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LA SINODALIDAD

DE LA IGLESIA

Subsidio para el PGP 2031+2033


Conferencia del Episcopado Mexicano
Comisión Episcopal de Pastoral Profética
Dimensión de Doctrina de la Fe
LA SINODALIDAD DE LA IGLESIA

Pbro. Julián Arturo López Amozurrutia


Secretario de la Dimensión de Doctrina de la Fe
Arquidiócesis de México

a) Canto inicial:

Todos unidos formando un solo cuerpo


un pueblo que en la pascua nació;
miembros de Cristo en sangre redimidos,
Iglesia peregrina de Dios.

Vive en nosotros la fuerza del Espíritu


que el Hijo desde el Padre envió;
Él nos empuja nos guía y alimenta,
Iglesia peregrina de Dios.
Somos en la tierra
semilla de otro Reino,
somos testimonio de amor:
paz para las guerras
y luz entre las sombras,
Iglesia peregrina de Dios.

b) Objetivo del tema: Descubrir la sinodalidad, el “caminar juntos”,


como una propiedad de la Iglesia de Jesucristo, destacada en la
enseñanza del Papa Francisco y en el Proyecto Global de Pastoral de
la CEM, y asumir en lo personal las actitudes y en lo eclesial el estilo
pastoral que de ella se derivan.

c) Justificación del tema:


El Proyecto Global de Pastoral de la CEM 2031+2033 (PGP) se propone
como un ejercicio sinodal en diversos niveles.

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“Se trata de un Proyecto que involucra plenamente, en todas
las fases de la elaboración y ejecución, a los fieles laicos, a
los consagrados y consagradas, a los diáconos y a todos los
presbíteros de nuestra amada nación. No se pretende, en modo
alguno, atropellar, suplantar o nulificar lo que cada diócesis
hace; por el contrario, queremos proporcionar criterios que
faciliten la eficacia de tales tareas, mediante un ejercicio pastoral
más sinodal, es decir, más sinérgico, transversal, subsidiario y
gradual. Así, no sólo daremos testimonio de comunión, sino que
haremos más efectiva la misión encomendada, posibilitando una
plena experiencia de la obra redentora de Cristo en todos los
fieles bautizados” (No. 18).

El discernimiento que lleva a cabo, por lo tanto, y al que invita a


sumarse a todos los miembros de la Iglesia, se caracteriza también
por la sinodalidad.

“Al discernir conjuntamente estas realidades complejas tenemos


que hacer un análisis diferenciado, pues no todos estos hechos
y circunstancias se dan de manera igual en nuestro País y en
nuestra Iglesia Católica. Como Obispos, desde aquí queremos
hacer un camino sinodal, mirando lejos, ocupándonos de
nuestros desafíos actuales, pidiendo para nosotros al Señor
una verdadera conversión personal y pastoral, inspirados en
Jesucristo nuestro Redentor y en Santa María de Guadalupe,
invitando a los agentes de pastoral y a todo el Pueblo de Dios a
recorrer juntos este camino de conversión, para que iluminados
por la gracia divina fortalezcamos la presencia del Reino en la
transformación de esta realidad” (No. 86).

De ahí se deriva un compromiso pastoral concreto, en su perspectiva


de Iglesia misionera y evangelizadora:

“Conocer y asumir en nuestros procesos pastorales la conversión

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pastoral, la sinodalidad y la riqueza del Método Guadalupano de
evangelización” (Opción D, compromiso e).

d) Lectura bíblica: Hch 15,1-36

e) VER

En muchos ambientes eclesiales se ha venido fortaleciendo la


convicción de que todos somos Iglesia, por el bautismo, y que cada
uno, desde su propia vocación, es responsable solidariamente del
bien de toda la comunidad. Entendemos nuestra historia, con sus
rasgos y acontecimientos concretos, como el espacio en el cual actúa
el Espíritu Santo y al cual somos permanentemente enviados como
testigos. Procuramos organizarnos mejor. En este itinerario, destaca la
creciente conciencia que los laicos tienen de su vocación a la santidad
y de su misión eclesial y social.

