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Adoración Nocturna

en el Hogar

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Historia de la devoción nocturna al Sagrado Corazón

A principios del siglo XX, un sacerdote de padre Inglés, madre Peruana y criado en
Chile, viajó a Paray-le-Monial (Francia), lugar de las apariciones de Nuestro Señor a
Santa Margarita-María. Este sacerdote, el Padre Mateo Crawley-Boevey, fue enviado
a Francia por su superior con la esperanza de que su salud se recuperara después de
una sobrecarga muy importante de trabajo y de salud débil.

El padre Mateo le tenía una gran devoción al Sagrado Corazón de Jesus y siempre
había querido ir a Paray-le-Monial, para estar en el lugar exacto donde Nuestro Señor
apareció a su santa favorita. Mientras oraba en el santuario de las apariciones del
Sagrado Corazón, el 24 de agosto de 1907, sintió de pronto una sensación extraña, y
no sólo se curó y se vió listo para emprender su campaña apostólica, pero también vio
con claridad el plan del trabajo que tenía que seguir para la regeneración cristiana de
las familias y de la sociedad. Se hizo cargo del trabajo trazado por Santa Margarita-
María, organizando la práctica de la Entronización del Sagrado Corazón de Jesús en
los hogares, en una cruzada de amor, y así extender su reinado sobre todo el mundo.

Esa misma noche, de rodillas, el Padre Mateo reviso definitivamente el plan y el


ceremonial de la cruzada. A continuación, hizo una peregrinación a Tierra Santa
donde inauguró su apostolado de la Entronización.

Para entonces ya había recibido la bendición y el aliento de Pío X, del Cardenal Vives
y su propio Superior General. A continuación, regresó a Valparaíso, Chile, donde en
1908, lanzó su campaña de amor, continuando al mismo tiempo las clases que daba en
la Facultad de Derecho que había inaugurado el mismo. Desde Chile, la Entronización
fue coronada con un éxito sorprendente, extendiendose por todo América del Sur.

Cuando la Primera Guerra Mundial estaba en su apogeo, el Padre Mateo se


comprometió a predicar el reino del Sagrado Corazón en Francia. Su celo y
entusiasmo atrajo a multitudes de personas donde quiera que fuera, tuvo lugar una
gran renovación de piedad y muchas familias hicieron la Entronización del Sagrado
Corazón en el hogar , y una diócesis tras otra sintió los efectos de su celo apostólico.
La indiferencia y la tibieza dio paso al amor, y los milagros de la gracia se registraron
diariamente.

Desde Francia, el padre Mateo fue Holanda, donde incluso protestantes acudieron en
masa a sus conferencias. A continuación, pasó a Italia donde fue recibido en audiencia
por el Papa Benedicto XV, quien le pidió que predicara y organizara la Entronización
en todo el país. Dos semanas más tarde, el Santo Padre le entregó una carta escrita por
su propia mano en la que impartió su bendición apostólica a la cruzada de amor.

Durante años, el padre Mateo recorrió varios países de Europa (Francia, España,
Italia, Suiza, Holanda, Bélgica, Inglaterra y Escocia, Portugal), yendo y viniendo,
dando un sin fín de conferencias y retiros a los obispos, sacerdotes, seminaristas, las
asociaciones católicas, laicos, reyes y princesas. Él era capaz de dar cinco o seis
conferencias/sermones al día, todos los días, en iglesias, salas y auditorios repletos. La
gente volvía una y otra vez a escucharlo. Gracias a su inagotable afán España, Bélgica
y Portugal fueron consagrados al Sagrado Corazón de Jesús.

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Después de 20 años de promoción de la Entronización, el padre Mateo comenzó a
promover la Hora Santa en el hogar. Se había dado cuenta que para mantener la llama
de la fe en el hogar, se necesitaba más. Muchos católicos generosos, por obligaciones
familiares, distancia o enfermedad, no podían ir a la iglesia especialmente por la
noche, para participar en la adoración perpetua del Santísimo Sacramento. El Padre
Mateo decidió alistar a estas almas generosas como adoradores, pidiéndoles que recen
una Hora Santa por mes, en el hogar. Tres años después de comenzar la promoción de
la Hora Santa en el hogar, se convirtió en una adoración perpetua en dieciséis países.
La entronización es como los ladrillos de un edificio y la hora santa es la argamasa
que lo mantiene todo junto.

A partir de ahora, la Entronización y la Hora Santa en el hogar fueron promovidos


juntos. El Papa Pío XI dio su sello de aprobación con su carta encíclica "Redemptor
Miserentissimus" donde mencionó y aprovó tanto la Entronización como la Hora
Santa en el hogar. La Entronización (o Consagración), le da el lugar que le
corresponde a Nuestro Señor como Rey de la sociedad / familia / países...y la Hora
Santa sirve de expiación, para hacer satisfacción por nuestros pecados "y un sin
número de ofensas y negligencias". No sólo para los delitos de las personas que rezan
la Hora Santa sino también la de otros, para reparar el honor de Cristo, y para
promover la salvación eterna de las almas.

El Padre Mateo siempre había deseado ir a los países de Oriente y por fin pudo ir a
Japón con el mandato de Pio XI "Id, y predicad la santidad a los sacerdotes." Pasó
cinco años de apostolado constante y fecundo en Japón, China, Islas del Pacífico,
Filipinas, Hawái, Indochina (Camboya, Laos y Vietnam), Malaca, Macao, India y
Ceilán (Sri Lanka).

A continuación, pasó a los Estados Unidos, llegando a San Francisco en 1940. En una
carta escrita antes de su llegada, el padre Mateo dio expresión a la alegría y la
determinación con la que él estaba dispuesto a entregarse "en esta tierra prometedora
para difundir y fortalecer el Reinado Social del Sagrado Corazón de Jesús en el hogar,
el santuario de la familia, la piedra angular sobre la cual la Iglesia basa la sociedad
presente y futura". El Padre Mateo se quedó en Estados Unidos durante cuatro años
dando retiros para el clero; los días de recogimiento, triduos, sermones y conferencias
se sucedieron en rápida sucesión.

A continuación, se fué a Canadá durante dos años hasta que una enfermedad le obligó
a estar hospitalizado. Cuando se recuperó lo suficiente, voló de regreso a Valparaíso,
Chile. Desde ahí continuó su trabajo con la oración, el sufrimiento (tuvo las dos
piernas amputadas debido a la gangrena), y la escritura.

Poco antes de morir el padre Mateo le dijo a su Superior


General: "Decid a todos que el padre Mateo predica desde la
cama e insiste en la adoración nocturna, la flor más bella de su
obra . Esta es la oración del hogar, en unión con el Corazón de
Jesús, la oración con espíritu de reparación, durante las horas
mas oscuras de la noche.

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Promesas
Nuestro Señor Jesucristo reveló a Santa Margarita María los muchos favores que
otorgaría a todas las almas dedicadas a su Sagrado Corazón. Los principales son los
siguientes:

1. Les daré todas las gracias necesarias para su estado de vida.

2. Daré la paz en sus familias.

3. Los consolaré en todas sus angustias.

4. Seré su refugio en la vida y especialmente en la muerte.

5. Bendeciré abundantemente todas sus empresas.

6. Los pecadores encontrarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de


misericordia.

7. Las almas tibias se convertirán en fervientes.

8. Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a una gran perfección.

9. Bendeciré los lugares donde la imagen de mi Sagrado Corazón sea expuesta y


venerada.

