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RELACIONES QUE CONSTITUYEN LA TECNOLOGIA Y LOS MEDIOS QUE HACEN LAS

DIFERENCIAS

Hacia una teoría social pragmática de la tecnificación

Werner Rammert

¿Qué es tecnología? Un cambio de perspectivas

La tecnología se define usualmente como el conjunto de herramientas hechas por el hombre, como los
medios eficientes para un fin, o como el conjunto de artefactos materiales. Pero la tecnología también
contiene prácticas instrumentales, como la creación, fabricación y uso de los medios y las máquinas; incluye
el conjunto material y no-material de hechos técnicos; está íntimamente conectada con las necesidades
institucionalizadas y los fines previstos a los cuales las tecnologías sirven (1). Cuando los autores incluyen
un amplio rango de aspectos en sus perspectivas sobre la tecnología, piensan a lo largo de líneas de una
vieja y bien establecida tradición. Desde los tiempos de Aristóteles, cuatro elementos son discernidos como
constitutivos de la tecnología: el primer elemento es la materia o el material con el que se elabora el hecho
técnico; el segundo elemento es la forma o el contorno que se le da; el tercer elemento es el fin o el uso para
el cual es determinado; el cuarto elemento es la acción eficiente que el hombre hacedor de herramientas le
proporciona (2).

Las concepciones sobre la tecnología difieren en la manera de acentuar un elemento en particular. Los
autores que enfatizan la materialidad hacen de la tecnología una esfera ontológica separada de artefactos
físicos y el campo de mecanismos físicos o “hard ware”. Los autores que acentúan la forma instrumental
tienden a reducirla a una simple función en una relación fija medios-fines. Quienes subrayan la finalidad
tienen que enfrentarse con problemas de ambivalencia tecnológica y flexibilidad interpretativa. Aquellos
que dan preeminencia al hombre como hacedor de herramientas subestiman el rol del agente material o de
las resistencias en la relación sujeto-objeto. Cada filósofo de la tecnología que sigue esta estrategia de
formación es acusado de ser ontológico, funcionalista, teleológico o antropomórfico. ¿Cómo debería
construirse una teoría de la tecnología que evitara las falacias del esencialismo y el constructivismo, del
objetivismo y el subjetivismo? Argumentaré a favor de una estrategia relacional y pragmática que se centre
en los procesos de tecnificación y las prácticas de diferencias institucionalizadas, inscribiéndolas en formas
particulares dentro medios especiales.

Profundizar más aún el significado de tecnología produciría un debate sin fin. Creo que una aproximación
más sensible sería indagar cómo se ha utilizado el concepto de tecnología en la historia del pensamiento (3).
Con una tosca perspectiva genealógica se puede reconocer una finalidad oculta. La tecnología ha sido
siempre definida diferenciándola de algo, primero, distinguida de la naturaleza y la vida, luego de la
cultura, y actualmente en relación con la sociedad. En cada caso se asumen diferentes esferas ontológicas o
cualidades sustanciales. Estas presuposiciones tuvieron que ser confrontadas con más y mayores
problemas, como cualquier pensamiento ontológico o sustancial. Pero inclusive si uno usa estas diferencias
de manera meramente analítica, ellas parecen estar incapacitadas para captar el carácter de las tecnologías
contemporáneas y la emergencia de tecnoestructuras en la sociedad (4). La primera línea de mi
argumentación comienza con una crítica ejemplar respecto a la elaboración de diferencias y fines
sustanciales, reclamando una aproximación relacional de la tecnología.

¿Qué clase de relación constituye la tecnología? Usualmente la relación instrumental entre medios y fines
es acentuada en las corrientes principales de la filosofía de la tecnología. Una versión más específica
relaciona perplejidades y problemas con métodos de resolución. Estas concepciones presuponen que existe
un orden prefijado de relaciones o que las relaciones son discernibles sin ambigüedad alguna. Pero la
contingencia y la complejidad de la tecnología moderna ya no permite sostener estas suposiciones. Esta es
la razón por la cual algunas corrientes de la filosofía de la tecnología se reconstruyen de otra manera, y el
motivo por el cual prefieren una perspectiva de proceso de la tecnología y dan mas espacio al hecho de que
las tecnologías son continuamente construidas y tienen siempre que ser representadas en constelaciones
concretas. En mi segunda línea de argumentación prepararé el terreno para un cambio a la visión procesual
de la tecnificación y la pragmática tecnológica.

¿Qué produce las diferencias entre las tecnologías? Primero, la forma en que se conceptualizan las
relaciones. Si se imita el estilo de manipulación del símbolo humano, se construirán las máquinas de
conocimiento de la Inteligencia Artificial clásica; si se sigue la estrategia de funcionamiento del cerebro, se
diseñarán los programas de computación paralela de conexionismo; si se imaginan interacciones sociales y
una mente que funciona de manera societal, construirás los sistemas multiagentes de la Inteligencia
Artificial Distribuida. Segundo, el proyecto de tecnología particular o la manera cómo son construidos y
desarrollados los modelos tecnológicos hace la diferencia. Por ejemplo, los sistemas de computadoras
difieren en que los ingenieros o programadores prefieren algunas técnicas o tradiciones de diseño. Tercero,
las culturas del usuario o la manera cómo se practica realmente la computación hacen la diferencia. Hacer
“hacking”, pintar, explorar, calcular o comunicarse con la máquina, cada estilo de domesticar o cultivar la
computadora remodela la tecnología mediante la práctica experimental (5).
Pero más allá de estos tipos de formulación tecnológica hay diferentes materiales que forman la tecnología.
Esto significa que no hay regreso a la sustancialidad en el sentido ontológico. La materia se analiza con
respecto a sus funciones mediadoras en relación con diferentes prácticas. Las tecnologías son consideradas
como formas particulares de control práctico sobre relaciones de input-output, inscritas en los medios de la
actividad humana, artefactos físicos y signos. Podemos aprender de una teoría general de los medios (6)
que éstos - o la forma en que son acoplados sus elementos - también producen una diferencia. En mi
última parte, argumentaré a favor de una consideración distinta de los medios en la teoría de la tecnología,
esto significa particularmente sustituir la relación forma-medios por la relación entre el medio y los fines.

