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UNIDAD 4: HISTORIA SOCIAL GENERAL – EX SABORIDO // SEGUNDO PARCIAL

Saborido. “Establecimiento y consolidación del stalinismo”


Planificación y colectivización

Una acelerada industrialización autárquica asentada en el papel central del Estado; la


continuidad en la utilización de mecanismos represivos para solventar las diferencias
políticas e ideológicas y para afrontar los problemas mas sociales; la reducción a
cuestiones administrativas de la mayor parte de los problemas suscitados en el ámbito
del Estado, constituyeron las características más destacadas de la corriente burocrática
que protagonizó el viraje económico y social dirigido por Stalin.

Desde 1926 la Nueva Política Económica entró en un periodo de renovadas


dificultades.

Fue imponiéndose así la idea de organizar la vida económica por medio de un plan
orientado hacia una rápida industrialización, asumiendo las posiciones de la derrotada
Oposición de Izquierda.

El Plan Quinquenal puesto en marcha en 1928 fue la concreción de la idea de superar


la etapa dominada por el mercado, para retornar a situaciones de severo control
estatal estableciendo, además, optimistas tasa de crecimiento en las diferentes ramas
de la actividad económica. El plan estaba compuesto de una versión mínima y otra
óptima, basada esta última en condiciones favorables como cosechas abundantes, un
aumento del intercambio comercial con el resto del mundo y una reducción del gasto
militar como consecuencia del aflojamiento de la tensión internacional.

La nueva realidad basada en la planificación se enfrentaba de lleno con el


funcionamiento de la agricultura.

Como respuesta a las manipulaciones de precios realizadas por el Estado, los


campesinos optaron por disminuir su oferta de cereales, con las consiguientes
consecuencias para el conjunto de la actividad urbana. Frente a esta actitud de los
cultivadores, el accionar gubernamental se orientó hacia la configuración de
excedentes, retornando a prácticas propias del comunismo de guerra. Se organizaron
grupos de militantes urbanos que fueron enviados de los Urales y al oeste de Siberia a
recolectar grano secundando a los soviets locales y a las autoridades del partido; el
resultado fue exitoso pero generó la oposición de los propietarios más eficientes y
destruyó la confianza de los campesinos en las intenciones del gobierno. Este episodio
de principios de 1928 –llamado “método Ural-Siberia”- fue el antecedente inmediato y
el modelo de la colectivización, que se implementó desde fines del año siguiente.

El proceso lanzado por Stalin consistió en la brutal puesta en ejecución de una decisión
adoptada desde las más altas esferas del poder, justificada por una supuesta voluntad
de los campesinos pobres de ocupar la tierra de los propietarios “ricos”. Para impulsar
este proceso de “liquidación de los kulaki como clase” y de colectivización masiva
fueron reclutados miembros de la vanguardia del partido, activistas con experiencia
durante la revolución y l guerra Civil. El objetivo de esta operación fue representar los
intereses del gobierno en un ámbito en el que los funcionarios rurales eran percibidos
como incompetentes o políticamente sospechosos. Los militantes enviados fueron
simultáneamente la avanzada de una “revolución desde arriba” y la última expresión
del fervor revolucionario de la vanguardia obrera que tomó el poder en 1917. Su tarea
principal consistió en administrar las primeras granjas colectivas utilizando su
experiencia como trabajadores fabriles, respondiendo a las instrucciones recibidas
desde el gobierno.

Con mucho cinismo argumentaba que el éxito de la colectivización residía en que era
un proceso voluntario, y en adelante se autorizaba a que los campesinos abandonaran
las granjas colectivas si así lo deseaban. Sin embargo, se trataba solamente de un
respiro destinado a asegurar que se recogiera la cosecha. En los dos años siguientes, se
concretó lo que Conquest ha denominado “el fin del campesinado libre”; la presión
sobre quienes todavía no se habían incorporado a las granjas se tornó insoportable.

Esta política soviética se enfrentó con una vigorosa oposición en varias regiones, con la
participación de más de 2 millones de campesinos; la mayor parte de ellos sostenía
que estaba sufriendo una situación de servidumbre comparable a la que habían
experimentado sus antecesores. Entre 1929 y 1930 el gobierno informó de la
existencia de más de 22.000 actos terroristas. Se trataba, de acuerdo a las
investigaciones actuales, de la continuidad de la resistencia que se había manifestado a
principios de la década de 1920.

En el medio de este enfrentamiento, la política de abastecimientos se desequilibró: en


1932, la confiscación de buena parte de la producción dispuesta por el gobierno
terminó generando un hambre que alcanzó niveles catastróficos –se afirma que es la
mayor hambruna producida en Europa en tiempos de paz-, potenciado por los
mediocres resultados de la cosecha en ese año.

A principios de 1935 el campo estaba casi totalmente colectivizado. La resistencia


campesina se había quebrado y el Estado asumió con todas sus consecuencias el
objetivo de impulsar la industria pesada; el sector agrario se limitó a proveer alimentos
baratos sin posibilidad de equiparse para alcanzar un aumento significativo de la
productividad. Asimismo, la producción de bienes de consumo y el comercio fueron
pasando de manera progresiva a manos gubernamentales.

El sector campesino pudo sobrevivir al proceso de colectivización gracias a que fue


tolerado y luego reglamentado el cultivo de las parcelas privadas que mantenían en su
poder cada familia colectivizada, y cuya producción podía venderse en un mercado
libre.

Con la colectivización del campo y la puesta en marcha de la planificación, la


Revolución Bolchevique tomó un rumbo definido, el “gran salto adelante”, que se
caracterizó por el comando centralizado de la economía. Los rasgos principales de éste
fueron: el carácter imperativo y detallado del plan; el uso de una administración
centralizada que operaba como un sistema de racionamiento; el papel subordinado de
los mecanismos de mercado, incluso en los temas vinculados con la provisión de
trabajadores; una organización jerárquica en la conducción de las empresas; al
presencia coercitiva del Estado como organizador de la economía, manifestada en sus
amplios controles sobre todas las esferas de la vida de los ciudadanos. Es preciso
además puntualizar que el proceso se llevó a cabo en una situación de aislamiento casi
total respecto del mundo capitalista, lo que limitó en gran medida el acceso a la
tecnología avanzada que se utilizaba en los procesos productivos occidentales.

La industrialización experimentó un gran impulso; rubros como turbinas, tractores,


máquinas-herramientas, crecieron de manera impresionante. El aumento de la
producción de carbón y petróleo, y la construcción de una red de centrales eléctricas
aportaron la energía suficiente para apuntalar ese crecimiento. La ejecución de
proyectos monumentales fue una de las características destacadas: se construyó la
central hidroeléctrica más grande del mundo en el río Dnieper, la mayor planta
siderúrgica en la ciudad de Magnitogorsk, y se excavó, en tiempo récord, el canal del
Mar Blanco, que comunicó a éste con el Mar Báltico.

El período comprendido entre 1933 y junio de 1041, fecha en que se produjo la


invasión alemana a la Unión Soviética, estuvo caracterizado por la continuidad de la
estrategia basada en la planificación. En alguna medida, el hambre de 1933 y los
excesos de exigencias que surgieron de las presiones para el cumplimiento del Primer
Plan Quinquenal llevaron a que el Segundo Plan se propusiera objetivos más realistas:
no sólo los niveles de producción se moderaron en su crecimiento sino que también la
tasa de inversión en la industria fue reducida por primera vez desde la década de 1920.
En la declaración de intenciones del plan se destacaban tres principales: la
consolidación de los logros alcanzados, el incremento de la formación de los
trabajadores para un uso adecuado de la tecnología, y la mejora en los niveles de vida.

Los años de vigencia del Tercer Plan Quinquenal (1938 – 1942), interrumpido por la
invasión alemana, estuvieron caracterizados en el terreno económico por dos
circunstancias extraeconómicas: las “purgas” realizadas proe l régimen en los años
1937 – 38, que incluyeron el arresto masivo de economistas, administradores de
empresas y operarios calificados afectando el desarrollo de la producción, y el
incremento de los gastos de guerra a causa de la creciente tensión internacional
ocasionada por la amenaza nazi. Las consecuencias fueron variadas: un freno en el
crecimiento económico ocasionado por la desorganización del sistema de planificación
frente a las necesidades de desplazar la producción industrial hacia los armamentos;
un reforzamiento de los lazos de sujeción de los trabajadores por medio de una
legislación laboral extremadamente dura; una declinación general en los niveles de
vida, y asimismo la continuidad de una política agraria subordinada a los intereses de
la industria y de los consumidores urbanos de alimentos.

