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Unimonserrate

Jonntahan Mauricio Garcia Sanabria – Gabriel Umfinama Ntenda


Obra Paulina
Lectura detallada de la segunda carta a los Tesalonicenses
Docente: Gustavo Enrique Zamora, Pbro.
Fecha: 27-05-2019
Segunda de Tesalonicenses

1. Ocasión de la carta

La redacción de esta carta algunos la sitúan hacia el año 50, unos meses después
de la primera carta a los Tesalonicenses, al parecer Pablo sigue en Corinto; en la
carta se hace mención de Timoteo y Silas, que están con Pablo, se deduce por el
silencio del libro de los Hechos que una vez Pablo dejó Corinto Silas no volvió a
ser compañero suyo en el ministerio.1

Esta nueva carta dirigida a los cristianos de Tesalónica, está dedicada casi en su
totalidad a la aclaración de unas ideas sobre la venida del Señor, corrigiendo
falsas interpretaciones de ciertas enseñanzas del Apóstol sobre este tema.

Hoy por hoy, se discute quien es el autor de esta segunda carta. Se basan en que
la primera carta describe la venida del Señor como algo inminente, mientras la
segunda carta la presenta en tiempos distintos, impedida de momento por algo o
alguien que la retiene. Sin embargo algunos afirman la autoría de Pablo sobre
esta carta, dentro de los que están algunos padres y escritos patrísticos, como
Ireneo y la Didajé.2

Si se acepta que Pablo es quien escribe esta carta se puede decir que la
escatología de 1 Tesalonicenses fue mal interpretada por esta comunidad, al
igual que una carta falsificada que supuestamente era de Pablo, además de la
alteración de orden de algunos (Cf.2 Tes 2,2-3)

2. Estructura y contenido

Esta corta carta está estructurada de la siguiente manera:

1
E Mejor, Un Comentario sobre las Epístolas Primera y Segunda a los Tesalonicenses (1972); Giblin GH, la
amenaza a la fe (1967).

2
Biblia Conferencia episcopal española, comentario 2 Tesalonicenses. Ed, BAC.
Praescriptum 1,1-12
Introducción 1,1-2
Proemio/ acción de gracias 1,3-12
Corpus 2,1-16
Acción de gracias en medio 2,13
Bendición final 2,16
Post-scriptum 3,1-18
Paraenesis 3,1-15
Deseo de paz 3,16
Saludos 3,17
Bendición final 3,18

La carta empieza con el saludo que es muy similar a la de la primera carta; si se


piensa que el autor es distinto a Pablo se puede afirmar que fue muy cuidadoso
manteniendo el estilo paulino en las epístolas (1,1-2); seguidamente está la
acción de gracias, en este caso Pablo agradece por la fe de la comunidad, por la
paciencia en medio de las persecuciones que deben atravesar, sabiendo que esas
tribulaciones tendrán un sentido para esta comunidad. El sufrimiento aquí es
puesto como una prueba para ser dignos del Reino de Dios (1,5)

En el cuerpo epistolar se puede encontrar el tema central de la carta, se podría


decir que el autor quiere rebatir la idea de la primera carta, “la inmanencia de la
Parusía del Señor”. Sin embargo la exhortación de la carta aconseja interpretar
el hecho como algo inmediato. Pues parece, los que así piensan se apoyaban en
“revelaciones”, “rumores” y “cartas” cuyo autor parecía ser Pablo (2,1-3).
Además Pablo nunca en la primera carta dice que esa venida fuera a ser
inminente, solo que Pablo en Tesalónica insistió en la proximidad de la venida
del Señor para urgir la conversión. Pablo aclara que la venida del Señor estará
precedido por la manifestación del hombre impío (2, 3-12).

En los versículos siguientes del capítulo 2, el autor empieza una pequeña


exhortación a hacer una acción de gracias a Dios por haberlos escogido para la
salvación mediante la edificación del Espíritu (2, 13-14); también exhorta a que
la comunidad se mantenga firmes en las tradiciones aprendidas por ellos en viva
voz o por carta (2, 16-17).

En el capítulo 3, lo que conocemos como post-scriptum se descubre un tono


diferente lo que ha llevado a algunos exegetas a poner en cuestión la unidad de
la carta, afirmando que a partir de 3,1 se trata de una carta distinta. De los
versículos del 1al 15 es la parénesis, que empalma perfectamente con la oración
que San Pablo hace en el capítulo anterior, ahora el autor pide una oración por
él.

