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CUANDO Y COMO DETECTAR CUANDO NOS MIENTEN

No basta con esperar a que a alguien le crezca la nariz como a Pinocho, pero
tampoco es necesario echar mano de un polígrafo ni de ninguna otra tecnología
para saber si la persona que tienes enfrente está mintiendo. Lo único que
necesitas es fijarte en su cara. Lo demuestra el exagente Mark Boutin que, tras
más de 30 años de servicio, reveló sus técnicas en el libro 'How to Spot Lies Like
the FBI' ('Cómo detectar mentiras como el FBI').
Un aspecto esencial del trabajo de los agentes federales es poder detectar, con
cierta seguridad, cuándo un sospechoso dice o no la verdad. Si bien esa intuición
no suele considerarse como una prueba válida en un juicio, una correcta
interpretación de las señales puede llevar a nuevos e importantes
descubrimientos en una investigación.

Si una persona es diestra, mirará para arriba y a la izquierda cuando

dice la verdad. En caso contrario, lo hará a la derecha

En este sentido, Boutin revela en una entrevista a 'Business Insider' que utilizó
este mismo método para identificar hace 22 años a Timothy McVeigh, el autor
material del atentado de Oklahoma, que causó 168 muertos y fue el acto terrorista
más mortífero en suelo estadounidense hasta el 11-S. No obstante, asegura que
ser capaz de detectar mentiras no es solo útil para investigar casos criminales,
sino que cualquiera puede aplicarlo en su vida diaria.

 Mirar a los lados: la gente suele mirar de un lado a otro en caso de que se
sientan incómodos o atrapados ante una pregunta que no quieren responder. Se
trata de una reacción normal en los humanos que buscan una vía de escape
cuando tienen miedo o se encuentran en una situación peligrosa.
 Pestañear rápido: una persona suele pestañear entre cinco y seis veces por
minuto (una vez cada 10 o 12 segundos). En cambio, cuando estamos estresados
podemos hacerlo cinco o seis veces muy seguidas, de manera inconsciente. Este
fenómeno está relacionado, asegura Boutin, con la producción de dopamina en el
cuerpo.

No hace falta un polígrafo, vale con mirar todos sus movimientos faciales. (iStock)

 Cerrar los ojos más de un segundo: cuando una persona mantiene sus ojos
cerrados durante uno o más segundos y lo hace varias veces, puede ser un
indicador de que te está mintiendo. Por lo general, un pestañeo no suele durar
más de 0,4 segundos. Alargar ese intervalo es un mecanismo de defensa.
 Prestar atención a la dirección de la mirada: Boutin averigua primero qué
hemisferio del cerebro de la persona que tiene enfrente es del dominador. De ser
diestro, cuando piensa en algo que ha visto y que está en su memoria, mirará para
arriba y a la izquierda. En cambio, si sus ojos van arriba y a la derecha, es un claro
indicio de que está accediendo a su imaginación y que muy probablemente se
inventará la respuesta. En caso de ser zurdo, la dirección de los ojos es la
contraria.

Una persona que cuente una historia mientras mueve la cabeza de un

lado a otro está negando lo que dice

 Cuando le preguntas sobre algo que ha escuchado: en tal caso, sus ojos
miraran hacia su oído izquierdo para recordar lo que escuchó. En caso contrario,
tiene "mentiroso" estampado en la cara.
 Cuando le preguntas por un olor, tacto o sensación: muy parecido a lo
anterior. Si quiere recordar algo como un hedor nauseabundo o el tacto de
un hielo, sus ojos miraran hacia la izquierda. Sus ojos lo harán abajo y a la
derecha en caso de que no quiera decir la verdad.
 La sonrisa falsa: a una persona que sonría de forma honesta se le formaran
arrugas alrededor de los ojos.
 Tocarse demasiado la cara: a veces mentir origina una reacción química que
hace que te pique la cara.

Sonrojarse podría reflejar una mentira. (iStock)

 Los labios fruncidos: la gente suele fruncir los labios cuando miente para
contrarrestar la sequedad de la boca.
 Sudar demasiado: es un signo inequívoco. Ya sea en la frente, las mejillas o la
nuca.
 Sonrojarse: es un relejo involuntario del sistema nervioso simpático. Cuando nos
avergonzamos (por ejemplo, al mentir) el cuerpo libera adrenalina que actúa como
un estimulante natural y que provoca una expresión incontrolable: el rubor facial.
 Negar con la cabeza: si una persona está afirmando algo o contando una historia
mientras mueve la cabeza de un lado a otro está negando lo que dice.

Lenguaje no verbal y paraverbal

-Microexpresiones: son expresiones faciales que muestran las personas y


que son casi imperceptibles ya que aparecen en una fracción de segundo.
Algunas personas pueden detectarlas aunque la mayoría no. En una
persona que miente, la microexpresión sería una emoción de estrés,
caracterizada por las cejas hacia arriba y provocando líneas de expresión
en la frente.

-Asentimiento o negación: si la cabeza asiente o niega en oposición a lo


que es dicho, puede ser un signo de contradicción.

-Tocarse la nariz y taparse la boca: según esta señal, la gente tendería


a taparse la boca y tocarse la nariz mientras mienten. Se podría deber a un
aumento de adrenalina en los capilares de la nariz. Por otra parte, poner las
manos cerca de la boca tendría el objetivo de cubrir las mentiras.

-Movimiento de los ojos: se supone que se puede saber, a partir del


movimiento de los ojos, si una persona esta recordando o inventando algo.
Cuando las personas recuerdan detalles, sus ojos se moverían hacia arriba
y hacia la izquierda si son diestros. Cuando inventan algo, sus ojos se
moverían hacia arriba y la derecha. Lo contrario serviría para los zurdos.

-Poco contacto visual: en realidad, al contrario que la creencia popular


afirma, un mentiroso no siempre evita el contacto ocular. El ser humano
evita el contacto ocular y mira hacia objetos de forma natural para
centrarse y recordar. De hecho, se ha demostrado que algunos mentirosos
tienden a incrementar el nivel de contacto ocular porque siempre se ha
considerado un signo de sinceridad.

-Inquietud: es cuando una persona busca algo alrededor suya algo o su


cuerpo se mueve de forma inquieta. Se supone que al decir una mentira, se
produciría ansiedad que sería liberada con movimientos físicos, tocar de
forma compulsiva una parte del cuerpo, etc. Se trata de observar si el
comportamiento es diferente a como normalmente se comporta la persona.

-Hablar despacio: al contar una mentira, la persona podría hacer pausas


mientras habla para encontrar qué decir.

-Movimiento de partes del cuerpo: brazos, manos y piernas. En una


situación cómoda las personas tienden a ocupar espacio extendiendo sus
brazos y piernas. En una persona que miente, su posición se mantendría
cerrada; las manos tocarían su cara, orejas o la parte trasera del cuello.
Brazos y piernas cerradas y falta de movimientos puede ser un signo de no
querer dar información.

Emociones y fisiología

-Sudor: parece que la gente tiende a sudar más cuando miente. De hecho,
medir la sudoración es una de las formas en que el polígrafo determina una
mentira. Como los anteriores, individualmente no puede ser un indicador
fiable. Algunas personas pueden sudar más porque son más nerviosas,
introvertidas o tener otra condición física.

-Falsear emociones: cuando una persona miente trata de mostrar una


emoción que en realidad no siente. Podría tratar de mostrar una sonrisa
cuando se siente ansioso.

-Garganta: puede que una persona que mienta trague constantemente.


-Respiración: un mentiroso tiende a respirar de forma más rápida. La
boca podría parecer seca porque se sufre estrés el cual provoca que el
corazón lata rápidamente y los pulmones demanden más aire.