Sin embargo, es fundamental precisar las bases sobre las que se asentó ese éxito de la
planificación “despótica” implementada por Stalin para percibir con claridad las
limitaciones que con tanta fuerza se manifestaron más tarde. Ellas fueron:

1. La utilización masiva de mano de obra incorporada al mercado de trabajo a


muy bajo costo, incapaz, a pesar de las dimensiones de la demanda, de oponer
en el largo plazo resistencia en forma organizada a las presiones orientadas a
intensificar su trabajo;
2. La disponibilidad de enormes cantidades de capital, obtenido por medio de los
diferentes mecanismos que hemos descrito, que permitió el despliegue de una
industrialización de base “extensiva” dirigida a la fabricación de bienes de
capital, caracterizada además por una preocupación excluyente por sus
aspectos técnicos con descuido total de sus implicancias sociales;
3. La utilización abusiva de los amplios recursos naturales disponibles, llevándole
hasta el extremo de producir un tremendo e irreversible deterioro del medio
ambiente.

El “Gran Terror”

El 1° de diciembre de 1934 un joven integrante del partido, Leonid Nikolaev, asesinó


en Leningrado a Kirov en circunstancias sospechosas, y ese acontecimiento fue el
punto de partida para el desencadenamiento del llamado “Gran Terror”, aunque los
años más terribles estaban aún por llegar.

Las interpretaciones de los historiadores del Gran Terror pueden dividirse en dos
grandes corrientes: 1) “intencionalista”/”totalitaria”, que atribuye toda la
responsabilidad a Stalin y su ambición de poder; el objetivo del terror masivo fue
entonces el de generar obediencia en los sobrevivientes y consolidar la posición del
líder en el marco de una dictadura totalitaria. 2) “revisionista”, las purgas fueron una
forma extrema, despiadada, de lucha política; la importancia de Stalin en todo el
proceso es reducida al sostener que fueron los temores obsesivos de todos los líderes
los que generaron el terror. En esa línea, se pone el acento en el hecho de que la
mentalidad revolucionaria se construye a partir de la sospecha de que enemigos
externos e internos están continuamente conspirando, y en este clima particular se
está dispuesto a aceptar la idea de que es preferible matar a diez inocentes antes que
dejar libre a un culpable.
Consenso:

1) No queda duda alguna respecto de la responsabilidad directa de Stalin en la


organización de la represión;
2) Se afirma que su comportamiento –compartido por la dirigencia- estuvo
motivado por la necesidad de acabar con todo potencial enemigo interior –la
“quinta columna”- frente a la eventualidad de una guerra con las potencias
capitalistas;
3) La intensificación de la represión se vincula asimismo con los problemas
económicos que emergieron a partir de 1936, incluida la peor cosecha desde
1932-33, en tanto activó la lucha contra presuntos saboteadores:
4) El Gran Terror fue la peculiar manera por la que Stalin intentó resolver el tema
de la lucha de clases en la URSS, “derrotando a los restos de las antiguas clases
dominantes y defendiéndose de la agresión imperialista”;
5) Por medio de la represión masiva se realizó una renovación de la elite
encargada de la gestión política; el líder se aseguró así la desaparición de los
restos de la “vieja guardia bolchevique”.

Todos los especialistas coinciden en sostener que la etapa más dura del Gran Terror se
inició a mediados de 1936, cuando Stalin ordenó a la policía soviética al puesta en
marcha de un nuevo juicio político contra el “bloque contrarrevolucionario trotskista-
zinovievista”, un vasto complot supuestamente liderado por Trotsky, que incluía a
estudiantes, dirigentes y viejos bolcheviques (figura destacada Nicolái Yezhov).

Otro objetivo de Stalin fueron las fuerzas armadas: a partir de junio de 1937
numerosos oficiales fueron encarcelados, torturados y ejecutados. La existencia o no
de un complot militar ha sido objeto de largo debate y no hay evidencia definitiva; lo
concreto es que con estas operaciones el dictador previno cualquier posibilidad de
desestabilización por parte de los hombres de armas.

El clímax del Gran Terror se alcanzó a principios de 1938 con el llamado “juicio a los
21”, que incluía a Bujarin, Rykov y un grupo de los que había constituido a fines de la
década de 1920 la oposición de derecha. Para que el primero confesara todos los
crímenes que se le achacaban –desde participar de un complot para matar a Lenin y
Stalin en los primeros tiempos de la revolución hasta asesinar a Kirov- se amenazó a su
mujer y a su hijo. Finalmente, 19 de los 21 acusados fueron ajusticiados, incluyendo a
quien, como Bujarin, había sido unos de los más respetados dirigentes de la
revolución.

La apertura de los archivos de la ex Unión Soviética ha permitió conocer presiones de


esa realidad menos visible. Existió una avalancha de denuncias, acusaciones,
detenciones; como afirmó un dirigente, el objetivo era “desenmascarar a todo aquel
que haya tenido vinculaciones con el trotskismo en el pasado, sin importar si estas
conexiones han sido directas o indirectas”.

En el XVIII Congreso del partido celebrado en marzo de 1939, Stalin anunció el fin de
las purgas, incluso pudo hablar allí de los excesos cometidos por Yezhnov,
reemplazado en diciembre de 1938 por Lavrenti Beria. A pesar de que se conservaban
las formas políticas, el partido era muy diferente respecto del XVII Congreso de 1934:
98 de los 139 dirigentes elegidos en el Congreso de ese año habían sido eliminados; el
60% de los integrantes del partido ya no pertenecían a él, y sólo el 19% había
ingresado al partido antes de 1921. Era el triunfo completo de la nueva generación
creada por Stalin y la desaparición física de la vieja guardia bolchevique.

El Gulag

El acrónimo Gulag (Administración Central de los Campos) designa el amplio sistema


de prisiones, campos de concentración, hospitales psiquiátricos y laboratorios
especiales que alojaban a los millones de prisioneros del stalinismo. El organismo fue
creado en 1929, aunque la existencia de los campos de concentración es anterior y
dependió desde 1934 del Comisariado del Pueblo de Asuntos Internos.

El objetivo de la creación del Gulag fue la utilización de los prisioneros como mano de
obra sometida a regímenes de trabajo forzado a los efectos de desarrollar grandes
obras y explotación de recursos en zonas retomas de la URSS. La economía basada en
la utilización de mano de obra convicta alcanzó gran impulso a partir de la
construcción del canal que unía el Mar Báltico con el Blanco.

La revisión reciente de la documentación vinculada con el Gulag y su consecuencia, la


publicación de importantes obras sobre el tema, han permitido detectar dos rasgos
característicos de su funcionamiento: 1) su estructura y estrategia estuvo dictada por
la estrategia política del régimen (esto es, de Stalin); 2) hubo una tensión continua
provocada por el hecho de que por un lado se encontraba su función económica –la
provisión de trabajadores a bajo costo-, y por otro la necesidad de aislar a los reclusos
del resto de la sociedad y evitar las huidas.

Por supuesto, la existencia e importancia del Gulag introdujo en los ámbitos


académicos y políticos el debate respecto de su comparación con los campos de
concentración nazis. La equiparación Gulag = Auschwitz resultaba enormemente
atractiva para quienes veían en el comunismo la encarnación misma del mal, y forma
parte de la interpretación “totalitaria” del stalinismo.

