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OPINION TRIBUNA > La involucion francesa El cambio histérico que invalidé la utopia de mayo del 68 sigue actuando hoy. Las sucesivas crisis econémicas, la revolucién tecnolégica y la globalizacion ya no permiten luchar por lo imposible sino apenas sobrevivir a la precariedad ANTONIO ELORZA 24 ABR 2017 - 00:00 CEST \ > ENRIQUE FLORES Hace casi medio siglo, en las jornadas de mayo de 1968, Francia se ponia de nuevo al frente de un mundo en cambio. La juventud francesa habia ido mas alla de la norteamericana, al convertir la protesta universitaria en una repentina puesta en cuestion del sistema social y politico, de todas las formas de poder vigentes. Pronto vino el reflujo, pudo comprobarse que aquella gran ilusién se desvanecia, y Raymond Aron ironizé con su habitual lucidez sobre una revolucién inexistente (introuvable). Solo que por unas semanas, fue licito imaginar que el mundo desarrollado se encontraba a las puertas de una transformacién radical. “jSolo es el comienzo, continuemos el combate!”, fue el eslogan mas difundido. La utopia del mayo francés, al igual que otras utopias contemporaneas, resulté un espejismo invalidado por el cambio histérico. Y el sentido de ese cambio sigue actuando hoy. La explicacién es bien simple. Los sesentayochos vivieron su experiencia creyendo viajar en un ferrocarril que inevitablemente llevaba hacia adelante. Seguia en pie la idea del progreso. Crecimiento econémico desde 1945, mejoras en salarios y en forma de vida del affluent worker, anuncio de la salida del subdesarrollo gracias a un take off generalizado, ingreso de los jévenes en el mundo del placer gracias a un pequefio artilugio, la pildora, y también ala droga y aun ambiente social de tolerancia. Todo iba hacia lo mejor en el mejor de los mundos. Faltaba la guinda de la revolucién. Solo que las movilizaciones socio-econémicas que envolvieron al 68 fueron en realidad el final de un ciclo largo revolucionario, iniciado a mediados del XIX. Marx no solo fue un profeta de la revolucién, sino que explicé los efectos del cambio econémico sobre las formas sociales y las ideologfas. A partir del 68 las sucesivas crisis fueron recortando el bienestar, y de paso la capacidad de movilizacién social. La contestacién habia enlazado con un salto a la utopia de ejercer ilimitadamente la libertad, confiando en el mantenimiento de las condiciones que lahicieran posible. En décadas sucesivas, la revolucién tecnolégica y la globalizacién se han traducido en una dramatica pérdida de posiciones para Europa en la escala del poder econémico mundial. Ya no es tiempo de utopia, sino de adecuacién ala precariedad. Y semejante adaptacién resulta dificil. A nadie gusta vivir peor que ayer. El fenémeno no es solo francés y ha consistido en la disgregacion de los vinculos sélidos preexistentes, dando lugar a una sociedad en que su pérdida destruye al ciudadano y le reemplaza por un individuo en situacién de permanente inseguridad (Bauman). No es un cambio filoséfico-social, sino de raiz econémica Asi fue el estancamiento de la economfa francesa lo que sofocs las capacidades para soportar la reconversién productiva y al mismo tiempo la supervivencia equilibrada de una forma satisfactoria de civilizacién. Sigue la quiebra de un conjunto de valores politicos y culturales, en apariencia estabilizados desde la segunda mitad del siglo XX. Quiebra también de los protagonistas politicos tradicionales. La desagregacién de la izquierda en La desagregacién de la Francia es una variante del marco de la izquierda francesa es una Europa mediterranea. Cayeron primero variante del marco de la los partidos comunistas, victimas tanto de su obsolescencia econémica y de la Europa mediterranea nueva sociabilidad, como del desplome de la utopia soviética. En el caso francés, los tres factores operaron a fondo. Los grandes centros industriales y mineros fueron sucesivamente desmantelados, y paralelamente, la sociabilidad comunista, fuertemente enraizada en la banlieue rouge de Pars, sufrié un desgaste inevitable. Muestra: los resultados electorales. En medio siglo, el paisaje urbano ha dado un vuelco. Adems, la deshumanizacién imperante en el urbanismo de amplios sectores de la misma banlieue encuadra al paro y ala protesta juveniles. Son los partidarios de Mélenchon. El descenso alos infiernos del PCF tuvo ademas otro efecto no despreciable. En los afios 30, Maurice Thorez logré nacionalizar al partido. Al iniciarse la cuesta abajo de los 80, Georges Marchais pasé a jugar la baza del comunismo nacionalista, colocando ante todo los intereses a corto plazo de los trabajadores franceses. Vale la pena recordar sus campafias apocalipticas contra el ingreso de Espafia en la Unién Europea. Cuando la crisis estall6 definitivamente, el transito al ultranacionalismo de Le Pen fue cosa facil. Los reflejos patrioteros de Mélenchon, al hablar de Putin y condenar a Europa, tienen el mismo origen. Los extremos se tocan. Desde un angulo opuesto, el ultranacionalismo de Marine Le Pen hunde asimismo sus raices en el pasado. Hay en la historia de Francia contemporanea un hilo negro, que lleva del asunto Dreyfus y de Pétain a las guerras y las derrotas coloniales entre 1945 y 1962. El colonialismo francés fue una ideologia “blanca” de odio al otro, definido como esencialmente inferior y merecedor de la destruccién. Y bien que las torturas y los crimenes contra la humanidad fueron utilizados para lograrlo. No en vano Le Pen padre fue legionario en Argelia y en Indochina. La inmigracién sirvié al FN para enlazar con ese pasado. con las consiguientes xenofobia e islamofobia, nacionalismo econémico y antieuropefsmo. Encontramos los dos ultimos también en Mélenchon: son dos ideologias enfrentadas pero coincidentes en cuanto expresiones de un profundo malestar social. Del mismo modo que ese mismo Nilos reaccionarios ni los malestar ha provocado el desplome de