-La emoción y lo que dice la persona no son simultáneos: por


ejemplo, alguien dice «me encanta» al recibir un regalo y más tarde sonríe,
en lugar de sonreír al mismo tiempo que afirma que le encanta.

-La expresión se limita a la boca: cuando alguien falsea emociones


(felicidad, sorpresa, tristeza…) mueve solo la boca en lugar de la cara
entera: mandíbula, ojos y frente.

Contenido del mensaje

-Demasiados detalles: cuando le preguntas a alguien algo y responde


con demasiados detalles, podría significar que han pensado demasiado en
como van a salir de la situación y formaron una respuesta complicada como
solución. Trataría de dar más detalles para parecer más creíble.

-Inconsistencias en la historia: si la persona miente, la historia podría


cambiar cada vez que sale en un tema de conversación. Se podría olvidar
algo, añadir algo nuevo o eliminar algo que antes se mencionó.

-Evitar la mentira: en lugar de hacer afirmaciones directas, responden a


una pregunta dando»rodeos». Por ejemplo si le preguntas «¿Golpeaste a tu
mujer?», podría responder «Amo a mi mujer, por qué haría eso?

-Usar tus palabras para responder a una pregunta: a la pregunta


«¿Comiste en tu casa? El mentiroso podría decir, «No, no comí en mi
casa».

Interacción y reacciones
-Un mentiroso se siente incómodo al estar cara a cara con la persona
que le pregunta y podría volver su cuerpo hacia otra dirección.

-Puede que un mentiroso coloque de forma inconsciente cosas entre si


mismo y su interlocutor.

-Una persona que se siente culpable se pondrá a la defensiva. La persona


inocente a menudo irá a la ofensiva.

COMO ELEVAR EL AUTOESTIMA

Uno de los problemas más frecuentes en mi consulta es la baja autoestima. La


baja autoestima conlleva una percepción negativa sobre uno mismo, y es un factor
que nos puede limitar mucho en nuestra vida diaria. Lo cierto es que, en muchas
ocasiones, los pacientes no saben identificar que sufren una autoestima baja.
¿Por qué?

Porque la baja autoestima conlleva a otro tipo de problemas que son la supuesta
causa por la que acuden al psicólogo, problemas como síntomas de ansiedad, de
depresión, problemas de conducta, estrés, adicciones, etc. y aquí van unos
consejos para saber identificar qué es lo que nos están pasando y cómo podemos
solucionarlo. Es fácil aumentar la autoestima, solo hay que ponerle un poco de
empeño.

¿Qué es la autoestima?

La autoestima es el conjunto de creencias, percepciones, evaluaciones y


pensamientos que tenemos acerca de nosotros mismos, la valoración que
realizamos basándonos en nuestras experiencias.

¿Qué síntomas me pueden avisar de que tengo la autoestima baja?


Algunos de los síntomas principales que nos pueden advertir de que nuestra
autoestima no está en el mejor momento son los siguientes:

No tengo seguridad en mí mismo

No expreso mis gustos u opiniones por miedo a ser rechazado o por pensar que
mis opiniones no tienen el mismo valor que las opiniones de los demás

No me siento merecedor de las cosas buenas de la vida

No me esfuerzo por conseguir lo que quiero ya que de antemano creo que no lo


voy a lograr

No me relaciono con los demás como me gustaría ya que pienso que no voy a
hacerlo bien y me van a dejar de lado

Necesito la aprobación de los demás con mucha frecuencia

Me dejo pisar con facilidad ya que no me atrevo a imponerme cuando es


necesario

Veo al resto de personas como superiores a mí y me gustaría ser como ellos

Temo decir lo que siento ya no tal vez no les guste a los demás lo que digo

Suelo atribuir a causas externas mis logros y a causas internas mis fracasos

Casi nunca estoy contento con lo que hago ya que creo que podría estar mejor

No me siento feliz

Me cuesta acabar lo que empiezo ya que me desmotivo con mucha facilidad

La toma de decisiones se convierte en algo muy difícil ya que creo que decida lo
que decida va a ser la opción incorrecta así que me dejo llevar por lo que decidan
los demás, aunque sea de mi propia vida

Pienso en mis debilidades y casi nunca me paro a pensar en mis fortalezas

Me siento nervioso la mayor parte del día

Me es casi imposible tomar la iniciativa

Me siento evaluado casi constantemente en situaciones sociales

Me siento culpable
Me siento poco atractivo

Envidio la vida de los otros

Siento que no tengo nada que aportar

Si te has sentido así en varias ocasiones, puede que el resto de tus problemas
vengan a raíz de tener una baja autoestima. Intentemos ponerle solución con unos
ejercicios para que empieces a valorarte y a creer en ti. Podrías llegar a
sorprenderte mucho de tus capacidades si te esfuerzas en mejorar tu autoestima.

¿Cómo puedo aumentar mi autoestima?

Muchas personas se preguntan si hay alguna manera de mejorar su propia


autoestima. Obviamente no existe ninguna poción mágica, sino que debemos
tomar conciencia de que solo cada persona puede mejorar en este sentido a base
de constancia y siguiendo algunos consejos basados en la evidencia científica.

1. Deja de machacarte

Tenemos que ser realistas tanto con nuestras virtudes como con nuestros
defectos. No somos perfectos, pero la intención no es serlo. El objetivo es ser feliz.
Así que para lograrlo debemos aceptar las cosas que no hacemos tan bien y
aprender de ello. Y por supuesto, no restarle importancia a las cosas que sabemos
hacer bien, sino valorarlas como se merecen.

Vamos a observar y ser conscientes de lo bueno que tenemos, de lo bueno que


somos, de lo bueno que hacemos. ¿Por qué seguir pensando que soy un
desastre? ¿A dónde me ha llevado este tipo de razonamiento?

2. Empieza a pensar en positivo

Cambia tus pensamientos. El ”no puedo” por “voy a intentarlo”, “voy a tener éxito”
“me va a ir bien”. Parece un tópico pero forzarse un poco a mirar las cosas buenas
de la vida nos puede ayudar a salir de la dinámica negativa. Si nos damos cuenta
de que tenemos muchas cosas a valorar, es más fácil que salgamos del bucle
negativo.

3. Ponte metas realistas

Y que puedas cumplir. Metas a las cuales sea relativamente fácil llegar. Poco a
poco las podemos aumentar, y veremos que paso a paso estamos consiguiendo lo
que nos proponemos. Si fracasamos, aprendamos de ello sin culparnos de
nuestros errores, ya que fallar es una manera de saber cómo hacerlo de manera
distinta la siguiente vez. Atrévete a afrontar retos.

4. No te compares

Cada persona es un mundo y tú eres el dueño del tuyo. Céntrate en ti. En tu vida.
Envidiando e idealizando la vida del resto lo único que conseguiremos es sentirnos
desgraciados. Todos tenemos algo bueno que aportar, y de nosotros depende
encontrar el camino indicado.

5. Acéptate y perdónate

Escribe una carta en la que describas todo aquello que no te gusta de ti, y todo
aquello de lo que te sientes culpable. No te dejes nada. Léela con atención y
valora lo que puedes mejorar. Despídete de esa carta y pártela en mil pedazos. A
partir de ese momento empieza de cero, con todo lo que has aprendido pero
dejando atrás la culpabilidad. Aún estás a tiempo de hacer borrón y cuenta nueva.

6. Haz críticas constructivas acerca de ti mismo

Que todo lo que te digas sirva para mejorar, no para estancarse y culpabilizarte.
Asimismo, aprende a encajar las críticas de forma que no te afecten.

7. Trátate con cariño y respeto, siempre

Eres lo mejor que te ha pasado, así que demuéstratelo. Tienes derecho a ser feliz.
Y a hacer feliz a los demás contagiándoles tu optimismo.
8. Regálate tiempo

Haz actividades que te hagan feliz. Es la mejor manera de encontrarse con uno
mismo y desarrollar tus habilidades sin prisa pero sin pausa.

