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MEDITACIÓNES SOBRE LA SANACIÓN INTERIOR E

INTERGENERACIONAL
1 JUSTIFICACION
El tema de la sanación se ha convertido en un signo de los tiempos
por los siguientes motivos:
1º. SOCIO-CULTURAL.
a- Mayor conciencia de la conexión que hay entre la enfermedad
física, psicológica, espiritual e intergeneracional.
Por ejemplo el aumento del cáncer entre otras cosas
producido por desórdenes alimenticios o estados
permanentes de enojo, resentimiento, etc.
b- Un aumento de terapias alternativas: orientales, naturistas,
entre otras.
c- La imposibilidad que tienen muchos de acceder a los medios
ordinarios para curarse.
d- Aumento de enfermedades como consecuencia del pecado:
cáncer, sida, abortos, etc.
Total nuestro mundo está verdaderamente enfermo y necesita ser
curado, liberado, perdonado.
2º. BIBLICA
ANTIGUO TESTAMENTO
El hombre del Antiguo Testamento vive la enfermedad de cara a
Dios. Ante Dios se lamenta por su enfermedad y
de El, que es el Señor de la vida y de la muerte, implora la curación.
La enfermedad se convierte en camino de
conversión y el perdón de Dios inaugura la curación. Israel
experimenta que la enfermedad, de una manera
misteriosa, se vincula al pecado y al mal; y que la fidelidad a Dios,
según su Ley, devuelve la vida: "Yo, el Señor,
soy el que te sana" (Ex 15,26). El profeta entrevé que el sufrimiento
puede tener también un sentido redentor por
los pecados de los demás. Finalmente, Isaías anuncia que Dios hará
venir un tiempo para Sión en que perdonará
toda falta y curará toda enfermedad. (Cat 1502)
Este numeral nos da la síntesis de la actitud del hombre en el A.T.
frente a la enfermedad
a- El hombre se lamenta ante Dios y pide la sanación (Sal 6,3; Is 38).
b- Es camino de conversión ( Sal 38,5; 39,9.12)
c- El perdón de Dios inaugura la sanación (Sal 32,5; 107,20)
d- La enfermedad está vinculada al pecado y al mal y es la fidelidad
a Dios la que devuelve la salud: Yo Soy el
que te sana (Ex 15,26).
e- El sufrimiento tiene sentido redentor por los pecados de otros (Is
53,11)
f- Se espera un tiempo en que Dios perdonará toda culpa y curará
toda enfermedad ( Is 33,24)
NUEVO TESTAMENTO
Por su parte el N. T. reafirma la doctrina del A. T. y como en otros
muchos aspectos de nuestra fe, es ampliado el
sentido del sufrimiento y por tanto, la salud, vista incluso, como
una persona, Jesús, el divino médico.
Veamos unos puntos importantes de la acción sanadora de Jesús,
de los apóstoles y la Iglesia naciente.
a- La sanación y liberación es parte del ministerio de Jesús: “y
recorría…y sanando toda enfermedad y toda
dolencia en el pueblo (Mt 4,23, 9,35; Lc 9,11).
b- Jesús se llamó médico (Mt 9,12) y su misión como de quien salva
y sana a los perdidos (Lc 19,19; Jn 3,17;
12,47)
c- Los apóstoles en su predicación enfatizaban que Jesús ungido por
el espíritu Santo y con poder, pasó haciendo
el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo ( Hch 2,22;
10,38)
d- Las curaciones son señales que apuntan hacia Dios y prodigios
porque suscitan asombro, admiración, alabanza
y gratitud (Lc 17,14-19; Mc 10,52)
e- Jesús vio también la enfermedad como consecuencia del pecado
y como señal del poder de Satanás (Mt 12,22;
Lc 13,16; Jn 5,14), de esta manera aparecen curaciones junto con
liberaciones sin hacer distinción (Mt 4,24;
8,16; Mc 1,32; Lc 6,17-18; 7,21; 8,2; Hch 5,16; 8,7, 10,38; 19,12)
f- La curación física es una señal externa que se da por el perdón de
los pecados (Mc 2,1-2; Jn 5,14)
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hay que advertir que no siempre hay conexión entre redención y
salud física, al igual que entre pecado y
enfermedad (Jn 9,3), por tanto, la sanación total de la persona se
dará hasta la resurrección del cuerpo, en el último
día (Rm 8,18-23; 2 Co 4,16-18).
