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Enrique Krauze, La presidencia imperial.

Ascenso y caída del sistema político mexicano


(1940-1996), México, Tusquets Editores, 1997
Rafael Rojas

Algunos escritores espEiñoles nada Hispanoamérica, desde el Libro de la


inseguros de su nacionalismo, vida de Santa Teresa de Jesiis hasta
como Guillermo de Torre y José Orte- la Autobiografía de Federico Sánchez
ga y Gasset, señalaban a mediados de de Jorge Semprún, pasando por las
este siglo el escaso desarrollo del gé- Memorias de Rubén Darío y Confieso
nero biográfico en la cultiu-a hispa- que he vivido de Pablo Neruda, ha
noamericana. Ortega, por ejemplo, sido bastante ft-ecuentado. Sin em-
sumaba la falta de biografías y me- bargo, en lo que atañe a la escritura
morias en la literatura española a su biográfica, la observación sigue sien-
obsesivo contrapimteo cultural entre do válida. No sólo se escriben en cais-
España y Francia. No porque tuviera tellano menos biografías que en fran-
en alta estima dicho género, sino por cés o en inglés, sino que los mejores
todo lo contreuio: lo biográfico, a su biógrafos de grandes personajes de la
entender, denotaba un "síntoma de historia de España y América Latina
complacencia Einte la vida personal" o son, por lo generad, ft-anceses, italia-
lo que Charles Lindholm llama "una nos y, sobre todo, ingleses y nortea-
estetización del carisma". Así como mericanos. Ahí están los ejemplos re-
Inglaterra era el país de las biogra- cientes del Felipe II de Henry Kamen,
fías, Francia, según Ortega, era el el Franco de Paul Presten, el Bolívar
país donde se habían escrito más me- de Gerhard Masur y el Juárez de
morias. Brian Hamnett.
En los últimos años, Sylvia Mo- Esa importancia de la biografía
Uoy y Miguel García-Posada han in- en las literaturas norteamericana e
sistido en que aquellos juicios, por lo inglesa está relacionada con la tradi-
que se refiere a la literatura confesio- ción política y filosófica ¿uiglosajona.
nal o de memoriEis, eran algo exage- Por el hecho de experimentar esos
rados. El género autobiográfico en países un orden institucional estable,

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la moral, la religión y la cultura se ensayos de crítica poKtica, como Por


involucran más en la vida privada de una democracia sin adjetivos o Tiem-
las personas. Además de que, como po contado. Curiosamente, esas dos
observaba De Tocqueville, la demo- hneas paralelas de su escritura pare-
cracia trae consigo una suerte de uni- cen converger ahora en La presiden-
formidad cultural que exige la mitifi- cia imperial, ya que este libro es, a la
cación de caracteres emblemáticos. vez, una biografía y ima crítica del
En este sentido, la noción de charac- sistema político mexiceino.
ter, que diftmdieron Thomas Carlyle En cierto modo, la obra de Krau-
en On Héroes, Hero-Worship, and the ze ha sido la protesta solitaria contra
Heroic in History (1841) y Ralph Wal- ima paradoja: la historia de México
do Emerson en Representative Men gira, como pocas, alrededor de sus
(1849), implicaba algo más que el héroes y antihéroes, de sus caudillos
simple carisma, es decir, implicaba, y caciques; sin embargo, por lo gene-
ante todo, un don o una virtud que ral, no es narrada biográficamente.
convertía a ciertos hombres en figu- México, como él dice, es un pms carly-
ras ejemplares. Para Carlyle, por leano, pero sin Carlyles. Lo cual no
ejemplo, los héroes eran, fundamen- deja de ser una exageración que lleva
talmente, grandes estadistas como implícito un guiño nacionalista, ya
Federico el Grande y Oliver Crom- que los "grandes hombres" mexicemos
well. Sin embargo, para Emerson, difícilmente encajarian en el ancho
quien seguía de cerca el principio pla- molde de Federico de Prusia, Schiller,
tónico de la anEdogía entre persona y John Sterling, Samuel Johnson y
comunidad, el "hombre repre- otros héroes de Carlyle. En todo caso,
sentativo" era lo mismo un filósofo, las biograifías de ICrauze, a diferencia
como Montaigne; un místico, como de las de Plutarco, Carlyle y Emer-
Swedenborg; un escritor, Shakespea- son, no se basan en el sympathos, no
re, o im político, como Napoleón. siempre son positivas, ni siquiera
En medio de ese menosprecio neutrales; en ellas hay lugar para el
por la biografía que aún persiste en la juicio moral que permite la distancia
cultura hispanoamericana, contrasta del pasado e incluso para la desapro-
la obra de Enrique Krauze. A excep- bación. Tal vez por esa susceptibili-
ción de muy pocos textos, como su dad moral que distingue su escritura,
colaboración en uno de los tomos de Krauze es un historiador que puede
la Historia de la Revolución Mexica- narrar el presente.
na que coordinó don Luis González, Aunque La presidencia impe-
la historiografía de Krauze ha sido rial cierra una trilogía, iniciada con
fimdamentalmente biográfica: Cau- Siglo de caudillos y continuada en
dillos culturales de la Revolución Me- Biografía del poder, se diferencia de
xicana, Biografía intelectual de Da- éstas por ser, además de una serie de
niel Cosío Villegas, Siglo de caudillos biografías de los presidentes de Méxi-
y Biografía del poder. A estas obras co entre 1940 y 1997, una biogreifía
habría que agregar, claro está, sus del sistema político mexicano. No po-