9. Supera tus lastres

Hay personas que viven arrastrando mochilas llenas de peso: trabajos que no les
satisfacen, relaciones que no les aportan nada, hábitos que no les gustan… Para
superar todos estos lastres, es preciso tomar cierto control sobre la situación,
pensar en positivo y tratar de cambiarlas.

10. Cada noche antes de acostarte…

…Piensa en las cosas buenas que te ha traído el día, los retos superados, los
errores que hemos cometido y cómo podemos mejorar.

Intenta, durante 30 días, poner en práctica estos consejos. Ya verás que cuando
finalice el mes te sentirás mejor y muchos de los síntomas que sentías
desaparecen. Y recuerda, hay una única persona capaz de cambiar tu vida, y esa
persona, ¡eres tú!

Aprende a quererte a ti mismo

En el siguiente artículo te explicamos más aspectos interesantes sobre la


percepción que tienes de ti mismo, y cómo lograr mejorar en aquello que te
propongas. Esperamos que te sean útiles estos consejos y que logres segur este
buen camino que hoy has iniciado.

"Aprender a quererse a uno mismo: 10 claves para lograrlo"

Referencias bibliográficas:

 Branden, N. (1995). Los seis pilares de la autoestima. Barcelona: Paidós.


 Cava, M. J., y Musitu, G. (2000). La potenciación de la autoestima en la
¿Qué es la autoestima?

La autoestima significa sentirse bien con uno mismo.

La gente con autoestima:

 se siente querida y aceptada por los demás


 está orgullosa de lo que hace
 cree en sí misma
La gente con baja autoestima:
 se siente mal consigo misma
 es dura con ella misma
 cree que no es lo bastante buena

¿De dónde procede la autoestima?


De nuestros padres, nuestros profesores y más gente. Las personas de nuestra vida
pueden influir en cómo nos sentimos con nosotros mismos. Cuando ellas se centran en lo
bueno que tenemos, nos sentimos bien con nosotros mismos. Si tienen paciencia cuando
cometemos errores, aprendemos a aceptarnos a nosotros mismos. Cuando tenemos amigos
y nos llevamos bien con ellos, nos sentimos aceptados.

Pero, si los adultos nos riñen en vez de elogiarnos, es difícil que nos sintamos bien con
nosotros mismos. El acoso y que tus hermanos o tus compañeros se metan contigo también
daña tu autoestima. Las palabras duras dejan huella, y se convierten en una parte de lo que
piensas y de cómo te sientes sobre ti mismo. Por suerte, las cosas no tienen que seguir así.

Tu voz interior. Las cosas que te dices a ti mismo desempeñan un rol importante en cómo te
sientes sobre ti mismo. Pensar cosas como: "Soy un fracaso: siempre pierdo" o "Nunca haré
amigos" daña tu autoestima.

Hay otras formas de pensar sobre las mismas cosas. "No he ganado esta vez, pero tal vez
gane la próxima vez." "Quizás pueda hacer alguna amistad." Esta voz interior es mucho más
esperanzadora. Te ayuda a sentirte bien. Y se podría convertir en real.

A veces, nuestra voz interior se basa en las palabras duras que nos han dicho otras personas.
O en malas experiencias que hemos tenido. A veces, nuestra voz interior es muy dura con
nosotros mismos. Pero podemos cambiar esa voz interior. Podemos aprender a pensar cosas
mejores sobre nosotros mismos.
Aprender a hacer cosas. Nos sentimos bien cuando aprendemos a leer, a sumar, a dibujar y
a construir cosas. Practica un deporte, toca música, escribe un relato, monta en bicicleta. Pon
la mesa, lava el coche. Ayuda a un amigo, saca de paseo a tu perro. Cada cosa que
aprendes y que haces es una oportunidad para sentirte bien contigo mismo. Da un paso atrás
y observa qué eres capaz de hacer. Deja sentirte feliz por ello.

Pero a veces somos demasiado duros y críticos con nosotros mismos. No aceptamos que lo
que hacemos sea lo bastante bueno. Si pensamos: "No vale nada", "No es perfecto" o "No lo
puedo hacer lo bastante bien", perdemos la oportunidad de construir nuestra propia
autoestima.

¿Y si tengo baja la autoestima?

Puedes hacer cosas para sentirte mejor contigo mismo. Nunca es demasiado tarde. Aquí
tienes algunos consejos para elevar tu autoestima:

Relaciónate con gente que te trate bien. Algunas personas actúan de formas que te hacen
sentir mal. Pero hay otras personas que te levantan el ánimo con lo que te dicen. Aprende a
captar esa diferencia. Elige amigos que te ayuden a sentirte bien contigo mismo. Encuentra a
personas con quienes puedas ser tú mismo. Sé ese tipo de amigo con los demás.
Di cosas que te ayuden. Conecta con tu propia voz interior. ¿Es demasiado crítica? ¿Eres
demasiado duro contigo mismo? Durante unos pocos días, escribe algunas de las cosas que
te dices a ti mismo. Revisa la lista. ¿Son el tipo de cosas que le dirías a un buen amigo? En
caso negativo, reescríbelas de tal modo que sean verdaderas, justas y amables. Lee las
frases nuevas a menudo. Hazlo hasta que la conducta de pensar de esta forma se convierta
en un hábito.
Acepta lo que no sea perfecto. Siempre está bien hacer las cosas lo mejor que puedas.
Pero, cuando crees que necesitas ser perfecto, no te puedes sentir bien si no consigues esa
perfección. Acepta lo mejor que puedes dar de ti mismo. Y déjate sentirte bien por ello. Pide
ayuda si no logras superar esa necesidad de ser perfecto.
Fíjate metas y esfuérzate por alcanzarlas. Si te quieres sentir bien contigo mismo, haz
cosas que sean buenas para ti. Tal vez quieras llevar una dieta más saludable, ponerte más
en forma o estudiar mejor. Fíjate una meta. Luego, traza un plan para alcanzarla. Sigue tu
plan. Haz un registro de tus progresos. Siéntete orgulloso por haber llegado tan lejos. Dite a ti
mismo: "He estado siguiendo mi plan de entrenar 45 minutos al día. Me siento bien por
haberlo conseguido. Y sé que puedo continuar así".
Concéntrate en lo que te está yendo bien. ¿Estás tan acostumbrado a hablar de tus
problemas que son lo único que ves? Es fácil dejarte dominar por lo que te va mal. Pero, a
menos de que lo equilibres con lo que te va bien, solo te hará sentirte mal. La próxima vez
que te encuentres quejándote de ti mismo o por haber tenido un mal día, busca algo que te
haya ido bien para contrarrestarlo.
Sé generoso y ayuda a los demás. Ayudar es una de las mejores formas de hacer crecer tu
autoestima. Ayuda a estudiar a un compañero de clase, ayuda a limpiar tu vecindario, participa
en una recolección de fondos para una buena causa. Echa una mano en casa o en la escuela.
Convierte en un hábito el hecho de ser amable y justo con los demás. Haz cosas que te hagan
sentir orgulloso del tipo de persona que eres. Cuando hagas cosas que sean positivas para
otras personas, por pequeñas que sean, crecerá tu autoestima.

COMO LIDIAR UNA PERSONA CONFLICTIVA

A lo largo de nuestra vida todos nos topamos con algún familiar, amigo o
compañero de trabajo –curiosamente casi siempre los jefes– con un carácter
irascible, fuerte y violento. Pierden los papeles a menudo y nos vemos
involucrados en discusiones sin sentido en las que es prácticamente imposible
hacer entrar en razón a la otra persona.