Al mismo tiempo, sin embargo, persisten inercias y se han generado


nuevos vicios que impiden realizar de la mejor manera la comunión
de la Iglesia. Podemos reconocer algunos:

El individualismo y el capillismo. A veces seguimos encerrados en


nuestros propios intereses y costumbres, sin tomar en cuenta las
necesidades del resto de la comunidad o de los hermanos.
El clericalismo. Con frecuencia se sigue identificando a la Iglesia
con sus ministros ordenados, y se espera que ellos resuelvan todo
lo que tiene que ver con la comunidad creyente. En ocasiones, la
participación de los laicos en la vida eclesial se limita a auxiliar al
clero. Se reconocen también protagonismos y afanes de poder.
Hay resistencia para avanzar en los procesos pastorales. Nuestras
reuniones no siempre son edificantes. Somos autorreferenciales
y nos cuesta trabajo salir de nuestro apoltronamiento.
El secularismo. No siempre se identifican las acciones eclesiales

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en su dimensión trascendente, de confesión de fe en Dios y
actualización de su amor, sino que los reducimos a actividades
puramente humanas, borrando los signos de nuestra fe y
avergonzándonos de ella. Queremos medir todo en una
perspectiva pragmática. No se reconoce siempre nuestro
testimonio como manifestación del amor de Dios.
Activismo desarticulado. Entre los agentes de evangelización
más comprometidos, sucede en ocasiones que se hacen muchas
actividades sin entender cómo embonan en un proyecto
coherente; no todos atienden lo que les corresponde y se
desgastan muchas energías en movimientos inútiles.

f) DISCERNIR

La reflexión reciente sobre la sinodalidad y la enseñanza del


Magisterio de la Iglesia sobre el tema nos aportan ricas luces para
entender mejor el misterio de la Iglesia y participar de manera más
responsable y fecunda en ella. El PGP lo expresa claramente: “Una
Iglesia en salida, consciente de la misión que el Señor le encomendó,
es una Iglesia que se construye en la comunión y la sinodalidad: El
camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia
del tercer milenio (citando al Papa Francisco). La Iglesia además de ser
comunión, exige la corresponsabilidad y la participación de todos en la
tarea común. Por lo tanto, nuestro anuncio, testimonio y celebración
de fe, que mana de la Eucaristía, se manifestará en plenitud, en este
espíritu sinodal y de comunión” (No. 143).

En el documento de Aparecida (cf. No. 369), los obispos latinoamericanos


mostraron cómo las primitivas comunidades cristianas son modelo
para la renovación eclesial. En el libro de los Hechos de los Apóstoles
se describe de manera elocuente: “Y perseveraban en la enseñanza
de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las
oraciones. Todo el mundo estaba impresionado y los apóstoles hacían

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muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían
todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre
todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían
a diario al tiemplo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas
y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan
a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor
iba agregando a los que se iban salvando” (Hch 2,42-47). El espíritu
de esta participación se derivaba de la enseñanza del Señor: “Donde
están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de
ellos” (Mt 18,20).

En base a esto, Aparecida propone: “El proyecto pastoral de la


Diócesis, camino de pastoral orgánica, debe ser una respuesta
consciente y eficaz para atender las exigencias del mundo de hoy,
con indicaciones programáticas concretas, objetivos y métodos de
trabajo, de formación y valorización de los agentes y la búsqueda de
los medios necesarios, que permiten que el anuncio de Cristo llegue
a las personas, modele las comunidades e incida profundamente
mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad
y en la cultura. Los laicos deben participar del discernimiento, la
toma de decisiones, la planificación y la ejecución. Este proyecto
diocesano exige un seguimiento constante por parte del obispo, los
sacerdotes y los agentes pastorales, con una actitud flexible que les
permita mantenerse atentos a los reclamos de la realidad siempre
cambiante” (No. 371).

Para entender bien el concepto de “Sinodalidad”, conviene acudir a


su etimología, como lo hace el Papa Francisco. “Lo que el Señor nos
pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra ‘Sínodo’.
Caminar juntos –laicos, pastores, Obispo de Roma– es un concepto
fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en
práctica”. Y él mismo traza la ruta: “Una Iglesia sinodal es una Iglesia
de la escucha, con la conciencia de que escuchar ‘es más que oír’. Es
una escucha recíproca en la cual cada uno tiene algo que aprender.