La diferencia tecnológica: de la sustancia a la función

La historia del pensamiento acerca de la tecnología puede verse como la tendencia continua a definirla en
contraste con otra sustancia. Las sustancias, a las que uno se dirigió cambiaron, pero la dirección del
pensamiento continuó siendo la misma. Vamos a recordar brevemente algunos de los pasos relevantes para
establecer las diferencias tecnológicas.

La diferencia entre naturaleza y tecnología parece tener la más larga tradición. Desde el tiempo de los
griegos la tecnología estaba separada de la naturaleza en cuanto a que la tecnología necesita la intervención
humana competente para existir, mientras que la naturaleza se organiza espontáneamente. Por esta vía, un
mundo artificial de objetos se separó del reino terrenal de la naturaleza (7). Pero mientras más entendemos
que nuestra visión de la naturaleza también está constituida por intervención experimental y con la ayuda de
artefactos, más se desvanece la diferencia definitoria. Mientras más definimos la tierra por los límites
terrenales de crecimiento, más conciencia tenemos de la naturaleza construida de nuestra imagen de la
naturaleza. Caemos en la circularidad de una definición sustancial.

La diferencia entre vida y tecnología pertenece a la misma estrategia para definir la diferencia tecnológica.
En este caso la vibración y espontaneidad del organismo vivo son comparadas con el cuerpo cristalizado y el
ritmo completamente regulado de un mecanismo muerto (8). Pero la diferencia entre vida orgánica y
tecnología mecánica está disminuyendo. En la biotecnología, la vida orgánica ahora se fabrica: el ratón de
laboratorio genéticamente manipulado es, a la vez y al mismo tiempo, un tipo de vida orgánica espontánea
y una tecnoestructura controlada que puede ser patentada. En las ciencias de la computación, los modelos
mecánicos de la ingeniería de conocimiento son seguidos por diversas aproximaciones para crear “Vida
Artificial” y cultivar una selección evolutiva entre una variedad de programas en crecimiento. Máquinas y
programas se mueven más allá del campo puramente mecánico.

La materialidad física o la artificialidad mecánica pueden ser marcadores significantes de objetos


tecnológicos. Pero no son suficientes para abarcar la tecnología contemporánea y para definir sus
características centrales.

Una segunda línea de distinción se ha trazado entre cultura y tecnología. Esta diferencia cultura/tecnología
muestra muchas caras. La esfera creativa de la cultura se opone a la esfera acumulativa de la civilización,
especialmente en la tradición alemana de la filosofía idealista (9). El campo significativo del lenguaje se ha
contrastado con las esferas literales y formales de la lógica y la matemática. Pero el último Ludwig
Wittgenstein (1953) nos enseñó que aun la técnica simbólica más rigurosa, como la lógica matemática, se
establece sobre juegos de lenguaje. Los etnometodólogos y analistas del discurso han demostrado que
incluso el habla coloquial sigue reglas formales y técnicas de conversación (10). Una clara demarcación
entre un mundo cultural de construcción de sentido y un mundo tecnológico de seguimiento ciego de
reglas no puede sustentarse por más tiempo.

La materialidad de los signos y la formalidad de las reglas enriquecen el concepto clásico de tecnología que
se centraba en herramientas materiales, máquinas y mecanismos.

La diferencia entre sociedad y tecnología abre otra línea de discusión. La eficiencia tecnológica se contrasta
frecuentemente con la ineficiencia de las instituciones sociales. La mejor ruta de una racionalidad
tecnológica neutral se confronta a menudo con el pluralismo caótico de una socialidad cargada de valores.
Estas distinciones son promovidas por los movimientos de “tecnócratas” y perpetuadas por sus críticos (11).
Si nosotros hablamos por ejemplo de una solución técnica a un problema, se invoca una manera no-social y
no- política para manejarlo. Entre el mundo social y el orden tecnológico se traza una línea distintiva. La
manera social de hacer algo implica reconocer la doble contingencia de interacción entre sujetos, requiere
comunicación y admite negociación. El modo tecnológico es asociado con la simple regularidad de las
operaciones entre objetos, con el control programable y la ejecución confiable. De cierta manera, las
diferencias analíticas entre técnica y praxis, trabajo e interacción, sistema y mundo de la vida reproducen
esta división entre orden tecnológico y mundo social (12).

Pero la sociedad no puede comprenderse sin su mediación técnica. Las tecnologías de la producción
constituyen el rango de oportunidades económicas y políticas de las sociedades. Los medios técnicos de
comunicación constituyen la expansión de las comunidades y la intensidad en el tiempo de la vida social
(13). No hay medios fuera de la sociedad, sino partes integrales de la asociación humana. Incluso la
interacción, comunicación y negociación sociales están hoy intensamente mediadas por técnicas y
tecnologías. No es posible imaginar una simple solución política o decisión social que no esté mediada por
procesamiento de datos, llamadas telefónicas, documentos escritos y técnicas de negociación.
Recíprocamente, la tecnología puede verse como “la sociedad que se hace duradera” (Latour 1991). Los
conceptos y las prácticas sociales son incorporados a la máquina e inscritos en los programas, consciente e
inconscientemente. Tampoco la sociedad está fuera de la tecnología, sino dentro de las máquinas. Una
diferencia sustancial entre tecnología y sociedad no puede sostenerse.

La durabilidad material y la confiabilidad en la ejecución no están limitadas a la tecnología; sino que


aclaran la propia función para la cual está construida.

Después de haber finalizado este rápido recorrido a través de la diferenciación semántica de la historia de
la tecnología, podemos extraer algunas conclusiones. Si la tecnología no puede ser suficientemente definida
ni por su status artificial ni por su materialidad, ni por su rasgo mecánico ni por su carácter no social en
tanto medio neutro, entonces todas las diferencias sustanciales pueden ser descontruidas, habría que
abandonar esta estratregia de definición. Si encontramos tecnología en cada de los mundos observados
arriba, entonces deberíamos buscar una función particular que la tecnología ejecuta a través de las
diferencias sustanciales. Si no podemos presuponer un mundo de esferas ontológicas claramente recortadas,
estamos forzados a construir conceptos relacionales que deben ser puestos a prueba. La búsqueda de un
concepto relacional de tecnología debería comenzar con una corta revisión de algunas filosofías que
enfatizan la forma relacional, el proceso y las prácticas de ejecución de la tecnología.