“Una situación frustrante, desesperante e incluso a veces aterradora” comenta la


psicóloga Barbara Markway en Psychology Today. Cuando tenemos que tratar con
personas con comportamientos irracionales, nuestro cerebro activa el centro de
respuesta al miedo. Esta parte del cerebro no puede distinguir si te está gritando
un cliente histérico o un perro nervioso hace amago de atacarte, así que todo
dependerá de que seas capaz de poner en marcha tu mente consciente con el fin
de calmar la situación.

No todas las personas reaccionan igual ante las mismas respuestas o actitudes,
pero Markway recomienda poner en práctica una serie de técnicas específicas
para salir de este momento difícil, y son las que utilizan los profesionales de la
medicina cuando alguien está aparentemente fuera de control.

Gritar y ponerte a la altura de una persona que está histérica nunca es la solución.
(Corbis)
Gritar y ponerte a la altura de una persona que está histérica nunca es la solución.
(Corbis)

1. Escucha

El paso número uno para mantener una conversación con cualquier persona se
hace más importante cuando se trata de alguien irascible e irracional. Cuando
escuchamos realmente estamos centrándonos en lo que la otra persona está
contando y no en lo que queremos comentar a continuación. Si no prestamos
atención a lo que dice alguien en un pico de ira transitoria y después nos pide que
demos opinión, nuestro despiste sólo incrementará su enfado.

2. Mantén la calma

Cuando nos encontramos en una situación con alta carga emocional es


complicado no dejarnos llevar por el calor del momento y saltar. Controlar la
respiración con inspiraciones lentas y profundas o contar interiormente hasta diez
–o cien si fuese necesario– nos ayudará a no acabar igual de nerviosos que la otra
persona.

3. No juzgues

Normalmente no tenemos ni idea de si le pasa algo en su vida personal que hace


que pierda los nervios con facilidad. Intenta ser comprensivo y entender el
trasfondo de su estado de ánimo de esa persona sin tacharla directamente de
enajenada.

4. Sé respetuoso

Independientemente de cómo te esté tratando la otra persona (dentro de unos


límites, claro) “mostrar desprecio nunca te ayudará a resolver la situación de
manera productiva” asegura Markway.

5. Busca el motivo oculto de su comportamiento


Pregúntate qué es lo que esta persona está tratando de ganar –o de evitar– con
este momento de histeria. Quizás su actuación no intente más que llevarte al
despiste.

Subir el tono de voz, señalar a la otra persona con el dedo o responder


irrespetuosamente sólo añade más leña al fuego. (Corbis)

Subir el tono de voz, señalar a la otra persona con el dedo o responder


irrespetuosamente sólo añade más leña al fuego. (Corbis)

6. Busca cómplices que te ayuden

Probablemente haya otras personas presentes en el espectáculo: encuentra en


ellos aliados que puedan ayudarte. El “avise a seguridad” que dicen en las
películas, pero echando mano de los que te rodean.

7. No le recrimines su comportamiento

Si alguien está molesto, se pone nervioso y no es capaz de calmarle, que le


repitas que se le está yendo de las manos es contraproducente y sólo hará que su
enfado aumente. Ahora, además, se sentirá humillado, y será por tu culpa.

8. No le des la razón como a los locos

Decirle ‘lo entiendo’, por lo general, sólo empeora las cosas. Probablemente no se
comprende ni él mismo como para que le tomes el pelo con una falsa empatía.
Mucho mejor ampliar información con un ‘explícame más para que pueda entender
mejor’. Mientras argumenta, de paso, puede que relaje los ánimos.

9. Evita sonreír

Si pones una sonrisa puede parecer que te estás burlando de la persona. El


humor a veces puede relajar el ambiente, pero según con quién estés hablando y
qué tipo de comentarios hagas, puede complicar más la situación.
10. No te pongas a la defensiva

Cuando alguien nos está atacando verbalmente diciéndonos cosas desagradables


o que no son ciertas es muy difícil controlarnos, pero si te pones a su nivel
entrarás en un bucle sin fin. No te lo tomes como algo personal, recuerda que el
drama no va contigo.

Mantén la calma y déjale hablar, pero deja claro dónde está el límite. (Corbis)

Mantén la calma y déjale hablar, pero deja claro dónde está el límite. (Corbis)

11. No respondas con ira

Subir el tono de voz, señalar a la otra persona con el dedo o responder


irrespetuosamente sólo añade más leña al fuego. “Usa un tono de voz bajo y
tranquilo, incluso monótono” recomienda la psicóloga.

12. Mantén las distancias

En momentos agresivos y violentos, aunque sea verbalmente, es mejor no estar


demasiado cerca de la otra persona por si el enfado se le va literalmente de las
manos. Tratar de calmarla poniendo tu brazo sobre el suyo tampoco es buena
idea. Cuando alguien ya está molesto es mejor evitar el contacto físico ya que
podría ser mal interpretado.

13. Evita el “lo siento”

Aunque puedas ser el responsable del motivo de su enfado, desde luego no lo


eres de su comportamiento. Asumir directamente la culpa con un ‘ahora mismo lo
arreglo’ cuando la otra persona ya ha perdido los nervios puede llevar a que acabe
siendo algo personal. Mantén la calma y espera a que se le pase. En esta ocasión,
el victimismo no te va a salvar.

14. Establece unos límites

Mantén la calma, deja hablar, entiende su enfado… Pero no te dejes pisotear.


Cuando nos enfrentamos a una persona demasiado nerviosa hay que hacerle ver
que no puede pasarse de la raya, eso sí, con toda la educación y tranquilidad que
podamos. Incluir un ‘por favor, no me hable de esa manera’ te vendrá de perlas.

15. Después de la tormenta; descarga la tensión

Hablar con alguien te ayudará a deshacerte del estrés acumulado tras la


discusión. Puedes deshacerte de la adrenalina acumulada yendo a dar un paseo,
a correr o saliendo a cenar algo. No dejes que las emociones se acumulen en tu
cuerpo o acabarás siendo tú quien tenga un brote de ira a la mínima.

Las personas conflictivas crean entornos tóxicos a su alrededor, que no solo


drenan nuestra energía sino que incluso pueden llegar a ser enfermizos ya que
sentir que estás viviendo en un campo de batalla perenne, sometido a una gran
tensión, le pasa factura a tu salud física y psicológica.

No es difícil percibir ese ambiente tóxico: notarás un estrés que flota en el


ambiente, como si el aire estuviera viciado. Es obvio que nadie quiere a estas
personas en su vida, pero antes o después las encontraremos y a veces hasta
tendremos que convivir con ellas, al menos durante cierto tiempo, por lo que es
importante que todos aprendamos cómo tratar con personas conflictivas.

Los 5 tipos de personas altamente conflictivas

Las personas altamente conflictivas siguen un patrón de comportamiento de


confrontación que, en vez de resolver los conflictos, contribuye a aumentarlos.
Añaden leña al fuego continuamente, en diversas situaciones y con diferentes
personas.

Los conflictos y el enfrentamiento se generan de diferentes maneras, cada quien


desarrolla sus propias estrategias, las cuales va refinando con el paso del tiempo
para que sean más eficaces.

1. El gritón

Esta persona utiliza el volumen de voz para controlar e intimidar a los demás,
aunque también pueden amenazar con levantar la voz con el único objetivo de
asustar y lograr sus propósitos. Si le dices que baje su volumen de voz, pueden
responderte: «Te parece que estoy gritando, ¡ahora te mostraré lo que es gritar de
verdad!«
Mantra: «Estás gritando tanto que no puedo oírte«.

2. El muro

Estas personas son auténticas especialistas ignorando a los demás, usan la


indiferencia como herramienta de castigo. Su abanico de comportamientos es muy
amplio: pueden simplemente no hablarte, otros tampoco te mirarán e incluso hay
quienes te darán la espalda cuando entres a la habitación. El propósito de ese
comportamiento es recuperar el control sobre ti ya que el castigo no se levantará
hasta que no cedas.