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Pueblo fiel, colegio episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los
otros; y todos en escucha del Espíritu Santo, el ‘Espíritu de verdad’ (Jn
14,17), para conocer lo que él ‘dice a las Iglesias’ (Ap 2,7)” (Discurso
del Santo Padre Francisco en la Conmemoración del 50 aniversario de
la institución del Sínodo de los Obispos, 17 de octubre de 2015).

También lo ha explicado recientemente la Comisión Teológica


Internacional: “‘Sínodo’ es una palabra antigua muy venerada por la
Tradición de la Iglesia, cuyo significado se asocia con los contenidos
más profundos de la Revelación. Compuesta por la preposición syn, y
el sustantivo odos, indica el camino que recorren juntos los miembros
del Pueblo de Dios. Remite por lo tanto al Señor Jesús que se presenta
a sí mismo como ‘el camino, la verdad y la vida’ (Jn 14,6) y al hecho de
que los cristianos, sus seguidores, en su origen fueron llamados ‘los
discípulos del camino’ (cf. Hch 9,2; 19,9.23; 22,4; 24,14.22)”. Y tras un
estudio histórico y teológico extenso, concluye: “En síntesis… se puede
esbozar una descripción articulada de la sinodalidad como dimensión
constitutiva de la Iglesia. a) La sinodalidad designa ante todo el estilo
peculiar que califica la vida y la misión de la Iglesia expresando su
naturaleza como el caminar juntos y el reunirse en asamblea del Pueblo
de Dios convocado por el Señor Jesús en la fuerza del Espíritu Santo
para anunciar el Evangelio. Debe expresarse en el modo ordinario de
vivir y obrar de la Iglesia. Este modo de vivir y de actuar se realiza
mediante la escucha comunitaria de la Palabra y la celebración de
la Eucaristía, la fraternidad de la comunión y la corresponsabilidad y
participación de todo el Pueblo de Dios, en sus diferentes niveles y
en la distinción de los diversos ministerios y roles, en su vida y en su
misión. b) La sinodalidad designa además, en un sentido más específico
y determinado desde el punto de vista teológico y canónico, aquellas
estructuras y aquellos procesos eclesiales en los que la naturaleza
sinodal de la Iglesia se expresa en nivel institucional, en modo análogo,
en los varios niveles de su realización: local, regional, universal.
Estas estructuras y procesos están al servicio del discernimiento de
la autoridad de la Iglesia, llamada a indicar, escuchando al Espíritu

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Santo, la dirección que se debe seguir. c) La sinodalidad designa, por
último, la realización puntual de aquellos acontecimientos sinodales
en los que la Iglesia es convocada por la autoridad competente… para
discernir su camino y cuestiones particulares, y para asumir decisiones
y orientaciones con el fin de llevar a cabo su misión evangelizadora”
(Comisión Teológica Internacional, La sinodalidad en la vida y en la
misión de la Iglesia (2018), Nos. 3 y 70).
El PGP, al mencionar por primera vez la sinodalidad, la describe con
cuatro características que reconocemos como propias de la búsqueda
de las iglesias de México (cf. No. 18):

Sinérgico: es decir, que la diversidad de los esfuerzos que cada


uno realiza se integre en un trabajo y con una dirección comunes,
de manera que las energías de todos converjan en la obra común,
dócil al Espíritu Santo, para obtener frutos de evangelización.
Transversal: es decir, que la diversidad de comisiones y
dimensiones y otras instancias de organización eclesial, tanto
en el nivel nacional como en el diocesano, en las instancias
intermedias, en la parroquia y en las unidades menores, se hagan
cargo de un problema que involucra a todos, aportando cada una
desde su propio ámbito de acción, pero con una comunicación y
una circularidad permanentes.
Subsidiario: es decir, que las distintas instancias del cuerpo eclesial
se hagan cargo de todo, solidariamente, pero de tal manera que
todos asuman su responsabilidad y las instancias menores no
sean suplidas por las mayores, a menos y en la medida en que
éstas no puedan cumplir su propio deber.
Gradual: es decir, que se respeten procesos, con paciencia y
perseverancia, manteniendo la ruta en la dirección buscada.