Tecnificación y práctica técnica: Relaciones que constituyen la tecnología

Si subrayamos la materialidad, artificialidad e instrumentación de la tecnología, no hemos comprendido la


idea misma de tecnología. La tecnología no existe sólo como conjunto material, como artefactos hechos por
el hombre, y como relaciones medio-fines. Es una relación particular con el mundo lo que constituye la
tecnología. ¿Qué clase de relación puede ser?

Ernst Cassirer ha propuesto acudir al proceso de devenir o transformación, la “forma formans” de la


técnica, del conjunto tecnológico, no sólo en la estructura del ser, en la “forma formata”, (<1930>1985: 43).
Él descubrió una relación entre la función de lenguaje y la función de la tecnología: Ambas sirven para
sostener la realidad contruyéndola. El lenguaje construye la realidad comunicativa por medio del
pensamiento teorético; la tecnología construye la realidad material realizándola. En las técnicas mágicas
ambas formas de práctica significativa estaban todavía entretejidas. Es la idea particular de relaciones
causales y necesario acoplamiento que diferencia a las tecnologías modernas de las técnicas mágicas, así
como también de los artefactos estéticos. Desde ese tiempo en adelante, el proceso de elaboración
tecnológica incluyó la abstracción instrumental a partir de otros significados y connotaciones, la
objetivación del mundo y la encapsulación de los efectos intencionales a partir de los no-intencionales en
una caja negra.

En su último trabajo acerca de “La Crisis de las Ciencias Europeas” Edmund Husserl desarrolló una fuerte
actitud crítica hacía la ciencia moderna y la tecnología. Él diagnosticó una gran división entre un
objetivismo fisicalista y un subjetivismo trascendental. En la reconstrucción de la matemática moderna y el
uso técnico de fórmulas en las ciencias, llegó a la conclusión de que el proceso que él llama
“Technisierung” (<1936> 1982: 49 pp.) es la causa central de la división y la crisis consecuente de la
modernidad. Yo traduzco este término como “tecnificación”. La tecnificación está relacionada con la
estrecha experiencia producida por la abstracción de otros significados, movimientos simplificantes hacia
los métodos en lugar de profundas elaboraciones de sentido, y el seguimiento de reglas vacías en lugar de
una comprensión completa. Esta forma patológica de tecnificación transforma la realidad en una fuente de
mundos posibles. De acuerdo con el último Husserl, la forma de tecnificación adquiere una creciente
eficiencia al precio de una pérdida de sentido. En su crítica Hans Blumenberg nos recuerda la necesaria
ambivalencia de la tecnificación: podría no haber ninguna creación de mundos nuevos sin el riesgo de
alienación del mundo de la vida. Blumenberg culpa a Husserl, porque no ve la paradoja de que incluso la
fenomenología como método de pensamiento sea una parte de la tecnificación. Como la ciencia moderna la
tecnificación llega a la conciencia de la contingencia del mundo (Blumenberg <1963> 1981:47).

En este punto de la argumentación nosotros podemos definir la tecnificación como una relación esquemática
entre causas y efectos, que opera independientemente de la comunicación de sentido. Los elementos
esquematizados pueden ser acoplados y combinados con sistemas técnicos complejos. Una máquina o motor
matemático o algoritmo consiste en algunas fórmulas numéricas e instrucciones formales, de manera que
incluso problemas complejos pueden ser computados sin conocimiento del contexto; una máquina mecánica
conecta un par de herramientas e imprime mi texto exactamente sin reflejar sus implicaciones morales; un
francotirador alineado combina algunas técnicas corporales y de percepción, de manera que él puede quizá
matar a una persona de la forma en que le ha sido ordenada sin sopesar los pro y los contras. La diferencia
entre un algoritmo, una máquina y un ser humano no importa a este nivel. Será el tema de la última parte,
cuando hablaré sobre los medios que constituyen las diferencias. Lo que interesa aquí es una diferencia
gradual, no una sustancial. Tecnificación significa mayor confiabilidad, mayor acoplamiento de los
elementos, menor dependencia del contexto, y más eficiencia en el control. Las técnicas que atañen a
relaciones tecnificadas son la simplificación y especificación de relaciones causales complejas mediante la
separación, purificación y esquematización de elementos, la fijación de relaciones por repetición en el
tiempo o la incorporación en materia, el cierre o la concreción de un sistema por encapsulamiento y la
elaboración de “cajas negras” o “black boxing”

¿Podemos decir algo más acerca de la relación que constituye la tecnología? Quizás podemos tomar algunas
ideas del filósofo americano de la tecnología Don Ihde que, como scholar de la fenomenología y bajo la
influencia del pragmatismo, leyó a Martin Heidegger (Idhe 1979; 1983). En su libro “Technology and the
Lifeworld” (1990), el autor se centra en las relaciones tecnología-hombre y la circunscripción cultural de las
tecnologías. Siguiendo una ontología relativista traza una distinción entre “las experiencias perceptuales y
corporales directas de otros y el ambiente inmediato” y las “experiencias tecnológicamente mediadas” (Idhe
1990: 15 pp.). Y sugiere – como propuse arriba - la búsqueda de diferentes grados de mediación en
nuestro mundo tecnológicamente texturizado.

La posición que concibe la tecnología como instrumentos para transformar algo puede calificarse de
cartesianismo y de tener un sesgo subjetivista: se supone que un yo o un sujeto puede usar una cosa como
un instrumento para efectuar algo en el mundo exterior. ¿Pero es razonable hablar de un sujeto, si los
instrumentos tecnológicos cambian el status de la subjetividad? ¿Quién es el sujeto en una planta atómica?
Los límites claros entre sujeto y objeto se perturban. “La técnica es una simbiosis de artefacto y usuario
dentro de una acción humana” (Idhe 1990: 73). La relación material entre los humanos y el mundo debería
concebirse como una relación simbiótica y mediada en lugar de una relación dividida e instrumental.