10. Daré a los sacerdotes el poder de tocar los corazones más endurecidos.

11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre eternamente escrito
en mi corazón.

12. Yo le prometo en la excesiva misericordia de mi corazón, que mi amor


todopoderoso concederá a todos aquellos que comulguen en el primer viernes de mes
durante nueve meses consecutivos, la gracia de la penitencia final: no morirán en mi
desgracia ni sin recibir los Sacramentos; Mi Divino Corazón será su refugio seguro en
este último momento.

Oraciónes

Acto de desagravio de Pio XI

¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los
ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante vuestro
altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los
hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo Corazón.

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Mas recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad
de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener para nuestras
almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no
sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino
de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como a Pastor y
Guía, o, conculcando las promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de
vuestra ley.

Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la


deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas
contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias
proferidas contra vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario
y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el
mismo Sacramento del amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que
oponen resistencia a los derechos y al magisterio de la Iglesia por vos fundada.

¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Mas,
entretanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación
de la Virgen vuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la
satisfacción que vos mismo ofrecisteis un día sobre la cruz al Eterno Padre y que
diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en
cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de vuestra gracia, repararemos los
pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo
la firmeza en la fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta de la ley
evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que
seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en vuestro seguimiento.

¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os


suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación; concedednos que seamos
fieles a vuestros mandatos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de
la perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del
Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos.
Amén.

Invocaciónes
Amor del Corazón de Jesús, Abrasad mi corazón.
Hermosura del Corazón de Jesús, Cautivad mi corazón.
Bondad del Corazón de Jesús, Atraed mi corazón.
Caridad del Corazón de Jesús, Derramaos en mi corazón.
Clemencia del Corazón de Jesús, Consolad mi corazón.
Dominio del Corazón de Jesús, Sujetad mi corazón.
Dulzura del Corazón de Jesús, Penetrad mi corazón.
Equidad del Corazón de Jesús, Reglad mi corazón.
Eternidad del Corazón de Jesús, Llenad mi corazón.
Fidelidad del Corazón de Jesús, Proteged mi corazón.
Fuerza del Corazón de Jesús, Sostened mi corazón.
Gloria del Corazón de Jesús, Ocupad mi corazón.
Grandeza del Corazón de Jesús, Confundid mi corazón.

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Humildad del Corazón de Jesús, Anonadad mi corazón.
Inmutabilidad del Corazón de Jesús, Fijad mi corazón.
Justicia del Corazón de Jesús, No abandonéis mi corazón.
Liberalidad del Corazón de Jesús, Enriqueced mi corazón.
Luz del Corazón de Jesús, Iluminad mi corazón.
Misericordia del Corazón de Jesús, Perdonad mi corazón.
Obediencia del Corazón de Jesús, Someted mi corazón.
Paciencia del Corazón de Jesús, No os canséis de mi corazón.
Presencia del Corazón de Jesús, Aficionad mi corazón.
Providencia del Corazón de Jesús, Velad sobre mi corazón.
Reino del Corazón de Jesús, Estableceos en mi corazón.
Sabiduría del Corazón de Jesús, Conducid mi corazón.
Santidad del Corazón de Jesús, Purificad mi corazón.
Silencio del Corazón de Jesús, Hablad a mi corazón.
Ciencia del Corazón de Jesús, Enseñad a mi corazón.
Poder del Corazón de Jesús, Asegurad mi corazón.
Voluntad del Corazón de Jesús, Disponed de mi corazón.
Celo del Corazón de Jesús, Devorad mi corazón.

Oración para después de cada una de las comuniones de


los nueve primeros viernes.

Jesús mío dulcísimo, que en vuestra infinita y dulcísima misericordia prometisteis la


gracia de la perseverancia final a los que comulgaren en honra de vuestro Sagrado
Corazón nueve primeros viernes de mes seguidos: acordaos de esta promesa y a mi,
indigno siervo vuestro que acabo de recibiros sacramentado con este fin e intención,
concededme que muera detestando todos mis pecados, creyendo en vos con fe viva,
esperando en vuestra inefable misericordia y amando la bondad de vuestro
amantísimo y amabilísimo Corazón. Amén.

Jaculatoria: Amado sea en todas partes el Sagrado Corazón de Jesús.

Letanías del Sagrado Corazón de Jesús

- Señor, ten piedad de nosotros.


- Cristo, ten piedad de nosotros.
- Señor, ten piedad de nosotros.
- Cristo, óyenos. (bis)
- Cristo, escúchanos. (bis)
- Dios, Padre Celestial, Ten piedad de nosotros
- Dios Hijo, Redentor del mundo, Ten piedad de nosotros
- Dios, Espíritu Santo, Ten piedad ...
- Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ...
- Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre, ...

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- Corazón de Jesús, formado en el seno de la Virgen Madre por el Espíritu Santo, ...
- Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, ...
- Corazón de Jesús, de infinita majestad,...
- Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ...
- Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ...
- Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, ...
- Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ...
- Corazón de Jesús, santuario de la justicia y del amor, ...
- Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ...
- Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ...
- Corazón de Jesús, digno de toda alabanza, ...
- Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ...
- Corazón de Jesús, en quien se hallan todos los tesoros de la sabiduría, y de la
ciencia,...
- Corazón de Jesús, en quien reside toda la plenitud de la divinidad, ...
- Corazón de Jesús, en quien el Padre se complace,...
- Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido,...
- Corazón de Jesús, deseado de los eternos collados, ...
- Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ...
- Corazón de Jesús, generoso para todos los que te invocan, ...
- Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, ...
- Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ...
- Corazón de Jesús, colmado de oprobios, ...
- Corazón de Jesús, triturado por nuestros pecados, ...
- Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ...
- Corazón de Jesús, traspasado por una lanza,...
- Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo,...
- Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, ...
- Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ...
- Corazón de Jesús, víctima por los pecadores, ...
- Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ...
- Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ...
- Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ...
- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Perdónanos Señor.
- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Óyenos Señor.
- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Ten piedad de nosotros.
- Jesús, manso y humilde de Corazón, Haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oración
Oh Dios todopoderoso y eterno, mira el Corazón de tu amantísimo Hijo, las alabanzas
y satisfacciones que en nombre de los pecadores te ofrece y concede el perdón a éstos
que piden misericordia en el nombre de tu mismo Hijo, Jesucristo, el cual vive y reina
contigo por los siglos de los siglos. Amén.

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Hora Santa Especial para la Adoración Nocturna en el Hogar
Consideraciones piadosas y oraciones

Una mañana, durante la meditación, siente Margarita María íntimamente un llamado lleno
de congoja, doloroso, desgarrador… Es Jesús que, bañado en lágrimas y con insistencia,
llama a la puerta del corazón de Margarita, pidiéndole un albergue de adoración y de
consuelo, pues acaban de ofenderle una horrible profanación.

Cubierto de sangre y entre gemido, Jesús le pidió alivio y consuelo, quiere reposar su
Corazón herido en un corazón fidelismo, amante; necesita desahogarse en él… Y cuando
la Santa ofrece al Salvador su corazón de esposa en la Santa Comunión, Jesús, como
agobiado y jadeante, se precipita en ese asilo de paz y de consuelo, y luego

Margarita María lo siente suspirar aliviado y abandonarse consolado y agradecido, como


el herido a quien, después de retirar el hierro inclemente, le vendan la llaga con suavidad
de amor.

