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Sin embargo, las enormes bre- chas sociales y el alto grado de desconfianza imperante, en el Perú

como en otros países de América Latina, en torno al Estado cuestio- nan severamente su capacidad
de integrar la ciudadana en un pro- yecto nacional y de hacer aplicar la política del centro a la
periferia del sistema político y de la sociedad civil.
Esto se refleja en su escasa presencia en las zonas de conflicto minero 11 y en su limitada capacidad de
ejercer su autoridad para imponer el orden público. En este sentido, la incapacidad del MEM para
supervisar y fiscalizar a cabalidad la actividad minera, en parti- cular respecto al cumplimiento de las
obligaciones ambientales y so- ciales de las empresas, de manera que se respeten los derechos de la
población afectada, es uno de los factores que debilita sus posibilida- des de intervención en la búsqueda
de vías de solución a los conflic- tos. El proceso de descentralización en curso no ha alterado
significativamente esta situación, en la medida en que la transferen- cia de funciones en curso concierne
exclusivamente a la minería artesanal y no incluye la mediana y la gran minería.