidad personal en Cristo.
Esta hipótesis fue oficialmente condenada por Pío IX u. A princi-
pios de este siglo estas teorías resucitaron más o menos desfigura-

11 Denzinger, 291.
12 Lc. 22, 42.
13 K. ADAM, O. C., 105.
u Denzinger, 1655.

,
360 JESUCRISTO COMO PROBLEMA

das con el modernismo. En realidad, los modernistas iban más lejos,


ya que negaban el carácter divino de la persona de Jesús. Actualmen-
te los problemas cristológicos están de moda en el campo católico y
protestante. Entre los teólogos católicos se admite, naturalmente, el
esquema definido en Nicea, Efeso y Calcedonia, pero dentro del mis-
terio que envuelve la personalidad de Cristo, las escuelas buscan por
distintos derroteros aclarar los conceptos, y muchos teólogos se acer-
can a las posiciones monofisitas al querer destacar lo divino de Cris-
to, mientras que otros, al urgir demasiado lo humano en Cristo, se
acercan al nestorianismo. El Magisterio EClesiástico -custodio de la
tradicíón=- interviene frenando las exageraciones de ambos lados,
incluso condenando determinadas posiciones teológicas, como hemos
visto al estudiar la conciencia psicológica de Jesús.