¡Alma adoradora, feliz tú que te encuentras esta noche exactamente en el puesto


envidiable de la santa confidente de Paray! Porque si es verdad que la gloria del Rey
Divino se ha dilatado y ha crecido, ¡ah!, no es menos verdad que la venganza de Satán ha
desencadenado contra el Maestro adorable una tempestad de pecado. Y, lo que es más
triste, el enemigo ha penetrado ya en nuestras filas, el lobo se encuentra en pleno redil, y
con encarnizamiento inaudito, y más, tolerado y aun pagado por la cobardía de muchos
amigos, Satán y el mundo abofetean y flagelan sin piedad a su Dios y Señor…

Helo de nuevo convertido en llaga viva, se pueden contar sus huesos a través de sus
heridas, no hay en El parte sana.
Y en este estado llama a la puerta de tu corazón, alma reparadora…
Tiene frio y hambre…Velo deshecho en lagrimas, desgarrada la túnica y, y más aún, el
Corazón Divino, por amigos ingratos… Llama, pues tiene urgencia en ofrecer perdón y
misericordia para los culpables, al propio tiempo que pide para El un pan de amor que
tantos le han negado…
Debería, en estricta justicia, castigar con rigor y consumir con llamas de justísima
venganza los hijos desnaturalizados que profanan su ley y que pisotean su Sangre…
¡Ah! Pero desea ser más Salvador que Juez…, es Jesús, y como tal quiere reinar
perdonando.

Mas ese perdón supone una justicia divina satisfecha por la reparación… Y cabalmente
esta noche viene, alma reparadora, para pedirte dicha reparación y poder así ofrecer a
tantos culpables una misericordia infinita en vez de un infierno.
¡Cuánto honor para ti el poder completar la reparación del Calvario y del altar, y poder, en
consecuencia, salvar millares de almas que si hubieran muerto antes de ésta tu Adoración,
hubieran debido ser eternamente condenadas!

Esas almas, diadema inmortal, tú las das esta noche a Jesús, en reparación por la corona
de espinas, y esa diadema un dia será también tuya, porque, en tu vocación sublime, alma

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reparadora, tú has aceptado ser hermana de Margarita María.
Y ahora, recogida y con gran fervor, invoca un instante al Espíritu Santo, pidiéndole
la gracia de escuchar con provecho la voz del Maestro Agonizante.

Voz de Jesús doliente.- ¡Alma querida, gracias por esta hora de amorosa compañía
ofrecida con sacrificio de tu legitimo reposo a mi amor menospreciado, gracias!, ¡te
bendigo!... Llegas a tiempo, pues mi Corazón desborda de amargura… ¡Gracias! Quiero
pagarte este inmenso consuelo, desahogándose en tu corazón fidelísimo… ¡Gracias!; pero
piensas que es todo un Dios, que es tu Señor quien te habla: ¡Adórame!
Y te hablo así, con infinita condescendencia, porque soy el HIJO de María, me llamo
Jesús, ¡soy el Dios Salvador!

Lo sé, vienes a reparar el más cruel de los pecados, el pecado de los amigos ingratos,
cabalmente los más culpables porque son los mas conscientes y más colmados de
favores.

Pero desearía que me hablases ante todo, siquiera un momento, a favor de aquellos que,
al menos en la apariencia, son los grandes pecadores, como son los impíos que me
blasfeman, los renegados que me venden y que no tienen siempre quien pida por ellos…

Hazlo tú, ten piedad de esos desgraciados, los únicos realmente desgraciados, porque
viven sin fe, sin esperanza, sin amor.

Y cuando hayas hecho esta plegaria, te contaré en intimidad otra agonía, ¡oh, mucho más
dolorosa! Pero quiero, ante todo, acoger tu súplica a favor de aquellos que yacen en el
fondo de un abismo y no tienen quien les tienda una mano salvadora… Hazme a mí y a
ellos esta caridad, no lo demores, mi Corazón te escucha benigno… ¡Habla!

El alma adoradora.- Corazón de mi Dios y mi Rey, consolarte yo, pobrecita, y hacerte


sonreír yo, pecadora, a través de esas tus lagrimas divinas?... Yo, polvo y nada, ¿endulzar
tu amargura? Yo, tantas veces ingrata, tener el privilegio de poner bálsamo de ternura en
tus heridas, y arrancándote las espinas, depositar, en cambio, en esas llagas mis besos,
mi alma y muchas otras almas?...

¡Gracias, Jesús mío, gracias infinitas por semejante vocación de privilegio y de gloria que
tantas veces he desmerecido! ¡Gracias, Rey de Amor!

Y puesto que Tú lo permites y aun lo pides, acepta mi pobre plegaria a favor de los
sayones de tu Calvario, plegaria que te presento enriquecida con las lágrimas de María
Inmaculada…

Corazón de Jesús, triste hasta la muerte, al recibir el beso del pérfido Judas, piedad y
misericordia por tantos otros desdichados que te han traicionado y vendido por una
criatura, por una situación, por una moneda vil… Por los dolores y las ternuras de María,
haz que vuelvan arrepentidos a tu redil. ¡Jesús…, Misericordia!, ¡misericordia, Señor,
misericordia!

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Corazón de Jesús, triste hasta la muerte, cubierto de oprobios ante la corte de Herodes y
arrastrado con ignominia ante los tribunales de los inicuos… ¡piedad y perdón para tantos
soberbios de la tierra que, considerándose sabios, se arrogan en nuestros días el derecho
de condenarte, y esto para justificar sus propias delincuencias y excusar su pecado de
orgullo!... Por los dolores y las ternuras de María, haz que vuelvan arrepentidos a tu redil.
¡Jesús!..., Misericordia!, ¡misericordia, Señor, misericordia!

Corazón de Jesús, triste hasta la muerte clavado en un patíbulo infame entre dos
criminales, muriendo abandonado de los buenos y maldecido de aquellos mismos por
quienes Tú morías, ¡piedad para tantos grandes criminales que, colmados, y todo de
honores, no son en realidad sino infelices traficantes de pecado!...

¡Piedad para ellos que han comprado poder y gloria al precio de tu sangre! Por los dolores
y las ternuras de María, haz que vuelvan arrepentidos a tu redil. ¡Jesús!..., Misericordia!,
¡misericordia, Señor, misericordia!

Jesús, ¡oh buen Jesús!, en unión con el Padre Santo, el Papa, te pido un favor para
aquellos que nunca te conocieron o que, habiéndote conocido poco o mal, te llaman en su
ignorancia y te tratan como enemigos encarnizados tuyos. ¡Misericordia!... ¡Misericordia!

¡Jesús, buen Jesús!, te ruego por tantos pueblos pervertidos y que viven de encono contra
tu Persona adorable, y en rebelión abierta contra tu Iglesia santa, que quisieran, en su
furor, destruirla para sepultarte bajo sus ruinas. ¡Misericordia!...

¡Jesús, buen Jesús!, te ruego por tantos sectarios conscientes, interesados, ambiciosos,
malvados, que te odian, que maldicen tu Cruz y tu Ley que los condena y que, en su
despecho, conspiran para destronarte del altar y de las conciencias. ¡Misericordia!

¡Jesús, buen Jesús!, te ruego por todos aquellos que, a través de tus lagrimas, has
contemplado a distancia de siglos desde tu Calvario, por todos aquellos a quienes
ofreciste tiernamente perdón y misericordia,
Cuando expiraste, diciendo: «Padre, perdónalos, pues no saben lo que hacen.»
¡Misericordia!