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día ser de otra manera. El maestro el porfiriato fiíe, al decir de Andrés


más visible de Krauze, Daniel Cosío Molina Enríquez, un restablecimien-
Villegas, lo expuso con la mayor cla- to del pacto con los cuerpos del £mti-
ridad: las "dos piezas centrales" de guo régimen, que a la vez se cuidó de
ese sistema han sido el presidente no desechar el perfil modernista del
de la república y el pEirtido oficial. El hberalismo.
engranaje entre ambos crea un apa- Ese liberalismo conservador,
rato político que fiínciona como un esa mixtura entre lo borbón y lo habs-
Deus ex machina y que ofi-ece una vía burgo, hizo del régimen de Porfirio
institucional al carisma de cada pre- Díaz el primer momento de estabili-
sidente. El "estilo personal de gober- dad después de la Independencia. De
nar", según don Daniel, no es más que modo muy similar, a partir de 1928
el proceso por el cual la biografía del se abre un nuevo periodo de normali-
presidente se convierte en una cifra dad institucional que contrasta con el
del destino de la nación. Así, la ana- caos revolucionario que siguió a 1911.
logía platónica entre el político y su La maquinaria empezaba a fiuicio-
ciudad se cxunple a cabalidad en el nar. Y ya para 1940 y, sobre todo,
México posrevolucionario. 1946, su funcionamiento Uega, en pa-
¿Cómo se escribe, pues, la bio- labras de Daniel Cosío Villegas, a "un
grafía de una maquinaria? Al pare- grado de perfección increíble". Justo
cer, el secreto se halla en el ensayo en ese momento "la política mexicana
preliminar "El Estado mexicano: se vuelve un misterio poco menos que
fuentes de su legitimidad". Aquí impenetrable". Es el lapso en que,
Krauze observa cómo ciertas formas como dice Krauze, el sistema se con-
ancestrales del Estado colonial per- vierte en una empresa civil con Ma-
sisten en el subsuelo de la memoria y nuel Ávüa Camacho y Miguel Alemán.
reencarnan en la formación del siste- Luego, del "empresario" (Alemán) el
ma político mexicano. La política de sistema pasa a manos del "contador"
Calles, el creador del sistema, es una (Ruiz Cortines), de éste al "gerente de
nueva versión del reformismo borbó- relaciones púbhcas" (López Mateos)
nico (anticlerical, capitalista, buro- y, por último, al "abogado penal"
crático); en cambio, la de Cárdenas, (Díaz Ordaz). La biografía de esa em-
que es quien lo consolida, puede verse presa que es el sistema político mexi-
como una vuelta al tomismo de los cano se presenta, entonces, como la
Habsburgo (corporativo, paternalis- suma biográfica de sus empresarios-
ta, carismático). Se trata de una osci- presidentes.
lación entre las herencias de los si- El nuevo régimen, nacido de la
glos XVII y XVIII que viene marcando Revolución, comienza a ser estable
la vida política mexicana desde el si- cuando más se asemeja al Euitiguo, es
glo XIX. De alguna manera, los hbera- decir, al porfiriato. Por segunda vez,
les de la Reforma y de la República en la historia moderna de México se
Restaurada habrían rescatado la fiso- detiene la gravitación pendular hacia
nomía del Estado borbónico; así como los Habsbm-go y los Borbones y se