Sería un error que la Voluntad de Dios es siempre curar toda
enfermedad y dolencia en esta vida, de ahí que
Jesús también dice que no sólo curen a los enfermos, sino también
que los visiten (cf Mt 25,36). Hay
enfermedades que permanecen por un tiempo, a pesar de los
dones de sanción de los apóstoles (Gál 4,13; Flp 2,26-
27; 2 Tm 4,20).
3º. UNA TEOLOGIA DE LA SANACIÓN
Enfermedad y curación: su sentido y valor en la economía de la
salvación.
"El hombre está llamado a la alegría, pero experimenta diariamente
tantísimas formas de sufrimiento y de dolor".
Por eso el Señor, al prometer la redención, anuncia el gozo del
corazón unido a la liberación del sufrimiento (cf. Is
30,29; 35,10; Ba 4,29). En efecto, Él es "aquel que libra de todo
mal" (Sb 16, 8). Entre los sufrimientos, aquellos
que acompañan la enfermedad son una realidad continuamente
presente en la historia humana, y son también
parte del profundo deseo del hombre de ser liberado de todo mal.
Pero la enfermedad se manifiesta con un
carácter ambivalente, ya que por una parte se presenta como un
mal cuya aparición en la historia está vinculada
al pecado y del cual se anhela la salvación, y por otra parte puede
llegar a ser medio de victoria contra el pecado.
(Instrucción para obtener curaciones de Dios)
“El curar es una dimensión esencial de la misión apostólica y de la
fe cristiana en general”
“Incluso la cristiandad es una religión terapéutica, una religión de
sanación… La salvación en Cristo es en última
instancia la curación de la herida más profunda de la humanidad:
EL PECADO Y EL ALEJAMIENTO DE
DIOS.
La plenitud del curar es el PERDÓN DE NUESTROS PECADOS Y LA
RESTAURACIÓN DE LA COMUNIÓN
CON DIOS.
Quien verdaderamente desee curar al hombre, debe verlo en su
concepto integral y debe saber que su última
curación sólo puede ser EL AMOR DE DIOS.” Benedicto XVI, Libro
Jesús de Nazareth
La Iglesia nos enseña que Jesús sigue hoy tocando y sanando por los
sacramentos (Cat 1504, A menudo Jesús pide a
los enfermos que crean. Se sirve de signos para curar: saliva e
imposición de manos, barro y ablución. Los
enfermos tratan de tocarlo, "pues salía de él una fuerza que los
curaba a todos" (Lc 6,19). Así, en los sacramentos,
Cristo continúa "tocándonos" para sanarnos.) y de manera especial
por la Eucaristía ( Cat 1509 "¡Sanad a los
enfermos!" (Mt 10,8). La Iglesia ha recibido esta tarea del Señor e
intenta realizarla tanto mediante los cuidados
que proporciona a los enfermos como por la oración de intercesión
con la que los acompaña. Cree en la presencia
vivificante de Cristo, médico de las almas y de los cuerpos. Esta
presencia actúa particularmente a través de los
sacramentos, y de manera especial por la Eucaristía, pan que da la
vida eterna y cuya conexión con la salud
corporal insinúa san Pablo.)
2. DEFINICIÓN DE SANACION
Podemos distinguir básicamente cuatro tipos de sanación: a- Física
(enfermedades o incapacidades físicas), b-
Interior (heridas en nuestra psique, traumas, emocionales), c-
Espirituales (sobre todo el erradicar el pecado y
restablecer a la persona en su relación con Dios), d-
Intergeneracional (los efectos de las acciones, especialmente
las negativas de nuestros antepasados)
Nos detendremos en la sanción interior y la intergeneracional.