Un sesgo objetivista emerge, si la relación medios-fines es criticada a causa de su perversión. Quienes


mantienen una posición tecnocrática como también los críticos de nuestra civilización - desde la izquierda
y la derecha – tienden a subrayar la fuerza del imperativo tecnológico. Ambos apuntan a los medios que
devienen un fin en sí mismos. Los primeros dan la bienvenida a esta preferencia tecnológica como una vía
para racionalizar la economía y la sociedad capitalista (ver e.j. Taylor 1947; Veblen 1954). Los críticos de
la cultura se quejan de la totalidad del orden tecnológico, la alienación o inclusive la desaparición del
proyecto humano (ver e.j. Ellul 1964). ¿Pero es razonable pensar que la técnica está completamente fuera
de control? (14) Es la misma división entre sujeto y objeto, que conduce a tal perspectiva objetivista y
determinista. Yo propongo tomar en serio estas observaciones sobre la alteridad de la tecnología, pero
transformarlas en “relaciones de alteridad” (15) con diferentes intensidades y grados de agenciamiento.
Siguiendo un punto de vista de la mediación, el agente o agenciamiento puede ser visto como distribuido
entre humanos y no-humanos (16). El agente no está reservado a sujetos humanos; pero los humanos son
los únicos agentes que pueden experimentar y reflejar esta relación. No podemos reflejar las relaciones
desde un afuera como en una visión satelital, sino que debemos hacerlo en el medio, rodeados por ellas, con
una perspectiva navigacional.

Una tercera falacia concierne a las relaciones hermenéuticas. En este caso, deben evitarse las falacias del
funcionalismo y el intencionalismo. Un seguidor del funcionalismo no ve ninguna dificultad para detectar
los significados o sentidos de una tecnología. Uno podría decir: la función constituye la forma tecnológica,
o con el mundo de la filosofía de la Bauhaus: la forma sigue a la función. Un pensador intencionalista
buscaría el objetivo particular para el cual el artefacto tecnológico fue diseñado. Pero es un asunto difícil si
no imposible reducir un artefacto a una función general o interpretar un significado particular.
¿Deberíamos indagar la visión del inventor, o deberíamos revisar los planes de la ingeniería o del mercado
de producción? Daniel Dennett (1989) - reflexionando sobre la interpretación de textos, gente y otros
artefactos - destruye cualquier esperanza de encontrar una interpretación definitiva y final de una función
tecnológica. Tenemos que buscar con él una solución pragmática a estos problemas.

John Dewey ha desarrollado una filosofía de la praxis, que niega tales cosas como funciones e intenciones y
que rechaza la división rígida sujeto-objeto (17). La tecnología y su uso no pueden ser separados uno del
otro. La tecnología está definida como una “habilidad productiva activa” (Hickman 1990:18). Ella
comprende todos los medios que son usados en los procesos concretos de experiencia para controlar los
cambios que interfieren entre el comienzo y el fin de un proceso. La tecnología no tiene ninguna existencia
y función fuera de su uso. Es lo que me gustaría llamar las relaciones de uso que crean el objeto manejado
como una herramienta y el gesto manipulante como práctica técnica (18). Un objeto técnico difiere de otro
no-técnico en tanto que la tecnología incluye una interrelación preestrucutrada entre objetos y operaciones
como un rasgo que se autodefine. La tecnología es esta relación, que me gustaría llamar “interobjetividad”.
Esta interrelación es revelada en la práctica técnica y sus relaciones de uso. No está basada en propiedades
de las cosas relacionadas ni en la intención de la actividad humana. Ni la relación entre las corrientes de
aire en ascenso y la forma de las alas, ni la voluntad de convertirlas en instrumentos de vuelo conforman la
tecnología del aeroplano. El arte de volar sólo aparece en la interrelación o el intercambio entre
experiencias productivas activas, como investigar, reparar y experimentar, y las relaciones entre objetos
que son producidas como esquemas de diseños, combinaciones de materiales y reglas para pilotear.
Andrew Pickering ha encontrado una metáfora para describir este proceso: “el rodillo de la praxis” (1995).
Con esta metáfora indica que los objetos y sus respectivas relaciones son transformados por las prácticas de
investigación y búsqueda. Pero también las intenciones del experimentador humano se disuelven en una
secuencia de pasos y procesos mediante un arreglo o acomodo de las intenciones, cuando entran en
contacto con la resistencia de los objetos y la estructura de sus relaciones. Esta concepción pragmática
difiere de la noción materialista de que las propiedades físicas objetivas o las leyes de la naturaleza limitan
los proyectos tecnológicos y el rango de las posibilidades tecnológicas. La experiencia de limitación es
dependiente de la interrelación particular entre los objetos y de la intención específica de quienes se les
aproximan. Los experimentos no fallan y las tecnologías no funcionan no porque algunas condiciones
materiales están incompletas o son insatisfactorias. Las tecnologías que funcionan tienen que ser
producidas activamente mediante la investigación de diferentes constelaciones entre objetos, adaptando las
intenciones tecnológicas. El conocimiento de la fórmula correcta, de la organización funcional efectiva y de
las propiedades físicas no es suficiente para construir una tecnología. La experiencia práctica es necesaria.
En su estudio sobre la reconstrucción de los mecanismos de laser experimental, Harry M. Collins (1992)
demostró que la experiencia materializada, por al menos un miembro del equipo original, y sus
formulaciones, fueron necesarios para reconstruir el mecanismo de manera exitosa en otros lugares. Para
conseguir la edificación objetivada de una tecnología final en funcionamiento, se necesita más que planos
para su construcción y más que una mezcla de materiales. Se necesita la experiencia de cómo afinar las
relaciones entre objetos y proyectos, y la experiencia acerca de lo que es posible y lo que puede ser
realizado, en qué manera y con cuál efecto. Como en una “danza de agenciamientos” (Pickering 1995:21)
aparecen las relaciones eficientes de interobjetividad. Luego ellas son fijadas en una fórmula e interpretadas
un esquema simplificado de causas y efectos.