g) ACTUAR
La palabra de la fe está siempre impregnada de esperanza y caridad. Con
entusiasmo, nos pone en movimiento. Así, el PGP concluye diciendo:

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“Nosotros, conforme a la promesa de Dios, esperamos unos nuevos
cielos y una nueva tierra, en los que habite la justicia (2 P 3,13). Estas
palabras despiertan en nosotros el deseo de caminar, de caminar
juntos y hacer realidad en nuestra patria, en nuestra Iglesia y por
supuesto en cada uno de nosotros, el proyecto de Dios manifestado
en Cristo Redentor e inculturado en María de Guadalupe” (No. 189).
Para que este deseo cristalice en actitudes y conductas renovadas,
conviene a nivel personal plantear la integración al camino común, y
a nivel eclesial, las formas concretas para recorrer juntos el camino.

Integrándonos al camino común


Reconocer y valorar el propio bautismo como una inserción viva a
la comunidad eclesial, desde la adhesión a Cristo y la pertenencia
a la Santísima Trinidad. Identificar el propio lugar en el camino
eclesial, los propios talentos y las propias tareas, para ofrecerlos
con generosidad a la labor común.
Interesarme por conocer los procesos eclesiales que se
están dando y las condiciones y circunstancias en las que nos
encontramos, para realizar la propia aportación en el camino
fraterno.
Abrirme a los demás con actitudes de escucha, condescendencia,
interés, solicitud y flexibilidad, colaborando y ofreciendo mi
tiempo y mis recursos para el beneficio de todos.
Participar en iniciativas eclesiales y comunitarias en beneficio
de los hermanos. Aportar la propia visión en los discernimientos
comunitarios, y asumir como propios, en conciencia, los
acuerdos.
Asumir en mi vida de oración las intenciones del Papa, de la Iglesia
en México, de mi obispo, de las distintas instancias eclesiales
que conozco y las necesidades específicas de mis hermanos de
camino y del mundo entero.

Recorriendo juntos el camino


Reconocer y propiciar las acciones litúrgicas como momentos

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privilegiados de la sinodalidad eclesial.
Fortalecer las instancias de participación en la comunidad,
especialmente para la toma de decisiones. Practicar la corrección
fraterna y la corresponsabilidad.
Abrir espacios de encuentro, solidaridad, información y
comunicación para el mejor conocimiento y apoyo mutuo.
Propiciar iniciativas comunes, que favorezcan el sentido
corporativo y el espíritu de familia.
Supervisar para que quienes participan en las diversas acciones
eclesiales cumplan eficaz y alegremente su responsabilidad,
animando a los que pierden el entusiasmo y garantizando
momentos de encuentro y reconciliación.

h) Reflexión comunitaria:

¿Qué decisiones concretas y operativas podemos tomar hoy, en


lo personal y en lo comunitario, en los medios en los que nos
movemos, para manifestar más claramente y hacer más eficiente
la sinodalidad de la Iglesia?

i) Oración comunitaria:

Alabamos al Padre que nos ha adoptado como hijos suyos en su


Hijo único, e imploramos el Espíritu de la comunión y del amor
sobre todos.
Suplicamos perdón por nuestras fracturas a la comunión y el
descuido en las propias responsabilidades.
Presentamos nuestras intenciones por las necesidades de los
hermanos, experimentándolas como propias.
Unimos nuestras voces y nuestros corazones para experimentar
en el Espíritu ser el mismo Cuerpo místico de Cristo que camina
hacia la casa del Padre.

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j) Canto final:

Todos unidos, formando un solo cuerpo,


un pueblo que en la pascua nació,
miembros de Cristo, en sangre redimidos,
Iglesia peregrina de Dios.

Vive en nosotros la fuerza del Espíritu


que el Hijo desde el Padre envió,
Él nos empuja, nos guía y alimenta,
Iglesia peregrina de Dios.

Somos en la tierra semilla de otro Reino,


somos testimonio de amor:
paz para las guerras y luz entre las sombras,
Iglesia peregrina de Dios.

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