La Constitución de 1936

Mientras el “Gran Terror” se encontraba en su fase más dramática y represiva, el


régimen puso manos a la obra en la discusión y promulgación de un nuevo
instrumento constitucional que reflejara los avances que supuestamente se habían
producido en el tránsito hacia el socialismo. Las propuestas, presentadas por Stalin,
Radek y Bujarin, fueron sometidas a debate a mediados de 1936, y seis meses más
tarde la sancionó un Congreso extraordinario de los Soviets. La Constitución de 1936,
“la más democrática del mundo”, en palabras de Stalin, establecía un sistema
bicameral, compuesto por el Soviet de la Unión y el Soviet de las Nacionalidades,
denominados colectivamente Soviet Supremo de la URSS. Los diputados que
integraban el Soviet de la Unión eran elegidos por los ciudadanos (1 diputado por cada
300.000 votantes), mientras que el Soviet de las Nacionalidades estaba compuesto por
representantes de la repúblicas, y de las diferentes administraciones autónomas.
Asimismo, inmediatamente después se encontraba el Presidium (también llamado
Politburó), un organismo integrado por 33 miembros elegidos por el Soviet Supremo
que conformaban una especie de “Jefe de Estado Colegiado”. Ambos estaban
encargados de la función legislativa, mientras que el Poder Ejecutivo recaía sobre el
Consejo de Ministros, órgano supremo del poder del Estado.

La nueva constitución establecía que habían dejado de existir, reemplazadas por dos
clases fraternalmente vinculadas, la clase obrera y el campesinado, en coexistencia
armoniosa con la intelligentsia, que constituía un estrato antes que una clase, dado
que carecía de propiedades.

Libertad personal, la libertad de prensa, de asociación y de ejercicio del culto;


asimismo se establecía el carácter electivo de los cargos a todo nivel.

La política exterior de Stalin hasta 1941

La respuesta de Stalin a la situación creada en 1927 por la ruptura de relaciones por


parte de Gran Bretaña y el desastre sufrido en China, fue doble: por una parte, la idea
de una hostilidad internacional apuntaló la decisión de impulsar una industrialización
acelerada e incrementar el gasto militar. Pero además, la Komintern puso en marcha
una estrategia más radicalizada, denominada “clase contra clase”, uno de cuyos
aspectos destacados fue la negativa a establecer alianzas con la socialdemocracia,
caracterizada como “socialfascismo”.

A lo largo de la década de 1930, la política exterior de la Unión Soviética se vio


enfrentada a dos cuestiones: cómo enfrentar al nazismo en el oeste y a Japón en el
este. En ambos casos, la seguridad soviética llevó a la búsqueda de alianzas con otros
Estados; uno delos problemas residía en que no había unanimidad respecto de quiénes
debían ser esos aliados; mientras dirigentes como Maxim Litvinov defendían la
aproximación a los países capitalistas occidentales, otros, entre los cuales cabe
destacar a Vischeslav Molotov, eran partidarios de una aproximación táctica a la
Alemania hitleriana.
El ascenso al poder de Adolf Hilter en enero de 1933 no sólo tuvo como consecuencia
la emergencia de una dictadura represiva sino que el régimen nazi aparecía como
potencialmente expansionista, y el avance hacia el este era un objetivo conocido del
Führer.

23 de agosto de 1939 se firma el acuerdo Molotov-Ribbentrop: no agresión nazi-


soviético.

Sorprendente para muchos, el pacto tuvo un enorme impacto en Occidente. Los


partidos comunistas, embarcados de lleno en su estrategia antifascista, de repente se
encontraron con la consigna de que el enfrentamiento era una lucha entre dos
imperialismos, de la cual había que mantenerse al margen.

El 1° de septiembre el Ejército Alemán invadió Polonia, dando comienzo así a la


Segunda Guerra Mundial. Una quincena más tarde, el Ejército Rojo inició su avance
sobre el territorio polaco que le había correspondido en el acuerdo con Alemania.
Desde esos momentos hasta el 22 de junio de 1941, fecha de la invasión alemana que
dio fin al pacto Molotov-Ribbentrop, la política de la Unión Soviética estuvo
condicionada por el accionar del ejército de Hitler. Stalin siempre estuvo convencido
de que una guerra con Alemania era inevitable, pero sobre todo después del rápido
triunfo sobre Francia estuvo dispuesto a mantener a toda costa buenas relaciones con
Hitler porque consideraba que necesitaba tiempo para que el Ejército Rojo estuviera
en condiciones de combatir con éxito. Las dificultades que mostraron los soviéticos en
la invasión de Finlandia, que obligaron a la firma de un tratado de paz sin haber
logrado un éxito militar importante, le indicaban que el ejército, afectado por las
purgas de los años anteriores, no estaba convenientemente preparado.

La sociedad soviética y el stalinismo

*incremento de la población urbana.

La nueva realidad social dio lugar a lo que algún especialista ha denominado “Big
Deal”, un tácito acuerdo establecido entre el régimen y las nuevas clases medias
emergentes, que implicaba una postergación de los ideales igualitarios del socialismo
en beneficio de los valores materialistas que eran portados por quienes estaban
adquiriendo nuevas posiciones en la estructura social.

Los estudios de historia social realizados en las últimas décadas modificaron la visión
ampliamente difundida de la época stalinista como una sociedad estática, controlada
de forma totalitaria.

Una de las constantes de la vida cotidiana durante el periodo dominado por la figura
de Stalin fue la escasez generalizada. El rápido crecimiento de la población urbana
superó la oferta de alimentos y además generó enormes desajustes en el proceso de
distribución. Esta realidad dio lugar al desarrollo de una economía “sumergida”, que en
cierto modo era una continuación del comercio privado que se desarrolló durante la
NEP. La “segunda economía” abarcaba desde operaciones a gran escala que incluían el
desvío de gran cantidad de bienes a partir de la implicación de responsables de las
unidades de producción, hasta el accionar de individuos que compraban y vendían
distintos productos para obtener un pequeño beneficio.

Otro de los recursos con los que los ciudadanos soviéticos intentaban cubrir carencias
era el uso del sistema conocido en ruso como blat, una red informal de personas que,
a favor de su influencia en determinados ámbitos, intercambiaban favores, lo que
permitía acceder a bienes y servicios –desde alimentos, vestimenta, certificados
médicos, plazas en un hospital- que en condiciones normales hubieran sido casi
inalcanzables.

En la segunda mitad de la década de 1930 la situación pareció mejorar: la provisión de


alimentos se incrementó y el racionalismo fue abolido en 1936. El abastecimiento
barato de comida en los comedores de fábrica y la entrega de ropa de trabajo fueron
beneficios que alcanzaron a la clase obrera. La idea de la existencia de una suerte de
“Estado del bienestar” parece la más adecuada manera de definir lo que caracterizó al
stalinismo en esos años, aunque dejando en claro las restricciones que imponía a sus
beneficiarios.

Repercusiones del stalinismo:

1) Se produjo un fortalecimiento de la familia tradicional, en abierta contradicción


con lo ocurrido durante los primeros años de la revolución, y a pesar de que las
mujeres constituyeron una parte importante de la nueva fuerza de trabajo
urbano.
Los nuevos calores que se intentaban inculcar incluían la higiene, la sobriedad,
el trabajo eficiente; en conjunto las normas implantadas desde el poder
apuntaban al objetivo de asegurar la salud y capacidad física de la población.
2) Hubo un retorno a los métodos educativos tradicionales dejando de lado
algunas de las experiencias innovadoras de los primeros años de la revolución,
como parte de un proceso de gran expansión del sistema educativo y de
modificación de los métodos de enseñanza. En un país donde a pesar de los
avances realizados, el analfabetismo alcanzaba niveles elevadísimos, el
gobierno impulsó la enseñanza a todos los niveles, y logró sin duda resultados
exitosos en términos cuantitativos. La disciplina y el respeto a los profesores
eran valores promovidos desde el poder, con el objetivo mil veces repetido por
la propaganda de la construcción del “nuevo hombre soviético” educado de
acuerdo a valores –sentido colectivo, solidaridad- opuestos a los que
caracterizaban a la sociedad capitalista.
3) A pesar de que la educación atacaba los calores religiosos –la ciencia y la
racionalidad iban a triunfar sobre la región-, de hecho se produjo un
incremento de la tolerancia respecto de la Iglesia ortodoxa, lo que se verificó
sobre todo cuando en la época de la guerra se utilizó el nacionalismo ruso
como arma propagandística para derrotar al invasor nazi.

La “revolución cultural” del stalinismo

La vida cotidiana estuvo atravesada por la presencia del Estado, que intentaba
controlar la mayor parte de las actividades de los ciudadanos.