Nuevas tecnologías se constituyen mediante un tipo posterior de relaciones que yo llamo “relaciones
evaluativas”. Las tecnologías están desde el comienzo vinculadas a otras tecnologías, e.j. relaciones de
competencia con nuevas formas y relaciones de compatibilidad con aquellas que están establecidas. No se
trata de la incorporación singular de una idea en una esfera indefinida de ideas técnicas como tan
frecuentemente suponen los filósofos de la invención (ver Dessauer 1956). Las tecnologías no están
relacionadas unas con otras, por una lógica funcional de sustitución de órganos que gobierna la sucesiva
sustitución de una función del círculo humano de actividades (“Handlungskreis”), empezando por la
función energética de los músculos y terminando con la función cerebral. Esta es la manera en que las
teorías antropológicas de la tecnología quieren concebir la relación (ver Kapp <1877> 1978; Gehlen
<1957> 1980). Las tecnologías no pueden estar colocadas ordenadamente en un rango sin ambigüedad que
concierne a la eficiencia tecnológica o económica. Esta es una práctica preferida por las teorías históricas,
económicas y sociales del cambio técnico (19).

Las innovaciones tecnológicas no pueden simplemente ser explicadas por la escogencia económica racional
o por el criterio de una mayor eficiencia. Ellas se caracterizan por una relación de “destrucción creativa”
como Joseph Schumpeter acuñó (1942). Los criterios universales y sustanciales de superioridad
tecnológica no pueden ser indicados definitivamente. La multitud y mezcla de criterios no provee una base
firme para la evaluación. El carácter heterogéneo e histórico de los criterios no admite un procedimiento
neutral y universal. Esta es la razón por la cual propongo otro concepto relacional que pueda manejar la
diferencia entre las tecnologías establecidas, altamente evaluadas y las tecnologías profanas y no evaluadas.
Es el concepto de “archivo tecnológico”.

Boris Groys ha transferido el concepto de “archivo” de Michel Foucault y Jacques Derrida para describir el
mecanismo de innovación en las artes y luego en las artes útiles de tecnología (20). Puede dudarse que
existe alguna argumentación conclusiva para decidir acerca de la superioridad estética de una obra de arte o
algún procedimiento universal y racional para determinar la superioridad funcional de una pieza
tecnológica. La existencia de cualquier criterio sustancial es puesta en cuestión. Puede ser calificado como
una paradoja de innovación el referirse a las reglas de juego establecidas y al mismo tiempo romperlas para
elevar los rasgos considerados anteriormente como inferiores al criterio ahora evaluado como superior (21).
En las artes, la colección o el museo son considerados como mecanismos para manejar esta paradoja. Al
comienzo el arte africano de la máscara y, en conexión con él, la práctica de la pintura cubista inventada por
Pablo Picasso y Fernand Braques fue etiquetada de primitiva. Pero luego, cuando después de un tiempo de
fermentación estas piezas fueron adquiridas por coleccionistas de arte y museos, comenzaron a ser
valoradas como las obras del cubismo y el arte moderno. El mecanismo del archivo transforma prácticas
primitivas y profanas e incluso la práctica del antiarte en un arte socialmente aceptado y altamente
valorado. Es justo este mecanismo del archivo el que constituye un intercambio formal entre la esfera
profana y el campo escogido de los artefactos. Inclusive en tiempos de postmodernidad con su perdida de
certeza y valores universalmente compartidos este mecanismo garantiza la continuidad de la innovación,
pero no un progreso sustancial.

Este enfoque relacional puede ser transferido a la innovación tecnológica. Siguiendo la concepción
pragmática de la tecnología de John Dewey puede observarse una inmensa masa de prácticas técnicas
profanas que son significantes sólo localmente y de pasada. Pero estas prácticas son elevadas al status de
tecnología altamente evaluada y socialmente reconocida, cuando son exhibidas en las ferias industriales y de
inventores, cuando reciben reconocimiento por la publicación y la educación de las ciencias de la
ingeniería, cuando son patentadas con éxito, y cuando sus productos son difundidos por vía de la producción
en masa. Incluyo todas aquellas prácticas técnicas y sus productos bajo el “archivo tecnológico”, que está
oficialmente incluido en el estado del arte del campo tecnológico (22). Esto puede ocurrir por vía de la
publicación, colección, codificación y otras prácticas de institucionalización. Las tecnologías legitimadas
están separadas de las ilegítimas, las tecnologías seguras de las inseguras, las eficientes de las ineficientes.
Las tecnologías en las sociedades están constituidas también por estas relaciones evaluativas.

Para resumir las consideraciones de esta parte: la perspectiva sobre la tecnología ha cambiado de una visión
sustancial a una perspectiva relacional. En un primer paso, cambié este énfasis - con ayuda de Ernst
Cassirer - de un conjunto material de artefactos al proceso de tecnificación. En un segundo paso, corregí el
punto de vista crítico de Edmund Husserl acerca de una tecnificación global des-integrada, utilizando las
reflexiones de Hans Blumenberg, y argumenté a favor de un concepto gradual y ambivalente que establece
las diferencias entre relaciones más o menos tecnificadas. En un tercer paso, redefiní la visión subjetivista
de la instrumentalidad y la perspectiva objetivista de la relación pervertida medio-fines – inspirado por la
interpretación pragmato-fenomenológica que Don Ihde hace de la filosofía de la tecnología de Martin
Heidegger: la separación sujeto-objeto fue sustituida por una perspectiva simbiótica y mediacional. En un
cuarto paso, la pragmática de John Dewey me ayudó a rechazar la interpretación funcional y meramente
intencional de la tecnología. Las relaciones prácticas constituyen el sentido y significado de la tecnología;
ni las opciones ni las visiones tecnológicas pueden hacerlo. Al final, argumenté que todas las
aproximaciones fallan cuando usan criterios sustanciales para evaluar tecnologías, comparándolas unas con
otras. Tomé el concepto de archivo - desarrollado por Michel Foucault y descrito como un mecanismo
formal por Boris Groys - para demostrar cómo una práctica técnica es institucionalizada en comparación
con otra. Es justo la inclusión de prácticas técnicas profanas en una colección altamente evaluada de lo
que las convierte en tecnología relevante y legítima.

