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Universidad Libre de Colombia.

Seccional Cali.
Facultad de Derecho.
Criminología y política criminal.
Ángela Daniela Torres Gutiérrez.
Cód. 192866.
Nómina. 4B.D.

EL DELITO DE CUELLO BLANCO.


Jesús Antonio Muñoz.

En el texto el autor afirma que, estadísticamente, las clases sociales


bajas presentan un índice más alto de criminalidad; señala que esto es
consecuencia de diversos factores tales como padres sin educación
formal, deserción escolar, desempleo, ocupación de los padres en
actividades no especializadas, bajos ingresos, entre otros. Sin
embargo, procede a controvertir tal afirmación asegurando que las
teorías del delito que toman como base la pobreza son inadecuadas –
porque muchos casos no se derivan de la pobreza- e inválidas –
porque las estadísticas se encuentran viciadas por el status.-

Argumenta el autor que los delincuentes de clase alta tienen más


posibilidades de evadir la ley; resulta ser un secreto a voces que las
personas con un amplio poder adquisitivo tienen mayores
posibilidades de evadir la justicia o lograr que se les impongan
sanciones diferentes a las penales que sean menos gravosas. Citando
a Edwin Sutherland, el autor expone la definición de delito de cuello
blanco como aquel cometido “… por una persona de respetabilidad y
status social alto en el curso de su ocupación”.

Continuando con los planteamientos de Edwin Sutherland, se habla de


la tesis planteada por este a la luz de la cual la clase socioeconómica
alta incurre reiteradamente en conductas delictivas pero se les da un
tratamiento administrativo diferente; afirma que lo más significativo del
delito de cuello blanco es precisamente que no está asociado a la
pobreza.

Para demostrar sus planteamientos, Sutherland realizó un estudio en


el cual tomó como muestra a 70 grandes corporaciones desde 1900 a
1944 frente a determinadas conductas: restricción del comercio, falsa
representación publicitaria, infracción de patentes, marcas de fábrica y
derechos de autor, prácticas laborales injustas, descuentos, fraudes
financieros y violación de confianza, entre otras faltas. En total
encontró 980 decisiones contra las 70 grandes corporaciones; de esas
980, 158,16% fueron tomadas por tribunales contra 41 empresas, lo
cual nos da un promedio de 4 decisiones por compañía. Este estudio,
bajo el criterio del autor, demuestra la falacia de las teorías
convencionales del delito que lo consideran derivado de la pobreza.
Del mismo modo, al finalizar el estudio se evidenció que este tipo de
conductas se someten a procedimientos especiales lo cual los excluye
de los convencionales establecidos por la ley penal; así pues, se
elimina o minimiza el estigma del delito frente a este tipo de conductas
como consecuencia del status social alto que representa el hombre de
negocios, la tendencia al no castigo y el resentimiento desorganicado
del público.

Resulta meritorio resaltar que el autor busca ir más allá de la noción


convencional de delito a la luz de la cual la conducta es delictiva
únicamente si existe una sentencia emitida por un juez penal que así
lo afirme.

Finalmente, el autor señala que la teoría de Sutherland resulta


inoperante hoy en día en razón a los cambios sociales, además de
que realiza su análisis desde un punto de vista moral y,
adicionalmente, lo hace respecto de la población norteamericana. De
esta manera, el autor re define el delito de cuello blanco como una
conducta antijurídica llevada a cabo por un alto funcionario en
beneficio propio y de su compañía para el cual se impone una sanción
preferencial no penal y que no produce un estigma social impidiendo
que el sujeto que comete el delito sea señalado de delincuente.