La última pericopa de esta carta es una exhortación, tal vez la comunidad que
allí vivimos era una comunidad bastante homogénea, donde tal vez habían
artesanos de baja clase social; algunos miembros se entrometían demasiado en
las tareas de los dirigentes e, incluso, quizá habían dejado de trabajar para
ocuparse de otras cosas relacionadas con la vida comunitaria. El tema que
aparece aquí con realce es de la ociosidad (3,6.7.11)3. Pero no es una ociosidad
cualquiera, mejor hablar de un desorden o disciplina que puede abarcar distintas
facetas de la vida.

Por último se encuentra el saludo (3,17) donde Pablo les recalca la autenticidad
se sus cartas, que no aparece en ninguna de las cartas protopaulinas. Finalmente
está la bendición (3,18).

3. Mensaje y enseñanza

La enseñanza de esta carta está enmarcada en dos hechos principalmente: la


venida del Señor y la ociosidad en medio de esta comunidad homogénea; sin
olvidar el mensaje reiterativo de mantenerse fieles a las tradiciones enseñadas
por Pablo en persona y en sus cartas. Como se discute la autoría de Pablo en esta
carta, se puede afirmar que el autor trata de mantener el mismo estilo de Pablo
en su lenguaje y mensaje.

Lo que no se discute es que el centro de esta carta es la venida del Señor, que se
puede interpretar como aclaración de la primera o como un mensaje distinto a lo
expuesto en 1 Tesalonicenses dudando de la autenticidad de esta carta escrita
por el mismo Pablo. Asumiendo la primera posición se puede decir que se
estaban dando malas interpretaciones de 1 Tesalonicenses, además de las malas
enseñanzas por parte de algunos que se hacían pasar por Pablo con alguna carta
como lo menciona (2 Tes 2,2). Por lo que la enseñanza de esta carta se basa en
la firmeza en las tradiciones enseñadas sin malas interpretaciones y errores que
se van filtrando.

4. Lectura detallada de una pericopa

Lectura de 2 Tes 2, 1-4

3
C GIL, Primera y segunda carta a los a los Tesalonicenses, (Verbo divino: Navarra, 2003), 182-183.
“El día del Señor es inminente” (2,2). Para el autor de esta carta es un “engaño”
(2,3) que alguien intenta divulgar de modos diferentes. El autor escribe para que
nadie “se deje sacudir” o “alarmar” (2,2). Al parecer el riesgo y sobresalto de los
destinatarios parece ser alto. Parece que alguien quiere convencerlos que la
venida del Señor es inmanente e inmediata. Para el remitente de esta carta, son
unos mentirosos y embaucadores que alarman la comunidad. En la carta hay
mención de “revelaciones”, “rumores” y “cartas” donde se afirma la inmanencia
de la venida del Señor.

¿Por qué tanta alarma con la inmanencia de la venida del Señor? En la pericopa
anterior la situación que sufren los destinatarios de la carta es sobrepuesta por el
consuelo en el juicio que se avecina. Así el anuncio de la inmanencia de la
Parusía ofrecía esperanza para afrontar las dificultades (1,6-7). Otra situación
que ilustra el sentido de esta pericopa es la actitud relajada en las exigencias
éticas y disciplinares del grupo, esta se prolonga en otros excesos como el
abandono en relación al trabajo (3,10-12).

El autor de esta carta ofrece así una respuesta a estas situaciones. Muestra una
convicción por la venida del Señor, aunque en absoluto de modo inminente. El
juicio en la venida del Señor pondrá todo en su lugar, pero es algo que no le
corresponde anticiparlo, por eso describe otros acontecimientos previos a la
venida del Señor: “producirse la apostasía” y “la manifestación del hombre
impío” (2,3b).

En cuanto a la “apostasía” significa “deserción”, “traición”, “abandono”, en este


sentido se puede entender como cambiar la propia lealtad de un foco de atención
hacia otro, en el contexto de esta carta se refiere al abandono del progreso en la
fe y aumento en el amor. Los destinatarios desearían una pronta venida del
Señor que resolvería todas las vicisitudes, especialmente las derivadas de su
fidelidad a la fe en el Señor, pero primero debe venir la apostasía, es decir, el
abandono de algunos del grupo de los creyentes, con lo que la venida del Señor
los hallaría entre los “impíos”, “perdidos” y “enemigos”. Así se puede entender
la preocupación del autor, pues los destinatarios están en peligro de abandono en
la fe y es necesario convencerlos de que hay que continuar con la misión
encomendada para alcanzar la meta: la salvación.4

4
C GIL, Primera y segunda carta a los a los Tesalonicenses, 161-165