¡Jesús, buen Jesús!, adivinando un deseo de tu Corazón compasivo, te pido, lleno de


confianza, por mi hogar, por todos aquellos que Tú mismo me diste y que en Ti y para Ti
debo amar cristianamente, pero sólo en Ti, ¡oh Rey y Amigo de Betania!...

¡Ah! ¡Tú los conoces todos esos seres queridos, y Tú que lo sabes todo, no ignoras que
en mi hogar hay grandes dolores y sombras crueles!...

¡Ten piedad de todos ellos, Amigo fidelísimo de Betania! Y que esta Adoración sea una
Reparación cumplida por ellos y por mí… Confío a tu Divino Corazón, amabilísimo Jesús,
todo lo que es tristeza, todo lo que es miseria mortal, todo lo que es amargura y congoja
de muerte en mi casa, que es la tuya, Señor…

¡Ay!... Todos los míos no son todavía enteramente tuyos como Tú lo exiges con derecho
de Señor y Rey… ¡Piedad, piedad para los míos, Amigo divino y fidelísimo de Betania!...

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¡Convierte, sana, resucita, Corazón de Jesús, tantos que viven muriendo en torno al mío y
que te consagro para tu gloria!... ¡Ilumina, fortifica, guía, Tú que eres la Luz, Tú que eres la
Fortaleza, Tú que res el Amor!...

¡Jesús, Jesús, salva y santifica la familia donde te dignaste elegir esta lámpara adoradora,
pobrecita, sí, pero que anhela tanto verte conocido, adorado e inmensamente amado en
este hogar!

¡Piedad, misericordia para toda esta casa! Amigo divino y fidelísimo de Betania, « ¡venga
a nos Tu reino!»

Exponed con toda sencillez y confianza las necesidades apremiantes de vuestra


familia: las conversiones, gracias de mayor fervor, de luz divina, de consuelo santo
que los vuestros necesitan. Y luego rezad con los brazos en forma de cruz cinco
Padrenuestros y Avemarías gloriados, en reparación por todos los pecados de
vuestra familia y pidiendo en ella el Reinado efectivo del Corazón de Jesús con
todas las gracias consiguientes.

Jesús doliente. - Has hecho bien en anticiparte a hablarme de aquellos a quienes amo
tanto, porque los amas tú, alma consoladora… Sábelo: tu hogar es el mío, y esto a pesar
de flaquezas que tú y Yo deploramos. Lo bendigo con todo mi Corazón y velaré por los
tuyos, y los colmaré de mis gracias para pagarte esta vela de amor penitente y reparador.

¡Ah! Y más; tú sabrás un dia lo que has hecho por ellos sacrificando tu sueño para darme
a Mí, en esta hora de tinieblas y pecado, un consuelo… Confíame, pues, tus
preocupaciones del hogar, y todo, todo, y descansa en paz, Yo velo por él…
Pero no olvides que Yo soy el Divino Desterrado de tantos de tantos y tantos hogares:
¡pide por ellos! ¡Oh, y que crimen gravísimo el crimen del hogar!... Profanarlo es profanar
el primero de mis sagrarios, aquel Nazaret inolvidable, cuyo altar fue el Corazón de mi
Madre Inmaculada…

¡Ay! ¡Cuántos son los hogares que no merecen ese nombre sacrosanto, hogares de
donde he sido expulsado por una vida de pecado!...
En nombre de un mentido progreso han minado la base del santuario familia… han
profanado y roto sacrílegamente el vinculo del matrimonio cristiano…

Lo han despojado de su hermosura y de su grandeza divina…, han «humanizado»


horriblemente lo que Yo había divinizado: el amor y la fecundidad.
Y como si no bastara tanta ruina y desolación, he aquí el vendaval deshecho del actual
renacimiento pagano, la perversión de las costumbres, la licencia de la juventud, la
frivolidad espantosa de la cristiana, su impudor provocativo… Ese cúmulo de males, todos
graves, es el alud que amenaza sepultar lo poco que sobrevivía aun de dignidad y de
virtud cristiana…

Alma querida, ora, repara, aplaca mi justicia, obtén, en vez de castigo riguroso,
misericordia, en consideración a la falange de las almas que, como tú, aman y se inmolan
para rescatar al mundo culpable.

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Y ahora llama en tu socorro a la Reina de Nazaret, mi Madre, que gime desolada conmigo
sobre tantas ruinas y escándalos; llámala, alma adorada, que venga a ayudarte a
desarmar mi brazo justiciero, deteniendo el torrente de fango que me ultraja; llámala, pues
Ella, la dulce Nazarena, es la gran Reparadora… que salve contigo la familia amenazada.

El alma adoradora.- María Estrella del mar, ven en nuestro auxilio y salva la obra y la
heredad de tu Jesús, pues Nazaret, el hogar, se encuentra en gran peligro… Madre divina,
¡sálvanos!

¡Escúchame, Reina y Madre, pues se trata del trono mismo del Señor! ¡Ay!, la generación
de madres de alma cristiana se agota… El hogar cristiano se muere, se extingue… Madre
divina, ¡sálvanos!

¡Qué horror! La fuente de la vida humana y divina está para secarse: son tantas las
esposas mundanas que desdeñan y temen aún el honor de la fecundidad… Madre divina,
¡sálvanos!

¡Ay!, y esa juventud, que debería ser un porvenir en flor…, es flor marchita, sin savia de
pureza ni de virtud, y que arrastra un vendaval… Madre divina, ¡sálvanos!

Y esos pequeñitos, ¡oh dolor!, que despiertan a la vida en medio de un lodazal y


agostados por las llamaradas de un hogar mundano, no son ya niños… Madre divina,
¡sálvanos!

Reina de Mártires y Madre de dolores, sólo tú y Jesús conocéis y penetráis en las


profundidades de esos males y de otros que no se nombran…

Por tus lagrimas, por las siete espadas que atravesaron tu alma en el Calvario, por los
besos y suspiros de Jesús, por su agonio y la tuya, ¡oh Medianera de misericordia!, ¡ven y
sálvanos!... ¡Salva la familia, piedra angular del Reinado de tu Hijo, el Rey Divino!

¡María! Torna al hogar como su Reina, imprégnalo nuevamente con el perfume de tus
virtudes, tú, el Lirio del Paraíso; embalsámalo con aromas de castidad…; reconstruye
Nazaret y Betania, y sé una vez más, María Reparadora, « ¡vida, dulzura y esperanza
nuestra!»

¡María, salva la familia para Jesús!

¡Jesús, salva la familia para María!

Una Salve para pedir el Reinado del Corazón de Jesús en el hogar

Voz de Jesús doliente.- Alma reparadora, escúchame con un corazón enamorado,


docilísimo, pues debo confiarte algo muy grande y que los cristianos superficiales no son
capaces de comprender… Pero antes de todo, invoca a mi Madre, di con fervor un
Avemaría, a fin de que mis palabras penetren con luz divina en tu espíritu.

Avemaría.

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Dime, alma querida, ¿amás tú con grande amor? ¿Veneras tú con grande devoción a mi
Augusto Vicario el Papa? ¿Has pensado que, después de María, el Papa es el don de mi
ternura y de mi corazón?
Por María Inmaculada me di al mundo: por mi Vicario infalible le dicto mi voluntad y mi
ley… Es él un argumento prodigioso de mi amor; él es mi oráculo y mi voz.