He identificado tres tipos de relaciones que constituyen la tecnología: la causal, la hermenéutica, y las
relaciones de evaluación. Las relaciones causales consisten en agentes y objetos que están “enrollados” con
sistemas efectivos estrechamente acoplados. Las relaciones hermenéuticas emergen con el uso y determinan
el mismo sentido de una tecnología por la manera en que se practica realmente, y no de acuerdo a como fue
originalmente proyectada. Las relaciones evaluativas conectan diferentes prácticas técnicas y artefactos y
regulan la manera en que ellas son incluidas en la colección social de tecnologías legitimadas y como estas
tecnoestructuras ganan influencia. Todas juntas, estas relaciones constituyen la forma particular de
tecnificación que es practicada e institucionalizada en la vida social.

Hasta ahora no respondí la pregunta acerca del material con el cual se construyen estas relaciones.
Usualmente, uno concibe la tecnología como “hard ware” hecho de objetos físicos. Intencionalmente
mantuve esta pregunta abierta. No quería estrechar el concepto amplio y procesual de tecnología. Después
de revisar las relaciones constitutivas que he presentado, puedo finalmente ir a las cuestiones relacionadas
con los materiales que forman parte de la tecnología y sus diferencias.

La diferencia de medios: el material con el que se hace la tecnología

Caractericé la tecnología como una cierta forma de práctica. Entonces es obvio que se necesita materia que
pueda ser transformada. Incluso en el marco de una perspectiva instrumental de la tecnología es
importante, ya sea un instrumento hecho de madera, metal o plástico. Podemos aprender de la teoría de los
medios (ver Heider 1929 y McLuhan 1968) que el material debería tener dos rasgos particulares. Debe ser
permeable y maleable, de manera que pueda moldearse fácilmente. Debe ser fuerte y duradero, de manera
que la forma o el contorno sea claramente discernible y repetible constantemente en cualquier momento y en
cualquier lugar. Es la capacidad de los materiales para funcionar como mediadores en los procesos técnicos,
no sus diferencias materiales triviales, a lo que quiero referirme. Un medio puede definirse como un
material que suavemente presta o proporciona sus características materiales para darle forma, que
minimiza su resistencia por un lado, y proporciona a los contornos sus expresiones visibles y distintivas sin
perturbarlas con sus propios rasgos. La arena de grano fino permite construir paredes o inscribir signos,
pero estos artefactos no muestran ninguna dureza o durabilidad. Por lo tanto la arena es un mal mediador
por construir edificios en comparación con el cemento, o para inscribir signos en comparación con la cera o
el papel o incluso el monitor electrónico de la computadora.

La categoría de medios se usa aquí muy ampliamente. No está restringida a los medios de comunicación.
Hablamos de un medio para referirnos a la diferencia entre un material tan finamente graneado y laxamente
acoplado, que desaparece en el fondo de nuestra experiencia, y el material que hace posible la construcción
de relaciones fuertemente acopladas entre elementos, como piedra o signos, entonces. El carácter de medio
no es un rasgo sustancial, sino que depende del contexto de uso, si un material controla una función
mediadora. Podemos ahora preguntar con precisión por las diferencias que establecen los medios en nuestro
contexto de práctica técnica y tecnificación. Siguiendo una corriente amplia de pensamiento (23),
relacionaré tres tipos de materiales:

Primero, cuerpos humanos, incluyendo la acción y percepción, usualmente vistas como el material del cual
esta hecho el mundo social o interactivo;
Segundo, cosas físicas, incluyendo los materiales físicos y biológicos, elementos y procesos que constituyen
la interobjetividad o el mundo natural;

Tercero, signos simbólicos, incluyendo letras, números e iconos, el material con el que está construida la
intersubjetividad o el mundo cultural.

Mi punto de vista se desvía de la corriente de aproximaciones teoréticas principal en dos aspectos. Incluye
técnicas de acción y técnicas de percepción. No puedo sólo tomar en cuenta la amplia concepción de la
tecnología basada en el pragmatismo y la fenomenología. Mi perspectiva puede basarse también en la
investigación antropológica que observa una fuerte interdependencia entre acción, cuerpos y tecnología (ver
Mauss 1936). Adicionalmente, mi concepto integra las tecnologías simbólicas desde las primeras pinturas
de cuevas hasta la última versión de realidad virtual en el ciberespacio. En este caso también, puedo
referirme al testimonio que subraya la co-evolución de la mano y la palabra (ver Leroi-Gourhan 1980) y
enfatizar la importancia equivalente de las revoluciones mecánica e informática (ver Innis 1951; McLuhan
1968; Luhmann 1989).

La tecnología sólo emerge si se cumplen tres condiciones. Tiene que encontrarse o crearse una relación de
uso entre la experiencia corporal y un ambiente exterior que está mediada por algo. Tiene que establecerse
una relación de interobjetividad entre dos elementos que aseguren un output anticipado, fuertemente
acoplado con un input. Debe haber una memoria o un archivo que marca y fija las relaciones de evaluación
de una manera que puedan ser frecuentemente repetidas y reproducidas en cualquier contexto. Los cuerpos
humanos, la materia física, y los signos simbólicos son todos necesarios para constituir la tecnología. Una
máquina sin alguien, que la controle, no es máquina, sino una exhibición en un museo o chatarra en un
basurero. Una técnica para abrir nueces con una piedra o usar plantas para sanar heridas que no esta
marcada y no deviene perdurable mediante un instrumento o una fórmula significante, se pierde y sigue
siendo un incidente en una vida animal o primitiva (ver Strum/Latour 1987). Pero trataré los tres tipos de
materias separadamente para averiguar sus funciones mediadoras particulares.

