Sei sulla pagina 1di 1

Resúmen - El papel del traductor

El papel del traductor, capítulo del libro Manual de Traducción Inglés-Castellano, presenta ideas
acerca del proceso de traducción y de su profesional, el traductor. Al comienzo, trae la contradicción
presente en ese proceso: el idealismo y la precariedad. El primero es el pensamiento de la traducción
como arte del imposible y acceso a la literatura mundial, citados por James White e Milan Kundera.
El segundo es la prisa exigida y la falta de reconocimiento de la profesión.

Otro asunto abordado es acerca de la transparencia del traductor. Algunos piensan que no se debe
introducir nada nuevo, argumento invalido en la opinión de los autores del capítulo, ya que existen
diferencias culturales anulables y, además, distintas interpretaciones de un mismo texto. El traductor
puede ser considerado un personaje "oculto", pero tiene presencia en el texto. Por veces tiene que
tomar decisiones que no son las más adecuadas, pero sabe que es su única salida delante dificultades
temporales o interpretativas. Aún sobre eso, el capítulo cita Jirí Levý que clasifica esas decisiones en
interpretaciones del original y las posibilidades de como exprésalas en la traducción. No hay una solo
respuesta correcta delante las posibilidades de interpretación y creación.

A respecto de la interpretación, el traductor es un lector normal, pero también hay que ser un lector
ideal, capaz de descubrir lo que el texto presupone. Acerca de eso, el capítulo cita más dos autores;
Wolfang Iser, que trae la idea de lector real y lector implícito, y Umberto Eco, que presenta el lector
empírico y el lector modelo. Además de comprender los sentidos, el traductor debe identificar los
huecos y decidir (o no) rellanarlos.

A respecto de la creación, es citada la importancia del traductor saber expresarse en suya propia lengua.
Sobre el bilingüismo, los autores del capítulo creen que las alteraciones de la lengua de llegada deben
ser voluntarias, sin interferencia del sistema lingüístico de partida. Esa interferencia causaría la
existencia de una "tercera lengua", lo que sí estaría errado. Aún sobre la cualidad de la escritura, si la
original ya no está bien, el traductor no debe repetirla bajo el pensamiento de que es fiel. Debe siempre
priorizar el buen resultado.

La competencia en la propia lengua tiente tres pilares: el conocimiento de las normas, la presencia de
modelos de escritura y la capacidad de lectura crítica. Las primeras es acerca del aprovechamiento
máximo, por parte del traductor, de los recursos estilísticos de su lengua; mientras el tercer es esencial
para el traductor, y más útil aún para la etapa de corrección.

La traducción imposible es aquellas que abordarían todos destinatarios, fines y momentos. Lo cierto
es interpretar la llegada de aquel texto y traducirlo con esa base. Edmond Cary dice que la traducción,
más que una operación lingüística, es una relación entre dos mundos de pensamiento y sensibilidad.

El capítulo también diferencia la traducción técnica de la literaria. La primera tiene más exigencia de
comunicación que la segunda, que tiene mayor flexibilidad dentro de la cultura de llegada. Acerca de
la noción de fidelidad, defienden que la fidelidad semántica no es posible, puede ocasionar
contradicciones. Además, hay la fidelidad de los sentidos ocultos. La traducción ideal tiene que ser fiel
a sus objetivos, equilibrando las fidelidades.

Por fin, citan Edmond Cary, que presenta dos traducciones distintas de Ilíada, para evidenciar que hay
tres elementos que deben ser considerados y respectados en la traducción: autor, traductor y lector; y
cuando uno de esos es "olvidado", la traducción pierde cualidad.