Los comunistas se habían propuesto erradicar el “atraso”, lo que implicaba atacar el


analfabetismo, pero también el comercio privado y la cultura de la pequeña burguesía.
El nuevo hombre soviético debía ser educado y “culturalizado”, y ésta no sólo era tarea
de los maestros y profesores sino que también le competía a artistas y escritores
atacar con su obra los valores burgueses produciendo obras que glorificaran el sistema
soviético.

En el periodo 1928 – 1931, conocido como la “revolución cultural”, expresión utilizada


por el mismo Stalin, el régimen comenzó a movilizar sistemáticamente a los escritores,
artistas y músicos para enfrentar a los “intelectuales burgueses”. En ese escenario, la
censura se convirtió en uno de los pilares del régimen, desempeñada por una
organización específica, la Glavit (Administración General de Asuntos Literarios y
Editoriales). Una de las características de la censura soviética es que no sólo prescribía
cómo había que escribir sino que, como consecuencia del adoctrinamiento
sistemático, también pensaba como el gobierno deseaba que lo hiciera.

1920: dos grupos enfrentados: la Asociación Rusa de Escritores Proletarios, compuesta


por comunistas convencidos dedicados justamente a promover el “realismo socialista”
y los “valores de la clase obrera”; y la Unión Panrusa de Escritores, conformada por
quienes habían alcanzado notoriedad antes de la revolución y aspiraban a mantener
apartada la literatura de la política.

1929: Se reemplaza a la Unión Panrusa de Escritores por la Unión de Escritores


Soviéticos.

En las artes plásticas y en la música, la actitud del gobierno fue similar. En pintura y
escultura el arte abstracto fue rechazado, y la tarea encomendada a los artistas
consistía en pintar trabajadores mientras realizaban su tarea con esfuerzo y
contribuían así a la consolidación del comunismo, o escenas de la revolución o la
Guerra Civil, de estilo fotográfico.
Fue significativa la evolución del cinematógrafo. Stalin, al igual que Lenin y Trotsky,
consideraba que era probablemente el medio de comunicación más importante, y el
advenimiento del cine sonoro incrementó sus posibilidades. En 1928 el partido exigió a
los cineastas la elaboración de películas que fueran entendidas por las masas,
entretenidas, instructivas y que sirvieran como vehículos de transmisión de los valores
socialistas. Se cerraba así el camino a los filmes de tono político pero experimentales
que se habían rodado en la década del veinte. Además, era objetivo del régimen
incrementar el número de salas de proyección, llegando hasta los más remotos
rincones de la URSS.

En nombre de una “ciencia proletaria” que contó con el apoyo de Stalin y del partido,
se convocó en 1948 a un cónclave científico en Leningrado a los efectos de discutir las
bases de la biología. Allí se delimitaron con claridad dos campos: el de la ciencia
“burguesa”, basada en leyes inmutables que orientan al hombre hacia la resignación, y
el de la ciencia “socialista”, creativa y opuesta a la “falsa” objetividad, que ayudaría a
marcar el camino hacia la liberación de la humanidad. Poco después de la reunión, el
Comité Central declaró ex catedra que Lysenko tenía razón. Su influencia en la ciencia
soviética se extendió hasta que cayó en desgracia en 1965, y sus investigaciones
causaron un enorme daño al desarrollo de la ciencia soviética.

El stalinismo constituyó un intento de construir “desde arriba” y apelando a la


violencia una nueva sociedad y una nueva cultura, despojada de los valores propios de
la civilización “burguesa”. Ese formidable intento de “ingeniería social”, se llevó a cabo
por medio de una represión masiva y despiadada y de la consolidación de una
dictadura de tipo personal por lo que es prácticamente imposible reivindicar lo
ocurrido en la Unión Soviética desde fines de la década de 1920 hasta la muerte de
Stalin en 1953.

El stalinismo en la histografía

1) LA TESIS DE LA “CONTINUIDAD”

La explicación que afirma el stalinismo es la comunidad lógica de la Revolución


Bolchevique ha sido utilizada tanto por defensores como por detractores de la
experiencia soviética, y en varias ocasiones bajo la forma de una identificación entre el
pensamiento y el accionar de los principales líderes que rigieron los destinos del
régimen surgido de los acontecimientos de 1917, Lenin y Stalin.

Perspectiva marxista: el stalinismo no existe como tal, es el despliegue lógico de las


potencialidades de la Revolución Bolchevique.

El Gran Terror que estaba empezando a desplegarse en esos momentos era entonces
la culminación de la lucha de la burocracia contra los restos de la dirigencia que
protagonizó la Revolución de Octubre. La figura de Stalin aparece como la
personificación de la burocracia, y el régimen político es denominado “bonapartismo”,
por analogía con el régimen burgués de carácter excepcional que se instala en
momentos de crisis originado por la lucha entre dos adversarios. En su análisis, el
stalinismo es una variante que surge sobre las bases del Estado obrero desgarrado por
el antagonismo entre la burguesía soviética organizada y armada y las masas
laboriosas desarmadas.

Robert Tucker: el stalinismo fue una “revolución desde arriba”, y a pesar de sus
elementos conservadores y reaccionarios, forma parte del proceso revolucionario
ruso.

El desarrollo político del régimen soviético no fue la concreción de un modelo


cuidadosamente diseñado de antemano, sino de una serie de decisiones ad hoc
adoptadas para ordenar la vida política del nuevo Estado.

2) LA TESIS DEL ATRASO RUSO

En la sociedad rusa tradicional la mayoría de la población no estaba implicada


políticamente y el Estado dominaba a la sociedad.

En términos políticos, la respuesta del partido a los problemas económicos fue la


introducción de la Nueva Política Económica (NEP). La política del partido parecía
conducir precisamente al fortalecimiento de los elementos contra los que la revolución
había sido dirigida.

Esta cuestión se vio también complicada por la necesidad percibida por el partido
hacia 1927 de fomentar la industrialización a cualquier costo. Esta orientación fue
juzgada necesaria por 3 razones:

 La continuación de la NEP estaba conduciendo a la desmoralización de algunos


dirigentes del partido, y eso sólo podría ser superado por una aceleración del
tránsito al socialismo mediante la industrialización; ésta constituía la clave para
recuperar el entusiasmo hacia el proyecto revolucionario.
 El temor que existía dentro del partido respecto del accionar de la pequeña
burguesía.
 La tercera razón era de carácter internacional. La oposición del régimen
bolchevique de los Estados más poderosos era evidente desde los tiempos de la
revolución. A pesar del establecimiento de relaciones diplomáticas formales
entre la Unión Soviética y algunas de esas naciones durante la década de 1920,
sólo con Alemania se establecieron contactos reales.

3) EL STALINISMO COMO TOTALITARISMO


El concepto de totalitarismo ha sido definido partiendo de una serie de rasgos:
régimen de partido único, liderazgo carismático, monopolio de los medios de
comunicación, de los medios de coerción, economía planificada. Con estos elementos
se ha afirmado que tanto el nazismo alemán como el stalinismo soviético –sobre la
inclusión del fascismo italiano no existe unanimidad- constituyen los regímenes
históricos que pueden ser calificados como “totalitarios”.

El Gran Terror, con todos sus horrendos excesos, estaba destinado a transformar un
país atrasado en una potencia industrial, mientras que la violencia nazi no puso en
discusión el poder de las clases tradicionales en Alemania; el Terror se ejercía hacia el
exterior de la sociedad alemana, hacia los “diferentes” –judíos, gitanos, etc.-, o en
perjuicio de los pueblos que iban conquistando.

4) EXPLICACIONES VINCULADAS CON LA PERSONALIDAD DE STALIN

Hacia fines de la década de 1920 Stalin había sido capaz de consolidarse como líder del
partido.