Los cuerpos humanos pueden ser usados como medios para inscribir una forma técnica cuando pueden
manejarse para que se comporten de manera fija y repetitiva de acuerdo con un esquema efectivo. Los
movimientos pueden ser esquematizados y practicados. Las sensaciones pueden ser codificadas y
ritualizadas. Mientras más finamente puedan dividirse los actos en unidades más pequeñas y más
fuertemente puedan acplarse, más tecnificados se hacen. Los ejercicios militares, los métodos taylorísticos
para simplicar los movimientos de trabajo y las rutinas para el manejo de máquinas se pueden contar en este
tipo de tecnología de acción. Ella se basa en repeticiones y entrenamiento del cuerpo para eliminar la
conciencia. Los cuerpos actuantes relajan su función mediadora si emerge la conciencia. Ahora podemos
ver mejor la ambivalencia de tecnologías que son hechas con cuerpos humanos. Son tecnologías
imperfectas porque las acciones humanas no pueden ser fijadas y acopladas con la misma confiabilidad que
las cosas físicas, pero son al mismo tiempo, altamente flexibles si las situaciones son cambiantes y surgen
problemas. El tipo de tecnificación que utiliza el medio de la acción humana puede llamarse “habituación”
(24).

Las cosas físicas y los procesos son el material más exitoso como medio para construir formas técnicas
duraderas y transferibles. Las rutinas de trabajo y las funciones de comunicación separadas en pequeñas
unidades pueden imitarse mediante operaciones mecánicas. Nuevos efectos de relaciones interobjetales
pueden descubrirse y aislarse. Estos hechos técnicos constituyen el inmenso contenido del archivo
tecnológico. Pueden combinarse y ensamblarse para constituir complejos sistemas tecnológicos más
grandes, e.j. un sistema de maquinaria de producción de automóviles está compuesto por energía, trabajo,
transporte y máquinas controladoras; o la red de suministro eléctrico consiste en turbinas, dinamos,
transformadores y cables. Estas tecnologías materiales abarcan desde simples herramientas hasta máquinas
ensambladas, desde sistemas tecnológicos cerrados hasta redes tecnológicas abiertas (25). Esta tecnología
de tipo hardware predomina en la discusión teórica, porque está tan obviamente presente como recurso y
como restricción de acción. La materialidad física significa una ganancia en durabilidad y sustituibilidad
calculable – piense en los miles de partes compatibles de las que está hecho un carro -, pero una pérdida en
flexibilidad y reversibilidad – piense en la dificultad de cambiar la línea de producción o inclusive toda la
trayectoria de los carros con motores de combustión interna. Este tipo de tecnificación que utiliza el medio
de operaciones y procesos físicos puede llamarse “mecanización”.

Los signos son materiales especiales. Constituyen un tercer campo entre los otros dos mundos (26). La
materialidad y la práctica humana se requiere cuando surgen los signos. Pero los sistemas de signos, como
el alfabeto y la aritmética pueden separarse completamente de los contextos conductuales y físicos de los
cuales emergieron. Ellos pueden manipularse con precisión siguiendo reglas de procedimiento. Las
técnicas de cálculo, las fórmulas químicas y los programas de computación pertenecen a esta categoría de
tecnología tipo simbólico o de software. El carácter formal de los algoritmos nos capacita para transformar
los sistemas de signos y reglas en “máquinas triviales”. En combinación con una computadora ellos abren
la puerta a la simulación de cualquier tecnología dada (27). Usar signos como medio de tecnificación
significa la mayor precisión de acoplamiento sin desgaste, en comparación con las máquinas físicas. Pero
exige también mayores esfuerzos para hacer que los inputs y outputs sean compatibles con el ambiente.
Este tipo de significación que usa el medio de signos puede llamarse “algoritmización” (28).

Características y diferencias de un concepto de tecnología socio-pragmático

¿Para qué sirve este concepto pragmático y mediacional de la tecnología? Generalmente podemos observar
más diferencias entre las tecnologías, podemos construir una caja de herramientas analíticas más detallada y
especialmente conseguir una visión fresca de las diferencias que constituyen la tecnología. Al cierre de mi
contribución resumo mis consideraciones en relación con algunas ventajas.

Primero, desarrollé el concepto de tecnología como una forma particular que produce una diferencia. La
forma tecnológica esquematiza, acopla y fija objetos, símbolos y agentes de manera que un efecto útil puede
ser anticipado repetidamente y controlado intencionalmente. La tecnología no se define más mediante las
distinciones esenciales respecto a la naturaleza, la cultura o la sociedad. La forma tecnológica se define
cruzando estas líneas de distinción. Ella diferencia la forma tecnificada de la no tecnificada. Hace la
distinción entre la forma estrechamente acoplada y la ligeramente acoplada. Acentúa la diferencia entre la
experiencia mediada y la directa. Este concepto gradual de tecnificación se presta más que otros a estudios
empíricos. Permite especialmente analizar los procesos de devenir tecnológico o de pérdida del carácter
tecnológico. Uno puede usarlo para identificar diferentes grados de tecnificación y sus implicaciones
sociales.

Segundo, precisé tres relaciones que constituyen tecnologías: las relaciones de uso, las relaciones causales
entre objetos y las relaciones evaluativas del archivo. Las relaciones de uso definen el sentido de la
tecnología, independientemente de la visión del inventor o el diseño del productor. Este concepto
pragmático nos ayuda a eludir falsas generalizaciones de los tipos tecnológicos modernos u occidentales. Lo
que experimentamos es siempre tecnología en uso o tecnología en situación. Las relaciones causales o las
relaciones fijas entre el input y el output anticipado se refieren a las interrelaciones de objetos, lo que llamé
interobjetividad. Esta relación limita una noción idealista o inclusive la noción de constructivismo radical
de que “todo vale” o que la tecnología puede ser modelada de forma enteramente social. Pero también
califica la noción de causas materiales, tomando la materialidad como la resistencia emergente oportuna
contra ciertas prácticas de intervención humana. Las relaciones evaluativas del archivo tecnológico son el
mecanismo para establecer el nivel de desarrollo dentro de los campos tecnológicos. Nos permiten explicar
la renovación tecnológica sin suponer alguna cualidad sustancial o criterios de eficiencia neutral. Este
concepto relacional y pragmático de la tecnología nos permite capturar la contingencia y ambivalencia de
las tecnologías sin eliminarlas con rigor. Porque este concepto es sensible a diferentes prácticas culturales y
situaciones locales.