El es mi diestra y poder divino aquí en la tierra, y lo será hasta la consumación de los


siglos. He depositado en su corazón mi Corazón Divino… ¡Por esto es Padre y es
Pontífice!
El Espíritu divino se cierne sobre él como en el Cenáculo, y mi Madre vela, por especial
encargo mío, sobre mi primer ministro y Vicario.
Y si Yo callo en el Sagrario, hablo sensiblemente en el Vaticano; mas en uno y otro, soy
siempre Yo tu Señor y Rey…
¡Oh dolor! Son tantos los hijos de mi Iglesia que me ofenden cruelmente ofendiendo al
Papa…, me hieren a Mí cuando se permiten con audacia la crítica insensata…
Y más: cuando se desoyen sus consejos y se descartan sus normas, es a Mí a quien se
desobedece, pues si é es la lengua, Yo soy la voz.

¡Ah! Y ¿Qué te diré, alma consoladora, de los que se atreven a ultrajar a su persona, que
es la mía? ¡Un hijo mío que abofetea mi Faz, que es el Pontífice de Roma!
Ora y repara, pues te aseguro que son muchos los que en este huracán de rebeldía se
condenan… Piensa que Yo he construido mi Vicario con plena autoridad para atar y
desatar, para guiar y gobernar, para prescribir y prohibir en nombre mío… Todo poder le
he sido conferido.
Te lo aseguro, alama reparadora: son muchas, son numerosas las alamas que se
encuentran al borde de un abismo porque son insumisas a Pedro.
Contempla, si no, esa caravana incontable de desdichadas mujeres, cuyo atavío de
impudor condenó mi Vicario tantas y tantas veces, y que continúan sembrando el
escándalo, desobedientes y rebeldes… ¿Habré de maldecirlas?

Y ahí tienes a esos hombres, infatuados de orgullo, y que por cuenta propia se han erigido
en maestros y en doctores sobre la sociedad cristiana, sin más titulo que el de su
soberbia, siendo así que a nadie, absolutamente a nadie conferí poder infalible sino al
Papa, al Pontífice de Roma… ¿Habré también de maldecirlos?
Y cuántos otros que no aceptan de las enseñanzas de mi Vicario sino aquello que les
place y a su antojo…, que interpretan a su guisa sus decisiones terminantes, que rehúyen
la obediencia, según el espíritu católico…
¡Ya adivinas, alma querida, cómo me hiere semejante poco o nada católica, porque es
poco filial y humilde! ¡Cuántas amarguras y qué decepciones recibo de donde menos lo
imaginas en esta materia grave y delicada!

Tú que deseas reparar, detén esas almas en la pendiente peligrosa, tal vez la más
peligrosa de todas, y dame la gloria y la alegría de ver al Sumo Pontífice profundamente
amado y respetado., filialmente obedecido y venerado… Porque sábelo y dilo: ¡Quien le
honra y le ama me honra a Mí, y con ese amor filial me arrebata el Corazón!

El alma adoradora.- Gracias Jesús mío, gracias por la lección que acabas de darme
acerca de aquel que te representa visiblemente en esta tierra… y déjame decirte ante
todo, Rey de Amor, que si en algo te he ofendido alguna vez no dando a tu Augusto

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Vicario en amor, en veneración, en obediencia ciega, lo que Tú esperabas de mí, ¡te
pido de rodillas mil veces perdón!

Y para reparar esa falta, y enjugar las lágrimas que corren por esa tu Faz Santísima, que
es Pontífice, me ofrezco feliz como particular de hostia a las intenciones del Padre
Santo… Escúchame complacido, Señor…

María, Reina de la Iglesia y del Cenáculo, en tu Corazón Inmaculado ofrezco y consagro al


Corazón de Jesús todos mis sufrimientos del corazón, del espíritu y del cuerpo como
reparación por la rebelión abierta contra el Soberano Pontífice… ¡Perdona por ese pecado
y misericordia y luz para esos pecadores!

María, Reina de la Iglesia y del Cenáculo, en tu Corazón Inmaculado ofrezco y consagro


mis misas, el sacrificio del altar como reparación por la falta de adhesión filial al Vicario de
Cristo… ¡Perdón por ese pecado y misericordia y luz para esos pecadores!

María, Reina de la Iglesia y del Cenáculo, en tu Corazón Inmaculado ofrezco y consagro


todas mis comuniones, que quisiera fuesen ferventísimas, como reparación por las criticas
y la actitud desconfiada, irreverente, con que se ofende la dignidad de Padre Santo…
¡Perdón por ese pecado y misericordia y luz para esos pecadores!
¡Oh!, gracias, Corazón de Jesús, por el don de tu amor que es para nosotros los católicos,
el Papa, en el que has querido dejarnos, mil veces mejor que en la reliquia del Santo
Sudario, no solo un vestigio, sino el reflejo vivo de tu Persona adorable…

Por esto, en nombre de los católicos fieles, y en nombre también de tantos que ignoran o
desconocen este don incomparable de tu bondad, te alabo con todos los confesores y
apóstoles que siempre lucharon y vencieron a la sombra de la Cruz, y bajo la obediencia
del Pontífice Romano…

Y tú, Santa Teresita, que amaste tanto a la iglesia y al Papa; tú que te ofreciste victima de
amor por la exaltación de nuestra Santa Madre Iglesia, y cuya misión apostólica ha sido
solemnemente confirmada por el Vicario de Cristo, atrae nuevamente al redil a tantos
pródigos, haz que reconozcan la suprema autoridad de aquel Pastor y Padre, del «dulce
Cristo visible», que es el Papa… Santa Teresita, precipita el triunfo de la Iglesia y derrama
sobre el Padre Santo tu lluvia de rosas celestiales…

Una Salve por el Papa, y prometed rezar siempre por él, amarle y obedecerle
fielmente, pues debemos encontrar en el corazón del Papa el Corazón de Cristo.

Lo que sigue leiendolo muy lentamente y saboreándolo como si


sintierais la voz de Jesús, entrecortada por sus gemidos…

Jesús doliente.- Alma consoladora, óyeme: No fueron solamente ni principalmente


Pilatos y el Sanedrín quienes me condenaron… ¡Oh!, ¡no!... Fue el mundo tanto y más
culpable que ellos… ¡He aquí por qué he dicho y repito que «no ruego por el mundo»…, lo
maldigo!
¡Ay!, adivina tú, si puedes, cuánto sufro al ver a tantos de mis hijos, los más queridos y
colmados, completamente mundanizados. ¡Qué dolor!... Te lo aseguro: más cruel que el

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ultraje del impío, me hiere aquel otro ultraje y me traspasa el corazón…:
el de esas almas queridas que de hecho me abandonan pactando con el mundo y, en
consecuencia, robándome a Mí el corazón.

Besa con ternura, alma reparadora, besa con dolor y emoción las Cincos llagas de
tu Crucifijo, y di: «Misericordia, Corazón de Jesús, misericordia!... Te amo, Señor y
Rey, por tantos ingratos, y, en reparación, juro fidelidad eterna a tu Ley. ¡Venga a
nos tu reino!»

Jesús.- Alma reparadora, escucha mis gemidos, llora conmigo y déjame confiarte la
agonía espantosa que hierve en mi Corazón…, necesito desahogarme contigo, escucha…
¡Mira a distancia el torbellino de tanta gente frívola! ¿Oyes cómo ríen, cómo cantan y
bailan con alegría loca?... Es una vez más el banquete fatídico de Baltasar…, la
embriaguez insensata que precede con frecuencia, en unas horas apenas, a una
eternidad de desventura… Tú que me amas, comparte mis lágrimas, llora esa locura
culpable, ¡repara!