Mantra: «Tu silencio no marca ninguna diferencia en mi vida«.

3. El chismoso

Sí, las personas chismosas pueden llegar a crear grandes conflictos, sobre todo
en el seno de una familia funcional o en los grupos de amigos. Este tipo de
personas conflictivas no atacan de frente, no buscan un enfrentamiento directo
sino que trabajan a hurtadillas para que otras dos personas se peleen.

Mantra: «Tus comentarios no influirán en lo que pienso sobre los demás«.

4. El confundido

Este tipo de persona conflictiva recurre a la confusión. Su estrategia consiste en


señalar un comportamiento que le ha molestado y confundido, el cual utiliza para
manipular a los demás y hacerles sentir culpables. Con esta persona nunca
podrás razonar porque siempre se las ingenia para que la conversación vuelva
sobre tu supuesto “error”. Otra estrategia consiste en obviar su responsabilidad
aduciendo que no sabía lo que hacía, o que no estaba al corriente de lo que
pasaba, cuando en realidad no es así.

Mantra: «Tu conocimiento o desconocimiento no marca la diferencia«.

5. El sociópata

Esta persona distingue perfectamente el bien del mal, pero no le importa. No tiene
problemas para llevar a cabo actos crueles, herir o humillar a través del
enfrentamiento directo o indirecto. Su objetivo es salir ganador de las
confrontaciones y hacer el mayor daño posible.

Mantra: «Aléjate».
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¿Cómo tratar con personas conflictivas sin perder tu equilibrio interior?

1. Reconócelas inmediatamente. Puede parecer una verdad de Perogrullo pero si


quieres tratar con personas conflictivas sin perder tu equilibrio emocional, primero
debes aprender a detectarlas. Si no sabes que se trata de este tipo de personas,
es probable que caigas en su trampa, intentes darle nuevos argumentos para
convencerla y al final termines enfadado y enredado en su tela de araña. Al
contrario, si ya sabes que se trata de una persona que tiene una habilidad especial
para el enfrentamiento, podrás asumir una actitud diferente desde el primer
momento.

2. Asume que todos podemos llegar a ser personas conflictivas. Todos tenemos
luces y sombras y en más de una ocasión hemos sido responsables de crear
enfrentamientos. Ser conscientes de ello nos permitirá asumir una actitud más
empática y evitará que nos sintamos superiores y terminemos hiriendo o atacando
al otro. Recuerda que a veces detrás de los conflictos se esconde una necesidad
de llamar la atención o incluso un miedo profundo.

3. Comprende que no es algo personal, estas personas están en conflicto consigo


mismas. Uno de los peores errores que podemos cometer es asumir el
enfrentamiento como algo personal porque así nos enfadamos y perdemos el
autocontrol. En realidad detrás del ataque de las personas conflictivas se esconde
un problema consigo mismas. Recuerda las palabras de Mahatma Gandhi “La
persona que no está en paz consigo misma, estará en guerra con el mundo
entero«.

4. No te desgastes dando explicaciones a quien no entiende razones. Hay batallas


que no merece la pena luchar. Así de sencillo, porque la energía y el tiempo que
debes invertir no merecen la pena. Por eso, a la hora de tratar con personas
conflictivas debes ser consciente de que no buscan llegar a un acuerdo sino tan
solo hacer valer su opinión, de ser posible devaluando la de los demás. Estas
personas no entienden razones porque no son capaces de ponerse en tu lugar, y
ni siquiera lo intentarán. Además, a menudo tergiversan la realidad, de manera
que es prácticamente imposible mantener una discusión lógica con ellas. Con las
personas conflictivas, el “problema” nunca es el verdadero problema. Por
consiguiente, una retirada a tiempo casi siempre es una buena estrategia.
5. No dejes que te arrastren en su tormenta. A menudo a las personas conflictivas
les molesta que las ignores, no se sienten bien cuando se dan cuenta de que te
estás protegiendo, por lo que quizá redoblen su ataque. No dejes que te arrastren
a la tormenta que viven en su cabeza. Mantén la calma y, si es necesario, pon
distancia física de por medio. Recuerda que solo puede alterarte aquello a lo que
le das poder.

QUÉ HACER CON UNA CONDUCTA SUICIDA

Suicidio: qué hacer si alguien tiene tendencias suicidas

Es posible que no sepas qué hacer si alguien que conoces parece tener
tendencias suicidas. Aprende a detectar las señales de alerta, qué preguntas
hacer y cómo buscar ayuda.

Escrito por el personal de Mayo Clinic

Puede resultar muy angustiante si una persona dice que está pensando en
suicidarse o dice cosas que te hacen pensar que está considerando suicidarse. Es
posible que no sepas qué hacer para ayudar, si deberías tomar en serio la charla
sobre el suicidio o si tu intervención podría empeorar la situación. Tomar medidas
es siempre la mejor opción. A continuación, te explicamos qué debes hacer.

Comienza por formular preguntas

El primer paso es averiguar si la persona corre riesgo de seguir sus sentimientos


suicidas. Actúa con delicadeza, pero formula preguntas directas, como las
siguientes:

¿Cómo estás afrontando lo que ha estado ocurriendo en tu vida?

¿A veces sientes ganas de darte por vencido?

¿Piensas en la muerte?

¿Piensas en hacerte daño?


¿Piensas en el suicidio?

¿Alguna vez has pensado en el suicidio o has intentado hacerte daño?

¿Pensaste cómo o cuándo lo harías?

¿Tienes acceso a armas u objetos que se puedan utilizar como armas para
hacerte daño?

Preguntarle a una persona acerca de pensamientos o sentimientos suicidas no la


motivará a tener conductas autodestructivas. De hecho, ofrecer la oportunidad de
hablar acerca de los sentimientos puede reducir el riesgo de que siga sus
sentimientos suicidas.

Busca señales de alerta

No siempre puedes saber cuándo un ser querido o un amigo está pensando en


suicidarse. Sin embargo, estos son algunos signos frecuentes:

Hablar acerca del suicidio; por ejemplo, hacer afirmaciones como «voy a
matarme», «quisiera estar muerto» o «desearía no haber nacido»

Obtener los medios para atentar contra tu propia vida, como comprar un arma o
almacenar píldoras

Retraimiento de la vida social y deseo de estar solo

Tener cambios de humor, como pasar de estar eufórico un día a estar


profundamente desalentado al día siguiente

Preocuparse por la muerte, por el hecho de morir o por la violencia

Sentir desesperanza o impotencia ante una situación

Aumentar el consumo de alcohol o de drogas

Sufrir cambios en la rutina normal, por ejemplo, cambios en la alimentación y en


los horarios de sueño

Hacer cosas riesgosas o autodestructivas, como consumir drogas o conducir con


imprudencia
Regalar sus pertenencias o dejar sus asuntos en orden cuando no existen motivos
lógicos para hacerlo

Despedirse de las personas como si la despedida fuera definitiva

Desarrollar cambios de personalidad o estar sumamente ansioso o agitado, en


particular al experimentar algunos de los signos de advertencia antes indicados

Si necesitas ayuda inmediata

Si alguien ha intentado suicidarse:

No dejes sola a la persona.

Llama al 911 o al número local de emergencias de inmediato. O bien, si crees que


puedes hacerlo de forma segura, lleva a la persona a la sala de emergencias del
hospital más cercano.

Intenta averiguar si la persona está bajo los efectos del alcohol o las drogas, o si
es posible que haya tomado una sobredosis.

Informa de inmediato a un familiar o a un amigo acerca de lo que está sucediendo.