Más allá de la forma en que la tecnología es esquematizada y más allá de las relaciones que definen la
tecnología, yo identifiqué una diferencia de medios. Se establece una diferencia, si los cuerpos humanos o
la materia física o los signos simbólicos son los medios en que las formas se constituyen o se inscriben.
Esta relación medios-forma parece abrir más oportunidades para analizar las nuevas tecnologías de la
información y la biotecnología que el concepto tradicional medios-fines. Con su ayuda pueden combinarse
el clásico concepto mecánico de transformación y el concepto cibernético de comunicación. Puede ser de
mucha utilidad cuando empezamos a analizar las tecnoestructuras de la futura sociedad del conocimiento y
la red, y a preguntar dónde están situados los agenciamientos técnicos y humanos y cómo está distribuida
nuestra vida social tecnológicamente mediada.

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Notas

Para una perspectiva más amplia en relación con el concepto de tecnología ver Mitcham (1978) y
Hannay/McGinn (1981); ver también Ropohl (1979: 31 f.) que restringe la definición de tecnología a los
artefactos materiales, su producción humano y su propósito de uso.
Muchos autores se han referido de diferentes maneras a este esquema en la esfera de la ética nicomaquea de
Aristóteles, e.j. más implicitamente a Friedrich Dessauer 1956, cuando diferencia entre “naturgegebene
Bestände” (fuentes naturales o stock of nature), “Ideen” (ideas), “finale Gestaltung” (forma final o final
shaping) y “Bearbeitung” (procesamiento o processing), más explícitamente Martin Heidegger en su
“Question Concerning Technology”, 1962
En “Thinking Through Tecnology” (1995) Carl Mitcham ha realizado el trabajo de integrar completa y
sistemáticamente las filosofías de la tecnología europea y americana.
Para el término “tecnoestructura” ver Böhme 1992 y para el procesos de “tecnoestructuración” Rammert
1997
Para el concepto de “domesticación” (Lie/Sörensen 1996) y de “contrucción cultural de las tecnologías”
Rammert 1996; 1998
Ver Heider 1926, Innis 1973, McLuhan 1964 y Luhmann 1997: 190 pp.
El pensamiento aristotélico es una corriente principal; para el énfasis actual en relación la “artificialidad” y
los problemas para sostener esta separación Simon 1981 y Bunge 1985
Para la confrontación entre mecanización y vida orgánica ver Giedion 1948. Hay una continuidad en la
crítica izquierdista de la mecanización capitalista desde los pronunciamientos marxistas acerca de la
contradicción entre trabajo vivo y trabajo muerto, por vía de la distinción entre tecnologías vivas apropiadas
y tecnologías mecánicas destructivas (Mumford 1967), hasta las preocupaciones posmodernas acerca de la
pérdida del cuerpo y los sentidos. Pero hay también una continuidad en la crítica conservadora de la
tecnología moderna en relación con esta oposición, e.j. Jünger 1949 y el último Heidegger 1962
Una consecuencia fue el debate acerca del “valor cultural” de la tecnología (“Kulturwert der Technik”). Por
ejemplo, la filosofía de la tecnología de Dessauers (1927) puede interpretarse como un intento para elevar la
filosofía de la ingeniería al nivel de la cuarta crítica kantiana, una crítica del hacer tecnológico (ver también
Mitcham 1995: 31)
Ver e.j. Schegloff 1972
En relación con la tecnocracia como tema en el pensamiento político Winner 1977: 135 pp.
Estas divisiones están mejor reflejadas en “The Theory of Communicative Action” (1987) de Jürgen
Habermas
Para el concepto de “mediación técnica” ver el manifiesto radical de Bruno Latour 1994, en relación con la
dialética de fuerzas productivas y vida social ver el “Manifiesto Comunista” y otros escritos de Karl Marx y
para una aproximación moderna enriquecida ver Anthony Giddens (1990)
Para una panorámica y crítica de la idea de “tecnología autónoma” ver Langdon Winner 1977
Para el término y su definición ver Idhe 1990: 98
Fue Latour 1988 quien encontró el “agenciamiento perdido” y analizó “la mezcla de humanos y no-
humanos”
Ver especialmente Dewey 1916; 1925; mis interpretaciones condensadas siguen ampliamente el excelente
libro de Larry Hickman acerca de la tecnología pragmática de John Dewey (1990) y Webster Hood 1982 y
1992
Para una buena descripción fenomenológica del gesto técnico ver Flusser 1991
La economía política clásica, la economía política e histórica marxista y la economía neoclásica
unánimemente suponen que el cambio técnico está regido por criterios objetivos de eficiencia. Para una
crítica ver Elster 1983; los conceptos histórico y sociológico de progreso técnico son descontruidos de
manera empírica por los estudios sociales de ciencia y tecnología, ver Bijker/Hughers/Pinch 1987,
Dierkes/Hoffmann 1992 y Cronberg/Sörensen 1995
Para las artes ver Groys 1992, y para el concepto de tecnología en el archivo Groys 1997. La idea del
“archivo” es desarrollada por Foucault 1973 y Derrida 1975
Esta paradoja es el tema de la ópera de Richard Wagner’s “Die Meistersinger von Nürnberg”
El estado del arte también se define durante procedimientos judiciales en tribunales de justicia, e.j. en
relación con la técnicas de cirugía, reducción de emisiones, etc.
Ver por ejemplo los tres mundos de Karl Popper (1972)
Con esta noción refiero a conceptos similares de formación de habitus (Gehlen 1980, Berger/Luckmann
1967) y al concepto de acción rutinaria (Giddens 1984)
Para esta tipología ver Tushman/Rosenkoph 1992. Finalmente sigo el concepto más amplio de sistemas
tecnológicos que incluye a los operadores humanos y a los artefactos simbólicos (ver Hughes 1987 y Perrow
1984), pero mi concepto analítico difiere de los suyos en tanto que yo enfatizo los medios que producen
diferencias
Para un concepto tripartito del significado de acuerdo con el tipo de signo, interpretantes y objetos ver los
trabajo de Peirce. Para una interpretación desde la perspectiva del pragmatismo social ver Wiley 1994
Ver los trabajos del inventor de la máquina “universal” e “inteligente” (Turing 1937; 1950) y para las
relaciones entre acciones humanas tipo máquina y operaciones computables ver Collins 1990
Ver Bettina Heintz (1993: 234 pp.) quien destaca la importancia de la algoritmización para una teoría
social de la tecnología.