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Las defensas maníacas

“El hecho de que una buena relación con la madre y con el mundo externo ayuda al niño a vencer sus tempranas ansiedades paranoides arroja una nueva luz sobre la importancia de las primeras experiencias” (M. Klein; 1.935).

En este escrito se trabajarán las ideas teóricas planteadas por Melanie Klein acerca de las situaciones de ansiedad vivencias al yo del niño en la relación con un objeto, las cuales desencadenan la utilización de mecanismos defensivos maniacos.

En su teoría, la autora destaca que el yo incipiente del niño se ve atormentado por las reiteradas experiencias de ansiedad suscitadas en la relación con el objeto y por la acción mismo de la pulsión de muerte; será mediante los mecanismos de introyección y proyecció n que tales experiencias serán sentidas tanto, en el mundo externo como en el mundo interno, estableciéndose relaciones con objetos buenos y malos, los primeros brindan gratificación y amor mientras que los segundos generan odio y temor de persecución.

Las experiencias de ansiedad son generadas por la actuación de la pulsión de muerte, acentuada sobre todo por su predominio en los primeros meses de vida, donde el sadismo oral tiene un papel predominante, “… el bebé proyecta su propia agresión sobre estos ob jetos que siente que son malos, no solo porque frustran sus deseos: el niño los concibe como realmente peligrosos…”.

Cuando la dinámica de la posición esquizo-paranoide está en su apogeo, con el predominio de la escisión y tras la persecución sentida por el yo ante el miedo al objeto malo, algunos de los mecanismos utilizados como defensa están basados en la omnipotencia propia del pensamiento infantil y son usados de manera extrema para contrarrestar la tensión generada por el miedo de aniquilación; los p rocesos de idealización están al servicio de hacerle frente a los miedos de persecución, de modo que las cualidades del objeto bueno son exaltadas y transformadas en un objeto ideal, capaz de conectar al yo con una experiencia de satisfacción, la cual imp lica la utilización del mecanismo de la negación, dándose así la desaparición de la situación de ansiedad como así también, la destrucción del objeto perseguidor; el control también es un mecanismo defensivo que sirve a este tiempo, generando un estado de dominio por sobre los objetos internos.

En esta posición los mecanismos defensivos tienen como objetivo mantener separados el objeto malo del objeto bueno, dada la precariedad yoica para la integración de ambos aspectos, por lo tanto, manteniendo este apartamiento el objeto malo no podrá destruir al objeto bueno y tampoco al propio yo; lo que le permite al yo hacer experiencias tranquilizadoras.

Los mecanismos endopsíquicos nombrados anteriormente-proyección e introyección-funcionan defensivamente de manera que preservan al yo y al objeto bueno alejándolos del objeto malo, dándose la expulsión o la incorporación de uno u otro para conseguir mantener a raya a la ansiedad. Así mismo, ambos mecanismos funcionan a modo de estructurantes del psiquismo pues,

organizan el mundo interno dado que la introyección del objeto bueno formará el núcleo del yo y, el objeto idealizado y el objeto malo incorporados conformarán el núcleo del súper-yo.

Una vez establecidos los factores heredados y psicológicos, se organiza la posición depresiva aproximadamente al 4to. mes de vida; la integración del yo y la síntesis de los aspectos bueno y malo en un solo objeto hacen su aparición.

De acuerdo a los cambios instaurados del yo y del objeto, aparece una variación, por lo tanto la relación entre ellos estará dada ahora por un yo integrado y un objeto total, surgiendo así la ansiedad depresiva caracterizada por los sentimientos de pena, culpa y preocupación por el estado en el que se encuentra el objeto, el cual es experimentado como dañado por la acción de la agresividad del propio yo.

Este estado emocional conmociona al niño, tras la fragilidad que caracteriza al yo de este momento y ante “los sufrimientos relacionados con la posición depresiva es arrojado regresivamente al estado paranoico”. Dándose entonces nuevamente la escisión que ha caracterizado a la posición esquizo-paranoide con el inminente miedo a ser destruido tanto el yo como el objeto bueno por el arrasamiento de la agresividad, que no es más que su propia rabia, expresión de la pulsión de muerte.

Cuando de acuerdo a las reiteradas experiencias gratificantes que ponen al yo en relación constante con un objeto bueno, la confianza y seguridad aparecen teniendo como resultado un fortalecimiento yoico, el cual le permite instalarse en la posición depresiva y ahora sí relacionarse con un objeto total.