Besa, ¡oh!, besa con inmenso amor, alma reparadora, las Cincos llagas de tu
Crucifijo, y di: «Misericordia, Corazón de Jesús, misericordia!... Te amo, Señor y
Rey, por tantos ingratos, y, en reparación, juro fidelidad eterna a tu Ley. ¡Venga a
nos tu reino!»

Jesús.- Cuenta, si puedes, alma querida, el ejercito de los frívolos y mundanos de


nuestros días, de aquellos que viven febriles, aturdidos en placeres y diversiones
culpables… Han profanado sus sentidos, y eso que sus cuerpos fuéronme consagrados
por el Bautismo y la Eucaristía… ¡Mira cómo sangran mis llagas, reabiertas por esos
desventurados!... Tú, al menos, alma reparadora, llora conmigo tanto pecado y tanta
locura, ¡repara!
Besa con emoción y dolor las Cincos llagas de tu Crucifijo, y di: «Misericordia, Corazón de
Jesús, misericordia!...

Te amo, Señor y Rey, por tanta ingratitud, y juro fidelidad eterna a tu Ley. ¡Venga a nos tu
reino!»

Jesús.- ¡Ay!, contempla, pero a distancia, alma querida, para no mancharte, esos teatros
y esas salas de diversión mundana… Roma me había ya saciado con hiel… ¡Ah!, pero
éstos y éstas que tú ves y que han pagado el lujo de esos espectáculos nefandos,
considerados inicuamente una necesidad y un progreso de esta época, ellas y ellos se
han acercado tal vez con frecuencia al comulgatorio, ¡oh!, ¡qué dolor!, ¡se llaman míos!...
Escenas malditas de impudor, donde se exhibe el pecado de carne con un refinamiento
satánico que me azota el rostro y que me despedaza el Corazón amargado… Tú, al
menos, alma reparadora, llora conmigo tanto pecado y tanta locura… ¡repara!

Besa con emoción y dolor las Cincos llagas de tu Crucifijo, y di: «Misericordia, Corazón de
Jesús, misericordia!... Te amo, Señor y Rey, por tanta ingratitud, y juro fidelidad eterna a tu
Ley. ¡Venga a nos tu reino!»

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Breve silencio… ¡Pide perdón!...

Jesús.- Mi dolor se torna en una agonía!... Contempla a esas mujeres que mi Madre
Inmaculada había retirado del abismo de fango y de la esclavitud…, que Ella a petición
mía, había adoptado después de hermosearlas con belleza angelical de castidad, después
de enriquecerlas con el tesoro de pureza y virtud cristiana… Y mira, ¡qué horror!, ¡cómo
han pisoteado todas las leyes del pudor y toda la delicadeza femenina!

¡Mira cómo han desfigurado y enlodado la belleza cristiana de su sexo! ¡Qué pecado!

No las mires a esas cristianas indignas, no mires para no mancharte a esas sembradoras
de pecado en las calle y en la iglesia… ¡Cierra como Yo los ojos…, pues esas criaturas
son mis deshonra!...

¡Ah, gimo, y mi Madre conmigo; pero entre tanto, Venus triunfa insolente, y heme aquí
pospuesto a un trapo que, según ellas, vale más que mi Persona y que mi Ley!...
¡Desventuradas!

A alma reparadora, te pido. Yo, un Dios flagelado, compasión y consuelos, pues mis
verdugos son esas elegantes, de manos pulcras que, flagelándome, hacen volar en
pedazos mi carne divina con su impudor…
¡Alma consoladora, aleja de Mí este cáliz!... Llora conmigo tanto pecado y tanta locura y…
¡repara!

Besa con emoción y dolor las Cincos llagas de tu Crucifijo, y di: «Misericordia, Corazón de
Jesús, misericordia!... Te amo, Señor y Rey, por tantos ingratos, y juro fidelidad eterna a tu
Ley.

Crece la juventud como esas plantas envenenadas que brotan al borde de los pantanos,
crece llevando ya en las venas un germen de muerte…
Y la mujer bautizada, pero no cristiana, languidece y se agota al son de un vals que suena
a funeral, anunciando, con la muerte de su alma, la muerte y la ruina del hogar cristiano…
Sí, ved cómo la familia, nido santo de ternuras, de fecundidad y de paz, amenaza
seriamente desgajarse y morir… Y decir que Jesús había El mismo construido el santuario
del hogar cristiano en Nazaret… y que para ello había rehabilitado y ennoblecido la mujer
en María, y que, para consolidar esta obra divina, había derramado su Sangre, pues
quería civilizarnos, cristianizándonos…

¡Pobre, oh pobre Jesús! Y ved sus hijos regalados y colmados, vedlos cómo destruyen su
obra, y a la vez que lo amargan a El con hiel y vinagre de pecado… Pero su Corazón,
paciente y manso, les aguarda: ¡Les ofrece perdón y amor!

El alma adoradora. - Jesús, vida de mi vida, mi Dios y mi todo; Jesús, Rey y Salvador
mío, beso con ternura y con inmensa tristeza los azotes de tus verdugos para reparar la
flagelación que te infligen hoy en dia los impuros, y tantas mujeres sin pudor… ¡Te amo,
Jesús, hasta la locura; te amo, porque eres Jesús!

Jesús, vida de mi vida, beso con ternura y con inmensa tristeza los clavos que atravesaron
tu carne divina, para reparar tantos y tantos escándalos, fomentados y aun pagados por

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tantos católicos sin amor, seducidos por un mundo que sufre una
espantosa fiebre de sensualidad…

¡Te amo, Jesús, hasta la locura; te amo, porque eres Jesús!

Jesús, vida de mi vida, beso con ternura y con inmensa tristeza la Cruz, tu trono
ensangrentado, desde donde en los espasmos de tu agonía, viste Tú con amargura todo
cuanto hoto ocurre, todo lo que en los creyentes y las cristianas se permiten, so capa de
vida social y de progreso moderno, y que en el fondo no es sino degradación de la mujer y
rebelión del hombre orgulloso… Desde esa Cruz, Tú pronunciaras un dia una maldición
suprema contra los «mundanos» y los juzgaras con el tremendo rigor que ellos mismos
provocaron, porque no quisieron aceptar y vivir tu Ley de santidad y de misericordia…
¡Piedad, Legislador y Rey adorable; piedad, Salvador amabilísimo!... ¡Jesús, te amo hasta
la locura, porque eres Jesús!

Di esta misma Jaculatoria: « ¡Jesús, te amo hasta la locura, porque eres Jesús!», cinco
veces en espíritu de desagravio.

Reflexión.- Haz aquí un breve examen de conciencia… ¿No has cedido tal vez también tú
a las exigencias pecaminosas del mundo, a sus locas vanidades? En materia de
diversiones, lecturas, espectáculos y bailes; en materia de modas sin pudor…, de playas
libre y mundanas, ¿no tienes nada que reprocharte, nada?...
Piénsalo seriamente ante el Tribunal de perdón e indulgencia; pero con la resolución
varonil de cambiar y reparar lo que hoy provoca un remordimiento justificado. Piensa que
mañana lo verás con claridad meridiana y con espanto, pero ante un tribunal implacable…,
y demasiado tarde.

