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Asignatura: Intervención en crisis y desastre

Docente: Marco Aurelio Espinoza

Resumen

Estudiantes:
Maya Úbeda
Alexa Taleno
Kristhell Tórrez
Kevin Pérez

3 de junio del 2019


Managua, Nicaragua.

El trauma psicológico un proceso neurobiológico con consecuencias.


Como seres humanos, a lo largo de nuestra vida, sufrimos o vivimos experiencias y
momentos que marcan nuestra existencia y pueden incidir, de manera negativa y directa
en nuestro estilo de vida habitual. A estos hechos desafortunados se les conoce como
trauma, el cuál Pierre Janet lo define como “el resultado de la exposición a un
acontecimiento estresante inevitable que sobrepasa los mecanismos de afrontamiento de
la persona” (1894). Así mismo, el trauma puede ser afrontado de diversas maneras, en
dependencia de la edad que la persona tiene cuando sufre dichos hechos traumáticos y el
cúmulo de reacciones a dichos hechos, a lo largo de la vida, se le conoce como “El
guión de la vida”.

Por otra parte, se conoce que los traumas nos afectan neurobiológicamente de manera
indirecta cómo una somatización de la ansiedad o estrés que nos provoca dicho hecho
traumático. Entre más pequeños somos mayor daño colateral sufriremos a causa de un
trauma ya que, como niños, no estamos lo suficientemente listos para comprender o
afrontar un hecho de gran magnitud. Así mismo, nuestro cuerpo reacciona de manera
inmediata y nos protege de que este hecho negativo nos siga afectado, por lo tanto, la
parálisis es una de las reacciones más comunes cuando se está viviendo un suceso
traumático. Por consiguiente, estas experiencias pueden cambiar las estructuras
cerebrales, y comprometer las funciones emocionales, cognitivas y corporales, a tal
punto de desarrollar algún tipo de trastorno.

En ese mismo orden de ideas, los traumas, sin importar la edad, producen
consecuencias somáticas. Síntomas tales como dolores de cabeza, problemas
digestivos o de dicha índole, dolores musculares o dolor crónico en general, son muy
frecuentes en pacientes que han experimentado algún tipo de trauma. Así mismo, estos
síntomas suelen estar más presentes en la persona en situaciones de estrés o cuando
revive a través de recuerdos sensoriales (vista, escucha, olfato, tacto) el evento
traumático, puesto que los detalles específicos de dicho día se encuentran almacenados
en su memoria y cualquier circunstancia o sensación parecida puede llevarla a revivir
dicho momento. En ese sentido, se entiende que los síntomas somáticos no son
producidos por causas fisiológicas sino psicológicas. Por ende, nuestro cerebro bajo la
orden de proteger nuestro cuerpo recurre al mecanismo de defensa de la disociación.

En relación con un tema tratado el párrafo anterior, debemos entender que el cerebro
juega un papel muy importante en todo el proceso de la experiencia traumática y los
eventos posteriores a estos los cuales terminan con una consecuencia conductual y
corporal para la persona. Se puede decir en pocas palabras que las memorias se alojan
dentro de nuestro cerebro, las vivencias ocurridas que han dejado un trauma al sujeto se
activan y comprometen el comportamiento de la persona tanto de manera negativa como
en algunas ocasiones, positiva, ya sea consciente o inconscientemente estas experiencias
moldean y ponen un punto de precisión en sus decisiones como la realidad en que se
encuentra. El cuerpo se encuentra confinado en esta memoria y de no ser tratados estará
sometido a vivir un círculo en base a las experiencias vividas.
Después toca identificar el papel del terapeuta dentro de todo el proceso del trauma,
resulta evidente observar que esta persona debe estar consciente y con completo
conocimiento de las etapas, ademanes y el entorno en que su paciente se encuentra,
además de notar la narración de los antecedentes. En base a esto el terapeuta se
mantendrá en contacto pleno y armónico con su paciente, sin forzar, haciendo que la
interacción y proceso de orientación vaya creciendo de manera orgánica y de esta
manera ir acrecentando la perspectiva, lo cual brindará una guía más certera para la
creación de nuevos modelos de pensamiento y cambio para la persona que ha sufrido un
trauma.

Ahora, existen diversas maneras en las que se deberá abordar el trauma que el paciente
ha sufrido y entre ellas tenemos la somato-sensorial que necesitaran que el terapeuta
desarrolle en la persona a tratar un amplio sentido de concentración y perspectiva de la
experiencia que ha vivido. Al explorar el trauma la persona empezará el primer paso y
se desencadenará de sus impulsos, tratando de reflexionar en sus experiencias.

Luego nos encontramos con el abordaje neurológico los cuales tomados de la mano con
el método mencionado en el párrafo anterior ayudará a la persona a integrar distintos
elementos de su experiencia para poder lidiar de manera más eficaz con este.

Primero tenemos la Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares


(EMDR) técnica en la cual tanto el paciente como el terapeuta tendrán que revisar y
visitar en varias sesiones la experiencia vivida y en base a ejercicios oculares de
seguimiento de un objeto se pretende que las emociones congeladas se integren,
sensibilicen y sean procesada por la persona.

En segundo lugar tenemos el Brainspotting (BSP) técnica observada por el doctor


David Grand, quien realizando una sesión de EMDR se dio cuenta que cuando la visión
del paciente se encontraba en un lugar determinado, las experiencias y sesión era más
fluida o mejor, lo que indicaba que el trauma estaba alojado en un “punto del cerebro” y
en base a eso, tenía que identificar y liberar de la experiencia a esta parte, para re-
direccionar e integrar la técnica física con aquella psicológica.

Para finalizar, podemos observar que existen experiencias en la vida del ser humano que
parecen ser imposibles de superar, vivencias que afectan de manera negativa y a veces
paralizante. Estas experiencias o traumas acarrean grandes consecuencias en nuestra
vida; estrés, ansiedad, dolores de cabeza, estómago y el sentimiento de incapacidad en
determinadas conductas o decisiones, sin embargo, por más complicada que parezcan,
estas vivencias no son insuperables, el ser humano es capaz de ser ayudado y poder ser
orientado y dirigido con la ayuda de un terapeuta a una integración más plena que le
permita afrontar y superar estas situaciones, liberarse y vivir de manera llena en su día a
día.