La derrota sucesiva de los grupos opositores, más la doctrina de “la unidad del
partido”, alteró los métodos de funcionamiento del sistema. Procediendo así se
convirtió a toda oposición en ilegal, y se otorgó al líder un arma importante para
derrotar a quienes podían cuestionar su poder, aplicando métodos que no eran nuevos
pero que nunca habían sido utilizados de manera tan sistemática. Sin embargo, el
sistema tal como existió a partir de mediados de la década de 1930 no habría surgido
de la situación emergente diez años antes si no hubiera sido por las decisiones
adoptadas por los principales actores políticos.
Saborido. “La gran guerra patriótica” (1941-1945)

El desarrollo del conflicto

Desde el punto de vista militar; la guerra puede dividirse en 4 etapas:

1) Entre junio y diciembre de 1941, en la que se sucedieron los éxitos alemanes


pero no se alcanzó un triunfo definitivo; en ese lapso, la Unión Soviética peleó
sola por su supervivencia;
2) Desde diciembre de 1941 hasta fines de 1942: en esos momentos la URSS
empezó a contar con dos aliados de importancia, Gran Bretaña y Estados
Unidos, y en su territorio se desarrolló una fase de ofensivas y contraofensivas
que culminó en los últimos meses con la decisiva batalla de Stalingrado (agosto
1942-enero1943);
3) Enero de 1943 – junio de 1944: caracterizada por la progresiva expulsión de los
alemanes de territorio soviético;
4) Junio de 1944 – mayo 1945: periodo en el que además del avance del Ejército
Rojo hacia el oeste se estableció un segundo frente en Francia y los alemanes
retrocedieron en todos los ámbitos. Finalmente, la ocupación de Berlín condujo
a la rendición del Tercer Reich.

1) Fines de septiembre los alemanas inician la primera etapa de la “Operación Tifón”,


destinada a la conquista de Moscú.

Ya en esta primera fase del enfrentamiento se puede detectar algunos rasgos


específicos de la guerra en el frente oriental. En primer término, se trató de “un nuevo
género de guerra”, en la que murió más población civil que en ninguna otra de la
historia.

Esto fue así, en principio, por el hecho de que fue planteada como una “guerra de
exterminio”: para los nazis se trataba de ganar “espacio vital”, por lo que la población
de la Unión Soviética debía disminuir drásticamente. Pero contribuyó también a la
matanza el carácter de los líderes de uno y otro bando: Hitler y Stalin tenían en común
una total indiferencia por la vida de quienes estaban sometidos a su mando.

Por otra parte, es preciso destacar que ya en estos momentos en la Unión Soviética se
dieron los primeros pasos para apelar a la unidad nacional como sistema fundamental
en la lucha contra el invasor; este proceso no se completó hasta fines de 1942 pero ya
en su primer discurso a la nación, el 3 de julio de ese año, Stalin hizo referencia a que
se trataba de una “guerra patriótica”, una guerra en defensa de la supervivencia
nacional amenazada.
2) El año 1942 tuvo alternativas cambiantes. Las tropas alemanas lograron éxitos de
significación durante los primeros meses del año a pesar de los esfuerzos soviéticos,
pero luego la situación se modificó radicalmente, culminado en la decisiva batalla de
Stalingrado.

“Operación Urano”: en noviembre las tropas soviéticas lograron un sorprendente éxito


sobre la retaguardia alemana.

3 y 4) Los últimos años de la guerra en el frente oriental estuvieron caracterizados por


el avance continuo del Ejército Rojo hacia Berlín. Huno un solo momento en el que ese
avance se detuvo: en marzo de 1943 las fuerzas soviéticas en el frente sudoeste fueron
sorprendidas por una contraofensiva alemana que permitió estabilizar su posición, y
dio pie para que Hitler planeara su último intento en territorio soviético. (“Operación
Ciudadela”)

Entre agosto y diciembre de 1943 fue liberada la mayor parte de Rusia central y de
Ucrania; en el norte se sentaron las bases para levantar el sitio de Leningrado. Hacia fin
de año los nazis habían sido expulsados de casi el 70% del territorio que ocuparon a
partir de junio de 1941.

En 1944 se sucedieron las victorias soviéticas.

La liberación de Polonia se produjo a principios de 1945.

El 12 de abril murió Roosevelt y su sucesor Harry Truman decidió que el gran sector
militar norteamericano, la bomba atómica, se utilizara para forzar la rendición
japonesa. El 6 de agosto, dos días antes de que expirara el plazo para que la URSS
declarara la guerra, se produjo el bombardeo de Hiroshima, y tres días más tarde el de
Nagasaki. Los japoneses se rindieron el 14 pero cinco días antes Stalin le declaró la
guerra e invadió Manchuria.

La economía soviética durante la guerra

Uno de los factores principales que explican el triunfo de la Unión Soviética es


justamente su capacidad para fabricar mayor cantidad de tanques, aviones, armas y
municiones que la Alemania nazi. Y esto fue posible por varias razones:

1) el proceso de industrialización acelerada que se desplegó a lo largo de la


década de 1930, que al impulsar la producción de acero, maquinaria,
electricidad, productos químicos, sentó las bases para reorientar luego la
actividad de las unidades fabriles hacia la fabricación de material bélico;
2) el objetivo de la defensa frente a la agresión exterior estuvo siempre presente
en la planificación de las actividades manufactureras, orientándose una parte
significativa de las inversiones hacia ese terreno;
3) la progresiva complejización de las actividades a medida que avanzaba la
industrialización sentó las bases para el desarrollo de recursos tecnológicos,
organizativos y humanos en condiciones de ser utilizados para nuevos objetivos
productivos;
4) en los años inmediatamente anteriores a la guerra el proceso de preparación
para un conflicto armado, siempre presente en la mente de los gobernantes, se
aceleró de forma considerable.

El problema de la Unión Soviética era que a diferencia de lo que ocurría con las
economías capitalistas, en las que había una elevada tasa de desocupación, se
caracterizaba por el pleno empleo por lo que al establecerse las prioridades
militares éstas sólo pudieron cumplirse reduciendo la ocupación en las actividades
vinculadas con el abastecimiento de la sociedad civil.

La tarea del gobierno fue fundamental en todo lo relativo a la movilización de los


recursos para enfrentar en las mejores condiciones al enemigo, pero más aún en la
coordinación de esa movilización de manera de poder alcanzar el objetivo máximo
de la victoria. La clave fue, por supuesto, la centralización.

Habría que completar esta síntesis haciendo referencia al trabajo forzado realizado
en el Gulag. La población de los campos decayó sensiblemente en los años de
guerra.

La sociedad soviética y la guerra

No caben dudas de que la sociedad soviética era la que estaba mejor preparada de
todas las que participaron en la Segunda Guerra Mundial para enfrentar las
calamidades que ésta ocasionó. La mayor parte de la población había vivido las
privaciones de la revolución, La Guerra Civil posterior y los avatares de la
industrialización. Sin embargo, lo ocurrido fue aún mucho más duro: el hambre, el
frío y las enfermedades fueron desafíos casi tan graves como la invasión alemana.

Consecuencias:

Abusos y corrupción por una parte, el incremento de la delincuencia por otra. La


falsificación de tarjetas de racionamiento, su venta ilegal, la utilización de
documentos pertenecientes a personas muertas; todo era válido cuando se trataba
de disponer de más alimentos y otros bienes escasos. Pero además, a medida que
las provisiones disminuían aumentaba las diferentes formas de delincuencia:
alimentos y tarjeras robadas constituyeron las operaciones más habituales,
llegando a obligar al gobierno a adoptar medidas excepcionales, como el envío de
voluntarios para cuidar negocios, centros de distribución e incluso tierras de
cultivo, o la puesta en vigencia de durísimas leyes promulgadas en la época de la
colectivización.

Merece un comentario la reacción ante la invasión alemana de los diferentes


pueblos que componían la Unión Soviética. Si bien en teoría un “patriotismo
soviético” unía a los ciudadanos de las diferentes repúblicas, la realidad es que la
fuerza de las identidades étnicas era considerable y para muchos el triunfo de la
Revolución de Octubre no había sido mucho más que la renovación bajo otras
formas y con otro discurso de la tradicional opresión rusa.

Stalin y la guerra

Un elemento fundamental en su pensamiento tenía una profunda repercusión en


la conducción de las acciones militares: al pensar exclusivamente en términos de
objetivos, quedaba fuera de su pensamiento el costo en términos de vidas
humanas. Creía que toda operación en una guerra moderna, terminara en victoria
o derrota, conllevaba pérdidas inevitables, y esta idea se potenciaba a la vista de
que la Unión Soviética era el país que disponía de la mayor cantidad de hombre en
condiciones de vestir un uniforme. El desprecio por la vida humana que siempre
mostró Stalin se manifestó todavía con mayor fuerza en esta guerra destructiva.