2.1. SANACIÓN INTERIOR
Se trata de la sanción del hombre interior: mente, voluntad,
memoria, emociones, intelecto, imaginación, a
través de la acción de Jesús y el Espíritu santo.
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La sanación Interior se diferencia de la Purificación del espíritu, en


cuanto que la sanación interior se refiere a
nuestra problemática no culpable: complejos, traumas,
depresiones, falta de paz con nosotros mismos, porque no
logramos aceptarnos como somos, inseguridad, desajustes en la
comunicación, mal trato con los demás, miedos,
fobias, escrúpulos, prejuicios, reflejos condicionados que se
exteriorizan en la relación con nosotros mismos,
con Dios y con los demás.
Hay que advertir que NO SON PECADO, aunque ciertamente
distorsionan la realidad, roban la paz, impiden el
amor y por supuestos a veces, si no se aplica el remedio, son un
grave obstáculo para la vocación particular y a la
universal a la santidad.
Se trata entonces, de colocar todas aquellas áreas que bloquean el
amor de Dios y que se manifiestan en el
rechazarse, odiarse y condenarse así mismo.
Él nos ama, pero se hace difícil creerle a causa de las barreras del
resentimiento, odio así mismo que se convierte
en miedo, culpa aislamiento, ira y amargura. Proyectamos
externamente lo que sentimos adentro.
En la medida que dejamos que Jesús y su espíritu entren, vamos
entonces proyectando eso mismo hacia los demás,
por eso dice el Señor. “que brille vuestra luz” (cf Mt 5,16).
El mandamiento principal es el de amar a Dios y al prójimo, pero
resulta muy difícil de amar si somos incapaces de
recibirlo, se trata entonces, de entregarle a Jesús todos esos
recuerdos dolorosos: violaciones, incestos, rechazos,
brutalidades, borracheras, desamor, falta de aceptación, malos
entendidos, etc.
Algunos especialistas llegan a decir que utilizamos la mayor parte
de nuestra vida y cerca del 65% de nuestra
energía psicológica reprimiendo recuerdos dolorosos. No
queremos enfrentarlos, mirarlos. Es pretender
mantener un balón de baloncesto bajo el agua, esté saldrá
nuevamente. Es la imagen del recuerdo doloroso, que
quiere emerger a la superficie para ser sanado, para ser resuelto,
pero lo mantenemos abajo, de ahí que algunos que
tienen esas dificultades permanecen cansados. Parece que no
tuvieran energías pues la están gastando en reprimir
los recuerdos dolorosos a los que no pueden hacer frente.
Jesús es el sanador que hoy nos dice: Venid a mi los que estáis
cansados y agobiados” (Mt 11,28), es decir, Yo los
sanaré. Nos trae gozo, paz, alegría, paciencia con Espíritu.
El Espíritu santo saca todo lo que está oculto, recuerdos de una
infancia sin padre, etc y como médico que aplica la
anestesia, ventila la herida, retira el mal y sana.
Nuestros primeros años (0 a 7 años) son claves en el desarrollo de
nuestra personalidad. Desde niños ya teníamos
formado, en gran medida, la manera como responderíamos en
general ante los estímulos del mundo.
Los principales agentes de la formación son los padres de familia,
de modo que cada uno lleva puesta la máscara de
su padre, si es hombre y la de su madre, si es mujer.
Otra realidad que nos puede condicionar son las promesas que
hicimos de niños, unas positivas, otras negativas,
por ejemplo: “seré amable con todos”, “aceptaré a todo el mundo”.
Pero las negativas son destructoras, por ejemplo: “nunca lloraré”, o
porque le dijeron que los hombres no lloran y
después la persona no puede llorar.
“Nunca amaré a nadie en la vida o de nuevo”, “no dejaré que nadie
se me acerque”, “nunca seré vulnerable”,
etc. Puede que nunca lo cumplamos, pero pueden estar afectando
lo profundo de nuestra vida.