Piensa que si el Divino Maestro, tu Juez, ha maldecido al mundo, un cristiano no puede,


no debe aceptar sus máximas, su espíritu de orgullo y de sensualidad, que son la
negación del Evangelio y de la ley cristiana.
Haz un acto de contrición y de propósito firme, como a la hora de tu agonía…
Y ahora, reclinando tu frente como San Juan, sobre el Corazón de Jesús, escucha
sus lamentos, sus peticiones de amor y de reparación.

Voz de Jesús doliente.- ¡Alma reparadora, tu vocación es amar, amarme!


¡Oh! ¡Amame con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, pues te he
creado sólo con este fin: amarme en el tiempo y amarme y ser amado en la eternidad!
Sitio!... ¡Tengo sed!, sed abrasadora del amor de los míos. ¡Ah!, y los míos me niegan
ese amor, me roban el Corazón… Ved cómo aman todo lo que es digno y noble: familia,
amigos, bienhechores, patria… Pero, repartiendo con largueza a todos tanto amor, ¡me
han olvidado nada menos que a mí, un Dios de Amor!...
¿Qué puedo hacer para conquistarlos a mi Corazón Divino?...
¿Qué de nuevos prodigios podría hacer cuando me he agotado dándome Yo mismo a los
hijos ingratos?... ¿Se puede concebir una caridad más sublime que la de un Dios que se
da a Sí mismo?...

¿No es esto ya el don del Paraíso? ¡¡Ah!!, y ¡mira cómo en retorno me dan frialdad,
indiferencia, olvido y, con frecuencia, pecado e ingratitud!

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¡Sitio!... ¡Tengo sed, inmensa sed, sed devoradora de ser amado de los míos!

Escúchame, alma reparadora: Si al menos como reparación por tantos crímenes que
renuevan mi Pasión…, si después de flagelado por los escándalos del teatro, de la moda
impura y de las playas infames…, si como desagravio por todo este desbordamiento de
orgullo, de vanidad y de impureza encontrara muchas almas generosas que me
consolaran con amor y penitencia… ¡pero no hay tal!

¡Oh dolor!... ¡Esa calidad escasea cada día más!... ¡Qué contados son aquellos que de
veras saben darse a Mí con verdadera reprobación de las máximas pervertidoras del
mundo!... ¡Cuánto hielo en los corazones de los que se dicen míos!... ¡Qué poca lealtad
conmigo! ¡Ay! ¡No me aman!...

Tú, al menos, pon tus labios y pon tu corazón en la llaga de mi costado herido, y dime,
¡oh!, dime que me amas… Besa la herida del costado de tu Crucifijo, depositando toda tu
alma en ese beso, y diciendo cinco veces: «¡Te amo, Jesús, amor que no eres amado;
Inflama, consume mi corazón en tu divina caridad!»
Jesús.- ¡Gracias, alma querida, gracias!... ¡Cómo alivias mi Corazón!… ¡Cómo mitigas
mi sed hablándome así! ¡Escúchame todavía!...
Desde que pedí con tristeza a mi sierva Margarita María más amor de Eucaristía en
homenaje de reparación, ha crecido, es cierto, el número de las almas eucarísticas…;
pero éstas son aún un grupo reducido…

Y más reducido aún el número de aquellos que han comprendido que no basta el
comulgar…; que es preciso amar comulgando…, pues de otra suerte es desvirtuar el don
prodigioso del altar y de la Eucaristía…

Asistir al Santo Sacrificio sin un grande amor, y comulgar sin darme de veras el corazón,
es desconocer el amor que ha creado esas maravillas y es neutralizar en gran parte su
eficacia…
Lo que hice y di por amor, debe ser recibido y pagado con inmenso amor… No basta
participar del banquete, es preciso llegarse a él con hambre divina de dicho banquete…

¡Feliz tú, alma consoladora, que comprendes este lenguaje que tantos otros no
comprenderían porque no aman!... Y cabalmente porque no aman, ¡heme aquí
abandonado y solitario en mis Sagrarios!... Y tanta gente, muchedumbre, ahí donde se
vende o se paga caro el pecado…, y Yo en el banquillo del Tabernáculo.
Yo siempre solo…
No me faltan, ¡oh, no! , amigos de etiqueta, pero cuyo corazón está lejos de Mí…
¡Oh! ¡Cuántos amigos que yo he buscado, pero que no me buscan…, amigos a quienes
Yo me he dado, pero que no se me dan…, amigos fieles y abnegados con sus amigos,
pero no conmigo, su Rey y Salvador…, amigos que con excesiva e imprudente confianza
se fían de las criaturas siempre interesadas, pero que no se confían ni se abandonan a mi
Corazón, siempre fiel!...

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Ay! ¡Sí! ¡Cuántos que sabrían sacrificarse noblemente por una causa hermosa, pero
humana…, por una criatura, buena tal vez, pero criatura…, y que no me dan a Mí la
centésima parte de esa nobleza, de ese sacrificio, que me lo rehúsan a Mí, pues temen
siempre exagerar, tratándose de mi persona adorable!...

¡Amigos sin celo ninguno por mi gloria…, amigos que me buscan con afán cuando
necesitan mis milagros, pero jamás cuando yo necesito una hora de su tiempo… o
abnegación por mi gloria!
Y ¿qué pensar de esas desgraciadas que pretenden amarme porque rezan y aún osan
comulgar, pero cuya vanidad, cuyo impudor en el vestir, cuya frivolidad mundana han
abierto un abismo infranqueable entre su corazón y el mío?... Esas tales se engañan, pero
no me engañan.

No acepto, rechazo indignado esa devoción artificial de rezos y novenas…, de falsa


devoción que pretende unir lo que Yo he separado para siempre: mi Ley y la virtud, mi
amor y mi Corazón, del mundo que vuelvo a maldecir: ¡Qué sorpresa recibirán esas
«mundanas devotas» en mi tribunal!

Tengo hambre de corazones realmente amantes y no de hermosas palabras, y no de


flores, de cánticos y rezos vanos.

Tengo sed de amor confiado, de amor de sacrificio, de amor humilde, de amor que sea
pureza de alma y castidad de los sentidos… Darme otro amor en alianza con el mundo,
sería mentirse y mentirme… ¡Lo rechazo!

Ese amor, fuerte como la muerte, lo espero de ti, alma adoradora, dámelo, apaga tú la
sed de un Dios que dejó los cielos en busca del amor de su pobrecita criatura…Y puesto
que tantos corazones, ¡ay!, son una cisterna seca para Mí, con aguas que no son vivas,
que no son las que Yo doy y las que mi Corazón esperaba en retorno de amor… ¡dame tú
de beber!

¡Sitio!... ¡Tengo sed! ¡Dame de beber!... ¡Tengo sed de amor!

Lentamente y hablando a Jesús, más que con los labios, con el corazón.

El alma adoradora.- ¡Jesús adorado, si aquel «¡Tengo sed!» tuvo en el Calvario como
respuesta hiel y vinagre para tus labios divinos, esta vez tú recibirás, Rey Agonizante,
miel y néctar que mi pobrecito corazón te ofrece en desagravio!... ¡Escúchame, Jesús
amadísimo!

Amor infinito que no eres amado, te amo, sí, te amo y quiero hacerte amar en
desagravio por tantos que de hecho desconocen el prodigio de amor, que es tu
Encarnación maravillosa… ¡Jesús Infante, Jesús adolescente, Jesús Divino Obrero, te
adoro con la adoración del corazón; pero en retorno, inflama este mi pobre corazón en las
llamas de tu caridad!...