En relación con la política interior, Stalin se vio obligado inicialmente a convocar


militares encerrados en campos de concentración por espías, debido a la escasez
de oficiales en condiciones de participar de la guerra. Pero, por otro lado, la
represión continuó: cuando después de Stalingrado se fueron reconquistando
territorios, arrestó no sólo a los sospechosos de haber colaborado con el enemigo
alemán sino también a los prisioneros de guerra.
Evans. “Ascenso y triunfo del nazismo en Alemania”

Existen cuatro causas posibles que explican el ascenso del nazismo al poder en alemán
en 1933.

1. El poder carismático de Adolf Hitler

El movimiento nazi comenzó en Munich el 9 de enero de 1919, con la fundación del


Partido Obrero Alemán por el mecánico ferroviario Anton Drexler, era un movimiento
de extrema derecha. Pretendía ganarse a las masas trabajadoras para el nacionalismo
extremo mediante la combinación de anticapitalismo, pangermanismo y
antisemitismo, conceptos que venían sugeridos por los términos “nacional” y
“socialista”.

Hitler ingresó al partido el 12 de septiembre de 1919. Estaba convencido de que todos


los alemanes debían unirse en un solo Estado-nación basado en la raza. Gracias a su
capacidad oratoria, pronto comenzó a desempeñar un papel cada vez más importante
en el partido, en agosto de 1921 se convirtió en su máximo dirigente. Su oratoria fue el
principal motivo del crecimiento del partido, hasta superar los 50.000 afiliados en
1923.

Fue la voluntad de Hitler la que empujó al partido hacia la acción violenta durante la
crisis política de la República en 1923, cuando Francia ocupó el Ruhr y la rebelión
comunista parecía planear sobre Sajonia y Turingia. Su intento de tomar el poder en
Baviera y utilizarlo como trampolín para organizar un golpe nacionalista contra el
gobierno de Berlín fue un fracaso. La policía y el ejército se negaron a apoyar
el putsch y la marcha de Hitler fue dispersada.

Los acontecimientos de 1923 frenaron temporalmente el ascenso del nazismo. El


partido fue prohibido y Hitler fue excarcelado.

Hitler aprendió dos lecciones. En primer lugar, abandonó la idea de un golpe de Estado
directo y violento por considerarlo peligroso y poco práctico. Insistiría en llegar al
poder por medios constitucionales o al menos en aparentar que así era. En segundo
lugar, insistió a partir de 1926 en lo que después se denominó “principio de caudillaje”.

De 1926 a 1928, el partido nazi se dedicó preferentemente a unir los diversos grupos
dispersos de nacionalistas de extrema derecha bajo la jefatura de Hitler y a establecer
una estructura organizativa con secciones especiales para numerosos sectores de la
población que resultaron cruciales a la hora de contribuir a su expansión.

En las elecciones para el Reichstag celebradas en 1930, los nazis consiguieron 6,5
millones de votos y 107 escaños, con lo que se convirtieron en el segundo partido del
país. En julio de 1932, los nazis eran con diferencia el partido político mayor y más
aceptado de Alemania, con el 37% de los votos, 230 escaños en el Reichstag y más de
trece millones de votantes. Esta fuerza electoral constituyó la base fundamental de su
llegada al poder en 1933. Hitler fue fundamental para el triunfo de los nazis por dos
motivos. En primer lugar, su historia y su imagen política ocuparon el lugar más
destacado de la amplia y compleja actividad propagandística que el partido desplegó
en estos años. En segundo lugar, fue Hitler quien insistió en negarse a entrar en un
gobierno de coalición si no era para dirigirlo, por lo que se prolongaron durante varios
meses las negociaciones con otros políticos para formar un gabinete con participación
de los nazis. El 30 de enero de 1933 Hitler fue nombrado canciller de un gobierno en el
que los nacionalistas conservadores disponían de la mayor parte de las carteras
ministeriales.

Hitler utilizó su cargo para desplazar a sus oponentes, consiguió poderes dictatoriales
mediante el decreto presidencial de emergencia la mañana siguiente al incendio del
Reichstag, y selló la implantación de la dictadura con la aprobación de la Ley de Plenos
Poderes por el órgano legislativo, del que habían sido excluidos los comunistas. Todos
los partidos y organizaciones políticas habían sido disueltos, a excepción de los nazis, y
había culminado la creación de un Estado de partido único.

Evans piensa que el triunfo del movimiento nazi fue algo más que un simple fruto del
genio de Hitler. El carisma no puede ejercerse sin una audiencia dispuesta a dejarse
atraer por él. Consiguió apoyo porque parecía la fuerza que contaba con más
probabilidades de terminar con las instituciones políticas de la primera democracia de
Alemania.

2. La debilidad política de la República de Weimar

La República de Weimar nació como consecuencia de la derrota de Alemania en la I


Guerra Mundial. Al gobierno revolucionario encabezado por los socialdemócratas que
tomó posesión el 9 de noviembre de 1918 le siguió, a comienzos de 1919, la elección
de una Asamblea Nacional que se reunió en Weimar. La Constitución aprobada por la
asamblea era una de las más democráticas del mundo. Muchos piensan que la
representación proporcional producía la multiplicidad de partidos que complicaron la
escena política de Weimar e hicieron inevitable que todos los gobiernos fuesen de
coalición y sumamente inestables. La ineficacia de esos gobiernos venía predestinada
por la necesidad de no hacer nada que desagradase a alguno de los socios de coalición
y por la constante rotación de ministros.

Evans piensa que la existencia de cinco partidos importantes reflejaba el hecho de que
la sociedad alemana estaba cuarteada por múltiples fisuras sociales, religiosas,
regionales e ideológicas. Ni fue una consecuencia de la constitución de Weimar ni el
sistema electoral mayoritario habría impedido el ascenso de los nazis.
Los nazis consiguieron credibilidad y respetabilidad gracias a su participación en la
campaña emprendida por la derecha en 1919 en favor del rechazo plebiscitario del
Plan Young, acuerdo internacional negociado para programar los pagos de Alemania
en concepto de reparaciones por los perjuicios causados a los aliados por le I Guerra
Mundial.

La constitución también ha sido criticada por no haber reducido el predominio de


Prusia, que estaba gobernada por los socialdemócratas, y por no haber reforzado el
poder del gobierno central en el sistema federal.

Sin embargo, sí había una disposición constitucional que generaría problemas: la


elección por votación popular de un presidente fuerte, con un mandato de 7 años y
que disfrutaría de la facultas de gobernar por decreto en situaciones de emergencia.

La Asamblea Nacional y el gobierno revolucionario aprobaron los términos del Tratado


de Versalles, que impuso a Alemania el pago de fuertes reparaciones económicas por
los perjuicios causados a Francia y a otros países en la guerra, separaron de Alemania
zonas importantes de su territorio, como Alsacia-Lorena y buena parte de la Alta
Silesia, y limitaron estrictamente las Fuerzas Armadas alemanas tantos en efectivos
como en medios. La propaganda de los nazis calificaba de “traidores de noviembre” a
los socialdemócratas, que habían aceptado esos términos (la infamante leyenda de la
“puñalada por la espalda” de los años de posguerra).

Los socialdemócratas se habían visto obligados a firmar el acuerdo de paz. Evans


piensa que el tratado fue la peor de las soluciones posibles, pues avivó el
resentimiento nacionalista de Alemania mientras dejaba intacta la base de su categoría
de gran potencia. La propaganda nazi aprovechó el descontento con el Tratado de
Versalles.

La falta de legitimidad de la República se también en el hecho de que los partidos que


respaldaban sus instituciones fundamentales estuvieron en minorías. La República de
Weimar logró superar las tormentas de la revolución y la insurrección armada de 1919
a 1923. Lo que cambió la situación, lo que hizo que el partido nazi dejara de ser un
grupo extremista situado en la periferia de la política para convertirse en el mayor
partido político del país, fue sobre todo la gran depresión que comenzó en 1929.

3. La crisis de 1929

La economía de Weimar estuvo acosada por dificultades desde el principio. Comenzó


su existencia en un periodo de inflación que se remontaba a 1914. la situación
fomentó el pleno empleo y contribuyó a estabilizar la República en sus primeros años.
Así, convirtió la huelga general en una poderosa arma contra los intentos de anular la
constitución como el putsch de Kapp de 1920. en 1922-1923 la inflación se transformó
en hiperinflación. El caos económico de 1923 avivó la agitación política de ese año y
dio un impulso importante a extremistas como los nazis.