Si un amigo o un ser querido habla o se comporta de una manera que te hace


pensar que podría intentar suicidarse, no intentes manejar la situación por tu
cuenta:

Busca ayuda de un profesional capacitado tan pronto como sea posible. Es


posible que la persona necesite hospitalización hasta que haya pasado la crisis
suicida.

Anima a la persona a que llame a una línea directa de prevención del suicidio. En
los Estados Unidos, llama a la National Suicide Prevention Lifeline (Línea Nacional
de Prevención del Suicidio) al 800-273-TALK (800-273-8255) para contactarte con
un consejero especializado. Usa ese mismo número y presiona «1» para
contactarte con la Veterans Crisis Line (Línea de Crisis para Veteranos).

Prevención del suicidio en adolescentes

Adolescentes: cuando alguien que conoces tiene tendencias suicidas


Si eres adolescente y estás preocupado porque un amigo o un compañero de
clase puede estar considerando suicidarse, actúa.

Pregúntale directamente a esa persona acerca de sus sentimientos, aunque


pueda ser incómodo. Escucha lo que la persona tenga que decir y tómalo con
seriedad. Simplemente hablar con alguien que, de verdad, se preocupa puede
marcar una gran diferencia.

Si ya has hablado con la persona y aún estás preocupado, comparte tus


inquietudes con un profesor, un consejero escolar, alguien de la iglesia, alguien de
un centro local para jóvenes u otro adulto responsable.

Puede ser difícil saber si un amigo o compañero de clase tiene tendencias


suicidas, y es posible que tengas miedo de actuar y estar equivocado. Si el
comportamiento o las cosas que dice alguien te hacen pensar que puede tener
tendencias suicidas, es probable que esa persona tenga problemas importantes,
aunque no esté considerando el suicidio en ese momento. Puedes ayudar a la
persona a ponerse en contacto con los recursos adecuados.

Ofrecer apoyo

Si un amigo o un ser querido está pensando en suicidarse, necesita ayuda


profesional, incluso si el suicidio no es un peligro inmediato. Puedes hacer lo
siguiente:

Alienta a la persona a que llame a una línea directa de prevención del suicidio. En
los Estados Unidos, llama a la National Suicide Prevention Lifeline (Línea Nacional
de Prevención del Suicidio) al 800-273-TALK (800-273-8255) para contactarte con
un consejero especializado.

Alienta a la persona a buscar tratamiento. Es posible que una persona suicida o


que sufre una depresión grave no tenga la energía o la motivación para buscar
ayuda. Si la persona no desea consultar a un médico o proveedor de atención de
la salud mental, sugiérele que acuda a un grupo de apoyo, un centro de crisis, una
comunidad religiosa, un profesor u otra persona de confianza. Puedes ofrecerle
apoyo y contención, pero recuerda que no es tu responsabilidad reemplazar a un
proveedor de atención de la salud mental.
Ofrécele a la persona ayudarla a buscar asistencia y apoyo. Por ejemplo, puedes
investigar opciones de tratamiento, hacer llamadas telefónicas y consultar
información sobre los beneficios que ofrece el seguro o incluso ofrecerte a
acompañar a la persona a una cita médica.

Alienta a la persona a comunicarse contigo. Una persona suicida puede verse


tentada a reprimir los sentimientos porque se siente apenada, culpable
avergonzada. Brinda contención y comprensión, y expresa tus opiniones sin echar
culpas. Escucha atentamente y evita las interrupciones.

Sé respetuoso y reconoce los sentimientos de la persona. No trates de convencer


a la persona de que modifique sus sentimientos ni expreses sorpresa. Recuerda
que aunque una persona suicida no piense de forma lógica, las emociones son
reales. No respetar los sentimientos de la persona puede terminar la
comunicación.

No seas condescendiente ni sentencioso. Por ejemplo, no le digas a alguien, «hay


cosas peores» o «tienes muchas razones por las que vivir». En su lugar, haz
preguntas como, «¿qué te hace sentir tan mal?», «¿qué te haría sentir mejor?» o
«¿cómo puedo ayudarte?».

Nunca prometas mantener en secreto los pensamientos suicidas de una persona.


Sé comprensivo, pero explícale a la persona que quizá no puedas mantener la
promesa si crees que su vida está en peligro. En este punto, debes buscar ayuda.

Tranquiliza a la persona haciéndole saber que la situación puede mejorar. La


persona suicida considera que nada mejorará la situación. Asegúrale que, con el
tratamiento adecuado, puede desarrollar otras herramientas para afrontar la
situación y puede volver a tener una mejor perspectiva de la vida.

Alienta a la persona a evitar el consumo de alcohol y drogas. Es posible que el


consumo de drogas o alcohol parezca aliviar los sentimientos dolorosos, pero, con
el tiempo, empeora la situación, ya que puede provocar conductas imprudentes o
una mayor depresión. Si la persona no puede dejar de hacerlo por sus propios
medios, ofrécete a ayudarla a buscar tratamiento.

Si es posible, elimina los elementos potencialmente peligrosos de su casa. Si


puedes, asegúrate de que la persona no tenga a su alrededor elementos que
pudiera usar para cometer suicidio, como cuchillos, hojas de afeitar, armas o
medicamentos. Si la persona toma un medicamento que podría usar para provocar
una sobredosis, anímala a que alguien más lo tenga y se lo administre según las
indicaciones médicas.

Tómate en serio todos los signos de comportamiento suicida


Si alguien dice que está pensando en el suicidio o se comporta de una forma que
te hace pensar que la persona podría tener pensamientos suicidas, no le quites
importancia a la situación ni la ignores. Muchas personas que se suicidan han
expresado su intención en algún momento. Quizás pienses que estás exagerando,
pero la seguridad de tu amigo o ser querido es lo más importante. No te preocupes
porque esto genere tensión en la relación, ya que la vida de alguien está en juego.

Tú no eres responsable de evitar que alguien termine con su vida, pero tu


intervención puede ayudar a la persona a ver que hay otras opciones disponibles
para mantenerse seguro y recibir tratamiento.
La conducta suicida incluye el suicidio y el intento de suicidio. Las ideas de
suicidio hacen referencia a la existencia de pensamientos y planes de suicidio.

El suicidio suele ser resultado de la interacción de muchos factores, entre los que
se incluye la depresión.

Algunos métodos suicidas, como el empleo de armas de fuego, tienen mayor


probabilidad de resultar mortales; no obstante, la elección de un método menos
infalible no significa de manera necesaria que la intención de suicidio sea menos
seria.

Se ha de prestar atención a las amenazas y a las tentativas de suicidio,


proporcionando la ayuda y el apoyo adecuados.

Existen líneas directas de teléfono y de correo electrónico disponibles para las


personas con ideas suicidas.

La conducta suicida incluye:

Suicidio consumado: acto autolesivo intencionado con resultado de muerte.

Intento de suicidio: acto autolesivo con intención de provocar la muerte, pero que
finalmente no resulta mortal. Un intento de suicidio puede dar lugar a lesiones,
pero no necesariamente.

La autoagresión no suicida es un acto autolesivo sin intención de provocar la


muerte. Entre estos actos se incluyen: infligirse rasguños en los brazos, quemarse
a uno mismo con un cigarrillo e ingerir una sobredosis de vitaminas. Una
autoagresión no suicida puede ser una manera de reducir la tensión emocional o
puede ser una petición de ayuda de las personas que aún desean vivir. Estos
actos no deben tomarse a la ligera.
La información relativa a la tasa de suicidios proviene fundamentalmente de los
certificados de defunción y de los informes procedentes de las investigaciones
judiciales, y es probable que el verdadero índice esté subestimado. Aun así, la
conducta suicida es un problema de salud muy frecuente; aparece en ambos
sexos y a cualquier edad.

En los Estados Unidos, en 2014 hubo 42 773 suicidios consumados; en este país
se produce una muerte por suicidio cada 12,3 minutos. Como causa principal de la
muerte, el suicidio ocupa las siguientes posiciones:

Es la tercera causa de muerte entre los jóvenes de 10 a 24 años.