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alcanza una suerte de acuerdo dinás- rantizan una legitimidad profionda e


tico dentro de la familia revoluciona- inefable a la nueva éUte del poder.
ria. Ajuicio de Krauze, dicho acuerdo En otros libros de Krauze ya se
experimentará dos rupturas, una percibe esta afición por la morfología
desde afuera, que ftie el movimiento histórica. En Siglo de caudillos, por
estudiantil de 1968, y otra desde ejemplo, es notable la apUcación de
adentro: la escisión de la clase políti- un principio morfológico de carácter
ca durante los sexenios de José López cultural, bastante cercano a la histo-
Portillo y Miguel de la Madrid. riografía de Spengler y Toynbee. Las
A partir de ahí la empresa se vidas de Hidalgo y Morelos, Iturbide
aproxima peügrosamente a la quie- y Santa Anna, Juárez y Díaz son na-
bra. Surge entonces su salvador, Car- rradas desde la distinción entre los
los Salinas de Gortari, nuevo Díaz, mundos culturales del criollo, el indio
nuevo Calles, que intentará refor- y el mestizo. En Biografía del poder
marla y, sobre todo, refundarla a su se nota algo parecido, pero en relación
medida. Pero hay una demanda, cada con el sustrato religioso de la expe-
vez más elocuente y mayoritaria, que riencia revolucionaria: Madero es el
los nuevos empresarios se resisten a "elegido por la providencia", Zapata
satisfacer, ya que su satisfacción exi- sueña con un "paraíso recobrado", Vi-
giría el reconocimiento del colapso del lla es un "bandido redentor" que "a
sistema: la democracia. hierro muere", Cárdenas encama la
La empresa es, pues, algo más figura del "general misionero". Estos
que una metáfora. Esta emalogía, que arquetipos sociales y religiosos, al
Krauze toma de Gabriel Zaid, favore- igual que los modelos del Estado co-
ce la narrativa biográfica. La biogra- lonial, son formas que reaparecen
fía de cada presidente es la narración una y otra vez en la historia, imáge-
de su específica virtud empresarial y nes del pasado que gravitan sobre el
va acompañada de las biografías de escenario del presente.
las instituciones y los actores que gi- Otra de esas formas es la del
ran a su alrededor. En este sentido, imaginario imperial que persiste en
se trata de un libro que narra la vida la cultura política mexicana desde el
de una comunidad política, el tiempo siglo XIX. Aunque Krauze no lo desa-
que media entre el nacimiento y la rrolla plenamente en este libro, ése
muerte de un Estado. De ahí que el es, tal vez, el legado ritual que más le
acercamiento a la morfología de Ri- deben los presidentes del México pos-
card Morse le sea tan útil a Krauze a revolucionario a Porfirio Díaz. En el
la hora de localizar lais referencias siglo XIX la verdadera discordia, en
históricas de la Revolución Mexicana; cuanto a formas de gobierno, no fue
referencias más bien inconscientes entre república y monarquía, sino
que, como los modelos estatales de los entre república e imperio. Todos los
Habsburgo y los Borbones, de los li- monarquistas mexicanos y no pocos
beredes y los porfiristas, se han sedi- republicanos fueron políticos impe-
mentado en la memoria política y ga- riales. Era demasiado el peso de la

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memoria de aquel imperio azteca fología y biografía Enrique Krauze pa-


que, después de cuatro siglos, había rece haber hallado una fórmula ideal
recobrado su independencia. A pesar para escribir esa historia trágica.
de los fracasos de Iturbide y Maximi- Pero él mismo reconoce que, con el fin,
liano, la aureola imperial pudo encar- ya tangible, de esa "empresa teatral"
nar, con más comodidad, en las presi- que ha sido el sistema político mexicano
dencias de Antonio López de Santa sobreviene el fin de la escritura biográ-
Anna y Porfirio Díaz. Por el hecho de fica y morfológica "En la democracia
haber sido los pohticos más cercanos —concluye Krauze—, la biografía de
a la democracia, los hberales de la México comenzaría a ser la biografía
República Restaurada y Francisco de todos. La democracia pondría piinto
I. Madero íueron los únicos que le final a la biografía del poder." ¿Es acaso
imprimieron una atmósfera republi- la democracia el abandono del dictum
cana a la institución presidencial. de la tradición, un hberarse totalmen-
Personajes que viven bajo el te del pasado, la ingravidez, el reino
peso de su memoria son los protago- del olvido, la utopía del tiempo? Ésta
nistas de la historia de México y de los es la seria pregunta que sorprenderá
libros de Enrique Krauze. Héroes de al lector en las páginas finales de La
una tragedia. En el enlace entre mor- presidencia imperial.

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