El efecto neto no fue tanto un empobrecimiento general de la clase media como la


fragmentación y desintegración política y social, ya que unos grupos ganaron y otros
perdieron.

La recuperación económica de 1924-1928 fue precaria. La racionalización y el ahorro


provocaron un desempleo generalizado. La inversión procedía con frecuencia del
extranjero y se realizaba a corto plazo, por lo que podía retirarse con facilidad, como
efectivamente ocurrió en 1929 tras el crash de Wall Street. El acontecimiento más
decisivo fue éste.

Al terminar 1932 el 35% de la población activa se encontraba sin empleo. Las quiebras
se multiplicaron y la actividad empresarial se creyó al borde de la ruina. La crisis se
intensificó en el curso de 1932 y constituyó la base del triunfo del nazismo por dos
motivos: en primer lugar, impulsó a la gran empresa a buscar con creciente urgencia
una solución autoritaria para el impasse político de la República, desmantelando el
Estado de bienestar, frenando o suprimiendo los sindicatos, proscribiendo a
comunistas y socialdemócratas y creando una fuerza de trabajo dócil y barata que
permitiese a la industria iniciar el proceso de recuperación.

La gran empresa contribuyó a socavar la República de Weimar mediante su apoyo


económico y político a diversas formas del radicalismo de derecha como los nazis. La
mayor parte del mundo empresarial aceptó la toma del poder por los nazis en 1933.

En segundo lugar, fue sin duda la depresión de 1919-1933 la que sirvió de base al
desplazamiento masivo de las preferencias de los votantes hacia los nazis en esos
años. Lo que los nazis ofrecían era una alternativa que se proponía acabar
principalmente con los partidos “marxistas”, especialmente con los socialdemócratas,
con quienes en gran medida se identificaba la República de Weimar.

El nazismo fue un partido que aglutinó el descontento y ejerció un atractivo


especialmente fuerte para los jóvenes y las clases medias protestantes.

Por último, la depresión, con su desempleo masivo de larga duración, cercenó


fatalmente toda posibilidad de que la clase obrera organizada opusiera una resistencia
seria a la destrucción de la República de Weimar y ahondó los antagonismos entre los
socialdemócratas y los comunistas. La depresión hizo viable una huelga general como
la que había desbaratado el putsch de Kapp en 1920.

4. La tradición autoritaria germana


No sería correcto afirmar que los nazis llegaron al poder por medios legales o
constitucionales o que la República de Weimar no fue destruida por sus adversarios
sino que se destruyó a sí misma. La dictadura sólo fue posible cuando las instituciones
demócratas de la República dejaron de funcionar con la llegada del gobierno
independiente de Brüning y la eliminación efectiva del Reichstag como institución
política después de que las elecciones de 1030 anulasen la posibilidad de una mayoría
viable para la tarea legislativa del gobierno. Le dictadura fue probable cuando el
canciller von Papen destituyó de forma inconstitucional al gobierno de Prusia en 1932.
la dictadura sólo fue inevitable cuando los nazis desataron una campaña de violencia,
terror, asesinato e intimidación contra sus oponentes en los seis primero meses de la
cancillería de Hitler. La República fue derrotada por sus oponentes, no por sí misma; la
muerte de la democracia alemana no fue un suicidio político, sino un asesinato
político.

Los valores antidemocráticos, según esta perspectiva, tenían raíces profundas en el


pasado alemán. Mientras otros países habían vivido sus revoluciones burguesas,
Alemania no. La aristocracia terrateniente prusiana representada por
los junker mantuvo con firmeza el control de la situación e incluso lo amplió al resto de
Alemania en el curso del proceso de unificación dominado por Prusia y conducido por
Bismarck.

Cuando en 1918 cundió la desesperación entre las élites en su preocupación por


recuperar la iniciativa histórica, comenzaron a fomentar el ascenso del nazismo. Por
último, en una serie de intrigas centradas en el presidente Hindenburg, instalaron a los
nazis en el poder.

Esta interpretación plantea problemas teóricos y empíricos. Ni las revoluciones


burguesas trajeron de inmediato la democracia, ni ésta acompañó necesariamente a la
industrialización. La sociedad y la cultura alemanas estaban impregnadas de los valores
burgueses mucho antes de 1914. el dominio de la aristocracia sobre el funcionariado y
el cuerpo de oficiales disminuía sin cesar a partir de mediados del siglo XIX. La
aristocracia junker en todo momento se vio obligada a llegar a compromisos con las
fuerzas de la modernidad. El argumento según el cual fueron las “viejas” élites las que
instalaron en el poder a los nazis pasa por alto el hecho de que los terratenientes se
habían distanciado de los industriales, que a su vez estaban profundamente divididos
con respecto al nazismo en enero de 1933.

Las fuerzas preindustriales de la sociedad y la cultura alemanas continuaban presentes


en Alemania a comienzos de la década de 1930, pero ya no eran dominantes ni fueron
realmente esenciales para la crisis de 1930-1933

Conclusiones
El nazismo surgió como fuerza dominante de la extrema derecha en la segunda mitad
de la década de 1920 porque estaba bien organizado, porque era dinámico y porque
tenía un líder carismático que supo expresar como nadie los temores y ansiedades de
artesanos urbanos, tenderos, campesinos y otros sectores de la pequeña burguesía
protestante. Se convirtió en movimiento de masas porque estas cualidades eran
precisamente las que atraían a millones de personas cuyas vidas se habían visto
convulsionadas por la depresión, personas que por sus calores y convicciones, a
diferencia de la comunidad católica o de la clase obrera organizada, eran receptivas a
la retórica demagógica del nacionalismo extremo.

El ascenso del nazismo es inseparable de le debilidad de la República de Weimar. Lo


que el nazismo ofrecía era una versión modernizada y actualizada de los
resentimientos nacionalistas radicales en la que el deseo de cambio dinámico y
renovación de los jóvenes pudo combinarse con el anhelo de orden, autoridad y
estabilidad de los ancianos y las personas de mediana edad.

El nazismo, en fin, cumplió su promesa de destruir el odiado “sistema” de Weimar,


pero también fue demasiado inestable en su mezcla de modernidad práctica y
tradición manipulada. Su inestabilidad dinámica se fue haciendo más evidente a
medida que avanzaba la década. A finales del decenio de 1930 estaba cada vez más
fuera de control; doce años después, la toma de poder por los nazis había conducido a
la catástrofe.
Traverso. “El totalitarismo. Usos y abusos de un concepto”

La idea de totalitarismo ha conocido, a lo largo del siglo XX, un curso sinuoso en el cual
se han alternado épocas distintas.

Hemos asistido, durante los últimos años, a un renacimiento espectacular de este


concepto, sobre todo después de 1989, el año de la caída del Muro de Berlín, seguida a
poca distancia del fracaso de la Unión Soviética. Dos elementos esenciales se
encuentran en el origen de este resurgimiento, ambos vinculados a la conciencia
histórica de Occidente. El primer elemento es la memoria del genocidio de los judíos
que, después de haber sido por décadas ocultada y reprimida, es ahora puesta en el
centro de nuestras representaciones de la historia del siglo XX, convirtiéndose en
objeto de una verdad “política de la memoria”, hecha de conmemoraciones públicas,
museos, literatura, filmografía. El segundo elemento es el fin del comunismo como
fenómeno histórico –como régimen político- cuya parábola atraviesa el conjunto del
siglo XX. Como indica Hobsbawm, el fin de la URSS cierra este “siglo corto” y coloca la
experiencia del “socialismo real” en el pasado.

El comunismo ya no es visto como un prisma con muchas caras sino solamente como
el producto criminal de una ideología mortífera. En resumen, el comunismo es
reducido al stalinismo que aparece como su “verdadero” rostro.

En este contexto, el concepto de totalitarismo parece particularmente adecuado para


recoger el sentido profundo de un siglo dominado por la violencia, por el exterminio de
masas y el genocidio, del cual Awschwitz y el gulag han devenido el símbolo. Esa es, en
última instancia, su justificación. Ahí se encuentra la raíz de su éxito y de su difusión,
pero también eso explica el uso demasiado ideológico y conformista que se hace de
esta noción: el totalitarismo está estigmatizado como antítesis del liberalismo, la
ideología y el sistema político actualmente dominante.