La segunda, entre las personas de 25 a 34 años.

La cuarta, entre las personas de 35 a 64 años.

Y la décima en el conjunto de la población.

La tasa de suicidios más elevada se observa en las personas de 45 a 64 años.

En todos los grupos de edad, el número de hombres que se suicidan supera al de


mujeres en una proporción de 4 a 1. Las razones no están claras, pero los
siguientes factores pueden estar implicados:

Cuando los hombres tienen problemas, son menos propensos a buscar ayuda, ya
sea de familiares o amigos y/o profesionales de la salud.
El abuso de alcohol y el abuso de drogas, que parecen contribuir al
comportamiento suicida, son más comunes entre los hombres.

Los hombres son más agresivos y utilizan medios más letales cuando intentan el
suicidio.

Cada año, alrededor de 1 millón de personas intentan suicidarse. El número de


intentos de suicidio es aproximadamente de 15 a 20 veces mayor que el número
de suicidios consumados. Muchas personas hacen repetidos intentos. Sin
embargo, sólo entre el 5 y el 10% de las personas que hacen un intento acaban
muriendo por suicidio. Las tentativas de suicidio son especialmente frecuentes
entre las mujeres adolescentes. Las niñas de 15 a 19 años cometen intentos de
suicidio 100 veces más a menudo que los varones del mismo grupo de edad. En
todos los grupos de edad, las tentativas son dos o tres veces más frecuentes en
las mujeres que en los varones, pero la probabilidad de consumar el suicidio es
cuatro veces mayor en varones. Las personas mayores cometen 4 intentos de
suicidio por cada suicidio consumado.

La conducta suicida en niños y adolescentes se trata en otra parte de este manual


(ver Comportamiento suicida en niños y adolescentes).

El riesgo de consumación de suicidio es mayor entre las personas separadas,


divorciadas o viudas. Los índices de tentativa y consumación del suicidio son más
elevados entre las personas que viven solas. La existencia de antecedentes
suicidas en la familia es también un factor de riesgo incrementado.

Las personas de ascendencia caucásica presentan mayores índices de


consumación de suicidio que las personas pertenecientes a otras ascendencias.
Las mujeres de ascendencia africana presentan un índice de tentativa de suicidio
similar al de las mujeres de ascendencia caucásica, pero el índice de intentos
consumados es menor en el caso de las mujeres de ascendencia africana.
El suicidio entre la población que tiene pareja estable es menos frecuente que
entre la población soltera o sin pareja estable y también es menos frecuente entre
los practicantes de un credo religioso. Sin embargo, personas de todas las razas,
credos, niveles de ingresos y niveles educativos mueren por suicidio. No hay un
perfil típico del suicida.

¿Sabías que...?

El suicidio es la tercera causa principal de muerte entre los jóvenes, pero la tasa
de suicidios consumados es más alta entre las personas de 45 a 64 años de edad.

Las personas que viven solas son más propensas a las tentativas de suicidio o a
su consumación.

Causas

Aproximadamente una de cada seis personas que se suicidan dejan una nota, que
suele proporcionar las claves para explicar su conducta.

La conducta suicida suele ser el resultado de la interacción de varios factores. El


más frecuente es

Depresión

La depresión está relacionada con más del 50% de las tentativas de suicidio. La
presencia de problemas en la relación matrimonial, haber sido arrestado
recientemente o tener problemas con la ley, relaciones amorosas difíciles o que
concluyen, conflictos con los padres (en el caso de los adolescentes) o la pérdida
reciente de un ser querido (sobre todo en la población de edad avanzada), pueden
ser algunos de los desencadenantes de la depresión. A menudo un determinado
factor o acontecimiento, como la ruptura de una relación personal importante,
constituye el acontecimiento que culmina la capacidad de la persona para afrontar
circunstancias desagradables. Sin embargo, la depresión puede aparecer "de la
nada", sobre todo si hay antecedentes familiares de un trastorno del estado de
ánimo o de suicidio. El riesgo de suicidio es mayor si las personas con depresión
también sufren un grado significativo de ansiedad.

Algunas personas que padecen determinadas enfermedades pueden desarrollar


una depresión y llevar a cabo tentativas o consumaciones de suicidio. La mayoría
de las enfermedades asociadas a un aumento del índice de suicidios afectan de
forma directa el sistema nervioso central (como el sida, la esclerosis múltiple o la
epilepsia del lóbulo temporal), o bien implican tratamientos que pueden originar
depresión (como ciertos fármacos antihipertensores).

En las personas mayores, aproximadamente el 20% de los suicidios puede ser, al


menos en parte, una respuesta a trastornos físicos crónicos y dolorosos graves.

Las personas que en su infancia sufrieron experiencias traumáticas, incluido el


maltrato, presentan un riesgo más elevado de tentativas de suicidio, tal vez porque
las probabilidades de depresión son mayores.

El consumo de alcohol puede agravar un cuadro depresivo, lo que a su vez


aumenta el riesgo de que aparezca conducta suicida. El alcohol también
disminuye la capacidad de autocontrol. Cerca del 30% de las personas que
llevaron a cabo tentativas de suicidio consumieron previamente alcohol. Puesto
que el alcoholismo, en particular el consumo de alcohol en grandes cantidades,
suele originar sentimientos de remordimiento durante los periodos de abstinencia,
los alcohólicos son más propensos al suicidio incluso cuando se encuentran
sobrios.

Otros trastornos de la salud mental, además de la depresión, también se asocian a


un mayor riesgo de suicidio. Las personas con esquizofrenia u otros trastornos
psicóticos pueden sufrir delirios (creencias falsas fijas) con las que les resulte
difícil convivir, o bien pueden oír voces (alucinaciones auditivas) que les ordenan
matarse. Las personas con trastorno límite de la personalidad o con trastorno de
personalidad antisocial, en especial las que presentan un historial de
comportamiento violento, tienen también un mayor riesgo de suicidio.
FACTORES DE RIESGO DE SUICIDIO

Ascendencia caucásica

Hombres

Enfermedad dolorosa o incapacitante

Persona que vive sola

Deudas o pobreza

Desempleo

Duelo o pérdida de un ser querido

Humillación o deshonra

Depresión, especialmente si va acompañada de síntomas psicóticos o de


ansiedad

Mayoría de los otros trastornos mentales graves

Tristeza persistente, incluso aunque disminuya la intensidad de otros síntomas


depresivos

Antecedentes personales de alcoholismo o drogadicción


Antecedentes personales de tentativas de suicidio

Antecedentes familiares de suicidio o de trastornos mentales

Experiencias traumáticas en la infancia, incluyendo abuso físico o sexual

Preocupaciones acerca de ideas suicidas y verbalizaciones de las mismas

Planes definidos de suicidio

Antidepresivos y riesgo de suicidio

El riesgo de tentativa de suicidio es mayor durante el mes previo al inicio del


tratamiento antidepresivo y el riesgo de muerte por suicidio no aumenta una vez
iniciado dicho tratamiento. Sin embargo, los antidepresivos aumentan ligeramente
la frecuencia de pensamientos y conductas suicidas (pero no de consumación del
suicidio) en niños, adolescentes y jóvenes. Así que los padres de niños y
adolescentes deben ser advertidos de este posible aumento, y los niños y
adolescentes deben ser controlados cuidadosamente para detectar la aparición de
efectos secundarios como aumento de la ansiedad, inquietud, irritabilidad, ira, o un
cambio en la hipomanía (cuando la persona se siente llena de energía y alegre,
pero a menudo se irrita con facilidad, se distrae y se muestra inquieta),
especialmente en las primeras semanas después de empezar a tomar el
medicamento.