Podría suceder que la ambivalencia sea tal que resulte aún intolerable para el estado del yo frente a este tipo de ansiedad- la de sentir haber dañado al objeto de amor -y tras el surgimiento de los sentimientos de pérdida del objeto, “situación de angustia en la que el yo se identifica ampliamente con sus objetos buenos internalizados y al mismo tiempo - por el aumento de la percepción de la realidad psíquica- se da cuenta de su propia incapacidad para protegerlo y preservarlo contra los objetos internalizados perseguidores y contra el ello”; este estado emocional determinado por sentimientos de culpabilidad, remordimiento y tristeza es ante lo cual el yo necesitará defenderse a los fines de conservar su integridad. Aparecen entonces, nuevamente los mecanismos omnipotentes, utilizados ahora para contrarrestar la ansiedad depresiva y sin la cualidad de ser extremos, como anteriormente eran utilizados.

Las defensas maníacas se presentan como una posibilidad que tiene el niño, si bien obturan la continuación de su crecimiento psicológico, implican “hacer de soporte” frente a un mundo interno sentido como atacado en peligro y destruido para siempre. Como mencionamos anteriormente, dichas defensas están basadas en el sentimiento de omnipotencia, prevaleciendo la negación de la realidad psíquica, sentida como preocupante por el niño tras las consecuencias experimentadas en relación al objeto por la acción de sus impulsos; por lo tanto, se defiende de esta al revertir el estado anímico propio de la depresión e instalándose la excitabilidad y la sobreactividad propia de un estado maníaco, “negando la importancia de sus objetos buenos y

también de los peligros que los amenazan por parte de los malos y del ello”, como así también, negando la causa de la reparación. Sin una negación temporaria o parcial de la realidad psiquica, el yo no podrìa tolerar el desastre en que el mismo se siente amenazado. Al mismo tiempo, se utiliza el control para dominar a todos sus objetos introyectados, manifestando su hiperactividad el yo logra desentenderse del miedo que está sintiendo y supone que podría “devolverle vida” a los objetos de modo inmediato. Simultáneamente, la idealización ( si nos remitimos a l a idealización que se había generado en la psocicion esquizo paranoide, con las experiencias de gratificación del objeto bueno, sintiéndolo como fuente de gratificación ilimitada, que contrarrestaba la frustración existente, ahora esas impresiones conformadas allí recaeran en el propio yo.) tiene lugar a partir del proceso por el cual “yo e ideal del yo coinciden” (Freud; 1.917) , se da entonces la identificación del yo a ese objeto ideal que sostiene la triada de sentimientos:

control, triunfo y desprecio, por tanto los objetos son menospreciados, humillados y torturados ante “la fiesta del yo” (Freud; 1.917). Estas defensas perturban en su accionar la reparación del mundo interno y estorban el trabajo del duelo.

Se necesita una mayor identificación con el objeto amado y un mayor reconocimiento de su valor, para que el yo comprenda el estado de desintegración a que ha reducido y está reduciendo a su

objeto

sus

objetos de amor se encuentra en estado de disolución - en trozos-….

Una vez que el yo, habiéndose consolidado su proceso de integración, ha sido capaz de introyectar un objeto total y su relación con las personas ha mejorado, está en condiciones de darse cuenta del daño causado por su sadismo, poniendo en marcha una reparación genuina ante el objeto. “La evolución normal del individuo y de su capacidad de amor parecen basarse ampliamente en el grado en el cual el yo temprano logró elaborar y superar esta posición decisiva”. Dependerá entonces de los mecanismos utilizados por el yo, tales como sublimación, simbolismo y reparación poder lograr un aumento de su amor y confianza para vencer la depresión y el sentimiento de pérdida.

introyeccion de partes de objetos a los objetos totales amados con todas sus implicaciones es

de una gran importancia decisiva en el desarrollo. Su éxito- en verdad- depende de como el yo ha podido tratar a su sadismo ( seseando su agresión e inhibiendo las pulsiones agresivas) y a su ansiedad en el anterior estadio del desarrollo, y de si ha desarrollado o no una fuerte relación libidinal con sus objetos parciales.

la

Bibliografía

Lic. Gabriela Hereñú Lic. Diana Rodriguez

Klein Melanie. “Algunas conclusiones teóricas acerca de la vida emocional del bebe” (1.952). Obras completas. Tomo III. Editorial Paidos. Edición 6ta. 2.011.

“Contribución a la psicogénesis de los estados maniaco-depresivos” (1.935)

“El duelo y su relación con los estados maníaco-depresivos” (1.940). Obras completas Melanie Klein. Tomo I. Editorial Paidos. Edición 6ta. 2.011.

Freud, Sigmund. “Duelo y Melancolía” (1.917). Obras Completas, Tomo XIV, Amorrortu Editores, Buenos Aires.