1920: “totalitarismo” -> por antifascistas italianos en el intento de aprehender la


novedad de la dictadura de Mussolini.

De manera general, la historia de la idea de totalitarismo puede ser dividida en dos


grandes fases: 1°|de los años veinte a fines de la Segunda Guerra Mundial;
2°|corresponde a la guerra fría, de 1947 a la caída de la URSS. Durante la primera fase,
si prescindimos de su interpretación fascista, este término desempeña esencialmente
un papel crítico frente a los sistemas políticos dominantes en Italia, Alemania y la
Unión Soviética. En la segunda fase, que se inicia con la guerra fría, esta noción
cumple, sobre todo, una función apologética del orden occidental. En otros términos,
“totalitarismo” se convierte en sinónimo de comunismo y es usado como slogan en
defensa del “mundo libre”. En nombre de la lucha contra el totalitarismo, en la cual
Alemania Federal ocupa ahora una posición de vanguardia, se pone un velo de olvido y
se guarda silencio sobre los crímenes nazis.

Nuevo sistema de dominación que no entran en las categorías tradicionales.

El siglo XX ha visto el nacimiento de regímenes políticos basados, según la definición de


Hannah Arendt, sobre una fusión inédita de ideología y terror, los cuales aspiran a
remodelar globalmente la sociedad a través de la violencia.

Las principales teorías del totalitarismo subrayan una serie de analogías incontestables
entre nazismo, fascismo y comunismo entendidos como sistemas de poder:

a) la supresión de la democracia representativa y del Estado de derecho, a través de la


eliminación de las libertades individuales y la superación de la división de poderes, el
establecimiento de la censura y la introducción de un monopolio estatal de los medios
de comunicación (con el objetivo de difundir una ideología de Estado);

b) un partido único dirigido por un jefe carismático;

c) un fuerte intervencionismo estatal, que tiende a traducirse en una planificación


autoritaria y centralizada de la economía;

d) el monopolio estatal y la difusión endémica de la violencia como forma de gobierno,


hasta la creación de un sistema concentracionario. Los totalitarismos se dirigen no
solamente a excluir, sino a eliminar los adversarios políticos y los grupos o individuos
considerados como cuerpos extraños a la comunidad (política, nacional, racial, etc.).

Una mirada sobre el origen, la evolución y el contenido social de estos regímenes


revela diferencias muy profundas:

1) su duración: por un lado, un régimen, el nazi, que ha tenido una existencia de sólo
doce años, de 1933 a 1945, conociendo una radicalización acumulativa hasta su caída
casi apocalíptica durante una guerra que él había buscado y provocado, y por el otro,
la Unión Soviética, un régimen que ha durado más de setenta años, que nació de una
revolución y que se perpetuó, después de la muerte de Stalin, durante una larga etapa
postotalitaria. Un régimen, pudiéramos agregar, que se acabó no por causa de un
fracaso durante una guerra contra un enemigo exterior, sino por causa de una crisis
interna, provocada por sus propias contradicciones.

2) Luego su ideología: de una parte, una visión del mundo racista, fundada sobre una
síntesis híbrida de contra-ilustración y de culto a la técnica moderna, de mitología
alemana y de nacionalismo biologizado; de otra, una versión escolástica, dogmática y
“clerical” del marxismo, proclamado y reivindicado como heredero de la “Ilustración”.
3) Y, además, su formación: por una parte, un régimen que se construye, a partir de
1933, después de una alternancia política ciertamente no fácil, pero legal y, por otra,
un régimen que nace en 1917 de una revolución política.

4) Finalmente, su contenido social: de un lado, un régimen que incorpora las viejas


élites dominantes, ya sean económicas (la gran industria, la finanza, la gran propiedad
latifundistas, militares o administrativas), y, de otro, un régimen surgido de una
revolución que ha expropiado completamente las viejas clases dominantes y que ha
transformado radicalmente las bases socioeconómicas del país, estatizando y
planificando la economía y creando una nueva clase dirigente.

5) Nazismo y stalinismo difieren también por el tipo de violencia que producen. La


violencia del comunismo soviético es esencialmente interna a la sociedad que ella
intenta someter, normalizar, disciplinar, pero también modernizar y transformar a
través de medios autoritarios, coercitivos y criminales. Las víctimas del stalinismo son
casi todos ciudadanos soviéticos, y en su gran mayoría rusos. La violencia del nazismo,
por el contrario, es esencialmente dirigida hacia el exterior. Después de una primera
fase de “normalización” represiva de la sociedad alemana, rápida pero intensa, la
violencia nazi se desencadena en el curso de la guerra, a partir de 1939, como una ola
de terror ni ciega ni indiscriminada, sino rigurosamente codificada y racionalizada.

Reymond Aron ha analizado de una manera muy clara la diferencia existente entre
comunismo y nazismo:

1) subrayando los objetivos últimos de cada una de estos sistemas: en el primero, el


campo de trabajo: la violencia ligada a un proyecto de transformación coercitiva y
autoritaria de la sociedad; en cuanto al segundo el exterminio como finalidad en sí
misma, inscrita en una búsqueda de purificación racial.

2) dos tipos diferentes de racionalidad: el proyecto social del comunismo no estaba


privado de su propia racionalidad, ya que su objetivo central era la modernización de
la economía y de la sociedad soviética, perseguida a través de una intensa
industrialización y colectivización de la agricultura. En el nazismo, por el contrario, la
contradicción era flagrante entre la nacionalidad de los medios utilizados y la
profunda irracionalidad del objetivo buscado: la dominación de la “raza aria”, el
remodelaje de Europa sobre la base de una jerarquía de tipo racial.

3) En la URSS, los deportados eran “usados”, “consumidos” por millones para cortar
bosques, extraer minerales, construir ferrocarriles y líneas eléctricas, en ciertas
ocasiones para crear verdaderos centros urbanos. Las víctimas del estalinismo eran la
con consecuencia de procedimientos “bárbaros” y coercitivos que habían sido
adoptados para modernizar e introducir la civilización industrial en un país retrasado.
En la Alemania nazi, por el contrario, los métodos más avanzados de la ciencia, de la
técnica y de la industria eran usados para destruir vidas humanas.

Sería absurdo e indecente, desde un punto de vista ético, establecer una distinción
entre sus víctimas. Dicho eso, es necesario subrayar que la lógica de esos sistemas era
profundamente diferente. Desde un punto de vista epistemológico, esta diferencia no
es marginal. Y es precisamente esta diferencia la que el concepto de totalitarismo
ignora y oculta, limitándose a tomar en consideración las analogías superficiales entre
los dos sistemas.

Es importante agregar que la focalización “totalitarista” sobre la relación entre


nazismo y comunismo ha puesto entre paréntesis otro nudo historiográfico
fundamental: el de la relación entre fascismo italiano y el nazismo alemán.

La “Solución final” implicaba el monopolio central de la violencia (un crimen de


Estado), la racionalidad productiva y administrativa (el sistema de campos), el
autocontrol de las pulsiones (una violencia “fría”, planificada) y la
desresponsabilización ética de los agentes sociales (“la bandalidad del mal”). La Shoah
revela de este modo una dialéctica negativa: la transformación del progreso técnico y
material en regresión humana y social. Siendo ésta una característica del totalitarismo
moderno, éste último no debe ser visto como la negación de la civilización occidental,
sino como una de sus manifestaciones patológicas, como el desvelamiento de su lado
obscuro e inhumano.

El siglo XX ha contemplado la experiencia de un naufragio de lo político, si se entiende


por político un espacio abierto al conflicto, al pluralismo de ideas y a la acción
ciudadana, a la alteridad y a la división del cuerpo social, en otros términos a eso que
Hannah Arendt definía como el “infra”, la vida en común de los seres humanos. El
totalitarismo ha buscado eliminar este espacio reduciendo la humanidad a una
comunidad orgánica, monolítica, cerrada; el totalitarismo ha absorbido a la sociedad
civil en el Estado, suprimiéndola y sofocándola. El concepto de totalitarismo inscribe
esta experiencia del siglo XX en nuestra conciencia histórica y en nuestra memoria
colectiva. Y por esta razón no podemos rechazarlo.