Debido a las advertencias efectuadas por los organismos de salud pública acerca
de la posible asociación entre uso de antidepresivos e incremento del riesgo de
suicidio, la prescripción médica de antidepresivos en la población infantil y juvenil
ha disminuido alrededor de un 30%. No obstante, durante este mismo periodo de
tiempo, la tasa de suicidio en la población juvenil ha aumentado (por ejemplo, en
Estados Unidos el aumento ha sido de un 14%). Por tanto es posible que esas
recomendaciones, que disuadieron del empleo de fármacos para el tratamiento de
algunos casos de depresión, hayan provocado un efecto contrario al que
pretendían, con el resultado de un aumento del número de suicidios consumados
en lugar de una disminución.

Cuando se prescriben antidepresivos a las personas con depresión, los médicos


toman ciertas precauciones para reducir el riesgo de comportamiento suicida:

Prescribir a las personas antidepresivos en cantidades que no causarían la


muerte.

Programar visitas más frecuentes cuando se inicia el primer tratamiento.

Advertir claramente a las personas afectadas y a sus familiares y personas


cercanas que estén alerta para detectar cualquier empeoramiento de los síntomas
o la aparición de ideación suicida.

Dar instrucciones a las personas afectadas y a sus familiares y personas cercanas


para que llamen inmediatamente al médico que prescribió el antidepresivo o
busquen atención médica si los síntomas empeoran o se producen pensamientos
suicidas.

¿Sabías que...?

La toma de antidepresivos se ha relacionado con un mayor riesgo de


pensamientos y tentativas suicidas, pero no tomarlos puede aumentar mucho más
el riesgo de suicidio.

Aunque la mayoría de los hombres y las mujeres que se suicidan usan armas,
este método es dos veces más probable en hombres que en mujeres.

Métodos utilizados para el suicidio


La elección del método de suicidio suele estar influida por factores culturales o por
cuestiones de disponibilidad. Además, puede reflejar o no la seriedad de la
intención. Algunos métodos (como tirarse desde lo alto de un edificio) hacen que
la supervivencia sea casi imposible, mientras que otros (como la sobredosis de
fármacos), dejan abierta la posibilidad del rescate. Sin embargo, la elección de un
método que no es mortal de necesidad no implica necesariamente que el intento
sea menos serio que el que lleva a emplear métodos más mortales.

La sobredosis farmacológica y el envenenamiento son los principales


procedimientos empleados en las tentativas de suicido. Los métodos violentos,
como el disparo con arma de fuego o el ahorcamiento, son poco frecuentes en las
tentativas de suicidio, ya que suelen tener como resultado la muerte de la persona.

Para los suicidios consumados, los hombres utilizan con mayor frecuencia armas
de fuego (56%), seguido por ahorcamiento, envenenamiento, salto desde una
altura y uso de arma blanca. Las mujeres utilizan con mayor frecuencia el
envenenamiento (37%), seguido por armas de fuego, ahorcamiento, salto desde
una altura y ahogamiento.

Prevención de la conducta suicida

Aunque algunas tentativas de suicidio o suicidios consumados constituyen golpes


inesperados para los familiares y amigos, a menudo los suicidas han mostrado
con anterioridad algún tipo de advertencia sobre su intención. Se ha de prestar
atención a las amenazas y a las tentativas de suicidio. Si se ignoran, se puede
perder una vida.

Si una persona amenaza con suicidarse de forma inminente o ya lo ha intentado


con anterioridad, hay que avisar a la policía con el fin de que los servicios de
urgencia lleguen lo antes posible. En tanto llega la ayuda, hay que procurar
tranquilizar a la persona, hablándole con calma y proporcionándole apoyo.

El médico puede solicitar la hospitalización de una persona que ha manifestado


tentativa o amenaza de suicidio. En algunos estados de Estados Unidos el médico
puede decidir el internamiento hospitalario en contra de la voluntad de la persona
afectada, si cree que esta corre un riesgo elevado de atentar contra su vida o la de
otras personas.

INTERVENCIÓN EN SUICIDIOS: RED NACIONAL DE PREVENCIÓN DEL


SUICIDIO (EN ESTADOS UNIDOS, NATIONAL SUICIDE PREVENTION
LIFELINE)

Las personas que amenazan con suicidarse están en crisis. En Estados Unidos
existe la Red nacional de prevención del suicidio (1-800-273-TALK), que
proporciona intervención de crisis para estos casos en todo el territorio
estadounidense. Los centros de prevención del suicidio disponen de personal
voluntario entrenado en este tipo de intervenciones.

Cuando las personas potencialmente suicidas llaman a la línea de ayuda, un


voluntario hace lo siguiente:

Intenta establecer con ella una relación próxima, haciéndole presente a esta
persona su propia identidad (por ejemplo, llamándola por su nombre de manera
repetida).

Puede ofrecer una ayuda constructiva para afrontar el problema que motivó la
crisis y animar a la persona a tomar acciones positivas para resolverla.

El voluntario recuerda a la persona en crisis que tiene familiares y amigos que le


quieren y desean ayudarle.

Puede tratar de facilitarle una asistencia profesional cara a cara.

En ocasiones, la persona llama a una línea de ayuda para decir que ya ha


cometido el acto suicida (por ejemplo, que ya ha tomado una sobredosis de
fármacos o ha abierto la llave del gas), o bien que está haciéndolo en ese mismo
momento. En estos casos, el voluntario intenta siempre obtener la dirección de la
persona. Si esto no es posible, otro voluntario contacta con la policía para tratar de
localizar la llamada e intentar el rescate. Si es posible, se intenta que la persona
siga hablando por teléfono hasta que la policía llegue a su encuentro.

Gestión de la conducta suicida

Los médicos toman en serio cualquier acto suicida, independientemente de si se


trata de un gesto o un intento.

Si la persona afectada se ha provocado daños importantes, los médicos evalúan y


tratan a la lesión. Si han tomado una sobredosis de un fármaco potencialmente
letal, los médicos toman inmediatamente las medidas necesarias para evitar la
absorción de la droga y acelerar su eliminación del cuerpo. También se les
administran los antídotos adecuados, en caso de haber alguno, y se les
proporciona tratamiento de apoyo, por ejemplo mediante la colocación de una tubo
de respiración asistida.

Después de la evaluación inicial, las personas que han intentado suicidarse se


derivan a un psiquiatra, que trata de identificar los problemas que contribuyeron a
la tentativa e instaura un plan de tratamiento adecuado.

Debido a que la depresión aumenta el riesgo de comportamiento suicida, los


médicos controlan cuidadosamente a las personas con depresión para detectar la
aparición de conductas o pensamientos suicidas.

Impacto del suicidio

La muerte por suicidio tiene un marcado efecto emocional sobre las personas del
entorno. Los familiares, los amigos y los médicos pueden sentirse culpables,
avergonzados o con remordimientos por no haber sido capaces de prevenir el
suicidio. También pueden sentir rabia o ira con respecto a la persona que se ha
suicidado. Con el tiempo comprenderán que no podrían haberlo evitado.
A veces terapeutas o grupos de autoayuda colaboran para resolver los
sentimientos de culpa o de pesar de la familia y de los amigos. El médico de
atención primaria o el servicio local de salud mental (por ejemplo a nivel municipal
o estatal) pueden ayudar a encontrar estos recursos. Además, organizaciones
nacionales de algunos países, como American Foundation for Suicide Prevention
(en EE.UU) mantienen en funcionamiento directorios de grupos locales de apoyo.
También se encuentran recursos disponibles en internet.

El efecto que tiene sobre el entorno la tentativa de suicidio es semejante. Sin


embargo, los familiares y amigos cuentan con la posibilidad de manejar mejor sus
sentimientos al responder de forma apropiada a la petición de ayuda que la
persona está haciendo.