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¡Oh! ¡Sí! ¡Quiero amarte como nunca fuiste amado! ¡Y dame tu Corazón, dame tu amor,
porque yo también siento sed, sed ardiente de Ti, Señor Jesús! « ¡Sitio!»…

Amor infinito que no eres amado, te amo, sí, te amo y quiero hacerte amar en
desagravio por tantos que de hecho desconocen en su vida la locura de amor divino que
es tu Pasión, tu Redención y tu Cruz…

Jesús Crucificado, Jesús Agonizante, Jesús muerto y sepultado por amor, te adoro con la
adoración del Corazón, pero en retorno, inflama éste mi pobre corazón en las llamas de tu
caridad… ¡Oh! ¡Sí! ¡Quiero amarte como nunca fuiste amado!... ¡Y dame tu Corazón,
dame tu Amor, porque yo también siento sed, sed ardiente de Ti, Señor Jesús!... «
¡Sitio!»…

Amor infinito que no eres amado, te amo, sí, te amo y quiero hacerte amar en
desagravio por tantos que de hecho desconocen el amor de divina locura que es el
Santísimo Sacramento del altar… Jesús Pontífice, Jesús Hostia, Jesús Sacramentado, te
amo con la adoración del corazón, pero en retorno, inflama este mi pobre corazón en las
llamas de tu caridad… ¡Oh! ¡Sí! ¡Quiero amarte como nunca fuiste amado!... ¡Y dame tu
corazón!... ¡Dame tu Amor, porque yo también siento sed, sed ardiente de Ti, Señor
Jesús!... « ¡Sitio!»…

¡Oh! ¡Haz que te ame, Jesús, Amor que no eres amado, que te ame en mi vida personal
e íntima, por la fidelidad extrema a tu gracia…, que me santifique en tu amor!

¡Oh! ¡Haz que te ame, Jesús, Amor que no eres amado, que te ame en mi vida de
familia, en el cumplimiento exacto de los deberes de mi vida cotidiana, en la aceptación de
las cruces providenciales de mi estado, que me santifique tu amor!

¡Haz que te ame, Jesús, Amor que no eres amado, en las almas que me has confiado,
especialmente en aquellas descarriadas, haz que te ame en mi apostolado por tu gloria, y
para ser fecundo, que me santifique en tu amor!

¡Haz que te ame, Jesús, Amor que no eres amado, en el don inefable que es el Corazón
de María…, que en esa escuela aprenda a ser sencillo, humilde, casto y puro…, que
guiado por María me santifique en tu amor!

¡Ah! Cuánto quisiera, Jesús, que mi vida fuese una alabanza perfecta a tu Amor
desconocido…, una reparación a tu Amor ultrajado…, un holocausto a tu Amor
despreciado y profanado… Pero Tú, Señor, que lo sabes todo, Tú, que lees en lo íntimo
de las almas y que ves mis intensos deseos; Tú, que escudriñas las conciencias; Tú sabes
que, a pesar de mis miserias, quiero con voluntad resuelta vivir y morir, diciéndote y
probándote que te amo por encima de todos los tesoros del cielo y de la tierra… ¡Tengo
sed de Ti, Jesús!..., y ¡sed de tu gloria!

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Acto de Reparación al Corazón Sacratísimo de Jesús

de su Santidad Pio XI

¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago de los
ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante vuestro altar,
para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las
injurias con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo Corazón.

Mas recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad de
la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener para nuestras almas
vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo
nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la
salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como a Pastor y Guía, o,
conculcando las promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.

Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la


deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra
las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas
contra Vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario y al Orden
Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo
Sacramento del amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que oponen
resistencia a los derechos y al magisterio de la Iglesia por Vos fundada.

¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Mas,
entretanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la
Virgen vuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción
que vos mismo ofrecisteis un día sobre la cruz al Eterno Padre y que diariamente se
renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible
y mediante el auxilio de vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la
indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza en la fe, la inocencia
de la vida y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad,
mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos
podamos para que vayan en vuestro seguimiento.

¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os


suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación; concedednos que seamos
fieles a vuestros mandatos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la
perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del Padre y
del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora, alma adorada, toma tu Crucifijo y besa con inmenso amor las Cinco Llagas,
diciendo en cada una, al besarlas, la siguiente jaculatoria:

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“¡Te amo, Jesús, porque eres Jesús.... Venga a nos tu reino!”

Besa el Costado abierto de Jesús, pidiendo por las intenciones del Soberano Pontífice, y
di:

“¡Te amo, Jesús, porque eres Jesús.... Venga a nos tu reino!”

Besa la Mano izquierda del Señor crucificado, pidiendo por tu familia y recomendando tus
necesidades personales, y di:

“¡Te amo, Jesús, porque eres Jesús.... Venga a nos tu reino!”

Besa el Pie derecho del Señor crucificado, como apóstol de su amor, pidiendo el triunfo de
su Divino Corazón, y di:

“¡Te amo, Jesús, porque eres Jesús.... Venga a nos tu reino!”

Besa el Pie izquierdo del Señor crucificado, pidiendo por la conversión de los extraviados
y de los pecadores, y di:

“¡Te amo, Jesús, porque eres Jesús.... Venga a nos tu reino!”

El alma adoradora. - Y al despedirme esta noche, Rey de Amor, Corazón de mi Dios y


Dios de mi corazón, penetro confiado en aquella herida que abrieron mis pecados..., entro
en el arca mil veces venturosa de ternuras infinitas, en tu amable Corazón..., y ahí me
establezco para decirte y repetirte con el tiempo que te amo y que te quiero, con anhelos
vehementes, hacerte amar..., para cantar durante la Eternidad las misericordias infinitas
de tu adorable Corazón.

Acto de Consagración al Corazón Sacratísimo de Jesús

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de su Santidad León XIII

Jesús dulcisimo, Redentor del genero humano, míranos postrados humildemente delante
de tu altar; tuyos somos y tuyos queremos ser, y a fin de estar mas firmemente unidos a
Ti, he aquí que, hoy día, cada uno de nosotros se consagra espontáneamente a tu
Sagrado Corazón:

Muchos, Señor, nunca te conocieron, muchos te desecharon al quebrantar tus


mandamientos: complacete, Jesús, de los unos y de los otros, y atraelos a todos a tu
Santo Corazón. Se Rey, Señor, no solo de los fieles que jamas se separaron de Ti, sino
también de los hijos pródigos que te abandonaron; haz que vuelvan pronto a la casa
paterna, no sea que perezcan de miseria y de hambre.

Sé Rey de aquellos a quien engañaron opiniones erróneas y desunid la discordia, traelos


al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que luego no quede mas que un solo
rebano y un solo pastor.

Sé Rey de los que aun siguen envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo.
Dignate atraerlos a todos a la luz de tu Reino.

Mira, finalmente, con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo
fue predilecto; que también descienda sobre ellos, como bautismo de redención y vida, la
sangre que un día reclamaron contra sí. Concede, Señor a tu iglesia incolumidad y libertad
segura; otorga a todos los pueblos la tranquilidad del orden, y haz que del uno al otro polo
de la tierra resuene esta sola aclamación:
“¡Alabado sea el Divino Corazón, por quien hemos alcanzado la salud..., a El gloria y
honor por los siglos de los siglos!"

En nombre de nuestra Patria, en homenaje de adoración y desagravio, digamos cinco


veces, en honor de las Cinco Llagas:
¡Corazón Divino de Jesús: Venga a nos tu Reino en nuestra Patria!

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